Por José Julián

Cuando los argumentos que enarbolan un grupo de personas carecen de sentido y resultan incapaces de convencer, puede rozar el ridículo cualquier declaración.  El tema “Cuba” en la prensa mundial acapara cintillos y titulares, tratando de desvirtuar una realidad muy diferente a la que promulgan. Siempre va a existir algún personaje que –dinero por medio- acepte “informar y opinar” sobre la realidad de la isla.

Esta vez le ha tocado poner la cara al señor Oscar Peña, presidente del llamado Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH), en un artículo titulado El Legado de Fidel Castro publicado en el New Herald de Miami. En él se lanza una vez más, como tantos otros lobos hambrientos, a denigrar la estatura política y moral del forjador y líder del proceso revolucionario cubano.

Es una total farsa comparar a las dictaduras de Augusto Pinochet, en Chile, y la de Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela, –dándoles, incluso un carácter benévolo en el campo económico- con el proceso de gobierno desarrollado por Fidel en la Cuba socialista. Es absurdo comparar los ideales, las convicciones que mueven a Fidel con los sátrapas militaristas latinoamericanos que defiende Peña en su artículo. Es indignante y hasta irritable como una gran mentira como esa puede circular por los canales de la prensa mundial.