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El sistema de salud frente a la violencia de género, a falta de una ley

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salud y violencia de genero
Foto: LJC

En el tiempo que ejercí como médico de familia tuve un caso que quedó en mi memoria. Mi consultorio estaba emplazado en una de las mejores zonas de Nuevo Vedado, así que mi población de 1 500 habitantes era bastante «especial». En el edificio cercano a mi consulta vivía una mujer de mediana edad que no trabajaba, pero visitaba el consultorio todos los días, sin excepción. Yo ejercía con mi tutor, un médico muy respetado en la comunidad. Ella siempre venía en las tardes, cuando el doctor se iba y yo me quedaba sola. Ya la conocía; es deber de los médicos de familia estandarizar a su población y saber todo lo que se pueda de cada núcleo familiar. Ella estaba dentro de la población «vulnerable» porque sufría de alcoholismo, lo cual la convertía en comidilla de los chismes de la barriada. Siempre me decía que iba a visitarme porque «yo era joven y bonita» y a ella le gustaba tener gente «así» para hablar.

Yo, que no tenía el trabajo como lugar de visitas placenteras, un día le expliqué que no tenía tiempo para atenderla si no tenía alguna dolencia. Ella, contrariada, se aseguró de que no hubiese nadie en espera, cerró la puerta de la consulta y me dijo, con voz temerosa y muy de a poco, que no quería estar en casa, que su marido la golpeaba cada vez que bebía y ella tenía miedo. Por eso no solo se emborrachaba, sino que también tenía relaciones esporádicas con otros hombres. Me explicó que no tenía dónde vivir; había vendido su casa para que su hija pudiera irse a Estados Unidos cruzando fronteras y no le quedaba familia en La Habana.

Envuelta en lágrimas me pedía ayuda y yo, que preferí callarme y escuchar, no sabía cómo digerir aquello ni qué hacer. Me despojé de casi todos mis prejuicios para entender lo que ella me contaba; la empatía se entrena a voluntad y yo nunca había lidiado con nada similar, aunque estaba medianamente informada sobre el tema. Se me ocurrió en un primer momento remitirla a psicología, pero ella se negó alegando que si su marido se enteraba la violencia se multiplicaría.

Descarté llamar a la policía o enviarla a la Casa de Orientación a la Mujer y a la Familia. Creía que sería en vano o empeoraría la situación de violencia. Entonces se me ocurrió llamar a la línea que tiene habilitada la Plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba. Para mi sorpresa, enseguida me dieron consejos certeros de cómo proceder, pero me dijeron que para asesorar el caso directamente, la propia víctima era quien que tenía que contactar con la plataforma, algo que me pareció bastante lógico pero que ella también rechazó. Le dejé los números en un papel camuflé en una receta médica. Ella se los llevó y dijo que lo pensaría. Le pedí que volviera a la consulta cada vez que quisiera, pero no volvió más.

Cuando se lo conté a mi tutor me dijo que sí, que todo el barrio lo sabía, pero que como ella siempre regresaba con su pareja, mejor era no involucrarse. Le pregunté a la dirección de mi policlínico y me dieron respuestas similares, poco objetivas.

Un tiempo después me fui del consultorio. Nunca supe qué debía haber hecho desde mi posición, o cuáles eran las mínimas precauciones que debía tomar para ayudarla. Nunca más supe de ella. 

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En los últimos años, tanto la violencia de género como el feminicidio han sido temas cada vez más comunes en nuestras pantallas. Entre los beneficios de las redes sociales están el poder extender a un espacio público nuestras preocupaciones sobre salud sexual y emocional, sobre el funcionamiento familiar y laboral relacionado a esto, sobre la diversidad en formas de vida y la disección de los perfiles que adopta la violencia.

Como ecos, las más radicales formas del machismo nacional nos han acompañado en estos tiempos de crisis multisistémica. Un conteo regresivo: «Una más», anuncia Yo Sí Te Creo en Cuba. «Una más», anuncia el Observatorio Alas Tensas. Una mujer muerta más, y una siente que en cualquier momento el eco entrará en su círculo cercano. Mañana podríamos ser las víctimas, o las primeras en detectar un caso de violencia.

Feminicidios en Cuba
Feminicidios hasta la fecha en Cuba / Fuente: Observatorio YoSiTeCreo

La violencia de género es una cuestión compleja, cuya existencia se sostiene en condiciones estructurales como el racismo, el colonialismo, la marginación económica, y las políticas gubernamentales que crean desigualdad y pobreza, que mantienen a las personas susceptibles a diferentes formas de violencias, las cuales recaen casi siempre sobre las mujeres, las adolescentes y las niñas.

Este tipo de violencia abarca todos los actos y condicionamientos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su vida, con especial énfasis a las racializadas, no heterosexuales, no cisgénero, no universitarias o profesionales, discapacitadas, y que viven en contextos rurales o en situación de calle. Engloba toda conducta que, sostenida en una relación desigual de poder, tanto en el ámbito público como en el privado, constituya un ataque material y simbólico que afecte la libertad, dignidad, intimidad e integridad moral, física, psicológica, sexual y económica. Esto incluye las formas de violencia perpetradas desde el Estado y sus instancias.

Es importante acentuar los sesgos clasistas y racistas en el análisis de las violencias hacia cualquier persona, sin importar su sexo o género, que bien puede sufrir o incurrir en actos que configuran la violencia de género. El Patriarcado no es un sistema que se sostenga solo gracias a los hombres. La jerarquización de las diferentes violencias, así como el uso distorsionado de estas —principalmente en la elaboración de normas, leyes y protocolos que pretendan abordarlas— incurre en la persistencia de la violencia de género.

Bajo esta premisa resulta necesario señalar que el fenómeno de la violencia de género es un grave problema de Salud Pública si lo miramos desde su extensión, magnitud y letalidad. Es importante reconocerlo como tal porque involucra al Estado y a toda la comunidad en su solución.

Muchas veces las mujeres llegan a los centros asistenciales en busca de atención médica, aun cuando no revelen el episodio de violencia, o en compañía de un policía que necesita del especialista para darle curso al procedimiento legal. Es deber del Sistema de Salud Pública no reducirse a una práctica determinada, sino dirigir los esfuerzos colectivos para proteger, fomentar y recuperar la salud de una comunidad; para ello, necesita valerse de protocolos y contar con el respaldo legal adecuado.

A pesar de la referencia en el Código Penal, en el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres aprobado en el año 2021, a pesar de la Estrategia Integral de Prevención y Atención a la Violencia de Género y en el Escenario Familiar igualmente aprobada en el 2021, y del recién estrenado Observatorio para la Igualdad de Género, el amparo a las víctimas de violencia de género en Cuba continúa siendo débil. Será así mientras no sea tipificado el delito de feminicidio en su contenido, y mientras no se transversalice la perspectiva de género en las normas jurídicas, procesos civiles, familiares y laborales, en los procedimientos y los protocolos institucionales y, en particular, del Sistema Nacional de Salud. Será insuficiente mientras no se eleve a rango de Ley Integral todo lo relacionado con la violencia de género.

violencia de genero y salud
Fuente: OceanoMedicina

Si se hace una revisión mínima, salta a la vista que en el discurso oficial persiste la idea de que la violencia de género no es un problema grave para Cuba en comparación con otras sociedades, y que el lenguaje que se maneja es tan desactualizado como inadecuado.

En un trabajo realizado por especialistas de la Universidad de Guantánamo y presentado en Santiago de Cuba, en febrero de 2022, se propone un modelo de gestión para la prevención de la violencia contra la mujer en el que se exponen algunos datos interesantes; uno de ellos es la clasificación de «poco adecuado», gracias a su propia escala de medición, del manejo de las instituciones y agencias sociales involucradas en el tema: Fiscalía, Federación de Mujeres Cubanas, Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, Medicina Legal, unidades de salud, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y unidades de la Policía Nacional Revolucionaria.

Salud pública y violencia de género en Cuba

En la Ley de Salud Pública vigente, que luego de 40 años se encuentra próxima a su derogación —en caso de ser aprobado el nuevo anteproyecto ante la Asamblea Nacional del Poder Popular— no se aborda la violencia de género. Lo más cercano a ello es el Artículo 44 sobre las actuaciones médico legales, en la que se estipulan «aquellas actividades médicas que se desarrollan en las unidades asistenciales y demás dependencias del Sistema Nacional de Salud en ocasión de prestarse atención facultativa a una persona que presente enfermedad o lesión en su integridad física o mental que implique una responsabilidad penal, o sea determinante de una concreta situación médico legal».

En consecuencia, es Medicina Legal quien atiende los casos de violencia de género —siempre que clasifique como agresión sexual y que haya violación como agravante de esta, lo cual, según el Código Penal, implica el acceso carnal al cuerpo de la víctima, ya sea por vía vaginal, anal o bucal; esto incluye los casos en los que se introducen miembros corporales u objetos por alguna de estas tres vías. Aplican también otras formas de agresión sexual que atenten contra la indemnidad sexual de la víctima a través de la violencia física o de la intimidación psíquica. Asimismo, se atienden con Medicina Legal otros hechos violentos que no incluyan agresión sexual pero que se sucedan a una denuncia por delito de lesiones en «el marco de la familia», o sea, que clasifique como violencia doméstica, que no es necesariamente un símil de la violencia de género.

En el Anteproyecto de la nueva Ley, en la Sección Novena, De las pericias médico legales, «se desarrollan en la atención facultativa a una persona que padece una enfermedad; lesión a su integridad; que requiere determinar el grado de capacidad o discernimiento, o que hubiese fallecido, siempre que implique una presunta responsabilidad penal o resulte determinante de una concreta situación médico-legal.» Los cambios son mínimos y se complementa con las especificidades del Código Penal.

Según la Escuela cubana de Medicina Legal las normas establecidas para este tipo de atención incluyen la solicitud u orden de la autoridad actuante, que debe añadir los antecedentes del hecho que se investiga; un expediente con la documentación necesaria, como Certificado de asistencia de primera intención de un lesionado (modelo 53-13); y la historia clínica con su resumen; el examen físico y el ateste de sanidad legal de las lesiones, que se refiere a la comprobación por un médico legal de la víctima para la clasificación de la gravedad de sus lesiones, que bien pueden ser no graves, con o sin necesidad de tratamiento médico, graves por secuela médico legal o graves con peligro inminente para la vida.

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Fuente: Cubadebate

Protocolos para la atención en salud a víctimas de violencia de género

En Cuba no hay pautados protocolos para la Atención Primaria de Salud referentes a las mujeres víctimas de violencia de género, siendo esta la forma de atención más extendida en el país, la de más fácil acceso a la población, y la que mejor conoce el funcionamiento de su comunidad. En adición, no existen protocolos fuera de las instancias de Medicina Legal para atender, independientemente de la gravedad de las lesiones físicas, a las víctimas. Tampoco se encuentran programas nacionales netamente sanitarios para la prevención y la protección.

En el Anteproyecto de Ley de Salud Pública se incorpora, en la Sección Tercera «De la salud sexual y reproductiva», específicamente en su artículo 138, «La atención integral a la mujer, dirigida a elevar su nivel de salud en las diferentes etapas de la vida (…)».

Por tanto, no se puede afirmar que hay respaldo legal para el trato diferenciado en urgencias y emergencias derivadas de la violencia de un hombre ejercida sobre una mujer. El hecho de no tener protocolos sanitarios para lidiar con casos de violencia de género hace que el camino que deben recorrer las víctimas sea peligrosamente tortuoso.

Muchos son los países que han desarrollado protocolos sanitarios para atender estos casos. Por ejemplo, en España prácticamente todas las comunidades autónomas tienen uno propio, luego de que el Ministerio de Sanidad renovara este año el protocolo vigente desde el 2012 y construyera una Guía de pautas básicas comunes del Sistema de Salud para la actuación sanitaria en caso de violencia sexual. Unido a esto, existe un      instrumento común estandarizado para la detección temprana de la violencia de género en el Sistema de Salud y un protocolo común para la atención sanitaria ante la violencia de género. Igualmente ocurre en México, en Argentina y en República Dominicana, por solo citar algunos ejemplos cercanos.

El objetivo de este tipo de protocolos es establecer una pauta de actuación normalizada y homogénea para el Sistema Nacional de Salud (SNS), tanto para la detección precoz como para la valoración y actuación ante los casos detectados y su seguimiento. La documentación asociada a dicho tipo de protocolos señala con claridad los grupos vulnerables, orientan al personal sanitario para la atención integral (física, psicológica, emocional y social) a las mujeres víctimas y que acuden a un centro de salud. También incluyen cualquier forma de violencia y malos tratos por razón de género, ejercida contra las mujeres, independientemente de quién sea el supuesto agresor.

Campaña de concientización sobre el efecto de la violencia de género en la salud (España)
Campaña de concientización sobre el efecto de la violencia de género en la salud (España) / Fuente: Confederación Salud Mental España

Junto con lo antes dicho, algunos instrumentos ofrecen indicaciones para la detección precoz, valoración y actuación con los hijos e hijas de mujeres en situación de maltrato, dado que también reciben atención sanitaria dentro del SNS.

En el caso de agresiones sexuales, la atención y actuación sanitaria es específica en los países mencionados. Regula la atención ginecobstétrica de todo el personal involucrado en dicha especialidad, por ser un tema sensible y propenso a todo tipo de violencias. No se quedan solo en la ciencia aplicada, sino que pauta la investigación, la incorporación del tema en los planes de estudios universitarios y la obligatoria capacitación de todo el personal.

En España, por ejemplo, es el equivalente al Consultorio Médico de la Familia cubano el que ejerce como unidad fundamental de la atención a mujeres víctimas de violencia de género, y es la medicina familiar la que referencia, canaliza y remite a especialistas, así como la que da seguimiento al caso en los años posteriores a la detección.

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En la Ley de Salud Pública, pronta a ser aprobada en el presente mes de diciembre, no existe un apartado para la violencia de género, como muchas personas esperaban, esto hubiese sido consecuente con el trabajo que se ha venido desarrollando en cada uno de los cuerpos legales para que, a la hora de aprobar la irresponsablemente demorada Ley Integral sobre Violencia de Género, el ensamblaje con el resto de leyes y normas sea posible. Sin embargo, atiende el tema con más claridad que la Ley vigente.

No obstante, el artículo 128 del anteproyecto explicita que «el Ministerio de Salud Pública, en lo que le corresponde, diseña las estrategias de Salud para prevenir y atender los daños a la salud derivados de las manifestaciones de violencia, la recuperación de víctimas y victimarios y otros comportamientos sociales con impactos en la salud y el bienestar de las personas, las familias y la sociedad en general».

Habrá que esperar a la aprobación de la Ley y su puesta en práctica para descubrir qué nos trae el nuevo marco regulatorio y qué «estrategias» derivarán de este. Mientras tanto, solo queda asistir el conteo de feminicidios, un constante recuerdo de que en nuestro país queda mucho camino por recorrer para desenmarañar los diferentes ejes de opresión que se superponen, interceptan, coexisten, y caen con todo su peso sobre las mujeres. 

Una contralista sobre el terrorismo y más

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Lista cubana sobre terroristas y personas que promueven el terrorismo
Foto: LJC

Una contralista sobre el terrorismo

Una lista de personas y entidades acusadas de terrorismo, que han sido previamente investigadas y son reclamadas actualmente por la policía y los tribunales cubanos, es noticia esta semana. 

El Ministerio del Interior de Cuba (Minint) dio a conocer la información este 7 de diciembre con rango de ley, en la Resolución 19/2023 publicada en la Gaceta Oficial. La lista incluye a responsables de incidentes violentos ocurridos o planificados desde 1999 hasta el presente.

Lo más polémico que trae la lista fue la inclusión de algunos conocidos influencers radicados en la Florida que también cuentan con numerosos seguidores en Cuba. Alexander Otaola, Eliecer Ávila, Liudmila (Liu) Santiesteban, Manuel Milanés, Alain Lambert (Paparazzi) y Jorge Ramón Batista (Ultrack) comparten sitio en la lista con sujetos imputados por el gobierno de Estados Unidos en el pasado por delitos relacionados con el terrorismo —aunque actualmente en libertad—, como Ramón Saúl Sanchez y Santiago Álvarez Fernández-Magriñá.

Los mencionados influencers se incluyen bajo la amplia y ambigua categoría de «incitar a la realización de acciones que afectan el orden social en Cuba, mediante actos violentos contra funcionarios públicos y el normal funcionamiento de entidades socioeconómicas; así como promover la agresión armada contra Cuba».

La revelación de coincidió con otras noticias acerca del terrorismo y con la reinclusión de Cuba en la lista de Estados que patrocinan el terrorismo según el gobierno norteamericano

El 10 de diciembre se hizo público que un hombre y dos mujeres «incitados y financiados desde el exterior del país» fueron condenados hasta a 30 años de prisión, en el caso más grave, por usar cocteles molotov contra un tribunal municipal de La Habana y la sede provincial de los Comités de Defensa de la Revolución, también en la capital cubana.

Por último, la Televisión Cubana reveló la infiltración de un sujeto en el territorio cubano, a bordo de una moto acuática, con el propósito de realizar ataques terroristas este fin de año. De este presunto criminal las autoridades sólo han revelado que reside en Estados Unidos.

Todo esto significa que el terrorismo sigue siendo una amenaza real para la seguridad del país. Sin embargo, también se reafirma la opacidad de la información oficial, una circunstancia que no contribuye a que el público tenga una idea clara de hechos tan graves como estos.

Opinamos que los medios oficiales deberían aportar información responsable sobre estos presuntos actos de terrorismo y la base de las imputaciones realizadas, en particular si se trata de personajes mediáticos.

A primera vista no parece creíble que se señale como terroristas o incitadores del terrorismo, sin ninguna evidencia de las investigaciones policiales realizadas, a influencers que incomodan al gobierno cubano por su discurso de tintes extremistas.

Si bien el terrorismo es una de las formas más graves del extremismo político, no todo extremista es un terrorista. Por tanto, sin una comunicación responsable, esta lista podría leerse como una operación más de propaganda política.

Denunciar el terrorismo es algo totalmente legítimo, más para un Estado que lo ha sufrido durante años, pero banalizarlo podría ser un mal camino para generar conciencia sobre el daño que hace. 

 

Universitarias al servicio militar

Y fue noticia esta semana que las futuras estudiantes de periodismo tendrán que cumplir antes con el servicio militar. La noticia no es oficial, pero fue revelada y confirmada por dos fuentes anónimas de las universidades de Camagüey y de La Habana a Cubanet, un periódico digital radicado en Miami con una agenda opositora al gobierno cubano. La medida, de ser cierta la información, entraría en vigor a partir del curso escolar 2024-2025.

Hasta el momento, el servicio militar sólo es obligatorio para los hombres cubanos. Hay una excepción: las mujeres que estudian Relaciones Internacionales, sí han estado obligadas a pasar un año en la unidad militar ubicada frente a la frontera de la Base Naval de Guantánamo.

Esta noticia, que está provocando numerosas reacciones en los medios de prensa no estatales y en las redes sociales, tiene una gran posibilidad de ser cierta. Ya estaba anunciada. En 2021, Raúl Castro se refirió al servicio militar femenino en su informe al VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba.

El líder de la Revolución Cubana relató el problema que representa para el ejército «el envejecimiento de la población cubana», elogió la experiencia con la carrera de Relaciones Internacionales y sugirió generalizar gradualmente que «todos los estudiantes de la educación superior cumplan previamente este deber» del servicio militar.

Esto significa que el servicio militar es una institución crisis que las autoridades están decididas a salvar, no sólo por razones simbólicas sino también prácticas. El servicio militar siempre ha sido un recurso para disponer hasta de fuerza de trabajo joven y no remunerada. Tiene una utilidad a la que no se quiere renunciar, a pesar del rechazo que inspira actualmente en buena parte de los reclutas y sus familias.

Nuestra opinión es si bien no son raros los países que mantienen la obligatoriedad de cumplir un periodo en el ejército, se trata de una disposición cada vez menos extendida en Occidente, al menos de la forma en que está implementado en Cuba.

En el caso cubano, abundan los reclamos de tono legítimo contra el servicio militar, impulsados por padres que han perdido a hijos menores de 20 años en las unidades donde se hallaban destacados. No existen estadísticas públicas sobre estas muertes, pero por los casos que han trascendido a la luz pública, la mayoría de las veces las causas son accidentes, negligencias o falta de seguridad de los responsables.

Asimismo, múltiples testimonios dan fe de prácticas violentas en las unidades militares que incluyen humillaciones, abusos de poder, corrupción, favoritismos… que terminan radicalizando a los reclutas y lanzándolos en manos del discurso opositor.

Si bien extinguir esta práctica probablemente no sea posible en concepción actual del ejército, extenderla tal y como funciona hoy no es una buena idea, podría traer efectos más graves como un aumento del descontento, o incluso que un grupo de jóvenes se abstengan de estudiar en la universidad o adelanten sus planes de emigrar para evitar ser reclutadas.

 

Se queda la libreta de abastecimiento

Fue noticia este 9 de diciembre que el Ministerio de Comercio Interior (Mincin) y el periódico digital Cubadebate desmintieron el rumor de que la libreta de abastecimiento, una metáfora de la escasez crónica de productos básicos, sería eliminada.

La noticia comenzó a circular en las redes sociales desde espacios que deliberadamente suplantan la identidad de medios y periodistas oficiales. Sin embargo, el anuncio resultó creíble para muchos.

Declaraciones realizadas en los últimos años por el gobierno apuntaban al final inminente de la libreta. En 2020 el propio presidente Miguel Díaz-Canel dijo en la televisión que esa fórmula general de racionamiento sólo se mantendría vigente durante un tiempo después de la unificación monetaria. El proyecto no se cumplió.

Esto significa sencillamente que la libreta de abastecimiento durará lo mismo que la crisis económica. Ha habido intenciones de dejarla atrás, pero el respaldo productivo ha fallado siempre.

Opinamos que, en las condiciones que enfrenta población cubana, el racionamiento debe mantenerse. También pensamos que el Mincin ha demorado en estudiar cómo podría hacerse una distribución más equitativa. Desde hace años se está señalando que no es práctico, ni justo, que la libreta beneficie a todos los cubanos, incluso a los que no necesitan protección, en una sociedad que va haciéndose más desigual. 

 

Obsoleta, con o sin sanciones económicas

Para terminar, fue noticia en los medios oficiales la dimensión exacta, en cifras, del daño que ocasionan las medidas coercitivas de Estados Unidos al sector industrial cubano. Las pérdidas, según funcionarios del Ministerio de Industria (Mindus), alcanzaron alrededor de 22 millones y medio de dólares entre marzo de 2022 y febrero de 2023. De ese monto, sólo 2 millones 732.914 dólares se dejaron de percibir por exportaciones de bienes y servicios.

Esto significa no sólo que las sanciones sean un freno para el desarrollo de la industria cubana, como sabemos de sobra. También confirma que se trata de una actividad económica reducida a una expresión casi mínima. Para la dimensión del país y su historia industrial, la cifra revelada por el Mindus es bastante baja.

De no haber tenido esa pérdida, todo indica que la industria cubana seguiría siendo pequeña, deprimida, obsoleta y poco rentable. Falta saber si el Mindus tiene una respuesta para esto y si sus expertos podrían calcular cuán grande es la pérdida económica que provocaron las políticas erróneas de quienes dirigieron el sector en el pasado y qué estrategia favorecería su crecimiento en lo adelante.

Las sanciones son injustas y violatorias del derecho internacional, pero al parecer seguirán siendo una constante y no una variable, un hecho que obliga a ser más eficientes hacia lo interno para contrarrestar sus efectos.

Estrellas de rock, estrellas de cine

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Ilustración: Brady

Siempre hubo películas musicales que buscaron capitalizar el éxito de determinado solista (Frank Sinatra, Bing Crosby, Sara Montiel,  Carlos Gardel) construyendo un argumento simple que permitiera al intérprete detenerse de pronto y ponerse a cantar (o bailar, si eras Fred Astaire o Gene Kelly) sobre un acompañamiento que salía de quién sabe dónde. Con el advenimiento del rock, las cosas no cambiaron mucho: Elvis Presley protagonizó varias decenas de historias fílmicas cundidas de hits; los Beatles, los Monkees, Dave Clark Five, Herman´s Hermits, los Bee Gees también hicieron lo suyo en este sentido. Sin embargo, algunos músicos de esa generación no se conformaron con tocar dentro o fuera de la pantalla, sino que, fieles al espíritu de experimentación que pronto fue caracterizándoles, probaron fortuna en otras áreas creativas, bien escribiendo narrativa y poesía, bien actuando en películas no necesariamente centradas en la música.

 Lo anterior no significa que siempre el experimento funcionara.

En 1967, Richard Lester, que había dirigido las dos primeras películas de los Beatles —A hard day´s night (1964) y Help! (1965)— le propuso a John Lennon asumir la parte del soldado Gripweed en How I won the war. Lennon aceptó y marchó a rodar en Almería durante varias semanas. Aunque hay un monólogo que entrega con razonable dignidad, no se convirtió en un nuevo Charles Laughton.

George Harrison produjo (y tiene en ella un minúsculo cameo) Life of Brian (1979), de Monty Python. Luego realizó otro cameo, interpretando a un periodista, en The Rutles (1978) de Eric Idle, ex-Python. Después, con su compañía Handmade Films, siguió produciendo cintas (algunas relacionadas con Monty Python) con variable éxito.

Paul McCartney… bueno, aparte de su fugaz aparición como un pirata poco o nada convincente, el tío Jack, en Pirates of the Caribbean V (2017), mejor es dejarlo que siga componiendo.

Ringo, el de mayores posibilidades histriónicas de la banda, se unió a un elenco fabuloso (Richard Burton, Walter Matthau, Marlon Brando) para la mediocre Candy (1968), de Christian Marquand, donde encarna a un jardinero mexicano de pocas luces; se midió nada menos que con Peter Sellers en The Magic Christian, de Joseph McGrath (1970), interpretó a un cavernícola en The caveman (1981) de Carl Gottlieb, etcétera, aunque probablemente su mejor desempeño fuera como el dandy Mike en That´ll be the day (1973) de Claude Whatham, junto a David Essex y el batería de los Who, Keith Moon.

Y ya que hablamos de los Who, su vocalista Roger Daltrey también tiene lo suyo como actor. No me detendré en Tommy (1975) de Ken Russell, pues es básicamente la puesta en escena de la ópera rock de Pete Townsend; en cambio, mencionaré Lisztomania (también de 1975 y de Ken Russell. Prolífico el tipo), a pesar de ser un musical basado en la vida de Franz Liszt (interpretado por el propio Daltrey) y su relación con Wagner, porque en ella hay una escena en que Daltrey remeda al Chaplin de Tiempos modernos con sorprendente eficacia. Y, créalo o no, Ringo Starr hace del Papa (¡!). La relación de Roger con el cine ha sido sistemática, así que señalaré solo un par de ejemplos: el drama carcelario McVicar (1980) de Tom Clegg, en que se transforma en un malogrado delincuente londinense, y el episodio Forever Ambergris (1993) de la quinta temporada de la serie de terror Tales from the Crypt (¿recuerdan la presentación del programa Prismas los miércoles por la noche?).

Si Ringo y Daltrey demuestran cierto talento natural para la interpretación dramática, es difícil hallar algo parecido en Mick Jagger. Su primer papel fue como el bandido australiano Ned Kelly en la película homónima (1970), de Tony Richardson, un fracaso tan lamentable que tanto Mick como el director se desentendieron posteriormente de ella. Esa escena en que el Stone vence a puñetazos a un rival mayor que él… Si algo puede salvarse de Ned Kelly es la interpretación que hace Jagger del tema Wild colonial boy. Ah, bueno, también hay que decir que en medio de los rodajes escribió Brown sugar.

Performance (1970), de Nicolas Roeg, ha sido el mejor trabajo del vocalista, y eso porque interpreta a una estrella de rock sensual y decadente. Pasando por piezas mediocres como Running out of luck (1986), de Julien Temple y Freejack (1992), de Geoff Murphy, llegamos a su trabajo más reciente, The burnt orange heresy (2019), de Giuseppe Capotondi, donde lo vemos como un coleccionista millonario… En fin, el último disco de los Stones es muy bueno.

Curiosamente, uno de los mejores roles a cargo de un Stone (por lo menos, de los más memorables) es el de Keith Richards como Teague Sparrow, el padre de Jack en la ya mencionada saga Pirates of the Caribbean. De hecho, Johnny Depp afirma haberse inspirado en el talante y los ademanes del guitarrista para componer su personaje. Viéndolo, es fácil comprender a qué se refiere.

No pretendo enumerar aquí a todos los músicos de rock, de esa y posteriores generaciones, que se han aventurado a encarnar roles en filmes dramáticos (baste con Gene Simmons, Sting, David Lee Roth, Billie Joe Armstrong, Jared Leto) ni la filmografía de cada uno, pero no puedo dejar de añadir a David Bowie en dos películas de culto: The man who fell to Earth (Nicolas Roeg, 1976) y Labyrinth (1986) de Jim Henson, con guion del ex Python Terry Jones. En la primera interpreta a un extraterrestre que llega a la Tierra en busca de agua; en la segunda, a Jareth, el rey de los duendes (goblins). Si lo piensas, dos aciertos de casting, dos partes que se avienen perfectamente con la imagen del creador de Ziggy Stardust.

Saliéndome un poco del tema de rockeros intentando actuar, cerraré con un estupendo ejemplo de actores intentando rockear: This is Spinal Tap, el mockumentary de 1984, dirigido por Rob Reiner. Como en The Commitments, de Alan Parker (1991), una banda ficticia se convirtió en real… solo que las criaturas de Reiner no se lo toman en serio y nos regalan la mejor sátira jamás realizada acerca del mundo de las estrellas de rock y la industria que intenta, a un tiempo, auparlos y devorarlos.

La felicidad de los guajiros

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Foto: Néster Núñez

Hace poco subí un post a Facebook con cierto ánimo provocador. Contaba en él sobre la primera vez que escalé el Escambray, por los años 90. Transcurría mi época universitaria en Santa Clara, donde el colapso era total como en todo el país. En el Coppelia vendían helado de toronja, tocaba una hamburguesa de pescado —con espinas— por carné de identidad; desde la terminal, salían para los municipios los camiones de transportar caña en época de zafra.

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Foto: Néster Núñez

Con esas imágenes y experiencias rondándome, llegué cierta tarde a Gavilanes, después de caminar monte adentro no sé cuantas horas. La fotografía que recuerdo es la de un riachuelo con una gran poceta en primer plano y detrás los bohíos del pueblo. El agua era súper transparente, y los niños que estaban jugando pelota se reflejaban en ella. El «play» se llevaba toda la atención de los habitantes. Las familias aplaudían desde los portales, gritaban nombretes, hacían bromas… era una fiesta dominguera total. Los niños bateaban durísimo, y uno de los que cubría el campo central era experto en lanzarse a la poceta y coger la pelota en el aire.

1699419807726 01 resultEn el post, para provocar la reacción de los lectores, y porque de cierta forma es una duda real, puse: «La imagen se me quedó grabada y desde entonces me he preguntado si los guajiros cubanos son felices, si son más felices que los citadinos y, en definitiva, qué es la felicidad».

Vale la pena anotar algunos de los comentarios que recibí:

AMH: Yo, que he conocido a uno que otro guajiro y hasta me he ganado sus afectos, te puedo decir que conciben y perciben la felicidad de otra forma, logran al menos un vínculo medio místico con la naturaleza. Si sus animales están saludables, son felices. Si los cultivos prosperan, son felices. Si pueden renovar el guano del techo de la casa o ponerle cal al piso de tierra, también rozan la felicidad. Quizá para alguno sea conformismo o mentalidad de pobres, pero los he visto desandar un sendero, el mismo que caminaron toda su vida, ya viejos y casi ciegos, pero con una sonrisa cuando sienten el canto de algún cabrerito o el sonido de las hojas. Yo, la verdad, quisiera tener esa pureza de alma de los guajiros.

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Foto: Néster Núñez

YDSS: ¡Ay, qué nostalgia de andar por esos predios! Sí son más felices, definitivamente. Necesitan mucho menos para vivir que cualquiera de nosotros.

MC: Estando en los dos bandos, me atrevería a decir que no escojan la felicidad por el lugar. Guajiros o citadinos somos los mismos.

OF: Solo te puedo decir que las sonrisas y las buenas vibras que percibo de mis guajiros en mi Topes de Collantes amado no las he disfrutado en ningún otro rincón donde he estado.

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Foto: Néster Núñez

ISV: Tus imágenes me han tomado muchísimo tiempo, demasiado para el poco que tengo, pero eso confirma la necesidad que tenemos de un poco de esa felicidad. Su escala de necesidades es diferente, e igual tienen plenitud de carencias. El desarrollo de las tecnologías NO se puede ignorar y las diferencias que empiezan a aparecer en el propio campo, hacen que los momentos de alegría se combinen con desesperanza.

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Foto: Néster Núñez

YG: Las imágenes me transportan a mi infancia en la casa de mi tía en el campo. Las guardo con mucho cariño. Desgraciadamente, pasa a veces que no se añora lo que no se conoce. La felicidad son los raticos buenos, en mi opinión. Igual, me sigue gustando el campo… por el día.

JFR: Se sufre por lo que se ha perdido, no por lo que nunca se ha tenido. Cada quien es feliz en función de su experiencia, de su escala.

RM: Yo creo que hoy en nuestra isla la felicidad no es algo que abunde.

CF: Los guajiros son felices porque no dependen del gobierno o la política, y sí de lo que plantan y luego cosechan, la mayor riqueza de un hombre libre.

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Foto: Néster Núñez

MG: Es que yo me imagino esos lugares al amanecer, con los pájaros cantando, el sol coloreando los árboles hermosos… En la medida que envejeces, te das cuenta de lo poco que de verdad necesitas para vivir. Porque… ¿qué es la felicidad, a fin de cuentas?

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Foto: Néster Núñez

«¿Qué es la felicidad?», vuelve a preguntar MG y yo dije que no tengo una repuesta, que aún la estoy construyendo. De los guajiros, en sentido general, tampoco sé. Habría que preguntarles uno a uno. De lo que estoy seguro es que estos viajes que hice en 2023 con los amigos del Club Cubano de Fotografía de Naturaleza a Banao y Guajimico, generaron en mí la misma sensación de plenitud y satisfacción que llegar a Gavilanes, en los años 90, y ver a aquellos niños jugando pelota.

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Foto: Néster Núñez

De diplomático injerencista a agente cubano y más

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Diplomático cubano acusado de agente
Foto: LJC

De diplomático injerencista a agente cubano

La noticia es que el exdiplomático de EEUU Manuel Rocha fue arrestado en Miami por acusaciones del FBI de servir a la inteligencia cubana como agente. Su carrera incluyó una designación como subdirector de Asuntos Interamericanos en el Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., cuya responsabilidad se centró en los temas relacionados con Cuba, además de subdirector principal de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana y embajador de Estados Unidos en Bolivia.

La detención se da luego de que Rocha, de 73 años, estuviera varios años bajo investigación. Se le acusa de promover los intereses del gobierno cubano durante su servicio diplomático y se vale de una confesión realizada por el imputado a un agente encubierto del FBI, en varias reuniones celebradas entre 2022 y 2023.

La ley federal norteamericana exige que las personas que cumplen órdenes políticas de un gobierno o entidad extranjera dentro de Estados Unidos se registren en el Departamento de Justicia, y en los últimos años se ha intensificado su aplicación penal. Por tanto, el acusado puede ser procesado por conspiración, por actuar como agente de un gobierno extranjero y por usar un pasaporte obtenido mediante una declaración falsa.

«Esta acción expone una de las infiltraciones de mayor alcance y más duraderas en el gobierno de Estados Unidos por parte de un agente extranjero», señaló el fiscal general de EE.UU., Merrick B. Garland, según la BBC.

De ser cierta la acusación, Rocha sería el segundo funcionario más importante del gobierno norteamericano —después de Ana Belén Montes— que los organismos de inteligencia cubana hayan podido captar.

Por tanto, significaría que el Estado cubano —que aún no se ha pronunciado al respecto—, al menos en la época de Fidel Castro, tenía una influencia y habilidad sin precedentes en un país pequeño, para insertar agentes en una de las potencias más importantes del mundo, la cual además es conocida por el buen funcionamiento de su sistema de inteligencia y contrainteligencia.

Por otro lado, confirmaría que las estrategias políticas de los agentes encubiertos cubanos pueden ser más complejas de lo que parecen.

En 2002 fueron muy polémicas unas declaraciones de Manuel Rocha durante su servicio diplomático en Bolivia, cuando afirmó que Estados Unidos cortaría cualquier ayuda al país andino si elegían a Evo Morales como presidente. Algunos analistas consideran que dichas palabras fueron entendidas por parte del pueblo boliviano como una confirmación de los intereses injerencistas de Estados Unidos en la región y que al final tuvieron el efecto contrario, el de fortalecer movimientos y pensamientos anticolonialistas que llevaron a Morales a la silla presidencial en 2006.

Por último, pudiera tener un efecto negativo en un escenario futuro de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Nuestra opinión es que Cuba no es el único país que intenta utilizar sus servicios de inteligencia para penetrar las filas de aquellos Estados que considera enemigos. Es común que los Estados hagan este tipo de operaciones, tanto para obtener información, como para influir en las políticas que les pueden ser convenientes. No obstante, paradójicamente, la mayoría de los Estados también establecen fuertes penalizaciones contra los funcionarios que trabajen en favor de un servicio de inteligencia extranjero. 

La noticia pudiera convenirle a quienes no ven con buenos ojos la desescalada de tensiones entre Cuba y Estados Unidos, pues aunque el exdiplomático lleve tiempo jubilado y sea poco probable que haya podido realizar alguna operación favorable al Estado cubano en los últimos años, siempre podrá usarse como pretexto para que la administración Biden no mueva un dedo en su política hacia la Isla.

Para concluir, pudiera servirle de enseñanza a quienes, sin trabajar para el FBI, acusan constantemente de agentes de la Seguridad del Estado cubana a todo aquel que expresa una visión no radicalizada en cuanto al diálogo con el gobierno cubano. Muchas veces los agentes están en quién menos lo parecen ser.

 

Una gira por el Medio Oriente

La noticia es la gira del presidente cubano Miguel Díaz-Canel por tres países del Medio Oriente: Emiratos Árabes Unidos, Qatar e Irán.

La visita a Emiratos Árabes Unidos tuvo el objetivo de participar en la 28va. Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, en la cual, además de encabezar la delegación cubana, dirigió la Reunión de Líderes del Grupo de los 77+China (G-77), convocada por Cuba en su condición de presidenta de ese grupo de naciones.

Díaz-Canel también sostuvo un encuentro con los residentes cubanos en la nación árabe y con Mohamed Bin Zayed Al Nahyan, presidente de Emiratos Árabes Unidos y emir de Abu Dhabi. Sobre la conversación con el emir, declaró que además de constatar el buen estado de las relaciones diplomáticas, ambos mandatarios expresaron «interés de ampliar y diversificar los vínculos económicos, comerciales, de inversión y de cooperación, en correspondencia con las potencialidades que existen en áreas como la biotecnología, las energías renovables, el turismo, la agricultura, entre otros».

La colaboración económica se concretó en la firma de un Acuerdo para la Promoción y Protección Recíproca de Inversión (APPRI), y un Convenio para la evitación de la doble imposición. La viceministra de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (MINCEX) Déborah Rivas Saavedra señaló que estos dos acuerdos normalmente son requisito de muchos inversores para empezar a dar pasos en otro país y subrayó la importancia de un Memorando de Entendimiento entre los bancos centrales de ambos países, para establecer relaciones bancarias y financieras directas.

La próxima parada del presidente cubano fue Qatar, donde uno de los objetivos principales fue analizar el conflicto en Gaza entre Israel y Palestina, ya que Doha está en el centro de las negociaciones, junto con Egipto y Estados Unidos. Los medios cubanos resaltaron asimismo el diálogo con una selección de los 1 232 médicos cubanos que ofrecen sus servicios en el país. En cuanto a las relaciones económicas, la agencia Prensa Latina afirmó que en la visita «ambas partes ratificaron la voluntad de diversificar y ampliar los nexos económicos, comerciales y de cooperación», sin dar más detalles.

La última escala fue la que más repercusión ha tenido en la prensa cubana e internacional. Se trata de Irán, una de las naciones más fuertes de Medio Oriente y también una de las más enemistadas con las potencias occidentales, y que no había sido visitada por un presidente cubano desde que Fidel Castro viajara a Teherán en 2001. La llegada también constituye una reciprocidad a la estancia que tuvo el actual mandatario iraní, Ebrahim Raisi, en La Habana, en junio del presente año.

«Aspiramos a que Irán se convierta en un actor económico importante dentro del modelo de desarrollo de Cuba» afirmó el presidente cubano, quién además tuvo un encuentro con un grupo de empresarios iraníes en el cual destacó «las oportunidades de negocios en Cuba y nuestra oferta exportable». Dos momentos importantes fueron su llegada al Instituto Pasteur de Teherán, que colabora con Cuba en proyectos médicos, y el anuncio de que vacunas producidas en este lugar podrían ser empleadas en la Isla.

Lo más relevante de todo es la firma de siete instrumentos de colaboración en diversas áreas, que incluye agricultura, ganadería, pesca, minería y energía. Según la página oficial de la presidencia:

  1. memorando de entendimiento entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y la vicepresidencia para la Ciencia, la Tecnología iraní;
  2. memorando de entendimiento en la esfera de la cooperación energética y minas;
  3. memorando de entendimiento sobre cooperación agrícola, ganadera y pesquera;
  4. memorando de entendimiento entre el Instituto Pasteur de Irán y el Instituto Finlay de Vacunas
  5. memorando de entendimiento entre el grupo BioCubafarma y la Compañía de Inversiones Farmacéuticas Tamin;
  6. plan de acción para la implementación de la cooperación en el campo de la Salud y las Ciencias Médicas;
  7. plan de acción sobre cooperación en los campos de las telecomunicaciones, tecnologías de la información, comunicaciones y servicios postales;

Esto significa que Miguel-Díaz Canel intenta darle continuidad a la estrategia política de Fidel Castro de establecer relaciones con países de Medio Oriente, que en muchos casos también han sido aliados de Cuba en su diferendo con Estados Unidos. Dicen que en política el enemigo de tu enemigo es amigo, y el ejemplo más claro de esto es Irán, que comparte con la Isla ser objeto de sanciones por sucesivas administraciones norteamericanas e integrar la cuestionada lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

Nuestra opinión es que Cuba, en condición de Estado soberano, tiene derecho a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con quien crea necesario. Geográfica y culturalmente, la Isla está mucho más cercana de cualquier país occidental que a naciones islámicas, pero la clave de la diplomacia es el respeto al otro. Asimismo, las medidas coercitivas norteamericanas empujan al Estado cubano a buscar relaciones con cualquier país que quiera comerciar bajo condiciones de riesgo. Quedará por ver si estas alianzas podrán contribuir a levantar la dañada economía cubana.

 

Otra vez la lista de marras

La noticia es que Estados Unidos decidió mantener un año más a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Los argumentos prácticamente no cambian a los utilizados en 2021. Según la agencia swissinfo, «la Administración del demócrata Joe Biden considera en su informe publicado este jueves que “el Gobierno cubano no respondió formalmente a las solicitudes de extradición” de los líderes del ELN Pablo Tejada y Pablo Beltrán presentadas por Colombia [y que] “Cuba también continúa albergando a varios prófugos de la justicia estadounidenses buscados por cargos relacionados con violencia política”»

La designación implica la prohibición de venta de armas, un mayor control a sus exportaciones, restricciones en la ayuda exterior, mayores requisitos para los visados y diversas sanciones económicas. Un efecto concreto es que los visitantes provenientes de la Unión Europea tienen que pedir un permiso para visitar Estados Unidos luego de pisar suelo cubano. Asimismo, las transacciones que tengan la palabra «Cuba» pueden ser bloqueadas en pasarelas de pago como PayPal.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, como es habitual, rechazó la inclusión afirmando que «las autoridades gubernamentales estadounidenses, en especial sus agencias vinculadas con la aplicación y el cumplimiento de la ley, cuentan con información más que suficiente para constatar el firme y limpio compromiso de Cuba en el enfrentamiento a ese flagelo. Los intercambios bilaterales oficiales realizados entre los dos países sobre el tema específico del terrorismo así lo confirman».

El comunicado también calificó la lista de «arbitraria y desprestigiada», cuyo objetivo es «imponer medidas de coerción económica contra países con los cuales el gobierno de los Estados Unidos tiene discrepancias políticas».

Esto significa que la administración Biden, al menos por el momento, no piensa dar señales contundentes de continuar la política de deshielo iniciada por Barack Obama. Cuba ha estado incluida desde 1982, salió en 2015 durante la etapa de acercamiento que impulsó el anterior presidente demócrata y fue reinsertada por el republicano Donald Trump en 2017, una decisión que mantiene el actual gobernante a pesar de militar en el partido opuesto.

Nuestra opinión es que los argumentos para mantener al Estado Cubano en la lista son bastante endebles. El propio presidente colombiano, Gustavo Petro, se ha opuesto a la presencia de Cuba en la enumeración de marras. Asimismo, la fluctuación de la Isla en el informe —en dependencia de la administración de turno— es una prueba de que está más condicionado por designios políticos que por argumentos concretos.

Biden y su equipo siguen enfrascados en mantener acciones que no provoquen demasiado rechazo en sectores opositores al gobierno cubano, radicalizados y residentes principalmente en el sur de la Florida. Si esto responde al temor a perder votantes, se trata de una estrategia condenada al fracaso; estos grupos nunca estarán conformes, cualquier «mano dura» les parecerá poca. Por otro lado, Obama ganó dos veces el mencionado estado con una política totalmente diferente, solo apuntamos el dato.

Provocar sufrimiento en una población con asfixia económica, justificado con argumentos poco creíbles, nunca será una forma sana de promover la democracia; tendrá el rechazo de muchos cubanos honestos, más allá de su forma de pensar o su vínculo con el gobierno en la Isla.

Cuando todo cobra sentido: teorías conspirativas y extremismo político

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Teorías de la conspiración / teorías conspirativas
Teorías de la conspiración

Un gorro de aluminio, un poster de «I want to believe»[1] en la pared, una pizarra llena de recortes de periódicos interconectados mediante una indescifrable maraña de hilos y una mesa repleta de notas. La cultura popular nos ha dado una imagen bastante pintoresca del personaje conspiranoico, cuyo modelo arquetípico parte de la caricaturización que hizo el cine norteamericano del «ciudadano preocupado» de mediana edad, propenso a creer en toda clase de teorías, generalmente relacionadas con seres extraterrestres, gobiernos mundiales secretos, o criaturas legendarias de la talla del monstruo del lago Ness y el esquivo Pie Grande. Así, productos como la saga de películas Men in Black y la popular serie Expedientes X han dado forma a la concepción extendida de cómo debe ser un teórico de la conspiración.

Sin embargo, más allá de la exageración del estereotipo, las teorías de la conspiración y sus acérrimos defensores son un fenómeno muy real, y debido a su creciente popularidad, se han convertido a su vez en un factor cada vez más presente en la discusión política. En ese sentido, la difusión de elucubraciones como el Gran Remplazo entre la extrema derecha europea, los grupos anti-vacunas durante la pandemia del coronavirus y movimiento QAnon en Estados Unidos —que influyó en gran medida en los sucesos del asalto al Capitolio—, hacen necesaria una profundización sobre estas ideas y los motivos que explican su éxito en el ámbito político actual. 

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Movimiento QAnon / Foto: GETTY IMAGES

Las teorías conspirativas no son un fenómeno nuevo. Ya en el siglo pasado aparecieron algunas que hasta el día de hoy siguen teniendo mucha fuerza y no pocos simpatizantes. Para casi todos son ampliamente conocidas la falsificación del Alunizaje del Apolo 11, la teoría del ocultamiento OVNI, el gobierno en la sombra de «organizaciones secretas» como la masonería o los Illuminati, la teoría de la infiltración reptiliana y la recientemente revitalizada «teoría de la Tierra plana». No obstante, a pesar de lo colorido y satíricamente atractivo de estos ejemplos, han existido y existen otras tantas que, a pesar de no sonar tan sensacionalistas, o no ser tan conocidas en el ámbito de la cultura popular, han tenido consecuencias mucho más marcadas y en no pocas ocasiones fatales.

A lo largo del siglo XX, regímenes totalitarios utilizaron teorías de la conspiración para legitimar las atrocidades cometidas con grupos concretos por su raza, nacionalidad, religión e ideas políticas. Tal fue el caso de la conspiración descrita en el falso alegato Los protocolos de los sabios de Sión, de 1902, construida por la Rusia zarista para justificar la persecución y el linchamiento a los judíos; así como la «conspiración judeo-masónico-comunista» que fue utilizada en Italia y Alemania durante el fascismo para fomentar el rechazo popular hacia hebreos, masones y comunistas por igual. Esta última también se empleó en España durante el régimen de Franco, que, por cierto, escribió bajo pseudónimo un caótico volumen titulado Masonería, donde exponía esos supuestos planes de la fraternidad para destruir el país.

Visto lo anterior, es evidente que estas teorías distan mucho de ser inofensivas.

Las nuevas teorías conspirativas y el discurso de odio

A partir del nuevo milenio, especialmente luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, se han popularizado —en buena parte gracias a Internet— gran cantidad de nuevas teorías conspirativas que, si bien por sus connotaciones o sensibilidad no han entrado con tanta facilidad a la cultura popular, han tomado un lugar progresivamente mayor en la discusión pública.

El negacionismo del cambio climático y de la pandemia por la COVID-19 han pasado de ser afirmaciones marginales y pseudocientíficas, a convertirse en elementos habituales de la narrativa de ciertos movimientos y grupos, como ocurrió con el movimiento MAGA durante la presidencia de Donald Trump, quien llegó a sugerir en 2020 que el coronavirus se trataba de una pequeña gripe, y que el confinamiento no era necesario.

Sin embargo, si se necesita algún ejemplo de su impacto y del peligro que pueden llegar a representar algunas de ellas, bastaría estudiar el caso de la masacre de Christchurch, Nueva Zelanda, en el año 2019, donde el perpetrador asesinó a decenas de asistentes en dos mezquitas, inspirado por la teoría del Gran Remplazo. 

Esta teoría, que plantea que una «élite global» busca reemplazar la población blanca de cultura occidental europea por otros grupos étnicos —principalmente musulmanes—, ha ganado un amplio terreno en movimientos políticos de extrema derecha. Sin ir muy lejos, el periodista y ex-candidato a la presidencia de Francia en las elecciones de 2022, Eric Zemmour, ha defendido públicamente estas ideas para fundamentar una propuesta política cargada de xenofobia y conservadurismo social.  

Declaraciones similares pueden encontrarse en líderes de movimientos políticos ultraconservadores, como pueden ser Santiago Abascal en España, y fuera de Europa, como parte del discurso de la derecha alternativa en Estados Unidos, donde puede encontrarse bajo la forma del llamado «genocidio blanco». Además del atentado de Christchurch, se puede observar también la influencia de estas ideas en otros sucesos lamentables de índole similar, como el tiroteo de Búfalo, Estados Unidos, en el año 2022, perpetrado por un joven simpatizante de la alt-right que, al igual que el tirador de Nueva Zelanda, se radicalizó en estas ideas a través de foros internet y transmitió en vivo la masacre en la plataforma Twitch.

Protesta contra el supuesto «genocidio blanco» en Alemania
Protesta contra el supuesto «genocidio blanco» en Alemania / The Times of Israel

La figura de la «élite global», que encuentra sus raíces en teorías conspirativas clásicas y conocidas como el «Nuevo Orden Mundial», es cada vez más recurrente en el actual discurso de la derecha alternativa y los movimientos conservadores. Los «globalistas» aparecen como un selecto grupo de poderosos del que se dice forman parte las élites financieras de Wall Street, el stablishment político estadounidense y europeo, los empresarios de Silicon Valley y, según qué versiones, socialistas y miembros del Partido Comunista Chino. En este corpus discursivo, la Agenda 2030 de las Naciones Unidas se presenta como un plan de estos poderes en la sombra para disolver los «valores de la sociedad» a través el progresismo —o del llamado marxismo cultural— y las políticas de justicia social.

En los blogs y foros que comulgan con estas ideas es habitual encontrar nombres como George Soros, magnate judío y fundador de la red Open Society Foundations, Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, Bill Gates, la familia Clinton —incluidos también en el escándalo alrededor de la teoría conspirativa Pizzagate—, la familia real británica, entre otros.

Para los defensores de estas teorías, esta élite controla las vidas de los ciudadanos a niveles que no pueden ser percibidos a simple vista, y argumentan que desean «adoctrinarlos» sutilmente para hacerlos aceptar medidas que van en contra de la libertad, la propiedad o los valores tradicionales de Occidente. El ejemplo más común al que se hace referencia en redes como evidencia de este adoctrinamiento no es otro que la llamada «inclusión forzada» en el cine, especialmente en Hollywood y las producciones de Netflix y Disney, que según estos criterios buscan confundir a los niños con «ideología de género».

Todas las ideas antes mencionadas confluyen a menudo en el discurso de las nuevas derechas y movimientos políticos tradicionalistas, que se presentan como la alternativa a la decadencia de la civilización. Incluso fuera del ámbito de la alt-right más mediática y relativamente  periférica, pueden encontrarse trazas de estos elementos discursivos en el Partido Republicano de los Estados Unidos —por ejemplo, la esfera de influencia en torno a la figura del ex-estratega de Trump, Steve Bannon—, o en el movimiento tradicional euroasiático del filósofo ruso Alexander Dugin, cercano en origen a las ideas del nacional-bolchevismo, y con una marcada influencia en el espíritu imperialista de la Rusia de Putin.

No obstante, quizás uno de los casos más llamativos en tiempos recientes ha sido el movimiento QAnon, formado en torno de la figura de Donald Trump a finales de su mandato, y que tuvo un papel central en los sucesos del asalto al Capitolio de los Estados Unidos en enero de 2021.

Esta agrupación, nacida y organizada a través de Internet, se popularizó en medio de la pandemia, y su premisa es la denuncia de un supuesto complot para destruir la democracia y los valores estadounidenses, que involucra nuevamente las figuras del «Estado profundo» y la élite progresista. Asimismo, ha encontrado aliados entre grupos como los Proud Boys y otros movimientos de la derecha alternativa. Además, por si lo anterior fuera poco, una de sus simpatizantes, la republicana Marjorie Taylor Green, ha conseguido nada menos que un asiento en el Congreso.

En la actualidad, como se demuestra en el caso QAnon, Internet es principal espacio donde las teorías conspirativas de hoy crecen y se mezclan con el extremismo. Entonces, cabe preguntarse: ¿cómo se forman y difunden estas teorías en la era de la información? ¿Por qué son tan populares? Y, también, ¿por qué le vienen tan bien al extremismo político?

Internet, teorías conspirativas y radicalización

Sería un descuido abordar el fenómeno de las teorías conspirativas en el siglo XXI sin tomar en cuenta el papel que han jugado en su proliferación la configuración del debate y los flujos de información en Internet, y más concretamente, en las redes sociales. Una gran parte de las paranoias conspiracionistas recientes ha surgido en foros y discusiones en línea, en los cuales se propagan como pan caliente entre grupos de «free thinkers» que, tras tener acceso a determinada idea, o bien de la mano de algún orador carismático, comienzan ver los hilos del poder en las sombras y toman «la pastilla roja»[2].

Tiempo atrás, cuando los algoritmos aún no controlaban lo que aparecía en nuestros teléfonos, las teorías conspirativas y sus simpatizantes estaban más aislados entre sí. Su difusión ocurría principalmente a través de periódicos y revistas, así como convenciones y grupos de interés. En los años 70, 80 y principios de los 90, numerosos documentales y películas abordaron tramas de conspiraciones gubernamentales, infiltración y ocultamiento, que calaron hondo en una generación que había crecido en medio de la paranoia de la Guerra Fría, los espías y las amenazas de guerra atómica.

En el caso de los Estados Unidos en particular, donde se acabó por inmortalizar en el folclore —Hollywood mediante— la figura del conspiranoico caricaturesco, las sombras de un discutido complot para el asesinato de JFK, las mentiras del gobierno sobre la guerra de Vietnam y escándalos presidenciales como el legendario caso Watergate, entre otros, fueron consolidando en parte del público la idea de que existen agendas ocultas entre algunos sectores del gobierno y/o grupos de poder.

El proceso de creación —o emergencia— de una teoría conspirativa, o el de conversión de un individuo en conspiracionista, están permeados por diversos factores psicológicos, sociales, políticos y culturales. La idea de la existencia de complots y tramas ocultas es un elemento común en la historia y la existencia social humana. En ese sentido, el filósofo Karl Popper consideraba que las conspiraciones eran parte inseparable de la vida en sociedad, y que las «teorías de conspiración» emergían en ciertos contextos como formas de fundamentar determinados proyectos políticos, por ejemplo, el totalitarismo del siglo XX.

Teorías de la conspiración
Teorías de la conspiración / Foto: El Diario

El conocimiento de la realidad, en todo momento, es parcial. Al abordar un fenómeno complejo, resulta prácticamente imposible para el observador conocer la totalidad de factores que determinan la lógica de sus procesos, y para poder describirlos, desarrollamos nuestros razonamientos a partir de ciertas inferencias que hacemos desde datos incompletos o de certeza variable. En otras palabras, la totalidad de la realidad no siempre parece tener sentido para el observador, y para poder describirla con el mayor rigor posible se hace necesario recurrir a explicaciones parciales, o renunciar parcialmente a las certezas absolutas.

En la política y la vida en sociedad, estos vacíos de información coexisten a menudo con la desconfianza, justificada o no, hacia el discurso oficial o «establecido». Si a esta desconfianza se le une cierta disposición de buscar una explicaciones fáciles para la totalidad de aristas de una realidad social o política, se obtiene el terreno fértil para el nacimiento de una nueva teoría de la conspiración, y se fabrican enemigos a partir de supuestas amenazas que justifican determinados cursos de acción y le dan luz verde al extremismo.

Los algoritmos cibernéticos complican esta situación al contribuir a la creación burbujas de filtro, que le muestran al usuario aquello que lo hará pasar más tiempo frente a la pantalla, en función de sus creencias y preferencias. Las teorías conspirativas que capten atención se harán cada vez más conocidas entre personas con ideas compatibles, y difundidas rápidamente a fuerza de likes y vistas. Así, en medio de los acalorados debates de Internet, se va insertando cada vez más la dicotomía de «nosotros» y «ellos», y crecen así la polarización y el radicalismo en grupos enteros de usuarios.

En el momento en que el interlocutor evita el diálogo genuino y crítico porque «él quiere creer» en sus ideas preconcebidas, la retroalimentación efectiva ocurre solo al interior de los grupos cerrados, radicalizándose, y las críticas son vistas como «medallas» o motivos para reforzar la sensación de superioridad, o bien de que los adversarios forman parte de una trama maligna más allá de lo aparente.

Después de todo, todos ellos están confundidos y manipulados, y el primero ya posee la verdad. La teoría conspirativa se convierte, así, en el pretexto perfecto para agrupar bajo un único avatar, fácil de atacar y moralmente despreciable, todo aquello que le resulta desagradable o incorrecto a determinado individuo o grupo.

Cuba: «cambio de régimen», «cambio fraude» y «guerra cultural»

Pero, ¿qué hay de Cuba? A pesar de haber tenido un acceso tardío a internet, en Cuba tenemos antecedentes de teorías de la conspiración. El caso más notorio podría ser la polémica hasta hoy existente alrededor de la desaparición de Camilo Cienfuegos, que incluso en nuestros días se vuelve tema de debate en conversaciones casuales.

Las teorías de la conspiración también han sido frecuentemente utilizadas por defensores del Estado cubano para acusar de ser «agentes de cambio de régimen» a personas con criterios frontalmente críticos, o que disienten de decisiones políticas tomadas por el gobierno.

Si bien es declarada la existencia de una política para favorecer un cambio de régimen en la Isla por parte de los Estados Unidos, no todos los que disienten o se oponen a las decisiones del gobierno cubano o expresan inconformidades con el sistema político tienen por qué estar afiliadas a esta, o siquiera simpatizar con la postura oficial de la diplomacia norteamericana respecto a Cuba.

De igual manera, bajo este dogma se ha sobredimensionado el impacto real que puede tener una acción puntual, como una publicación en redes sociales o el mensaje de una obra de arte, para justificar la violencia política desmedida hacia sus autores con el objetivo de «mantener el orden constitucional».

La «campaña contra el centrismo», que tuvo auge en 2017 durante la normalización de relaciones con Estados Unidos, fue un buen ejemplo de cómo se materializó esta estrategia política por parte de actores políticos con tendencias extremistas afines al gobierno cubano, quienes tildaron de «agentes de cambio» a valiosos prensadores cubanos de disímiles posturas ideológicas, y seguidamente esgrimieron esta acusación para censurar su trabajo y en no pocos casos tomar o apoyar represalias contra ellos.

Asimismo, la llamada «guerra cultural» ha sido otro de los términos que  han impregnado el discurso de las teorías de la conspiración. Paradójicamente, con argumentos esencialmente muy similares a los que esgrime un teórico de derechas como el argentino Agustín Laje —quien ha popularizado el concepto en Latinoamérica— es frecuente encontrar análisis de intelectuales cubanos afiliados al Estado que desconocen las múltiples mediaciones, intereses y dinámicas que pueden darse en el campo de la cultura, para entenderla, en cambio, como la caricatura de una batalla medieval en la cual dos únicos ejércitos se enfrentan sin mayor diversidad entre ellos —algo que no ocurre ni en las guerras convencionales—, desconociendo así las diversas facciones y tendencias que pueden conformar cualquier ideología, o cualquier fenómeno político en general. 

Libros sobre la guerra o batalla cultural
Libros sobre la guerra o batalla cultural

Bajo este concepto se ha asumido como un peligro el consumo de productos culturales de entretenimiento —como las películas de Hollywood o Disney— o la preferencia por géneros musicales como el reggaetón, el rock o el pop. Además, su concepción en no pocos casos desconoce la capacidad crítica de las personas para posicionarse activamente ante lo que consumen y presupone que, a raíz de su supuesta irreflexividad, reproducirán cualquier mensaje solo por haberlo visto en algún lugar. 

Por otro lado, a partir de la llegada de las redes sociales, la difusión de nuevas teorías se ha hecho mayor en nuestro contexto. Hay ya cubanos terraplanistas y anti-vacunas, así como declarados «librepensadores» opuestos a la Agenda 2030. No obstante, entre estas tendencias hay una muy autóctona e ilustrativa, que es de especial actualidad para nuestro contexto político: el llamado «cambio fraude».

La figura discursiva del «cambio fraude» es un ejemplo de como una preocupación política hasta cierto punto plausible puede mutar en una teoría conspirativa, fácil de esgrimir contra cualquier oponente. En primera instancia, un «cambio fraude» en Cuba sería un proceso de transición aparente hacia otro modo de gobierno, en el cual cambie la forma visible del sistema, mientras un determinado grupo continúa ostentando el poder efectivo.

Ese escenario hipotético, que posee antecedentes históricos en otras latitudes, no está excluido en lo absoluto del reino de las posibilidades futuras. Sin embargo, en la práctica, esta etiqueta ha pasado a utilizarse de forma indiscriminada, mayormente con el objetivo de descalificar, en el seno de ciertos movimientos de oposición, a otros grupos o proyectos disidentes que no siguen su particular línea y programa político, generalmente aquellos que apuestan por formas no violentas para promover cambios democráticos en Cuba.

Cambio fraude
Alexander Otaola, uno de los principales promotores de la teoría del cambio fraude

Plataformas como Cuba Próxima, el proyecto Archipiélago y proyectos tan disímiles como La Joven Cuba, El Toque y 14yMedio han sido acusados de ser agentes disimulados de este cambio, cuya función sería preparar el terreno para una supuesta transición irreal.

El resultado de esto no es otro que la gradual polarización, principalmente en redes sociales, del escenario político cubano, con activistas e influencers lanzándose mutuamente acusaciones de no ser verdadera o suficientemente opositores. La progresiva desaparición de la vocación de diálogo no solo contribuye a disolver toda esperanza democrática de conciliación, sino que, por demás, únicamente beneficia a aquellos que prefieren una disidencia radical y dividida, y por tanto incapaz de organizarse.

En ese sentido, los «ultraopositores» podrían serle más funcionales a los extremistas afiliados al gobierno cubano que a sus propias intenciones declaradas; después de todo, lo de no desviarse de la «línea del partido» ya lo tienen en común. Es evidente que, al parecer, hay costumbres difíciles de superar.

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Entonces, ¿qué hacer cuando todo cobra sentido?

El mundo en que respiramos —y nos ponemos gorros de aluminio— se caracteriza por la complejidad, así como lo hacen a su vez las realidades políticas y sociales. En primer término, es importante aclarar que las conspiraciones han formado parte de la historia y desde luego forman parte de nuestro presente. Muchas teorías conspirativas han terminado siendo demostradas como reales. Tal es el caso del infame proyecto de «control mental» MK Ultra, que fue tachado como falso y paranoico hasta su tardía confirmación por parte del gobierno estadounidense mediante archivos desclasificados.

Sin embargo, que hayan existido teorías confirmadas no implica que otras conspiraciones tengan una mayor probabilidad de ser verdaderas. Las teorías conspirativas ofrecen explicaciones aparentemente interesantes y generalmente maniqueas a los fenómenos de la realidad, pero es precisamente por ello que deben ser vistas con sospecha y ojo crítico, especialmente cuando en su planteamiento y consecuencias tengan como protagonistas del complot a grandes colectivos de individuos, agrupados en función de su origen, religión, forma de pensar, sexualidad o estatus social.

No sería la primera vez que se justifican la violencia política y la exclusión, utilizando el pretexto de que la víctima forma parte de un plan mayor para destruir la sociedad, los valores o la pureza. Si realmente se aspira a una democracia racional e inclusiva, se hace necesario dejar atrás la polarización y desarrollar un pensamiento crítico y abierto a la pluralidad, donde el otro no sea un rival irreconciliable sino, más bien, un integrante más de la sociedad con el que trabajar incluso desde el disenso.

Si, en cambio, es demasiado tarde y ya todo cobró sentido, ¡que no cunda el pánico! Tal vez, tras haber cuestionado cada narrativa presente en la realidad —pongamos eso en duda—, sería pertinente cuestionar también el sentido de la conspiración, en lugar de imponerle a los sucesos del día a día un marco arbitrario de aparente pero forzada coherencia. Si esto no es posible, entonces, como mínimo, en pos del respeto y la vocación de diálogo, sería recomendable no considerar de forma indiscriminada al interlocutor en desacuerdo como una «oveja» dormida, con el cerebro lavado, o peor, como un agente malintencionado. Las consecuencias, como se ha visto, podrían ser nefastas.

Intentemos pensar y proyectar una sociedad abierta para todos lo que la componen, y evitemos la sobresimplificación al abordar fenómenos de la realidad social y política.

La verdad está ahí fuera. Mientras tanto, el gran hermano te observa

[1] Popular expresión en inglés que significa «yo quiero creer». Se popularizó especialmente gracias a la serie de televisión norteamericana Expedientes X.

[2] «Tomar la pastilla roja» es una expresión tomada de la saga de películas The Matrix, que se ha popularizado entre grupos de extrema derecha para hacer referencia a la toma de consciencia de la realidad falsa en la que, según afirman, las élites nos han encerrado.

Eufemismos o llamar a las cosas por su nombre

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eufemismos
Ilustración: LJC

Los seres humanos practicamos de manera frecuente el comportamiento prosocial, entendido este como aquellos comportamientos que, sin la búsqueda de recompensas evidentes, favorecen a otras personas o grupos y los impulsan a determinadas metas. El objetivo es generar una respuesta amable en las relaciones interpersonales, mejorando la disposición a actuar, el estado de ánimo y la conexión entre las personas.

Un modo de manifestarse es mediante la comunicación, que se puede expresar a través de instrucciones, explicaciones, descripciones, ideas compartidas, narrar experiencias propias o ajenas y hasta chistes, que contribuyan a mejorar las interacciones y promover acción. También se expresa mediante el consuelo verbal o extraverbal y la confirmación o valoración positiva de otros o de una situación.

Muchas veces aplicamos este estilo de interacción verbal de manera consciente o inconsciente, sobre todo en momentos de mucha tensión. En estas interacciones se expresan nuestros niveles de empatía, expresión de las emociones y habilidades para la comunicación.

Una de las herramientas léxico gramaticales más fascinantes para expresar esa comunicación prosocial es el eufemismo. Los eufemismos son términos o construcciones lingüísticas que utilizamos en lugar de otros, para evitar el uso de términos duros, crudos, ofensivos o demasiado directos.

Se trata de una forma de matizar el lenguaje con distintos fines y propósitos. Algunas veces se utilizan como una forma de respeto, de «suavizar» lo dicho, o bien —y aquí se empieza a alejar de su carácter prosocial— para evitar que un tercero entienda el mensaje, ocultándolo bajo términos diferentes, incluso con fines humorísticos, lúdicos.

Su uso es muy frecuente en el lenguaje llamado «políticamente correcto», como una estrategia de referirse a las personas o las situaciones del modo menos ofensivo, alarmante o comprometedor posible. Sin embargo, originalmente, los eufemismos eran palabras usadas para referirse a algo sagrado, religioso, que no debía ser pronunciado.

La palabra proviene del griego, de las voces eu, «bueno», y phemi, «hablar», ya que en la religión de la Grecia Antigua existían deidades cuyo nombre era mejor no mencionar, sobre todo aquellas vinculadas al mundo de los muertos: Hades y Perséfone, o la diosa de la venganza, Ramnusia (Némesis, para los romanos). Así, se utilizaban eufemismos («palabras buenas») para referirse a ellos sin invocar la mala suerte o los desastres.

De ese modo es común que en el habla cotidiana se utilicen eufemismos para referirse a situaciones comprometidas, a la muerte, al sexo o a todo aquello a lo que preferimos aludir de manera indirecta, tangencial, a veces incluso metafórica. José Javier Olivas, investigador de la UNED y la London School of Economics and Political Science, los define como «palabra o expresión que se usa para suavizar o hacer más aceptable una información, que reflejada de una manera más directa o franca pudiera causar rechazo en la audiencia».

Sobre el uso cotidiano de eufemismos, José Javier Olivas apunta que no solo «no suele ser problemático» sino todo lo contrario: «Nos sirven también para de alguna forma escudar a otros de emociones y sentimientos que pudiesen generar estrés». Entre estos podemos señalar un ejemplo muy utilizado: «pasó a mejor vida», para referirnos a la muerte de alguien.

La intención del hablante puede abarcar desde los rodeos en el discurso, hasta evitar la palabra concreta que expresa un hecho y tratar de sortear sus consecuencias.

Eufemismos en Cuba

El habla cotidiana en Cuba está muy marcada por el uso de este recurso. Algunos forman parte de la comunicación frecuente y hasta se han convertido en parte de la norma lingüística identitaria. Otros han sido incorporados de normas foráneas, como «poner a dormir» cuando se refiere a someter un animal a eutanasia, más común en otros lugares donde esta es una práctica sanitaria habitual. Las socorridas expresiones «larga y penosa enfermedad» y «repentina enfermedad» que se utilizan en los obituarios televisivos y periodísticos de nuestro país también son un ejemplo de eufemismo, el cual, dicho sea de paso, ya no cumple con su función de camuflar la realidad bajo un término benévolo: las personas asocian la primera al cáncer y la segunda al infarto.

Muchos eufemismos aluden de forma tangencial a actividades para la supervivencia, dudosamente legales o cuestionables, como «resolver», «luchar» e «inventar». Son de uso muy común y de ellos parten derivaciones como «me resolvieron», «estoy luchándola» y demás expresiones que reflejan como se evita el análisis moral de la acción en sí, evadiendo desde lo lingüístico las consecuencias de ese análisis. También le otorgan heroicidad a acciones socialmente disruptivas, como una especie de exculpación épica.

Otros sugieren actividades específicas, reconocibles para quienes las practican de manera habitual o están en el entorno cercano. Uno muy llamativo y gráfico, «pulirla», alude, según el contexto, a la actividad sexual remunerada o a un trabajo físico agotador.

Pero el eufemismo no solo es un recurso que se mueve en el entorno popular. Cuando pasa a la comunicación del discurso político adquiere un vuelo creativo especial y, admitámoslo, contribuye a desviar la atención sobre problemas reales y sus causas. En el proceso de «interpretar» lo que se quiso decir y su impacto en la vida, se pierden segundos invaluables y se disipa el acto racional, movilizador, de demanda coherente por transformaciones y señalamiento de causas y responsables. Llamar a las cosas por su nombre es un principio de oro en el diálogo, el consentimiento y la rendición de cuentas.

En la comunicación política los eufemismos y las denominaciones alternativas para enmascarar, mitigar u ocultar ciertas realidades generan, a la larga, una respuesta no deseada para quienes los usan. Por deficitaria que se haya vuelto la educación en Cuba, el cubano medio tiene nociones muy definidas que le permiten detectar cuando no se le está hablando claro, y la respuesta a los eufemismos en el lenguaje político y económico es la indignación, el hastío y la burla. Esto atenta contra la credibilidad, el capital político disminuye y la reacción popular es de rechazo a todo el discurso, por su ambigüedad y falta de transparencia.

Lanzadas al ruedo público y replicadas por los medios, en las reuniones y en las respuestas a las demandas de la población, las siguientes expresiones son barreras (in)comunicativas importantes, que intentan enmascarar discursivamente una problemática sociopolítica:

«Transporte alternativo» para referirse a vehículos de tracción animal o camiones adaptados para el transporte urbano a falta de medios de transporte que cumplan con los requisitos indispensables de seguridad; «coyuntura» o «período especial» para evitar hablar de crisis. Asimismo «desafío» o «tarea de choque» para indicar habitualmente medidas impopulares o con un alto componente de riesgo.

Son muy frecuentes también el uso de sustituto para hablar de pobreza; el más común es «resistencia creativa», que se refiere a un empobrecimiento más general del país, enmascarado bajo una consigna triunfalista. El otro más común es «personas en situación de vulnerabilidad», que está más asociado a la pobreza relativa de determinados grupos en la estructura social, en relación a otras franjas privilegiadas. Si bien el término de «vulnerabilidad» sí está acuñado en las ciencias sociales, su uso eufemístico consiste en no definir o desglosar las variables que vuelven a esa persona «vulnerable».

No obstante esta estrategia lingüística no se aleja mucho de la utilizada en otros países y por modelos políticos diferentes del nuestro, vista en el uso de expresiones como «sanear la economía» para hablar de paquetazos neoliberales, «flexibilización laboral» o «liberación del mercado de trabajo» para anunciar despidos masivos, entre otras joyas del no decir para confundir, suavizar y, a la larga, no tranformar ni rendir cuentas por decisiones que impactan seriamente la vida de las personas.

En circunstancias «normales», la precisión en el uso del lenguaje para la comunicación política o económica es tranquilizadora e informativa. Orienta en la toma de decisiones y ofrece a las personas un punto de partida fiable para adoptar líneas de conducta o de pensamiento provechosas, para formarse criterios objetivos sobre la situación expuesta. En momentos de crisis, esta necesidad de precisión se hace imperiosa por la urgencia y gravedad de las situaciones que se presentan y la necesidad de que los colectivos participen informadamente en las solución de dichas situaciones.

La demanda de la verdad y la transparencia en la expresión de términos y conceptos que describan una situación, es una necesidad humana. Basada en dicha verdad, clara y respetuosamente expuesta, se elaboran estrategias de enfrentamiento a situaciones de la cotidianidad, personales y del colectivo, cuyo éxito estará determinado por una visión más precisa de la realidad que se debe enfrentar y de los recursos para hacerlo. Es una cuestión en la que funcionarios, dirigentes y líderes de nuestro país deberían pensar un poco más antes de seguir generando en su discurso eufemismos y metáforas oscuras que no definen por completo responsabilidades o causas y no nombran con rigor la situación que se vive.

Esta forma de comunicar al público, más que comprensión y capacidad de acción, genera hastío, resentimiento, burla y confusión, y esas no son emociones positivas que permitan emprender colectivamente las acciones que necesitamos para salir de la crisis.

La pregunta final de esta reflexión sería ¿lo saben esas personas y eligen seguir usando eufemismos en su discurso, o no lo saben, no son competentes para explicar y describir la realidad que estamos viviendo y, por eso, tampoco son capaces de ofrecer soluciones viables y efectivas a nuestros problemas?