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La noticia es que el huracán Rafael, un sistema de categoría 3, ha azotado con fuerza el occidente de Cuba, dejando tras de sí un rastro de daños importantes en las provincias de Pinar del Río, Artemisa y La Habana. El fenómeno meteorológico, caracterizado por vientos de hasta 180 kilómetros por hora y fuertes lluvias, ha provocado algunas inundaciones, derrumbes de viviendas e interrupciones en los servicios básicos, afectando a miles de familias en un contexto ya marcado por una crisis económica severa.
Hasta el momento, no se contabilizan pérdidas humanas, y el número de derrumbes informado por las autoridades asciende a más de 461.
Más daños a una «economía de guerra»
Rafael ha dejado una profunda marca en la infraestructura cubana, exponiendo su fragilidad ante fenómenos naturales destructivos. La red eléctrica, ya deteriorada por años de escaso mantenimiento y limitada capacidad de inversión, ha sido una de las más afectadas en las provincias occidentales. Las fuertes ráfagas de viento y lluvias torrenciales derribaron postes, dañaron transformadores y dejaron a miles de hogares y negocios sin electricidad, aumentando la ya extensa crisis energética que vive el país.
En medio de la catástrofe natural ocurrió una nueva desconexión del sistema electroenergético nacional que provocó otro apagón masivo en el país, incluyendo a zonas no afectadas por los vientos.
Hasta el momento en que se publicaba esta nota, una parte importante del país había recuperado el servicio de electricidad según los niveles de carga que ha sido posible distribuir. Desde Matanzas hasta Holguín se había logrado estabilizar el servicio eléctrico por el Sistema Eléctrico Nacional y en algunas zonas en la periferia habanera por microsistemas según un reporte del sitio web oficial Cubadebate en la noche del jueves.
El sector de telecomunicaciones, clave en las comunicaciones de emergencia y en el acceso a información en tiempos de crisis, también ha sufrido grandes daños. Numerosas torres y equipos de transmisión resultaron afectados, dejando a muchas comunidades aisladas en medio de la emergencia. Esto retrasa la evaluación de daños y la entrega de ayuda, mientras los equipos de soporte técnico intentan reparar las afectaciones que superan más del 70 por ciento del servicio móvil según Tania Velázquez, directora de ETECSA.
Cabe destacar que en esta ocasión se utilizaron de forma más eficaz vías alternativas de información. Los partes radiales estuvieron más actualizados y en algunas comunidades se emplearon autoparlantes móviles para avisar a la población de la gravedad de la catástrofe. Asimismo se establecieron puntos de evacuación en las zonas más vulnerables, lo cual repercutió directamente en la protección de la vida de las personas.
En el ámbito agrícola, las pérdidas han sido especialmente graves. En Pinar del Río, la principal región tabacalera del país, los campos y la infraestructura de almacenamiento sufrieron múltiples daños. Esto representa un golpe directo a uno de los productos de exportación más importantes para Cuba, cuyo ingreso es vital en un contexto de asfixia económica.
Las cosechas de otros cultivos básicos también han sido afectadas, sobre todo en las provincias de Mayabeque y Artemisa. Esta última la más dañada de todas según los informes de las autoridades gubernamentales. Esta situación compromete el abastecimiento de alimentos y genera mayor dependencia de las importaciones. En un contexto donde el acceso a divisas extranjeras es extremadamente limitado, esto plantea una seria amenaza para la seguridad alimentaria.
La crisis económica, caracterizada por una alta inflación y un mercado local con una marcada escasez de productos, agrava el panorama de recuperación. La falta de acceso a materiales de construcción y recursos básicos debido a restricciones financieras y a las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos dificultará la reconstrucción de viviendas y edificaciones afectadas. Muchas familias, que ya enfrentaban dificultades para adquirir productos de primera necesidad, ahora se ven forzadas a invertir en reparaciones urgentes en un contexto de precios elevados y escasez de insumos.
En este contexto, el sector privado también se enfrenta a desafíos extremos. El huracán ha afectado tanto a pequeños negocios como a emprendimientos familiares, particularmente aquellos vinculados al turismo y la gastronomía, que dependen de una infraestructura estable. Para muchos emprendedores, la recuperación no solo implicará reconstrucción física, sino también una batalla continua para conseguir los materiales y equipos necesarios en medio de las restricciones económicas.
Por otro lado, las afectaciones del huracán también obligaron a las autoridades cubanas a suspender la Feria de La Habana, el mayor suceso comercial que celebra el país y que aúna a empresarios nacionales —estatales y privados— y extranjeros.
El evento, con más de 700 participantes de 63 países, había sido celebrado lunes y martes en Expocuba. Oscar Pérez-Oliva Fraga, ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, informó que no se reportaban pérdidas en los bienes empresariales, y que se valoraría la posibilidad de en próximas ediciones cambiar de fecha el evento para que no coincidiera con la temporada ciclónica.
Durante la corta celebración del evento los gobiernos de España y Rusia manifestaron su interés en fortalecer las relaciones comerciales con Cuba y anunciaron próximos proyectos conjuntos. El embajador español en La Habana, Javier Hergueta, destacó la amplia presencia de empresas españolas con 63 expositores, cinco pabellones y tres cámaras de comercio regionales. Por otro lado, el embajador ruso, Viktor Koronelli, subrayó la creciente participación de empresas rusas en la Fihav y destacó acuerdos económicos bilaterales, en especial el plan de desarrollo ruso-cubano hasta 2030. Según Koronelli, existe un creciente interés de los empresarios rusos en invertir en la Isla en esferas que van desde la energía e industria hasta turismo y digitalización
Un huracán político llamado Donald Trump
El paso del huracán Rafael agrava una situación económica y social ya de por sí difícil, en parte por el peso de las políticas implementadas por la administración de Donald Trump (2017-2021), que dejó un legado de restricciones y sanciones que todavía afectan la vida diaria en Cuba. Estas políticas se caracterizaron por un endurecimiento drástico del embargo económico, con medidas que impactaron de manera directa a la economía cubana y a la población en general, afectando el acceso a recursos esenciales y profundizando las dificultades en sectores claves de la infraestructura y servicios públicos.
Uno de los efectos más significativos de estas sanciones fue la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, lo que impuso barreras adicionales a las ya existentes para que el país acceda a financiamiento y servicios financieros internacionales. Esto limitó las posibilidades del gobierno cubano para realizar transacciones con bancos y entidades internacionales, lo cual ha restringido la capacidad de importar piezas de repuesto, equipos y suministros críticos.
Por ejemplo, la infraestructura energética cubana, que depende de equipamiento y tecnología que en muchos casos debe ser importada, ha sufrido un deterioro progresivo al no contar con los recursos necesarios para realizar el mantenimiento adecuado. Este déficit en infraestructura y tecnología ha dejado a la red eléctrica nacional en una posición extremadamente vulnerable ante fenómenos naturales, como quedó demostrado con los estragos del huracán Rafael, que amplió las ya frecuentes interrupciones de energía en varias provincias no afectadas directamente por el evento meteorológico.
La administración Trump también restringió el envío de remesas a la isla. Al limitar la entrada de dinero desde el exterior, especialmente de cubanoamericanos, las medidas, no solo disminuyeron el poder adquisitivo de los hogares, sino que también afectaron a los emprendedores que dependen de estos ingresos para iniciar.
Además, el sector turístico se vio gravemente afectado por la prohibición de vuelos comerciales y cruceros desde Estados Unidos. Esto limitó de forma considerable el número de turistas y, por ende, los ingresos generados en el sector, perjudicando tanto al Estado como a los trabajadores y pequeños negocios que sacaban vendían productos y servicios a los visitantes.
En el contexto actual, la infraestructura turística también sufrió daños debido al huracán, lo que agrava la crisis del sector y dificulta su recuperación a corto plazo, especialmente en zonas costeras donde las inundaciones causaron destrucción masiva de instalaciones.
La falta de acceso a divisas internacionales ha dificultado la importación de bienes y ha incrementado la dependencia de la Isla en su propio sistema productivo, el cual no cuenta con la capacidad suficiente para suplir todas las necesidades de la población. Las sanciones de la era Trump limitaron las transacciones con proveedores extranjeros y aumentaron los costos de adquisición de combustibles, alimentos, medicinas y otros bienes esenciales, al obligar a Cuba a recurrir a intermediarios y a mercados lejanos, encareciendo los productos y reduciendo su disponibilidad.
Esta situación, sumada a una estrategia inversionista interna cuestionada por múltiples voces expertas, ha terminado agravando la crisis en sectores como el energético, con plantas termoeléctricas y generadores que, sin el mantenimiento adecuado, se vuelven cada vez menos eficientes y más propensos a fallas en medio de eventos climáticos severos como el reciente huracán.
El endurecimiento de las restricciones a la inversión extranjera y los obstáculos a las transacciones financieras también han impedido que la Isla reciba inversiones necesarias para modernizar sus sectores industriales, de infraestructura y de transporte. Sin acceso a nuevos proyectos y alianzas internacionales, la economía cubana se enfrenta a desafíos de estancamiento y rezago tecnológico.
La recuperación de los daños dejados por el huracán Rafael será, por tanto, un proceso lento y costoso en un contexto donde la isla carece de los recursos económicos y materiales necesarios para responder con rapidez a las necesidades de reconstrucción.
El legado de las políticas de Trump sigue muy presente, las modificaciones en la época de Biden fueron sumamente leves y es probable un aumento de las políticas restrictivas en su segundo mandato del magnate neoyorquino devenido floridano a partir de enero del 2025.
Nuestra opinión es que es posible apreciar un salto cualitativo en la preparación y coordinación del sistema de defensa civil, si se compara con los sucesos ocasionados por Oscar en Guantánamo.
La pronta evacuación de personas en territorios vulnerables y la implementación efectiva de sistemas tempranos de avisos hizo posible una protección de vidas humanas en medio del huracán, mediante un sistema de defensa civil que durante mucho tiempo fue uno de los grandes logros del sistema político cubano, y que cada vez se ponía más en dudas por fallas detectadas durante eventos anteriores.
La creciente frecuencia e intensidad de los huracanes en Cuba, como los recientes Oscar y Rafael, es una muestra clara de los efectos del cambio climático y subraya la urgencia de una preparación más robusta frente a estos fenómenos. La adaptación al cambio climático no solo implica mejoras en la infraestructura, sino también un enfoque integral que abarque desde la creación de planes de respuesta rápida hasta el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana y la protección de los recursos. Evitar organizar grandes eventos en esta fecha es una decisión acertada. Pero enfrentar estos desafíos requiere una planificación nacional que permita anticipar los riesgos, reforzar la resiliencia de las comunidades y asegurar el acceso a recursos esenciales para prontamente restablecer los servicios básico.
En este sentido, la recuperación tras el paso del huracán Rafael y el de Oscar presenta un desafío gravísimo para Cuba, que se encuentra en una situación económica debilitada por años de sanciones, escasez de recursos y una infraestructura envejecida y vulnerable.
Uno de los mayores retos es la recuperación de la red eléctrica, severamente dañada en las provincias occidentales. La reparación de postes, líneas de transmisión y subestaciones requiere de insumos y tecnología. Las centrales termoeléctricas, que ya operaban al límite de su capacidad, deberían ser sometidas a reparaciones en cuanto las condiciones lo permitan, pero la falta de piezas y recursos hace que estos trabajos se prolonguen en el tiempo. Esto deja a la población en una situación de vulnerabilidad, con cortes de luz prolongados que afectan no solo a los hogares, sino también a hospitales, escuelas y centros comunitarios, impactando de forma crítica la vida diaria y el bienestar de los ciudadanos. Sin mencionar su impacto directo en la productividad.
En la agricultura el huracán ha dejado un daño devastador en los cultivos de tabaco, frutales y vegetales, que no solo son esenciales para el abastecimiento interno de alimentos, sino también para las exportaciones, una fuente crucial de divisas para el país.
La pérdida de cosechas obliga a replantar y rehabilitar los campos, pero sin los insumos y fertilizantes necesarios, esta tarea se vuelve especialmente difícil. La escasez de alimentos en el mercado interno podría agravarse en los próximos meses, generando un alza de precios y dificultades de acceso a productos básicos, especialmente en comunidades rurales que dependen de la agricultura local.
El sector habitacional también enfrenta una dura tarea. Las viviendas afectadas por el huracán requieren de materiales de construcción para ser reparadas o reconstruidas, y la limitada capacidad de producción de estos insumos en la isla, sumada a las restricciones de importación, alarga el proceso de rehabilitación. Muchas familias han quedado desplazadas y están siendo atendidas en refugios temporales, pero las condiciones en estos centros son precarias.
Además de los problemas materiales, el esfuerzo de recuperación está limitado por la situación financiera del país, que se enfrenta a un alto nivel de endeudamiento externo y pocas fuentes de financiamiento. Sin acceso a préstamos internacionales en condiciones favorables, el gobierno cubano depende de los recursos internos y de la ayuda internacional para financiar las labores de reconstrucción.
Por otro lado, sigue pesando la decisión del gobierno cubano de priorizar las inversiones en el sector inmobiliario hotelero por sobre otras áreas muy sensibles de la economía como la agricultura o la generación energética.
Después de la pandemia el turismo nunca ha recuperado sus niveles de producción de servicios prepandemia, incluso en este período tuvo un leve decrecimiento. A pesar de las polémicas afirmaciones del ministro de Turismo de que el apagón masivo que tuvo lugar el pasado mes apenas afectó a este sector, lo cierto es que un país apagado y con carencia de alimentos no es lo que habitualmente buscan la mayoría de los viajeros.
La llegada de Trump a la Casa Blanca posiblemente afecte directamente este sector con más sanciones que desestimulen el intercambio cultural y turístico, y amenazas y restricciones sobre las empresas que quieran invertir en la Isla.
Por otro lado, las instalaciones turísticas en las áreas costeras han sufrido daños significativos, y su rehabilitación es esencial para atraer visitantes e ingresos en divisas. Este reciente ciclón afectó muchísimo a Cayo Largo del Sur, uno de los principales atractivos de la cayería sur. La falta de infraestructura adecuada y de acceso a recursos dificulta la recuperación de este sector, que, además, debe enfrentar la competencia de otros destinos del Caribe.
La reactivación del turismo dependerá de la capacidad de Cuba para restaurar rápidamente las instalaciones afectadas, que no son solo los hoteles, sino una gran cantidad de servicios asociados como restaurantes, bares, salas de fiestas… En estas últimas el sector privado ha tenido un protagonismo cada vez más visible y debería ser estimulado por las políticas públicas.
En este contexto, la cooperación internacional se presenta como un factor crucial para acelerar la recuperación. Varios de los aliados y vecinos históricos de Cuba como México y Venezuela enviaron ayudas en diversas formas, ya desde los destrozos del huracán Oscar, pero estos son paliativos muy insuficientes para una ciudadanía cada vez en condiciones aumentadas de vulnerabilidad.
Nada puede sustituir la necesidad de una reforma económica integral y urgente para estimular la producción. Es la hora de las decisiones audaces.

