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La noticia es que Estados Unidos exportó a Cuba 253 mil toneladas de pollo, un récord mínimo para los últimos cuatro años, pero una cantidad por la que se pagó más dinero que nunca en este rubro: 313.4 millones de dólares.
En total, desde el 2020 hasta la actualidad Estados Unidos exportó 1180 millones de dólares solo en pollo, la principal fuente de proteína en Cuba es la carne de pollo, sobrepasando al cerdo, debido a la severa crisis en ese sector.
Las cifras que publica el blog Cuba Trade, que extrae de documentos oficiales del gobierno estadounidense, no diferencian quiénes han sido los importadores, solo se registra la exportación a Cuba, lo cual incluye gobierno cubano y actores privados.
Si bien las medidas unilaterales coercitivas estadounidenses están vigentes y fortalecidas, este comercio de alimentos se realiza bajo la Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales y Mejora de las Exportaciones (TSREEA) del 2000, que autorizó la exportación comercial directa de productos alimenticios y agrícolas. Esta legislación no ha permitido nunca la exportación de medicamentos porque esos productos siguen regulados por la Ley de la Democracia Cubana, nombre oficial de la Ley Torricelli aprobada en 1992.
De acuerdo a las cifras del 2024, Estados Unidos exportó a Cuba materia prima y comidas por un valor de 433.8 millones de dólares, vehículos de diferentes tipos por un valor de 64.7 millones de dólares, ocho veces más que el año anterior, y se recibieron donaciones por un valor de 67.1 millones, el doble del 2023.
Llama la atención que, en un país con una severa crisis en el acceso a los alimentos, en 2024 se haya importado menos carne de pollo que el año anterior. El economista Pedro Monreal comentó sobre el tema: «La tendencia decreciente de las toneladas de carne de pollo exportadas por EE.UU a Cuba en los últimos cuatro años indica una situación de inseguridad alimentaria en un contexto de crisis agropecuaria que el gobierno no es capaz de resolver».
En la lista de productos importados desde Estados Unidos hay una variopinta selección de insumos, desde sangre animal, papel higiénico, polvo para sazonar hasta arroz. Entre las mercancías exóticas que se pueden encontrar en el listado están hostias de arroz para uso en la liturgia católica, por un valor de más de 600 mil dólares.
Estas cifras se hacen públicas cuando se ha conocido que una vía legal e importante para el envío de remesas ha cerrado debido al regreso de la política de máxima presión de Donald Trump. Western Union suspendió indefinidamente sus operaciones en Cuba, debido, afirman, a «un cambio en las regulaciones de sanciones de Estados Unidos».
Mientras tanto, Mauricio Claver-Carone, el enviado especial de Donald Trump para América Latina, ofreció una entrevista a Político diciendo que la caída del gobierno cubano era «inminente».
«Probablemente, el gobierno cubano está en el punto de mayor debilidad que hayamos visto. La gente siempre dice eso, pero esta vez es cierto».
«Es un momento interesante en Cuba, en el que la transición es inevitable pero francamente inminente».
Al ser cuestionado sobre qué participación tendría la administración Trump, dijo que podían ponerse muy creativos, pero no dijo más y se giró hacia los temas preferidos de todos estos funcionarios: China, Rusia y el Canal de Panamá.
La noticia significa que la relación con Estados Unidos solo se complejiza, y al mismo tiempo se torna impredecible.
Si bien es innegable la crisis económica, energética y de credibilidad política que vive Cuba, probablemente la más grande de la historia de la Revolución, no hay síntomas reales de una ruptura del consenso entre los grupos que ostentan el poder como para asumir una caída inminente del orden de cosas. Luce más como lo que quisiera la administración Trump tener como legado, que una realidad a corto plazo.
Por otro lado, estas noticias significan que la dependencia de las importaciones sigue siendo un talón de Aquiles para Cuba, más si son de un país que mantiene una posición tan hostil hacia la Isla. Estas importaciones decrecen en tamaño mientras que el campo no responde a la demanda por un conjunto de razones que van desde la carencia de combustible y fertilizantes, hasta la falta de personal por los pocos incentivos para producir.
Sin embargo, la alta dependencia a las importaciones, junto a la disminución de los subsidios estatales contribuye al incremento de los precios, como ajuste de ellos a la realidad del mercado.
Ello ha traído como consecuencia una depreciación imparable del ingreso medio en moneda nacional de la gran mayoría de los trabajadores del sector estatal.
Lo ha reconocido incluso el vicepresidente cubano Salvador Valdés Mesa cuando dijo recientemente que «con un salario medio de cinco mil pesos no se vive, ni de seis mil pesos se vive, como están los precios». El funcionario pronunció estas palabras en una visita a los sembrados de arroz en Pinar del Río, un cereal que constituye la base de la alimentación en la Isla, y que hoy también tiene bajos niveles de producción, lo cual ha traído como consecuencia su atraso en la entrega como parte de los productos de la canasta familiar normada, y su precio puede superar los 300 pesos la libra en los mercados privados.
Por otro lado, la salida de Western Union representa un golpe para las vías ordenadas y seguras de envío de remesas, si bien muchas personas enviaban remesas usando otras pasarelas como TropyPay, o comprando directamente productos a través de los servicios de envío de comida como Supermarket23, Katapulk, o TuAmbia.
En el pasado, Western Union era la vía principal para el envío de dinero, pero tras la prohibición del uso de Fincimex, que fue incluida en la Lista de Entidades Restringidas, no pudo continuar siendo la empresa cubana con la que Western Union trabajaba.
Después de ese momento, y con la desaparición del CUC y la pandemia, el envío de remesas nunca más fue tan estructurado y organizado como en el pasado.
La noticia fue reportada por el Miami Herald, y una entrevistada que utilizaba Western Union, afirma que ella lo lamenta porque su familia en Cuba recibía dinero por esa vía, pero está de acuerdo con la política de Trump, pues alega que el gobierno cubano se beneficia de las remesas, y que es «apoyar al régimen», pero no menciona que es, también, apoyar a su familia, y esta realidad elimina una vía legal y segura de enviar dinero.
Orlando Gutiérrez Boronat, líder de la plataforma política Directorio Cuba y de la Asamblea de la Resistencia Cubana, un conocido opositor al gobierno cubano que vive en la Florida, comentó sobre el anuncio: «mientras más débil está el régimen, más fuerte estará el pueblo cubano para recuperar su libertad y así tener una vida mejor». Sin embargo, como ya es costumbre en muchos de estos líderes, no explicó cómo puede «fortalecerse» el pueblo cubano con una medida que debilita las economías familiares.
Nuestra opinión es que el gobierno estadounidense continúa un camino de máxima presión con Cuba, y podría esperarse incluso una disminución del personal diplomático de la Embajada en la Isla.
El aumento de la presión económica y el lenguaje marcadamente hostil hacia el gobierno cubano pesará aún más sobre los grupos vulnerables, y pondrá al gobierno aún más a la defensiva, teniendo en ristre el argumento de la «plaza sitiada» para silenciar o ignorar todo ejercicio de crítica o diversidad en el espectro político.
Estos cambios no contribuyen a la construcción de un diálogo que tienda a ser más democrático e inclusivo, y por tanto, se alejan de lo que dicen querer: promover el cambio hacia la democracia en Cuba.
Mientras tanto, sí empobrecen más a la gente, y disparan la presión para ocasionar olas migratorias que terminarán desestabilizando la región y poniendo en riesgo la vida de la gente.
Estados Unidos se mantiene en un discurso falaz al afirmar que los migrantes en ese país son problema de los países de origen, y deben asumir su responsabilidad tomándolos de vuelta, pero no reconocen la participación de sus políticas en la crisis migratoria, que en el caso de Cuba da un empujón definitivo por el empeoramiento intencional de las condiciones de vida de la gente, y la creación de vías para que los migrantes regulen con relativa facilidad su situación legal en el país del norte.
La retórica de Claver Carone, al afirmar que es un expansionismo no imperialista, sin especificar la lírica tras semejante contradicción, demuestra un franco retorno a la Doctrina Monroe, celebra el 65 aniversario de la redacción del lamentable Memorándum de Lester Mallory en que instruye al empobrecimiento del pueblo de Cuba, y retoma una visión de Guerra Fría practicada ya antes sin éxito.
En este contexto, ponerle trabas burocráticas al sector privado nacional e internacional para invertir, seguir posponiendo la tan necesaria reforma de la empresa estatal mediante la Ley de Empresas, apelar a un voluntarismo del siglo pasado en vez de aplicar políticas de incentivos a la agricultura y la industria alimentaria, son estrategias internas que se hacen cómplices —por activa o por pasiva— del fracaso que tiene planificada la administración Trump para el modelo cubano.
La soberanía es un valor a defender. Pero no puede ser la única aspiración de un país. Por tanto, no se puede subordinar el bienestar ciudadano al fin de las sanciones norteamericanas, algo que solo parece empeorar en los próximos cuatro años. Cuba necesita pasar de una estrategia política basada en «resistir» para «mantener» el orden actual de las cosas, a otra que haga los cambios necesarios para potenciar el desarrollo.
Por tanto, la soberanía debe ser para ajustarse a las realidades innegables y usar las capacidades existentes para la construcción de un proyecto de felicidad y no de permanente sacrificio. Es momento de ajustes impostergables para ser más fuertes ante un gobierno que no escatima esfuerzos para reafirmar o expandir su poder, no ya con Estados pequeños como este archipiélago, sino con continentes enteros. Es la única manera de evitar que el sueño de Claver Carone se pueda convertir en una realidad.

