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La noticia es que comenzará en Cuba una zafra azucarera 2024-2025 «muy compleja» según reconoció el secretario general del sindicato de trabajadores azucareros. Si hace tres años molían 36 centrales, en esta zafra estarán disponibles solo 15.
Entrevistado para el periódico Trabajadores, Jorge Luis Tapia Fonseca, vicepresidente del Consejo de Ministros se preguntó por qué casi el 50 % de las bases productivas no tienen buenos rendimientos y diversificación de la producción: «Hay que hacer un análisis profundo para salvar la industria azucarera. Hemos aprobado medidas para el sector; se ha renegociado la deuda hasta en tres ocasiones de muchas UBPC; se le ha subido el precio de la caña y se ha impulsado una atención diferenciada a los jubilados», afirmó.
A pesar de las «medidas tomadas», la consecuencia es obvia: Cuba importa azúcar para poder cumplir con una parte de la demanda nacional. En un país que fue la joya azucarera de la metrópoli española, que en los años posteriores a la Revolución y en su vínculo con la Unión Soviética logró mantener una producción que le permitió pagar muchas de sus importaciones, hoy un kilogramo de ese producto puede costar más de mil pesos en el mercado privado.
Entre 2017 y 2018, al menos 40 mil toneladas del azúcar que usó la Isla provino del país galo, y este verano se conoció que en el primer semestre del año, Cuba importó azúcar estadounidense por un valor de 834 mil dólares, según las cifras del Cuba Trade Blog.
La falta de financiamiento para reponer tecnología o comprar piezas de repuesto —una situación agravada por las sanciones estadounidenses—, la baja siembra de caña, la poca mano de obra, el mal tiempo o la carencia de combustible, son algunas de las causas de la crisis en el sector. Sin embargo, la orientación de las autoridades es que en caso de no poder producir azúcar, se diversifique la producción, lo cual ya varias provincias han acatado.
El central Paquito Rosales de San Luis, en Santiago de Cuba, estará produciendo mieles para alcoholes hasta diciembre, y se supone que las labores de mantenimiento permitan que a final de año pueda producir azúcar crudo para distribuir como parte de la canasta familiar normada.
Mientras tanto en Las Tunas, el secretario del Partido de la Provincia, Walter Simón Noris, ha dicho que «es una cuestión de dignidad» cumplir con las metas trazadas. Para los tuneros la meta es producir 49 mil 532 toneladas entre diciembre y marzo, además de asegurar meladura para la elaboración de alcohol.
Las autoridades han llamado a «coordinar lo preciso para la venidera zafra azucarera», pero el escenario no es alentador. Según el periódico local, el único central que producirá azúcar, el Antonio Guiteras, está siendo reparado, y está atrasado en el cronograma, sin embargo, es el principal, y el gobierno de la provincia ha convocado la ayuda de todo el empresariado público del territorio, aunque la lista de insumos requeridos y fuerza calificada es larga, confiesa el reportero del Periódico 26. Los problemas van desde el suministro de agua, los engranajes mecánicos de la fábrica, hasta los alimentos para los trabajadores.
Esta noticia significa que la zafra del próximo año, muy probablemente no logre cumplir el plan, y los problemas acumulados, la falta de financiamiento, la obsolescencia tecnológica de los centrales, los desaciertos administrativos, y la falta de personal causen un incumplimiento del plan que termine con la importación de más azúcar, para lo cual se debe erogar moneda libremente convertible.
Significa además que las autoridades están de nuevo reaccionando con lentitud, sin la capacidad de tener las condiciones necesarias y en medio de este contexto, persiste la falta de información sobre los números totales del incumplimiento de los planes.
La historia del azúcar en Cuba es complicada y larga. De vivir del azúcar durante mucho tiempo, tras el triunfo de la Revolución se convirtió en una preciada moneda de cambio para los países del campo socialista.
La caída del muro de Berlín fue un duro golpe para los centrales, pero incluso durante el período especial se logró cumplir con la demanda nacional. Ahora bien, debido al estado de los centrales, las fluctuaciones del precio del azúcar en el mercado internacional y la incapacidad para invertir en mecanización se tomó una decisión política cuyos costos todavía se pagan hoy: parar buena parte de los centrales y dejar el azúcar en el pasado.
El entonces presidente del país, Fidel Castro, defendió lo que llamó la reestructuración de la industria azucarera, afirmando que la tierra sería dedicada a otros cultivos, pero en la actualidad ni caña ni otros cultivos pueblan al campo cubano.
La zafra se inserta en una crisis mayor que es de todo el sector agrícola. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos publicó recientemente un reporte sobre la inseguridad alimentaria en Cuba utilizando un modelo de evaluación internacional. Los resultados estiman que 1.4 millones de personas en Cuba no ingirieron el límite básico de 2100 calorías diarias en 2023, y afirma 4.2 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria.
Nuestra opinión es que casi toda la agricultura sufre las mismas carencias: poca gente para trabajar la tierra, poquísimo combustible para mover bombas de riego o cosechadoras mecánicas, falta de fertilizantes y hasta un problema para el acceso al agua. Por tanto, la zafra se parecerá al resto de la agricultura nacional: incumpliendo la demanda y hasta los planes que se hacen en función de las posibilidades.
Algunas voces han defendido la posibilidad de la inversión extranjera en el sector. Además de que sería difícil porque el retorno de la inversión sería demorado e incierto, implicaría un salto político para un país que ha defendido durante años la soberanía nacional sobre lo que da la tierra. Esta apuesta tampoco está exenta de riesgos; podría implicar que una industria produzca, y lo producido sea muy necesario, pero que no esté disponible para las mayorías, lo cual ya sucede, por ejemplo, con el camarón o la langosta, que se dedican esencialmente a la exportación.
Asimismo, la producción azucarera también se encuentra entre las prohibiciones que tiene el sector privado, limitando los actores implicados solo a empresas estatales, que al menos en el momento actual no han demostrado ser capaces de hacer remontar al sector.
Lo cierto es que los centrales están en mantenimiento, y la gran mayoría no tiene las centrífugas listas para producir el preciado grano. El azúcar sigue vendiéndose en los mercados privados, producida por empresas capitalistas de otros países, y encareciendo también otras áreas económicas, como la repostería.
Sin un milagro o una reforma radical de los modelos de gestión, contratación y comercialización en el sector, al parecer el café amargo será la norma en las casas cubanas durante el venidero tiempo muerto.


Primero la producción de caña, debe volverse a la colonia cañera con un dueño de la caña que Vele por sus interés y organice el trabajo agrícola a su manera incluído el corte, alza y tiro . Recuperar los sistemas de transporte por ferrocarril y el sistema de chuchos de caña por supuesto una inversión notable en el sector por quien quiera asumir la