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Fue noticia que en la madrugada del 4 de diciembre, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en Cuba sufrió un nuevo colapso debido a la desconexión de la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, la planta generadora más grande del país.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó que el fallo fue causado por un «problema técnico en una tarjeta electrónica de la planta», lo que desestabilizó la red eléctrica. No obstante, «las condiciones actuales son más favorables que en desconexiones anteriores, ya que no se reportan daños en las líneas de transmisión ni en las unidades de generación», agregó.
Por su parte, el director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra Hernández, explicó en el programa Mesa Redonda que «nosotros cada vez que hay un evento de este tipo tenemos ya estructurado por procedimientos cuáles son las rutas que tenemos que hacer de microsistemas para ir conformando el SEN». Advirtió que «este es un proceso complejo, que hay que hacerlo de manera pausada, porque ante cualquier error hay que empezar desde cero; no está exento de riesgos».
La situación obligó al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social a suspender temporalmente actividades laborales y educativas hasta que el servicio fuera restablecido en su totalidad.
Días atrás, la Gaceta Oficial de la República de Cuba dio a conocer el Decreto 110/2024 Regulaciones para el Control y Uso Eficiente de los Portadores Energéticos y las Fuentes Renovables de Energía, que entrará en vigor a partir del 26 de diciembre. Dicho documento, además de establecer normativas para el manejo de los portadores energéticos y el uso de fuentes renovables, también introduce procedimientos organizados para afrontar las «contingencias energéticas».
Este jueves fue restablecido el SEN, sin embargo, se mantiene alto el déficit en la capacidad de generación, lo que indica que no cesarán los apagones. Antes del más reciente colapso, los cortes de electricidad habían alcanzado hasta alrededor de 20 horas en algunas localidades.
Por otro lado, los atrasos con la entrega de gas licuado han obligado a varias familias a recurrir a viejos métodos para la cocción de alimentos, como el uso de leña y carbón, incluso en zonas urbanas.
Esto significa que se produjo la tercera desconexión generalizada en menos de dos meses, dejando nuevamente al país sin electricidad.
A medida que disminuye la disponibilidad de combustible para los generadores distribuidos, el SEN depende cada vez más de sus principales termoeléctricas, alimentadas fundamentalmente por crudo de producción nacional (denso y con alta emisión de contaminantes). Cuba ha recurrido al uso de plantas flotantes y generadores eléctricos como alternativas para mitigar la presión sobre el sistema energético, pero estas soluciones también demandan combustible y un mantenimiento sistemático.
Situaciones similares a la desconexión total se dieron el 18 de octubre y el 6 de noviembre, aunque esta última fue causada por el impacto del huracán Rafael, que azotó el occidente del país.
La falta de recursos suficientes para financiar importaciones, la disminución del apoyo de los tradicionales socios petroleros como Venezuela y México, unido a trabas internas, hacen que la escasez de combustible sea una de las principales causas de este contexto.
Por otra parte, las colaboraciones con Rusia y China no son suficientes para un avance visible en este sentido.
El colapso del SEN pone nuevamente en evidencia la extrema fragilidad del sistema eléctrico cubano, afectado durante años debido a la falta de inversión, de mantenimiento y una infraestructura obsoleta que depende en gran medida de termoeléctricas deterioradas.
Expertos como Jorge Piñón, director del Programa de Energía para Latinoamérica y el Caribe de la Universidad de Texas, vienen señalando hace años las debilidades del sistema eléctrico. «La solución a esos problemas siempre eran parches, a corto plazo, pero no de forma estructural, las plantas de Cuba necesitan una recapitalización total», explicó en una entrevista en El País.
La CTE Antonio Guiteras, a pesar de ser la mayor planta del país, es también una de las más vulnerables, con fallos recurrentes que han sido determinantes en las desconexiones recientes.
Nuestra opinión es que en comparación con eventos anteriores, el proceso de recuperación del sistema esta vez ha sido más ágil, aunque los cortes y las limitaciones en el suministro eléctrico persisten.
Los repetidos colapsos del SEN y la respuesta gubernamental reflejan una profunda crisis de la que no se vislumbra el fin. Aunque las autoridades insisten en que las condiciones actuales son «más favorables», es evidente que las medidas de «contingencia» no son suficientes para enfrentar una crisis de esta magnitud.
La frecuencia de estos apagones resalta no solo la debilidad técnica del SEN, sino también la incapacidad del gobierno para implementar una estrategia clara y sostenible que proyecte una salida de este escenario.
Los esfuerzos de recuperación se han centrado en medidas paliativas y a corto plazo, como la creación de microsistemas eléctricos, pero carecen de un plan estructural que ataque las causas profundas de la crisis, como la falta de combustible y el envejecimiento de las plantas generadoras.
Además, la desconexión total del SEN no solo afecta el suministro eléctrico, sino que tiene implicaciones severas en otras áreas clave, como el acceso a internet, agua potable y servicios de salud, profundizando el malestar social en un país que ya enfrenta una crisis económica y social sin precedentes.
En redes sociales y espacios públicos, el descontento de la población sigue creciendo, reflejo de la frustración ante una situación insostenible.
Mientras no ocurra una transformación integral del modelo económico, que permita fomentar la inversión en el sector energético, será difícil encontrar una solución sostenible a la crisis actual.
Cuba enfrenta el desafío de iniciar una transición energética que incorpore el desarrollo de fuentes renovables, modernización de la infraestructura y diversificación de su matriz energética. Sin embargo, esto no será viable sin un entorno que atraiga y facilite la participación de capital externo y actores privados.
Abrir la inversión implica crear un marco legal y financiero que ofrezca garantías a los inversores y permita la colaboración con socios internacionales. Esto podría incluir desde acuerdos para construir parques eólicos y solares, hasta la renovación de plantas termoeléctricas obsoletas.
Sin estos pasos, el país seguirá atrapado en una dependencia de soluciones improvisadas y costosas, como plantas flotantes y generadores, que no abordan las causas fundamentales de la crisis. La transición energética no solo es inaplazable, sino que debe ser acompañada de reformas que permitan integrar nuevas tecnologías y recursos al sistema eléctrico cubano.

