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Fue noticia esta semana la polémica generada a raíz de la «prohibición» del paquete semanal, según alertan algunos medios de prensa.
A partir de lo recogido en la norma, entre el listado de actividades no autorizadas para su ejecución a las micro, pequeñas y medianas empresas privadas, cooperativas no agropecuarias y trabajadores por cuenta propia figuran ahora las «actividades de exhibición cinematográfica (5914) que incluye películas, documentales, series, novelas u otras obras similares; así como su puesta a disposición del público a través de soportes informáticos».
El documento añade entre las prohibiciones la «creación de sellos discográficos, editoras musicales y entidades para la comercialización de discos y otros soportes fonográficos (5920)».
Estas regulaciones no afectarían a quienes ya cuentan con licencia para operar como vendedores de discos, pero deja en claro que no se continuarán emitiendo a partir de ahora.
Asimismo, la especificación de los «soportes informáticos», no estaba en la norma antecesora, la cual solo prohibía «actividades de exhibición de películas cinematográficas y cintas de vídeo» de forma genérica, lo que levantó las alarmas de varios medios no estatales y usuarios en redes sociales.
En el caso del «paquete semanal», siempre operó en las sombras o bajo licencias autorizadas de vendedores de discos, y fue tolerado por el gobierno, siempre y cuando cumplieran con los requerimientos orientados.
Durante su mayor época de auge, fue públicamente conocido como «El Paquete» y no podía tener entre sus ofertas pornografía ni contenido que el gobierno considerase que fuera en contra del sistema político, algo que de cierta forma se mantiene en la actualidad.
En medio de la polémica, el diario digital 14ymedio publicó un reportaje en el cual se referían a presuntos «operativos policiales» para impedir la circulación de este contenido digital. «A la persona que me vende la matriz, que luego yo copio y vendo a mis clientes, la Policía se le tiró y le quitaron discos duros, computadoras y todo lo que usaba para este negocio», relataba una fuente anónima entrevistada por el sitio.
Por el contrario, el medio estatal Cubadebate aseguró con el criterio de Ernesto Vila González, director del Centro Nacional de Derecho de Autor y del Artista Intérprete, que «las normas publicadas no impiden que esta actividad se pueda ejercer. Las regulaciones se refieren a la exhibición cinematográfica en un espacio público, y lo que implica la actualización es que no se permite hacerlo en medios digitales a través de soportes informáticos».
El especialista especificó que la copia de un disco duro o memoria a otro, con destino al consumo cultural personal o familiar se considera una reproducción, no exhibición. La Joven Cuba contactó con dos «paqueteros» y no reportaron haber tenido conocimiento de presiones u operativos para que ellos o personas con similar actividad dejaran de copiar el contenido habitual.
Esto significa que la norma publicada en Gaceta Oficial tiene una redacción lo suficientemente ambigua tanto para generar sospechas y alarmas, como para que la ley sea interpretada a conveniencia de los funcionarios.
Lo cierto es que, aunque no se contempla de manera explícita la prohibición del «paquete semanal», sí pudiera suceder que en caso de que esta u otra actividad similar se convierta en práctica incómoda para el gobierno, existiría un asidero jurídico para aplicar la proscripción.
La alerta entre activistas, medios de comunicación y algunos líderes de opinión en redes sociales viene dada por el carácter restrictivo y conservador de muchas de las medidas del nuevo ordenamiento jurídico que se viene ejecutando.
Asimismo, en los últimos meses se ha incrementado en el discurso oficial cubano la preocupación por la «colonización cultural» y la necesidad de que el Estado controle más el consumo de contenidos simbólicos por parte de la ciudadanía, con especial énfasis en los más jóvenes.
El llamado «paquete semanal», de aproximadamente un terabyte de información digital, funciona para muchas familias como una forma de acceso a un tipo de entretenimiento que no es proporcionado por la televisión estatal.
Durante mucho tiempo constituyó la principal alternativa a Internet en la Isla. Sin embargo, con la relativa expansión de la red de redes no tiene el mismo impacto de antes, al menos en las zonas urbanas, donde más personas pueden conectarse y descargar los contenidos directamente desde los repositorios webs. Esto también fue confirmado por las dos fuentes entrevistadas por La Joven Cuba.
Nuestra opinión es que en un país como Cuba, donde la televisión estatal no respeta el derecho de autor internacional —escudada en que las «sanciones» norteamericanas le impiden el acceso formal a estos—, aunque también han ocurrido polémicas por el irrespeto a la obra de nacionales, sería incongruente invocar esta figura jurídica para limitar las necesidades de consumo cultural de la población cubana.
La aclaración de Cubadebate tiene el evidente propósito de frenar la oleada de críticas que suscitó la posible restricción del «paquete» entre los internautas. Es válida, pero pone al descubierto la necesidad de que los mecanismos jurídicos no presenten ambigüedades vulnerables a interpretaciones arbitrarias, algo que, lamentablemente, es una práctica recurrente en las legislaciones cubanas.
Hasta el momento el paquete parece quedarse fuera de cualquier prohibición formal. Sería bastante inoportuno e inefectivo vedar un grupo de contenidos a los que las personas pueden acceder por otras vías, y que además tiene mecanismos regulatorios que reducen su «peligrosidad» para el poder.
Quienes pretenden reducir los gustos y consumos culturales de todo un país a solamente lo supuestamente «descolonizado», por ahora tendrán que quedarse con las ganas.


Técnicamente lo que dicen desde Cuba es un «piratea todo lo que quieras pero no me toques las producciones mías». Es que a pesar de permitirle al cubano de a pie, ese que no puede darse el lujo de estar suscrito a plataformas como Netflix, Amazon Prime, Max o similares, acceder a contenido de estas. Todos se enfocan en la prohibición y al parecer a nadie a nadie parece importarle la realidad de que con el paquete:
O se violan los términos de uso de las plataformas desde donde se descargan los productos o se accede a contenido de estas desde sitios «de dudosa procedencia».
El tema de la piratería es delicado en todas partes del mundo pero en Cuba le echamos la culpa al bloqueo/embargo y nos creamos una especie de burbuja que parece funcionar con sus propias reglas