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Pedro Franco: el sublime acto de hacer teatro en Cuba

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teatro el portazo

En el teatro no cabe un alma más, por no decir un cuerpo. El teatro, que tiene una barra en la esquina y carece de lunetas, en su momento fue un bar llamado El Biscuit, una cafetería, un antro en una de las cuatro esquinas más céntricas de la ciudad, al lado de la sede del gobierno y perpendicular a la sede del Partido Comunista de Cuba en la provincia. Cuando entras, le das la espalda a todo eso, literal, y a las miserias cotidianas en sentido figurado, como sucede cuando la luz del cine se apaga (se apagaba) y te entregas (te entregabas) a la ficción, a la fantasía.

Solo que aquí el ambiente es totalmente cabaretero, con los colores estridentes, los grandes carteles, los asientos tipo Pullman, el escenario plástico y desmontable, la cortina de brillos, las luces y las personas que, irremediablemente, terminarán perreando a ritmo de reguetón cuando la función acabe. No hay miedo: Hasta que se seque el malecón; Diablo, qué linda; la totaila; me las voy a llevar a todas pa´ un viaipí; cualquiera sea el estribillo de moda, junto a los Van Van, que no faltan. Eso es lo que te encuentras en la base de operaciones de Teatro El Portazo, un grupo que pensé iba a desaparecer, pero no. 

«Antes de irme a México hace dos años y medio, yo estaba en un momento en el que me sentía bastante cómodo a nivel formal, a nivel de búsqueda y de expresión… No era ni siquiera estancamiento, era más bien la plenitud. Pero esa plenitud precisamente me asustó –dice Pedro Franco, el director de El Portazo–. Necesitaba un estímulo lo suficientemente grande que pudiera variar un poco la manera en que yo pensaba el teatro. Algo nuevo que no encontraba en mi contexto inmediato, en la ciudad donde hago teatro, ni con los actores, ni en los medios ni en los modelos de producción y de circulación en los que yo estaba haciendo teatro en ese 2022».

Era un grupo cohesionado alrededor de espectáculos como CCPC, La República Light, la comedia musical Todos los hombres son iguales y el drama Por gusto. Era un grupo que había recibido y distribuido donaciones de medicinas y alimentos durante aquel S.O.S. Matanzas, en la pandemia, y muchos contrajeron el coronavirus ejerciendo esa función. Habían actuado en varias provincias del país; compartían el alquiler y los cigarros, iban al mismo gimnasio… Unos cuantos viajaron a México y otros se quedaron. Con el tiempo, unos cruzaron la frontera hacia Estados Unidos y otros siguieron en el México lindo y querido que en los after shows de El Biscuit homenajeaban con rancheras coreadas en masa por el público, y con los esperadísimos chutes de tequilas, antecedidos por sal y limón para que bajaran más fácil. Lo difícil para todos era lo que se aproximaba tras la escisión: el posible remate del proyecto.

«Yo nunca anuncié que me iba, no pensaba que iba a ser tanto tiempo, y sin embargo México ganó mi presencia –dice Pedro–. Yo había estado en España, en Estados Unidos, en Argentina, en Venezuela… Nunca en México, no entiendo por qué. Me pasé los dos años diciendo: No sé por qué si México está tan cerca, nunca antes estuve aquí. Es una ciudad increíble, un país increíble, una cultura increíble que tiene mucho que enseñarnos. Son unos vínculos que nos trascienden a nosotros y potencian nuestras habilidades para desarrollarnos».

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Foto: Néster Núñez

«Estando allá miré lo que había logrado en esos 11 años. El Portazo empezó con un andamio en la azotea del Patio Colonial de la Asociación Hermano Saíz con cuatro artistas aficionados, y en una década evolucionó hasta convertirse en una compañía sólida; tenía una sede teatral y un modo de producción que podía sostenerse. Creo que ese fue un alcance importante. Pero precisamente porque la década había sido tan productiva, yo me decía: ¿Cómo será la próxima?».

La cosa está que horripila y mete miedo de verdad, usted verá como de hambre un ratón se morirá…  Muy al principio, como para sintonizar con la audiencia, que es absolutamente grande y nueva, e introducirla en la propuesta discursiva, los actores bailan y cantan aquella infantil del ratoncito Miguel. Después harán lo mismo con la popularizada por La Colmenita: Aquí estamos por pasión, por amor y sentimiento, y porque tener talento es tener buen corazón. Los niños debieran juntarse, al menos de vez en cuando, y juntos hacer un bien, a su manera: jugando. De ese modo gozón ya está Martí sobre las tablas y está la alegría infantil: una muestra de intenciones y de los referentes variados y cubanísimos con los que Pedro engancha y te prepara para lo siguiente.

«Cuando eres un emigrante se hace inevitable dar esa mirada cargada de muchísima nostalgia a todo lo que has logrado, y comparas lo que tuviste con ese volver a empezar desde cero, ese arrancar de nuevo. Cuando te mueves de contexto nadie te conoce, nadie tiene por qué ni siquiera confiar en ti, y eso da una sensación de orfandad terrible».

»En México hice de todo: hóster de restaurante, organizador de fiestas, masajista, bartender, hice de profesor de actuación para niños… Pero hubo dos trabajos que me permitieron desarrollarme, afortunadamente. Uno fue como coordinador del área cultural del Círculo Cubano de México, que existe también en lugares como Tampa, Nueva York, Venezuela, Puerto Rico… Mi función básicamente era programar las actividades que programan en defensa de la identidad cubana, y que puedan aglutinar y aunar a la comunidad cubana de ese territorio. Un trabajo significativo donde se sentía muy útil, muy conectado con toda la historia patria.

»El segundo trabajo, que fue muy utilitario y que todavía hago desde Cuba, es el de coordinador de proyectos de una empresa que se llama Ajedrez, Eventos y Soluciones, que es una importante empresa de producción y de gestión cultural en México. Ahí me relacioné con la industria cultural en México, que era más o menos lo que yo salí buscando.

»Ahí entendí todo lo que es la producción en su término literal. Aquí se dice que en Cuba no se produce. Sí, en Cuba sí se produce. Aunque, sobre todo, se gestiona. Pero entendí que existe producción ejecutiva, producción operativa, producción logística, de todo… Aprendí el valor de los productores, del pensamiento del productor, sobre la relación necesariamente tensa entre el productor y el creador. Vi cuál era la verdadera responsabilidad y la utilidad del creador en un esquema de producción, en la conformación de un producto para llegar a los públicos. ¿Cómo un proyecto es redituable, sostenible, rentable? ¿O no lo es? No sé si afortunada o desafortunadamente, pero a partir de mi estancia en México yo veo el teatro en números. Es decir, veo el teatro en recursos humanos, en audiencia, en rentabilidad…»

A esas alturas, el público del Biscuit disfruta con el bufo. La mulata ha escuchado las propuestas «seductoras» del mulato y del gallego, y al final dice que ninguno de los dos, que se queda con la China. A esa Yunay nadie la calcula, ¡Ay!, a ella le gustan los yumas. A Pedro Franco la yuma le atrae, le aporta, como a todos, pero no lo compra, por los menos hasta ahora:

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Foto: Néster Núñez

—Yo nunca decidí que me iba a ir definitivamente de Cuba… A mí, tendrían que botarme, explícita y tácitamente, aunque nunca pensé que yo fuera un sujeto aplicable al destierro, ¿sabes? Yo no creo merecer tal castigo, no he hecho nada como para eso —dice Pedro, socarrón—. Entonces, yo tengo una responsabilidad, lo asumí hace mucho tiempo, que tiene que ver con mi educación patriótica, y eso es algo que también sé hace mucho tiempo: no soy yo, es mi abuela. Mi utilidad, mi destino (soy religioso), están en Cuba.

»Estando en México tuve miedo de perder el vínculo con la realidad cubana, y eso fue uno de los incentivos más importantes para regresar. Analizando desde allá la crisis, que está en una de sus zonas más duras, yo dije: Bueno, voy a ver qué es, de qué se trata».

Y regresó, para sorpresa de muchos o de pocos. Regresó a trabajar aquí, a vivir aquí, a seguir soñando:

—Lo que me encontré fue… Antes que eso, te digo que no suelo romantizar el pasado, porque creo que eso es una trampa de la memoria. Me gusta ubicarme siempre en el presente con una proyección a futuro. Ahora estoy trabajando para restaurar ciertos tejidos a lo interno de la agrupación, ciertas maneras o procedimientos, estoy haciendo lo que se necesita hacer ahora, sin pensar en lo que tuvimos en el pasado.

«Pero te digo que ahora todo es más hostil. Hoy venía caminando para el trabajo y pensaba que ya no nos caracteriza la alegría. No es que hemos dejado de ser alegres, nosotros seguimos siendo alegres. El fin de semana, por ejemplo, es una gran fiesta lo ocurre aquí en El Biscuit. Pero ya no es eso lo que nos caracteriza, y sí caracterizó a los cubanos en algún punto. Eso quizá es lo más duro, porque me he encontrado con una sociedad triste, una sociedad deprimida, con muy poca capacidad de resistencia precisamente por su depresión, porque no tiene incentivos, no tiene ese areté. La alegría era un gran desbrozador de malezas; ya no.

»En estas nuevas circunstancias, seguir haciendo teatro es una bendición. El teatro es hijo de la crisis. Es algo muy difícil, es un gran sacrificio. Casi es un despropósito. Pero del modo en que yo lo estoy asumiendo es como una bendición, en realidad. Como creador que está a punto de cumplir 40 años y de entrar en mi zona de madurez creativa, si Dios lo permite, puedo nutrirme de este contexto para activar mis resortes artísticos, para canalizar mi visión del mundo, para intentar modificar, desde mi oficio, la realidad de otras personas o la actitud de otras personas.

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Foto: Néster Núñez

»Convocar a ensayo, convocar a función, convocar a una audiencia y que ocurra esa relación mientras afuera todo parece distópico, yo creo que es un espacio muy singular en la historia que nos está tocando vivir y lo estoy disfrutando al máximo, intentando que sea provechoso para mí y para los que me rodean».

La distopía de la que habla es la que todos conocemos: los apagones, la de cocinar con carbón, la falta de alimentos y de transporte, los precios de todo, los dólares, la pésima gestión del gobierno, el fin del parole humanitario y de la posibilidad de escapar por esa vía legal y directa. Dentro, en el Biscuit, una actriz declama sus 15 razones para seguir construyendo su propia casa, que es la casa de todos. Después proponen hacer nuevas elecciones. Convocan a escoger entre Antonio Guiteras, Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena. Las cruces en las boletas marcan la preferencia por Guiteras, quizás porque estamos en Matanzas o, con mayor probabilidad, porque es el nombre que más se menciona en estos meses de termoeléctricas rotas. Después hay pasarela de héroes. Puro choteo cubano. No queda de otra.

»Hacia el final de la década de los 80, cuando aquello que se decía que Cuba reía, hubo una gran efervescencia de los proyectos teatrales en Cuba. En el 90 todo eso frenó de cuajo, frenó de pronto, no hay esto, no hay lo otro, y se produjo un gran éxodo, y quedaron mis maestros. Por lo tanto, cuando yo llego a la Escuela Nacional de Arte en el año 1999, ellos ya venían curtidos de una década de mucho trabajo y mucha necesidad. Tenían poéticas formadas y consolidadas en esa crisis. Carlos Díaz, Carlos Celdrán y Rubén Darío Salazar son las tres personas que ejercen una influencia real sobre mi pensamiento y sobre mi actitud teatral. Cuando tengo una situación difícil pienso qué podrían hacer ellos, cómo lo resolverían. Por eso acuñé una frase: Mis maestros se forjaron en la crisis. Su legado hacia mí fue su capacidad de resistencia, de resiliencia, su capacidad de no dejarse vencer».

La madre, la novia y el héroe de la ficción de La República Light exponen en monólogos sus puntos de vista. ¿Para qué tanto sufrimiento, por quién, por cuál ideal? ¿El sacrificio de una persona cambiaría algo?

»Yo pasé un taller con un Eugenio Barba, y él decía que el teatro tiene la responsabilidad de sobrevivir, que en el mismo momento en que cualquier forma de poder desarticule un núcleo teatral, ya ese núcleo teatral perdió porque no pudo garantizar su utilidad. Entonces, lo que me parece increíble de mis maestros es que son creadores con 30, con 40 años de trabajo ininterrumpido, y no han podido desarticularlos, no han podido matarles la esperanza ni el gesto sublime, sublimísimo, de hacer teatro».

»Para mí el teatro es utilidad. Yo, martiano siempre: la utilidad de la virtud. Si no, ¿para qué la virtud? ¿Para regodearse en la virtud? Nosotros los teatristas no somos productivos en términos de la cadena de valor. No es que podamos alimentar al pueblo. El verdadero valor productivo del teatro, uno de ellos, es que es un simulador de realidad. En los últimos años yo desarrollé una poética en la que el individuo puede sentirse libre durante un fragmento de tiempo. Pueden entrar en comunión con un grupo de personas y sentir que son, que somos libres en este instante de la obra, aunque afuera imperen las mismas circunstancias de hostilidad. Y yo creo que ese simulador de realidad, sin que tal vez tenga consecuencias reales sobre el individuo, es un valor productivo importante. En función de eso hago teatro, en función de que sea útil para la sociedad o para el público en el que impacta».

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Foto: Néster Núñez

Con su fusil en ristre, la miliciana de peluca rosada, ese actor de género fluido, vestido para la ocasión con corpiño y con un pantalón corto verde olivo, pasó por la escena. Con su fusil en brazos y con el quinqué de la campaña de alfabetización, el eterno farol de nuestros guajiros. Buscaba en versos al caballero gallardo, al caballero sin tacha y sin miedo. Su temor era que el caballero hubiese olvidado al buen proletario, que anduviese engordando bajo el traidor amparo de ciertas mesas redondas.

«Retomé  CCPC, la República Light porque.. bueno… Primero, mientras haya Portazo habrá cabaré. Eso es una sentencia. Y CCPC yo creo que es un tono importante. A mí me gustaría, cada vez que tengamos que empezar a hacer algo, empezarlo desde ahí. Es como una varilla, como un medidor. Si logramos conectar a una audiencia con este CCPC, bien, que venga lo próximo. Pero es una manera de estabilizar el grupo, de decir “aquí estamos” y proyectarnos hacia el futuro. Por eso es que regresa este espectáculo, más allá que por necesidad de discurso. Aunque es curioso que el discurso de este CCPC no haya muerto, porque la sociedad cubana permanece en este constante bucle histórico».

»Lo otro es que uno romantiza los momentos. El teatro es un arte tan efímero que se desvanece inmediatamente en la memoria. Lo que ocurre hoy ya mañana no será recordado. No tiene por qué ser recordado. No es como el cine. Una toma X queda en la memoria y en un soporte físico real… En el teatro hay que volver, repetir todos los días. Entonces, además de romantizar los momentos, uno romantiza los elencos, romantiza las audiencias. Creo que en la década desde el 2012 hasta el 2022 nuestros elencos alcanzaron un nivel técnico cada vez en progresión. Yo dejé el grupo a cargo de William, que creo que hizo excelente, maravilloso trabajo de supervivencia. Era muy poco probable que El Portazo sobreviviera en mi ausencia y William era la persona que podía hacerlo, no había otra persona en el mundo que pudiera hacer eso, por su autoridad, sobre todo».

En su ausencia, William Quintana reunió un nuevo elenco y dirigió Tango Patéticus. Desde el techo del Biscuit aún cuelgan zapatos viejos que formaron parte de la escenografía. También inició el montaje de El Baracutey, un bufo cubano, la pieza en la que trabajan ahora, otra vez bajo la dirección de Pedro:

«Encontrarme con nuevos actores, mostrarme ante ellos siempre es una fiesta y un descubrimiento para mí. Es difícil también. Son personas que no conocía, que apenas ahora nos estamos conociendo, estamos teniendo nuestro primer contrato marital con las salidas de CCPC. Es su primer espectáculo bajo mi dirección».

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Foto: Néster Núñez

«Pero lo difícil no es quiénes son ellos, no son sus individualidades. Lo difícil son las generaciones. Tiene que ver con el año en que nacieron, con las influencias que tienen, con qué tuvieron contacto, cuál es su formación. Y eso es algo que me va a acompañar toda mi vida mientras mantenga este oficio. Es decir, ahora estoy trabajando con personas que nacieron a principios de los 2000. Me imagino que dentro de 25 años estaré trabajando con personas que nacieron hoy. Eso también es un incentivo, por cierto, porque nunca te agotas».

La pionerita danzarina, la mulata, la china, el gallego, la miliciana, la patria que manejó su hoz y su martillo resplandecientes, la madre y la novia bajan por fin de escena. Los fogosos aplausos deben escucharse más allá del parque, en las tres esquinas. Es el mismo sonido de siempre, sacado de las manos de jóvenes que nunca antes habían estado en El Biscuit. 

«Nuestro público histórico está en Miami, junto con aquel elenco nuestro. El único que no está allá soy yo. Cuando vemos las visualizaciones de la cuenta de El Portazo en Instagram, tenemos más alcance en Miami que en Matanzas. Tenemos más alcance en Madrid que en Santiago. Eso significa que hubo un desplazamiento de la audiencia, eso no es un secreto para nadie, los vimos irse como mismo ellos nos vieron a nosotros irnos. Estábamos en México y desfiló el teatro cubano por allá, incluso los públicos.

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Foto: Néster Núñez

»Entonces, cuando a estos muchachos que están viniendo ahora tú les hablas de Mella, cuando les hablas de Guiteras, de Martí, de Villena, creo que no captan muy bien. A ellos no les dieron esa clase de Historia de la misma manera que nos la dieron a nosotros. El espectáculo de CCPC utiliza elementos del background patriótico de cierta zona de la infancia y de la adolescencia, y al parecer ese no es su propio background. Se relacionan con la Historia de una forma desfasada, no significa para ellos. Es como si les enseñaras una diskman.

»Pero el espectáculo está funcionando incluso con ellos. No lo voy a hacer más light, no lo voy a rebajar. Hay gente que se está encontrando con su primer CCPC de la vida. A veces se les desorbitan los ojos. A veces no entienden. No saben dónde aplaudir. No saben que se aplaude al final de la obra. No saben que el actor puede hablarte, que es una persona… Pero a la hora de la verdad disfrutan, porque la supervivencia antropológica del teatro, durante los miles de años que ha estado vivo, independientemente de qué joven ha estado sentado ahí, es la posibilidad del convivio. Y el ser humano sigue siendo el ser humano, sigue reaccionando a los mismos estímulos y a los mismos resortes siempre y cuando estén bien ubicados.

»Y teniendo en cuenta el éxito de esta tercera temporada puedo anunciar, a modo de primicia, que vamos a sacar una cuarta temporada. Es decir, en el transcurso de este año este elenco tendrá su propio CCPC, donde uniremos el CCPC del 2015 con el del 2018 y con el del 2022. Veremos qué pasa».

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Foto: Néster Núñez

Pedro Franco es un líder que sabe lo que quiere y sabe cómo lograrlo. Vive para el teatro con una pasión que ya parece no ser de estos tiempos. 

«Después de ser teatrista lo más importante que me ha pasado es coronar a Obbatalá. Yo creo que es… una comunión, es un equilibrio perfecto. Yo creo que es justicia y la armonía. Creo que lo necesitaba. Claro, Él vino a mí, ¿no? Y sí, ha sido muy importante para mi carrera creativa. La fe, quiero decir. Hay un término de teatro que se llama Fe y Sentido de la verdad. Yo estoy muy agradecido de ser un ser humano que encontró la fe, que es un concepto elevado. Es un cambio que transcurre a diario. No sabría explicártelo».

Buendía, machos alfa

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Ilustración: Brady

Hay obras literarias que desde su creación fueron consideradas imposibles, o casi, de llevar al cine. Ora por el escenario en que se desarrollaban, ora por la peculiar atmósfera poética que conseguían, ora por lo enrevesado de las peripecias, lo cierto es que The Lord of the Rings de Tolkien, Rayuela de Cortázar, Finnegans wake de Joyce, Pedro Páramo de Rulfo, Dune de Herbert o Cien años de soledad de García Márquez, entre otras, se resistieron y resisten, ahora y siempre, al invasor. En algún caso hubo alguna desafortunada tentativa que no funcionó del todo, en otros no se ha intentado nunca; sin embargo, en los últimos años hemos llegado a ver adaptaciones de un puñado de ellas que no desmerecen del texto original.

Vamos a ver, podríamos resucitar el añejo debate acerca de la pertinencia de trasvasar cualquier historia de un medio a otro, cuando es bien sabido que tras una lectura nos formamos imágenes mentales de personajes y ambientes, imágenes que varían levemente para cada individuo, de manera que sería un milagro que todas concuerden con la versión fílmica. Por otra parte, una adaptación, incluso si es para serie y no largometraje único, implica la reducción del material original; la selección, a juicio de alguien que por lo general no es el autor del texto matriz, de pasajes fundamentales mientras se apartan otros que se asumen prescindibles. Un fenómeno concomitante es que la gente lee cada vez menos pero cada vez consume más productos audiovisuales, con el resultado de que, no en el mejor pero sí en el más frecuente de los casos, conocen a los clásicos literarios por adaptaciones no siempre felices.

Pese a todo lo anterior, tan inevitable como echar barriga con los años, la Dune de Denis Villeneuve (la primera parte de 2021, la segunda de 2024, y habrá una tercera) consigue lo que no consiguió del todo la versión de 1984 del recientemente desaparecido maestro David Lynch: trasladar a la gran pantalla el universo de Herbert sin provocar demasiados infartos entre los fanáticos. Pedro Páramo (2024) de Rodrigo Prieto logra más o menos lo mismo al reconstruir la atmósfera surrealista y ominosa de la novela de Rulfo. Y todo el mundo se imaginaba al Balrog como lo retrata Peter Jackson en su trilogía de 2001 a 2003. En fin, que cada vez quedan menos narraciones infilmables, aunque siga siendo preocupante que para mucha gente constituyan un sucedáneo del texto de origen.

 Entonces llega la serie Cien años de soledad (2024) de Alex García y Laura Mora.

Una novela colombiana, un elenco colombiano para una producción filmada en Colombia y dirigida por nativos. No es una receta infalible per se, pero desde luego funcionó en este caso, sobre todo si se considera que la (temible) alternativa hubiera podido ser una versión con actores gringos hablando en inglés e intercalando palabras en español mal pronunciadas. Uf.

Reducir la novela de García Márquez a ocho capítulos de más o menos una hora es una proeza notable, si se tiene en cuenta que nada importante parece faltar. Conseguir el sabor del realismo mágico era todavía más difícil, pues no se trata de acumular espectacularidades; como dice el corrido, no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar. En mi opinión, García y Mora llegan, y su Macondo es, si no el Macondo imaginado, sí un Macondo probable. En materia de actuaciones, me convence mucho más el José Arcadio joven (Marco Antonio González) que el viejo (Diego Vásquez); me gustan ambas Úrsulas Iguarán, la joven (Susana Morales) y la mayor (Marleyda Soto), Claudio Cataño como Aureliano Buendía… bueno, y muchos más, hay decenas de personajes. Mención especial merece la cubana Jacqueline Arenal como Leonor Moscote: ha desarrollado su carrera tanto en Cuba como en Colombia, y se mueve como pez en el agua aquí, allá y en todas partes.

Fueron construidos cuatro Macondos diferentes para ilustrar la evolución del pueblo. La fotografía es espectacular, y rinde tributo tanto a los paisajes naturales como a la belleza humana que se aparta de los cánones implantados por el Primer Mundo. Rebosante de símbolos y matices, Cien años… fue una producción costosa y dilatada, pero valió la pena: ya tenemos una versión decente del clásico, lo que no significa que no pueda ser corregida y aumentada en futuras aproximaciones.

También en español, aunque peninsular, y con otra Laura como directora, es la serie Machos Alfa (2021 – 2025) que ya ha estrenado su tercera temporada.

Para mí, esta es una de las mejores series que he visto en mucho tiempo. O por lo menos, una de las que más tienen que ver conmigo, con lo que creo, con lo que intento escribir. Vaya, que los productores no saben lo que se pierden al no contratarme para el equipo de guionistas.

Las premisas son sencillas: hay cuatro amigos varones y su vida privada; esto es, sus parejas, sus hijos y padres, sus conquistas y rechazos, todo a través del cristal coloreado de lo políticamente correcto en materia de género, en la sociedad española de hoy día. Aunque desde el título es evidente que los protagonistas son ellos, los personajes femeninos están tan bien desarrollados (no es un comentario sexista, hablo en términos dramáticos) y enfrentan no menos decisiones, inseguridades y derrotas que los machos.

La serie se mueve todo el tiempo sobre la cuerda floja de lo que es socialmente permitido, en un constante contrapunteo entre la visión tradicional de los roles de género y las mucho más justas, aunque no a salvo de extremismos contraproducentes, concepciones actuales. Aquí radica uno de los logros más notables del material: en no dejarse llevar por reducciones al blanco y negro, en no caer en el antes-todo-era malo y ahora-sí-sabemos-hacer-bien-las-cosas. Es muy interesante la manera en que se presenta el dilema de hasta qué punto el varón moderno está realmente convencido de la importancia de la igualdad de géneros, la libertad sexual, la necesidad del consentimiento, etcétera, o si en muchos casos se resigna o se camufla, como el animal que hiberna en espera de tiempos mejores. Y es igualmente destacable ver parecido rosario de actitudes en las mujeres, desde las que disfrutan y tantean hasta las cazadoras de herejes.

El hecho de que haya cuatro protagonistas permite a los guionistas poner en el portaobjetos las posturas más convencionales, sustanciadas en el machismo casi primitivo de Raúl (Raúl Tejón); la del esposo estoico y soft de Luis (Fele Martínez), pasando por la del tipo atractivo y triunfador, Pedro (Fernando Gil) que se esfuerza por seguir la corriente y deconstruir su masculinidad pero necesita una esposa trofeo, y la de Santi, el divorciado inseguro, incondicional del feminismo hasta el punto de declararse mujer en cierto momento… y recular luego (Gorka Otxoa). Todos son urbanitas, de diferentes estratos sociales, pero sus posiciones resultan frágiles aunque no se note a primera vista.  

Todo está bien calibrado en Machos Alfa, no para intentar convencerte, sino para hacerte mirar alrededor. La dupla creativa de Laura y Alberto Caballero ha sabido rodearse de un equipo eficaz, que incluye a los guionistas (bastante bien lo hacen, considerando que falto yo), los responsables de la fotografía y edición, hasta el elenco. Kira Miró como Luz, la abogada dada a la exploración y la aventura, María Hervás como la influencer Daniela, Raquel Guerrero como Esther, el ama de casa que aspira a ser actriz, y una miríada de actores y actrices secundarios e invitados configuran un ejército invencible. Y como la sociedad no se estanca (bueno, por lo menos la española no) podría haber más temporadas en el futuro…

Dos series en español, una de comedia, otra dramática. Eso recomiendo hoy a machos y hembras, a LGBTIQA+, a todos, no importa que seas Alfa o Beta y tengas Lambda, Épsilon o Theta…

La perreta de Marco Rubio: más de lo mismo

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Foto: revistaeyn.com

La noticia es que la primera gira del nuevo secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, por Centroamérica confirma que la hostilidad extrema ha regresado a las relaciones entre Washington y La Habana.

Así puede concluirse de sus opiniones sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua.

«No tengo ninguna intención de ir a La Habana con este régimen en el poder, salvo para hablar de cuándo se marcharán», comentó a Fox News el jefe de la diplomacia estadounidense.

Rubio, quien ha construido su carrera política sobre la larga lucha infructuosa de políticos floridanos de tumbar al gobierno de La Habana, ya demuestra coherencia con su discurso hostil hacia Cuba, constante en toda su carrera como Senador, y que continuará ahora como secretario de Estado: «Ese régimen es un desastre, ha destruido el país. Es un régimen hostil a los Estados Unidos», dice sin explicar ni ser cuestionado.

Muy fácilmente se contagia del discurso radical y absolutista de Trump al afirmar que Venezuela, Cuba y Nicaragua son enemigos de la humanidad.

«Si no fuera por esos tres regímenes no hubiera una crisis migratoria», agregó Rubio.

Sin embargo, varias fuentes indican que ninguno de esos tres países han sido los emisores principales de migrantes hacia Estados Unidos en el último quinquenio. Los principales grupos de nacionales que ingresan como emigrantes a Estados Unidos son mexicanos, colombianos y guatemaltecos. Así ha sido en los últimos 10 años. Cuba nunca supera el número siete u ocho de esa lista, lo cual indica que es falso afirmar que es responsabilidad de estos tres países la crisis migratoria que golpea a la frontera sur estadounidense.

Según las afirmaciones de Rubio en conferencia de prensa en San José, Costa Rica, las razones por las que las personas emigran de Cuba o Venezuela son las mismas: políticas, por falta de libertades. Sin embargo, él mismo se ha quejado más de una vez de que buena parte de los cubanos que emigran a Estados Unidos y aplican a los beneficios migratorios que ofrece ese país, poco tiempo después de un año en el país, visitan su país de origen para vacacionar o ver familia, lo cual supone una contradicción.

Por supuesto, en ningún momento se refiere al peso de las sanciones contra Cuba como causa de esa crisis migratoria. Pero si algo hace este grupo político que está en el poder en Washington es repetir bulos sin que les pesen los cuestionamientos de periodistas, y sin ninguna vergüenza por ofrecer información inexacta y manipulada políticamente frente a los ojos de todos.

Mientras tanto, ya llegaron a la Base Naval estadounidense en territorio ocupado en Guantánamo los primeros migrantes detenidos, una decisión política que fue criticada por el gobierno de La Habana.

El presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez reaccionó a la decisión de Washington de utilizar las prisiones de la Base Naval de Guantánamo para encarcelar migrantes apresados en Estados Unidos. El mandatario lo calificó como «un acto barbárico» y afirmó que representa una amenaza a la seguridad nacional de Cuba y de la subregión, al recordar que el enclave militar ocupa ese territorio en contra de la voluntad del pueblo cubano.

«Para Cuba representa inaceptable la discriminación violenta e indiscriminada de migrantes de Estados Unidos».

Esta noticia significa que la administración Trump continúa un camino divisionista, transaccional, y que retrotrae a Estados Unidos a un recuerdo del pasado que ya no existe, en que se expandía como imperio de forma violenta, invadiendo, colonizando o comprando porciones de tierra. En esta fase de retro-futurismo, el gobierno estadounidense ubica a Cuba en un rol similar a los tiempos de la más álgida guerra fría.

En el deber ser, las voces de los diplomáticos suelen transmitir los intereses de los países que representan, pero con filtros de un lenguaje que se pretende respetuoso y socialmente aceptado: este no es el caso de la diplomacia trumpista. Ofensas, insultos, datos no confirmados o flagrantes mentiras pululan en los discursos de quien se dice ser jefe de la diplomacia.

Nuestra opinión es que el gobierno de Donald Trump, y sin sorpresas, su secretario de Estado, regresan a una política de máxima presión que no le hará favor a nadie, más que a los que se benefician de un discurso duro que se ha practicado antes con altísimos costos para el pueblo cubano y sin los resultados prometidos.

Igualmente, y de manera muy irónica, esta administración se ha tomado muy en serio el encargo social de poner a Estados Unidos en un rol de víctima, del que otros países se benefician, como México, Canadá o China, y como reacción, entonces prefieren el camino de la hostilidad a diestra y siniestra.

Si Cuba no fuera una obsesión de Rubio, este debería comprender que no es más el senador de los cubanoamericanos, sino el jefe de la diplomacia de un país que es miembro de la OTAN y que tiene fuertes intereses en Medio Oriente, una guerra en Ucrania que es realmente entre Occidente y Rusia, y muchas otras prioridades.

Cuánto tiempo sostendrán esta hostilidad extrema y cuánto del discurso irá a la acción, todavía está por verse, pero hasta ahora la Administración Trump ha demostrado su disposición para entregar a los electores la narrativa prometida, aunque sea violatoria del derecho internacional, como la deportación masiva e indiscriminada, o la guerra de tarifas que terminarán pesando sobre el consumidor y los negocios estadounidenses.

Programa transversal de la economía: público pero secreto

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Foto: Cuba Noticias 360

La noticia es que el gobierno cubano aprobó el Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía durante el año 2025, pero no se conoce en qué consiste. La escueta nota publicada en Cubadebate no explica el contenido de un programa de gobierno que es un «tema transversal, que recoge todas las esencias y políticas de la vida económica y social del país», según palabras del primer ministro, Manuel Marrero Cruz, en la reunión del Consejo de Ministros en la que se aprobó la estrategia.

De acuerdo con la poca información que hay, en este momento ya no se trata de Proyecciones sino de un Programa. Este tendría proyecciones, acciones, indicadores y metas, así como cronograma de fechas de cumplimiento y responsables. Sin embargo, se desconoce quién rendirá cuentas sobre qué, porque no se informa sobre esos plazos, o acciones específicas.

El primer ministro cubano afirmó que el Programa tiene dos objetivos clave: «incrementar y diversificar los ingresos externos del país» y «el incremento de la producción nacional, con énfasis en los alimentos». Cómo se enfrentarán estos desafíos, no queda claro.

Según un reporte de Granma de la penúltima sesión de la Asamblea Nacional, en julio de 2024, las principales pretensiones de la política para corregir distorsiones y reimpulsar la economía era «mantener el funcionamiento en las actividades económicas y sociales indispensables para el país, procurar el autoabastecimiento, garantizar la producción de alimentos, y controlar la economía nacional desde el Gobierno».

La afirmación genera muchas preguntas que periodistas y medios no tienen la oportunidad de hacer. ¿Ya el gobierno no controla la economía? ¿O se refiere al sector privado?

Según el reporte del verano del año pasado, la iniciativa se propone la estabilización macroeconómica; el incremento de los ingresos externos; el incremento de la producción nacional; y el desarrollo empresarial y formas de gestión no estatal. En aquel momento, el primer ministro mencionó que varias de las primeras acciones se habían postergado a la espera de que «las condiciones sean propicias».

En esa ocasión se refería a ajustes de precios en varias áreas clave como eliminación de subsidios en los precios del agua, el combustible y un aumento de diferentes formas de los impuestos que pagan los empresarios privados y los trabajadores por cuenta propia.

El reporte de prensa de esta semana que confirma que el Programa ya es mapa de trabajo del gobierno, indica que lo aprobado contiene un minucioso plan de acciones para su implementación y pone énfasis en el nuevo mecanismo para la gestión, control y asignación de las divisas, sin dar más información, ni obedeciendo principios básicos de transparencia que debe tener un programa que se supone sea público.

El reconocido economista cubano Pedro Monreal opinó sobre el anuncio en la red social X: «No hay datos para poder valorar razonablemente el programa “para corregir distorsiones y reimpulsar la economía en 2025”. Por el momento es la tertulia de un círculo limitado de políticos y no es un programa público de política económica».

La falta de información contrasta con la afirmación de Marrero de que antes de aprobar este programa se realizaron múltiples intercambios, a todos los niveles, e informó que contribuyeron a su diseño algunas recomendaciones recibidas, y la aplicación de la ciencia y los resultados de investigaciones.

Incluso, este mismo mes, se llevó al Consejo de Estado y se analizó la implementación del Programa, según el sitio del parlamento cubano. El órgano permanente de la Asamblea Nacional afirmó que en el plan de trabajo aprobado para el año está el control sistemático al cumplimiento del programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, de lo que se puede desprender que el parlamento y sus diputados tendrán acceso a los resultados de dicho programa, y que podrán escuchar algún tipo de rendición de cuentas. Sin embargo, los reportes de prensa no incluyen ninguna petición de los diputados exigiendo mayor transparencia en los medios estatales, que deben servir a las necesidades informativas del pueblo cubano.

Esta noticia significa que las tan llevadas distorsiones de la economía cubana pretenden ser resueltas con un programa del que se conoce muy poco, nublando aún más el futuro de la crisis crónica que golpea la Isla.

La multiplicidad de tasas cambiarias: una informal en la calle, que usa como referencia la realizada por la plataforma política opositora El Toque, otra formal del Banco cubano, otra para embajadas y algunas instituciones que operan con moneda dura, así como la lenta bancarización, ponen el tema monetario sobre la mesa como un problema urgente que distorsiona la economía, puesto que no permite medir realmente la productividad o la falta de ella.

La permanencia de subsidios estatales, junto al estancamiento de los salarios, el temor del Gobierno a autorizar a los actores no estatales en dólares, la incapacidad demostrada para recuperar el control del mercado cambiario, el modelo empresarial estatal que sigue privilegiando la supervivencia en número de empresas —muchas quebradas— y que pesan sobre el presupuesto estatal sin devolverle a este lo que debe, son solo algunas de las distorsiones históricas de la economía cubana, a la que se le suma el fracaso estrepitoso del «ordenamiento monetario», sobre el cual no se ha mostrado una autocrítica pública. A todo esto hay que sumar la carga inconmensurable del régimen sancionador de Estados Unidos sobre Cuba.

Corregir estas distorsiones lleva escuchar a científicos, informarse adecuadamente sobre la realidad del país, mantener una comunicación fluida, directa, real con los ciudadanos todos, y lleva también tomar decisiones quizás con un alto costo político, pero imprescindibles económicamente, así como renunciar a mentalidades de decisores en los que se describe el país que debiera ser y no el que es.

Y a todos esos esfuerzos, reuniones, y planes ponerle comunicación con contenido, no una práctica del decir por el decir sin explicar qué impacto tiene eso en la vida de la gente. Al leer la nota en Cubadebate no hay manera que un ciudadano cubano pueda apreciar, ni de cerca, algo escrito que tenga que ver con su vida de manera directa.

Nuestra opinión es que si bien es importante corregir distorsiones del modelo económico cubano, transformar su modelo de crecimiento y conducir las decisiones más orientadas a la lógica económica, mantener ese programa en secreto, sin ofrecer plazos, fechas concretas, o lista de acciones es una salida perfecta para que nadie rinda cuentas reales de su cumplimiento, y que las acciones se demoren, se dejen de ejecutar, o que no se midan adecuadamente los resultados de ese programa.

En conclusión, se hace muy fácil incumplir y que nadie lo note, violando así el encargo gubernamental, e incluso la propia Ley de Comunicación recién aprobada y que espera por ser respetada alguna vez.

Un programa para ser público debe ser ampliamente divulgado, porque el encargo del Gobierno es trabajar para el pueblo, pero sabiendo qué hace, cómo y cuándo lo hace, o sea, con el mayor nivel de información posible.

En un momento de crisis crónica, de emigración masiva, ofrecer esperanza, certeza, certidumbre, un plan en el que podrían confiar sobre la posible mejoría de la economía nacional, es fundamental. En tiempos en que hay tanta desesperanza, la oscuridad sobre qué va a pasar con la economía nacional no contribuye a que los ciudadanos tengan perspectiva, y conecten con la realidad de su país. Además de que ofrece más temores al emergente sector privado que también debe evaluar el contexto doméstico para emprender, o no.

Un programa que promete ser transversal y solución de muchos problemas de la economía, sobre el que no se dice cómo ni cuándo, es un programa vacío cuyo contenido y ejecución se mantienen lejos de los ciudadanos. Por tanto, nadie vinculará sus potenciales beneficios con decisiones acertadas, y nadie podría prepararse para los posibles costos que tenga y que impacten sobre pequeños negocios o sobre la economía doméstica.

El programa que quizás se expande en decenas de páginas, pero que el pueblo cubano no conoce, es como si a un enfermo le prometieran un tratamiento sin decirle cuál es, eliminando así la posibilidad de, al menos, un efecto placebo que alivie la vida.

Cuba y España: una relación histórica más allá de la política

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Los profundos lazos históricos y culturales entre Cuba y España han marcado una relación bilateral compleja y dinámica, caracterizada por períodos de colaboración estrecha y momentos de distanciamiento. Aunque las fluctuaciones políticas y los cambios en la Isla desde 1959 han condicionado esta relación, la conexión cultural ha servido como un puente histórico que ha permitido mantener un diálogo, incluso en los contextos más tensos.

Los acontecimientos de 1898 dejaron una profunda huella en el imaginario colectivo español, inmortalizados en la expresión popular: «Más se perdió en Cuba». Esta frase simboliza no solo cómo se considera la magnitud de la pérdida de la colonia, última gran posesión de ultramar española, sino también el impacto de la intervención estadounidense, que marcó el fin del dominio español en el Caribe y el inicio de la hegemonía de Estados Unidos en la región. La pérdida de Cuba significó un punto de inflexión que transformó el rol de España en la geopolítica mundial, orientándola hacia un modelo más enfocado en sus intereses europeos, dejando para sus excolonias en América Latina la influencia cultural e histórica.

Tras la conclusión de la guerra hispano-cubano-estadounidense, que culminó con la independencia formal de la Isla y la cesión de su control a Estados Unidos, Cuba y España establecieron relaciones diplomáticas en 1902. En este contexto histórico España se convirtió en un país emisor de cientos de miles de emigrantes hacia la Cuba republicana, un factor cultural clave que unió aún más los destinos de ambos pueblos. Los ahora bisabuelos y abuelos españoles de generaciones de cubanos, marcaron las raíces de figuras claves de la historia nacional como los propios líderes Fidel y Raúl Castro, hijos de Ángel Castro, nacido en Láncara, Galicia.

Es notable que, incluso durante la etapa franquista, las relaciones diplomáticas entre España y Cuba se mantuvieran, aunque estas eran distantes y condicionadas. Las profundas diferencias ideológicas entre el régimen franquista y la Cuba revolucionaria limitaron el alcance de estos vínculos, que no fueron estratégicos ni prioritarios para ninguno de los dos países. A partir de 1960 este distanciamiento se agudizó con el incidente televisivo entre Fidel Castro y el embajador español Juan Pablo de Lojendio e Irure, que culminó con la expulsión del diplomático y dejó el puesto vacante durante más de una década.

Incluso durante la etapa franquista, las relaciones diplomáticas entre España y Cuba se mantuvieran, aunque estas eran distantes y condicionadas.

Fue con la llegada de la Transición Democrática española cuando las relaciones comenzaron a fortalecerse. En 1978, la primera visita oficial de un jefe de gobierno español y europeo, Adolfo Suárez, marcó el inicio de un vínculo más cordial y fluido, reflejando la intención de España de reforzar sus lazos con América Latina en el marco de su renovada política exterior.

Está claro que ambos países compartían más en común que la distancia entre sus respectivas ideologías y que necesitaban aprovechar ese puente para influir en áreas geográficas estratégicas: España en América Latina y Cuba en Europa (recordemos que España se adhirió a las Comunidades Europeas en junio de 1986). Al mismo tiempo, el diferendo irreconciliable entre Estados Unidos y Cuba ofreció a España una oportunidad única para recuperar espacio en el ámbito económico de la Isla.

Aún en 1986, cuando la URSS seguía siendo el principal referente económico de una Cuba inmersa en el proceso de «rectificación de errores», el mandatario español Felipe González realizó una visita oficial a laIsla.Durante su estancia, fue condecorado con la Orden José Martí y logró un acuerdo para indemnizar a cerca de 3 mil españoles que perdieron sus propiedades a inicios de la Revolución. Lo más importante, amén de sus divergencias políticas, fue que Fidel Castro y Felipe González reafirmaron una estrategia en común para ambos países: incrementar el intercambio económico y comercial.

Según datos de 1985, Cuba absorbía más del 20% de las exportaciones de España a Latinoamérica, mientras que solo el 2.66% de las importaciones españolas desde América Latina provenían de Cuba, lo que reflejaba una balanza comercial favorable para España. Sin embargo, Cuba obtenía un beneficio más relevante: España se convertía en un socio comercial crucial y esta relación se afianzaría en los próximos años, incluso superando crisis diplomáticas como la de 1990, cuando varios ciudadanos cubanos pidieron refugio en varias embajadas en La Habana, incluyendo la española, lo que generó momentos de tensión entre ambos gobiernos.

Según datos de 1985, Cuba absorbía más del 20% de las exportaciones de España a Latinoamérica, mientras que solo el 2.66% de las importaciones españolas desde América Latina provenían de Cuba.

La necesidad de diversificar sus socios políticos y económicos se convirtió en una prioridad de supervivencia para el gobierno cubano tras la caída de la URSS, lo que condujo a un cambio en el discurso oficial hacia un tono más conciliador con ‘la madre patria’. Durante su visita a España en julio de 1992, en el marco de la II Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en Madrid, Fidel Castro destacó los lazos históricos y culturales que unen a ambos países, subrayando la herencia compartida como base para un acercamiento estratégico en un momento clave para Cuba. En el contexto de esta Cumbre, España comenzó a ejercer presión sobre Cuba para lograr avances en materia de derechos humanos y democracia, demandas a las que el gobierno revolucionario nunca cedió y que sería el punto crítico de una ruptura posterior más grave.

Durante los años noventa, España aprovechó el contexto de ‘debilidad’ económica cubana para apostar estratégicamente por el sector turístico, consolidándose como líder de las inversiones europeas en la Isla. A pesar de las diferencias ideológicas y de ciertas crisis puntuales, el gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Felipe González, había mantenido un enfoque pragmático en sus relaciones bilaterales con Cuba, priorizando el diálogo y la cooperación económica como pilares fundamentales del vínculo entre ambos países.

Con la llegada del Partido Popular y, concretamente, de José María Aznar al poder, se produjo un cambio sustancial y más confrontacional en las relaciones con Cuba. De 1996 a 2004, ambos países atravesaron un periodo gris, marcado por un distanciamiento significativo. Aznar, alineado abiertamente con los intereses de Estados Unidos, promovió la adopción de la Posición Común en la Unión Europea en 1996, un mecanismo de presión que condicionaba cualquier cooperación con Cuba a avances en derechos humanos y democratización. Esta política supuso una ruptura con la línea de entendimiento y cooperación promovida por los gobiernos anteriores, al adoptar una postura coercitiva que Cuba percibió como injerencia en sus asuntos internos. El gobierno revolucionario rechazó tajantemente las demandas y las tensiones diplomáticas se agudizaron, debilitando el papel tradicional de España como interlocutor privilegiado entre Cuba y Europa.

Aznar, alineado abiertamente con los intereses de Estados Unidos, promovió la adopción de la Posición Común en la Unión Europea en 1996, un mecanismo de presión que condicionaba cualquier cooperación con Cuba a avances en derechos humanos.

El uso de la coacción económica y diplomática promovida por Aznar no fue bien recibida por varios países miembros de la Unión Europea. La Posición Común, aunque impulsada con firmeza por el gobierno español, terminó adoptando un tono más moderado del inicialmente propuesto, debido a la oposición de algunos Estados europeos a implementar medidas que pudieran considerarse contrarias al derecho internacional o al espíritu de diálogo que caracterizaba la política exterior de la UE hacia Cuba.

Desde entonces, la sociedad civil cubana comenzó a ganar protagonismo en las relaciones con las representaciones diplomáticas europeas en La Habana, como parte de una estrategia orientada a ‘fomentar un cambio democrático en la Isla’. Este nuevo enfoque implicó una modificación en la agenda oficial, que pasó a incluir encuentros formales con disidentes políticos y defensores de los derechos y libertades del pueblo cubano.

Un ejemplo significativo de este contexto fue la visita ‘no oficial’ de los Reyes de España a La Habana en 1999 durante la IX Cumbre Iberoamericana. Aunque el gobierno de Aznar insistió en visibilizar a la disidencia cubana, no se concretaron encuentros oficiales ni se incluyeron opositores en las actividades protocolarias. Aznar, por su parte, sí se reunió con disidentes como Oswaldo Payá y Elizardo Sánchez. La llamada «guerra de los cócteles», en la que las embajadas europeas invitaban a opositores del gobierno cubano a recepciones y encuentros diplomáticos, se intensificó después de 2003 con la explosión política y mediática del Caso de los 75.

Sin embargo, ni la política de Aznar, ni la Posición Común, ni el bloqueo recrudecido con la aprobación de la Ley Helms-Burton tuvo efecto alguno en provocar un cambio en el gobierno cubano que, lejos de ceder, adoptó un tono aún más intransigente y confrontacional hacia Europa y Estados Unidos. Estos métodos injerencistas de política exterior han sido ineficaces en el pasado, lo son en el presente y, con toda probabilidad, seguirán siéndolo en el futuro. Cuba no renunciará a su soberanía ni a su autodeterminación, de modo que estas vías coercitivas solo generan resultados opuestos, al ser completamente irreconciliables con sus principios.

Volviendo al período de Aznar, es importante destacar que, incluso en medio de tensiones políticas, siempre existieron acuerdos que trascendieron la confrontación porque se beneficiaban ambas partes. Paradójicamente, durante su mandato, las autoridades cubanas otorgaron más licencias de inversión a empresas españolas que en todos los años del gobierno de Felipe González: de 2004 a 2014, la balanza comercial entre ambos países acumuló un saldo favorable a España superior a los 5.200 millones de euros, consolidando su posición como principal inversionista en la Isla.

De Aznar a Sánchez: del enfrentamiento al diálogo

Con la llegada de Donald Trump a su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, cabe preguntarse si podría repetirse un «periodo Aznar» en las relaciones entre España y Cuba. La realidad es que resulta bastante improbable. Desde el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), pasando por Mariano Rajoy (PP) y el actual presidente Pedro Sánchez (PSOE), la política exterior española hacia Cuba ha mantenido un tono de diálogo constructivo y una cooperación creciente, enfocada principalmente en los ámbitos económico y cultural.

El proceso de normalización de las relaciones entre España y Cuba y la posterior derogación de la Posición Común en 2016 no fue un camino fácil ni exento de contradicciones. Cada gobierno español adoptó pasos distintos, condicionados por las circunstancias internas de Cuba y los intereses propios y europeos.

Durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), España tomó la iniciativa para suavizar la política de presión que representaba la Posición Común de la Unión Europea hacia Cuba. Zapatero promovió la eliminación de las sanciones impuestas en 2003 (Caso de los 75) y buscó inaugurar un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales. Este cambio coincidió con un momento relevante en el contexto interno de Cuba: la llegada de Raúl Castro al poder en 2006, tras la renuncia de Fidel por razones de salud. Aunque Raúl prometió una reforma integral de la economía cubana, los avances en materia política y de derechos humanos seguían siendo muy limitados para las expectativas europeas y estadounidenses.

Zapatero promovió la eliminación de las sanciones impuestas en 2003 (Caso de los 75) y buscó inaugurar un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales.

No obstante, Barack Obama dio un giro de 180 grados a la estrategia de influencia sobre Cuba, lo que creó una coyuntura propicia para fortalecer los lazos económicos y diplomáticos con la Isla, mientras se mantenía la expectativa de que estos cambios fomentaran una apertura política a largo plazo. En este contexto, aunque de forma más cautelosa que su predecesor y alineado con los cánones políticos del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy (2011-2018) no revirtió el diálogo con Cuba ni retomó una política de confrontación. Su gobierno priorizó los intereses económicos y empresariales de España en la Isla, con un enfoque especial en sectores estratégicos como el turismo, la energía y las infraestructuras hoteleras y de transporte, donde las empresas españolas consolidaron su presencia y liderazgo.

Finalmente, con Pedro Sánchez (PSOE), España consolidó su papel en el proceso de normalización mediante su respaldo al Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación firmado entre la Unión Europea y Cuba en 2016. Este acuerdo reemplazó formalmente la Posición Común y abrió una nueva etapa de relaciones bilaterales, centrada en la diplomacia y la cooperación multilateral.

El traspaso de poder de Raúl Castro a Miguel Díaz-Canel tuvo en España un aliado, ya que Pedro Sánchez realizó en 2018 la primera visita oficial de un presidente español a Cuba en 32 años. Sánchez no solo evitó reunirse con opositores al gobierno cubano, sino que durante su visita se firmó un memorándum de consultas políticas que estableció un mecanismo de diálogo anual entre ambos países, con un compromiso explícito de incluir los derechos humanos como parte de la agenda. Ningún otro país europeo había logrado un acuerdo de esta naturaleza con Cuba, lo que reflejaba la voluntad de España de consolidar su papel como mediador privilegiado.

Además, se firmó un acuerdo de cooperación cultural, considerado un pilar esencial de la política exterior española en la Isla. La visita estuvo respaldada por una delegación de más de 20 directivos de empresas españolas, centrados en consolidar y ampliar las inversiones en sectores estratégicos como el turismo y la construcción, puntos clave del interés económico español en Cuba.

La visita de sus majestades los reyes Felipe y Letizia en 2019, en el marco del 500 aniversario de la fundación de La Habana, refrendó la tesis histórica de que España apuesta por una relación cordial con el país con el que comparte profundos lazos culturales.

Sin embargo, resulta notable que Cuba ha ido perdiendo protagonismo en las prioridades de la política exterior española en América Latina, donde países como México, Brasil, Colombia y Argentina han ganado un mayor peso estratégico gracias a sus condiciones económicas favorables y su atractivo como socios comerciales.

Cuba en la agenda española: estabilidad sin protagonismo

La gravísima crisis económica que atraviesa Cuba no resulta en absoluto favorable para atraer a turistas, inversionistas o empresarios (españoles). A esto se suma la falta de un liderazgo político, tanto interno como regional, que sitúe a Cuba en el centro de la atención política y mediática. El protagonismo que en su momento tuvo Cuba ha sido desplazado por Venezuela, que concentra lo poco que resta del interés político español en la región. Como resultado, Cuba ha dejado de ser un tema de debate relevante entre los distintos partidos políticos españoles.

El profesor emérito Manuel Alcántara Sáez comentó a La Joven Cuba que «la importancia de América Latina en la política exterior de España ha venido paulatinamente disminuyendo y en la actualidad se sitúa en el nivel más bajo de los últimos 45 años, ya que la europeización de la política exterior española ha desviado el foco hacia las prioridades continentales en un juego de suma cero, donde España, como “potencia media”, carece de recursos y capacidades para atender con igual intensidad a ambos lados del Atlántico. Además, América Latina es un espacio cada vez más fragmentado, lo que dificulta las relaciones multilaterales y exige un esfuerzo bilateral considerable, dada la diversidad y cantidad de países que la integran».

Para Alcántara Sáez en estos momentos Cuba no tiene ninguna prioridad en la geopolítica española. «La Isla que en otros momentos gozó de mayor relevancia, ha quedado desplazada del interés político español, superada desde hace dos décadas por Venezuela como foco principal de protagonismo y atención en la región».

En los medios españoles, las noticias sobre Cuba en 2024 fueron escasas y con poca resonancia: los apagones, la migración de miles de cubanos y la interminable crisis sistémica son algunos de los temas mencionados, con casi nula atención a iniciativas políticas, como sí ocurrió en décadas anteriores.

En los medios españoles, las noticias sobre Cuba en 2024 fueron escasas y con poca resonancia

En el ámbito político, la actividad de los partidos ha sido también muy limitada. Mientras que el partido ultraconservador Vox lidera el apoyo a las manifestaciones de la disidencia cubana en España y a aquellos que llegan de gira por el continente europeo, el Partido Popular (PP) ha sido el más activo durante este año con iniciativas concretas. Por una parte, presentó ante el Congreso español una resolución condenando las violaciones de derechos humanos en Cuba y denunciando las condiciones de las misiones médicas cubanas. De forma paralela, como parte del Partido Popular Europeo (PPE), impulsó una propuesta en el Parlamento Europeo que alertó sobre el aumento de presos políticos y el deterioro de las libertades civiles en la Isla.

Una acción más reciente ocurrió en noviembre pasado, cuando una diputada del PP cuestionó al gobierno sobre el volumen de la cooperación española en Cuba, recordando que la legislación española prohíbe expresamente mantener ayudas a países que violan los derechos humanos y además mantienen deudas con España. En esta rendición de cuentas se reveló que la deuda de Cuba con España asciende a 2.000 millones de euros, una cifra que refleja las tensiones económicas persistentes entre ambos países.

Por su parte, el PSOE, en el poder desde 2018 (con elecciones generales previstas para 2027), ha defendido el diálogo con el gobierno cubano y ha evitado apoyar condenas por violaciones de derechos humanos tanto en el ámbito interno como en el europeo, aunque Cuba no ha ocupado un lugar relevante en su agenda reciente.

Sin embargo, a pesar de este apagón político, la emigración cubana a España ha alcanzado cifras históricas en los últimos años. Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), al 1 de enero de 2023, 198.639 personas nacidas en Cuba residían en España, lo que representa un aumento drástico respecto a los 63.618 registrados en 2022. Este fenómeno migratorio confirma que España sigue siendo un puente vital y un refugio natural para los cubanos. Más allá de las relaciones bilaterales, donde no se esperan cambios significativos a corto plazo, la memoria histórica y cultural compartida continúa uniendo a ambos pueblos, manteniendo una conexión profunda que trasciende las coyunturas políticas y económicas.

A pesar de este apagón político, la emigración cubana a España ha alcanzado cifras históricas en los últimos años.

La relación entre Cuba y España se encuentra en un momento de estabilidad que, al mismo tiempo, podría interpretarse como estancamiento. Por un lado, Cuba ha perdido atractivo económico para los empresarios españoles y el debate entre partidos se centra en más de lo mismo: la oposición, representada por el Partido Popular (PP) y Vox, insiste en cuestiones de derechos humanos y democracia, mientras que el gobierno de Pedro Sánchez aboga por la cooperación, el diálogo respetuoso y el fortalecimiento de los vínculos culturales y afectivos.

Ya que no habrá un cambio de gobierno pronto en España, no se esperan transformaciones drásticas en el enfoque hacia Cuba. Sin embargo, será importante observar las consecuencias imprevisibles que podría tener el retorno de un gobierno como el de Trump en Estados Unidos, especialmente en sus relaciones con Europa y cómo estas podrían influir en la postura de España hacia la Isla. También habrá que considerar que Trump ha designado como nuevo embajador estadounidense en España a Benjamín León Jr., empresario de origen cubano, donante de su campaña y ferviente republicano, lo que podría mover las fichas y ejercer presión sobre España para adoptar una postura más severa en su relación con Cuba.Por ahora, todo parece apuntar a la continuidad de una política exterior española centrada en la estabilidad y el pragmatismo.

Por otra parte, no se percibe una ofensiva diplomática evidente por parte de Cuba hacia España, al menos de manera pública. Si se evalúa el alcance de ambas embajadas, el desequilibrio resulta claramente desfavorable para la Isla. Esto pone de manifiesto que, aunque España ocupa un lugar prioritario en la política exterior cubana, la discreción sigue siendo la estrategia dominante. Sin embargo, esta postura también limita la capacidad de Cuba para posicionarse frente a otros países latinoamericanos que han logrado mayor protagonismo en la agenda española.

La resiliencia del gobierno cubano en su política exterior hacia España (y Europa) podría traducirse en mejores resultados a nivel de influencia política, si se priorizara una relación más pragmática y menos ideológica, que es, en definitiva, la estrategia por la que optan los españoles.

Las muchas caras del financiamiento internacional

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Esta opinión contradice el artículo 143 del Código Penal, y señala buenas y malas prácticas en el recibimiento de financiamiento internacional en Cuba. Las fuentes de fondos son tan diversas como sus intenciones, pero al respecto casi no existe una conversación en nuestra esfera pública, sino propaganda, histeria y superficialidad. Tanto los apologistas de esos fondos como sus críticos, suelen generalizar y evitar matices para utilizarlo en función de agendas e intereses.

Desde hace nueve días la administración Trump congeló los fondos de ayuda internacional de los que dependen millones de personas con VIH que necesitan retrovirales, niños desnutridos en Etiopía y el África Subsahariana, familias en Gaza, Sudan y Siria que necesitan atención de salud, personas con malaria, refugiados de zonas en conflicto y muchos más. USAID, el Departamento de Estado y el Millennium Challenge Corporation contribuyen a disminuir la pobreza y desarrollar países mediante financiamiento internacional, aunque a veces exigiendo cambios internos y selectivamente. Y esto último es el problema.

A diferencia del trabajo humanitario que hace USAID en países vecinos como Haití y República Dominicana, su mandato hacia Cuba es distinto. La organización está obligada a seguir el marco legal expresado en la Ley de Democracia Cubana (Torricelli) y la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana (Helms-Burton). Al poner el foco exclusivamente en gobernanza democrática, sus actividades son parte de un programa amplio de cambio de régimen. Entonces, vamos a centrarnos en los fondos dedicados a Cuba específicamente por el gobierno federal y el financiamiento internacional que reciben.

En la práctica, la asignación de recursos de la USAID (y la NED) ocurre bajo criterios de selectividad política, reciben fondos, no las organizaciones con más solidez e impacto, sino aquellas que puedan desestabilizar más efectivamente el sistema político encabezado por el Partido Comunista de Cuba (PCC). Por lo general, los sectores moderados que no tienen una militancia opositora y los que están cercanos a las instituciones reciben poco o ningún interés; se centran en quienes practican agitación política de algún tipo, a menudo los más radicales. En un mundo polarizado, nada puede desestabilizar más nuestro futuro, aunque ello no exime de responsabilidad al gobierno cubano respecto a la situación actual del país.

Podría argumentarse que, si bien es necesario fomentar valores democráticos en todo el espectro social cubano, son los actores radicales en el gobierno y la oposición quienes más lo necesitan. Sin embargo, para ese diálogo nacional, que sería un verdadero aporte a la democracia, no están destinados los fondos federales. En su lugar se dedican a empoderar la parte del espectro social cubano que les resulta favorita, y eso no es fomentar la democracia sino moldearla a sus intereses.

Por otra parte, los donantes que financian organizaciones y medios de este tipo, muchos con las mejores intenciones hacia Cuba, terminan trabajando con figuras radicales de extrema derecha que no apoyarían en su propio país. Eso habla de la falta de opciones en Cuba, pero también de que es necesario un mayor interés por explorar alternativas. Y muchos de los que aceptan tales fondos, siguen la lógica de que contra el poder represivo del gobierno cubano todo vale, mientras reclaman que contra ellos se aplican métodos ilegítimos. Todo vale tanto para la oposición como para el gobierno, y ojo por ojo, así estamos ciegos.

Si la existencia de organizaciones y medios independientes fuera voluntad del Estado cubano, no existirían en absoluto. La mentalidad de Guerra Fría y el desinterés en adoptar normas democráticas básicas rigen todavía el Palacio de la Revolución. El recibimiento de fondos se utiliza por el gobierno como una herramienta para desacreditar y perseguir a sus adversarios. Nótese que el Estado podría educar en buenas prácticas y crear un marco legal que permita opciones de financiamiento respetuosas del orden institucional, evitando así la dependencia de los fondos de cambio de régimen. Pero en el Comité Central no son muy sofisticados.

Esta tirantez también es el resultado de décadas en que la oposición ha estado marginada de participar políticamente en el país. Son comprensibles las reservas gubernamentales de no permitir la competencia política a un sector que recibe inyecciones financieras del exterior mientras se asfixia al Estado cubano por otra parte. Tampoco ha existido un plan de inserción política que pase por el reconocimiento de la soberanía nacional, incentivando a los opositores a crear una base económica propia en lugar de esperar que las crisis engrosen sus filas, y al Partido Comunista financiarse por sus seguidores y no con el erario público. Si la oposición no puede recibir dinero de quienes la apoyan en el exterior, ¿por qué el Partido puede disponer de la caja pública?

Hay otra dimensión en este debate que es humana. En condiciones de crisis económica, no es de extrañar la virulencia con que reaccionan los que se benefician de estas organizaciones, hay familias enteras que dependen de esos fondos. Se puede entender las condiciones de vulnerabilidad —no solo económica sino política— de quienes reciben apoyo de la USAID y la NED. Pero cabe preguntarse si esa empatía es recíproca, si han pensado en todos aquellos que están marginados de acceder a tales oportunidades. Desde grupos de apoyo a enfermos de cáncer, hasta quienes quieran preservar la herencia cultural del país, ninguno tiene acceso a ellos.  Si ser un activista político es el examen de pureza para tener acceso a fondos federales, se convierte en un privilegio más que un derecho.

Es grande la capacidad humana para racionalizar y justificar aquello que se necesita, más aún si se hace por necesidad. Pero toda la empatía del mundo no cambiará el hecho de que aceptar fondos de un país, cuyo único destino es cambiar el sistema político de otro, es una práctica no aceptada por el derecho internacional:

  1. Viola el principio de soberanía nacional de la Carta de las Naciones Unidas, que sugiere que la interferencia extranjera en los asuntos políticos de un país puede violar el derecho internacional.
  2. Viola la Declaración de la ONU sobre Relaciones de Amistad, que especifica cómo los Estados no deben interferir en el sistema político, económico o cultural de otro. El propio Estados Unidos es uno de sus signatarios.
  3. Violaría la Carta de la OEA, si fuéramos miembros, porque prohíbe la interferencia externa en los procesos políticos internos de los Estados miembros.
  4. Existen precedentes en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que condenan tales prácticas, como Nicaragua vs. Estados Unidos (1986). En este la CIJ determinó que Estados Unidos violó el derecho internacional al financiar y armar a la «Contra» nicaragüense para desestabilizar al gobierno, y reafirmó que la asistencia financiera a grupos opositores en otro país puede constituir una intervención ilegal.
  5. En el propio Estados Unidos, la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (1938) obliga a las entidades que reciben fondos extranjeros para actividades políticas a registrar públicamente que trabajan al servicio de otro país.

Quienes reciban estos fondos pueden seguirlo haciendo, es una decisión individual, LJC no lo hace. Le sugiero a mis colegas en La Joven Cuba que se mantengan lejos de rastrear fondos estadounidenses y quiénes lo reciben, para no facilitar la persecución estatal que generalmente cae sobre las personas más vulnerables. Como tampoco deberíamos estar rastreando operaciones comerciales del gobierno cubano para no facilitar las medidas coercitivas que pesan sobre toda la ciudadanía. Pero señalar las normas en el terreno internacional, las buenas y malas prácticas en este sector, no debería indignar a nadie.

Vale aclarar que los fondos para ayuda al desarrollo que brindan numerosos países y organizaciones a Cuba son perfectamente legítimos, no tienen un objetivo de injerencia política ni forman parte de un programa violatorio del derecho internacional. Son fuentes de financiamiento que a menudo son atacadas por sectores extremistas de la oposición, que al parecer se consideran los únicos destinatarios posibles. También, tales fondos son capitalizados generalmente por el Estado cubano, que se comporta como si fuera el único que debe contribuir al desarrollo nacional.

Sirva la oportunidad también para recordar que ninguna organización independiente en Cuba tiene marco legal para recibir fondos internacionales, así que pedirle a La Joven Cuba que transparente sus fondos es una invitación a la persecución de sus actividades. Habitualmente quienes lo hacen no se lo exigen a ningún otro medio, ni estatal, ni independiente del PCC. Para ellos hay periodistas que merecen ser protegidos, y otros no. Como siempre, preocuparse solo por los cubanos favoritos.

Los próximos cuatro años serán reveladores en este sector. Imagino sea muy incómodo trabajar en una organización con agenda feminista o de derechos LGBTIQ+, mientas se espera apoyo de un gobierno que solo reconoce «dos sexos» y destruyó el derecho al aborto. Debe ser peculiar declarar fines democráticos para Cuba en una solicitud de fondos a la administración Trump, que no ha respetado normas democráticas ni en su propio país. Debe ser difícil para los diplomáticos estadounidenses en La Habana coordinar ayudas que deberían propiciar buena gobernanza, cuando saben que su hogar está en plena regresión democrática. Pero son preguntas que muchos prefieren no hacer.

Los preocupados específicamente con la ayuda internacional para cambio de régimen que brinda el gobierno federal estadounidense, pueden descansar tranquilos. Los dineros para alimentar niños en África podrán acabarse, Gaza se quedará sin agua potable, pero los fondos para financiar a los cubanos favoritos de la Casa Blanca estarán disponibles muy pronto. Marco Rubio se asegurará de eso.

¿Por qué, para qué y cómo protestamos?

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El acto de protesta es un proceso necesario y consustancial a la propia existencia en sociedad. Protestar es exigir derechos, y como la conquista de derechos es un proceso histórico, también lo ha sido el acto de protestar. Mientras todas las condiciones no estén cubiertas, será lícita la queja; y como las necesidades constituyen un continuo creciente, también lo serán los actos de queja. Sobre por qué protestar, cómo hacerlo y cómo se nos impide, comparto acá algunas reflexiones marginales a un tema harto estudiado, pero siempre pertinente.

Breve historia del acto de protesta

Vivir en sociedad exige, necesariamente, una cesación de derechos. De la vida salvaje en el placer directo, pero cuya realización es peligrosa, la humanidad pasó a un placer retardado, conciliado, pero seguro. La vida en sociedad implicó desde el principio un pacto tácito que nos hace poseedores de derechos fundamentales, aunque primitivos. Los primeros derechos de la vida social fueron la seguridad y el acceso a los bienes excedentes de la caza o de la agricultura. Y como tal, la violación de estos derechos generó el primer acto primitivo de protesta. La disolución de la comunidad primitiva estribó, justamente, en la injusticia en el reparto del excedente y en el surgimiento de las diferencias entre personas. O sea, que la dilución del comunismo primitivo implicó una inquietud, un acto de protesta acallado y sometido, que dio paso a sociedades desiguales.

Pero el disenso, la rebelión y la protesta no tienen el mismo significado. Protesta solo existe cuando hay un corpus de derechos lo suficientemente robusto como para que su violación sea consensualmente asimilada como tal. Por ello no podemos considerar que existan protestas hasta que cristaliza en la humanidad un cuerpo sólido de derechos, una constitución que licite la protesta como ser constituyente de la vida social. Para el sentido común, todo acto de queja es protesta, pero la tesis defendida acá asume la protesta como un acto de alto valor cívico que tiene como condición un estado de derecho. Por otro lado, descontento y rebelión ha existido siempre. La historia romana recoge la rebelión de Espartaco. El medioevo numerosas rebeliones campesinas y religiosas. Pero se comienzan a configurar como protesta con la formación de los estados nacionales y las revoluciones burguesas.

El disenso, la rebelión y la protesta no tienen el mismo significado. Protesta solo existe cuando hay un corpus de derechos lo suficientemente robusto.

Otra condición esencial es la cristalización de las clases antagónicas en el capitalismo y las instituciones que nacen con ellas en la sociedad civil. El acto de rebeldía de las pescaderas de Paris, que devendría en la Revolución Francesa, no fue un acto de protesta, porque no existían derechos claros por los que protestar. Sin embargo, sembró las semillas de la noción abstracta de ciudadano como garante de derechos. Noción que se haría práctica en las sucesivas revoluciones burguesas del siglo XIX.

Por otra parte, el principal propulsor de protestas modernas ha sido el obrero. Por ello, el socialismo, el marxismo y las internacionales obreras también influyeron en asentar el acto de protestar. Para inicios del siglo XX ya se han conquistado a fuego y sangre (aportada casi siempre por el oprimido) un conjunto de derechos cuya violación ya justifica una protesta verdadera.

Pero los derechos de los trabajadores rápidamente fueron controlados y domesticados por las clases dominantes. La avanzadilla del Capital, concentrada en tierras inglesas, rápidamente moduló el alcance de las propuestas en movimientos como el fabiano, precursor de una domesticación de la clase obrera bajo la égida de sindicatos de dudosa honestidad. Por todo ello, el signo de la mayoría de las protestas pacíficas en el siglo XX es el control que de ellas tienen grandes instituciones monolíticas sindicales, partidistas o religiosas.

Mientras Europa Occidental y Norteamérica de mediados del pasado siglo danzan el engañoso vals democrático de la protesta, en Europa oriental se consolidaban las revoluciones socialistas y en África la liberación colonial. Cuyas protestas no se pueden considerar como tal hasta la instauración de estados constitucionales.

¿Por qué protestamos en la actualidad?

Si bien el acto de protesta en el pasado siglo estuvo mediado por instituciones fuertes que canalizaban los descontentos individuales, la emergencia del internet y las redes sociales permiten el surgimiento de nuevas vías de canalización del descontento. El signo principal de cambio es la «ligereza» de las instituciones que encauzan la protesta. Las nuevas instituciones, que pueden ser una moda pasajera, un grupo de Facebook o el influencer de turno, permiten en su falta seriedad e institucionalidad haga posible una pertenencia pasajera del individuo, que una vez harto, puede pasar a otro problema real o ficticio. De ahí la vacuidad de muchas protestas primermundistas que pasan de condenar el cambio climático un día, a afirmar o cancelar Wicked por su contenido satánico.

Visto así, se entiende la domesticación de la protesta en la era del internet, pues, en sociedades con derechos civiles sólidos, la razones por las cuales se protestan son tan variadas —y en momentos superficiales— que no terminan siendo un problema para el poder, e incluso pueden desviar la atención sobre problemáticas más graves. De ahí que ese espíritu de protesta, aunque vacio en contenido, puede ser canalizado por instituciones más sólidas —dígase partidos de oposición—,  o terminar en una revolución. Por tanto, el signo definitivo de la época es introspección del sentido de protesta, un acto de incompletitud e inconformidad que el individuo no puede explicar, pero está ahí.

En sociedades con derechos civiles sólidos, la razones por las cuales se protestan son tan variadas —y en momentos superficiales— que no terminan siendo un problema para el poder.

Su condición de posibilidad es, justamente, el marco constitucional civilizado democrático que permite al ciudadano quejarse y protestar como un derecho humano. Irónicamente, las condiciones para protestar están dadas en los lugares en donde esa protesta ha sido menos necesaria. De ahí que sea capitalizado en el ejercicio burlesco de la protesta anodina e inútil. Cuando una protesta, como en el caso de la civilizada Francia, se permite descansar los fines de semana, ahí no es, no hay tal cosa, no es en sí una protesta, y lo que critica se puede canalizar por otros mecanismos. Injustificadas represiones aparte, una protesta es un acto de rebeldía constante que no toma vacaciones.

Irónicamente, en donde realmente se necesita la protesta, en aquellos lugares que aspiran a ser primer mundo, se extrapola la tradición democrática de protestar, pero no existen las condiciones reales para su expresión.

Qué afirma la ONU sobre el derecho a la protesta

En el campo del deber ser, o de lo que debería ocurrir en todas las naciones que pertenecen a dicha organización, tenemos como guía los «Diez principios para el manejo correcto de las reuniones (assemblies)». Según el documento, «la capacidad de reunirse y actuar como colectivo es vital para el desarrollo democrático, económico, social y personal con el objetivo de la expresión de ideas y el desarrollo de una ciudadanía involucrada».

Para ello, la institución sugiere un conjunto de lineamientos a seguir por los estados. Veamos los principales

  • Cada persona tiene el derecho inalienable de participar en manifestaciones pacíficas.
  • Toda restricción impuesta a manifestaciones pacíficas debe hacerse de acuerdo con los estándares de los derechos humanos.
  • Los estados deben facilitar el despliegue de las manifestaciones.
  • La fuerza se debe evitar a no ser estrictamente inevitable. Y de ser usada, debe serlo de acuerdo con la ley internacional.
  • Las personas tienen derecho de monitorear y grabar las manifestaciones. Así como a obtener información sobre estas.

Una lectura ha dicho documento hace evidente que manifestarse constituye un derecho humano, y allí donde esta ley impere, será licito tanto el ejercicio de la protesta como la exigencia de resultados sobre esta base.

La criminalización de la protesta

Todos los países que buscan practicar ese peligroso ejercicio civilizatorio que constituye occidente, necesitan plasmar en sus constituciones el derecho a protestar. Hacer lo contrario implica una pérdida importante de capital político. Por ello, y para mantener el orden existente, muchas naciones prefieren criminalizar arbitrariamente el acto de protesta, que deslegitimar de entrada su legalidad. O dicho de otra forma, suprimir el ejercicio de la protesta es mucho más desgastante, en términos de capital político, que criminalizar individualmente los actos de protesta concretos.

Por tanto, resulta curioso que una generación que consiguió el poder por medio de la protesta, «proteste» porque la generación posterior quiera hacer lo suyo. El derecho a manifestarse constituye entonces la ventana constitucional para la queja cuya licitud descansa en una posición de oposición. Pero a un gobierno no lo conviene la protesta.

Resulta curioso que una generación que consiguió el poder por medio de la protesta, «proteste» porque la generación posterior quiera hacer lo suyo.

Como se dijo, quitar esa posibilidad constitucional, y por tanto lucir mal en el juego civilizatorio occidental, conlleva una pérdida de capital político. Es mucho más eficiente quitarle legitimidad a un acto de protesta para convertirlo tanto en delito común como en terrorismo contra el Estado. América Latina ha sido un caso de estudio al respecto.

El investigador Alejandro Alvarado Alcázar en un artículo académico discute los mecanismos de criminalización en el subcontinente. En general, la criminalización es «un proceso consistente en el uso de la represión física y de mecanismos legales y judiciales contra organizaciones y/o movimientos sociales como una forma de control de la protesta social».

El elemento central acá es la «judicialización de la protesta», un mecanismo refinado que separa al estado de la mera represión violenta. Para ello, se impone una construcción mediática que no roba legitimidad al acto constitucional de protesta, sino al actor de la protesta, despolitizando su reclamo. Ello implica la creación de nuevas legislaciones o la reforma de las vigentes. O en tierras más cercanas, el rescate de categorías criminalizantes apriorísticas como la «peligrosidad». Como se puede ver, ello genera un conflicto práctico con la legalidad, ya que la constitución debe garantizar el derecho a manifestarse pacíficamente.

Es, por tanto, un conflicto complejo en países con tradición democrática. De ahí la banalización del acto como mecanismo efectivo. Pero en ciertas reyecías caribeñas en donde esa tradición es nula, se genera un divorcio tácito entre una constitución inoperante en estos temas y una praxis represiva ilegal y caudillista.

¿Es lícita la protesta pacífica?:

Sí.

¿Es efectiva la protesta pacífica?

No. Argumento a continuación:

Constitucionalmente, se evocan en la mente de la mayoría de los latinoamericanos referentes democráticos de larga data como Suiza; pero la praxis está en países democráticos emergentes. Para entender el efecto de la protesta, se debe comprender cómo funciona el poder. Y ese funciona diferente en los Alpes que en las faldas de las lomas de Guanabacoa. Gramsci nos lo explica:

El gobernante tiene en una mano una zanahoria (que acá puede ser un mamey) y por otro un mazo (de los que abuela utilizaba para aflojar el bistec). Mientras que el gobernante tiene hegemonía sobre su pueblo usa la zanahoria como carnada. Si la ideología es tal que el gobernado considera que, por el mito de plaza sitiada y resistencia creativa, nuestros gobernantes son adecuados, todo disenso se va a dirimir de manera pacífica y legal (como los manifestantes franceses que descansan los domingos). Pero cuando se descubre en embuste de la ideología, y el poder se evidencia como realmente es, violencia sublimada y edulcorada; entonces se pasa de la zanahoria al martillo.

Cuando se descubre en embuste de la ideología, y el poder se evidencia como realmente es, violencia sublimada y edulcorada.

Resulta muy difícil que un liderazgo o gobierno autoritario abandone el poder de manera voluntaria, ni lo hará tampoco bajo ninguna presión moral, solo lo hace cuando se ejerce o se amenaza violencia directa sobre él, o peligra su bolsillo. Y me refiero acá a dos casos específicos que acontecen en nuestro continente: por un lado dictaduras, y por otros, la manipulación de constituciones para eternizar un caudillo en el poder. Pensar lo contrario es considerar con criterios éticos algo que no lo tiene, y aunque pueda existir algún aislado contraejemplo, la historia dice que la tendencia es lo contrario. Salvo honrosas excepciones, la erótica del poder es adictiva, y la manutención de sus estructuras tiene prioridad sin importar el sufrimiento causado.

Entonces líbrese usted de agua mansa, que desde su silla gamer y a 90 millas, le invita a salir a la calle pacíficamente a exigir sus derechos. No existe tal cosa como una manifestación pacífica que haya derrocado un régimen. Puede existir en apariencia, pero un estudio profundo revelará poderes en la sombra que interactúan a espaldas de la opinión pública.

Un proceso como la Revolución Cubana, solo tuvo cabida en su tiempo. El desarrollo acelerado de la industria armamentista genera armas capaces de eliminar con precisión quirúrgica a insurgentes que adopten un enfoque de guerra de guerrilla. Por otra parte, las redes sociales, cámaras y drones, hacen muy difícil y una resistencia citadina en secreto. Usualmente, y no importa la pobreza del país, los gobiernos tienen acceso a aliados poderosos que comparten estos medios tecnológicos en pos de perpetuar el status quo.

El desarrollo acelerado de la industria armamentista genera armas capaces de eliminar con precisión quirúrgica a insurgentes que adopten un enfoque de guerra de guerrilla.

En la actualidad un régimen acaba tras bastidores, cuando una potencia extranjera negocia facilidades para el cabecilla, o cuando se le asegura a quienes gobiernan formas más eficientes y seguras de conservar su posición y privilegios fuera del poder. Los incidentes de inestabilidad o ingobernabilidad temporal pueden impulsar cualquiera de estas dos situaciones, pero no construyen por sí solos la alternativa de una nueva gobernabilidad. Por tanto, quien le diga que usted puede «liberar» a un país mediante la protesta, tiene como objetivo que usted sirva como carne de cañón para que otros recojan la fruta madura manchada con vuestras cenizas.

Entender el poder es entender la absoluta vileza y el orgasmo constante que implica su ejercicio. Por ello, se ejerce la protesta teniendo como referentes a sólidas democracias occidentales en donde dicho ejercicio puede hacerse efectivo, sin tener encuentra la realidad latinoamericana de democracias fragmentada por la dictadura y el caudillismo. Cuando la protesta incomoda al poder, este procede a judicializarla, cuando ello no funciona procede a la violencia directa. Pero sucede que moralmente se considera que hay un tope a la represión, cuando la realidad demuestra la contrario. Por eso, y para absoluta vergüenza del género humano, violencia mata violencia.

Cuando la protesta incomoda al poder, este procede a judicializarla, cuando ello no funciona procede a la violencia directa.

Y como no se suele estar dispuesto a la violencia sobre sí o sobre los suyos, se abren en estos casos mecanismos de resistencia pasiva y pacífica. Las intuiciones sociológicas de Mañach señalan el cubanísimo choteo como una de estas herramientas efectivas en nuestra caribeña insularidad. Otra postura es aquella que defiende los principios de la «resistencia pacífica», evidente en su inutilidad, pero reconfortante para espíritu que la practica. El exilio, ese monstruoso ejercicio de olvido involuntario, ratifica también la insularidad y la tendencia del poder a expulsar la otredad en vez de asimilarla. El auto exilio, por su parte, la posición de huida y desconexión de aquellos que emigran, es un estigma que azota a la nación, pues es desprecio de ese sangrado cuerpo de derechos que permite el ejercicio de protestar.

La imposibilidad de una revolución violenta, o al menos la negativa de una guerra fratricida, implica la espera de un «milagro exterior», que rompa —no sin consecuencias inmediatas y futuras nefatas— el estado actual de las cosas, o negocie una salida a la crisis. Si ninguna de estas salidas parece loable, solo queda encontrar una solución en el lento marchitar de un pueblo doliente y cansado.