La soberanía no es negociable

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En la historia política cubana, la soberanía ha estado siempre ligada a una aspiración concreta. Durante generaciones, el mayor horizonte fue ver a Cuba libre de toda dominación externa, primero de España y luego de la tutela estadounidense. 

Después de 1959, si bien se nacionalizaron recursos y servicios públicos, la dependencia económica a la antigua Unión Soviética condicionó la política nacional, y dejó desprotegida la economía, a tal punto, que quedó devastada luego de la caída del bloque socialista. 

Ese hilo recorre el pensamiento y la acción política cubana, y reaparece una y otra vez como espada de Damocles en el debate público del país. Por eso, cada negociación bajo condiciones asimétricas trae de vuelta el dilema de hasta dónde negociar sin comprometer aquello que se considera irrenunciable.  

Esa tensión se expresa actualmente en el caso venezolano, cuyo gobierno está dando señales de negociar con Estados Unidos en términos que exceden el intercambio diplomático convencional. Las licencias otorgadas a empresas estadounidenses para operar en el sector petrolero, las conversaciones sobre producción y exportación, y los acuerdos puntuales alcanzados en materia de prisioneros y cooperación, indican un reordenamiento de la relación sobre bases claramente asimétricas. Medios estadounidenses como The New York Times informaron recientemente que, según declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio, el gobierno venezolano presentará un presupuesto mensual a la Casa Blanca para autorizar el uso de ingresos petroleros. En general, las concesiones que se insinúan alcanzan recursos estratégicos, márgenes de maniobra económica y ámbitos que, en un escenario de autonomía plena, no formarían parte de un proceso de negociación.

Por su parte, EE.UU. vuelve a presentarse con derecho a intervenir, ordenar y condicionar el rumbo político de América Latina. De forma explícita reaparece la Doctrina Monroe, reactivada desde el trumpismo, hasta el punto de que se habla de una «Doctrina Donroe» como reformulación contemporánea del viejo postulado, el de Latinoamérica como espacio de influencia natural, disponible para la presión y el condicionamiento externo.  

Sin embargo, el retorno a la lógica de «influencia» regional choca con el marco normativo que rige formalmente las relaciones internacionales desde mediados del siglo XX. La Carta de las Naciones Unidas reconoce la igualdad jurídica de los Estados y el derecho de cada país a decidir libremente su organización política, económica y social, sin injerencias externas; ese marco no distingue entre países grandes o pequeños ni concede privilegios en función del poder que tenga cada Estado, aunque en la práctica sean justamente los más «fuertes» quienes lo incumplen con mayor frecuencia.

La distancia entre la norma internacional y la práctica política siempre estuvo, pero se hace más evidente por estos días fuera de los escenarios de sanción directa. Incluso en países con trayectorias muy distintas, en los que se incluyen aliados  de EE.UU., empiezan a aparecer discursos que cuestionan esa relación de manera cada vez más expresa. 

En un pronunciamiento reciente, Mark Carney, el primer ministro de Canadá, puso el acento en la necesidad de repensar el desarrollo económico de su país como potencia media y su inserción internacional, sin dar por sentada una dependencia estructural de Washington y lo hizo hablando en términos de autonomía y capacidad de decisión nacional.

En México, la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en la defensa de la soberanía, subrayando que la cooperación no puede confundirse con la cesión de asuntos estratégicos. Sin equiparar contextos ni situaciones, esas posturas muestran que la cuestión de la autonomía vuelve a estar en el debate regional, como una preocupación vinculada a la capacidad de los Estados de fortalecer sus márgenes de decisión interna, redefinir sus subordinaciones y establecer relaciones exteriores desde posiciones menos asimétricas.

Cuba ha sido, durante toda su existencia como república, uno de los principales escenarios sobre el que ha pendido el debate en torno a la asimetría de poder y el respeto a la autonomía de los Estados. En la historia reciente, las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos, fueron concebidas como un dispositivo a mantener prolongadamente para condicionar de manera negativa el entorno en el que la Isla estructura su desarrollo económico, su política exterior y su orden interno. Sus efectos atraviesan la vida cotidiana de múltiples maneras, como factor visible que incide sobre la ciudadanía, aunque también demasiadas veces enarbolado como único argumento al que se recurre para justificar malas decisiones en la política doméstica y la ausencia de transformaciones profundas.

Si países con economías consolidadas y mayores márgenes de maniobra ponen en primer plano la necesidad de fortalecerse desde dentro para ampliar su autonomía y sus relaciones comerciales con los diferentes actores internacionales, resulta difícil justificar que Cuba, con problemas estructurales acumulados y una situación social muchísimo más frágil, pueda seguir postergando las decisiones internas que necesita. La situación económica, el deterioro de las condiciones de vida y el desgaste institucional no admiten más aplazamientos. La soberanía como principio no admite negociación, pero en la práctica política se sostiene, sobre todo, desde el bienestar o la esperanza de él como generador de consenso sobre un proyecto de país que defender.

No es casual que a los gobiernos les resulte más difícil preservar valores y capacidad de autodeterminación cuando la vida de su población se reproduce en condiciones de precariedad… Decidir hacer transformaciones profundas, por tanto, es un deber hacia esa población y debe ser parte de un proceso propio, interno y soberano del país, no como respuesta a exigencias de gobiernos extranjeros y agendas externas. 

Sin necesidad de ir muy lejos, Puerto Rico es un ejemplo del alcance que puede llegar a tener una agenda externa. A la isla boricua se le ha intentado administrar la identidad desde fuera durante décadas y, aunque su relación con EE.UU. ha traído beneficios económicos y financieros para determinados sectores, el precio ha sido alto en términos políticos, culturales y sociales. La imposibilidad de decidir plenamente sobre su estatus, su modelo de desarrollo y su lugar en el mundo ha convertido esa relación en una forma de neocolonialismo que sigue siendo objeto de disputa y cuestionamiento. De ahí que intelectuales y artistas puertorriqueños lleven años señalando que no hay prosperidad material que compense la pérdida de autogobierno ni la subordinación del proyecto colectivo.

La soberanía es una condición política concreta que se ejerce o se pierde. No existe compatibilidad posible entre un proyecto soberano de país y cualquier forma de anexión o sumisión a intereses externos. Toda fórmula que traslade a actores extranjeros el control de áreas centrales de la nación compromete seriamente la posibilidad de construir el proyecto propio. Al final, la discusión remite al tipo de país que se está dispuesto a defender y legar, esa idea que Villena resumió en el deseo de que «nuestros hijos no mendiguen de hinojos la patria que los padres nos ganaron de pie».

13 COMENTARIOS

  1. (Esto.., ya que no me publicaron el anterior).., Con mucho respeto, pero con grandes diferencias.

    Te leo:
    «La Carta de las Naciones Unidas reconoce la igualdad jurídica de los Estados y el derecho de cada país a decidir libremente su organización política, económica y social, sin injerencias externas; ese marco no distingue entre países grandes o pequeños ni concede privilegios en función del poder que tenga cada Estado»

    En el caso preciso de Venezuela, gracias a la unanimidad, el gobierno de Estados Unidos ni siquiera debió esforzarse por convencer o coaptar a todos y cada uno de los miembros del parlamento, basto solo la amenaza a quien dirige hoy la nación, para que todos los parlamentarios, como masa de ovejas, votaran a favor unánimemente de un proyecto a todas luces intervenido.

    Y entonces.., si el parlamento sumiso vota unánimemente, sin discordia, sin discusión, sin diferencia a la luz pública una ley solo porque quien dirige tu partido obliga.., ¿Dónde esta la representación nacional o la soberanía?
    Realmente ¡¿No ven un peligro en eso de la unanimidad?!

    Me sorprende…

    Quienes ayer gritaban ufanos contra el imperio.., hoy se pliegan sin más.., sin resistencia, sin debate, sin contradicciones. ¿Es ese el parlamento que representa a cada uno de los habitantes del pais? (ojo.., todo esto en menos de un mes)

    Ya lo decía Martí y en esto coincido plenamente:

    … «O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos.»

    A mi decir.., diversifique.., porque el peligro real esta en esa homogeneidad forzada.

    pd!. A lo de la carta de la ONU.., ¿Y quien puede protestar o diferir si el parlamento – supuestamente representativo y soberano – vota a favor de forma unánime por leyes impuestas por terceros?

    s2

  2. Que los cambios sean desde el ejercicio de la voluntad del pueblo es algo que suena bien, pero en la practica, ningún recurso tiene el pueblo cubano para aspirar a algún cambio, el solo hecho de sugerir una idea ha sido motivo para que más de uno haya terminado en la sombra. En Venezuela han hecho varias elecciones y de igual modo, ya sabemos que fueron ignorados los resultados y en Puerto Rico, apenas el 3% de la población piensa en la independencia, viví allí 17 años y sé de lo que hablo, así es que, en vista de que los pequeños no tienen claro como proceder, ha sido necesario que un adulto intervenga.

  3. Una Obsevacion creo que necesaria : la diferencia entre Puerto Rico y cuba ,politicamente hablando es que la poblacion de Puerto Rico,es consultada cada cierto tiempo acerca de,entre otras cosas,que status quiere tener,Estado libre y soberano,estado asociado a los eeuu,etc,etc…ellos no han optado por la independencia,ante eso,lo que piensan los artistas e intelectuales,son sus opiniones….En Cuba,nunca se conto con el pueblo para ser un satelite con bases militares extranjeras,ni tampoco para otros asuntos.Hablo de escoger libremente y entre opciones…Hay diferencias..

  4. La tan llevada y traída soberanía. Cuando se escribe sobre el tema observo cierta hipocresía. En primer lugar hay que preguntarse la soberanía para quien es, para el gobierno? para los ciudadanos? La soberanía no puede ser algo abstracto, como no puede haber un país soberano sin ciudadanos soberanos. Somos los cubanos soberanos? Tenemos independencia económica o política? No el país, no, tampoco el gobierno, tu, yo, el vecino de al lado, la respuesta es obvia. Por otro lado solo en EEUU dice haber casi 3 millones de cubanos, hay miles que quedaron en Mejico y otros que fueron al sur o se quedaron en Centroamérica pero que su objetivo eran los EEUU, eso representa un muy alto porcentaje de la población de Cuba, si mañana la embajada de EEUU en Cuba ofrece visa y pasajes gratis cuantos millones mas se irían. Entonces de cierta manera queremos trabajar, acatar las leyes, vivir según las normas que rigen allá pero que no vengan a imponerlas aquí, no eso no, eso va contra nuestra soberanía, mejor irnos todos antes que Cuba (??) deje de ser soberana.

    • Hermes, tus opiniones son parte de lo que muchos otros cubanos piensan al respecto, particularmente en estos tiempos. Y es entendible, en mi criterio. El gobierno cubano se ha comportado en muchísimos aspectos de nuestra vida nacional como un represor, lo cual ha contribuído a destruir cualquier indicio de unidad o verdadero consenso dentro de nuestra comunidad, dentro y fuera de la isla. La pérdida de legitimidad es inmensa. Esto ha generado todos los descontentos que conocemos, los cuales, especialmente el económico y el político, han propiciado la emigración de muchísimos cubanos.

      Sin embargo, el hecho de querer vivir en autonomía individual y con derechos palpables no necesariamente implica que la gente deje su lugar gustosa y voluntariamente. Una entidad política no es solo una demarcación territorial y administrativa, sino por sobre todo una identidad colectiva, dinámica y heterogénea, pero en todo caso definible. En el caso cubano, podríamos decir que la lucha por la independencia y la soberanía es parte consustancial de nuestra identidad colectiva? Yo diría que sí. Este no es necesariamente el caso en todas las entidades políticas.

      De modo que es perfectamente compatible vivir cómodamente exiliado, disfrutando plenas prerrogativas cívicas, y aún así desear lo mismo para tu país sin querer convertirlo en el país que te acoge. El que en otros sitios existan derechos que quisiéramos para nuestra sociedad no quiere decir que necesariamente deseamos sustituir nuestra sociedad por aquella. Una pelota es tan redonda como una naranja, pero eso no quiere decir que la pelota se puede comer. En mi opinión, no es incompatible desear vivir libre de interferencia y al mismo tiempo desear tener la capacidad de actuar de acuerdo a la propia voluntad. No hay necesariamente hipocresía en esto. De hecho, esta peculiar simbiosis es la que testimonian muchos famosos exiliados políticos, la cual es parte de la complicada dinámica entre soberanía colectiva e individual.

      Ciertamente, un estado soberano que lascera la soberanía individual se está disparando en el pie, pero mientras exista se le puede desafiar y criticar. Por otro lado, un individuo que desea vivir soberanamente, ignorando todo tipo de consenso colectivo, lo cual necesariamente regularía sus prerrogativas y comportamiento como individuo, probablemente no sobreviva el lance.

      Por último, están los objetivos, motivaciones, legitimidad y precedentes del que desea quitarte la soberanía. A quién van a beneficiar? Al pueblo? De veras? Ha funcionado en algún lado en pasadas intervenciones? Han dejado una estela de felicidad, libertad y prosperidad cuando han decidido intervenir un lugar?

      Martí, el más célebre de nuestros exiliados, tomó vino de Mariani e hizo poemas al hachís y a la bailarina espaniola. También vivió, comentó y elogió las mejores virtudes de la república norteamericana. Sin embargo, al mismo tiempo trató, con no menos fervor, de impedir que se extendieran por las antillas. Amó a Linconl y odió a Custer. Convierte todo esto en un hipócrita a Martí? Yo digo que no. Y no hay cubano (incluso entre los que se adhieren a la anexión) que no coincida en el hecho de que él representa lo mejor de nosotros.

  5. La tendencia general es haz lo que yo digo y no copies lo que yo hago. viejo dicho del cura aplicado a nosotros que en realidad no somos libres de ninguna manera, salvo que saludes sin pizca de verguenza a un solo partido, aunque si muchos oportunistas. Desafortunadamente hay que empezar por decir que nuestra soberania ideologica es sumisa a ese grupo de «vanguardia» que ha secuestrado la voluntad de ser diferente y mostrarse publicamente sin miedo. Mientra tanto pueden averiguar que quieren los boricuas de verdad hoy dia

  6. Estoy de acuerdo en que la soberanía no de Cuba sino de ningun pais debe ser negociable. Apoyo el principio legal e internacional de la autodeterminacion de los pueblos.
    El título que encabeza este escrito es y ha sido utilizado por el gobierno de Cuba y el PCC como pretexto para no negociar con el enemigo histórico el imperialismo norteamericano. Pero no se hacen la pregunta central que exige el momento: ¿ Se puede negociar, sin perder la soberanía? La administración Trump ha planteado una negociación con el régimen, no para ultramar la soberanía ni los derechos del pueblo cubano. La negociación que exige el gobierno norteamericano es con los gobernantes actuales induciendolos a dejar el poder buscando una salida beneficiosa para que el pueblo decida su propio destino. Una oportunidad para que estos gobernantes que han demostrado en mas de 67 años que solo han traído el desastre económico y social mas grande de toda la historia contemporánea, comparable solo con la devastación de la isla durante la guerra con España. En aquella oportunidad a pesar de las tendencias y opiniones antianexionistas, la mayoría optó por la intervención norteamericana, por lo cual ha sido acusado de traidor Don Tomas Estrada Palma a tal punto de cercana su estatua de la avenida de los presidentes al estilo estalinista negando un pasaje de la historia. Estrada Palma continuado del Partido Revolucionario después de la muerte de Marti, pensó primero en el pueblo que sufría los empates de la Guerra, las consecuencias de la reconcentracion y no solo eso sino que al cabo de un año logro un superávit de la economía cubana en poco tiempo. Nada de esto aparece en la historia grafía cubana actual. Marti murió sin resolver las contradicciones con Maceo y Gomez que abogada por un gobierno militar, contrario al ideario Martiano de una república gobernada por un gobierno civil. Hoy los que se aferran al poder en Cuba traicionan a Marti porque han instaurado y consolidado un gobierno militar, automático, totalizar y tiranico con un partido único heredado de una revolucion extranjera y adaptado a una isla del Caribe sin desempolvar la nieve. Un partido Comunista que siempre debió llamarse con el nombre de Partido Revolucionario Cubano si en realidad hubiesen tenido la intención de rescatar el ideario Revolucionario de Marti creando una república » con todos y para el bien de todos» .
    Basta ya de retóricas y basemonos en la historia joven Cuba tiene la herencia no se su nombre desde su fundación tiene el legado de una ideología introducido con la finalidad de apoderarse de la isla por el centro del comunismo internacional. Ese centro fabricó figuras como las de Mella y después lo expulsó del Partido y lo mandó a asesinar, fabricó la figura de un líder desde sus inicios en la universidad, solo con una intención apoderarse de la isla por su posición geográfica frente a los Estados Unidos. Ese líder en el cual confiamos la mayoría de los cubanos nos traicióno prometiendo una revolucion de los humildes y para los humildes que nunca cumplió. Hoy los tiempos son otros y en lugar de escudarse en la misma retórica los convido a pensar en una negociación respetando del ideario Martiano. Créame es posible.

  7. “Una negociación entre Cuba y Estados Unidos inspirada en el prisma martiano solo sería legítima si se sostiene sobre un equilibrio real de soberanía y dignidad, orientada siempre al bienestar de la mayoría y nunca a intereses particulares, y si reconoce como principio irrenunciable la libertad de los cubanos para elegir su propio destino y construir una república civil, inclusiva y democrática, “con todos y para el bien de todos”; en ese marco, el diálogo solo tendría sentido si ambas naciones se relacionan desde el respeto mutuo, sin imposiciones ni subordinaciones, y si cualquier acuerdo fortalece la capacidad del pueblo cubano para decidir su futuro con plena independencia moral, política y humana”
    Esta serian las bases de una negociación pensando en el pueblo.

  8. Estimado Andrés le agradezco su respuesta y admito que estoy de acuerdo con muchs de sus puntos de vista. Debo aclarar que, como Ud puede ver, en ningún momento he hablado de anexión ni nada parecido.
    La soberanía creo es un término que ha sufrido muchos cambios y cabe preguntarse hasta que punto se defiende por razones de patriotismo y hasta donde por conveniencia de los gobiernos que la esgrimen. Mejico, en nombre de su soberanía, niega la participación de EEUU en la lucha contra el narcotrafico en su territorio. Este año, como muchos otros anteriores, morirán en Mejico varios miles de personas por la violencia, un precio alto sin duda a pagar por la soberanía. En Canadá existe el Gobernador General, un representante de la monarquía inglesa que aprueba leyes y funcionarios, eso no quita que Canadá sea un país soberano.
    En el caso de Cuba habría que preguntarse en que etapa de estos 124 años que cumpliremos como República hemos logrado mayor desarrollo y cuan soberanos hemos sido en esos periodos. Por otra parte si, como Ud bien dice, quisiéramos disfrutar en Cuba lo bueno que cada cubano puede encontrar en cualquier lugar del mundo que se encuentre debemos preguntarnos que quedaría de la Cuba actual que nos recuerde lo soberanos que fuimos.
    Le reitero el agradecimiento por su respuesta.

    • Estimado Hermes, también agradezco la respuesta y el espíritu de intercambio. Los cubanos lo necesitamos permanente y abiertamente. Permítame apuntarlar el hecho de que mi referencia al anexionismo era genérica y no personal. Creo que sus criterios son plausibles y dignos de análisis crítico. Pero incluso estaría dispuesto a escuchar los argumentos de alguien que tenga ese criterio, siempre y cuando venga con honestidad intelectual y respeto.

      Definitivamente coincido en el hecho de que el término «soberanía» es esencialmente dinámico y que no siempre los que lo esgrimen lo hacen por motivos honorables. Es por eso que opino que la conversación en torno a este debe ser multilateral y democrática. Naturalmente, no es una conversación fácil; no hay respuestas simples, sin embargo creo que es una conversación vital, sobre todo si se hacen las preguntas correctas. Y en este particular, creo que una de las preguntas cardinales en este asunto no sería como una comunidad asume y construye su soberanía, entendida en su sentido más extendido, sino la potestad de una sola nación de determinar unilateral y arbitrariamente, por virtud de su poderío, su derecho a intervenir en los asuntos de otra (los argumentos empleados por las administraciones norteamericanas son, por lo general, espurios). Y en el particular, no parece haber demasiada discrepancia entre las naciones. Más allá del material del cual estén construidas las diferentes nociones de soberanía, ninguna nación acepta gustosa injerencia, independientemente de la naturaleza del debate interno en torno a cual noción de soberanía preferirían.

      Ciertamente las experiencias históricas son disímiles y esto es, como usted comenta, dificil de estandarizar. Pero creo que una conversación de este tipo al menos debería considerar el contexto. Por ejemplo, el caso de México que usted menciona parte de la premisa de que una intervención norteamericana resolverá el asunto del narcotráfico en México. Pero esta premisa es, a mi modo de ver, problemática pues omite el hecho de que el territorio norteamericano no es un simple receptor. Si maniana desaparece la demanda que provee el mercado norteamericano, una buena parte de la producción de narcóticos, y una buena parte de sus redes de suministros en suelo norteamericano, dejaría de existir, o se movería para otros sitios. Aún más importante, este ejemplo también parte de la premisa de que el método paramilitar empleado y promovido por los Estados Unidos ha sido efectivo, pero esto tampoco es cierto. Una buena parte de la violencia en México se lleva a cabo con armas norteamericanas, llegadas a ese país precisamente para combatir a los cárteles. Pero, aún así, el gobierno norteamericano, sólo por virtud de su fuerza, quiere intervenir. Sin embargo, a juzgar por la evidencia, es plausible pensar que no hay garantías de que el precio que México paga ahora por no permitir la intervención sea más alto que el que pagarían si permitiesen el triple de los tiroteos y encuentros armados. El programa de la guerra contra las drogas, concebido desde los 1970s por el gobierno norteamericano, ha resultado ser un rotundo fracaso, y México está consciente de ello. De modo que está defendiendo, de la mejor forma que puede dada las circunstancias, sus intereses como nación.

      El ejemplo de Canadá me trae a lo que le comenté en mi primera respuesta: la lucha por la independencia no es, como si lo es en el caso de Cuba, un elemento necesariamente consustancial a la identidad colectiva de otros pueblos. Estas cosas varían y es algo perfectamente natural a lo largo de la historia. Pensaba precisamente en Canadá cuando lo escribía, pero hay otros ejemplos. Si bien la historia de la confederación candiense no está exenta de violencia, rebeliones y narrativas contrapuestas, sobre todo, pero no exclusivamente, de parte de la población indígena, su historia no es la de un conflicto sangriento de treinta anios, como si es el caso de Cuba. Entender el contexto histórico es vital en todos estos casos pues este difiere de país a país. Por otra parte, siempre hay visiones diferentes dentro de una misma cultura; en Cuba, además del anexionismo, teníamos el autonomismo, que parece ser la tendencia que primó entre los padres fundadores de la confederación canadiense. Aún así, los debates constitucionales en Canadá y su discusión en torno a la naturaleza de su soberanía continúan hasta este segundo, precisamente por la relativa ambiguedad en que fue concebida, Mire como reaccionan cuandoTrump los trata de demeritar.

      En el caso de Cuba y los 124 anios de vida republicana, creo que nos sucede lo mismo que a otras naciones. Hay diferentes visiones e influencias que provienen de diferentes personas, grupos y lugares, y este intercambio es el que nos constituye. Es un asunto de cada día. Es por eso que recalco el carácter dinámico de estas cosas. Sin embargo, creo que su último párrafo respecto a Cuba parte de la premisa de que la soberanía es un este estático, pues concluye que incorporar elementos, ideas y modos de hacer de otras naciones automáticamente invalida nuestra soberanía. Pero el hecho de que todos los seres humanos, además de las naciones, seamos el resultado, siempre evolutivo, de adoptar nuevas experiencias e ideas, so pena de desaparecer como entes, no quiere decir que dejemos de ser nosotros por esa razón. Es perfectamente normal incorporar, aprender, innovar, también desechar, sin necesidad de perder nuestro sentido de lo que nos hace. Nadie podría existir de otro modo.

      Y otra vez recurrimos en el particular a nuestro célebre exiliado: «… Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas». Pero en el caso de las naciones, como en el de las personas, esto requiere de la libertad de poder llevar a cabo este proceso natural de la vida sin interferencias ni coacciones, de modo que el proceso se desenvuelva de modo orgánico. Por supuesto, en este mundo de potencias y personas hostiles, y en este escenario tan asimétrico, todo esto se complica sobremanera. De cualquier modo, si esto de la soberanía no fuera importante ya todo el mundo hubiera tirado la toalla hace rato pues obtenerla y conservarla bajo las actuales condiciones es un verdadero desafío. Pero es demasiado importante, para todas las naciones. Naturalmente, habrán amenazas, incluso imposición por la fuerza (cómo negocias con una pistola en la cabeza?), pero la conversación va a seguir porque sencillamente no puede parar. Ninguno de los que se sienten amenazados va a permitirlo.

  9. 60 años sobreviendo y experimentando diferentes sistemas políticos. Tengo la alegría de haberme escapado de la dictadura comunista de Cuba y experimentar en varios paises europeos los que para mí puede ser el ideal de sociedad que Cuba merece. No me parece justo que un partido político como el PCC, en cuyo ceno hay mafiosos y criminales de lesa humanidad, se arroge el derecho de controlar y decidir el destino de 11 millones de cubanos. Por los tanto, de que modo podemos extirpar este mal de la sociedad cubana cuando la intolerancia y radicalismo de la cúpula que gobierna con manos de hierro, no permite el nacimiento de un verdadero estado del derecho, la democracia,el pluripartidismo y el triunfo de la libertad. Quiero invitar a esta plataforma a que hagan un programito cuyo tema central fuese: necesidad de abolir al PCC, necesidad de establecer ley de partidos politicos en Cuba (pluripartidismo), papel de oposición política en un futuro estado del derecho, la separación de poderes. Desmitificar y eliminar la barrera «Revolución». Derechos y Libertades civiles

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