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22 de enero: otro día para reinventar el teatro cubano

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Ilustración: Félix M. Azcuy
Ilustración: Félix M. Azcuy

A solo unos días de la celebración ya habitual del Día del Teatro Cubano, que el calendario cultural del país reconoce cada 22 de enero, se anunció que el Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE) tendrá una nueva presidenta. Creado el 1 de abril de 1989, cuando un  sistema de trabajo acabó instaurándose entre las dependencias del Ministerio de Cultura que entró en funcionamiento a partir de 1976 como sustituto del antiguo Consejo Nacional de Cultura, el CNAE regiría desde ese momento la acción escénica de la Isla, y tendría a su cargo las políticas de producción, programación, promoción y difusión de lo mejor de lo que ocurría en nuestros escenarios. Y ampliaría todo esto activando además un conjunto de proyectos por obra, que aspiraban a dinamizar la ya agotada estructura de grandes compañías que dominaba por entonces la cartelera del país.

Fue un paso arriesgado que contó con defensores y enemigos, pero que a la luz de ese momento, y tras un largo proceso de revisión por parte de los especialistas que trabajaban en la Dirección de Teatro del Ministerio de Cultura, se avizoraba como una vía segura de desarrollo. La presidenta fundadora del CNAE fue la respetada actriz, directora y profesora Raquel Revuelta. Marcia Leiseca, la funcionaria que había tenido a su cargo la Dirección de Teatro, pasaría a dirigir el Consejo Nacional de Artes Plásticas[1]. El panorama teatral que ahora el CNAE re/presenta es, indudablemente, muy distinto al de aquel día fundacional. Ni el país, ni las instituciones, ni su teatro, son hoy, en la arrancada de 2024, los mismos de aquel 1989.

Raquel Revuelta y Armando Hart
Raquel Revuelta y Armando Hart. Foto: Archivo Mincult

La preocupación por reestructurar las fuerzas del tan llevado y traído «movimiento teatral cubano» venían desde el inicio del laboreo del Ministerio de Cultura. Tras los errores de la parametración y la censura a varios de los principales nombres y líderes de ese conjunto de grupos y compañías, se trató de restañar en lo que se pudo dicho panorama. El primer Festival de Teatro de La Habana, efectuado entre el 18 y el 29 de enero de 1980, fue un punto crucial en ese procedimiento, y el libro de memorias[2] que publicó en 1982 la editorial ORBE borra cualquier duda al respecto. Los premios recayeron en personalidades esenciales, como Berta Martínez, Vicente Revuelta o Roberto Blanco, que habían sido víctimas del recelo oficial y la parametración que se impuso a partir de 1971, junto a otros creadores más jóvenes o representantes de tendencias como la impulsada por el Teatro Escambray o Cubana de Acero.

No todos, sin embargo, recibieron el mismo tratamiento: Virgilio Piñera, nuestro dramaturgo mayor, y un rostro que no aparece en esa galería tan amplia, falleció a fines de 1979 sin ser rehabilitado en vida, como hubiera merecido. No obstante, el Festival trató de sanar resquemores, y fue el propio Roberto Blanco el encargado de dirigir, en la ceremonia de inauguración, una puesta que reconstruía los hechos del Teatro Villanueva, aquel 22 de enero de 1869, a 111 años de ese 1980.

Como se sabe, durante la representación del sainete Perro huevero, aunque le quemen el hocico, uno de los intérpretes lanzó el grito de «¡Viva la tierra que produce la caña!», una poco disimulada manera de clamar por la libertad de Cuba, y las tropas españolas ahí presentes, que ya esperaban algo así, abrieron fuego contra el público y los actores. El Consejo de Ministros proclamó que aquel motín, evocado por José Martí en sus Versos sencillos y reconstruido luego en una secuencia crucial del excelente filme El ojo del canario, enlazaba al teatro y a las luchas patrióticas como prueba del diálogo permanente y comprometido de una cosa con la otra.

Sin embargo, el 22 de enero perdería ese significado cuando en unas pocas ediciones después de la inicial, el Festival movió su cartelera a fines de año. En Camagüey, con el propósito de destacar esencialmente el teatro y la dramaturgia cubana, nace el Festival de Teatro que desde 1983 impulsaría esos anhelos de un sitio específico para tal florecimiento. El evento de La Habana dio inicio a una segunda fase, ya no competitiva, que incluyó en su muestra también a grupos extranjeros, y bajo ese concepto perdura hasta hoy.

El 22 de enero no recuperaría su lustre en nuestro calendario cultural hasta que en 1999 se entrega por vez primera el Premio Nacional de Teatro, que en dicha ocasión recayó merecidamente en Raquel y Vicente Revuelta, los líderes de Teatro Estudio. La ceremonia, efectuada en la Basilica del Convento de San Francisco de Asís, en La Habana Vieja, retomó una tradición que finalmente instaló ese día entre nosotros como una noticia de valor genuino, y un espacio de diálogo acerca de la historia y la realidad del teatro cubano en la que coincidíamos, los integrantes de ese pequeño e intenso mundo que es el de nuestra escena, alrededor de la figura que se alzaba con el lauro como reconocimiento a su obra de toda la vida.

Pero este año, por segunda vez, no se producirá esa ceremonia. Al menos no el 22 de enero, en el que se reunirán los integrantes del jurado para decidir y proclamar a qué figura va dicho galardón. Y eso lacera, en muchos sentidos, lo que se venía consiguiendo desde 1999. De entonces a acá, como repasa el libro Entretejer una tradición, que compilé junto a Marilyn Garbey y que aún espera una verdadera tirada en papel, el Premio Nacional de Teatro ha tenido su propia órbita, con ganadoras y ganadores que en algunos casos han recibido el apoyo unánime de nuestra comunidad teatral, y en otras ocasiones han sido motivo de debate.

Portada del libro dedicado a la historia del Premio Nacional de Teatro, Editorial Tablas-Alarcos, 2022.
Portada del libro dedicado a la historia del Premio Nacional de Teatro, Editorial Tablas-Alarcos, 2022.

Todo premio es así, vale decirse, pero ante el fragmentado, no siempre protegido, y vulnerable estado de nuestro paisaje teatral, al tiempo que van desapareciendo los maestros y maestras indiscutibles, o se tarda un relevo generacional que tiene que luchar con nuevas y viejas problemáticas para llegar a las tablas, puede y debe entenderse al Premio Nacional de Teatro, y al 22 de enero, como algo más que un diploma, un trofeo, una noticia rápida en la prensa, o una ocasión meramente formal.

Este enero, pues, habrá que esperar a después del mediodía del 22 para saber quién será la personalidad premiada con el máximo lauro de nuestro quehacer teatral. Alrededor de esta fecha se organizan las Jornadas Villanueva, pero esta vez, asombrosamente, casi ninguno de los espectáculos seleccionados por la crítica especializada como los más relevantes de cuanto se vio y se programó en el 2023, integran esa programación. La única excepción es Clowncierto, de Teatro Tuyo, con el cual Ernesto Parra y su tropa confirman su afán de seguir defendiendo la técnica del clown en nuestros escenarios. Pero ni Carnaval, de Teatro de las Estaciones; ni El collar, de la Nave Oficio de Isla, ni Padre nuestro, dirigido y escrito por Agnieska Hernández para La Franja Teatral ni Aventuras del soldado desconocido, de Retablos y La Salamandra aparecen en esta programación, como tampoco ocurre con Kilómetro 0, el espectáculo de Liliana Lam sobre la prostitución masculina que tuvo varios momentos de exitoso encuentro con el público.

Frijoles colorados, la pieza de Cristina Rebull que regresó a la escena de la mano de la gran actriz Verónica Lynn, compartió reconocimiento especial por parte de los críticos, junto al montaje del novel director Ledier Alonso, Asesinato en la mansión Haversham, que repletó la sede de la Nave Oficio de Isla. Ninguna de las dos regresa en esta ocasión. Todo esto da una impresión de vacío en este momento del año que tampoco permite una revisión o reencuentro por parte de los espectadores con esas puestas, a pesar del destaque que les proporciona haber ganado el Premio Villanueva, que sí se entregará el propio 22 de enero, a las 4 de la tarde, en la sala Villena de la UNEAC. Y ello contrasta con el interés compartido en otros momentos por la Sección de Crítica e Investigación Teatral de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC con el CNAE, que han valorado al Premio Villanueva como un punto de referencia en esa complicada tarea que es la de establecer, ante el mapa aún numeroso pero no siempre realmente activo de la escena nacional, una línea de verdadera jerarquía asegurada en la calidad de sus espectáculos.

Porque lo cierto es que en Cuba hay todavía mucho protegido por el CNAE, pero como denunciaba Antón Arrufat hace ya varios años durante una mesa redonda organizada por la revista Temas, eso no siempre garantiza que lo que se vea en los escenarios posea verdadero brío creativo. La política de proyectos apuntalada por la institución a partir de 1989 chocó abruptamente con la llegada de la crisis del Periodo Especial, con la pérdida de los recursos y apoyos que venían del mundo de la Europa socialista, y con el aislamiento que sufrió la Isla a partir de esa coyuntura.

Lo que prometía ser una relación fluida con los núcleos recién aprobados, y una dinámica que refrescara con otras voces, tendencias y módulos de producción a nuestros escenarios, se vio contraído bajo el efecto inmediato de todo eso que ocurría lejos de nuestras costas. Pocos colectivos de los nacidos en ese instante sobreviven. El teatro cubano se atomizó, tuvo que luchar contra la falta de garantías de producción, reajustar su formato, mientras despedía a varios de sus líderes que se encaminaron al exilio, a la televisión, abandonaron la enseñanza, o se retiraron o murieron.

No fue muy distinto lo que ocurrió con varios de sus discípulos, y para 1992, cuando ya Raquel Revuelta abandona la presidencia del CNAE, lo que estaba a la vista era el resultado no siempre preciso de lo que aquella nueva política esperaba fomentar. La sustituye en el cargo Lecsy Tejeda, que provenía del mundo de la educación, y que es recordada por alentar el teatro para niños y jóvenes.

La edición de 1995 del Festival de Teatro de La Habana, efectuada a contrapelo de carencias y dificultades de todo tipo, apeló a la representatividad más que a la calidad de lo que estaba en los repertorios de los grupos nacionales, dando pie a una polémica que enfrentó al teatrólogo Omar Valiño desde El Caimán Barbudo contra la visión institucional desde la cual respondió Eberto García Abreu, uno de los principales gestores del evento, en la revista Tablas.[3]

Tras la salida de Lecsy Tejeda del puesto, la sustituyó José Matías Maragoto, en 1997. Luego asumiría la presidencia Julián González Toledo, y después de su nombramiento para un efímero mandato como ministro de Cultura, asumió la responsabilidad su vicepresidenta, Gisela González. Pero en el 2017, luego la decimoséptima edición del Festival de Teatro de La Habana, también ella es retirada del puesto y el CNAE entra en un complejo proceso de investigación y reajustes, a partir de que se detectara que desde su Departamento de Relaciones Internacionales se estaban extendiendo pasaportes a personas ajenas al medio teatral, entre otras irregularidades.

En medio de la crisis antes descrita, el viceministro Fernando Rojas asume temporalmente la presidencia del CNAE, hasta que Lillitsy Hernández Oliva es nombrada como nueva presidenta. Proveniente de Sancti Spíritus, y formada como Instructora de Arte, acepta esa responsabilidad en otro momento crítico, que pasa por el periodo de la pandemia, los acontecimientos de julio de 2021, el estremecimiento que justo un teatrista (Yunior García) generó con sus convocatorias a la sociedad civil, y el éxodo inocultable que, tras la reapertura de los vuelos comerciales, experimenta la sociedad cubana.

Añádase a ello el cierre desde hace algunos años de varios de los más importantes espacios de representación de la capital, como el Teatro Mella, el Gran Teatro de La Habana, el Guiñol Nacional de Cuba, por cuestiones logísticas de diversa índole, a la espera de restauraciones o enmiendas a procesos reconstructivos que resultaron ineficaces o siguen aún inacabados. Otros coliseos, como el Karl Marx o el Amadeo Roldán, también permanecen cerrados, con lo que la ciudad ha perdido no solo esos escenarios, sino además sitios que eran símbolos de su vida cultural.

Por su parte, el Teatro Nacional de Cuba, la sala Llauradó, la Hubert de Blanck, la sede de El Ciervo Encantado, el Centro Cultural Bertolt Brecht, el Teatro Martí o la sala El Sótano mantienen una programación fundamentalmente de teatro dramático, danza o ballet, mientras que en pequeños espacios (El Arca, Ludi Teatro, Teatro La Proa en su nueva sede de Carlos III), sus grupos residentes persisten en mantener su repertorio o estrenar. La Nave Oficio de Isla añadió a fines de año dos nuevos espectáculos a su historia.

En provincias, el panorama es no menos difícil, pero colectivos como Teatro de las Estaciones, Teatro del Viento, Macubá, A Dos Manos, Teatro La Rosa, o Teatro El Portazo que prolonga la línea estética de su director fundador, Pedro Franco, con El baracutey… insisten en no perder contacto con sus fieles.

El Baracutey: otro bufo cubano. Puesta de Teatro El Portazo estrenada en 2023, foto de Nester Núñez.
El Baracutey: otro bufo cubano. Puesta de Teatro El Portazo estrenada en 2023, foto de Nester Núñez.

Carlos Díaz, en su sede del Trianón, sumó cien funciones de La zapatera prodigiosa, estrenó en España una nueva versión de La Celestina en coproducción con FUNDarte que llegará a Miami en breve, y ahora, su discípulo Yanier Palmero retoma a Lorca en dicho escenario con El paseo de Buster Keaton. Y Raúl Martín regresó desde su larga estancia en República Dominicana para estrenar Mar nuestro, de Alberto Pedro, con su Teatro de la Luna, para el cual Bárbara Domínguez estrenó Mamá, de Raúl Alfonso, a quien perdimos lamentablemente este año. Y también de vuelta a La Habana, ese nombre mayor que es Flora Lauten estrena con Teatro Buendía su versión de Aura, a partir de la noveleta de Carlos Fuentes.

No es que no haya habido acción teatral en el 2023, que incluso retomó la versión presencial del Festival de Teatro de La Habana y trató de mantener acciones que quedaron pendientes tras la suspensión del Festival de Camagüey, debido a la crisis de recursos. Lo que se echa de menos es un eje que organice todo eso, lo que estaba antes de la pandemia y la crisis que nos azota, y lo que pervive hoy en un horizonte donde las estrecheces de la cotidianidad también nos dejen asumir lo que desde otros postulados —estéticos, formales, conceptuales e ideológicos— van ofreciendo nuevas y nuevos creadores, que acaso deseen experimentar fuera de las garantías básicas que el CNAE trata aún de generar —salarios, apoyo cada vez menos amplio para estrenos y nuevas puestas, etcétera.

Aura, estreno de Flora Lauten con su Teatro Buendía, estreno de 2023. Foto: Cortesía Teatro Buendía.
Aura, estreno de Flora Lauten con su Teatro Buendía, estreno de 2023. Foto: Cortesía Teatro Buendía.

Preguntarse cuál es el rol de las instituciones que centralizan la acción cultural del país sigue siendo una cuestión necesaria, que se reacomode a lo que la vida misma de la Nación nos va dictando con todos sus contraluces. El teatro cubano, al que le ha faltado siempre la idea de una industria cultural sólida que lo respalde, necesita de ello como tantas otras cosas. Y es a ese cardinal que ahora llega al CNAE su nueva presidenta. Es un contexto en el cual se extraña la presencia de Carlos Celdrán (asentado en Madrid) al frente de Argos Teatro, en el que las dificultades con el transporte y el combustible nos han hecho reprogramar las representaciones a las cinco de la tarde, como en los años más arduos del Periodo Especial, y donde hacer que el público se sienta aún convocado a ratos tiene matices de verdadera proeza por ambas partes.

Para el próximo 22 de enero todo eso deberá ser repensado en pos de una convocatoria a demostrar cuánto nos importa el teatro cubano como un espejo del país que no se limita a repetir su imagen, sino a multiplicarla en diversas formas, como un mosaico que incluye sus certezas y contradicciones.

La nueva presidenta del CNAE, Rachel García, heredará estas problemáticas y tendrá que añadir otras a su agenda. Porque el teatro, si en algo esencial se parece a la vida, es en que cambia constantemente, aunque las políticas que lo rijan no lo hagan de todo tan rápido ni siempre certero.

Impredecible, volátil, tanto como vulnerable, el teatro es a su modo otro país sobre el país, en el que nos entendemos como personajes e intérpretes, para que del otro lado de la cuarta pared, quien nos observa y nos escucha alce la mano para tocarnos y compartir en ese instante tan fugaz la pregunta y la ansiedad con la cual, cada 22 de enero, el teatro de la Isla se reinventa, recomienza, se pone a sí mismo en escena.

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[1] En el blog Segunda Cita, del trovador Silvio Rodríguez, puede localizarse la transcripción de la charla que Marcia Leiseca ofreció como explicación del proceso de creación del CNAE y el trabajo previo desde el Ministerio de Cultura, testimonio ofrecido por ella a petición del Centro de Documentación de las Artes Escénicas María Lastayo. El testimonio se titula Un camino a través del diálogo.

[2] Se trata de un volumen profusamente ilustrado que recoge no solo el acontecer de esa convocatoria, sino que además restituye figuras y presencias insoslayables para el entendimiento de nuestra trayectoria escénica.

[3] La crítica de Omar Valiño se publicó en la edición 276 de El Caimán Barbudo, diciembre de 1995, bajo el título “VII Festival de Teatro. Máscaras sin rostro en la escena cubana”. La respuesta de Eberto García Abreu, “A propósito de una crítica. Razones del Festival de Teatro de La Habana”, apareció en el número 2 de la revista Tablas correspondiente a 1996.

Médicos condenados, peticiones de amnistía y más

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medicos condenados
Ilustración: Félix M. Azcuy

Reclusión domiciliaria para los médicos de Bayamo

Varios medios no estatales publicaron la noticia de que los médicos acusados de mala praxis por la muerte de un paciente, ocurrida en la provincia de Granma en 2021, resultaron finalmente sentenciados a distintas penas de reclusión domiciliaria este 18 de enero.

La fuente es el perfil de Facebook de Katia Sánchez, familiar de uno de los condenados. Según esta información, de los seis médicos procesados, sólo una radióloga acabó absuelta. El resto, fue sancionado a penas que van desde uno hasta tres años, en un régimen de restricción de movimiento. La usuaria que dio a conocer la noticia recalcó que «seguiremos luchando y apelando a las instancias que sean necesario», por lo cual el proceso pudiera continuar.

La reclusión domiciliaria, como aparece definida en el Código Penal, es «la obligación del sancionado de permanecer en su domicilio por el tiempo correspondiente». Los sancionados a esta pena sólo podrán salir de su casa para trabajar, estudiar, participar en actividades políticas oficiales o por otra razón justificada. Esta sanción obliga a los médicos granmenses a permanecer en su municipio de residencia, sin poder mudarse si no cuentan con autorización judicial. Además, estarán obligados a comparecer ante cualquier tribunal que los convoque, todas las veces que sean citados.

Varios de los doctores, además de algunos de sus colegas y familiares, han protestado la sentencia en las redes sociales.

Yoandra Quesada Labrada, que deberá guardar un año y seis meses de reclusión domiciliaria, exigió en Facebook una «revisión exhaustiva» del proceso penal. «No somos asesinos», enfatizó.

El médico William Pérez Ramírez, en una extensa declaración, señaló «las condiciones de trabajo precarias» en el hospital Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, donde se produjo el delito que les atribuye el tribunal. Pérez Ramírez, recién egresado como cirujano, lamentó en la nota que se le prohíba el ejercicio de su profesión. «Perdió la Salud Pública de este país», dijo.

Hasta el momento no hay ninguna nota oficial sobre el cierre de este caso que trajo a la discusión pública, otra vez, el preocupante deterioro de los servicios médicos en Cuba.

Este incidente significa que el sistema de salud cubano se encuentra en una crisis que es cada vez más difícil de ocultar a la opinión pública. La mayoría de los criterios que se han hecho visibles apuntan a que los galenos han sido el chivo expiatorio de un problema que los trasciende.

A partir de lo relatado por médicos y pacientes que también han participado de las discusiones, parece bastante claro que el hospital bayamés no disponía en 2021 de los recursos necesarios para enfrentar determinadas emergencias médicas. Esa situación sigue afectando a otras instituciones de salud.  

Opinamos que procesar y sancionar a cinco médicos, aunque la pena impuesta sea menor, es una solución desesperada ante la denuncia de los familiares del joven fallecido. Es el Ministerio de Salud Pública es el que debió ser emplazado.

Es bastante improbable que cinco facultativos con trayectorias destacadas hasta el momento, según afirman varios pacientes en las redes sociales, hayan coincidido en mala praxis con el mismo caso. La lógica parece estar de parte de los médicos, que no tenían los insumos adecuados y tuvieron que improvisar.

La respuesta legal, sin dudas muy necesaria, no puede ensañarse con quienes son el eslabón más débil —y a la vez más necesario— de la cadena.

En situaciones como esta, en la que la crisis económica provoca una muerte, no sirve de nada sancionar a profesionales que son más necesarios que nunca, cuando la migración y la inflación hacen disminuir las cifras totales de médicos y enfermeros en activo.

La percepción de injusticia que ha dejado este caso podría agravar aún más el problema, y motivar a otros profesionales de la salud a desistir del ejercicio de su profesión ante el temor de ser juzgados por una decisión o acción fallida, tomada en condiciones adversas, para salvar la vida de un paciente.

 

Creció el turismo pero la inflación no se detiene 

Y fueron noticia esta semana las cifras definitivas sobre el crecimiento del turismo internacional en Cuba durante 2023.

El año cerró con 2 436 979 visitantes extranjeros. Muchos menos que en los años previos a la epidemia de covid-19, pero 822 892 turistas más que en 2022. Menos el Reino Unido y los Países Bajos, el resto de los mercados tradicionales se recuperan poco a poco.

«Para el caso cubano, no resulta válido enfrascarse en “recuperar” los indicadores de 2019, mal llamados prepandémicos, sino hacer “renacer” el turismo, con nuevas estrategias y modos de hacer en una nueva época, pero bajo condiciones financieras difíciles y restricciones que datan de antes de la pandemia de covid-19», opinan los autores del reportaje publicado por Cubadebate.

A pesar del crecimiento con respecto a 2022, el pronóstico para 2024 es prudente. Se esperan 3.2 millones de visitantes. Las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos, la competencia de destinos emergentes en México, Centroamérica y República Dominicana con ofertas muy atractivas, entre otras circunstancias externas —sumadas a deficiencias internas—, complican la consolidación de la industria turística cubana.

Este crecimiento del turismo internacional contrasta con el aumento de la inflación interanual, cuyas cifras oficiales fueron reveladas esta semana por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).

En el mercado formal, es decir, sin tener en cuenta el inmenso mercado subterráneo que caracteriza a la economía cubana, la inflación alcanzó un 31.34%. En 2022 había llegado a el 39.07%. La tendencia continúa.

Algunas de las categorías que recoge el informe registraron una inflación desatada, como los hoteles y restaurantes donde llegó al 47.18%, el transporte a la altura del 37.52%, y los alimentos y bebidas no alcohólicas que alcanzaron el 36.36%.

Incluso en salud hubo una pequeña inflación del 1.04%. Sólo las bebidas alcohólicas y el tabaco bajaron en 17.85%.

Esto significa que, si el turismo fue concebido en las últimas décadas como uno de los principales motores de la economía cubana, su recuperación todavía no es lo bastante notable como para superar la crisis actual.

Nuestra opinión es que la industria turística cubana tiene que ponerse a la altura de calidad que muestran otros destinos del área. República Dominicana superó recientemente los 10 millones de visitantes y ofrece un producto semejante al nuestro, aunque con menores atractivos culturales e históricos.

Cuba también está obligada a dar un salto en la calidad de sus servicios hoteleros, en el abastecimiento de las instalaciones y en el funcionamiento básico de las ciudades turísticas.

La inflación, por su parte, seguirá disparada en 2024. No hay un solo pronóstico que diga lo contrario. Lo que pudiera frenarla, un plan integral que estimule las inversiones, el crecimiento productivo y resuelva las distorsiones del mercado cambiario, sigue sin visualizarse hasta el momento.

 

¿Cómo negociar una amnistía?

Fue noticia que un grupo de padres y madres de ciudadanos sancionados a penas de cárcel por participar en las manifestaciones del 11 de julio de 2021, solicitaron una amnistía a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP).

La carta está fechada el 19 de enero de 2024 y fue entregada en la ANPP al día siguiente. La destinataria elegida fue Ana María Mari Machado, diputada y vicepresidenta del órgano legislativo.

Los firmantes le pidieron a Mari Machado que use la iniciativa legislativa que le confiere la ley, en su condición de diputada, y proponga «una Ley de Amnistía». La carta aprovecha para denunciar que los familiares de los presos enfrentan acoso por parte de la Seguridad del Estado y que se les impide el ejercicio de derechos reconocidos en la ley cubana, como la libertad de expresión y de asociación.

Esto significa que los presos del 11J, aunque cada vez ocupen menos titulares, siguen siendo uno de los asuntos problemáticos que debe resolver el gobierno. Las condenas injustas o excesivas que recibieron algunos, ponen a Cuba en una posición difícil a la hora de responder por sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos, como sucedió en el reciente Examen Periódico Universal.

La amnistía es definida como la «garantía jurídica que exime a una persona o grupo de personas de su responsabilidad penal». Habitualmente es aplicada por los Estados cuando una situación política motiva los hechos asumidos como delitos y su perdón pudiera ayudar a la reconciliación nacional. La constitución cubana en su Artículo 107, le concede a la ANPP la posibilidad de concederla.

Opinamos que una amnistía para los presos del 11j es justa y necesaria, si se tiene en cuenta la situación de vulnerabilización y desprotección a las que han sido sometidas varios de los grupos y comunidades que protagonizaron el estallido social.

Un país que se asume como socialista no debería criminalizar a personas de capas populares sin tener en cuenta las circunstancias de pobreza y desigualdad —producto también de falta de políticas públicas— que motivaron su rebelión.

No obstante, esta carta de los familiares, en vez de usar argumentos que podrían convencer al gobierno de la conveniencia de amnistiar a los presos, prefirió apostar por un discurso político acusatorio que en algunos momentos se torna impreciso. Este no es el mejor modo de negociar una amnistía.

«No hubo delito en manifestar la voluntad de cambio democrático», afirma la misiva. Si bien hubo manifestantes presos que probablemente no cometieron delitos significativos o incluso pudieron no haber cometido ninguno, en otros casos existen evidencias que justifican jurídicamente la prisión, aunque no las condenas excesivas a las que fueron sometidos. 

Lo más inteligente sería diferenciar los casos, solicitar una revisión de las sanciones que tienen un carácter ejemplarizante; o bien abogar por el perdón colectivo, teniendo en cuenta que los actos delictivos se dieron en circunstancias adversas causadas por la grave crisis socioeconómica del país. 

 

La ética de los cuadros

Y, por último, fue noticia la entrada en vigor este 15 de enero, con rango de decreto presidencial, del Código de Ética de los Cuadros de la Revolución Cubana. El diario Granma lo calificó como «un documento trascendental para los destinos del país».

El Código tiene el objetivo declarado de prevenir «la corrupción, el delito, las violaciones e indisciplinas». En su extenso preámbulo, el documento se refiere al difícil contexto político y económico del país y en medio de este «complejo escenario», demanda a los cuadros «una conducta ejemplar».

Seguidamente el Código expone una lista de «valores y principios», con la respectiva descripción de cada uno. El patriotismo, la fidelidad e incondicionalidad al Partido Comunista de Cuba, la honestidad, el honor, la disciplina partidista, la transparencia, y la austeridad son algunos de ellos.

«Cuando estos valores y principios sean quebrantados, se realizará el análisis disciplinario de conformidad con los estatutos, disposiciones normativas o reglamentos aplicables», advierte el documento, sin definir bajo qué procedimientos.  

Esto significa que el gobierno cubano sigue preocupado por su «política de cuadros», un tema que ha sido recurrente en el discurso oficial.

En el último balance en la Asamblea Nacional del Poder el primer ministro Manuel Marrero Cruz fue enfático con la necesidad de quienes dirijan tengan mejores actitudes y aptitudes.

No obstante, la nueva herramienta llega en un momento crítico de esos valores en la clase dirigente.

Nuestra opinión es que el documento, a pesar de haber aparecido en la Gaceta Oficial, no tiene el esquema de una ley. Es un compendio algo desorganizado y repetitivo de principios y valores abstractos sin definir mecanismos claros para hacerlos cumplir. No debió pasar de un instrumento de trabajo interno.

Asimismo, su contenido reproduce una visión excluyente al pedir fidelidad a un partido, lo cual implica dejar fuera a otras personas con una visión crítica, o incluso de confrontacional hacia la política oficial, pero con capacidades para liderear un proyecto u organización.

La vaguedad del decreto y su lenguaje anacrónico es una prueba de que las falencias de quienes dirigen no responden a causas o actitudes personales puntuales, sino a un problema estructural materializado en una política fallida que sigue apostando por la docilidad antes que por la capacidad.

Por otro lado, la ausencia de mecanismos de control convertirá el «instrumento jurídico» en letra muerta, más cuando muchos de los valores que promulga pueden simularse o dependen de la interpretación de cada cual. La ética entre quienes dirigen, naturalmente debilitada por la crisis económica y sociopolítica, no se resolverá a base de decretos.  

Corrección política, corrosión política

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correción-política
Ilustración: Brady

El cine y la corrección política no se llevan demasiado bien, lo que no significa que no puedan hacerlo.

El problema no es tanto del uno o de la otra como del extremismo, que se cuela dondequiera. Por ejemplo, gracias al cine los monstruos son cada vez mejores personas. El chimpancé César de Rise of the planet of the apes (Rupert Wyatt, 2011) y las entregas posteriores de la franquicia, es un estadista que, si se postulase como presidente de la ONU y todos pudiéramos ejercer nuestro voto al respecto, desde luego contaría con el mío. Las últimas versiones de Godzilla y King Kong muestran a criaturas buenas y familiares enfrentando a otras desconocidas y hostiles. En la Godzilla de Gareth Edwards (2014) aprendemos que, si sale del mar un lagarto bípedo de decenas de metros de altura y se aproxima a nuestra ciudad rugiendo como un león con hemorroides, no hay que alarmarse, pues quién quita que venga a defendernos de algo peor.  Y reincide: en Godzilla: King of the monsters (Michael Dougherty, 2019), nuestro benefactor derrota a Ghidora, un dragón tricéfalo y extraterrestre; en Godzilla vs. Kong (Adam Wingard, 2021) ambos titanes establecen una alianza para enfrentar a un cierto Mechagodzilla que nos amenaza. Ah, y la Tierra es hueca.

Es bastante lógico. Los realizadores saben que ya el público conoce a esos monstruos, que creció con ellos —aunque no tanto como ellos— de manera que su presencia en pantalla no le tomará por sorpresa, como tampoco le impresionará gran cosa el verismo de las CGI: si en los años treinta o cuarenta era legítima la pregunta «¿cómo se las arreglarán para construir un mono gigante? ¿Será una maqueta, un actor disfrazado, animación por stop motion o tradicional?», ahora se sabe que con las técnicas digitales todo es posible, y el mono solo será más realista o se enfrentará a enemigos más encarnizados, pero seguirá siendo eso, el mismo gran mono de toda la vida, con malas pulgas y un corazoncito sensible. Entonces, de lo que se trata es de darle un giro a las motivaciones y la personalidad del simio, de hacerlo duro pero simpático: lo mismo, en una palabra, que se ha intentado sin éxito con Stallone.

Por otra parte, hace ochenta, sesenta años, los derechos de los animales no preocupaban a mucha gente. El planeta no estaba tan jodido como ahora, las mujeres se vanagloriaban de poseer abrigos y accesorios de piel auténtica, un cazador que marchaba a África a matar leones y rinocerontes era un deportista y no un maniático. Y el racismo estaba normalizado: en la literatura y el cine los chinos eran peligrosos, los negros inferiores. Supongo que Cooper y Schoedsack no lo pensaron dos veces a la hora de poblar la isla de Kong: venga negros, y ni siquiera negros australianos, eso sería muy complicado, negro es negro, eso siempre da idea de salvajismo, ¿no? Y el mismo mono, que se fascine por una chica blanca, ¡genial! Claro, ahora somos políticamente más correctos, y aquí viene un ejemplo positivo: los nativos negros son sustituidos en Skull Island (Jordan Vogt-Roberts, 2017) por aborígenes bondadosos, sabios y de apariencia dayak, como debe ser si nos atenemos a la ubicación geográfica de la isla. Y el gran simio trata con sumo respeto a las mujeres. Son, en una palabra, monstruos diseñados para satisfacer el exigente gusto del consumidor de hoy.

Como cualquier otra cosa, llevada más allá de ciertos límites, la corrección política se convierte en un absurdo. Hace unos años vi una película con Peter Dinklage donde, en cierto momento, le cuenta a un personaje que él estuvo en la inauguración de cierta exposición, y el otro le contesta «sí, yo también, y recuerdo tu cara». ¿En serio? ¿Y no será que lo recuerdas porque es un enano que mide 1,35? ¿Cuántos enanos habrían asistido a dicho evento? ¿Es eso corrección política o mera hipocresía? Por cierto, el mismo Peter «Tyrion Lannister» Dinklage ha afirmado en varias ocasiones que el término enano no le resulta denigrante en absoluto. 

Purgar hechos y obras del pasado con el microscopio moral de la presente suspicacia woke es un ejercicio peligroso y, por fuerza, selectivo. Birth of a nation (1915) de Griffith es una película profundamente racista, que presenta al KKK como una fuerza salvadora… pero no se puede estudiar la historia del cine soslayando sus notables aportes técnicos. Por ese camino se llega a tirar a la basura el teatro de la antigüedad grecolatina, porque quienes lo escribían y disfrutaban veían la esclavitud como algo normal y necesario.

Entre paréntesis, no sucede solo en el cine. En sus últimas giras, los eternos Rolling Stones decidieron dejar fuera del set list uno de sus clásicos, Brown sugar, toda vez que algunos podrían interpretar como loas a la esclavitud algo que, según Keith Richards, era justamente lo contrario. Hay canciones de los Beatles (You can’t do that, Run for your life) que rezuman machismo… porque machistas eran muchos de los temas de soul y blues norteamericanos que los de Liverpool admiraban y tomaban de modelo, porque el machismo era entonces la norma en la rígida Inglaterra. Y en prácticamente todo el mundo.

Continuemos. He visto hace poco Peter Pan & Wendy (2023) de David Lowery, producida por el imperio Disney. En esta versión, Campanilla es interpretada por una chica negra (Yara Shahidi), Peter por Alexander Molony, un jovenzuelo de ascendencia neozelandesa, y los Niños (y Niñas) Perdidos provienen de todas las etnias posibles. Y no solo eso: se anuncia que uno de ellos es el primer actor de Disney con Síndrome de Down. En cambio, Wendy (Ever Anderson Jovovic) es blanquísima. Bueno, es hija de la ucraniana Milla Jovovich.

Aunque buena parte de la audiencia rechaza este criterio de inclusión a toda costa que Disney viene aplicando últimamente, a mí me parece bien tratándose de películas de fantasía, de relecturas de un original de ensueño. En este caso concreto, si algún actor no me funciona en su papel es Jude Law como el capitán Hook… sobre todo si se recuerda la interpretación de Dustin Hoffman en la versión de Spielberg (1991).

Mi única preocupación cuando salimos del ámbito fantástico, es el desbalance a la hora de procurar cierta autenticidad en piezas que pretenden retratar una época concreta. He visto películas y series en que actores negros aparecen como caballeros de la Mesa Redonda, como nobles isabelinos y boyardos rusos. Y aunque casos hubo —el ingeniero Ibrahim Hannibal, bisabuelo de Alexander Pushkin; un tal Sir Morien, amigo de Lancelot y Gawain; posiblemente también la reina Carlota de Inglaterra—, en esas circunstancias epocales el grueso de las personas negras o mestizas fungían como porteros, criados y pajes. Sería estupendo que hubiera sucedido de otra forma, pero no fue así: la colonización existió, la esclavitud también. Resulta paradójico que mientras se busca la verosimilitud histórica en el vestuario y la dirección de arte, en el terreno del casting el criterio sea mucho más elástico. Es cierto que el cine, en definitiva, no es la historia misma, solo una recreación, un artificio, pero en este terreno hay diferentes niveles de credibilidad. Que Denzel Washington interprete —por demás, brillantemente— a Macbeth en la reciente versión de Joel Coen me parece muy acertado: está claro que la puesta en escena no busca el verismo, lo que proporciona una magnífica oportunidad para un actor de tamaño calibre.

Ahora bien, a mi modo de ver el progreso no pasa por instaurar un racismo de polaridad invertida, como el feminismo no debe consistir en el reinado de las mujeres. John Wayne, Marlon Brando o Mickey Rooney, con todo y su grandeza, se ven más o menos falsos echando mano a los estereotipos más ramplones para interpretar asiáticos en la época de oro de Hollywood… pero era lo que había, un actor afronorteamericano o chino estaba por lo general relegado a papeles menores y sin brillo. Al día de hoy, en cambio, con una igualdad todavía imperfecta pero en teoría consensuada, me desconcierta que se critique el blanqueamiento de personajes en películas como Prince of Persia (con Jake Gyllenhaal de árabe), o la horrible The last airbender de Shyamalan, pero no se cuestione con igual vehemencia que en una estupenda serie como The Great numerosos nobles rusos sean negros. Tengo para mí que eso no es romper una lanza contra el racismo, sino todo lo contrario, pues instaura un estatus especial y una mirada paternalista hacia determinados sectores del gremio, sectorizándolos todavía más.

Y ya que hablamos de sobredimensionamiento del físico, ¿qué hay con los feos? Porque el 98% de los actores y actrices en plan protagónico, blancos, negros, asiáticos, latinos, son gente bella, en tanto a los que son feos siempre, o casi siempre, les toca el rol de villanos. ¿Acaso no hay discriminación ahí?

Lo justo es que existan iguales posibilidades de trabajo para los actores, con independencia de su género, pertenencia étnica, grado de atractivo, etcétera, pero hay —debería haber— otras vías para lograrlo. Por ejemplo, realizar más películas que aborden la historia relegada, el punto de vista discriminado, los clásicos literarios de allende los mercados grandes de la palabra. ¿Que eso no le gusta al público? Pues entre contrariar al público y legitimar narrativas espurias, prefiero que se joda el respetable.

Dicho esto, no niego que sería interesante que Gong Li interpretase a Rosa Parks, o Christian Bale al emperador Mansa Ouali en una película ambientada en el próspero imperio de Mali en el siglo XIII. O mejor todavía, que un actor burkinés encarne a Donald Trump.

Esperando en el portal del paquetero

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portal-del-paquetero
Ilustración: Brady


Hace par de días llegué al portal del copiador del paquete, pedí el último y me senté. El local estaba desbordado de personajes pintorescos: un papá con su niña de 8 años, un anciano excombatiente, un señor de camisa de hilo y una señora en bata de casa y chancletas, además del copiador del paquete, a quien me voy a referir como el paquetero, pasado de peso y exhibiendo una peluda pulgada de división de las nalgas, como si fuese mecánico o plomero.

Señor de la camisa de hilo: Estoy buscando películas de terror viejas. Clásicos. Te voy diciendo. Por ejemplo, La cosa.

Paquetero: ¿La cosa está buena?

Señor de la camisa de hilo: De primer nivel. Buenísima.

Señora de las chancletas: Será como película, porque si es la cosa como situación actual, está de tranca.

Excombatiente: La gente se queja y se queja, sin darse cuenta de los esfuerzos que está haciendo la dirección del país.

Señora de las chancletas: Pues mira, que se esfuercen más, que el barco de pollo que era para diciembre llegó en enero. Vamos a ver cuándo llega el próximo.

Excombatiente: Ahí está el problema, que usted está pensando en el pollo que usted se va a comer y la dirección del país tiene que pensar en el pollo de todos nosotros.

Paquetero: Caballero, por favor, no se pongan a hablar de política, que me ponen malo esto. Mi viejo, puede ir para la casa que lo suyo se demora, porque son todos los capítulos de Tras la Huella.

Excombatiente: No, deja, yo me quedo, que me gusta estar al tanto de lo que habla la gente.

Papá de la niña: Broder, ¿tú puedes cambiar la música esa?

Paquetero: ¿Qué pasa? ¿No te gusta el reguetón?

Papá de la niña: No, no me gusta, pero no es eso. Es que esa canción está un poco fuerte, y tengo a la niña aquí.

Señora de las chancletas: ¿Fuerte esa? ¿La de Bebeshito? Esa está suave. ¿Usted no ha oído la de la cinturita?

Paquetero: Esa la tengo aquí también. ¿Quieres que la ponga? Mi socio, sígueme diciendo títulos de películas de terror.

Papá: No, no, no. No hace falta. Y si puedes quitar esta, mejor.

Paquetero: Yo te la quito, pero esta canción no tiene nada.

Niña: Papá, ¿qué quiere decir «ella está para darle hacha»?

Señor de la camisa de hilo: Ahora que la niña dice hacha, ponme El Resplandor, esa donde Jack Nicholson se vuelve loco en un hotel.

Señora de las chancletas: Bueno, si se volvió loco en un hotel, ¿cómo se pondría si se pasa una semana en mi pasillo cargando agua? ¡Le ronca que esta gente se piense que uno puede vivir sin agua!

Excombatiente: Esa gente no, los compañeros de la dirección del país. Y por si usted no lo sabe, tienen problemas igual que usted y que yo. Y se les va el agua y se les va la luz, igual que a nosotros.

Paquetero: Familia, no me hablen de política. Por favor.

Niña: Papá, ¿qué quiere decir que ella está para darle hacha?

Papá: Nada, mi vida, es en sentido figurado. Es una canción para denunciar la tala indiscriminada.

Niña: ¿Porque aumenta el efecto del cambio climático?

Papá: Anjá.

Señora de las chancletas: No, hombre, no. ¡Qué cambio climático de qué! Mi niña, darle hacha es darle amor.

Papá: Oiga, señora, no esté hablando de esos temas con la niña.

Señora de las chancletas: Oye, pero aquí no se puede hablar de nada. Voy a tener que montarme en una nave espacial.

Señor de la camisa de hilo: Mira, ahora que ella dice nave espacial, ponme Alien. Si quieres ve atendiendo a otras personas, mientras yo sigo haciendo memoria.

Papá: A ver, mi vida, ¿cuál es la que tú querías?

Niña: Yo quiero Mulán.

Paquetero: Bueno, aquí tengo dos Mulán, una de muñequitos y otra con personas.

Señora de las chancletas: Y hay una tercera, Mulan Ruch, que es musical.

Niña: Yo las quiero las tres.

Papá: Pónselas las tres. ¿Cuánto es?

Paquetero: Son 25 pesos por película. Porque están en HD.

Señora de las chancletas: ¿25 por película? Tú estás loco.

Señor de la camisa de hilo: Ahora que ella dice loco, ponme Psicosis.

Excombatiente: Le voy a decir una cosa, yo valoro su trabajo, pero a usted la dirección del país le debería topar los precios.

Paquetero: Me busco otro trabajo. Tengo que subirle el precio porque el tipo de la cebolla se lo sube, la corriente va a subir, y sin ir más lejos, ¿tú sabes cuánto le pagué al taxista hoy para venir a trabajar?

Papá: Te considero, hermano, el problema del transporte está violento. Yo sé que tú no quieres hablar de política, pero la verdad hay que decirla. En 65 años aquí no se ha logrado resolver el problema del transporte.

Señora de las chancletas: ¡Error! Hace 65 años, aquí en Cuba, no había problemas de transporte.

Excombatiente: Porque éramos menos personas. Pero en aquella época, en el gobierno de Batista, te mataban. Era una pesadilla.

Señor de la camisa de hilo: Mira, agrégame ahí Pesadillas en la calle Elm.

Señora de las chancletas: En el gobierno de Batista te mataban, pero ahora no te dejan vivir.

Paquetero: Señores, está bueno ya por favor, vamos a dejar el tema de la política. Quédense tranquilos ya, vamos a esperar que se terminen las copias. A ver, señora, no caliente más esto. ¿Qué es lo que va a copiar usted?

Señora de las chancletas: Amar sin palabras. Lo mío son las novelas turcas. Ahí sí hay hombres, no lo que tú te encuentras aquí por la calle. Ponme todo lo que tengas ahí, para desintoxicarme de la televisión cubana.

De pronto, el monitor de la computadora quedó en negro.

Papá: ¿Oye que pasó? ¿Se te apagó la computadora?

Paquetero: ¡Avemaría! ¡Qué hora para irse la luz! Pueden esperar, pero lo normal es que, si se va a esta hora, sea hasta las 5. A veces yo me arrepiento de dejar la plomería y dedicarme a esto que depende de la corriente. Y tú, mi hermano, que llevas tremendo rato aquí ¿qué querías que te copiara?

Yo, en efecto, llevaba una hora allí, sin haber tenido tiempo ni siquiera de entregar mi memoria y decir lo que quería, me levanté despacio, afectado por la falta de luz y el tiempo perdido.

Yo: Deja mi hermano, no te voy a decir lo que estoy pensando. Tiene que ver con política.

El viejo Miami no entiende a la nueva Cuba

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Emprendedor-Cuba-Miami
Ilustración: Félix M. Azcuy

El viejo Miami no entiende a la nueva Cuba

La noticia es que la congresista de origen cubano María Elvira Salazar presidió una sesión del Subcomité del Hemisferio Occidental, que nombró «El mito de los nuevos empresarios cubanos: un análisis de la política hacia Cuba de la Administración Biden».

La republicana del distrito 27 de la Florida, ex periodista de canales en español del sur de la Florida, tuvo como acompañante al demócrata Joaquín Castro, de Texas.

Ambos ofrecieron visiones diametralmente opuestas entre sí. Salazar repitió el discurso oficial de línea dura contra Cuba, que ha tomado como nueva bandera el supuesto vínculo entre el emergente sector privado con el gobierno cubano, como razón para desacreditarlo y no reconocer a las nuevas empresas como actores válidos dentro de la realidad cubana. Así repitió todas y cada una de las líneas de mensaje habituales de los congresistas puestos en Washington por votantes de la Florida: hay que respetar las leyes del «embargo» y ayudar al pueblo cubano a liberarse del «yugo de la represión».

Joaquín Castro, de Texas, leyó básicamente el discurso que Barack Obama hubiese leído 10 años después del acercamiento histórico propiciado por el entonces presidente. Afirmó que se logró más en los años de acercamiento que en los años de aislamiento de Donald Trump.

Como sucede habitualmente en esas audiencias, durante casi una hora y media dos testigos del Gobierno respondieron una extenuante lista de preguntas, para algunas de las cuales no tuvieron respuestas.

Eric Jacobstein, vice-secretario asistente del Buró del Hemisferio Occidental, defendió la actual postura de la administración Biden, y lo acompañó por el Buró de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, el vice-secretario asistente Enrique Roig, que se concentró en hablar más sobre el supuesto «tráfico humano» que ejerce La Habana en su exportación de servicios médicos.

El objetivo de la representante republicana era demostrar que el sector privado cubano no es independiente del Gobierno. Para ello, ofreció tres ejemplos de supuestos negocios que están vinculados a familias de la dirección histórica de la Revolución Cubana.

Se refirió a un nieto de Ernesto Guevara, una nieta de Raúl Castro y a un nieto del fallecido Fidel Castro. La Congresista afirma y sostiene con gran vehemencia que en Cuba es imposible tener un negocio sin estar estrechamente vinculado a grupos de poder. Es decir, de un total de al menos 9 700 empresas privadas existentes en el país, solo pudo mencionar tres negocios privados supuestamente vinculados a las familias de poder en la Isla.

También afirmó en más de una ocasión que las leyes del embargo había que cumplirlas pero que el verdadero embargo era del «régimen cubano sobre el pueblo de Cuba».

Dos medios estadounidenses acreditados en Cuba, OnCuba y Belly of the Beast, produjeron un video entrevistando a empresarios cubanos del sector privado. Al ser una audiencia sobre el empresariado emergente pero que no tuvo como invitado a ningún dueño de mipyme cubana, ambos medios ofrecieron la oportunidad de expresarse a los protagonistas de una audiencia que hablaba de ellos, sin ellos. Entrevistaron a empresarios como Dayron Robles y Yulieta Hernández. Todos tuvieron que responder si sus negocios son mitos:

—¿Tú te sientes real?

—Sí, levanté mi negocio con mucho trabajo —afirmó Annia de Armas, la emprendedora dueña de Lo llevamos rizo.

El evento no fue un aburrido discurso tras otro.  La audiencia que Salazar difundió como su momento para cuestionar al Gobierno norteamericano sobre la supuesta ayuda al sector privado cubano, una ayuda que se anunció en medidas que nunca sucedieron, inició con la exclusión a una mujer negra, a una colega congresista.

Joaquín Castro había invitado a participar en la audiencia a la congresista demócrata por California, Barbara Lee, que por años ha promovido una agenda de acercamiento con Cuba y ha visitado la Isla en reiteradas ocasiones. Lee intentó participar, y Salazar se lo impidió para luego decir que Lee se creía «la mentira» del Gobierno cubano, lo cual le agenció críticas de otros colegas congresistas, sobre todo de la representante Sydney Kamlager-Dove, quien cuando tuvo la palabra dijo que Lee no era un peón ni títere de ningún Gobierno, y que la escena allí presenciada era lamentable, por ver silenciada a una mujer de color.

En un video compartido posteriormente por la congresista Lee en X, dijo: «me acaban de expulsar de una audiencia del Subcomité de la Cámara para asuntos exteriores porque a la presidenta republicana no le gustan mis puntos de vista». En el video puede verse que la Congresista demócrata pidió con respeto: «Deme la oportunidad de presentar mi punto de vista». También acusó a María Elvira de estar impidiéndole a una congresista afroamericana expresar su opinión, y le espetó que estaba haciendo exactamente lo que dice ella que el Gobierno cubano hace.

Entre las declaraciones más interesantes estuvo la ya mencionada congresista californiana, Sydney Kamlager-Dove, quien empujó a responder a Jacobstein, a sabiendas de que no tendría respuesta, cuáles son las razones por las que Cuba es parte de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo.

«Yo he visitado esos negocios privados, he hablado con ellos», dijo la representante para argumentar que el sector privado ha mejorado la calidad de vida de los cubanos y que es una realidad palpable.

Kamlager-Dove afirmó que Estados Unidos mantiene relaciones con países de todo el mundo con los que no tiene sincronías en temas políticos, entonces «por qué con Cuba aplicamos esos purismos, me confunde».

A pesar de los intentos de Salazar de acallar la voz de Barbara Lee, el representante demócrata por Arizona, Greg Stanton, afirmó que era una acción sin precedentes y aprovechó su turno en la audiencia para leer la declaración de la congresista Lee, esa que ella hubiese leído de no haber sido excluida: un país del que la gente se va necesita la promesa de progreso, y el sector privado es eso, y desde Washington lo único que se intenta es hacer la vida de esos emprendedores más difícil, leyó el demócrata.

Jacobstein afirmó que la Administración está determinada a ayudar al sector privado, pero no pudo informar sobre qué pasos dará en ese sentido, y confirmó que no está programada una revisión de la legislación sobre Cuba, incluyendo su inserción en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo.

Severamente cuestionado por la congresista Salazar, quien acusó al Gobierno estadounidense de no tener información sobre los supuestos vínculos del sector privado con el Gobierno cubano, Jacobstein explicó que la Embajada de Estados Unidos en La Habana organiza eventos con emprendedores, conoce la red, e incluso ha organizado eventos de capacitación.

Salazar también cuestionó el trabajo de la Embajada en La Habana. Se refirió a la reciente presencia en Cuba de Big Freedia, performer y activista por los derechos LGBTIQ, y destiló racismo —de nuevo— al señalar que era una exconvicta y que el pueblo cubano se merecía, de Estados Unidos, a alguien «más edificante», con lo cual hizo el segundo comentario ofensivo hacia una persona no blanca, en solo hora y media de audiencia.

La influencia de Rusia y China ante el vacío de Estados Unidos en Cuba también fue tema mencionado más de una vez. Varios de los discursos pidieron una participación de Washington más activa en Cuba, en contra de la inacción de Biden, debido a que Beijing y Moscú aprovechan esa ausencia para aumentar su presencia, aunque Jacobstein dejó claro que en el caso de China, ambos países —la Isla y el gigante asiático— no muestran progresos en el vínculo comercial.

Esta noticia significa que la línea dura contra Cuba está muy lejos de tener un apoyo mayoritario en Washington. Si bien algunos colegas republicanos leyeron discursos apoyando a Salazar, varias voces se cuestionaron el sostenimiento de una política que empeora la calidad de vida de un país del que al menos 200 mil personas se han ido en el último año y terminan en Estados Unidos.

Significa también que de saber aprovecharlo, la administración Biden tiene en la mano la posibilidad de ejercer cambios en la política, por pequeños que estos sean, aunque para ello no puede temerle al comportamiento transaccional de los congresistas de la Florida, y sí escuchar la realidad que indica que el empeoramiento de la calidad de vida de los cubanos, a través de sanciones y presiones políticas, no llevará a un cambio de sistema político en Cuba, y sí a una migración masiva que termina siendo un problema para ellos.

De esta audiencia podemos leer también que la extrema derecha que se alimenta del discurso de odio hacia Cuba, y usa esa plataforma para mantenerse empleada en Washington, necesita desacreditar al empresariado privado cubano. Un sector creciente, más eficiente que el estatal, permitido con trabas, pero funcionando en Cuba, empleando a cientos de miles de personas, y con salarios competitivos, en una clara señal de que el país se acerca a la economía de mercado, ha de interpretarse como un aliado de las voces que han pedido cambios económicos en el país.  Sin embargo, la inacción de Biden junto al persistente trabajo comunicacional de los congresistas de origen cubano, ponen al sector privado en condiciones de vulnerabilidad por ambos lados. Para unos son los agentes del cambio de régimen, para otros los enriquecidos aliados del Gobierno.

Nuestra opinión es que el marcado interés de Miami y sus representantes por desacreditar a quienes tienen negocios en la Isla, es muestra de su potencial político y su innegable cualidad de interlocutor en el escenario cubano. Resulta evidente que Salazar pretende alimentar la narrativa de que el sector privado en Cuba no existe, básicamente porque oxigenan la economía. Esta narrativa convierte al sector privado en un enemigo del Gobierno estadounidense, que debería ver como un aliado natural.

Pero también opinamos que en el desarrollo del emprendimiento hay otra muestra de que la administración Biden pierde la oportunidad de vincularse, promover y levantar trabas a un grupo de cubanos que abren negocios en la Isla, y con ello ofrecen un modelo de vida distinto al solventado por el Estado.

 

El pentagrama diplomático o juntamenta en Fábrica

La noticia es que un grupo de artistas estadounidenses estuvieron en La Habana y actuaron en al menos dos grandes escenarios junto a artistas cubanos. Fábrica de Arte Cubano y el Club Habana 500 (antes José Antonio Echeverría) fueron sede de la tercera edición del festival de intercambio cultural entre Cuba y Estados Unidos, «Getting Funky in Havana».

Estuvieron en FAC los anfitriones X y M Alfonso; la reina del Bounce, Big Freedia, que repite en Cuba después de una apretada agenda social y cultural en noviembre; la cubana Brenda Navarrete; Big Chief Juan Pardo con todo su atuendo tradicional; Yissy García, cubana que vive en Estados Unidos y que volvió a actuar en su país cuatro años después de su último performance aquí, y otros más. Los artistas colmaron el escenario de una de las naves de Fábrica de Arte, que tuvo una fila más larga de lo habitual rodeando este centro cultural. Tanto público asistió que en otra nave transmitieron en vivo el concierto porque el teatro tuvo que cerrar por capacidad.

Según los organizadores, en el Club Habana 500 más de 15 000 personas bailaron al ritmo de los Van Van, Wampi y el trombonista Shorty.

La Joven Cuba contactó al director de Getting Funky in Havana Festival, Colin Laverty, el fundador de la agencia de viajes Cuba Educational Travel y también gestor cultural, y nos comentó que entre los logros de esta edición está que se demuestra que hacer esos intercambios «es posible». 

Nos compartió parte de la historia de la colaboración que hace puente entre Nueva Orleans y La Habana: 30 jóvenes de Nueva Orleans visitaron Cuba para hacer música con estudiantes del Conservatorio Guillermo Tomás, de Guanabacoa, y una docena de los estudiantes de esta zona habanera fueron a Nueva Orleans.

También entre las novedades de esta edición está que Fábrica de Arte levantó su veda del reguetón y permitió que Wampi, un reguetonero cubano, actuara junto al grupo de cubanos y estadounidenses que sacudieron las naves de FAC.

Más allá de la gran fiesta que nos perdimos los que no nos llegamos a FAC o al Echeverría, lo importante es lo que este puente entre Nueva Orleans y La Habana significa.

Significa que el vínculo cultural es potencialmente tan fuerte que artistas relativamente desconocidos, en juntamenta con artistas cubanos de aquí o de allá, llenan espacios culturales, y hacen realidad eso escrito tantas veces entre 2014 y 2016 de que Estados Unidos está tan cerca como su distancia geográfica, y la lejanía impuesta persiste por razones políticas.

Significa también que Laverty demuestra que cumpliendo las regulaciones actuales en Estados Unidos, y en diálogo con instituciones cubanas, pueden organizarse estos eventos que acercan a ambos países.

Los pueblos siempre han tenido una manera especial y efectiva de comunicarse, ya sea viendo series estadounidenses en la televisión pública nacional, siguiendo de cerca las elecciones que se disputan Biden y Trump —parece—, o recibiendo a artistas del sur afroestadounidense y bailando a su ritmo originariamente africano, como los cubanos.

Nuestra opinión es que la lejanía de los participantes, tanto geográfica como políticamente de la agenda de cambio de régimen articulada en coro y con todos los recursos comunicaciones desde Miami, permite que estos eventos se enfoquen en lo esencial: música y arte para los cubanos, intercambio para aprender de las diversas realidades, twerking desde las dos orillas, sin importar el gobierno a cargo en cada capital.

El discurso oficial de las fuerzas de línea dura contra Cuba critican, impiden o lanzan campañas de descrédito contra iniciativas como estas. No por gusto su organización y celebración se anunció tan poco.

Voces de representantes de la Florida en Washington, y coherentes con el añejo discurso contra Cuba afirman que eso es una forma de «apoyar» al Gobierno. Sin embargo, de acuerdo a videos, reels e historias compartidas por miles de personas que estuvieron getting funky muestran que lo que sucedió fue mucho más simple:  cientos de cubanos bailando al ritmo de los Van Van y Big Freedia, de Wampi y Roberto Luna. Aparentemente una fiesta que los cubanos no merecen. Una fiesta de sincronías entre ambas realidades, un pedazo de felicidad entre tantas carencias.

 

Amigos sí, socios comerciales todavía

La noticia es que el vice primer ministro cubano, Ricardo Cabrisas, afirmó que la incorporación de Cuba en la Unión Euroasiática es insuficiente y «no estamos conformes con ello». Así lo afirmó el también ministro de comercio exterior el 15 de enero último, cuando La Habana fue sede de la tercera reunión mixta entre Cuba y la Unión Económica Euroasiática.

Cabrisas mencionó que están en ciernes posibles proyectos para la producción de medicamentos y desarrollo biotecnológico en esa región, así como la agroindustria y una iniciativa para transformar el complejo cárnico y lácteo.

La Unión Económica Euroasiática es una reciente prioridad del Gobierno cubano, y el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, asistió en junio pasado al Congreso Euroasiático, e hizo uso de la palabra como Estado observador. El bloque está integrado por Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Rusia, y en calidad de países observadores aparecen Tayikistán, Uzbekistán y Cuba.

Cabrisas indicó a raíz de la reunión de esta semana entre la Habana y el bloque, que la incorporación de Cuba como observador fue una solicitud bien analizada por el Gobierno, a partir de los antecedentes históricos de relaciones con esos países, pero «podemos hacer mucho más en función del desarrollo de nuestros pueblos».

Tanto la Unión como las autoridades cubanas confirmaron la voluntad de expandir las relaciones económicas y comerciales, y así quedó escrito en el protocolo de la tercera reunión que firmó Cabrisas y Serguéi Gláziev, ministro de Integración y macroeconomía de la Comisión Económica Euroasiática.

En el encuentro de esta semana, ambas partes acordaron que los sectores prioritarios serían el desarrollo de la industria, el turismo y la biofarmacéutica, según informó la viceministra primera del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba, Ana Teresita González.

Esta noticia significa que Cuba da seguimiento a un vínculo con países geográficamente lejanos, pero con relaciones políticas fluidas. Sin embargo, este es otro ejemplo de gran potencialidad económica, pero de breve avance real en términos de inversión o comercio. Ese es el caso también con otros bloques y países.

Nuestra opinión es que el lento paso de los planes de integración frente a las profusas declaraciones de coherencias políticas, es muestra de que las inversiones tienen que provenir de los sectores privados de esos países, o de fondos gubernamentales que puedan justificar un retorno en un plazo sensato. Sin embargo, las condiciones económicas de Cuba y su incapacidad para honrar sus obligaciones de deuda convierten a la Isla en un acreedor riesgoso.

Honradez: principio ético de la revolución martiana

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Revolución Mariana
Ilustración: Félix M. Azcuy

Las revoluciones se caracterizan por ser modificaciones profundas de las estructuras políticas, económicas y sociales, procesos radicales mediante los que se transforma la realidad existente y se alcanza una nueva, diferente y superior a la anterior. Para que una revolución se considere triunfante, las renovaciones enunciadas en el ámbito material deben conllevar cambios de las ideas, de la concepción del mundo.

Estos son los entes que asumen la acción libertadora y, por ende, su conducta personal debe ser portadora de una nueva conciencia ética: alentados por la honradez, el deber, la entereza, que motiven espiritualmente la búsqueda del mejoramiento personal y la de sus coterráneos, del pueblo, de la nación.[1] 

Para José Martí, solo con hombres capaces de pensar por sí, y de buscar soluciones propias a los conflictos de la patria, se haría realidad la república nueva, más que un ideal, una apremiante necesidad. «—Quiero por mi parte habituar al pueblo a que piense por sí, y juzgue por sí y se desembarace de los aduladores que de él obtienen frutos» (OC, t. 22, p. 57), anotó el Apóstol.

Concibió la honradez como un fundamento ético inviolable, orientador de la política en cualquier circunstancia: «estamos fundando una república honrada, y podemos y debemos dar el ejemplo de la más rigurosa transparencia y economía» (OC, t. 2, p. 241).

Consecuente con este criterio, vivía y procedía «con la transparencia y la humildad de los apóstoles»[2], pues los pueblos siguen a quienes corren su suerte, padecen sus carencias, sufren sus reveses y comparten sus alegrías. Combatió todo cuanto puede descomponer desde dentro el entramado social, y con firmeza expuso: «a nuestras almas desinteresadas y sinceras (…) no llegará jamás la corrupción!» (OC, t. 4, p. 231).

Como diría en una ocasión: «Si me dan diez mil pesos para la revolución, salgo desnudo en mulo» (Epistolario, t. III, p. 502). Era ejemplo de austeridad y de honradez. Aquel hombre, que recibía cientos y a veces miles de pesos de los contribuyentes, en muchas ocasiones sin mediar recibos o vales ?que luego emitía la Tesorería?, vivía con una modestia rayana en la pobreza, carecía de propiedades y dedicaba todo el tiempo disponible a organizar las vías para alcanzar la independencia de su patria y la felicidad de su pueblo.

Los enemigos de estos principios se hallaban en sectores opuestos a la justicia social, dispuestos a defender sus posiciones e intereses aún a costa de la entrega de la patria a nuevos amos.

Previó males de tales signos, que podrían permear la república futura, y ante los riesgos afirmó que sus deudas de gratitud no las olvidaría nunca «pero consideraría un robo pagar estas deudas privadas con los caudales públicos, y envilecer el carácter de los empleos de la nación hasta convertirlos en agencias del poder personal, y en paga de servicios propios con dinero ajeno» [OC, t. 21, p. 408].

Los intereses de persona alguna han de estar por sobre los de la nación. La confianza de los pueblos no se alcanza con la ostentación y el lujo en medio de la pobreza, con práctica de modos de vida y actitudes alejadas del proyecto fundacional de una sociedad nueva, porque esta solo puede lograrse con la transformación profunda de los hábitos, las costumbres, la mentalidad, es decir la cultura del sistema al que se aspira a poner fin. Quienes pretendan encabezar al pueblo deben rechazar y combatir los vicios del pasado, y asumir «conceptos de vida radicalmente opuestos a la costumbre de servilismo pasado». (OCEdCrítica, t. 2, p. 51).

Hacer concesiones ante males supuestamente menores es una forma de abrir las puertas a prácticas y conceptos que van minando, con disímiles procedimientos, las bases sociales del proyecto patriótico.

En sus meditaciones sobre el insoslayable procedimiento de divulgar los resultados y las dificultades de la labor colectiva para el bien de todos, el Maestro anotó: «Acaso tenemos tantos [enemigos], porque no hemos hablado con toda claridad. […] Solemos envolvernos en el misterio, aludir a fuerzas vagas, apoyar nuestros párrafos en reticencias respetables a veces, y a veces no” (OC, t. 22, p.93). Y en un artículo publicado en la prensa dijo: «La república, sin secretos» (OC, t. 2, p. 93).

Ocultar las deficiencias, los errores y justificar los fracasos es propio de quienes se apartan de los sectores mayoritarios de la población y pretenden erigirse en una élite supuestamente intocable e inamovible.

El diálogo sistemático con las bases, al igual que la rendición de cuentas, no se estipulaban en las organizaciones revolucionarias anteriores a la fundada por Martí, y fueron introducidos por el delegado del Partido Revolucionario Cubano con la finalidad de obtener «la confianza en los medios nuevos que se habían de emplear, puesto que del empleo de los antiguos nacieron miedos y peligros graves, siempre menores que la grandeza que habrá de sofocarlos».

No es con promesas de futuro elaboradas sin sustentación real, y postergadas una y otra vez por ser irrealizables, como se gesta un programa revolucionario, sino al concebir proyectos materializados en resultados obtenidos por el esfuerzo colectivo: «El pensamiento se ha de ver en las obras. El hombre ha de escribir con las obras. El hombre solo cree en las obras. Si inspiramos hoy fe, es porque hacemos todo lo que decimos» (OC, t. 1, p. 424).

Informar a los contribuyentes sobre los fondos recaudados y su utilización era uno de los principios que regían la nueva agrupación, y sería práctica cotidiana en la futura república, pues: «Del dinero, se ha de ver desde la raíz, porque si nace impuro no da frutos buenos, hasta el último ápice» (OC, t. 1, p. 424).

Del control de los recursos se encargaba, junto al Delegado, el tesorero del Partido, Benjamín J. Guerra, quien realizaba la anotación minuciosa de cada centavo que llegaba a las arcas patrióticas, así como del empleo de los fondos, de los que se rendía cuenta anual a los integrantes de los clubes. En las ocasiones en que fueron realizadas por escrito, en 1893 y 1894, se obtuvo la aprobación y el entusiasmo de las masas contribuyentes.

De este modo deberían proceder todas las instituciones, organismos o instancias que, de un modo u otro, reciben y emplean recursos que se suponen, en su totalidad, destinados para sus labores. Ningún funcionario debería sentirse afectado o cuestionado —u ofendido o agredido, como en muchas ocasiones ocurre— por cumplir con el deber que su cargo de servidor público le impone, y dar respuestas argumentadas a cualquier cuestionamiento. Si nada hay que ocultar, el control que se ejerza sobre su labor constituye la mejor garantía para dar muestras de honestidad.

Esto será posible cuando cada ciudadano goce de la independencia personal que le permita su integración consciente a la sociedad, alcanzable en un pueblo instruido, cuyas necesidades materiales fundamentales estuvieran satisfechas, a lo que puede llegarse en un país regido por un gobierno que actúe en beneficio de la mayoría, mediante el pleno ejercicio de la democracia.

Para lograr tales propósitos, debe asumirse un papel activo en el logro del desarrollo económico y en la garantía de la protección de los intereses nacionales. Es del todo insuficiente señalar la existencia de dificultades y problemas, acumulados hasta llegar a la situación crítica, sin el consecuente llamado a la acción colectiva para eliminarlos, porque lo contrario debilita internamente a la nación, la hace vulnerable a las más disímiles desviaciones. Por otra parte, el uso sistemático de la represión incrementa la desconfianza hacia quienes apelan a la fuerza como sustituta de la argumentación, la persuasión, la labor política. Y el ejemplo cotidiano.

La práctica y la teoría deben andar juntas, complementarse. La inacción, y la atribución de las deficiencias y errores propios a causas externas contribuye al desaliento, pues las soluciones no pueden hacerse depender de la buena voluntad de elementos, grupos, sectores o gobiernos foráneos que pretenden destruir lo alcanzado e implantar el dominio de la minoría, con el apoyo o no de fuerzas externas, con todas las implicaciones que ello conlleva. «Hacer, es la mejor manera de decir» (OCEdCrítica, t. 8, p. 55).


[1] Ver Julio Le Riverend: “Martí: ética y acción revolucionaria”, en José Martí: pensamiento y acción, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editora Política, 1982, p. 72-73; y Cintio Vitier: “La eticidad revolucionaria martiana”, en Temas Martianos, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial Letras Cubanas, 1982, p. 302 y 304.

[2] José Martí: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro de Estudios Martianos / Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. III, p. 278. (En lo sucesivo, esta edición será citada como Epistolario).

¿Ley de empresas o medidas financieras recientes? ¿Cuál es el mejor camino?

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Ilustración: Félix M. Azcuy

No se descubre nada nuevo cuando se dice que la economía cubana atraviesa una crisis de oferta de bienes, y que de ahí se derivan después los desequilibrios financieros que están presente en la actualidad. Si eso es así, por qué no priorizar entonces los temas que pudieran impulsar esa oferta, como por ejemplo la postergada ley de empresas.

Sería interesante conocer por qué una ley para la empresa cubana ha tenido tantos crucigramas que atravesar o sesiones de discusión, y cuando me leo el anteproyecto que se ha filtrado, o circula por las redes sociales, no se entiende por qué esa vía crucis.

Me acuerdo de que el Parlamento Nacional en su plan de discusiones la había colocado en el plan de 2022, y de pronto se había decidido hacerlo para el 2023, año que culminó. Entonces ahora habría que esperarla este 2024.

Entre lo que se ha llamado recientemente un Plan de Estabilización Macroeconómica, plan que no se ha divulgado, esta ley de empresas sería algo así como muy importante, si el objetivo es avanzar económicamente. O sea, si no se les da solución a las incongruencias del tejido empresarial cubano, no se puede aspirar a salir del punto de recesión económica en que está Cuba en estos momentos.

En una ocasión las autoridades del país comentaron que se había encuestado a más de 600 empresas estatales y que ello les había permitido discutir sobre el alcance, objetivos y principios de la ley.

Y ahí está uno de los problemas, la nueva Ley de Empresas no puede ser una ley para las empresas estatales, sino para todas las formas de propiedad existente. Y según se sabe, se llamará «Ley de la Empresa Estatal Socialista». Ya de inicio partiría con una incongruencia cuando se apruebe.

Según Alejandro Gil Fernández, ministro de economía, «esta ley ayudará a poner en su lugar muchas cosas asociadas a sus misiones, gobernanza, Juntas de gobierno, OSDE (organización superior de dirección empresarial), asignación de recursos, facultades para promover la inserción internacional y creación de negocios con inversión extranjera, entre otros aspectos».

La nueva normativa tiene que superar la disyuntiva estatal y no estatal, y reconocer los elementos de autonomía empresarial, seguridad jurídica y propiedad que exigen las empresas para poder cumplir sus fines.

Hoy las empresas estatales no son en mayoría el tejido empresarial cubano, aunque desde el discurso de las autoridades se haga énfasis en que es la más importante para el Estado, y claro que lo es en número de activos, de empleos, de valor de producción, en actividades estratégicas, entre otros indicadores. Pero el sector más dinámico en la actualidad en cuanto a generación de empleos,  incremento de importaciones, crecimiento en ventas y mejoras salariales, es el de las empresas privadas.

Hay que tener en cuenta que la Constitución cubana plantea en su artículo 27 que la empresa estatal «es el sujeto principal de la economía nacional», y aunque se reconoce su autonomía en administración y gestión, la misma es altamente dependiente de las decisiones y regulaciones que establece la dirección del país. Y ese es un problema que lastra a la empresa estatal.

El sistema político cubano hasta ahora no ha podido garantizar el bienestar económico del país, ya que se ha intentado hacerlo avanzar desde un nivel muy bajo de su desarrollo productivo, con un énfasis exagerado de construirlo en un largo periodo, basado en la preeminencia de empresas estatales cargadas de ineficiencias.

No existen documentos teóricos que expliquen cuántas empresas estatales deberían existir en Cuba, en qué ramas deben estar las mismas, y si no es mejor hablar de empresas públicas. Nunca se ha esclarecido la razón por la que una empresa, para que sea socialista, tiene que ser estatal, pero esa idea fija de algunos decisores llevó a la Ofensiva Revolucionaria de 1968, con las nacionalizaciones de todas las empresas que existían en el país y hoy, a las alturas del 2024, aún cargamos con el lastre de esos errores.

Se sabe que una empresa de propiedad estatal solo pudiera ser competitiva si tiene autonomía, es decir, si ella toma sus propias decisiones, que exista una verdadera gerencia empresarial y no un colectivo para la administración de recursos.

Tampoco ha quedado definido el concepto de «medios de producción fundamentales». Pienso que los decisores trabajan sobre la idea de que la fortaleza de la economía socialista cubana está en la cantidad de empresas que están bajo el sistema estatal y eso es un craso error.

La tan añorada ley de empresas tiene que definir cuáles son los incentivos prevalecientes para las empresas cubanas en su totalidad.

En el conglomerado empresarial cubano hay un gran número de empresas con pérdidas y una ineficiencia más que probada. Por ende es necesario que en esa ley se refleje la quiebra de las empresas con pérdidas consecutivas, que afectan el desarrollo económico.

Si realmente se aspira con la estabilidad macroeconómica a equilibrar el presupuesto, lo primero que debería hacerse es reducir los subsidios empresariales a las empresas estatales vigentes.

No se debe temer al cierre de esas empresas en pérdidas, y en algún caso, darla a los trabajadores en forma de acciones, para que ellos intenten reflotar la empresa, ya que serán beneficiados por las utilidades que ellos mismos pueden lograr; no se debe menospreciar la inventiva de los colectivos cubanos.

Es curioso ver cómo en el artículo 16.1 del anteproyecto que circula con fecha de septiembre del 2023, se clasifican las empresas, pero unas pueden tener competencia con otras y hay un grupo que no tendrá competencia. ¿Cómo entender esta dicotomía? Si eres empresa tienes que ser competitiva, si no, que pase a ser una entidad presupuestada.

El anteproyecto también regula la organización y el funcionamiento de la empresa estatal socialista, en lo adelante empresa, independientemente de la forma jurídica organizativa que adopte, y en ningún momento especifica si solo se trata del sector estatal civil de la economía, de lo que se puede deducir que el grupo empresarial de las FAR deberá subordinarse a dicha ley.

Y esto se puede verificar además con el Artículo 63, que dice: «A los efectos de esta ley, cumplen las funciones del representante del propietario:  El Instituto Nacional de Activos Empresariales Estatales, la unión, la corporación y para la empresa estatal nacional no integrada a estos».

La idea curiosa es que, al crearse el Instituto Nacional de Activos Empresariales Estatales, se aclara que cesan las funciones de atención de los ministros y los organismos de la Administración Central del Estado para con el sistema empresarial estatal, algo muy difícil de concebir si se tiene en cuenta nuestra historia burocrática.

El entorno de la actividad empresarial en Cuba es la misma que caracteriza a todo el país, y eso incluye burocracia, inseguridad jurídica, orientaciones superiores, entre otras.

La economía cubana necesita definir ya el nuevo marco jurídico, político, económico y social para todas sus empresas. Esa ley tiene que eliminar las barreras regulatorias y debe permitir superar la concepción de preocupación por el crecimiento de las empresas privadas o cooperativas, es decir, romper el mito de no permitir la acumulación de las empresas.

La ley tiene que establecer las diferencias entre las distintas empresas, con sus formas de organización jurídica, su tamaño, su clasificación sectorial, territorial y objetivo de beneficio. Y debe ser una sola. Es inconcebible, en un país tan pequeño como Cuba, con fuertes rivales internacionales y con un bloqueo asfixiante, se dé el lujo de seguir aplazando y cuestionando temas vitales como la Ley de Empresas. Sobran experiencias internacionales de países que han comenzado su desarrollo en menos tiempo que el cubano, y cada año ascienden un peldaño en ese desarrollo, mientras Cuba baja cada año de lugar.

China tuvo un periodo en que intentaba proteger a su empresa estatal, pero a la vez le daba amplias facilidades al sector privado, es decir, jugaba a la competencia, y a la vez tenía sectores estratégicos que controlaba, como la Banca. Pero hoy China es la segunda economía del mundo y la empresa estatal es minoría. Entonces por qué perder tiempo en intentar descubrir lo que otros ya hicieron y con resultados concretos.

Lo curioso de todo es que se le ha dado prioridad, para la estabilización macroeconómica del país, a la subida de precios de diferentes sectores y tarifas, especialmente la subida del costo de la electricidad a los consumidores de más de 500 Kw, que son los que tienen empresas productivas y a los que, al subírsele el precio, automáticamente subirán los precios de los productos que elaboran.

Sucede igual con el combustible, que traerán consigo un incremento de pasajes. Y entonces para no seguir analizando esas medidas algo incoherentes, me pregunto.

  1. ¿No sería más factible reducir los gastos del presupuesto en la partida de subsidio a las empresas en pérdidas durante varios años consecutivos?
  2. ¿No sería más factible permitir que se incremente la cantidad de negocios privados, inclusive siendo de un mismo dueño, para que crezcan las unidades imponibles de impuestos? ¿Y olvidarse de la concentración de los ingresos?
  3. ¿Por qué no llegan los capitales externos? ¿Es solo por el bloqueo impuesto a Cuba o es que se arrastran deudas con las empresas que ya han invertido?
  4. ¿No sería mejor paralizar las obras de construcción de hoteles para un mediano plazo, y en ese corto plazo invertir en maquinaria para la agricultura o la industria?

Son simples ideas, pero mucho se puede hacer en aras de incrementar la oferta de bienes del país, como implementar y cumplir lo que se refleja en la ley de empresas que, insisto, debe ser para todas las formas de propiedad.

Las medidas recién implementadas en la esfera de la circulación no llevarán al camino que se necesita para cambiar el ciclo de recesión económica en que Cuba está inmerso, ni van a reducir la desigualdad y la pobreza ya existente en el país.

Las exhortaciones, los deseos y la ideología no han podido lograr que se incremente la satisfacción del cubano en estos años difíciles, ya que esto se logra con ofertas y con el incremento del poder adquisitivo de los ingresos.

Gustavo Arcos: arte y derechos ciudadanos en Cuba

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La Asamblea de Cineastas es quizás la iniciativa con mayor potencia para hablar sobre esta pareja de baile que es el arte y el activismo a día de hoy en Cuba. Su rastro precede a la fecha del mes de junio cuando se constituyó. Surge, como sabemos, a raíz de un acto de censura, otro entre tantos que dejan su marca en un largo trazado de violencia institucional que ejerce un funcionariado castrador, que se mueve al amparo del Ministerio de Cultura y lo hace no para proteger la cultura cubana, sino sus poderes individuales.

La Asamblea se ha creado para cuestionar y cambiar esta política. Cuenta actualmente con algo más de 450 artistas, en su mayoría cineastas, que viven dentro de Cuba y también fuera. Borrar esas delimitaciones geográficas, más que un propósito a conquistar, es un acto constitutivo de resistencia, un acto constitutivo de democracia y un acto de emancipación cultural. 

Este audio es una entrega más dentro de las conversaciones que he concebido para La Joven Cuba y que serán publicadas progresivamente, en varias partes. Iniciamos el diálogo con uno de los miembros más relevante y lúcido del Grupo de Representantes, Gustavo Arcos, profesor y crítico de cine. Más adelante, se unirán a la conversación dos miembros más del Grupo de Representantes de la Asamblea, dos mujeres, ambas productoras: Rosa María Rodríguez y Katherine T. Gavilán.

Gustavo, la última vez que hablamos me comentaste que estaban trabajando o creando una serie de estatutos. Tengo entendido que Esteban Insausti y tú moldearon un primer borrador al que luego se sumaron nuevas propuestas del resto de miembros, ¿es así?  

Gracias, Alejandra, por invitarnos a esta conversación, en este caso sobre la Asamblea de Cineastas. Me preguntas por el trabajo que hemos hecho sobre los estatutos o normas de la Asamblea. Nosotros entendemos que una vez ya constituida y estructurada, el momento de establecer un grupo de normas había llegado. Intentamos responder a preguntas como:  ¿para qué existimos?, ¿cuáles son nuestros objetivos?, ¿qué pretendemos?, ¿qué soñamos como Asamblea o gremio?. Por eso fue que Esteban y yo decidimos empezar a trabajar sin ser ni él ni yo, por supuesto, juristas ni estudiamos derecho en este país, pero sí nos motivaba este deseo de pensar para qué existimos y por qué estamos haciendo todo esto.

Ahí, entonces, surgieron toda una serie de aspectos, de artículos, de normas que tratamos de darle una estructura y una forma similar a los estatutos o leyes que existen en nuestro país, y después someter este cuerpo de ideas a consideración de los juristas para que ellos lo trasladen a ese lenguaje jurídico. Se hizo, entonces, esta especie de borrador que promueve una serie de cuestiones que tienen que ver con la Asamblea. Lo sometimos a la consideración del resto del Grupo de Representantes para que también aportaran, enriquecieran o señalaran posibles cambios. Es ahí que se incorporan de manera activa otras voces —Ernesto Daranas, Fernando Pérez, Kiki Álvarez— que introducen nuevos aspectos. Hemos tratado de tener siempre una conexión con ese espíritu democrático y participativo que hizo resurgir a la Asamblea.

Tenemos muchos miembros que están fuera del territorio nacional. Por tanto, hicimos un grupo de WhatsApp que de momento es nuestro espacio principal de participación. Fue sometido al análisis de esa membresía y escuchamos propuestas de unas 80 personas.  Este procedimiento nos permite tener un documento bastante amplio que le otorga un peso conceptual a la Asamblea, define objetivos y modos de trabajar. Es un texto esencial que nace de un consenso, de una discusión colectiva. 

Entre las normas que menciona Gustavo, creo que uno de los objetivos es retomar aquellas conversaciones sobre la ley de cine, insistir en la necesidad de su existencia. Esto a su vez, incluía la creación de una Academia, de un fondo de fomento y de una comisión fílmica. Si te parece bien, hablamos un poco de esto.

Efectivamente, insistir desde nuestra posición de Asamblea en la importancia de una Ley de Cine, insistir en este dispositivo legal es fundamental. Nosotros tenemos un concepto desde el grupo de representantes que es tratar de rescatar eso: el cine como un sistema. Es decir, en Cuba hay una fractura profunda de esa articulación que debe haber entre la producción cinematográfica (hacer las películas), su distribución y exhibición. El imprescindible contacto con el público, los espectadores en las salas o en todas las plataformas digitales, de visualización o descarga que existen en el mundo contemporáneo.

Nosotros sentimos que el cine cubano tiene que empezar a andar ese camino. Estamos realmente muy atrasados en ese punto, por no decirte que estamos en pañales. En Cuba se ha fracturado un sistema que funcionó de alguna manera, un sistema industrial del cine. Eso está hoy fracturado. En este momento apenas existen en el país salas de cine. Hay atrasos tecnológicos, para la óptima visualización y escucha de los filmes. Eso conspira con el sentido del espectáculo. En Cuba apenas hay una o dos multisalas, un modelo que lleva décadas implementándose en el mundo. Entonces, ahí tenemos un problema, porque no hacemos nada con fomentar, generar acciones, leyes, dispositivos para que se filmen las películas si luego no se exhiben.  Como Asamblea estamos insistiendo en eso, en ese concepto de lo que debe ser el cine como sistema: rescatarlo. En Cuba ese sistema se perdió en los años 90.

El Ministerio de Cultura no pudo jamás resolver el problema de la crisis económica en su relación con el cine. En otras manifestaciones artísticas se buscaron soluciones, en la música, las artes plásticas, las artes escénicas, el entorno editorial, pero el cine —que tiene un concepto industrial detrás— requiere recursos, requiere de dinero, tales retos no fueron solucionados. Hacer una película es una obra colectiva, no es una persona o dos, si no son muchas las que intervienen. Y realmente el país y el Ministerio de Cultura, que es el que controla, el organismo que controla el ICAIC, el Instituto de Cine, no supo resolver nunca esos retos que le impuso la realidad. La realidad impuso la crisis económica, la llegada de la digitalización, de la informatización de la sociedad, de los nuevos actores, de las nuevas formas de consumo en el mundo. El Ministerio de Cultura nunca logró traspasar aquel aspecto analógico de otra época y se quedó ahí, entrampado en la crisis; se quedó entrampado en su propia burocracia. Yo pienso, bueno, en general, nosotros en el grupo de representantes pensamos que hay funcionarios del Ministerio de Cultura que están ahí desde hace años y que han lastrado, han frenado con sus decisiones, el desarrollo del ICAIC y su potenciación.

En algún momento, comenzando este siglo, surgió la Muestra de jóvenes realizadores, que llegaron a 18 ediciones y por un conflicto entre el Ministerio de Cultura y los organizadores de la Muestra, que eran mayormente jóvenes cineastas, ese proyecto desapareció.  Empezaron a surgir manifestaciones de control, de censura alrededor de la Muestra Joven que afectaron la creación, afectaron el evento y también a muchos realizadores jóvenes. Es decir, uno puede ver actualmente cómo hay una generación grande de artistas, de creadores, de técnicos jóvenes que han salido de nuestras escuelas de cine, pero ya no están en Cuba. Uno mira la Muestra, por ejemplo, en el año 2005, 2006 y tú sientes que hubo un pulso allí, que hay una generación que está haciendo cine nuevo y tú miras hoy, 15 años después, y ya prácticamente ninguno está en Cuba. Todos están haciendo cine o lo que sea que estén haciendo, pero fuera de Cuba. Entonces hay una pérdida, hay una fractura y nosotros estamos tratando de hablar de eso.

Estamos tratando de promover una discusión, de promover una conversación sobre el cine cubano, pero una conversación que tiene que ir hacia algún lugar. No es el bla bla bla habitual cada vez que hay un congreso, cada vez que hay un evento y después se acaba ese evento y no pasa nada o pasa muy poco. Estamos tratando como gremio, como asociación, como cineastas que están sufriendo esa situación, desde hace años, de revertir eso. Estamos lidiando contra un modelo, contra una manera de entender el cine y la cultura cubana. Estamos lidiando contra un grupo de funcionarios que piensan el cine de una manera antigua, vieja. Toman decisiones que no tienen nada que ver con el mundo contemporáneo, ni con la dinámica contemporánea, ni con la realidad siquiera del país.

Nosotros no estamos diciendo que hay que acabar con una institución, no estamos diciendo que hay que disolver el Ministerio de Cultura; lo que hay que disolver es una práctica, es un modelo, es una manera de articular decisiones gubernamentales, decisiones ministeriales con los artistas y con las propias obras que esos artistas producen. Es ahí donde nosotros tenemos que accionar y es ahí donde estamos emitiendo toda una serie de propuestas, de declaraciones y de soluciones hacia esos problemas, hacia ese campo que está en este momento prácticamente vacío, que está en ruina, que está fracturado y hay que recomponer.

Mientras te escucho, Gustavo, insistes con firmeza una y otra vez en la necesidad de dialogar, en la necesidad de llegar a acuerdos con el Ministerio de Cultura, con el gobierno y no hacer de ese diálogo el bla bla bla habitual, como tú dices. Sin embargo, la Asamblea no es reconocida como portavoz del sector. Cuando digo del sector y los problemas del sector, no me refiero únicamente a los problemas que atañen a figuras más ponderadas, como puede ser la del director o la del productor, sino a todo ese entramado del sistema cine, de la industria, como has mencionado.

Es decir, hablamos de guionistas, fotógrafos, editores, hablamos incluso de personas poco mencionadas, como pueden ser los técnicos: un eléctrico, por ejemplo. Hablamos de un meritorio, un joven que aspira a formar parte. Hablamos de profesores, de formadores de cineastas, de críticos, hablamos de todo eso. Todo eso es, a día de hoy, la Asamblea y, sin embargo, no es reconocida por el gobierno como su interlocutora. Digo que no es reconocida porque más allá de que un día puntual le cedan un espacio para que tenga una reunión, no ha de ser reconocida mientras no sean reconocidas sus demandas, ¿no?

En relación a esto, preguntarte ¿qué problemas internos genera el hecho de que algunos miembros de esta Asamblea sí mantengan una línea de diálogo con el Ministerio de Cultura? Y te lo pregunto porque a lo largo de esta conversación has insistido mucho en que la Asamblea es una iniciativa democrática, plural, donde todo se somete a consideración.

Creo que son precisamente esos mecanismos de transparencia, esos mecanismos horizontales, los modos de expresar lo que se quiere, lo que se sueña como Asamblea, pero también nos remite, inevitablemente, a un quiénes somos. Entonces, desde ese punto más identitario quería preguntarte ¿qué tipo de conflictos internos puede estar generando esta situación?

Bueno, me preguntas sobre esta forma en que el Estado ha intentado dialogar con nosotros. Mira, te respondo lo siguiente: nosotros surgimos en junio a partir de esta irritación por un hecho de censura, un hecho de censura que no fue puntual, no es casual, no es único. Nosotros hemos insistido en que se trata de un procedimiento que tiene décadas, 60 años o más, un procedimiento que se ha articulado sobre distintas expresiones artísticas a lo largo de este tiempo posterior a la revolución y la creación de una serie de instituciones culturales, entre ellas el propio ICAIC.

Entonces, a veces nos dicen, «pero bueno, es un hecho casual, en fin, no debió ocurrir, fue un error». No. Es un error pensar así, porque hay una memoria que tenemos todos y que tienen los artistas, los intelectuales de este país, y hay una memoria que se escribe y se ha escrito en los cuerpos de las víctimas de todos esos actos de censura y de exclusión a lo largo de muchas décadas. Y las personas recuerdan porque lo llevan en su piel y lo tienen en su cabeza, si no han muerto ya, y si fallecieron, está su familia, y están sus amistades, y están sus obras, y está lo que se ha escrito sobre eso. A eso se le llama memoria, se le llama recuerdo, se le llama Historia también. Por tanto, es muy peligroso decir: esto es casual, puntual.

Efectivamente, todo el mundo comete errores, nadie es perfecto, los funcionarios cometen errores, los ciudadanos cometen errores, tú y yo cometemos errores, pero cuando eso es un error continuado, sistemático, se convierte en un patrón, se convierte en una norma, y eso se convierte en un modelo, se convierte en una acción continuada donde empiezas a sentir que hay una impunidad por parte de quien comete la acción. Y si además esa persona se siente protegida por un poder y lo vuelve a hacer varias veces, se llama impunidad. De nada o muy poco vale la disculpa al cabo de los años, o cuando ya el artista no está. Le otorgan [al afectado] medallas por la cultura nacional, y le pasan el brazo por arriba cuando ya está a punto de morir… como para pedirle perdón. Pero no haces nada con pedirle perdón a aquella persona que en algún momento fue censurada, fue maltratada, fue violentada. No sirve de nada si lo vuelves a hacer al día siguiente con el joven que está haciendo literatura, música y cine hoy.  Esa persona, esos funcionarios, están repitiendo el patrón. Entonces, nosotros estamos, por supuesto, contra eso.

Aquí sucede que, dentro de la Asamblea nuestra, hay varios colegas, cineastas, personas de prestigio, con una historia de vida, que han participado en reuniones del gobierno, a partir de la creación de la Asamblea. Ya la asamblea estaba gestada, estaba creada, ya habíamos hecho declaraciones, reuniones, ya habíamos creado comisiones de trabajo, cuando el gobierno decide crear lo que ellos llamaron los Grupos Temporales de Trabajo a través de su primera viceministra, Inés María Chapman. Ella crea estos grupos temporales de trabajo y llama a los funcionarios del Ministerio de Cultura, del ICAIC, de las instituciones que tienen que ver con el mundo del cine para discutir, se supone, los problemas del cine.

Lo curioso es que los problemas del cine estaban ahí antes de que surgiera la Asamblea. Solo que cuando surge la Asamblea, esos problemas salen a la luz de una manera bastante mediática, digamos, y el gobierno entonces crea los grupos temporales de trabajo, como una urgencia para resolver un problema, o sea, causa, efecto. Crea los Grupos temporales de trabajo, pero no llama a la Asamblea, que es el gremio que agrupa a los cineastas, a los principales, digamos, víctimas y conocedores también de los problemas del cine. Desde el Ministerio de Cultura llaman a dedo, con citas individuales, tú, tú, y tú, a miembros de la Asamblea puesto que son cineastas, pero no invitaron al grupo de representantes de la Asamblea. Esas personas asistieron, no a nombre de la Asamblea, asistieron a título personal.

En un primer instante, en aquellas primeras reuniones que se dieron con estas personas seleccionadas puntualmente; nosotros, como grupo de representantes y también de manera general en la Asamblea, se les dijo «no estamos de acuerdo.  No compartimos esa forma. Nos puede dañar. Nos puede dividir. Ustedes con asistencia están refrendando una política cultural equivocada puesto que los que están sentados a su lado son los propios violadores de una serie de cuestiones relacionadas con el cine y la cultura, pero ustedes están sentándose con ellos a dialogar y no importa todo lo que ustedes le puedan decir allí directamente, porque están formando parte de una especie de performance, de show alrededor de esto».

Luego, entonces, vemos en la televisión y en los medios que se hacen esta especie de corte de informativo donde se dice:  el Grupo Temporal de Trabajo se reunió con cineastas para discutir los temas del cine y estamos avanzando. ¡Todo un mundo feliz! Cuando en esas reuniones sabemos que no fue muy feliz y que hubo confrontación justamente entre esos cineastas que estuvieron invitados y la propia dirección del Ministerio de Cultura.

El gobierno tiene suficiente experiencia en esto. Sentimos que el gobierno forma parte también. Es culpable en la medida en que sigue reproduciendo este fenómeno, sigue reproduciendo el accionar del Ministerio de Cultura y de los funcionarios del Ministerio de Cultura. El gobierno sigue refrendando, legitimando eso. Por tanto, no es una casualidad, no es un punto cero el hecho de que Inés María Chapman como gobierno se acerque a ver qué sucede con el cine. Ha pasado ya un tiempo y hay una serie de gestos y acciones y propuestas de la Asamblea. Hay también documentos entregados al gobierno por parte de la Asamblea y sin embargo el gobierno decide seguir implementando una ruta de trabajo que va contra la Asamblea, que niega la Asamblea, que silencia a la Asamblea, que la ignora. El gobierno articula un tipo de trabajo que es citar a cineastas de manera independiente para que ellos participen y den esa especie de apariencia de que se está trabajando con los cineastas.

En cuanto a los fondos, perdóname porque me habías hecho la pregunta, nosotros aspiramos, o impulsamos, o discutimos la necesidad de que se acepten fondos de distinta naturaleza para el cine cubano, es decir, no estar dependiendo solamente del fondo institucional, del dinero que aporte el Ministerio de Cultura o el Estado cubano a través del Ministerio de Cultura. Hay que aplicar y entrar en los fondos internacionales. Efectivamente, Cuba en estos momentos no puede solicitar ayudas de muchas organizaciones cinematográficas internacionales que existen, grupos, fundaciones por diversas razones, entre otras, porque para tú pertenecer a esas ayudas o a esas estrategias que existen internacionalmente de fondos, tú [como Estado miembro] tienes que aportar fondos, tú tienes que entregar dinero también como parte, como nación, como país, ¿me entiendes?, aportar a una caja común. Y si Cuba no aporta, pues no puede recibir dinero. Sería un descaro, ¿me entiendes? Tú tienes que aportar, tienes que colaborar para que los demás colaboren contigo en algún momento, porque esos fondos salen de algún lugar, salen del aporte de la cinematografía del mundo. Entonces, de eso se trata.

El ICAIC, que es el que llevaba todo eso durante décadas, se ha ido alejando de todos esos circuitos, porque su propia producción es exigua, porque se ha fragmentado, atomizado, porque ya dentro del ICAIC prácticamente no hay nadie, porque la producción de cine cubano que se hace en Cuba, digamos, mayormente corre a cuenta de los independientes. Entonces, hay que repensar el cine, y en esa estrategia estamos nosotros llamando la atención.

No tiene sentido volver a hablar de un ICAIC o una institución centralizada. Eso ya pasó, eso fue una época. Las épocas y las cosas tienen que superarse, cambiarse, transformarse. No puedes pretender mantener lo mismo durante 50, 60 años cuando hay una dinámica en el mundo actual que es totalmente diferente. Y eso se le ha dicho al Ministerio de Cultura cuando se ha encontrado con nosotros eventualmente, sobre todo en aquella reunión del Cine Chaplin, que es el único encuentro que la Asamblea ha tenido con el gobierno. La propia Inés María, cuando intervino, hablaba del ICAIC y el ICAIC y el ICAIC, y hubo varios de los presentes que le dijeron «perdóneme, pero el ICAIC no es el ICAIC, el ICAIC ya no produce las películas cubanas, prácticamente. Esto no es como el Ministerio. Usted no puede ver al cine cubano como si fuese un ministerio, como el Ministerio de Justicia o el Ministerio de Salud Pública o el Ministerio de la Industria Azucarera que está centralizado, que está controlado por el aparato de gobierno».

El cine, hacer cine, como hacer muchas otras expresiones artísticas, corre a cuenta de los autores, de los creadores, de agrupaciones, de ayudas que pueden venir por un crowdfunding, por ejemplo. Entonces, hay otros mecanismos, otras dinámicas que nuestros bancos, nuestro Ministerio de Economía, nuestro gobierno tiene que aceptar y tiene que propiciar. Tienen que ayudar, tienen que encauzar lo que sus integrantes, sus artistas les están pidiendo, lo que están necesitando. Entonces, no puede ser a la inversa, no puede ser un mandato, ¿entiendes? No puede ser que yo te ordeno o yo decido esto. Hay que cambiar esa regla y nosotros estamos discutiendo ese cambio. Nosotros estamos hablando de un cambio completo de un modelo, de un modelo de concepción de lo que es el arte, de lo que es el cine, de lo que es entender qué es la cultura en el mundo de ahora.

Estamos en el 2023, Alejandra. El Ministerio de Cultura, el gobierno cubano y los directivos del ICAIC no quieren comprender eso. Tienen entonces un grave problema y tienen un problema con las nuevas generaciones y tienen, por supuesto, una fractura delante, un quiebre que no se va a solucionar. Da igual a quién pongas en el ICAIC, al frente del ICAIC; no se va a solucionar.