Silvio y Leticia, o los pájaros tirándole a la escopeta

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La noticia debería ser que Cuba vendió el humidor de puros más caro de la historia, por un total de 4,6 millones de euros, una caja de madera que mantiene a los tabacos en una temperatura estable e ideal para su preservación, y en este caso contenía incrustaciones de oro y cristales Swarovski. Todo sucedió como parte del Festival del Habano, el momento en que fumadores del mundo se reúnen en la capital cubana para acceder al tabaco prémium, torcido a mano, que se produce en la occidental provincia de Pinar del Río y que es comercializado a nivel internacional como el mejor tabaco del mundo.

La noticia debería ser también que de todas las industrias en franca decadencia en Cuba, Habanos, una empresa mixta entre Cuba y una compañía española, creció en ingresos en 2024 en un 16 por ciento, lo cual representa ingresos por un total de 820 millones de dólares.

Ahora bien, la noticia en el ciberespacio cubano no es esa. La noticia es el debate entre el cantautor cubano, una de las voces con más popularidad y tracción de Cuba, Silvio Rodríguez, y la periodista poco conocida por la audiencia nacional, pero líder del equipo de prensa de comunicación de la Presidencia, Leticia Martínez.

Las opiniones chocaron sobre la celebración de uno de los eventos del Festival de Habanos en un lugar que jamás se ha utilizado para fiestas, cenas, o eventos festivos: el Salón de los Pasos Perdidos y las inmediaciones de la Estatua de la República en el Capitolio de La Habana, espacio bajo el cual hay un solemne lugar de gran significación histórica que es la tumba al mambí desconocido.

El evento difundido en las redes sociales de la propia empresa fue celebrado con gran fastuosidad, luces que iluminaban toda la escalinata y columnas del Capitolio habanero, sede de la Asamblea Nacional de Cuba, al que regresó tras años de albergar a la Academia de Ciencias y al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

No pocos internautas publicaron opiniones críticas sobre la pomposidad de un evento que parecía estarse desarrollando en Manhattan o en cualquier otro lugar. Es la primera vez que se usa el Capitolio para ese fin, ya que celebraciones de este tipo suelen ocurrir en las propiedades del Laguito o de Pabexpo, gestionados por el grupo PALCO.

Muchas opiniones hacían referencia a la crisis económica en Cuba, que por estos días llega a los servicios más básicos: déficit de más de 1500 megawatts cada noche, los productos subsidiados de la bodega de enero que no llegan aún en su totalidad, o la escasez de harina, entre otras carencias. Un país en el que además ha sido noticia que la producción nacional de arroz, el alimento más importante en la mesa del cubano, cubrió apenas el 11% del consumo, por lo que todo el que hubo disponible fue importado y, por tanto, vendido a otros precios, o al mismo pero con gran costo para las arcas públicas.

Las críticas no amainaron tras el anuncio de que los fondos de la subasta final de seis humidores exclusivos, lograron recaudar una cifra récord de 17 millones 940 mil euros y serán entregados, íntegramente, al Sistema Nacional de Salud Pública. El artículo publicado en Granma no detalla cómo se usará el dinero, ni hace un amago de transparencia en torno al uso de esos fondos. Simplemente dice que se destinará a la salud pública, una decisión política que Fidel Castro tomó años atrás y se ha mantenido, pero que no hay manera de comprobar en un contexto en el que los anuncios gubernamentales, por no traducirse en una mejoría directa de la calidad de vida de la gente, terminan en saco roto.

Entre las voces críticas estuvo el intelectual, ensayista y activista político Iramís Rosique, que se preguntaba en su perfil en Facebook: «¿Pero la amplia y necesaria recaudación dependía de usar el Capitolio? Yo realmente esa línea de contrargumentación no la entiendo, pero bueno, la defensa es permitida. La crítica, también».

Por su parte, la periodista y profesora de la Facultad de Comunicación Ana Teresa Badía comentaba: «Error grave de comunicación política que entierra la ideología que ha defendido Cuba. El lugar es la sede de nuestro Parlamento y ahora se utiliza en imágenes que asemejan a una especie de burdel de los años 50».

La prensa opositora de Miami y varios operadores políticos utilizaron el evento para apoyar la narrativa de que el gobierno cubano ocupa recursos y tiempo en pomposas fiestas con la presencia del presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez y Manuel Marrero Cruz, el primer ministro.

Silvio Rodríguez opinó sobre el tema en su blog Segunda Cita: «Distintas señales sugieren que está ocurriendo una especie de desaparición paulatina del sentido de dignidad nacional […] Lo siento en la carnavalización de la estatua de la nación y la tumba del mambí desconocido».

Si bien Rodríguez opina poco sobre la realidad nacional, cada vez que lo hace levanta una polvareda de debate, críticas y polarizaciones. En este caso subrayó el impacto negativo que tendrá sobre Cuba los cambios que está haciendo Donald Trump.

Más adelante parece criticar la aparición en redes sociales en Cuba de videos que muestran el cuerpo del cantante de salsa cubano Paulito FG, recientemente fallecido como consecuencia de un lamentable accidente de tránsito el pasado fin de semana: «Lo siento en un video que muestra un cadáver reciente, lleno de heridas, ante el que los presentes hacen diversos comentarios. ¿A dónde hemos llegado para que puedan pasar estas cosas, para que se trivialice lo sagrado, para que se le falte el respeto a la memoria de un ser humano, a su familia, a las personas que le aman?»

El cantautor cubano más importante de los últimos 50 años sentenció: «Entiendo que no seamos como quisimos ser; entiendo que falta mucho todavía. Pero no puedo entender el irrespeto y la falta de calidad humana».

La publicación parece haber tenido una respuesta en el perfil de Facebook de la periodista Leticia Martínez, jefa del equipo de prensa presidencial que acompaña y cubre las actividades del presidente cubano, y que antes era parte del pequeño equipo de periodistas que cubrían las actividades del expresidente cubano Raúl Castro.

Martínez escribió ofreciendo otros ejemplos de «dignidad nacional»: «Cuando por nuestras propias fuerzas detuvimos el crecimiento de la COVID, con vacunas propias, se acuerdan? Eso poquísimos países del mundo lo hicieron. Cuando vas por esos montes cubanos y te encuentras una escuela para un solo niño, o un médico subiendo en mulos a ver un paciente en el fin del mundo. Cuando el presidente del país recorre en tres días seis u ocho municipios, se reúne con jóvenes, llega a La Habana y se cambia de ropa y va para el Habano porque hay una subasta que puede dar millones a Salud Pública».

La periodista, que se caracteriza por opinar siempre muy positivamente sobre el actuar del gobierno en sus redes personales, y que lidera un equipo de comunicación que no ha sido capaz de levantar la imagen del presidente, desencadenó una ola de solidaridad con Silvio Rodríguez.

Otro de los periodistas que ha tenido posiciones críticas a veces, y que otras veces parece más apegado al discurso estatal, acompañó a Leticia en la defensa a esta decisión de usar el parlamento para una fiesta. El vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba, también activista por los derechos LGBTIQ+, Francisco Rodríguez Cruz opinó en Facebook: «Pues a mí me parece genial que hayan puesto el Capitolio a recaudar divisas para el país», aunque se desconoce cuánto más se recaudó esta vez por hacer el evento en el Capitolio, en lugar de en alguna de las sedes habituales.

Ante la discusión en redes y la polarización política del tema, una de las voces que intentó conciliar ambas opiniones fue el influencer y periodista colaborador de medios como Telesur, y líder del proyecto mediático El Necio, Pedro Jorge Velázquez.

Velázquez, que en el pasado ha tenido discusiones públicas con personas críticas al gobierno, afirmó: «Todos tienen derecho a decir lo que piensan», una opinión absoluta en un país en el que la diversidad de opiniones es vista con suspicacia, como mismo él reconoce en el texto, que además, demuestra una ligera fractura entre un bando que solía hacerse coro en el pasado pero que ahora, ante críticas de una figura de la altura de Silvio, prefiere tomar un camino conciliador.

«La verdad que es un orgullo leer las críticas y reclamos a sucesos públicos como los de las últimas fechas. Me hacen sentir que no todo está zanjado, que no se puede hacer socialismo con todo y la palma, que los chalecos morales que Fidel forjó, están ahí. Este país necesita cada dólar que pueda apoyar los grandes sectores sociales que la Revolución forjó: pero el dólar no es lo único que hay que ganar. Hay que conquistar otras cosas que, cuando uno sale pa’ la calle, las siente dolidas, heridas, y en algunos casos, muertas».

Esta noticia significa que una decisión como la celebración de ese evento en el Capitolio ha apuntado la linterna (y no la del Capitolio) sobre grietas que hay en el consenso entre grupos que estaban muy de acuerdo en determinar dicotómicamente qué está bien y qué está mal, y que la gran mayoría de la crítica es antisistema, aunque esa sea una actitud excluyente y paralizante.

Significa además que las decisiones que tienen este tipo de repercusión pública son tomadas por personas que están muy desconectadas de las opiniones de una élite intelectual y urbana, con mucha influencia en el país, así como una desconexión con el empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, en un país con apagones de hasta 20 horas en las provincias, donde los alimentos básicos como el arroz, la carne de puerco o el aceite para cocinar se han vuelto productos imposibles de pagar para salarios de profesionales que trabajan para el Estado.

Significa además que el gobierno no percibe la crisis de credibilidad que tiene ante la población, y se genera un efecto adverso cuando se escucha repetidamente la convocatoria a que el pueblo resista, soporte sacrificios, ahorre, pero se encuentran los recursos, y los megawatts, para celebrar un evento de un glamour neoyorquino en la sede del Parlamento, en uno de los barrios más empobrecidos y densamente poblados de Cuba. Incluso si ese gasto se explicara como una inversión, hacerlo en el corazón de una ciudad apagada, a nivel simbólico tiene un costo político inevitable.

Significa que el uso de los edificios públicos está completamente a expensas de decisiones políticas, sin respeto alguno por la simbología, su uso original, o la solemnidad con la que se trata para algunas cosas, pero para otras no.

Nuestra opinión es que en una sociedad sana todo el mundo opina, y desde la ética y el reconocimiento al otro se puede disentir, una máxima que no parece primar ahora que una periodista jefa de prensa del presidente responde con lecciones de dignidad a Silvio Rodríguez, el autor de buena parte de la banda sonora de la época histórica conocida como la Revolución cubana.

Siempre debe estar permitido el disenso, sin que eso convierta a nadie en un apátrida, ni un mercenario, ni, por el contrario, un oficialista o estalinista. Pero cuando se ataca desde el poder al mensajero en vez de debatir el mensaje, y para colmo, se utilizan argumentos triunfalistas que rozan el ridículo, el fracaso a nivel de comunicación es inevitable.

También es una lección esta para los servidores públicos, que han de identificar que la crítica ha de escucharse, y aprender de ella, porque no se puede poner en compartimentos estancos a aquellos que «todo lo critican» y «no entienden» desde una posición de superioridad, cuando muchos de los que toman esas decisiones tampoco entienden a los indignados.

El respeto a las opiniones ajenas no es para gritar todos en una cámara de eco sin escucharnos, es poder disentir con el poder de importar a quienes dirigen y que estos actúen en consonancia con un mandato social que muchos creen que en este caso han traicionado, empezando por Silvio Rodríguez.

En un contexto de poca transparencia sobre la correlación de fuerzas dentro de las filas gubernamentales, estas escaramuzas muestran divisiones visibles entre funcionarios y la intelectualidad de izquierda en Cuba.

Buena parte de los miembros de la clase política en el poder reacciona visceralmente ante cualquier crítica, incluso de figuras indisolublemente vinculadas a la historia de la Revolución, como si nunca se equivocaran, y carecen en casi todos los casos de un ejercicio de autocrítica pública y rectificación.

No obstante, la polémica también confirma la existencia de una izquierda que es crítica ante los errores gubernamentales, sin necesidad de abrazarse a la oposición. La pregunta es ¿cuánto puede cambiar esa izquierda desde su compromiso con la clase dominante, y su reticencia a ingresar la oposición activa? ¿Qué caminos existen para que estos debates no se queden en la esterilidad de las redes?

6 COMENTARIOS

  1. Que triste alcanzar notoriedad por inepta, desatinada, bajo coeficiente intelectual e irrespeto a tan icónica figura de la cultura, intelectualidad y proceso revolucionario cubano e incluso latinoamericano.
    Pero todo es comprensible cuando se entera uno, del cargo que obstenta.
    Hay situaciones que no tienen defensa, errar es humano, ahora tratar de justificar la situación de Cuba solo atando un escueto listado de aciertos y sin reconocer el caos que vive o hace agonizar a nuestra patria, es más ridículo y contraproducente, mejor quedarse callado.
    El daño que personajes como este hace a la revolución (eufemisticamente) es peor que el que hiciera cualquier disidente en una tribuna.
    Hace pocos días se publicó acá lo que debiera hacer el gobierno en materia de comunicación digital, aquí está una buena razón, son incapaces incluso de dar una buena respuesta, imaginen generar una buena comunicación.
    Sin dudas han perdido el sentido común, solo la inercia les queda…

  2. Ella solo está ocupando el mismo papel que el ocupó en la misma obra de teatro «cuba», canel es su Fidel jajajaja; es un circo?

  3. Apoyo a todos los que han criticado tan bochornoso acto de irrespeto al pueblo cubano y su historia. A donde, que vergüenza. A donde nos conducen?

  4. Si pudiéramos hablar libremente como se hace en todas partes del mundo sobre cualquier tema o persona o hecho…
    Ahhh el mejor cantautor de los últimos 50 años fue el gran Pablo Milanés.

  5. Silvio el más grande. Sin dudas lo es. 100 % de acuerdo con el desde su trinchera haciendo Revolución la cual como dijera Camilo está hecha , solamente nos toca defenderla aunque sea de sus mismos líderes que una y mil veces caen en errores grotescos e insalvables. Muchos oportunistas critican a Silvio y hasta lo contraponen con otro grande de la canción que se canso de defender la Revolucion y prefirió abrazar los cantos de sirena del enemigo.
    Silvio congruente en obra y acción, que fue a cantarle a las prisiones y a los barrios. No esperaba menos de el . Lo penoso es que un solo golondrina no compone primavera. Muy mal la jefa de prensa del presidente.
    Demuestra una vez más la enorme vulnerabilidad de nuestro sistema burocrático que todas las voces se intentan apagar desde posiciones de fuerza.

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Redacción
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