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jueves, octubre 22, 2020

La nueva izquierda

Por Egor Hockyms

El núcleo común de las izquierdas está en la oposición a un modelo de desarrollo orientado exclusivamente a maximizar el capital privado, generando como subproducto injusticia social en el sentido más amplio. Es sin embargo en el grado de esa oposición, adoptado desde la valoración individual de las alternativas, donde radica el desencuentro fundamental de las fuerzas progresistas. La implementación práctica macropolítica del pensamiento de izquierda sufre de ese mal como de ningún otro; y ya sea el comunismo soviético, las socialdemocracias europeas, el socialismo asiático o el del siglo XXI, ninguna fórmula parece concertar esta polifonía.

En Cuba, donde se jugó un papel referencial para la fase práctica del socialismo, las voces diferentes del progresismo moderno han sido acalladas por mucho más tiempo que en cualquier otro lugar de occidente, una región dinámica en la lucha heterogénea de los desfavorecidos por mayores derechos y libertades. La medida en la que nuestra falta de diversidad dependió de la excepcionalidad de un líder, o de la apropiación institucional de un sistema de valores sociales que enraízan con la línea del pensamiento cubano más humanista, es materia de debate. Sí parece bastante razonable que un elemento fundamental en la cohesión unanimista del pensamiento de izquierda cubano, al menos en las últimas décadas, viene de la observancia de un estado de sitio establecido como reacción a la agresión externa, en la percepción de que cualquier disenso puede llevar a una pérdida de la soberanía e independencia nacionales.

A doble contracorriente, el pensamiento progresista en Cuba ha comenzado finalmente a diversificarse y a leer la situación de bloqueo y agresión como una condición permanente bajo la que se tiene que poder vivir y progresar. La agresión es así entendida como una característica ineludible del contorno, que debe ser asimilada teóricamente en cualquier modelo práctico de socialismo no como estado de excepción sino de normalidad, porque un socialismo sin agresión externa es irreal en cualquier aproximación.

La fuerza conjunta de nuestras nuevas corrientes de pensamiento, que deliberan sobre el presente y el futuro de la Isla, es hoy conciencia crítica de una sociedad de personas reales, donde la “vanguardia esclarecida” está cada vez más obligada a interactuar en igualdad de condiciones con militantes críticos, académicos insumisos y pensadores anónimos. La izquierda cubana ya no es solo el Partido, y ha pluralizado el discurso reivindicando además sin reticencias muchos derechos civiles que son conquistas logradas en el modelo liberal, porque van en el sentido de la justicia social. En esa misma línea la institucionalidad jurídica se ha convertido afortunadamente en un tema de debate y se pondera el socialismo propio con ojos de modernidad, acreditando los logros y los desaciertos desde múltiples visiones.

Esta nueva izquierda que tiene todavía relativamente pocos exponentes, pero cuyas discusiones calan con fuerza creciente en un sector amplio de la intelectualidad, incluida por supuesto la militancia, comienza a parecerse a la izquierda progresista mundial no solo en el tipo de temas que la movilizan, sino también en la pluralidad de esquemas de razonamiento desde los que se emiten sus propuestas. Nacida del natural contrapunto entre visiones claras o aparentemente diferentes sobre las vías para construir la sociedad nueva, tiene sin embargo un reto muy grande en el enfrentamiento a un escenario político que solo concibe dos opciones de futuro: de un lado el capitalismo y el neoliberalismo, del otro el realsocialismo y el capitalismo de estado.

Pero no es solo la izquierda, el futuro mismo de Cuba está atrapado en esa bipolaridad. Tanto que hoy, a pesar de esta creciente oleada de pensamiento progresista, casi nadie pone en duda que el desarrollo del país seguirá uno de esos dos caminos si no algún tipo horripilante de híbrido.  Más aún, vemos claramente que incluso la aparición del disenso progre ha sido asimilada con facilidad por esa dicotomía política al punto de prácticamente no representar ningún peligro.

Desde el realsocialismo se asume que, con el tiempo, los reclamos por las libertades individuales podrán formar parte del folclor oposicionista de un capitalismo de estado. Desde el capitalismo se sabe que la eterna lucha por la justicia social se podrá integrar suavemente al circo libreexpresionista neoliberal. Así se complace el adorador de la democracia burguesa y del libre mercado, viendo en nuestro progresismo solo una oposición al gobierno; y también el venerador de la ideocracia comunista, que ve en la nueva izquierda solo el impulso de reformas superficiales para mejor legitimar el unanimismo.

Si para algo podemos usar entonces esta apertura progresista en Cuba más allá del necesario debate sobre hechos e ideas específicas, es para construir una posición “nueva” cualitativamente diferente, que irrumpa en el espectro político de los pronósticos. Una posición impulsada por cubanos de bien comprometidos con la persona real, que somos nosotros mismos y nuestros hijos. Cubanos que no van a comparar para el futuro ni la democracia capitalista de la ideología del dinero, ni el modelo realsocialista de la ideocracia de una vanguardia. Martianos y antimperialistas que en los detalles y en las ideas concretas somos absolutamente diversos, como corresponde a una sociedad vibrante que no depende ya ni de un menú ideológico preestablecido ni de un líder excepcional. Consensuar eso que nos une, visualizarlo y darle forma, será el primer paso; de nuestra diversidad hacer una fuerza será la clave del desarrollo.

Necesitamos entonces algo más que pensamiento progresista, necesitamos un núcleo teórico que asimile nuestra diversidad y levante un paradigma, una narrativa que nos legitime y que sirva como referencia para coordinar la fuerza intelectual y el consenso popular imprescindible. Necesitamos nombrar y describir colectivamente una tercera opción que las personas puedan identificar como futuro posible y que sirva de guía para la eventual puesta en práctica de estrategias de acción cívica, política y ciudadana.

Si la narrativa de la participación no es este núcleo, otro ha de ser, y debemos buscarlo juntos. Pero es responsabilidad de los intelectuales de la nueva izquierda elaborarlo y definirlo, como único modo de evitar seguir siendo arrastrados por una deriva política que en una forma u otra apuntará siempre hacia la marginación de los desfavorecidos.

Si la máxima dirección del Partido no es capaz de darse cuenta y cree seguir la estrategia del menor de los males, o si simplemente le asisten intereses de otra naturaleza desligados de la persona real, será verdaderamente lamentable en términos históricos y hará más difícil el camino en términos prácticos. Pero su militancia de base, que reúne gran parte del potencial progresista de nuestro país todavía atado mayoritariamente al acatamiento, es y seguirá siendo una cantera preferencial de la nueva izquierda, porque la esencia profunda que mueve el anhelo de una sociedad justa y libre es un valor compartido.

Militantes y no militantes vivimos en un país desgastado de realsocialismo, ávido de cambio, pero firme todavía ante la injusta agresión imperialista y el espejismo de una democracia liberal que sabemos socialmente injusta. El cambio imperativo que tanto hemos evitado hacer desde el desespero, no debe venir tampoco de la resignación. Nunca como en la Cuba de hoy ha sido tan posible para la izquierda materializar una macropolítica que pueda asumir al pueblo en su diversidad, bajo el manto de un sistema electoral apartidista e impulsada por el consenso ciudadano sobre los medios de prensa, que son, en el mundo moderno, los verdaderos lugares donde las personas militan.

Va entonces a los intelectuales la exhortación: frente a la obra que tenemos delante, frente al país apasionante que podemos construir para la persona real, la historia nos compele a posicionarnos activamente por la realización de un socialismo participativo, democrático y fundacional. Como aquellos revolucionarios franceses, sentémonos a la izquierda de todos los modelos de desarrollo establecidos, y esta vez desideologicemos la participación ciudadana como acto mayor de progresismo, para luego desarrollar desde la pluralidad una sociedad sin precedentes que pueda marcar de nuevo un calendario y una geografía de la esperanza.

Para contactar con el autor: ehockyms@protonmail.com

17 Comentarios

  1. Egor Hockyms, nos lanza la vieja idea de «La Nueva Izquierda» desde intramuros, mientras tanto los «nuevos» emigrantes extramuros, se auto titulan «nuevo exilio», como los califica la muy amarillenta Cibercuba … «Yo creo que el influencer (Alexander Otaola) sabe que no va a … el régimen cubano que son las remesas, el nuevo exilio medirá sus fuerzas» …. vaya caramba, todo nuevo dentro y fuera de la isla! 🙂 🙂 🙂 Saludos

    PD.- Mientras tanto los viejitos siguen «mandando» dentro y fuera de Cuba!! 😉

  2. Suena usted como otro utópico más. Al leerlo parece Marx 2. Muy buen artículo pero no es nada nuevo, otra divagacion por las nubes de un socialista, leerlo es hermoso, imaginarlo ya es más complicado. Como dice una frase muy famosa, «los socialistas son aquellos que estudiaron el Marxismo y no lo entendieron». No se cuando ustedes van a entender que socialismo y comunismo son inversamente opuestos a las palabras democracia, libertad, derechos humanos. Me menciona uno? Utopías… Estoy loco por conocer a alguien de izquierdas que me convenza, hay algunas personas aquí q lo hacen desde el raciocinio. Su escrito es utópico, parcializado y sesgado, quizás como el mio, no lo sé, pero yo no intento divulgarlo como un profeta. Saludos respetuosos.

  3. No me queda otra opción que volver a repetir lo que pienso cada vez que lea al Sr. Hockyms y su maravillosa «Tercera República»: primero deberá convencer a los actuales líderes comunistas cubanos de implementarla, cosa que no permitirán porque están muy alegremente atrincherados en el disfrute de su poder absoluto sobre la sociedad cubana mientras «combaten al imperialismo».
    La democracia representativa es la mejor opción para Cuba y resto del mundo porque permite la alternancia del poder, abre espacios para que las distintas corrientes de pensamiento puedan impulsar sus agendas, permite a los ciudadanos con derecho al voto elegir a sus representantes y removerlos si lo hacen mal, es muchísimo más respetuosa de los derechos individuales y su política económica funciona en sentido general.
    Los países más avanzados del mundo han abrazado la democracia representativa y es a ellos a quienes debemos imitar teniendo en cuanta, por supuesto, nuestra identidad nacional.
    Los países capitalistas donde no se respeta la ley, donde exista corrupción descarada y donde no haya respeto por las instituciones democráticas, no deben ser ejemplos a tomar, sino a descartar. Hay que mirar hacia lo que funciona y no ponerse a buscar una quinta pata al gato. Como se dice, «ya todo está inventao».
    El Sr. Hockyms sigue sin comprender que en Cuba gobierna un grupo de poder que no lo quiere soltar, que no da espacios siquiera a otras corrientes de la izquierda. Ni hablar de otras corrientes ideológicas. Esos señores ven peligros en todas partes y se creen con el derecho a gobernar de por vida. Como resultado Cuba es un país empobrecido, estancado y sin signos de progreso visibles.
    Y otra vez: la lucha es por los derechos individuales del ser humano, léase el derecho a la libre expresión, a la libre asociación y a la libertad de movimiento sin el temor de sufrir persecución por ello.
    Una sociedad no puede ser justa en su conjunto si no lo es primero con todos y cada uno de los individuos que la componen.
    Y como todos sabemos, las izquierdas de corte comunista no tienden a eso.
    Perder más tiempo en inventos, parches y retrancas ideológico/económicas no parece un buen negocio para Cuba y los cubanos. Sesenta años es mucho tiempo para seguir haciéndolo mal. Se imponen cambios radicales o todo seguirá siendo un poco más de lo mismo.

    • La democracia participativa funciona lo que si no funciona nunca ha funcionado ni funcionará para el pueblo es el sistema actual. Para las élites es el perfecto mantiene el poder absoluto sin dar ni un mínimo espacio a oposición impunidad censura manipulación adoctrinamiento y si hay malcriados o desobedientes en cualquier lado del espectro político que pueden ir desde José Daniel Ferrer en un extremo hasta Prof Rene Fidel González en el otro extremo pues a uno le inventan un delito común y lo tratan como un terrorista y el otro lo expulsamos del trabajo sin posibilidad de retorno, dentro de este amplio rango pues hay muchas víctimas sin posibilidad de defensa ni reivindicación todos resultan culpables.
      La manera de hacer la ley y la trampa a la vez ha resultado decepcionante y peligrosa para la sociedad de nuestro país y peor para la convivencia no se vale romper a conveniencia o desconocer el contrato social que propusieron y aceptamos confiados en que se respetaría como esta plasmado en la Constitución que se aprobó, claro la trampa fue desconocer que el pueblo quería un Tribunal de Garantías Constitucionales funcional pero le dieron las vueltas que querían. La élite en el poder en Cuba perdió toda conexión con el pueblo esta solo para garantizar el mayor número de «caramelos» cuando se tire el cordel de la «piñata»

  4. A propósito de La Nueva Izquierda
    Concuerdo con la afirmación de las diversas vertientes de las izquierdas y no puede ser de otro modo.
    No sólo es la excepcionalidad de un líder ha sido –como tan frecuentemente ha sucedido en la Historia, a saber Lenin, Jorge Dimitrov, Mao Zedong, Fidel y el Che, Ho Chi Minh, retc.- la que ha marcado un rumbo en la lucha de ideas de las izquierdas. También lo fue la construcción de la URSS como éxito de la interpretación del Socialismo como Capitalismo Monopolista de Estado, al extremo de que nuestro Nicolás Guillén escribiera en uno de sus versos: “Unión Soviética, ya sabemos por ti, dónde está el puerto…” (Por supuesto, la Historia demostró fehacientemente que “aquello”, realmente no era ningún puerto de destino, que era un gigante con pies de barro y como tal, se cayó, implosionó)
    Las corrientes del llamado “eurocomunismo” criticaban los principales defectos de la supraestructura de aquel tipo de sociedad, que eran reales, pero nunca atacaron las raices en las relaciones económicas, cuyo efecto se mostraba en las relaciones humanas, políticas, jurídicas, éticas, sociales, etc. de aquella sociedad que pretendía ser el paradigma para la Humanidad.
    También, muchas corrientes vacilantes entre las reformas socialdemócratas y las del “realsocialismo”, tampoco pusieron sobre el tapete de la discusión –a pesar de las enseñanazas de Marx y Engels- que las relaciones de producción, como base económica de la sociedad, determinan la conciencia social, reflejo de la supraestrucutra de cualquier sociedad. Sólo los escritos y discursos de Fidel y del Che en los años 60’s, expusieron el peligro para el futuro del empeño socialista, la libre actuación de la Ley del Valor y la de la Oferta y la Demanda qu efueron calificadas por el Ché como “las armas melladas del captialismo” y para contrarrestar esa perniciosa influencia, enarbolaban la consigna de “Crear riquezas con la conciencia”, como si la conciencia social pudiera determinar al ser social, llegando hasta el absurdo de la “construcción paralela del socialismo y el comunismo” . Por supuesto, la naturaleza idealista de tal proyecto, que más temprano que tarde demostró su inviabilidad, fue reconocida por Fidel en el Informe Central al 1er congreso del PCC como autocrítica sobre el decenio precedente, aunque la percepción de la supuesta justeza de aquel enfoque ha permanecido como corriente subterránea durante muchos años posteriores.
    Ocurre que la ideología multicentenaria del capitalismo es tan fuerte, que las corrientes de izquierda no imaginan otro mundo posible en el que la producción de bienes materiales no esté basada en el trabajo asalariado, aunque no sea bajo el régimen de la propiedad privada como relaciones de propiedad, a la cual le endilgan la causa más profunda de las relaciones capitalistas y la injusticia de este mundo, cuando en realidad, es el trabajo asalariado para un patrón –sea un privado o el Estado- la verdadera arma mellada del capitalismo, su simiente que le permite retoñar y reverdecer, como demuestra la Historia.
    Tan es así que, al igual que las corrientes de pensamiento progresista en América Latina durante los dos primeros tercios del siglo XIX, no imaginaban sostener la producción, si no era con el trabajo esclavo de negros e indígenas y sólo, cuando ya esas relaciones de producción frenaban incuestionablemente el desarrollo del capitalismo en esos paises, incluidos el sur de los Estados Unidos, fue que se puso en evidencia, que aquel trabajo esclavo no sólo era inhumano y bestial, sino que impedía el aumento de la productividad del trabajo y con el salario de la masa obrera que se formara, aumentaba la demanda del mercado como incentivo para el aumento de la producción y las ganancias. Entonces, las luchas por la abolición de la esclavitud tuvieron éxito y en la mayoría de esos paises fue abolida esa ignominia sobre la especie humana, aunque pervivieran la discriminación, la superexplotación, las jornadas laborales excesivas, las infrahumanas condiciones de vida de la clase obrera y las demás injusticias sociales inherentes al sistema capitalista en todas sus fases de desarrollo, incluida la imperialista y neoliberal.
    De ese mismo modo, aún no queda claro que la raiz y simiente de todo capitalismo, es el trabajo asalariado. No queda claro que el socialismo para poder superar al capitalismo tiene que empoderar a los trabajadores para que puedan dirigir su propio destino, no sobre la base de intérpretes, ni lazarillos espirituales o ideológicos que administraran sus propiedades (entendida como propiedad social de todo el pueblo) y los condujeran hacia el futuro luminoso que verdaderamente les pertenece y que la más de las veces se lo escamotean.
    No se trata de “sembrar” el sentido de la pertenencia, sino de que ostenten en realidad la propiedad de colectivos, cada vez más sociales y sean decisores del provenir y no la “encomienda” a otros más ilustres.
    Para democratizar la sociedad, no queda otro camino que democratizar la propiedad, pero no atomizarla, pero no en timbiriches, sino en corporaciones cooperativas verdaderas (tampoco el simulacro de empresas estatales con ropaje de cooperativas como se ven por ahí) y con esas relaciones de producción, aparecerá el Estado capaz de regular y controlar a la sociedad, pero no como dueño omnímodo y único empleador, sino como el poder legislativo, ejecutivo y judicial que refrende las leyes para proscribir paulatinamente el trabajo asalariado, al igual que hoy las leyes de los paises, generalmente, prohiben el trabajo esclavo, y reafirmen la propiedad colectiva y social, en sus diversas formas de gestión como la autogestión cooperativa, co-gestión de propiedades estatales, cooperativas de administración, etc.
    En fin , el Socialismo Participatico y Democrático no puede ser otro que el que se sustente sobre la base de la “asociación libre de los productores” entendiendo como productores al trabajador que produce con sus brazos y su mente, a la vez que es propietario colectivo de los medios de producción y precisamente, mientras no se alcance el nivel de productividad del trabajo que posibilite aplicar la fórmula de distribución del comunismo “de cada cual según su capacidad, y a cada cual, según su necesidad”, será imprescindible la actuación de la Ley del Valor y de la Oferta y la Demanda (pero no ciegas, sino sujetas a las regulaciones para la justicia tanto social como inividual), y con ellas, la existencia del dinero como medio para medir el valor creado, medio de intercambio y de atesoramiento y por tanto, la existencia del mercado, porque a pesar de que las relaciones de propiedad sean de tipo de cooperación, la producción seguirá siendo mercantil, porque será necesaria la distribución con arreglo al aporte individual como parte del trabajo colectivo.
    Cuando las izquierdas vean que es ese, esencialmente, el único camino para tener una sociedad verdaderamente justa y humana, se hará realidad aquella exigencia de los fundadores del pensamiento socialista y comunista: “Proletarios de todos los países: Uníos!” y la victoria será de la especie humana.

  5. Leer a este autor es imaginar un discurso en la plaza de la revolución, pero solo para intelectuales: muchas palabras e ideas llenas de helio que no por hablar del contexto real es realista. Típico de intelectuales (y seudo-intelectuales) modernos. Mucho ánimo de denuncia y palabras sutiles para decir que estamos jodidos pero con muy poca sustancia. Decir lo evidente con tanto palabrerío y divagación, se siente incómodo y medio embustero.
    Hay en este artículo otra cosa que me da mala espina(o me la diera, si fuera esa la vía que se tomaría para hacer los cambios o ajustes necesarios). Se menciona la búsqueda de un núcleo teórico inexistente y se reta a los intelectuales va buscarla para asimilarlo en un discurso oficialista.
    ¡Hay taaantas cosas mal con esta idea! Primero, lo fundamental. Se reconoce que el marxismo y el socialismo son teorías fallidas. Lo que daría en realidad base a la pregunta: por qué mantener nada de eso o justificarlo con nuevos argumentos?
    Segundo, se establece una especie de nueva élite, que en este caso serían los intelectuales, para complementar y quién sabe si hasta desplazar (porque cierto núcleo teórico está por elaborarse) la actual clase dirigente.
    Tercero, suena a que alguien quiere explicaciones sobre la situación actual de Cuba lo que según veo no encierra necesariamente una mejora.
    Tercero.1: una mejor explicación contribuye a que el status quo se enpodere aún más en la política y la economía porque puede manejar hábilmente como ya lo hizo antes, la situación apremiante de millones de cubanos.
    Tercero.2: una explicación teórica de la realidad cubana en base a su contexto histórico, es tentativamente una búsqueda de justificaciones para prescribir alternativas evidentes, bajo el supuesto de que se ha imposibilitado su pleno desarrollo, justificando incluso el discurso clásico de izquierda.
    Cuarto. Es tan difícil aceptar que los extremos son malos? En el artículo el autor teme «casi nadie pone en duda que el desarrollo del país seguirá uno de esos dos caminos si no algún tipo horripilante de híbrido.» Y me pregunto por qué tiene que ser un híbrido? Y por qué horripilante? Es que un sistema político y social debe seguir rígidas teorías para que sea bello?
    Y ahí es dónde me da tristeza el artículo… Autores como este, parecen preferir la pureza genética de un proyecto social sobre su utilidad práctica y funcionalidad para los ciudadanos.
    Supongo que por eso se interesan tanto en las definiciones de grupos en vez de las propuestas de alternativas o denuncias sin tanto rodeo de lo mal hecho.
    Cuando los así llamados intelectuales, dejen de jugar con la soga y describan al mono, entonces podrán decir que sus aportes teóricos son relevantes. Mientras tanto, aquí seguimos extremistas contra practicalistas en el circo dónde la clase dirigente disfruta desde las gradas

    • Enrique, es por eso que yo, malpensado como soy, prefiero ir al grano y no dar tantas vueltas semánticas. Lo que ha probado no servir se arranca y se bota bien lejos.
      Tras la desaparición del campo socialista los teóricos del marxismo se han lanzado desesperadamente a taponear su chalupa con todo tipo de inventos, parches y retrancas teóricas a ver si lavan un poco la cara a lo que va quedando de una ideología que hace aguas por todas partes.
      A los ortodoxos eso no les gusta ni un poquito y ven en ellos un peligro, mientras los izquierdistas atacados juran y gritan a todo pulmón que el problema está en que no se aplicaron bien las maravillosas ideas salidas de los laboratorios de Marx, Engels y Lenin.
      Mientras, hay un montón de naciones que eran bien atrasadas en 1959 y hoy andan a la vanguardia del mundo luego de liberalizar sus economías en democracia.
      Yo alucino cada vez que veo a esos alegres chicos teorizar sobre el futuro. Ya lo hicieron antes los ortodoxos del marxismo con sus discursos dulzones de «un futuro mejor» y el resultado es que en esos países, entre los que se encuentra Cuba, no hay ni donde amarrar la chiva.
      Ellos hablan como si un ser humano fuese a vivir 700 años y no 70 u 80 con mucha suerte.
      Entonces, cuando uno cree haberlo visto todo, llega el Sr. Hockyms y se nos baja con una «Tercera República» de la que no han oído hablar ni los más encumbrados espiritistas del mundo mundial cuando se «montan».
      ¿Lo puedes creer, Enrique? Yo tampoco.

      • Graciano, Usted no se puede explicar ese fenómeno de paises subdesarrollados hace unas decenas de años y ahora, como los Tigres de Asia, están «a la vanguardia del mundo». Usted parece no saber nada acerca del intercambio desigual y el traslado de las maquilas desde el 1er mundo hacia naciones del 3er mundo por mano deobra barata y la contaminacion y polucion para esas naciones. Usted piensa de que se trata de «democracia», Chile era uno de esos ejemplos y hoy cae en barricada por las deudas sociales. O es que no hay manifestaciones en contra del modelo neoliberal en Chila? Usted lo niega???
        Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver!!!

      • Sr. Zayas, en el capitalismo hay crisis periódicas que ocurren de tiempo en tiempo. No existe un modelo que sea perfecto y la gente protesta públicamente para meterle presión a los gobernantes con el objetivo de que cambien sus políticas. Y por si fuera poco, los partidos de la oposición también le caen encima al gobierno en el parlamento o congreso.
        Luego de las crisis los países se recuperan y todo vuelve a la normalidad. Muchas veces, después de las crisis, los países incluso mejoran el nivel de vida de sus habitantes si se comprendió bien la causa de la crisis en cuestión..
        Eso no pasa en los países socialistas de corte comunista por una sencilla razón: nunca salen de la crisis permanente en la que viven.
        Y lo peor, no se permiten las protestas antigubernamentales públicas. Entonces queda esto: todo sigue igual o peor y no hay manera de remover al gobierno por mal que lo haga.
        ¿Le suena, Sr. Zayas?
        Es por eso que la democracia es fundamental junto al respeto por las libertades fundamentales de los individuos. En las sociedades no democráticas los problemas son eternos y los causantes inamovibles, lo cual es una aberración.
        Reciba un saludo.

      • @Graciano. Sin contar con que además, esas crisis periódicas son consecuencia de las teorías keynesianas y la existencia y actividad de bancos centrales que poco o nada tienen que ver con el capitalismo. Muchas personas aluden que el capitalismo es todo eso, pero es como pretender que los CDR son parte del socialismo.
        Hay muchos viciados argumentos en ambos bandos, en contra del otro. Los intelectuales deberían intentar esclarecer esos vicios sesgados, imparcialmente, en vez de andar buscando la octava pata al gato para protestar que deberían ser 3 y media

      • Jagger cuantos cubanos quisieran dejar de ser mano de obra baratisima para, aunque sea, llegar a la categoria de mano de obra barata. Y si hay ejemplo de países que han logrado un nivel de desarrollo a pesar de todas la dificultades, lo que no puedes hacer es quedarte inmóvil criticando al mundo y su intercambio desigual. El mundo es como es y depende de la inteligencia de los gobiernos y el trabajo de los ciudadanos con plena libertad de elección lo que hace la diferencia. Lo otro que podemos hacer es seguir parados mirando lo que pasa en Chile.

  6. Pues si resulta que el núcleo de la izquierda es la oposición al capital privado, poco le queda por hacer en Cuba.

    Lo digo porque en Cuba ya no queda mucho capital privado al que oponerse.

    Y ahora que se logró vencer al capital privado en Cuba, ¿se obtuvieron los resultados deseados?¿El obrero no explotado disfruta de un buen nivel de vida?

    La izquierda en Cuba no tiene mucho que hacer porque se murió de éxito.

    • Manuel*, me haz hecho reír con ese ese comentario. Pero bueno que podemos hacer, seguir pidiendo cambios a nuestro gobierno cubano, pero primero nos dicen que tiene que quitar el embargo para que Cuba progrese, y sabes como son las cosas. Así se nos irán otros 60 años.

      • Pues no Carlos. Si quieres que Cuba cambie tienes que hacerte oír, por ejemplo en este foro.

        Hay otros métodos más eficaces como salir a la calle a manifestarte, lo cual no te lo recomiendo de momento porque puede tener consecuencias que no te beneficiarían. Ya llegará el momento y te darás cuenta inmediatamente.

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