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Padre Félix Varela: el precursor

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Felix Varela
Ilustración: Félix M. Azcuy

Casualidades históricas: el presbítero Félix Varela y Morales murió el 25 de febrero de 1853. El 24 de febrero de 1895 comenzó la Guerra de Independencia, en la que fue herido de muerte en combate su organizador, José Martí, quien había cumplido en enero 42 años, los transcurridos desde el deceso del Padre Fundador y el inicio de una nueva etapa de enfrentamiento bélico contra el colonialismo español.

En quienes alentaron y participaron en esta, como en los Hombres del 68, se hallaban presentes, en lo esencial y trascendente, las ideas varelianas, transmitidas de una a otra generación de pensadores y hombres de acción.

La denominación con la que más se le conoce se basa en las características de quienes son considerados como precursores, entre las que se encuentra la capacidad para anticipar, con sus ideas y propuestas de actuación, las perspectivas de evolución de la sociedad, así como prever sus consecuencias. Varela fue el primero entre los iniciadores del pensamiento cubano en convencerse de la imposibilidad de que España accediera a demanda alguna de los criollos, por lo que formuló una concepción emancipadora cuyo principio esencial era la necesidad de la emancipación del pensamiento, paso inicial para formar los ciudadanos que hicieran posible la liberación de la patria.

Fue el primero, además, en concebir la unidad de independencia y abolición, de modo que pudiera lograrse el vínculo pacífico de los elementos diversos que poblaban la Isla, cuyas clases populares poseían aptitudes para ocupar un lugar fundamental en la consecución de los intereses propios, en conjunción con los de la sociedad.[1]

Sin embargo, constituiría un error pretender que el radicalismo del ideario vareliano tiene un signo de igualdad con el de quienes vivieron en condiciones diferentes, en las décadas de los sesenta a noventa del siglo XIX. Las circunstancias históricas fueron diferentes, como es obvio, lo que incidió en la estrategia y la táctica empleadas. Al analizar el pensar y el actuar de Varela debe tenerse siempre presente que fue un sacerdote católico que en ninguna ocasión hizo dejación de su fe ni de sus principios cristianos, lo que constituye un aspecto fundamental en el análisis de la realidad contemporánea, cuando algunos pretenden llevar a cabo proselitismo político en nombre de la religión. Encabezó el pensamiento independentista, y como sacerdote aspiró a que los creyentes cumplieran fielmente sus preceptos.

Al analizar el pensar y el actuar de Varela debe tenerse siempre presente que fue un sacerdote católico que en ninguna ocasión hizo dejación de su fe.

Varela sustentaba sus concepciones políticas en la ética cristiana, aunque no fueran compartidas por la alta jerarquía católica, que brindaba su apoyo al gobierno colonial. Concebía «que el Cristianismo y la libertad son inseparables; y que esta, cuando se halla perseguida, sólo encuentra refugio en los templos del Dios de los cristianos». Líneas más adelante afirmaba «que el Cristianismo es irreconciliable con la tiranía y que toda sociedad verdaderamente cristiana es verdaderamente libre».[2]

Sostuvo el criterio sobre la no injerencia de la religión en los asuntos de la política: «en el momento en que se haga religiosa una cuestión puramente política, todo se pierde, y para todos», y consideró una iniquidad hacer «uso de la religión como instrumento de la política». Afirmó: «La fuerza es el apoyo de la tiranía, y la religión no puede servirla de pretexto, sino experimentando ella misma el mayor de los ultrajes» (FV: Obras, t. II, p. 180, 80 y 181).[3] Consecuentemente aplicado, estas ideas constituían una condena al apoyo que brindaba la alta jerarquía católica al régimen colonial español en la Isla, con olvido y negación de sus funciones cristianas y humanistas.

Dichos principios guiaron su trayectoria en todos los ámbitos que ocuparon su atención, durante su etapa de estudiante en el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, posteriormente al asumir las clases de Filosofía y al frente de la Cátedra de Constitución, en el Seminario. En estas labores se destacó por su capacidad innovadora en las múltiples manifestaciones de su actividad docente y política. Opuso al despotismo sus concepciones liberales, constitucionalistas, en medio de la pugna entre las corrientes renovadoras y el pensamiento escolástico justificador del inmovilismo, de la perpetuación de lo existente, así como uno de los medios para sostener el sistema colonial esclavista y defender los intereses de una intelectualidad que pretendía ser la única capacitada para interpretar no solo los asuntos filosóficos y religiosos, sino también políticos, sociales e incluso científicos.[4]

Cuestionó el principio de autoridad, por fundarse en el poder y no en la razón, por impedir el desarrollo del pensamiento libre, crítico y, por tanto, constituir un freno a la actividad humana. La búsqueda de la verdad no debía realizarse desde los sistemas filosóficos y políticos imperantes. Su rechazo a someterse a señorío intelectual alguno sentaba las bases para la formación de quienes debían enfrentarse al señorío político. Frente a la tendencia conservadora dominante en la vida cultural, Varela argumentó la necesidad de la actitud racional: «Es nula, respecto a cuestiones sobre la naturaleza, toda autoridad que no se apoye en la razón, y por lo mismo no es la condición del autor sino la verdad de la doctrina la que debe provocar nuestro entendimiento» (FV: Obras, t. I, p. 59-60).    

Cuestionó el principio de autoridad, por fundarse en el poder y no en la razón, por impedir el desarrollo del pensamiento libre y crítico.

Para Varela constituía un objetivo fundamental desarrollar la capacidad de pensar de acuerdo con la realidad propia, nacional, en correspondencia con las estructuras económicas y socio-clasistas en que vivía; elegir libremente los conceptos que permitieran un modo propio de conocer el mundo circundante, lo que propiciaría el desarrollo de un pensamiento nuevo, que orientara las actitudes contrarias a la opresión colonial y la esclavitud.[5] Asumió posiciones reflexivas que, sin rechazar los avances alcanzados por la cultura universal, encauzaban la meditación desde y hacia lo autóctono, no solo para interpretar la realidad, sino para transformarla mediante la acción de seres humanos emancipados mentalmente, libres de hábitos, costumbres, prejuicios, temores y concepciones impuestas por el colonialismo.[6]

Carecía de ataduras que lo obligaran a legitimarlo. Por el contrario, su propósito era subvertir la realidad existente en beneficio de las mayorías. Pensar y actuar guardaban una interrelación dialéctica que se manifestó a lo largo de toda la vida del Presbítero en su conducta individual y social. Varela, en respuesta a un interlocutor anti-independentista, dijo: «si Ud. llama revolucionarios a todo el que trabaja por alterar un orden de cosas contrario al bien de un pueblo, yo me glorio de contarme entre esos revolucionarios» (FV: Obras, t. II, p. 207).

El pueblo piensa. Respeto a las ideas de otros

Los hombres y mujeres que constituían el centro de las reflexiones y de la acción políticas de Varela, y a quienes deseaba forjar como entes pensantes y actuantes, no eran los grandes propietarios y comerciantes, ni los intelectuales a su servicio, sino las clases medias y los desposeídos, que conformaban los elementos fundamentales de la nacionalidad cubana, incipiente aún en los inicios del siglo XIX —en proceso de formación a mediados de este, y de consolidación en la etapa de la primera guerra independentista—. No fue representante ni vocero de los intereses de las clases altas de la sociedad, sino de los menos favorecidos. Fue ideólogo de la nación cubana, no de un sector de esta.[7]

Patria fue un concepto clave del pensamiento del Padre Fundador, pues era la expresión unificadora que encabezaba la acción política, que movilizaba el sentimiento popular por su contenido emocional, resultado de anhelos y empeños comunes, con raíces en el pasado y en la proyección hacia un futuro de felicidad compartida. De esta idea se deriva el patriotismo, que definía de este modo: «Al amor que tiene todo hombre al país en que ha nacido, y el interés que toma en su prosperidad le llamamos patriotismo» (FV: Obras, t. I, p. 434). Al sentimiento que se genera hacia el lugar de nacimiento se unen las impresiones de los seres y de la naturaleza que nos rodean, con los que se establecen vínculos sagrados.

El patriotismo es el principio fundamental de su ideario ético. Es «una virtud cívica», expresó el Presbítero, por lo que condena la traición a la patria y lo que hoy denominamos patrioterismo y oportunismo. «No es patriota el que no sabe hacer sacrificios en favor de su patria», ni aquellos que «hacen del patriotismo un nuevo título de especulación» (FV: Obras, t. I, p. 435, 436 y 435). En toda su obra encontramos la preocupación por enunciar una ética que guiara el comportamiento de los cubanos, en medio de las características peculiares de la etapa histórica en que vivió. [8]

Criticaba a los que solo alababan a las multitudes para ganar su apoyo con fines personalistas, con desprecio hacia la opinión de la que consideraban «la plebe». Por el contrario, con todo respeto el Padre Fundador afirmó: «El pueblo tiene cierto tacto que pocas veces se equivoca, y conviene empezar siempre por creer, o a lo menos por sospechar que tiene razón». Se situaba en el polo opuesto de los que se figuraban «que nada está bien dirigido cuando no está conforme a su opinión» (FV: Obras, t. I, p. 436).

«El pueblo tiene cierto tacto que pocas veces se equivoca»

Advirtió que puede cometerse un gran error, y sufrir «un triste desengaño», cuando no se tienen en cuenta los criterios de las mayorías, y se considera como «opinión general la que solo es del círculo de personas» que rodean a hombres que proceden de modo equivocado porque: «Se finge a veces lo que piensa el pueblo arreglándolo a lo que debe pensar», lo que conduce al error de poner «en práctica opiniones que se creían generalizadas» (FV: Obras, t. I, p. 437). Dispuesto a conducir a la mayoría del pueblo cubano al enfrentamiento del poder colonial, Varela no podía formarse apreciaciones distorsionadas de la forma como las masas vivían y pensaban. Pensar de otro modo es en ocasiones el fruto de una excesiva idealización, aunque generalmente refleja una prepotencia superlativa.

La mente y el corazón de aquel hombre previsor se hallaba abierta a la verdad, sin fantasías perniciosas y sin rechazo a opiniones diferentes de las suyas: «La injusticia con que un celo patriótico indiscreto califica de perversas las intenciones de todos los que piensan de distinto modo, es causa de que muchos se conviertan en verdaderos enemigos de la patria». Valoraba con indulgencia los criterios adversos, cuando no se oponían tendenciosamente a lo esencial de la causa defendida, pues, se pregunta: «¿Por qué hemos de suponer depravación y no error en los que piensan de un modo contrario al nuestro?» (FV: Obras, t. I, p. 438).

Figurarse enemigos donde solo existen personas con criterios diferentes es procedimiento seguro para generarlos mediante la represión. Advirtió, con la profundidad de la experiencia política en ámbitos diversos que, cuando quienes deben poner todos sus esfuerzos en un proyecto social no lo hacen, sino que se benefician de sus posiciones en interés personal, con sus malos manejos contribuyen a restarle apoyo de los que deben compartirlo, pues, expresa, «el pueblo que ve con frecuencia que le son infieles aun aquellos hombres en quienes más confiaba, duda de todos, y faltando la confianza no hay fuerza moral». En estas prácticas inmorales aprecia un peligro mayor, pues el abandono de los principios que deben orientar la acción hacia el bien común por parte de sus guías determina que «el pueblo se desaliente considerándose sin dirección, y crea que no le queda otro remedio sino mudar de sistema de gobierno, para ver si entre los partidarios del opuesto hay hombres que valgan algo más, o que por lo menos no sean perversos». (FV: Obras, t. I, p. 439).

Figurarse enemigos donde solo existen personas con criterios diferentes es procedimiento seguro para generarlos mediante la represión.

Decisiva era, por tanto, la ética revolucionaria, la capacidad del ser humano para lograr su mejoramiento y contribuir con el suyo individual al de la sociedad de hombres libres y honestos a que aspiraba, donde la expresión del pensamiento era derecho y deber. «Infame es el hombre que no puede hablar lo que piensa, calla si tiene honor», afirmó el Presbítero, y agregó: «yo no sé callar cuando mi patria está en peligro» (FV: Obras, t. II, p. 150). La libertad política, que garantiza el despliegue de todos los derechos ciudadanos, es la premisa indispensable para lograr la emancipación humana y, por tanto, la verdadera independencia del país y el equilibrio de sus integrantes.

Varela consideraba la unidad como un principio fundamental de esta labor, particularmente en un país de composición tan heterogénea como Cuba. Los personeros de España alentaban cuanto disgregara a los diferentes sectores, pues, observa: «Mientras los ánimos estén divididos el gobierno está seguro». Para los independentistas, la política acertada era «conciliar los intereses de todos», ya fuesen ciudadanos de este u otro hemisferio, ya tuvieran una pigmentación u otra en su piel, como lo expuso en una muestra más de lo avanzado de su pensamiento político-social, cuando los prejuicios nacionales y raciales poseían una fuerza tremenda: «Yo desearía que mis compatriotas, (y doy este nombre no solo a los naturales de mi país, sino a los que lo han elegido por patria) tuviesen siempre por norma que en la isla solo deben existir dos clases: los amigos de su prosperidad con preferencia a todos los países de la tierra, y los egoístas que solo tratan de hacer su negocio aunque se arruine la isla» (FV: Obras, t. II, p. 162, 165 y 165-166).

Despliega su labor revolucionaria junto a los patriotas verdaderos, y condena por sus bajezas a quienes pretenden hacer del país un coto de mercaderes.


[1] Consultar Jorge Ibarra Cuesta: Varela el precursor. Un estudio de época, La Habana, 2004, pp. 9, 98, 253 y 283; y Oscar Loyola Vega: “Una época, una isla, un patriota, un sacerdote”, en Eduardo Torres-Cuevas (Coordinador): Dos siglos de pensamiento de liberación cubano, La Habana, 2003, p. 17-21

[2] Félix Varela y Morales: Obras, Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta y Mercedes García Rodríguez [compiladores:], La Habana, 2001, tomo III, p. 35 y 36. En lo adelante, inmerso en el texto, se citará por esta edición, con las palabras FV: Obras, seguidas de tomo y páginas.

[3] Consultar: Rafael Cepeda: “Lo teológico en la ética política y social del padre Varela”, en Félix Varela. Ética y anticipación del pensamiento de la emancipación cubana, La Habana, 1999, p. 198.

[4]  Consultar Medardo Vitier: Las ideas en Cuba. La Filosofía en Cuba, La Habana, 2002, p. 53-70.

[5]  Consultar Eduardo Torres-Cuevas: “Introducción”, en FV: Obras, tomo I, p. IX y XX.

[6]  Consultar Leopoldo Zea: “Félix Varela y la emancipación mental de Nuestra América”, en Félix Varela. Ética y anticipación…, ob. cit., p. 231-232.

[7] Consultar J. Ibarra: Varela el precursor, ob. cit., p. 9-11, 215 y 255-256.

[8] Consultar Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal: Señal en la noche. Aproximación biográfica al padre Félix Varela, Santiago de Cuba, 2003, p. 69-70 y 103.

Estabilizar sin soberanía alimentaria, y más

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Estabilizar, ¿pero cómo?

Fue noticia esta semana que el Consejo de Estado se reunió para analizar la estrategia gubernamental de estabilización de la economía.

Lo más relevante de la reunión fue la aclaración que ninguna de las medidas anunciadas se implementará hasta que no existan las condiciones apropiadas, con foco en «las personas en situación de vulnerabilidad».

El presidente Díaz-Canel insistió en la importancia del sector no estatal, cuyo papel debe ser potenciado en el programa de desarrollo concebido por las autoridades.

Por estos días, en el marco del programa gubernamental para sortear la crisis económica, el gobierno ha estado enfatizando un discurso sobre la eficiencia. Díaz-Canel ha visitado empresas estatales en varias provincias y ha hecho señalamientos sobre la producción, la urgencia de ser rentables y la sostenibilidad.

Esta misma semana, el gobierno admitió en una reunión de trabajo del sector de la agricultura, que la Ley de Soberanía Alimentaria, aprobada en 2022, no ha tenido resultados a la altura de las expectativas.

Esto significa que el gobierno cubano se está pensando detenidamente la implementación de su plan de estabilización macroeconómica, por el costo político que tendría un fracaso como el del llamado «ordenamiento».

Opinamos que el gobierno se encuentra en una difícil encrucijada. Algunas de las medidas, como han alertado expertos, podrían empeorar el contexto de crisis. Los administradores del país, obviamente, no han estado ajenos a esos criterios.

El programa de estabilización anunciado a fines de 2023 se implementa lentamente y con vaivenes, a pesar de la urgencia de los problemas que enfrenta la sociedad cubana.

Dar en el blanco, en medio de una crisis estructural con numerosas connotaciones políticas, es casi una tarea imposible. Todo indica que el plan gubernamental será modificado sobre la marcha y no traerá soluciones definitivas.

En el caso de la soberanía alimentaria todo parece más sencillo, pues se trata de un problema puntual. La reforma que demanda el campo cubano, en beneficio de todos sus actores económicos, es un retraso imperdonable.

La corrupción «ejemplarizante»

Fue noticia también que varios funcionarios y clientes de la Empresa Eléctrica de La Habana resultaron sancionados por fraude en un juicio «público y ejemplarizante».

En total fueron sancionados siete funcionarios y 14 clientes del municipio Plaza de la Revolución, por rebajar el consumo eléctrico a cambio de dinero y bienes.

«La recuperación de la afectación económica ya se realizó, y en algunos casos sobrepasó los 100 000 pesos por cliente», dijo a la Televisión Cubana Mario Castillo Salas, el director general de la empresa.

Las sanciones estuvieron entre los seis y ocho años de privación de libertad.

En una reunión de balance de la Fiscalía General de la República, ocurrida esta misma semana, el presidente Díaz-Canel se refirió a la abundancia de casos de corrupción en el país.

«La corrupción puede ser tan devastadora, que puede llevar a un país a la pobreza; a la pobreza moral y a la pobreza material», observó. «La corrupción puede destruir un país».

Esto significa que el gobierno tiene la voluntad de frenar la corrupción generalizada y está apelando a todos los recursos, tanto jurídicos como discursivos, para contenerla.

Nuestra opinión es que este no es un problema fácilmente soluble para una sociedad que ha normalizado el desvío de recursos, el soborno y el clientelismo durante décadas.

El fenómeno, que parece endémico, no desaparecerá con sanciones. La estrategia debe ser integral e incluir una fiscalización cuidadosa. Por otra parte, resulta contraproducente en términos de credibilidad jurídica, el concepto de «juicios ejemplarizantes» al que no quieren renunciar las autoridades.

Las sanciones no pasarán de ser un mero parche sobre un problema que atraviesa a toda la sociedad y que no desaparecerá mientras el modelo mental esté determinado por la precariedad y el descontrol.

Un accidente

Esta semana fue noticia además que tres estibadores del puerto de Santiago de Cuba murieron asfixiados mientras descargaban arroz y respiraron un gas tóxico.

Los medios oficiales informaron que distintos expertos están investigando las causas del accidente.

Esto significa que los accidentes laborales cada vez son menos raros en Cuba y las autoridades se están viendo obligadas a informarlos y argumentar cómo se produjeron, bajo presión de la opinión pública.

Opinamos que se requiere, para mantener la credibilidad política y mediática, que estos accidentes sean explicados adecuadamente en cuanto los expertos puedan esclarecer lo sucedido y queden establecidas las responsabilidades.

En este caso murieron 3 personas, pero algunos accidentes más grandes, como el del Hotel Saratoga, ocurrido en 2022, siguen sin explicarse apropiadamente. La transparencia y las correspondientes imputaciones, en los casos en que estos hechos trasciendan a la opinión pública, son indispensables.

La política ambiental

Fue noticia que Cuba, por primera vez, retribuirá con un pago el servicio ambiental de sustracción de carbono vegetal, como parte de la política ambiental del país.

La norma, establecida en una resolución publicada en la Gaceta Oficial de la República, entró en vigor el 21 de febrero.

La prensa oficial destacó que «la remoción de carbono de la atmósfera tributa a contrarrestar los efectos del cambio climático, por tanto, debe abogarse por la práctica generalizada y sostenida».

Esto significa que el gobierno continúa profundizando su política medioambiental, incluso con incentivos económicos.

Nuestra opinión es que se trata de una excelente noticia, en perfecta coherencia con la legislación y la voluntad política de llevar adelante, a pesar de la crisis, una estrategia de sostenibilidad con claros términos ambientales.

A los incentivos para el uso de la energía solar y la importación de vehículos eléctricos, se suma esta medida que merece aplausos. Aunque se trate de facilidades que no significan un gran beneficio económico en general, Cuba deja claro su interés en ajustarse a la aspiración internacional, y por ahora inalcanzable, de un medioambiente más sano y viable para el disfrute humano.

Un nuevo medicamento

Por último fue noticia esta semana que se realiza un estudio sobre el fármaco Jusvinza, concebido para el tratamiento de la artritis reumatoide.

La prueba, que se realizará en Camagüey y las provincias orientales, involucra a 80 pacientes en total y abarca 28 semanas de tratamiento con el nuevo producto.

En septiembre pasado, Jusvinza fue aprobada por la Autoridad Reguladora Cubana (Cecmed). Este medicamento, producido por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), se usó durante la epidemia de covid-19 por su efecto antinflamatorio.

Esto significa que la industria farmacológica cubana sigue operativa, a pesar de la crisis económica.

Opinamos que la voluntad de seguir investigando nuevos medicamentos es una de las más grandes hazañas cubanas y una singularidad de nuestro país, en el contexto del tercer mundo, a la que no deberíamos renunciar nunca.

En un mercado internacional dominado por grandes farmacéuticas, ubicadas casi siempre en países desarrollados, donde a Cuba le resulta complicado producir y difundir sus hallazgos farmacológicos, el país ha logrado situar medicamentos en muchas ocasiones exclusivos.

Se trata, idealmente, de un rubro rentable, aunque las sanciones específicas que afectan al país y las complejidades de un mercado ocupado por grandes productores complican muchísimo el éxito de los productos cubanos a gran escala.

Free things

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Ilustración: Brady

La más reciente entrega de Yorgos Lanthimos parece salida de una pesadilla steampunk. Sé que no suena como un elogio, pero lo es. El primero de muchos.

En términos de arboladura visual, la película crea un universo propio en que cada plano nos provoca fascinación y algo de terror: fascinación por lo que vemos, espanto ante lo que vendrá antes de que consigamos digerir lo que acabamos de ver. Los primeros minutos son particularmente turbadores, con una fotografía expresionista en blanco y negro, imágenes henchidas de monstruos y una música que suena como el rechinar de instrumentos de tortura en una mazmorra de la Inquisición. Y eso en lo tocante a lo que se ve y se oye, pero hay cosas que imaginas, lo que es casi peor: un niño torturado sistemáticamente por un padre que lo sacrificaba a la ciencia; una mujer embarazada, recién muerta, cuyo cerebro es sustituido quirúrgicamente por el del feto que abriga en las entrañas…

Basado libremente en una novela homónima del escocés Alasdair Gray, publicada en 1992, el filme de Lanthimos echa mano, para conseguir su peculiar atmósfera, a un puñado de referencias que van desde la obvia de Frankenstein (1931) de James Whale, hasta el Tim Burton de Dark shadows (2012), y tiene zonas de contacto, intencionales o no, con la serie Carnival row (2019) y la narrativa de H. G. Wells (The island of Doctor Moreau, 1896) y su compatriota China Miéville (Perdido Street station, 2000). Sin embargo, y sin salirnos todavía de la estética visual de la pieza, la cosa va mucho más allá: el contraste de un blanco y negro que no avergonzaría a Robert Wiene con una paleta de color igualmente saturada, casi dolorosa, en que la forma de las nubes, la caleidoscópica fastuosidad de los interiores, la riqueza de las telas, una arquitectura e ingeniería imposibles, seducen el ojo como una odalisca a un eremita.

Sensualidad, es la palabra. Sensualidad en tintes y decorados, pero sobre todo en la frecuencia e intensidad de las escenas eróticas, que van sin pudor (nunca mejor dicho) del innuendo a lo explícito…[i] pero no son gratuitas, porque ilustran el descubrimiento del mundo por parte del personaje principal, Bella Baxter, interpretado (tres escalones por encima de «brillantemente») por Emma Stone.

Vamos allá. Bella, rescatada poco después de una tentativa (exitosa) de suicidio por el cirujano Godwin Baxter —descarnadamente encarnado por Willem Dafoe— y resucitada según el truculento sistema explicado más arriba, es una mujer aprisionada por la rígida moral victoriana, que exigía no solo una sumisión absoluta al esposo sino la represión total de sus instintos e inteligencia (hasta el punto de que la irritabilidad femenina, producto entre otras cosas de su insatisfacción sexual, era diagnosticada como «histeria» y «curada» con un orgasmo inducido por el galeno a cargo). Al volver a la vida con el cerebro de un bebé nonato, ha de reaprender desde cero, sin otra limitación que el encierro que le impone Godwin (God, para ella), restricción que, a su tiempo, también quebranta[ii].

Ahora bien, aunque ambientada en el siglo XIX, Poor things nos habla a nosotros. A mi modo de ver, la grieta entre generaciones, tan obvia hoy con la llamada «generación de cristal», se vence aquí simbólicamente cuando, a la vez, una hija está en el cuerpo de su madre y viceversa; de este modo, cada una debe enfrentar el mundo, a la vez, desde su perspectiva y la otra. En ese proceso de autorreconocimiento, de comprensión de la vida y la muerte, del bien y del mal, de lo relativo del placer y la moral, las dos generaciones fundidas crecen al unísono, descubren y desafían lo que les toca.

Sí, hay feminismo y cierta dosis de corrección política en la película… tanta como de incorrección (I must go punch that baby). Eso sí, a diferencia de lo que sucede en la Barbie de Greta Gerwig, en el mundo de Bella no todos los hombres son imbéciles: ahí están Harry Astley (Jerrod Carmichael), que se escuda tras el cinismo filosófico para ocultar su weltschmerz, y le muestra a Bella el mundo como es; Max McCandless (Ramy Youssef), que siendo un estudiante pobre no está tan permeado por la asfixiante austeridad social, lo que le permite comprender y aceptar a la mujer tan inusual de la que se ha enamorado…

Y eso nos lleva al tema de las actuaciones. Como queda dicho, Emma Stone se eleva hasta el espacio cósmico (o hasta que su cabeza choque con el domo, acotaría un terraplanista) al entregarnos la única Bella posible. Téngase en cuenta que por lo regular una película no se filma en orden, de manera que la actriz y el director debían regular la intensidad de la interpretación, el arco dramático de un personaje que al principio se mueve y habla como un bebé y termina haciéndolo como una mujer adulta, para que la escena filmada hoy pudiera suceder orgánicamente a otra rodada tal vez tres semanas antes. Si eso es difícil en cualquier filme, hay que ver lo que es aquí…

Mark Ruffalo y Willem Defoe están bien, sobre todo el primero, cuyo Duncan se nos presenta con el empaque de un Casanova arrogante y acaba mostrándose como el bellaco sin autoestima que siempre fue. Me agradó, en particular, redescubrir a la gran Hanna Schygulla, la musa de Fassbinder, que también trabajó en Latinoamérica —en El verano de la señora Forbes, (1988) de Jaime Humberto Hermosillo, con guion de García Márquez, y que tuvo una personal relación con Cuba— en el papel de la inefable Martha. Como suele suceder, hay actores en personajes secundarios que brillan: la francesa Suzy Bemba como Toinette, la prostituta socialista; Christopher Abbott como Alfie Blessington, el marido sádico; Kathryn Hunter como Porcina, la madama pragmática…

Hace poco leí el artículo de un conocido crítico español que arremetía contra Poor things, considerándola una obra inflada y pretenciosa, y a Lanthimos un tipo que trata de hacerse el profundo. En todo caso, quien procura aparentar solidez e independencia de pensamiento es ese crítico. Háganme caso: Poor things es una gran película, un espectáculo fabuloso, sensual y terrible, una reflexión acerca de cuán difícil resulta aceptar el mundo como es y de la necesidad de rebelarse contra lo que no nos satisface. Quien necesite más profundidad, ahí tiene la Fosa de las Marianas.


[i] La protagonista se pasa tres cuartos de la película desnuda o por lo menos descalza, y la mitad de ese tiempo tirándose a alguien. (No es que me queje, claro).

[ii] Uf, es difícil esto de analizar spoileando lo menos posible…

Juana Bacallao, la última reina del desenfreno

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Juana Bacallao
Ilustración: Félix M. Azcuy

Hace apenas unas semanas, cuando veía el documental que saca a la luz imágenes inéditas de la grabación de We are the world, el célebre tema pacifista de Michael Jackson y Lionel Ritchie, no pude dejar de pensar en ella. Porque en ese documental de Netflix (The greatest night in pop) aparecen las anécdotas de cómo pudo organizarse un conjunto tan variado de artistas (con algunas exclusiones aún polémicas) hasta que aflora la canción que le dio la vuelta al mundo. Pero ella, cubana e irrepetible, no podía dejar de hacer su propia versión. En un descacharrante video que circulaba en YouTube se le puede ver haciendo su rendition del célebre himno durante una de las emisiones de Contacto, el programa estelar de los sábados en la Cuba de los 80 y 90 que condujo Hilda Rabilero con su mezcla de simpatía y despiste permanentes.

Juana Bacallao había regresado a la televisión, en la cual no fue bienvenida por algún tiempo, y aprovechaba cada una de esas oportunidades para dar rienda suelta a su fórmula secreta: ese desenfreno que escapaba de los censores, arropado en un sentido del humor completamente impredecible, que fue su arma más poderosa a lo largo de una vida en la cual, para decirlo rápido y mal, no la tuvo fácil. Lo extraordinario en su caso es cómo fue sobrepasando fuegos y obstáculos, para convertirse en la figura a la que este 24 de febrero damos una despedida que no será definitiva. Porque ella, como los clásicos, está incorporada al imaginario colectivo del país de un modo que difícilmente podrá ser olvidado.

Ese desenfreno que escapaba de los censores, arropado en un sentido del humor completamente impredecible, fue su arma más poderosa.

«No canta, no baila, no se la pierdan», cuenta la leyenda que dijeron de Lola Flores a su paso por los escenarios norteamericanos. En cierta medida, eso también podría decirse de Juana Bacallao, y también, como ocurrió con la gran española, ella supo convertir esas críticas en elogios y ventajas para su consagración como show woman. Había nacido en Cayo Hueso el 26 de mayo de 1925, y como auténtica Géminis, su vida es la de dos personas: la de Neris Amelia Salazar Martínez, y la del personaje público en que se metamorfoseó. Huérfana desde niña, tuvo que pasar su niñez en un colegio de monjas, y luego se ganó la vida con los oficios más humildes. Cantaba por puro gusto, y a eso se debe que Obdulio Morales, el reconocido compositor la descubriera, mientras ella limpiaba una escalera en Laguna y Perseverancia.

De la mano de Morales había debutado en el Teatro Martí como parte del elenco de la revista El milagro de Ochún, a fines de los 40, cantando esa estampa que la rebautizaba: Yo soy Juana Bacallao. Rosa Fornés, que sería amiga de la futura estrella del cabaret, también la canta en una de las coproducciones de Cuba y México, en el escenario de Tropicana, que años después Neris Amelia también pisaría, ya transformada en ese personaje que el tema musical describe. Y esa escena es de Tin Tan en La Habana, rodada en La Habana de 1953. «Yo soy Juanita Bacallao,/ la niña que en el bembé/ salpica pa´ no mojar». A partir de ahí ya es casi imposible separar a Neris Amelia de su encarnación como diva por derecho propio, ascendiendo en el mundo nocturno de la capital como una figura que siempre se vio a sí misma con humor, y aprovechó al máximo sus potencialidades hasta ser reconocida dentro de esa estirpe, ya tan poco frecuente, de los excéntricos musicales.

Su trayectoria es un mapa de esa Habana, mitificada luego por películas como esa de la Fornés y Tin Tan y luego por Guillermo Cabrera Infante en Tres tristes tigres. Poblada de personajes fabulosos, aupada por el ir y venir de un turismo que veía a La Habana como un aparente paraíso de tentaciones y tolerancia, la música envuelve esa imagen de un modo que perdura como leyenda. El auge de la radio, la televisión, la industria discográfica, redondeó esa noción, y en ese paisaje Juana Bacallao llega a CMQ, a los concursos de talentos, y actúa junto a Benny Moré, Celeste Mendoza y Miguelito Valdés en la revista Bernabé y otras producciones de la época.

De la década del 50 data su aparición en filmes como Mulata y Yambaó, protagonizadas por Ninón Sevilla con la cara pintada, aunque el nombre de Juana Bacallao no aparece en sus principales créditos. No volvería a verse en pantalla grande, como protagonista, hasta que en 1989 se le dedica un documental de unos diez minutos que se titula —podría ser de otro modo— Yo soy Juana Bacallao. En ese material se descubre sin maquillaje, sin peluca, al tiempo que con sus prendas, y sobre todo, sus «estalajes», puede apreciarse su interacción directa con su grupo acompañante y el público del Capri, donde fue reina indiscutible y principal atracción. Para llegar ahí tuvo que bregar sin descanso, y asumir el reto de sustituir a nombres ya consagrados que poco a poco fueron abandonando la Isla.

Juana Bacallao
Juana Bacallao / Foto: Lo Real Maravilloso

Es así que en 1961, por ejemplo, se le puede ver en Serenata mulata, producida por Anido, quien se arriesgó a incluirla en un show donde brillaba Olga Guillot. Fue el paso a una nueva etapa de su carrera, y sus interpretaciones de Sube, espuma y Mejor que me calle (un tema ligado fundamentalmente a Rita Montaner) confirmaron que la apuesta era válida. Juana Bacallao venía de una disputa en el Cabaret Las Vegas, en el cual rivalizaba con Olga Chaviano. Anido, que había sido el descubridor de Freddie, se anotó nuevos triunfos cuando, tras la salida de la Guillot hacia el extranjero definitivamente, mantuvo el espectáculo con nuevas presencias, la más impactante de todas fue sin dudas Gina León. Mujeres mulatas, que se transformaron en nombres imprescindibles, y que acaso no imaginaban cómo ese mundo también tendría su declive.

En 1968, al imponerse la Ofensiva Revolucionaria, ese contexto recibiría un duro golpe. Terminó por afirmarse que las nuevas tareas del país eran incompatibles con la bohemia, y el gozo trasnochador —una idea que ya venía desde la polémica desatada alrededor del documental PM, prohibido por el ICAIC en 1961, y que fue la causa que originó las Palabras a los intelectuales—. Los artistas del cabaret tuvieron que reagruparse en brigadas, que fueron enviadas al campo para entretener a quienes laboraban en los surcos. Marta Strada tuvo que irse a cantar Días como hoy con el resto de la brigada 7, y Juana Bacallao integró la 6, acompañada por Los Papines, Elsa Balmaseda y René Ferrer. Fue el año además en que se creó el Centro de Contratación y Evaluación de Artistas, y Juana Bacallao acudió a su comité de evaluación, presidido por Omara Portuondo, asegurando que en su casa había ocurrido un incendio, y que por ello había perdido todas sus partituras, de las que solo sobrevivía un minúsculo papel chamuscado. Es una de sus muchas anécdotas, sobre las cuales, tanto como sobre las pistas nocturnas, se alza su leyenda.

Los artistas del cabaret tuvieron que reagruparse en brigadas, que fueron enviadas al campo para entretener a quienes laboraban en los surcos.

Un episodio fundamental de su vida había sido ya, por supuesto, La Caperucita se divierte. La revista estrenada en 1962 en el Capri le dio a Juana Bacallao la posibilidad de exhibir su picardía, su sentido irrefrenable del humor, como la protagonista, junto a un Dandy Crawford que interpretaba al Lobo Feroz. El elenco lo completaban el Cuarteto Los Meme y Maggie Prior, con música de Rafael Ortega, coreografía de Tomás Morales y producción de Joaquín Rivera. Fue un éxito sonado, que aún recuerdan sus espectadores, como uno de los mitos de esa Habana que también la había aplaudido en el Ali Bar, el Campoamor, los Aires Libres de Prado, el Sans –Souci, el Parisién y tantos otros sitios. Su vida privada, sus salidas de tono, sus irrefrenables chistes, la convertían —géminis al fin y al cabo— en una mujer admirada y temida, que a pesar de las restricciones y la formalidad que quisieron hacerse sentir, no podían controlarla. Y esa fue también su virtud: mantener una espontaneidad en ese ámbito que se echaba tanto de menos.

Juana Bacallao en La Caperucita se Divierte
Juana Bacallao en La Caperucita se Divierte / Foto: Cubacute

Lo suyo era el cubaneo, dijo alguna vez. Y en ella el choteo era una constante. Venía de la herencia del vernáculo, pero también de forjarse en la Universidad de la Calle. «Logré mi sexto grado», proclamaba con orgullo, pero sin alarde, cuando hablaba del impacto que tuvo en su vida el cambio de 1959. Tenía aplausos y también la mirada recelosa de funcionarios y productores, que temblaban ante lo que ella, micrófono en mano, podía espetar al público cada noche. Alfredo Zaldívar, el editor y poeta, la recuerda en Varadero interpretando una versión surrealista de Sueño con serpientes, la canción de Silvio Rodríguez. Cuando alguien le gritó algún improperio mientras ella entonaba Longina, Juana le respondió con otro no menos sonado sin abandonar la melodía del tema de Manuel Corona. A nuestra bailarina más famosa le prometió, aseguran, «ir a ver el show suyo».

Esa y muchas otras fábulas corren alrededor de ella. Que se paseaba entre los saludos y muestras de afecto de su público, como una esfinge venida de otro tiempo, y que poco a poco logró retornar a los escenarios a los que dio toda su vida. Como una última metamorfosis, disfrutó también ser Juana la Cubana, asegurando que a ella se refería ese hit del grupo salsero Las Chicas del Can. Y no había quien pudiera discutirle tal cosa, por supuesto.

De esos recelos causados por sus arranques y frases más inesperadas provienen su escasa discografía, y su casi nula aparición en filmes posteriores a 1959, más allá de documentales como el ya mencionado. En esos diez minutos dirigidos por Miriam Talavera, se las arregla para colar alguna de sus frases que seguimos repitiendo. Ensaya tenazmente con sus músicos, y los increpa, al comprobar que no logran dar el ritmo. «¡Y así quieren viajar!», les grita. Lo cierto es que viajó. En los Estados Unidos Celia Cruz recibió inesperadamente a Juana Bacallao en su camerino, y ambas sonríen en una foto. Contaba que Michael Jackson cayó rendido ante su presencia, y si eso no es cierto del todo, sí lo fue el halago que Beyoncé le regaló a su paso por Cuba tras verla actuar. En España, Venezuela, República Dominicana, Italia, Colombia, México… se dejó ver con sus músicos de Tiembla Tierra, la agrupación que dirigía Armando Guerra, y el nombre de su productor parece salido de otra de sus anécdotas incombustibles.

Celia Cruz y Juana Bacallao
Celia Cruz y Juana Bacallao / Foto: OnCuba

Fue así que llegó a esa emisión de Contacto que recuerdo al inicio de estas líneas para cantar su We are the world y darle cuero a la Rabilero, y que escribo luchando contra la dura impresión que ahora provoca su ausencia, porque ella fue la última de su linaje, y perduró a través de estos 98 años mientras otras grandes de su época iban muriendo. Fallecieron Celia, la Guillot, Rosita Fornés y Gina León, por no hablar de Moraima, Elena y tantas más… El mundo donde ellas reinaron parece disolverse sin remedio, y el relevo que deberían tener se echa de menos.

Quien quiera oírla haciendo de las suyas, puede buscar en YouTube su grabación de Noche de ronda, lanzada en 1959 junto al Conjunto de Pepe Delgado. También puede procurar su versión de Espíritu burlón, para un empeño de la EGREM. Uno de sus gestores fue Sigfredo Ariel, quien contaba que el día de su turno para grabar, le indicaron que llevara ropas y pelucas para la sesión de fotos promocionales del álbum. Y Juana se tardaba en llegar, hasta que la llamaron y ella les dijo que con todo aquello encima no podía salir a la calle en pleno mediodía. Tras enviarle un auto para recogerla, Juana llegó al estudio, grabó el tema en una única toma, demostrando que de la letra de la canción solo recordaba su estribillo, y al terminar, cayó desmayada. «Es la emoción», dijo tras reponerse. «Desde 1959 no entro a un estudio como este», aseguraba.

Por supuesto que la vi alguna vez caminar por la Rampa, mientras la gente la reconocía y la saludaba. Conozco anécdotas suyas que ojalá ahora empiecen a aflorar, porque retratan su ingenio de cuerpo completo. Durante su paso por el show de Alexis Valdés en Miami, durante una visita del 2011, permite verla y oírla en la fase final de su carrera, saludando al público cubano de la Florida con el mismo afecto que concedía a los de Isla, y a ratos olvidando si se encontraba en un sitio o en el otro. Hablando por su teléfono celular con empresarios imaginarios, contando historias de sí misma que ya no se sabía si eran ciertas o no, ella demostraba que el surrealismo ha sido, para los cubanos, cosa de todos los días. Y siempre con la dignidad de quien reconocía sus batallas, sus triunfos, pasándolas por frases completamente alucinantes. «Yo nací en España pero vine para acá embalsamada», «No, en Moscú no he estado, porque hay mucho sol, ¿Qué te pasa, tinta rápida?», dijo aquí y allá, haciendo reír a quien tuviera delante.

Cuentan también que cuando Obdulio Morales la rebautizó, ella le dijo: «Ay, qué nombre más feo». Y que el compositor le respondió: «Pero te va a traer mucha suerte». No sé si los premios confirmen tal cosa —fue Premio Nacional del Humor en 2020, compartido con el caricaturista Ares; y tuvo condecoraciones, incluida la Réplica del Machete de Máximo Gómez—. Lo que sí tuvo, a manera de máximo galardón, fue el cariño de su gente. Ya fuera como motivo de burla, ya fuera en señal de respeto a su capacidad de sobrevivencia, ya fuera por el modo en que ella sabía devolver un golpe triunfando sobre quien intentaba provocarla, se hizo eterna a su propia escala en ese contrapunteo con el público.

La vi una noche en el Teatro Mella, haciendo de las suyas como quien estuviera en ese ámbito tan cómplice que es el del cabaret. Y al final de ese concierto que celebraba sus tantísimos años de vida artística, apareció vestida de santera y despojó a todo el auditorio, que la acompañó hasta la mismísima calle. Fue una guerrera que defendió con todo lo que tuviera a mano lo que ella representaba, una reina del desenfreno que tuvo su propio himno de batalla, ese: «¡Ataca, yénica!» que desencadenaba el torbellino que cada noche reinventaba, en su voz y su figura, el tema musical que se disponía a interpretarnos.

Fue una guerrera que defendió con todo lo que tuviera a mano lo que ella representaba

Un libro de Lázaro Caballero Aranzola (Juana la Cubana, 2023), recoge testimonios y entrevistas sobre ella, y fue un gusto colaborar con esas páginas. En el Caimán Barbudo también alguna vez la entrevistaron, y el título de esa conversación es estremecedor: «Mi vida es un libreto terrible», creo que se llamaba ese reportaje. Ya desde el 2021 no se le veía tanto en público. Y ahora llega la noticia de su desaparición, tras varios días en que sus admiradores de cualquier cardinal estuvieron en vilo. Falta ahora repasar quién fue realmente esta mujer, o las dos mujeres que convivieron bajo los nombres de Neris Amelia y Juana Bacallao.

En un momento tan difícil para Cuba, perderla es también despedir un poco de la risa y el humor que ella aportó en instantes también complejos, confirmando que aún había posibilidades de seguir adelante. No es una despedida más, porque ella fue la propia medida de lo que nos aportó. Su desafuero, su desparpajo, su modo de ponerlo todo en broma y al mismo tiempo su capacidad para reinventarse en cada presentación, también nos ayudaron a vernos por encima de restricciones y formalidades. Ojalá podamos decirle adiós como lo que ella fue, la última reina del desenfreno. Ese desenfreno que también puede ser una idea de Cuba, y que esta mujer, con solo aparecer en escena, convertía en un espectáculo completamente irrefrenable. Gracias por todo, Juana Bacallao. Y también, cómo no, muchísimas gracias, Neris Amelia.

El fantasma de los cien mil pesos

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edificio destruido
Foto: Néster Núñez

Aquí, donde hay un parque, algunos todavía vemos el «Edificio de los Cien Mil Pesos»; un palacete que, apenas cruzas el puente de La Concordia, viniendo desde La Habana, da la bienvenida al centro de la ciudad de Matanzas. Solo que ahora es un edificio fantasma. Terminó de fallecer —vencido por el tiempo, la falta de interés y de dinero— hace quince años.

Los niños que juegan allí con sus bicis, sus carriolas y sus trompos, nunca vieron el espacioso portalón, sus arcos de cuatro metros de altura, sus diez esbeltas columnas ni la escalera de mármol blanco que conducía al segundo piso. Para ellos, lo que siempre ha existido son unos bancos de cemento donde casi nadie se sienta, una fuente fea y disfuncional y la sombra de los árboles. Antes del parque hubo ruinas en peligro de derrumbe y vertedero, así que no está tan mal, supongo.

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Foto: Néster Núñez

Hacia una de las esquinas, la bandera cubana ondea con la brisa que proviene del mar cercano, feliz de escuchar las voces infantiles. A ratos, sin embargo, cae sobre el asta, como melancólica y dolida —recordando tal vez que la conservación del patrimonio cultural de la nación es (¿era?) una obligación del Estado cubano—, porque esta pieza arquitectónica no se pudo salvar, como tantas otras.

El edificio, hito del neoclasicismo matancero, fue concebido originalmente para vivienda, y sus propietarios lo convirtieron en hotel hacia la segunda mitad del siglo XIX. En 1920 adquirió el nombre por el que todavía se le recuerda, pues en sus portales se vendió un billete de la lotería nacional por valor de cien mil pesos, toda una fortuna para la época.

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Foto: Néster Núñez

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Como estamos hablando de identidad y de memoria colectiva, es bueno recordar que antes de la tarea reordenamiento, cuando el CUC estaba a 25 pesos, con 100 000 CUP  todavía se resolvía algo: una familia de cuatro personas garantizaba la comida de un año, o se compraba un Fiat polaco —o un almendrón con motor de gasolina— para garantizar una entrada estable alquilándolo de taxi a los de mejores recursos.

En los tiempos actuales, esa cantidad apenas alcanza para comprar un saco de frijoles negros, una ristra de ajo y una de cebolla, más unas libras de carne de cerdo. Quizás dé para una olla eléctrica de presión que sustituya aquella que nos vendieron hace casi 20 años, cuando la «revolución energética». Claro, tendrías que ponerte de suerte y no comprarla a un particular que la importe o la revenda, sino en una tienda estatal, en MLC, luego de cambiar la moneda en el mercado negro.

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Foto: Néster Núñez

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Cuando dejó de funcionar como hotel, el edificio se convirtió en ciudadela. Curiosamente, ocurrió antes de 1959. Las transformaciones realizadas para tal fin, el intenso uso doméstico, la falta de mantenimiento y las inclemencias del tiempo aceleraron su deterioro. Con los años, la acción depredadora de vecinos necesitados y probablemente desconocedores del valor patrimonial, acabó con la carpintería, la herrería, las losas de mármol de los pisos, los ladrillos y muchos otros elementos decorativos interiores. Hacia el año 2000 ya se habían producido significativos derrumbes.

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Foto: Néster Núñez

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Como estamos hablando de sentido de pertenencia y de cosas que no debían suceder, pero suceden, les cuento esta anécdota. En el 2005, después de haber sido periodista en la televisión provincial, pasé a ser un bicitaxista.

Una vez, a las 3 am, después de un concierto de Los Van Van, una pareja me pidió que los llevara hasta el puente de Versalles. Acordamos que serían 40 pesos, que cuando aquello significaban algo. Después de un buen rato sudando y dando pedales, llegamos al destino solicitado.

La muchacha se bajó del bicitaxi y entró en el edificio de los cien mil, mientras él rebuscaba en su cartera, de donde sacó un único billete de 20. «Subo y te traigo lo que falta, espera», dijo y volvió a guardarlo. Y yo que no, que con esos 20 bastaba. Pero él se hizo el ofendido por mi falta de confianza e insistió en que pagaría lo acordado. Siguió los pasos de su novia, escaleras de mármol blanco arriba y yo, que ya me sabía el truco, subí tras él.

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Foto: Néster Núñez

En medio de la oscuridad y los muros derrumbados, apenas logré ver dónde se había metido. Un perro comenzó a ladrar y yo a asustarme. Si me caía al vertedero de abajo o me daban un mal golpe, no me encontrarían tan fácil. Además, había dejado el bicitaxi abajo, sin candado. Así que grité un par de improperios lo más sucios posibles y, como la ira no se aplacaba, cogí y lancé contra la puerta un par de mitades de buenos ladrillos.

Después corrí. Después pedaleé, con mi alma trémula y sola, pensando no en 40 ni en cien mil pesos, sino en el orgullo tocado y en el mejoramiento humano.

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La situación del edificio que aún hoy permanece en mi memoria, lejos de mejorar, se complicaba. En ausencia de otras fuentes de financiación, se manejó la idea de convertirlo —no en una institución útil al pueblo matancero— en un centro comercial de la Cadena de Tiendas TRD Caribe. Las acciones nunca se llevaron a cabo y en 2009, tras otros derrumbes parciales, acabó siendo demolido. Luego vino este parque hermoso, cuya fuente los matanceros detestamos.

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Foto: Néster Núñez

De quién fue el diseño, quién lo aprobó y lo financió, es una información que desconozco. Pero bien, ya estamos acostumbrados. Algo similar ocurrió con otro edificio, «El Elefante Blanco», que también da entrada al centro urbano de la ciudad cuando vienes desde Varadero. A este, antes que se viniera abajo, sí lograron convertirlo en un centro comercial que vende productos en divisas. Nadie más podía hacerse cargo de la restauración, diría alguien.

No es un problema único de Matanzas: el fantasma de la destrucción recorre Cuba. Destrucción física y espiritual del patrimonio de la nación. Edificaciones que atesoran invaluable valor cultural están siendo convertidos en bares y discotecas, pues son de los pocos negocios que garantizan la más rápida recuperación del capital invertido, y ni así hay garantía o confianza. Es la maldición del bloqueo, y de ser pobres, diría alguien. Cuando se vengan totalmente abajo los próximos edificios, el municipio solo podrá pagar la construcción de nuevos parques.  

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Foto: Néster Núñez

Agricultores norteamericanos en Cuba, y más

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Los agricultores desbrozando caminos

La noticia es que una delegación de representantes de la Asociación Nacional de Departamentos de Agricultura de Estados Unidos (NASDA, por sus siglas en inglés) visitó Cuba y se reunió con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

La organización agrupa los secretarios y directores de departamentos de agricultura de todos los 50 estados, y es la primera vez que visita la Isla.

Durante los 4 días que duró la estancia conocieron sobre las diferentes formas en que los cubanos adquieren comida, visitaron un agro, y se reunieron con funcionarios del Ministerio de Agricultura.

El secretario ejecutivo, Ted A. McKinney, aseguró en conferencia de prensa en La Habana que si bien ellos no realizan operaciones comerciales, llevarán este conocimiento acumulado sobre el contexto nacional, a los actores privados y al gobierno federal en su país.

Esta noticia significa que una nueva puerta se abre en la cooperación potencial entre ambas naciones, y que el sector agrícola de Estados Unidos confirma una vez más que la sanciones que su gobierno impone, restan oportunidades de negocio e ingresos para ellos.

A pesar de la actual crisis cubana —en la cual el sector alimentario ha sido uno de los más afectados— la cantidad de importaciones de alimentos provenientes del territorio norteño han aumentado en un 15%, según cifras de diciembre de 2023. Durante el pasado año, la Isla importó alimentos y materias primas con fines agrícolas por un valor de 45 millones 229 mil dólares en productos como pollo, leche y café, entre otros.

Desde el año 2000, y gracias a la Ley de Sanciones Comerciales e Incremento del Comercio, Cuba importa productos agrícolas desde Estados Unidos, pero en condiciones anormales para el comercio internacional: pagando por adelantado, y sin oportunidad de créditos, además del largo proceso para encontrar instituciones bancarias que quieran asumir el riesgo de lidiar con un Estado a expensas del escrutinio del Departamento del Tesoro.

Por años, el lobby agrícola ha impulsado el acercamiento entre los dos países y el relajamiento de las sanciones. Cuba importa casi el 80% de la comida que consume desde destinos lejanos, en un contexto de normalización del comercio, sería un muy buen cliente para los productores norteamericanos.

Por otro lado, cada vez más empresas privadas cubanas traen alimentos desde diferentes destinos. En el caso de Estados Unidos, las sanciones siguen siendo disuasorias también para este emergente sector económico.

Durante la conferencia de prensa en el hotel Grand Aston, en el Vedado habanero, los funcionarios estadounidenses hicieron referencia a los principales productos en los que Estados Unidos ostenta liderazgo mundial, como en la producción de carne, granos y procesamiento de alimentos.

Nuestra opinión es que esta delegación es una más que intenta volver a reconectar con instituciones, empresas e individuos en Cuba, a pesar de que el ambiente electoral hace casi imposible que algo cambie la política de Washington hacia la Isla.

También podría empujar a que estos voceros de la realidad comercial entre ambos países presionen con más fuerza, si tuvieran certezas de protección de sus inversiones, y un retorno de estas, por parte del gobierno de Cuba, si el país lograra vender confianza, y explicar las inmensas oportunidades que hay de colaboración entre los empresarios de ambos lugares.  

Es una buena noticia, pero de inciertos resultados con respecto a poder aliviar la crónica escasez de alimentos y sus elevados precios en los mercados nacionales.

Por una aclaración imprescindible

Fue noticia esta semana que el presidente del parlamento cubano Esteban Lazo Hernández viajó a la República de Kenia para aclarar la aún no confirmada muerte de dos médicos cubanos, presuntamente, en unos bombardeos realizados por drones de las fuerzas armadas estadounidenses en la localidad de Dilib, Somalia.

A su llegada, Lazo se reunió con el mandatario William Ruto y otros funcionarios del Estado keniano. Por su parte, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla anunció en su cuenta de X que sostuvo conversaciones con su homólogo en Somalia, Ali Mohamed Omar, con el mismo objetivo. Asimismo, un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores indicó que Cuba solicitó por los canales diplomáticos al gobierno norteamericano aclarar lo sucedido.

Los doctores Assel Herrera Correa y Landy Rodríguez Hernández llegaron a Kenia en 2018 a través de una misión médica. El el 12 de abril de 2019 fueron secuestrados por la organización terrorista Al Shabab y posteriormente trasladados hacia Somalia.

El 17 de febrero de 2024 Al Shabab emite en Telegram un comunicado culpando a las fuerzas estadounidenses de la muerte de los profesionales cubanos, la misiva se acompañaba de fotos de uno de los supuestos cadáveres.

El mayor Pete Nguyen, portavoz del Departamento de Defensa de Estados Unidos, ha confirmado el ataque aéreo. Si bien aseveró estar al tanto de los informes que anunciaban la muerte de «dos civiles», indicó no tener más información sobre el asunto, pero que tomaban «en serio todas las afirmaciones de víctimas civiles».

Esto significa que el gobierno de la Isla está haciendo acciones visibles para aclarar los hechos que han conmocionado al país durante los últimos días.  

Desde el momento del secuestro hasta la fecha, funcionarios del gobierno cubano y hasta el propio presidente han informado puntualmente sobre conversaciones con representantes de los dos Estados involucrados para el rescate de los galenos. No obstante, ninguna de estas acciones ha fructificado.

Assel y Landy no son los primeros profesionales de la salud secuestrados por Al Shabab. En 2013 fueron liberadas, luego de 21 meses de intensas gestiones y negociaciones, las doctoras españolas de Médicos sin Fronteras, Montserrat Serra y Blanca Thiebaut. Sin embargo, lo ocurrido sí constituye un hecho insólito en la historia de las misiones médicas cubanas.

Los sucesos han sido aprovechados por la oposición para criticar la cooperación médica del Estado cubano. Asimismo, varios ciudadanos en redes sociales han cuestionado si los galenos contaban con la seguridad necesaria y si estaban conscientes de los peligros a los que se enfrentaban trabajando en un territorio minado por conflictos bélicos.

Nuestra opinión es que, como la información que da origen a la presunción de fallecimiento de los doctores está emitida por una organización terrorista, resulta sumamente difícil poner luz sobre lo acontecido y evaluar qué acciones deberían tomarse para esclarecerlo.

En 2020 una información no confirmada que resultó falsa pudo haber frustrado acciones del gobierno de Somalia para liberar a los doctores. Por tanto, es lógico que todas las partes implicadas guarden discreción sobre las acciones que se han puesto en marcha.

Con respecto a críticas que se han realizado sobre la pertinencia de mandar doctores a zonas en guerra, más allá de cualquier beneficio económico que pueda sacar el Estado cubano de las misiones médicas, lo cierto es que han logrado garantizarle servicios de salud a comunidades abandonadas y marginadas históricamente.

Excluir de la colaboración médica las zonas conflictivas resulta bastante controversial. Si el resto de las otras organizaciones internacionales que allí operan hicieran lo mismo, significaría condenar a esas poblaciones a una muerte segura por desatención.

No obstante, lo cierto es que quienes asisten a estos lugares deberían tener plena conciencia de lo que se encontrarán, y preparación para reducir al mínimo posible sus riesgos.

Los ya cuatro Estados implicados en la triste noticia aún no segura (Cuba, Kenia, Somalia y Estados Unidos) tienen mucho que aclarar. Ojalá puedan trabajar mancomunadamente por el sosiego de las familias y el pueblo de Cuba.

Cubañolitos

La noticia es que Cuba es el segundo país que más nacionalizaciones españolas ha recibido por la Ley de Memoria Democrática —conocida como Ley de Nietos en la Isla—. El primero es Argentina, y el tercero es México.

La Ley de Memoria Democrática permite que descendientes de españoles que se exiliaron tras la Guerra Civil y por la dictadura opten por la nacionalidad de sus abuelos desde sus países de origen. Hasta la fecha, 22.479 cubanos han sido beneficiados con esta posibilidad.

La noticia significa que muchos cubanos han solicitado tener como segunda nacionalidad la española, en la mayoría de los casos como una vía para tener un pasaporte distinto, que les permita viajar con más soltura, o como una opción migratoria. Además, algunos utilizan esa ciudadanía para viajar a otros destinos que eximen de solicitar visados a quienes tengan un pasaporte proveniente de la Unión Europea.

De acuerdo al Instituto Nacional Estadístico español, en España viven casi 200 mil personas nacidas en Cuba, lo cual ubica al país ibérico como uno de los primeros destinos para los migrantes cubanos. Esto incluye a todos los que han obtenido la nacionalización, son portadores de un pasaporte español, pero no viven en España.

Si bien la motivación por nacionalizarse español puede ser familiar y cultural, con el creciente número de personas que deciden emigrar en un contexto de profunda crisis en la Isla, el pasaporte español se ha convertidos en una alternativa para ello. Sin embargo, debido a la inclusión del Estado cubano en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, los portadores de pasaportes europeos que provengan de Cuba necesitan una visa para ingresar a Estados Unidos, lo cual significa que no puede ser utilizado para emigrar desde la Isla a ese país, de manera directa.

El abultado trámite para la nacionalización ha hecho colapsar los servicios de legalización en Cuba. Los centros de trámite y los archivos provinciales y municipales tuvieron gran afluencia de usuarios y muchos se quejaban de la lentitud del proceso, en un país en el que aún la digitalización de esos procesos va lentamente y no cubre el gran número de archivos que aún están en papel.

La buena noticia es que las autoridades de ambos Estados han suscrito acuerdos para facilitar este proceso. Hace pocos días fue noticia que el Ministerio de Justicia de Cuba y el Colegio de Gestores Administrativos de España firmaron un convenio de colaboración para viabilizar la legalización de documentos para utilizar en trámites en el país ibérico.

El propósito fue crear condiciones para que la legalización de documentos sea más expedita, a través de bufetes especializados que trabajarían con ayuda de gestores administrativos españoles.

El convenio permite además la colaboración para que abogados cubanos se entrenen en España y el suministro al MINJUS de equipamiento informático que facilitaría los trámites.

Nuestra opinión es que la Ley de Memoria Democrática es un privilegio que muchos cubanos utilizan, incluso en medio de un contexto en que aletargados procesos y falta de personal convierten la solicitud en un tortuoso camino hacia la nacionalidad española.

Para un ciudadano cubano es muy difícil obtener visas de casi cualquier país del mundo. El pasaporte español puede servir para hacer más expeditos y baratos los viajes hacia otros destinos.

En un contexto de altas trabas internas y externas para importar y un mercado nacional desabastecido, una forma de ganarse la vida bastante extendida en la Isla son las conocidas mulas que se desplazan hacia otros lugares —principalmente de América Latina y el Caribe— con el objetivo de adquirir electrodomésticos, piezas de repuesto y otras mercancías para luego revenderlas en el territorio nacional.

No obstante, en un momento en que Cuba sufre una emigración que vacía centros laborales y debilita servicios básicos debido a la falta de personal, esta válvula representa otra oportunidad para abandonar un país que no encuentra forma de retener a su población.

Manzaneda absuelto

La noticia es que el periodista vasco José Manzaneda ha sido absuelto por un juzgado madrileño tras la acusación contra él y la organización Euskadi Cuba por un artículo sobre las misiones médicas cubanas en el exterior.

La acusación provino del presidente de la ONG Prisoners Defender que, de acuerdo a su sitio web, tiene como propósito documentar denuncias a violaciones de derechos humanos en Cuba y otros lugares del mundo.

El denunciante exigía seis años de cárcel para Manzaneda, así como 8.400 euros de multa, además de una responsabilidad civil; para el medio reclamaba 50 mil euros, y para la asociación 100 mil euros.

La sentencia absolutoria pone fin a un caso que parece más ligado a las antipatías políticas entre la asociación de solidaridad con Cuba y la ONG abiertamente opositora al gobierno de La Habana. Asimismo, precisa que Javier Larrondo, presidente de Prisoners Defender, debe pagar los gastos del juicio debido a que acusó a una institución de delitos que solo puede cometer una persona.

El origen de la querella es un artículo escrito por Manzaneda y publicado en Cubainformación titulado «Crear una crisis sanitaria en Cuba, objetivo de la guerra contra su cooperación médica» en que se arguye que el descrédito a las misiones médicas son parte de los programas de cambio de régimen contra Cuba. En ese texto se señaló a Larrondo como «criminal de guerra», no obstante, luego de una revisión editorial, la frase fue retirada.

El abogado defensor del periodista vasco Manzaneda, Endika Zulueta, ha expresado en un comunicado su satisfacción por un fallo que según su criterio «destapa las torticeras intenciones del señor Larrondo al utilizar la acción penal como medio de ataque a un rival ideológico en relación a la cooperación médica cubana, solicitando para ello altas penas de prisión por un simple artículo periodístico». Hasta el momento la parte acusatoria que perdió el juicio no se ha pronunciado.

La noticia significa que los tribunales españoles actuaron de acuerdo a su criterio de que el artículo está dentro de los marcos de la libertad de expresión, y dejaron fuera del juzgado las opiniones políticas.

Las organizaciones y grupos opositores al gobierno cubano usualmente tienen la complicidad de las autoridades de los países desde los que operan, como es el caso de Estados Unidos, incluso cuando acometen acciones consideradas ilegales por la ley local. En muchos casos reciben la vista gorda o el silencio por parte de órganos reguladores. Sin embargo, esta sentencia crea el precedente de que, en caso de que se quiera demandar por un supuesto delito, debe argumentarse más allá de las antipatías políticas.

Nuestra opinión es que si bien Cubainformación es una plataforma de contenidos que, lejos de cualquier intento de imparcialidad, explica y defiende las decisiones del gobierno de Cuba, esta acusación estaba más marcada por las visiones opuestas con respecto al país, y no sobre la comisión de un supuesto delito por publicar un artículo específico.

Las acciones ilegales, por más justificadas que las consideren quienes las cometen, y más allá de las diferencias políticas, deben recibir el peso de la ley. Pero los casos deben apegarse a las regulaciones y normas establecidas, y las instituciones deben trabajar en favor de que la militancia política no sea penada, ni protegida en caso de incurrir en un delito.

También creemos que es una noticia positiva para la libertad de medios en general. Las regulaciones para evitar la difamación y el discurso de odio deben aplicarse con sumo cuidado, evitando que sean utilizadas como punta de lanza para limitar el derecho de cualquier sujeto u organización a opinar en el espacio público. Debería ser también una enseñanza para Cuba a la hora de manejar el disenso político en los espacios mediáticos.

¿Por qué Cuba necesita una amnistía? Que no te hagan un Robles

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Amnistía Cuba
Ilustración: Félix M. Azcuy

Cuba necesita una amnistía. Una amnistía no resolvería con una varita mágica la precariedad del cubano de a pie. No haría desaparecer de un tirón las insatisfacciones en materia política de la población. No daría paso a una sociedad más democrática al instante, pero sí sería un granito de justicia, para hablar de reparación.

Una amnistía es la ley mediante la cual las autoridades de un país perdonan u olvidan la perpetración de delitos. Se da en el contexto de actividades políticas y se trata de una medida extraordinaria que solo suele aplicarse en situaciones de conflicto social generalizado.

La Constitución de la República de Cuba designa en su Capítulo III, artículo 108, inciso u, que es una de las funciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular conceder amnistías. Mientras, el artículo 128 explicita también en su inciso u, que es una función del Presidente de la República «conceder indultos y solicitar a la Asamblea Nacional del Poder Popular la concesión de amnistías».

En 1978 el gobierno cubano comenzó un proceso de diálogo que cambió radicalmente la relación con la migración y como resultado permitió a los sancionados por delitos contra la seguridad del Estado, es decir, a los presos políticos, reunirse con sus familiares en el exterior.

En el caso de la Primavera Negra también hubo un proceso de liberación de presos políticos, tras la negociación del gobierno de Raúl Castro con la Iglesia Católica. Gracias a este acuerdo, durante 2010 se liberó a los condenados a cambio de su exilio y en 2011 se terminó la condena de los que habían renunciado a salir de Cuba.

El 19 de enero de 2024, al menos 34 familiares de presos políticos enviaron una carta a Ana Mari Machado, vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular, pidiendo una Ley de Amnistía. La carta cuenta con más de 2300 firmas de cubanos que apoyan la causa.

Los familiares manifiestan haber agotado todas las vías legales para reclamar justicia y explicitan que: «Esto significa, el reconocimiento de que NO hubo delito en manifestar la voluntad de cambio democrático que expresaron los ciudadanos en las protestas de julio de 2021, así como en las protestas colectivas e individuales que precedieron y prosiguieron a esta fecha histórica, y que se inscriben en un ciclo más amplio que tiene en la libertad, los derechos humanos y la democracia su reclamo común».

Los familiares manifiestan haber agotado todas las vías legales para reclamar justicia.

Para ello, apelan a la Ley No. 131/2019 de Organización y Funcionamiento de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado de la República de Cuba, que «otorga a los diputados la potestad para proponer proyectos de ley, y a nosotros el derecho de presentar peticiones, aunque hasta el día de hoy nunca un diputado lo haya hecho». En la carta afirman que han sido objeto de persecución y aseguran que continuarán defendiendo a «quienes no debieron estar un solo día en prisión».

Finalmente, el pasado 12 de febrero la Asamblea Nacional del Poder Popular declaró como improcedente la petición y remitió una notificación a Wilber Aguilar Bravo, uno de los familiares, donde se lee: «Vista y examinada su petición, su tramitación es improcedente».

Desde el 8 de febrero de 2023, se hicieron públicas las negociaciones de la Iglesia Católica con el Estado cubano para una amnistía. El cardenal Beniamino Stella, enviado especial del Papa Francisco, dijo a la prensa que está sobre la mesa de negociaciones el tema y que el Vaticano directamente lo ha tratado con las autoridades cubanas.

En septiembre de 2015, durante el proceso de negociación de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU, se indultaron a 3 522 presos comunes, en un gesto humanitario que precedió a la visita del Papa Francisco.

Que te hagan un «Robles»

Yindra limpia casas o lava ropa a escondidas de su familia para comprar lo necesario y llenar la bolsa que cada mes le hace llegar a su hijo Luis, en el Combinado del Este. El dolor de tener a un hijo preso la volvió diabética y cardiópata. Le dieron dos isquemias en el proceso. Yindra no debe forzar su cuerpo y la familia se lo tiene prohibido, pero ¿quién, si no ella, va a encargarse de que su hijo no pase hambre?

El viernes 4 de diciembre de 2020, Yindra salió a trabajar como hacía desde hace doce años. Era técnica en la dirección de vivienda de El Salvador, un pueblito de Guantánamo que tras una búsqueda rápida en EcuRed es descrito como «el fruto del esfuerzo, la dedicación, el amor a la Patria y apego al Partido, Fidel y Raúl». Ese viernes, su hijo, Luis Robles, saldría en el boulevard de San Rafael con un cartel que decía «Libertad. No más represión. #Free_Denis». La denuncia pacífica le costó a Robles 5 años de su libertad y en ese punto se difundió entre los cubanos que disienten abiertamente del gobierno, el temor a que te «hagan un Robles».

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Luis Robles / Foto: El Comercio

Yindra, como muchas de las madres de los presos políticos en Cuba, tuvo que dar un vuelco a su vida para defender a su hijo. Dejar su trabajo, su pueblo natal e irse a la capital para estar lo más cerca que pudiera. Tras la detención de Robles pareció que todo se resolvería con una multa de 1 000 pesos amparada en el Decreto 272 que pena a quienes pongan carteles, vallas u anuncios en el espacio público. Sin embargo, cuando ya salía de la estación policial fue detenido y trasladado a la unidad de instrucción de la Seguridad del Estado, Villa Marista. Tras más de un año de prisión provisional lo condenaron a cinco por los delitos de desobediencia y propaganda enemiga.

Yindra cuenta cómo en una de las tantas veces que fue citada por la Seguridad del Estado, un agente le dijo: «Madre, lo que pasa con su hijo es que él estaba en el lugar y momento equivocado. Lo que se realizó con él fue un juicio ejemplarizante». «Fíjate cuán ejemplarizante fue —explica Yindra— que el 11 de julio de 2021 salieron los cubanos en masa a la calle a protestar y ahí está mi hijo cumpliendo cinco años».

Robles se manifestó en un momento convulso. El Movimiento San Isidro (MSI) estaba acuartelado en la casa de Luis Manuel Otero Alcántara en La Habana Vieja, también exigiendo la liberación del rapero Denis Solís, sancionado a 10 meses de prisión por desacato. Seis días después de la manifestación de Robles, fue desarticulada la protesta, y el 27 de noviembre (27N) más de 300 artistas e intelectuales se congregaron frente al Ministerio de Cultura (Mincult) para exigir la liberación de los miembros del MSI y dialogar sobre del acoso a los artistas independientes en Cuba. Entre los manifestantes había personas con nombre y obra reconocida. En el 27N, a nadie le hicieron «un Robles».

Tras más de un año de prisión provisional lo condenaron a cinco por los delitos de desobediencia y propaganda enemiga.

Su caso quedó sepultado en la avalancha que vino después. El Observatorio independiente de detenciones políticas, Justicia 11J, registra en su base de datos un total de 1905 personas detenidas, de las cuales 800 continúan en prisión. El inventario parte del 11 de julio de 2021, e incluye hechos asociados al 11J y otros escenarios de protesta que acontecieron más adelante, como es el caso de las manifestaciones de Nuevitas.

Por su parte, los últimos reportes de medios oficiales —que datan de junio de 2022—  sobre las sanciones a raíz de las protestas del 11j se refieren a 381 personas sancionadas «por delitos de sedición, sabotaje, robo con fuerza, violencia, atentado, desacato y desórdenes públicos». De estas, 297 fueron privadas de libertad —36 por sedición con condenas entre 5 y 25 años.

En diciembre de 2022 un informe del Estado cubano ante el Comité de los Derechos del Niño recuenta a «488 personas [sancionadas], incluyendo 39 jóvenes con edad entre 16 y 18 años» y describe que «las sanciones de privación de libertad recayeron sobre 383 acusados […] entre ellos 6 jóvenes entre 16 y 18 años». Hasta el momento, no se conoce otra rendición de cuentas oficial sobre el asunto, ni siquiera en el informe presentado en el Examen Periódico Universal en el pasado año.

11J: estigmatización mediática, criterios de selección

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Estuve en el 11J. En ese momento, allí nadie imaginaba que iba a ir preso. Pensé mucho en Robles ese día. Me pregunté incluso ¿cuántas prisiones harían falta para encarcelar a toda esa gente? Días después aprendí una lección: aquello era «un Robles masivo». Fueron más de 1 000 personas detenidas y todavía me pregunto por los criterios de selección.

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El 11J era una danza entre manifestantes y autoridades. Parecía que algo terrible iba a pasar en cualquier momento, pero, al inicio, al menos en el Parque de la Fraternidad, se trataba de masas moviéndose para evitar a la policía que detenía de manera selectiva a quienes les parecían peligrosos. La prensa estatal se ha encargado de resaltar la violencia de los manifestantes, obviando la de los cuerpos policiales. Lo mismo ocurre con buena parte de la prensa opositora, pero a la inversa. Casi nadie se ha puesto a pensar en que las piedras se lanzaron en ambas direcciones: sí; pero si ponemos los hechos en la balanza, no hay ni uno del bando de los contramanifestantes y la policía, preso. Al menos que se sepa.

Cuando el presidente de la República dio la «orden de combate» en televisión nacional el 11J y dijo: «las calles son de los revolucionarios», trazó una línea entre los que apoyaban la Revolución Cubana —reducida discursivamente a un sinónimo mecánico del actual Estado/Gobierno/Partido imperante en la Isla—; y los contrarrevolucionarios, que casualmente eran sujetos pobres, racializados, marginalizados.

Desde ese día, la mayoría de los textos aparecidos en medios estatales han respaldado el discurso que tildaba a los manifestantes de «contrarrevolucionarios», convirtiendo a nivel discursivo en enemigos a quienes ejercían su derecho al descontento y por tanto a la expresión de ese descontento mediante la protesta, en un ejercicio de su ciudadanía.

La mayoría de los textos aparecidos en medios estatales han respaldado el discurso que tildaba a los manifestantes de «contrarrevolucionarios».

Por poner algunos ejemplos, a pocos días del suceso, en un trabajo aparecido en el medio Cubadebate con entrevistas a quienes salieron a frenar las protestas, un testimoniante describe a los manifestantes como «hombres, sin camisa, sin nasobuco, parecían hasta ebrios o drogados», por otro lado se refiere a quienes los enfrentaron como «un grupo de profesores, la mayoría mujeres, junto a algunos estudiantes». El entrevistado también justifica que «tuvimos que defendernos…las piedras que nos tiraban se las devolvíamos». La violencia, por supuesto, en defensa propia, no se habla de contramanifestantes respaldados por las autoridades policiales armadas, algo más que documentado por la prensa extranjera acreditada, las redes sociales y los medios independientes.

En el calor de los acontecimientos del 11J pudiera ser comprensible que la prensa oficial reportara su percepción de los hechos sesgada por la visión de proteger al Estado a toda costa. Pero un año después de lo ocurrido, el mismo espacio publica una entrevista a Michel Torres Corona, el presentador del programa televisivo Con Filo —que surge a raíz de dicho estallido social para denunciar la manipulación mediática contra Cuba— tomada del sitio web Cuba en Resumen; el cuestionario abre con una pregunta que califica a los participantes del 11J como «sectores lumpen sin vinculación laboral o estudiantil y personas confundidas». Si bien Torres Corona en su respuesta aborda someramente las contradicciones que llevaron al estallido social, centra su respuesta en la necesidad de castigar a quienes cometieron hechos vandálicos el 11J y en que las protestas fueron orquestadas desde las redes sociales.

Por su parte, en Granma, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, se encuentran desde artículos de opinión que se refieren a los manifestantes como «ladrones y agresores» y niega las implicaciones políticas de la protesta, hasta otros que tildan al 11J de ser un grupo de «hechos vandálicos» que forman parte de un golpe blando contra Cuba e insisten en que se trata de delincuentes con antecedentes penales.

El 13 de julio de 2021 el Ministerio del Interior (Minint) emite nota reproducida en varios medios de comunicación para «explicar» la muerte de Diubis Laurencio Tejeda, único fallecido el 11J, baleado por los cuerpos policiales. El texto se refiere a los protagonistas de los disturbios en el barrio La Güinera como «grupos organizados de elementos antisociales y delincuenciales». Asimismo, califica al fallecido como «[un ciudadano] con antecedentes por desacato, hurto y alteración del orden, por lo cual cumplió sanción». En el comunicado hay una ausencia de información pormenorizada sobre las circunstancias específicas en las que falleció el manifestante, afirma que «se investigan las circunstancias de este suceso», pero los resultados de esa «investigación» nunca se hicieron públicos.

Hoy una búsqueda en Google con las palabras Diubis Laurencio Tejeda en los sitios con dominio .cu —en su mayoría controlados por el Estado— puede arrojar 274 resultados[1]; todos reproducen la nota del Minint, pero ninguno ofrece o pide más detalles sobre su muerte. Señalar sus antecedentes penales fue mucho más importante para la prensa estatal cubana que hacer rendir cuentas sobre cómo, quién y por qué acabó su vida.

Diubis Laurencio

Aquí solo hay algunos pocos ejemplos, pero materiales similares sobran también en la radio y la televisión. Si bien en otros trabajos se intentó someramente abordar las causas del estallido, en los medios nacionales sobreabundaron justificaciones necesarias para que los manifestantes —entendidos como criminales— fueran todos presos, sin darle voz a ellos para que explicaran lo ocurrido en los hechos, ni las motivaciones que tuvieron para salir a las calles.

¿Quiénes son los contrarrevolucionarios?

El académico cubano Julio César Guanche afirma en el libro Cuba 11J: Perspectivas contrahegemónicas de las protestas sociales que no existe información sobre el perfil de la población carcelaria en Cuba, pero parece estar conformada en su mayoría por negros y mestizos. Por demás, explica que «existen evidencias de criterios policiales de identificación de posibles infractores de la ley que suponen criterios raciales». Al respecto, el intelectual antirracista, Roberto Zurbano, explica: «Si algún sector de la población puede justificar con toda legitimidad su participación en las protestas son estos mismos ciudadanos negros, carentes de un espacio u organización de representación y agencia sociales».

Respecto a la condición de las personas racializadas en Cuba, el historiador cubano Alexander Hall puntualiza en el libro mencionado, que en el año 2019 el 98% de las empresas privadas en Cuba eran propiedad de personas blancas, el 50% de este componente es poseedor además de una cuenta bancaria, contra el 11% de personas negras, y que solamente el 3% de ellos alega haber viajado al extranjero, mientras el 31 % de blancos ha gozado los beneficios de semejante privilegio.

El observatorio de detenciones políticas, Justicia 11J, explicita que, aunque no se ha podido identificar el perfil racial de la totalidad de los manifestantes, se cuenta con una muestra significativa que permite afirmar que a pesar de haber sido detenidas más personas de piel blanca (614), que personas mestizas o afrodescendientes (470), en proporción, un mayor porcentaje de personas de este último grupo permanecen en prisión (246, para un 52%). Por otro lado, el 40 % (250) de las personas blancas permanecía en detención hasta el momento de este registro.

En este punto, teniendo en cuenta quiénes son los manifestantes del 11J y cómo son representados mediáticamente, podemos hablar de criminalización de la protesta y de la pobreza. Por demás, existen diferencias entre la criminalización de los sujetos marginalizados y la de los intelectuales.   

Los intelectuales blancos no van a la cárcel

Las cifras no muestran el impacto real de la criminalización en personas racializadas, por tratarse de un subregistro y porque en el caso de Cuba, la categoría «mestizo» es en muchos casos sustitutiva de afrodescendiente. No obstante, la criminalización no ocurre de igual forma para los blancos intelectuales, que para las personas negras de un barrio como La Güinera.

Un grupo de intelectuales se manifestó frente al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) el 11J. Las fuerzas policiales lograron arrestar en el momento del hecho a los actores: Yunior Aguilera, Reinier Díaz, Edel Carrero y Daniel Triana; así como al historiador Leonardo Fernández Otaño y a los fotógrafos Raúl Prado y Juan Carlos Calahorra. Horas después, detuvieron a la cineasta Gretel Medina y a la curadora de arte Solveint Fong.

Los detenidos obtuvieron su libertad en 24 horas y el trato hacia la mayoría de ellos durante su estadía en la estación de policía no fue irregular, ni violento, en comparación con otros detenidos de barrios marginalizados. Meses después, a diferencia de otros manifestantes del 11J, las causas contra los intelectuales arrestados en el ICRT fueron sobreseídas. Sin embargo, al día siguiente, durante el estallido social en el barrio de La Güinera del municipio Arroyo Naranjo, murió de un balazo a manos de un oficial de policía, el antes mencionado joven negro, Diubis Laurencio.

La Güinera es uno de los barrios más pobres de La Habana, donde se han asentado migrantes de las zonas orientales cubanas. La población, en su mayoría marginalizada y afrodescendiente no tiene acceso a viviendas dignas. El grado de deterioro del fondo habitacional de la zona y el hacinamiento es visible, no obstante, no existen datos oficiales respecto a la pobreza en capital cubana.

11J, judicialización, violencia legal y estructural   

Tras el 11J estuve en el penal Jóvenes de Occidente, buscando a mi pareja, que era uno de los presos. Una semana después no sabía siquiera su paradero. Me encontraba en la parada del bus y llegaron dos de las madres de los presos de La Güinera.

Era 14 de julio de 2021, al menos seis días después de la protesta, y ellas buscaban también a sus hijos. Les pedí una entrevista que concedieron en condiciones de anonimato por el temor a que empeorara la situación de sus familiares como consecuencia de la denuncia. Me contaron que el estallido de La Güinera comenzó en la loma del Capri. Los manifestantes empezaron a gritar consignas en contra del presidente y el gobierno, y los policías comenzaron a disparar.

Una de las madres cuenta que a su hija le querían quitar el niño y la tiraron contra el piso. Cuando vio que se la llevaban comenzó a gritar «¡Yo soy revolucionaria! ¡Viva Raúl! ¡Viva Fidel!». Además, refiere que escuchó tiros y metió a los niños en la casa. Explica que eran tiros de goma y me muestra el proyectil.

Sus hijos aparecieron una semana después; nadie les podía dar noticias de su paradero. Ellas tenían la sospecha de que están muy golpeados y las autoridades esperaban a que se les bajara la hinchazón, para notificar a las familias y evitar la denuncia.

El uso de la violencia por parte del Estado vs la violencia de los manifestantes es crucial en el análisis del 11J. No se puede negar que hubo violencia por parte de los manifestantes, agresiones y daños a la propiedad del Estado. Sin embargo, basta reparar en qué significan esos ataques a propiedades. Por ejemplo, la mayoría de los ataques a objetivos económicos fueron a tiendas en MLC, una medida impopular que tras la Tarea Ordenamiento contribuyó al aumento de la precariedad para los marginalizados.

El uso de la violencia por parte del Estado vs la violencia de los manifestantes es crucial en el análisis del 11J.

El investigador costarricense Alejandro Alvarado sintetiza la criminalización de la protesta como un proceso que consiste en el uso de represión física, mecanismos legales y judiciales contra organizaciones o movimientos sociales para controlar la protesta social. Dicho autor señala a la judicialización como un rasgo característico de la criminalización. Es decir, «el uso de la legalidad y la institucionalidad judicial para encausar y procesar a integrantes de organizaciones y movimientos sociales por su participación y acciones en el marco de conflictos y luchas sociales».

La profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Margarita Favela, señala que, durante la judicialización de la protesta, se amplían los espacios de la violencia ilegal contra los opositores que incluyen violaciones de derechos humanos de los detenidos: maltrato en la detención y confinamiento; violación al proceso justo de los acusados: se manipulan los procesos judiciales empleando pruebas testimonios de la parte acusatoria y se invalidan pruebas exculpatorias e incluso se eligen a los jueces de manera conveniente. Favela explica, además, cómo son ignoradas las acusaciones contra de la autoridad político-administrativa, que queda impune en el proceso.

No son pocos los familiares de los presos del 11J que han denunciado en redes sociales sus experiencias de persecución o presión de fuerzas de la seguridad del Estado por exigir libertad para ese hijo hermano, tío, etc. y para que desistan de sus reclamos para esos que están cumpliendo condenas por protestar.

Fueron muy pocos los casos donde procedieron las denuncias a miembros de los cuerpos policiales por utilización de violencia indebida en el 11J. En el caso de Leonardo Romero Negrín y Alexander Hall, estudiantes universitarios que la revista Alma Mater entrevistó, llegó a comentarse el resumen de la denuncia que había impuesto Romero a quienes le golpearon.  Al respecto el artículo refiere que «se comprobó que, ante la solicitud de Leonardo de formular denuncia, el instructor no dispuso su tramitación. Por esta razón, contra él se aplicarán sanciones administrativas».

Fueron muy pocos los casos donde procedieron las denuncias a miembros de los cuerpos policiales por utilización de violencia indebida en el 11J.

A partir de las protestas y su impacto en la opinión pública, el gobierno cubano reconoció que había «desatendido» algunos sectores poblacionales, también que existía desconexión entre las decisiones y acciones de algunos directivos y las necesidades de la ciudadanía. «Esta base social no la podemos olvidar y en esa base social hay mucha gente que están viviendo y mal y tenemos que transformar esa realidad», afirmó Miguel Díaz-Canel en octubre de 2021. En respuesta, se realizaron algunas reformas económicas —como la aprobación de las mipymes, liberación de impuestos aduanales, flexibilización de los requisitos para adquirir la cartilla de racionamiento— e intervenciones en las comunidades a las que se llamó eufemísticamente «vulnerables» —para evitar decir empobrecidas.

Sin embargo, ninguna de estas acciones ha logrado transformar significativamente las condiciones de quienes protagonizaron el estallido. Con un poco más de pintura y algunas calles mejor asfaltadas, la mayoría siguieron sin poder reproducir dignamente la vida mediante el trabajo, tampoco salieron de sus asentamientos informales, ni pudieron adquirir ni los medicamentos y alimentos necesarios para un mínimo de bienestar social. Hoy, casi tres años después, y con problemáticas sociales aún más graves, la campaña sobre acciones en los barrios ocupa muy pocos titulares en la prensa estatal.

¿Por qué Cuba necesita una amnistía?

El día que el Estado cubano decidió encerrar de manera masiva a manifestantes del 11J, no se quitó de encima a quienes pedían cambios en ese estallido social, más bien los radicalizó, los alejó de toda posibilidad de diálogo constructivo. La violencia en el 11J vino de ambas partes, pero la sanción fue desmedida para quienes se opusieron al Estado. El disenso colectivo lo pagaron los más pobres. El castigo ejemplarizante lo sufrieron los criminalizables, los sin cara.

Cuba necesita una amnistía porque el Estado no puede darle solución a los conflictos que provocaron el estallido y porque no ha sabido reconocer tampoco su responsabilidad en materia de represión política. Por cada manifestante del 11J, hay familias enteras insatisfechas con la gestión del Estado, personas que en muchos casos han decidido denunciar la situación de sus familiares en las cárceles y son acosados en el proceso. A este paso, sin una amnistía, no quedará cubano que busque soluciones en las instituciones del Estado, porque la falta de legitimidad del engranaje socio-político que sostiene el país será tanta, que el ciudadano de a pie preferirá callar, y migrar, si es que puede. Cuba necesita una amnistía para seguir siendo un país.

La gente no sale a la calle a protestar en un país donde la manifestación es prácticamente ilegal, porque sí. La gente pone su vida y su libertad en juego cuando no tiene nada que perder. La mayoría de los familiares de los presos políticos no son burgueses acomodados luchando por más privilegios, ni dueños de mipymes, ni gerentes de empresas extranjeras; son los trabajadores humildes que construyeron ese país, y hoy apenas pueden reproducir su vida, mientras otros muestran sus lujos sin temor a represalias. Su lucha es profundamente revolucionaria en el sentido más amplio de la palabra.

Luis Robles pudo haber aportado con sus conocimientos y trabajo a una sociedad que se queda sin jóvenes, como lo pudieron haber hecho los hermanos Perdomo, las hermanas Garrido, las jimaguas Rodríguez, o Wagniel Aguilar Bravo. Cuba nos necesita a todos. ¡Qué a nadie más le «hagan un Robles», sin antes escuchar lo que tiene que decir!


[1] La búsqueda puede arrojar números diferentes en dependencia del lugar donde se haga por los algoritmos de Google.

Liudmila López: El arte cubano es de una extensión insospechada

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Liudmila Lopez
Ilustración: Félix M. Azcuy

Creer o dar por hecho de que las restricciones económicas y políticas impuestas los cubanos —desde el exterior o desde dentro— han limitado por completo la actividad creativa de los artistas es una idea que, cuando menos, carece de sostén rea. En la mayoría de los casos―según de dónde venga― suele estar contaminada por extremismos y/o polarizaciones. Hablemos particularmente de los creadores de las artes visuales, no importan las posturas ideológicas que defiendan, ni la relevancia que alcancen sus obras al estar a favor o en contra del sistema político en Cuba. La realidad es que existen y han alcanzado un sólido e incuestionable prestigio internacional.

Algunos, fundamentalmente los que viven dentro de la Isla, con limitaciones al acceso de pinceles, pinturas, lienzos y materiales de todo tipo y otros con mayores posibilidades para trabajar. Buena parte, con o sin la ayuda de instituciones culturales cubanas, han logrado llegar al difícil mercado internacional y sus obras llaman la atención de coleccionistas, curadores, críticos… Que el arte cubano exista y tenga valor en los circuitos de arte internacional: ferias, casas de subastas, museos… es motivo de orgullo y de eso se han hecho eco revistas especializadas y grandes medios como Huffington Post, New York Times, entre otros.

Arte cubano en Europa

En ese empeño de promoción y acercamiento ―a España y Europa― nació en 2023 el proyecto transdisciplinar Veo islas. En la edición del pasado año, por ejemplo, el equipo curatorial aglutinó medio centenar de piezas de creadores cubanos de muy diversos estilos y cosmovisiones —estéticas y políticas— como Roberto Fabelo, Eduardo Roca (Choco), Flora Fong, Rafael Zarza, Ángel Ramírez, Tomás Sánchez, Eduardo Abela, Vicente Rodríguez Bonachea, Rigoberto Mena, Alicia Leal y otros. Antes de comenzar la segunda edición en el mes de marzo conversamos con la artista visual y fundadora de Veo islas, Liudmila López Domínguez.

¿Acaso son escasos e inaccesibles los espacios de difusión para los artistas visuales cubanos en Europa?

No son escasos, y mucho menos inaccesibles, los espacios a los cuales los artistas visuales cubanos pueden acceder en Europa. Sí es cierto que muchas veces las propias dinámicas galerísticas o del mercado hacen que los circuitos de venta y difusión tengan parcelas casi infranqueables. Uno de los motivos por los cuales fundé Veo islas a principios de 2023 radica en la creación de un proyecto inclusivo, dinámico, que sirviera como posibilidad de presentación no solo a los creadores más reconocidos, sino a aquellos que tienen una carrera emergente.

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¿Se conoce lo suficiente el arte cubano contemporáneo?

Nunca será suficiente la voluntad de una o varias personas para impulsar el desarrollo del arte cubano en Europa. Nunca serán suficientes las fuerzas que se involucren. No lo será porque el arte cubano es de una extensión muchas veces insospechada. ¿Se conoce lo suficiente? No. Pero hacemos lo posible porque gane en visibilidad.

Según tu criterio, ¿cuáles son (si existen) esas barreras que todavía hoy limitan el acceso de creadores cubanos a grandes galerías europeas? ¿Veo islas se alza como una posible solución a este asunto?

Anteriormente apuntaba algunas causas, pero añado otras: las modas, las exotizaciones, las propias dinámicas de algunos creadores cubanos. Veo islas no pretende alzarse como una solución a nada. Veo islas es un gesto. Veo islas es la consecuencia de una necesidad, personal y colectiva. Veo islas es un proyecto transdisciplinar que llegará a su segunda edición en marzo de 2024. Desde su fundación aspira a convertirse en un referente de creación, producción y mediación para el arte cubano contemporáneo —y no solo—. Su objetivo principal es trascender las nociones tradicionales y maniqueas con las que muchas veces nos hemos referido a la cultura e identidad cubanas. Al mismo tiempo, insiste en la necesidad de expandir sus zonas de intercambio con diversas regiones del mundo. De manera enfática lo hace en relación con el contexto español, territorio en el cual se activa.

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Liudmila López / Imagen: Facebook de la entrevistada

¿Qué criterios se tienen en cuenta para que un artista dentro o fuera de la isla participe en Veo islas? ¿Quiénes se encargan del proceso curatorial?

El equipo curatorial, compuesto en esta edición por mí y por el crítico de arte y curador independiente Edgar Ariel, insiste en la deconstrucción no solo de elementos referentes a la isla; a la isla como país; a la isla como nación; a la isla como dispositivo de relaciones; a la isla como arquitectura, como sutura, como emergencia; sino a todas aquellas islas veladas, muchas veces inadvertidas.

Durante el mes de marzo de 2024, en paralelo con la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCOmadrid y la Semana del Arte en Madrid, el dispositivo curatorial de Veo islas abarcará, entre otras acciones, tres exposiciones en la capital española: Vuelo de bronce, Gesto transversal y Debajo de cada piel (negra) siempre hay otra piel. Además, nuestra plataforma acogerá, apegada a un sentido multimedial, obras de teatro, performances, talleres, conferencias, charlas con artistas invitados…

Vuelo de bronce es un proyecto que llegará a su vigésima edición y este año, con la curaduría de Maciel Reyes, Alejandro Lescay y Liudmila López Domínguez, se activará por primera vez en Madrid. Es importante señalar que dentro del equipo organizador de Veo islas también contamos con la colaboración del artista visual Max Delgado. Más de treinta artistas de Cuba, España y Alemania participarán dentro esta plataforma de creación e intercambio.

¿Defender la diversidad de autores y técnicas significa que no prima el tema político o prefieren estar al margen de cualquier discurso?

Preferimos no restringir la noción de «lo político». De hecho, no debería hacerse. El «tema político» no se restringe a lo que se conoce como «arte político». El «tema político» nos incumbe a todos como entes políticos. No quisiera entrar aquí en una reflexión en torno al arte político, porque no es el momento. Por supuesto que no estamos al margen de los temas contemporáneos. Por supuesto que nos afectan esos temas. Lo que no quiere decir que estemos en otros márgenes.

¿Será posible repetir la experiencia en otros países del Viejo continente? ¿Cómo fue acogida la primera edición?

La primera edición de Veo islas fue muy bien recibida. Además de Madrid, trasladamos la exposición a Huelva, como parte del Festival Cuba Cultura, lo que permitió que muchas personas apreciaran una gran variedad de la producción más actual del arte cubano. Nuestro sueño es que esta segunda edición también pueda moverse no solo por España, sino por otras partes de Europa y América, pero son fechas que aún no se han definido.