Crónica de los seis días

por Joany Rojas Rodríguez
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Cuando fui al policlínico llevaba dos días sintiéndome mal. Síntomas de malestar físico y fiebres de 38 grados. Según mi experiencia era muy probable que se tratara de dengue. La ausencia de tos y molestias en la garganta me inclinaban a descartar la hipótesis de una gripe, y por ende el temido coronavirus. Ya con esta sería la cuarta vez en mi vida que tendría que enfrentarme a la molesta enfermedad transmitida por el mosquito. Después de las preguntas y análisis médicos de rigor el médico confirmó mi sospecha. Síntomas típicos del dengue, me dijo, y acto seguido dictaminó que debía ingresarme en las instalaciones destinadas al efecto.

Debo confesar que las tres veces anteriores que me vi aquejado por la enfermedad no me ingresé. Ya sé que fue irresponsable de mi parte, pero el hecho no fue gratuito. Resulta que la primera vez que me estrené con dengue, tal y como me había orientado el médico de guardia del policlínico acudí a este último pertrechado con mi mochila, para esperar la guagua que nos llevaría a mí y a otros enfermos al hospital donde debíamos ingresar. Llegué a las cinco de la tarde, el transporte nos recogería a las seis. Sin embargo, cinco horas y media después, aún seguíamos esperando. Era un espectáculo desolador ver a personas mayores, a madres con niños pequeños, amontonados en los pocos bancos que había a la entrada del policlínico y en la sala de estar, incluso en el suelo. Mientras estuve ahí me dio fiebre dos veces y tuve que acudir al médico de guardia para obtener un par de calmantes que me bajaran la temperatura. A las once y cuarenta y dos de la noche decidí que ya era suficiente y me largué para mi casa. Quedo puesto y convidado, me dije, para la próxima me quedo en casita. Y así fue. Las otras dos veces pasé el dengue en  casa, dicho sea de paso, sin mayores consecuencias.

Pero eso fue hace años y los tiempos han cambiado, y mal que me pese admitirlo, yo también he cambiado. Con los años uno se vuelve más prudente y cuidadoso, sobre todo en circunstancias como las que estamos viviendo, con un virus terrible al acecho que desafía la capacidad de resistencia y cordura de los seres humanos. Así que decidí acatar lo establecido, y a las diez de la mañana ya estaba yo, una vez más, en el mismo policlínico, esperando el transporte que nos llevaría a mí y a otros a nuestro destino final. Por suerte esta vez la historia fue diferente y la guagua apareció poco más de una hora después.

El lugar donde ingresan a los enfermos de dengue en la cabecera provincial de Camagüey es conocido como “el hospitalito detrás de la Vocacional” y pertenece al hospital Amalia Simoni. Alejado de zonas urbanas densamente pobladas el acceso resulta difícil, más en las condiciones actuales de escaseces de todo tipo, incluyendo la falta de transporte, lo cual es problemático para los familiares de los pacientes ingresados, siempre prestos y preocupados por hacer más llevadera la estancia de estos últimos, llevándoles provisiones y cuantas cosas necesiten. Y como en mi casa nadie tiene carro agarré el móvil y llamé para avisar que no era necesario que me llevaran nada, que el lugar queda demasiado lejos, que voy a estar bien, etc…

La evolución del dengue oscila entre los dos y seis días, y como ya estaba en la segunda jornada después de la primera fiebre, debía permanecer allí cinco días, y de esa manera completar el ciclo. Debo decir que había oído historias terribles de aquel lugar, pero cuando llegué no me pareció tan malo. La limpieza es impecable, y la atención de los médicos y enfermeras para con los pacientes no deja lugar a dudas de su nivel de entrega y de compromiso. Constantemente preguntan cómo estás mientras toman tu temperatura y tu presión, y si tienes fiebre o algún otro malestar no faltan los calmantes para aliviar tus males. Que en medio de la escasez generalizada de medicamentos de todo tipo haya disponibilidad de ellos en instalaciones como esta dice mucho de la voluntad de nuestro gobierno, que prioriza recursos  en situaciones de alto riesgo para la salud de las personas, aún en medio de tantas penurias y dificultades.

Limitado por el confinamiento bajo el mosquitero pensaba en el contraste entre la atención que recibíamos los que allí estábamos por parte de médicos y enfermeras, y la mal-atención que en muchas ocasiones recibimos en la consulta de un policlínico o de un hospital, cuando notas que el médico te mira de mala gana porque te ve llegar con las manos vacías. O incluso en el consultorio del médico de la familia, en el consultorio al que pertenezco, por ejemplo, cuando hace poco fui a tomarme la presión, debido a que soy hipertenso, y la doctora montó en cólera porque ya eran las once de la mañana, y, según ella, esas no son horas de tomarse la presión. O cuando pasas horas enteras de pie en un pasillo de hospital, frente a la puerta de la consulta de un especialista, esperando con paciencia infinita para que atiendan tu dolencia. Desgraciadamente abundan ejemplos. Por suerte también abundan médicos y enfermeras responsables, con sentido de pertenencia y respeto hacia su profesión, como los que trabajan en “el hospitalito atrás de la Vocacional”. Por encima de la sensación de molestia por estar fuera de mi casa y lejos de los míos, predominó la sensación de seguridad, de sentirme bien cuidado y estar en buenas manos. Así que para la próxima me ingreso sin dudarlo, siempre y cuando el transporte llegue, por supuesto.

Una última reflexión. Si tenemos un sistema de salud que a pesar de los pesares es fuerte, con capacidad de respuesta ante situaciones complejas como la que actualmente atravesamos, si contamos con protocolos médicos cada vez más avanzados y seguros, si disponemos de grandes avances en la medicina, si, incluso, hemos hecho de los servicios de salud una fuente de ingresos, si hemos avanzado tanto en esta esfera… ¿Cómo es posible que no seamos capaces de producir los alimentos que necesitamos? ¿Cómo es posible que tengamos una economía estancada en mecanismos obsoletos, al extremo de llegar al ruinoso y lamentable estado en el que estamos hoy? Ah sí, ya sé, el bloqueo.

6 comentarios

Revenge 2 octubre 2020 - 7:26 AM

Resulta muy positivo saber que en medio de los estragos provocados por el coronavirus no se descuida la contencion del dengue, que tambien causa victimas mortales y afectaciones permanentes a la salud. Yo pienso que si a la agricultura y a las relaciones economicas se le ‘entrara’ como a otras actividades -pienso tambien en la biotecnologia-, estuvieramos mucho mejor; y quizas hasta el punto de que el bloqueo hubiera resultado inconveniente en terminos de oportunidades de inversion y de mercado que quedarian fuera del alcance del sector de negocios estadounidense. La mejor gratificacion que pueden recibir quienes impulsan la politica hostil de EEUU, son las erogaciones masivas en compras de alimentos a productores estadounidenses; las familias cubanas pidiendo dolares para satisfacer sus necesidades mas basicas, los llantos en la ONU, las imagenes de colas y edificios derruidos que inundan hasta el NTV. Se nos quiere hacer creer que estamos batallando contra el bloqueo, cuando en realidad lo estamos soportando y hasta abrazando; en lo que no hay nada de digno. El hombre se crece cuando da el salto que necesita para superar las dificultades; no cuando se agacha para ponerse a su nivel.

Norma 2 octubre 2020 - 8:01 AM

Muy de acuerdo

Azul 2 octubre 2020 - 9:30 AM

Es triste pero muy real, que desgraciadamente no en todos los momentos se escuchen este tipo de opiniones acerca de los lugares de ingreso o aislamiento. Conozco personas,nada alarmistas o , para aclarar, nada » desafectos «,cuyas experiencias han sido terribles,al punto de entrar por sospecha de esto o aquello,y terminar ingresados por enfermedades adquiridas en dichos centros.

Pero, ¡¡ Ay ay !! , siempre el terrible «Pero», de que nos vale tener todas esas ventajas en el sistema de salud, si ya ese es siempre el último paso. Si las medidas profilácticas,es decir, correcta higienización en nuestras ciudades, acceso al agua de manera segura,y no tener que estar almacenándola, viviendas confortables,sin el hacinamiento que conocemos y mucho menos de ese stress que cada día nos come el cerebro, si esas medidas,repito, fueran prioridad, no tendríamos que estar abriendo tantos «hospitalitos», y desviando tantos recursos necesarios en otras áreas.

Jagger Zayas Querol 2 octubre 2020 - 10:04 AM

Ya es proverbial la entrega de nuestro personal de salud, médicos, enfermeros, laboratoristas, panteístas, camilleros, personal de aseo y limpieza, administradores de instalaciones de salud y hasta los funcionarios del MINSAP a todos los niveles, para cuidar la salud del pueblo y el pueblo eso lo reconoce y agradece.
Sin embargo, no ocurre igual con la información que el Departamento Ideológico del CCPCC administra, edulcora y maquilla para ser trasladada por los órganos de prensa y comunicación social sobre la enfermedad, los medicamentos,los contagios, así como en el resto de la economía.
Tan es asi que ahora, los centros penitenciarios se llaman eufemísticamente, «Unidades de Aseguramiento del MININT».
El rebrote en Ciego de Ávila ha tenido en los últimos dias un pico impresionante. Un foco, luego convertido en evento, se produjo en el Km 3 de Ciego de Ávila, informándose que era una Unidad de Aseguramiento del MININT (?).
Sin embargo, el periódico de esa provincia, quizas porque no esperó por la autorización de «arriba» y cumplió su deber periodístico de la inmediatez, fue explicito y honesto al reflejar que los contagios se habían producido en el Centro Penitenciario de Canaleta que es lo único que hay en ese Km 3 de la Carretera Central, desmintiendo la edulcoracion deshonesta.
Esos que se creen dueños de la verdad y quieren que la población y la opinion publica, cual Realismo Socialista, se trague el «paquete» que le preparan, son anti Martianos porque, al contrario de lo expresado por nuestro Apóstol, la palabra para ellos, se ha hecho para ocultar la verdad y no para decirla.
Cuál es el gran temor de decirla en este caso?
Acaso han habido muchos contagios – como ha ocurrido en casi todos los países – en nuestros centros penitenciarios? No, no ha sido así. Todo lo contrario. De haber sido así por Internet se sabria y hasta con cifras, aunque ellos lo hubieran ocultado como es su política y costumbre. Eso también lo sabe el pueblo.
Ah! Pero no quieren que se sepa de las negligencias de la dirección de ese centro penitenciario por cuadros del MININT y quizás ni se tomen las medidas disciplinarias o jurídicas que correspondan.
El pueblo sabe del esfuerzo de los funcionarios del MININT, incluida la PNR, por ayudar en la organización de nuestra problemática comercializacion durante la pandemia, así como para mantener las medidas sanitarias en la poblacion y el orden interior del país y las negligencias de unos no empañaran la imagen que han labrado con esfuerzo y entrega.
Entonces, por qué ocultar la verdad???

Manuel* 2 octubre 2020 - 6:34 PM

El comunismo y la agricultura se llevan mal. En la Unión Soviética la pelea entre ambos llevó al Holodomor en Ucrania, una hambruna que mató a ocho millones de personas. Se conservan fotos con niños rubios, famélicos y con la barriga hinchada, unas imágenes extrañas en Europa.

El Cuba no se llega a esos extremos pero la cosa va mal.

Es extraño, porque justamente en la agricultura es donde la economía de escala funciona mejor, con aumentos de productividad enormes en empresas grandes y centralizadas, las favoritas del comunismo.

Tal vez la cosa falla porque en la agricultura es donde tiene menos que hacer el burócrata —el hombre del buró, es decir, del despacho—.

Manuel* 2 octubre 2020 - 6:35 PM

Se están oyendo voces que dicen que la seguridad alimentaria en Cuba está en peligro. Ojalá sean exageraciones.

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