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La transparencia que necesitamos 

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El caso de Alejandro Gil sigue siendo una incógnita. Exactamente qué hizo, cómo lo hizo, durante cuánto tiempo pudo sostenerlo. Ha pasado más de un año desde que se anunció que había cesado funciones como vice primer ministro, y era investigado por corrupción, la persona que explicaba y defendía las políticas económicas que hasta hoy no han probado resultados que concedan bienestar.

Pero este caso colocó sobre la mesa una vez más el tema de la corrupción en altos cargos de gobierno y y la falta de transparencia en torno a ellos. No es la única vez. Cada cierto tiempo el debate en redes sociales se detona con la foto de una figura pública o un miembro de su familia en un hotel lujoso, o en un viaje no muy justificado, o estudiando en una universidad de élite fuera del país. En resumen, con situaciones que no indican austeridad, en una nación donde las mayorías han visto reducirse drásticamente su nivel de vida. 

Acaba de finalizar el IV Ejercicio Nacional de prevención y enfrentamiento al delito, la corrupción, las drogas, las ilegalidades y las indisciplinas sociales, pero de estos temas, no se dijo nada.

Ahora bien, tener una conversación seria al respecto, apartando las justas indignaciones en redes sociales, debería ir más allá de esos casos, y centrar el debate en qué mecanismos serían saludables en una sociedad, para que un ministro de Economía no pueda sostener un esquema de corrupción en el tiempo, o cualquier otro funcionario público.

Y si conociéramos los estados de cuenta y los bienes de un funcionario a la entrada y salida de un cargo, si hubiera información de su patrimonio anualmente, y si estuvieran sujetos a auditoría.

No puedo decir que lo resolvería todo, pero sería una ganancia en cuestiones de transparencia. 

En Cuba ya existen disposiciones legales que hablan de transparencia y acceso a la información pública. La Ley de Transparencia y la Ley de Comunicación Social reconocen que los ciudadanos tienen derecho a recibir información veraz, objetiva y oportuna, y obligan a que los organismos estatales publiquen datos como presupuestos, planes, balances o informes de gestión. Estas dos leyes fueron pasos en la dirección correcta, porque en ellas se reconoce que la información pública no pertenece al Estado, sino a la ciudadanía. 

Ambas leyes se relacionan con los artículos 53 de la Constitución, que reconoce el derecho de todas las personas a solicitar y recibir del Estado información veraz, objetiva y oportuna, con el 97 relacionado al acceso a datos personales propio, y con el artículo 101 (inciso h) donde se establece que los órganos del Estado, sus directivos y funcionarios deben actuar con la debida transparencia.

Sin embargo, cuando se trata de información pública, el marco jurídico se concentra en órganos del Estado y entidades, no en dirigentes. 

No obligan a que los funcionarios hagan públicos sus bienes, sus cuentas o haya declaración jurada de patrimonio. En la práctica, sabemos cuánto del presupuesto del Estado se gasta en sectores de la economía, pero no cuánto acumula el ministro del sector. Tampoco sabemos cuánto de presupuesto se destina a cubrir otros gastos de ministros y altos funcionarios, teniendo en cuenta que los salarios estatales no alcanzan para sostener la vida. Y si hay alguna partida de presupuesto para esos otros gastos, ¿cuáles son los mecanismos de transparencia para asegurar que sean debidamente utilizados? Más allá de la ley, la transparencia queda incompleta cuando no alcanza a las personas que toman decisiones, o cuando hay zonas grises de las que no se rinde cuenta a la ciudadanía.

Sin embargo, mucho se ha hablado de luchar contra el secretismo y contra la corrupción. Pues incorporar mecanismos como la declaración jurada de patrimonio y auditorías a funcionarios públicos, serían dos pasos importantes en ambas direcciones.

Sobre todo porque en este caso, la mentalidad de plaza sitiada debido a las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos, no debería impedir implementar mecanismos necesarios para prevenir la malversación. Se trata de cuentas y bienes en Cuba, y medidas que podrían desalentar la corrupción con recursos que nos pertenecen a todos, y a todos nos importan.

Por cierto, si queremos poner un ejemplo de un país cercano a Cuba que ha tomado serias medidas contra la corrupción, incluso en el seno de un partido Comunista, ahí tenemos a China.]

Tampoco es nada nuevo. En otros países de América Latina estos mecanismos son parte de la rendición de cuentas. 

En México, por ejemplo, los servidores públicos deben presentar una declaración patrimonial y de intereses al iniciar el cargo, actualizarla cada año y, en muchos casos, también al concluirlo; todo ello a través del sistema DeclaraNet bajo supervisión de la Secretaría de la Función Pública. 

En Argentina, la Ley de Ética en el Ejercicio de la Función Pública impone la obligación de presentar declaraciones juradas patrimoniales anuales que son públicas y se difunden en línea por la Oficina Anticorrupción, lo que ha facilitado investigaciones periodísticas y judiciales.

En Chile, la Ley de Probidad en la Función Pública obliga a autoridades, parlamentarios y directivos públicos a rendir declaraciones de patrimonio e intereses, disponibles para consulta ciudadana con ciertas reservas de información sensible. 

En Brasil, la Ley de Acceso a la Información abrió la puerta a que periodistas y ciudadanos solicitaran datos de funcionarios, y el Portal de Transparencia publica de forma abierta los salarios y gastos de los servidores públicos, además de otras informaciones sobre la gestión estatal.

¿Estos mecanismos han eliminado el problema de la corrupción? No. ¿Pero son útiles para la transparencia y el derecho a la información?. Sí. 

En Cuba la Ley de Comunicación Social declara como objetivo promover prácticas comunicativas que garanticen transparencia en la información y la rendición de cuentas de los servidores públicos, pero lo hace en un marco limitado, centrado en la comunicación institucional y mediática, lo que da evidencia una conceptualización reduccionista de lo que debe ser la rendición de cuentas.

En 2003 Cuba firmó la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción (CNUCC, 2003), y la ratificó en 2007. Este es el principal tratado global en la materia, que obliga a los Estados a establecer políticas de prevención de la corrupción, regulaciones sobre declaraciones patrimoniales, contrataciones públicas, cooperación judicial internacional, etc.

Este documento insta a obligar a que los funcionarios declaren periódicamente sus actividades externas, empleos, inversiones, activos y obsequios que puedan dar lugar a conflictos de interés (Art. 8.5). A establecer registros o sistemas de declaración de bienes e intereses para funcionarios públicos de mayor jerarquía, con el fin de prevenir y detectar enriquecimiento ilícito.

Por supuesto que en casos de declaraciones juradas y auditorías, el cuestionamiento radica en la solidez de esos procesos, pues la Convención de la ONU, también insta a Crear organismos especializados e independientes de prevención y lucha contra la corrupción, con recursos y autonomía suficientes, y a garantizar la coordinación entre contralorías, fiscalías y auditorías internas. (Art. 6 y 36)

Estas cuestiones siguen pendiente en el marco jurídico cubano. Y no se trata de pretender tener una ley para atacar a quienes están en posiciones de poder, sino de tener mecanismos que garanticen la transparencia y el buen gobierno, y que funcionen como prevención ante la corrupción. Mecanismos además que se mantengan en el tiempo, sin importar quienes entran o salen de los cargos públicos.

En una democracia liberal, la oposición cumple a menudo la función de contrapeso frente a posibles casos de corrupción. Dos ejemplos recientes en España muestran cómo este rol político se activa: en el caso de Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, y en el de la pareja de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, donde aunque las investigaciones se abrieron por denuncias ciudadanas o por la Fiscalía, la oposición asumió un papel activo en exigir explicaciones y fiscalizar a los responsables.

En el caso cubano, donde la oposición no tiene vías formales para existir, o sea, no tiene puesto en el parlamento, no puede inscribir un partido, no puede inscribir una organización u otra forma de asociación, lo más que hace es tener medios. Pero los medios no tienen capacidad de exigir que se investigue formalmente a nadie. Entonces no queda claro dentro de la estructura política cubana quién tiene que hacer eso. En teoría es la Contraloría, pero tengamos en cuenta que es un organismo estatal no independiente al gobierno, y puede ser sensible a presiones a la hora de investigar a altos funcionarios, sino existe una fuerza que le haga contrapeso.  

Aunque en países como España podemos argumentar que hay intereses políticos en la oposición, de cualquier manera se trata de fuerzas con intereses de presionar para la rendición de cuentas. En Cuba ¿quién es la contraparte? ¿Quién en una posición de poder estaría interesado en hacerle rendir cuentas a los funcionarios, y con la capacidad de interpelarlos ante el sistema de justicia del país? Digámoslo de otra manera: ¿alguien más estaba en capacidad de pública y formalmente apuntar a Alejandro Gil como posible implicado en corrupción?

Y no es que en lo que concierne a transparencia lo imprescindible sea tener una democracia liberal, o tener una oposición, lo imprescindible, repito, en lo que concierne a transparencia, es tener los mecanismos establecidos. Y por supuesto, hacerlos efectivos.

Hablar sobre el papel que debería tener la oposición en el sistema político cubano sería objetivo de otro comentario, sin embargo, no se pueden anular los mecanismos de la democracia liberal sin establecer otros medianamente efectivos para garantizar el control popular y la transparencia. 

El debate que hoy se da entre cubanos en redes apunta a que en la actualidad hay una mayor percepción del peligro de la corrupción. Esto obedece, por un lado, a que existen medios opositores que publican de manera constante sobre el tema, y por otro, a que el país ha cambiado. En una economía cerrada y estatalmente planificada como la que había antes, la corrupción no dejaba de existir, pero las posibilidades eran más limitadas debido al fuerte control estatal. En la actualidad, con una economía híbrida, si no hay mecanismos efectivos de supervisión, facilita por ejemplo el tráfico de influencias, el  clientelismo, o sobrefacturaciones en la contratación de servicios. En resumen, formas de corrupción donde es más difícil hacer trazabilidad porque no se trata simplemente de desvío de recursos. 

Sin embargo, tratar el tema de manera superficial y generalista en los medios estatales, sin informar sobre el caso Gil, o de otros que han sido removidos de sus puestos por corrupción, no va a borrar el hecho de que las personas sigan cuestionando un asunto que nos compete a todos. La rendición de cuentas no puede entenderse de manera reduccionista, como relacionada únicamente a la información de organismos e instituciones. Prácticas de comunicación transparentes también implican que los funcionarios estén sometidos al escrutinio público como forma de control ciudadano sobre los recursos del país.  

Tengamos en cuenta que la corrupción suele tratarse como una traición individual, cosa de una sola persona, o de un grupo, pero no podemos dejar de mirar el contexto en el que se da y el marco jurídico sobre ello.

A mí el sistema de leyes se me parece a un muro que delimita zonas, de un lado estás bien, y del otro estás en zona ilegal. La corrupción se da cuando, desde una posición de poder, hay quien encuentra huecos, grietas, formas en el muro de mirar hacia el otro lado, de pasar hacia el otro lado, o de brincar a fin de cuentas. Por eso crear mecanismos de transparencia es un intento de que esas brechas sean más difíciles de encontrar, incluso un intento de que no existan del todo. La pregunta para Cuba es si queremos seguir confiando en voluntades individuales… o construir reglas que sobrevivan al paso del tiempo y disminuyan lo que más se pueda, las posibilidades para malversar con aquello que, en teoría, es nuestro.

Justificaciones y escenarios posibles del conflicto entre Estados Unidos-Venezuela

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Imagen generada con Inteligencia Artificial

Desde el 21 de agosto del presente año Estados Unidos comenzó un despliegue de fuerzas navales y aéreas —a las que posteriormente se han añadido unas pocas unidades navales del Reino Unido y Francia— a lo largo de las costas caribeñas de Venezuela. Esta acción de EEUU descansa en que supuestamente Nicolás Maduro está frente a un narco-Estado culpable de grandes operaciones de narco-tráfico hacia Norteamérica y Europa.

Las fuerzas navales desplegadas incluyen destructores, anfibios para desembarcos, portahelicópteros y un portaviones, además de haberse colocado dos escuadrillas de aviones F-35 en territorio de Trinidad-Tobago, el más próximo al territorio oriental venezolano.

Desde el inicio de la operación militar, el país sudamericano respondió con una movilización de fuerzas y medios a lo largo de sus costas y del curso de sus mayores ríos, el Orinoco en primer lugar, que desembocan en el Caribe y el Atlántico.

Con este enfrentamiento se configura una situación de crisis mayúscula cuyo explosivo desenlace sigue dando lugar hasta hoy a toda suerte de especulaciones y vaticinios. En los primeros días todo el mundo estaba a la expectativa, pero al terminarse agosto las especulaciones comenzaron a enfriarse. No obstante, sigue sin poder explicarse a ciencia cierta cuál es la finalidad última de una operación tan aparatosa y costosa.

Antes de examinar las justificaciones y los posibles escenarios debo aclarar algo importante. A la memoria de muchos viene el recuerdo de la operación militar lanzada por EEUU contra el régimen de Noriega en Panamá y contra el cual se lanzaron varias decenas de miles de marines[1]. Salvo los argumentos (narcotráfico y todo lo demás), no proceden otros niveles de comparación pues Panamá no puede igualarse con Venezuela en términos de proporciones territoriales, demográficas, ni de fuerzas militares, importancia económica ni eventuales niveles de resistencia y pérdidas humanas.

En Panamá, se trataba de capturar a un hombre en particular (Noriega), en Venezuela se trata de un grupo de dirigentes sustentados en un amplio movimiento político. Las proporciones de un choque en Venezuela serían incomparablemente superiores en todos los aspectos, tanto en el número de fuerzas a enfrentarse como en la escala del teatro de operaciones, por lo tanto, tampoco pueden igualarse sus resultados finales.

Las justificaciones

Las principales justificaciones que ha dado EEUU para semejante operación descansan en que Venezuela supuestamente se ha convertido en un gran narco-Estado terrorista, que exporta cantidades enormes de narcóticos a EEUU y Europa por medio de organizaciones como El Cártel de los Soles y El Tren de Aragua, y que los responsables de todo esto son el presidente Maduro y demás dirigentes chavistas. ¿Qué hay realmente detrás de esto? Destaquemos algunos elementos claves para una mejor comprensión:

El uso del territorio venezolano como vía de tránsito por parte de los narcotraficantes colombianos se intensifica hacia fines de los 80 y comienzos de los 90 (no había chavismo por estos años). Como camino se empleaba el gran río Orinoco y su desembocadura en el Atlántico para envío menores hacia el mercado europeo.

Hacia comienzos de los 90 se inician otras vías, directamente desde los aeropuertos y puertos del caribe venezolano. Por entonces, un par de generales de la Guardia Nacional (policía militarizada) son acusados y sancionados. Algunos llamaron a esta operación «cártel bolivariano». Las cantidades involucradas eran incomparablemente menores a los flujos desde Colombia o México. 

Hacia el 2004, medios opositores reactualizan el tema de un cártel (llamado de los Soles en alusión a las insignias de los generales) que, según esta narrativa, opera bajo la dirección de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros dirigentes chavistas.

En un contexto de más polarización en torno al tema venezolano, una crisis reputacional del chavismo —luego de los señalamientos de fraude electoral—, y con un secretario de Estado en EEUU (Marco Rubio) con múltiples compromisos con el lobby cubanoamericano marcadamente antichavista, la administración Trump retoma el tema y lo agiganta a niveles insospechados: emplearlo hoy para justificar su despliegue de fuerzas y amenaza de intervención directa.

En este análisis se hacen imprescindibles un par de observaciones: Primero, el gobierno venezolano y la alta oficialidad no están integrados por «santos varones inmaculados». Ya desde los 90 —antes de la llegada de Chávez— se hacía evidente un número creciente de vínculos de altos oficiales con el tráfico de narcóticos hacia EEUU y Europa. No hay por qué suponer que semejantes vínculos hayan desaparecido. No es ocioso ni improcedente recordar el caso Ochoa-Abrantes, durante el cual nunca la DEA (la agencia de EEUU encargada de la lucha contra el narcotráfico) no se le ocurrió —ni se le ha ocurrido hasta hoy— culpar al gobierno cubano por semejante caso.

Por tanto, que altos funcionarios y oficiales en Venezuela puedan estar involucrados con el narcotráfico no es algo que podamos ignorar o desconocer, aunque de esto a culpar a Maduro y otros principales dirigentes venezolanos va un largo trecho, carente de evidencia tangible.

Por otra parte, es harto reconocido que el volumen de tráfico de narcóticos por Venezuela en comparación con otras rutas desde Colombia, México, Guatemala, Ecuador, entra en la categoría de «ligas menores». Son estos países antes mencionados los principales exportadores y que dos de ellos, Colombia y México son los principales productores.

Un claro ejemplo lo tenemos en el Ecuador, donde no se produce coca, pero desde el cual, en sus exportaciones agrícolas y de bananos en primer lugar, va hacia Europa el 57% de la cocaína colombiana, según un informe reciente de la Comisión Europea, citado por medios de comunicación ecuatorianos. Varios medios también acusan al presidente Daniel Noboa de complicidad con esta situación, pues su familia es dueña de parte significativa de las empresas bananeras en el país.

Por su parte, las autoridades de EEUU en febrero de este año reconocieron ocho grandes cárteles[2], solo uno era venezolano, el llamado Tren de Aragua. Se trata de una organización criminal venezolana surgida en la cárcel de Tocorón, en el estado de Aragua, que evolucionó hasta convertirse en un grupo transnacional presente en varios países de América Latina y Estados Unidos.

En julio, la Oficina de Control de Activos del Tesoro sancionó al Cártel de Los Soles, por brindar «apoyo material a organizaciones terroristas extranjeras que amenazan la paz y la seguridad de Estados Unidos, concretamente al Tren de Aragua [venezolano] y al Cártel de Sinaloa [mexicano]». En la comunicación oficial se afirmaba que dicha organización estaba «liderada por Nicolás Maduro Moros y otros altos funcionarios venezolanos».

Sin embargo, suponiendo que estas afirmaciones sean ciertas, no hay ninguna evidencia de que Venezuela tenga un peso en el narcotráfico que justifique tamaña intervención militar en sus fronteras marítimas.

El chavismo se ha defendido afirmado repetidamente que el 87% de la cocaína se produce en Colombia; y que desde el Caribe se exporta apenas un 8% de ella, y solo un 5% por el Caribe venezolano.

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Imagen tomada de Telesur

Si bien estas cifras no han sido comprobadas ni explicadas, las evaluaciones más recientes de la DEA indican que Colombia sigue siendo la principal fuente de cocaína ingresada en EEUU y que una parte significativa de los grandes cargamentos utiliza rutas marítimas que parten del Pacífico hacia México y Centroamérica para luego entrar a ese país.

En su informe del 2024 (5/9/2024), la National Drug Threat Assessment reconoció a México como productor y exportador directo de drogas hacia EEUU, con la particularidad de que en años recientes, a la cocaína, se ha sumado tanto la producción como la exportación  la exportación de fentanilo y de metanfetamina (conocida popularmente como «tina» o «hielo»), narcóticos de efectos devastadores.

Un juicio bien fundamentado lo aporta el sociólogo italiano Pino Arlacchi, quien fuera secretario general adjunto de la ONU y director de la ONUDD cuando afirma que «ni Venezuela ni Cuba han tenido jamás extensiones de tierras cultivadas con cocaína». Otra valoración no menos importante ha sido la de James Story, quien fuera embajador de EEUU en Venezuela entre el 2018 y el 2023 (en pleno apogeo de la propaganda sobre el cártel de los Soles y la complicidad del gobierno venezolano), el que califica de «fábula» las teorías y propaganda para una posible invasión de Venezuela.

Entonces, teniendo todo esto en cuenta, podemos estar más o menos de acuerdo con el chavismo, pero no le falta razón en su argumento de que no tiene sentido cercar solamente las rutas venezolanas cuando no son las que están definiendo el flujo de la droga a Norteamérica.

A esto debe agregársele que estas operaciones están articuladas con organizaciones, mecanismos y negocios radicados en territorio estadounidense que compran y venden los millones de toneladas que entran por el narcotráfico en la región. De esto no se dice ni una palabra por parte de la administración Trump, a lo que cabe agregar una observación económica: hay narcotráfico porque se mantiene un gigantesco mercado en los EEUU, si este último no existiera, los narcos latinoamericanos tendrían que emprender otros negocios más lucrativos.

Los escenarios

Pasemos ahora a examinar los posibles escenarios que, eventualmente, pudieran aparecer en el presente conflicto:

1. Desembarco de la infantería de marina (marines) y tropas especiales mediante operaciones anfibias y aéreas (helicópteros y bombardeos de la aviación).

Este tipo de escenario, enfrentaría a EEUU al despliegue de masivas fuerzas venezolanas terrestres ya debidamente posicionadas y apoyadas por tanques, drones, artillería y medios aéreos y navales, además de miles de milicianos y amplio respaldo popular.

No debe olvidarse que, si bien el chavismo ha perdido popularidad en los últimos años, la gente tiende a reaccionar con unidad ante un caso de invasión externa. Y aunque la tecnología bélica estadounidense es muy superior a la venezolana, el costo económico y político de una operación así sería muy superior al  episodio panameño, lo cual lo hace el escenario menos deseable por parte de EEUU.

2. Una operación de castigo aéreo enfilada a la destrucción de posiciones claves del gobierno: puestos de mando, concentraciones de tropas, bases aéreas y navales… hasta su eventual capitulación. Este escenario tendría un bajo costo en pérdidas humanas para EEUU, lo cual podría ser más defendible hacia lo interno de la política estadounidense. No obstante, también tendría que enfrentar una fuerte reacción política y diplomática en la región.

3. Una operación «quirúrgica,» así denominada por EEUU por estar dirigida muy selectivamente a golpear un objetivo específico y/o eliminar o capturar figuras dirigentes, civiles y/o militares, de su interés, como la ejecución de Osama Bin Laden, en mayo del 2011. El objetivo esencial de este tipo de acción sería descabezar la dirigencia en cuestión.

Una operación u operaciones de este tipo pudieran dirigirse contra el presidente Maduro, Diosdado Cabello (ministro del Interior), Vladimiro Padrino (jefe de las FANB y ministro de Defensa), y Delcy Rodríguez (vicepresidente). Pudiera concebirse mediante el uso de drones, en caso de contemplarse la destrucción inmediata y total del objetivo en cuestión. Tendría un bajo costo en bajas por parte de EEUU, y una implicación militar menos aparatosa, por lo cual podría ganar cierta preferencia dentro de los decisores estadounidenses. Sin embargo, su efectividad sigue siendo dudosa, y tampoco estaría exenta de cuestionamientos por parte de organismos multilaterales.

4. Mucho más seguro y probable aparece este último escenario que denomino «golpe interno». Consiste en que la presente amenaza provoque una ruptura exitosa en los altos mandos de las FANB (fuerzas armadas) y que los eventuales golpistas procedan a destituir, arrestar o eliminar el equipo dirigente del actual gobierno venezolano, esta variante necesitaría un importante apoyo de parte de la oposición venezolana.

Cabe destacar que ahora mismo la cabeza más visible de la oposición venezolana, María Corina Machado, ha estado celebrando y apoyando la presencia y amenazas de las fuerzas norteamericanas, cosa ésta que puede, eventualmente, restarle apoyo entre otros sectores opositores que se niegan a apoyar la invasión externa.

***

Para concluir cabe citar la opinión que muy recientemente emitiera el embajador norteamericano James Story (a cargo hoy de la embajada de EEUU en Luanda), en su reciente entrevista con una emisora colombiana: «Veo muy poco probable que este grupo pueda hacer algo (contra Maduro) porque tiene la capacidad de bombardear, pero no tiene la capacidad de invadir. Eso son dos cosas distintas».

Casi termina septiembre y no ha pasado cosa alguna. Debo recordar una frase de un amigo en mi juventud: «La guapería a distancia no funciona». Sigamos esperando…


[1] La invasión de Panamá, conocida como Operación Justa Causa, fue autorizada por el presidente George H. W. Bush y comenzó el 20 de diciembre de 1989. Su objetivo era capturar al general Manuel Antonio Noriega, acusado de narcotráfico, y derrocar su régimen. En la operación participaron cerca de 27.000 soldados estadounidenses junto a cientos de aeronaves, y concluyó con la rendición de Noriega en enero de 1990.

[2] Tren de Aragua (Venezuela), Mara Salvatrucha/MS-13 (El Salvador), Cártel de Sinaloa (México), Cártel de Jalisco Nueva Generación – CJNG (México), Cárteles Unidos (México), Cártel del Noreste/Los Zetas (México), Cártel del Golfo (México) y La Nueva Familia Michoacana – LNFM (México).

Silvio y la esperanza

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

«Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno».

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

‎Silvio Rodríguez saluda al público que lo espera en la Escalinata de la Universidad de La Habana con estas palabras de José Martí y la ovación lo dice todo.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

Días antes dijo en un video que pidió cantar en ese lugar por la esperanza que le dio la protesta estudiantil contra el tarifazo de Etecsa. «Me hicieron sentir esperanza cuando vi sus actitudes», dijo.

El escenario orientado y no hacia la calle generó polémicas sobre quiénes podrían asistir al espacio. Pero afortunadamente esas dudas fueron despejadas pronto.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

‎Silvio comienza con «Alas de colibrí» y continúa con una tanda donde mezcla sus temas favoritos, sus imprescindibles, y también su homenaje a Vicente Feliu, Noel Nicola y Pablo Milanés.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025
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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

‎«Ojalá», «Créeme», «Te perdono», «Yolanda», «El escaramujo», «El necio», «Ángel para un final», «La maza», y muchas otras volvieron a escucharse en el mismo sitio donde siguen siendo eco del sentir de cada generación que se las apropia.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

‎Allí estaban los estudiantes, los fans cubanos y latinoamericanos, los jóvenes —militantes, «confundidos» y curiosos—. Coincidieron el presidente de la República y la señora que escuchó a Silvio desde su balcón en peligro de derrumbe durante uno de los conciertos por los barrios.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025
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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

‎Silvio no necesita agitarse para agitar. Con voz calmada y precisa trae a Luis Rogelio Nogueras con su poema Halt:

‎«pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó,
‎pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
‎que estupefactos, desnudos, ateridos
‎cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
‎pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino
‎desde las colinas de Judea
‎hasta los campos de concentración del III Reich.
‎Pienso en ustedes
‎y no acierto a comprender
‎cómo
‎olvidaron tan pronto
‎el vaho del infierno».‎

‎Silvio no es indiferente a la gente, a los pueblos, ya sea en Cuba o Palestina. Por tanto, tampoco lo ha sido a ese que no le alcanza la vida ni la chequera para seguirlo hasta la escalinata.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

‎Sin embargo, a pesar del transporte, la lluvia… miles fueron a verlo: unos por sus canciones clásicas, otros simplemente para presenciar al artista y símbolo cubano que es hacedor y testimonio vivo de la historia de este país.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

«Gracias Silvio» fue la despedida de todos.

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Concierto Silvio Rodríguez Escalinata UH septiembre 2025

Criminalizar las protestas no detendrá el descontento ciudadano

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Recientemente se conocieron protestas en algunas localidades del país, como Gibara, por los prolongados apagones y la escasez. Es en este contexto que el Tribunal Supremo Popular y el periódico Granma informan sobre el juicio en Bayamo a 16 personas que participaron en las manifestaciones de marzo de 2024, lo que se calificó como «disturbios».

El texto publicado habla de «desórdenes públicos, atentado, resistencia, desacato, portación y tenencia ilegal de armas, desobediencia e instigación a delinquir», pero, como ya es costumbre, no da voz a ninguno de los manifestantes, ni expone los argumentos de la defensa.

El hecho de que se desarrolle ese juicio un año después, pero a días de las noticias de protestas ciudadanas, funciona como recordatorio de que en Cuba manifestarse, incluso si se hace pacíficamente, puede equivaler a exponerse a un proceso judicial.

La gente lo sabe. Pero hace años que los «mecanismos establecidos» para canalizar las inquietudes dejaron de generar confianza. La población sobrevive sin que las instituciones representen espacios o vías para mejorar la realidad. Hasta el momento, nadie parece asumir responsabilidades ni ofrecer soluciones concretas a la situación diaria de los cubanos. Frente a ese vacío, la calle se convierte en el último recurso para expresar el reclamo.

Esto no significa justificar actos vandálicos, pero sí distinguir entre violencia y el derecho legítimo a la protesta ciudadana.

Aunque la Constitución reconoce el derecho de reunión y manifestación, a día de hoy no existe una norma que regule su ejercicio y abundan disposiciones que permiten criminalizar lo que debería entenderse como participación cívica, con todo lo positivo que eso puede significar para fortalecer la vida pública y abrir espacios de diálogo que hoy permanecen cerrados.

Así, lo que debería discutirse abiertamente termina haciéndose visible solo en redes sociales. Mientras, los medios oficiales una vez más callan y se limitan a replicar notas de organismos de gobierno.

Contrasta con las noticias sobre protestantes en los tribunales, preguntas que tiene la ciudadanía y nadie contesta: ¿qué juicio enfrentan quienes comparten responsabilidades en la policrisis nacional? ¿Qué consecuencias ha tenido para autoridades el pésimo desempeño? ¿Qué se sabe del proceso contra el exministro de Economía, Alejandro Gil?

La protesta no es otra cosa que una forma de control popular, en la cual la ciudadanía expone en el espacio público sus inconformidades y carencias, muchas veces luego de recurrir sin respuesta a otros mecanismos establecidos.

Por tanto, las manifestaciones no son más que un síntoma del malestar ciudadano que se expresa en muchos otros ámbitos de la sociedad. Sin embargo, en este contexto la Asamblea Nacional permanece unánime y complaciente; sin ejercer su función, no solo de aprobar leyes necesarias que siguen pospuestas, sino de hacer rendir cuentas a quienes hoy están en espacios de toma de decisiones.

Hablar de resistir es incoherente en el discurso político cuando es evidente que unos soportan más sacrificios que otros. En un contexto de reducción de la calidad de vida para las mayorías, la directiva del país debería dar ejemplo de austeridad, sin embargo, cada vez son más frecuentes las imágenes de primeros dirigentes y sus familiares en viajes, fiestas, hoteles lujosos… Esto también acrecienta el malestar ciudadano.

Reducir las protestas a la manipulación de la oposición o a los efectos de las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos, tampoco resulta convincente para la ciudadanía, pues supone ignorar la cuota de responsabilidad del propio gobierno y su falta de voluntad para asumirla.

De ahí que lo imprescindible sea aceptar estas expresiones como un derecho ciudadano, dejar de criminalizarlas y abrir canales efectivos de diálogo. Y sobre todo, empezar por reconocer sin rodeos los errores de las políticas internas que han agudizado la escasez y las desigualdades. Mientras esa rendición de cuentas y esas soluciones no lleguen, seguirán agravándose las condiciones que empujan a la protesta.

El bloqueo/embargo a Cuba explicado

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Hay una fábula de Esopo que solíamos escuchar de niños en la que un pastor siempre gritaba que venía el lobo, y cuando llegó el lobo de verdad, nadie fue a ayudarlo porque ya no le creían. 

Algo parecido le pasa al gobierno en Cuba. Tanto ha saturado el discurso oficial de alusiones al bloqueo sin asumir cuotas de responsabilidad, que muchos ya no le creen. 

Es difícil encontrar un análisis objetivo sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba, y su rol en la crisis que vive el país. Las autoridades cubanas no han sido capaces de articular un discurso persuasivo sobre su efecto, pero eso no significa, que sea menos real. 

Mientras el Estado cubano no cumpla como debe el servicio público de explicarle a los ciudadanos cómo funciona el esquema de sanciones, le tocará hacerlo a la sociedad civil. Así que tengan paciencia.

Lo que para el gobierno cubano es un bloqueo porque lo entiende como asedio económico y político; para la oposición es un embargo porque es la categoría jurídica estadounidense y supone que es solo una prohibición de comerciar. El bloqueo implica un cerco total y el embargo minimiza el alcance de la guerra económica y política que se le hace a Cuba. Naciones Unidas lo denomina medidas coercitivas unilaterales, porque no fueron aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, único órgano con capacidad legal en el derecho internacional para imponer sanciones colectivas. Se considera ilegal que un país imponga sanciones fuera de su propio territorio, porque viola los principios de soberanía y no injerencia.

Sabemos que algunas de estas cosas le recordará el noticiero o Cubadebate. Y algunos van a decir que jugamos con la cadena y no con el mono. Pero en La Joven Cuba no vamos a minimizar algo solo para evitar comparaciones. Si mañana el gobierno cubano dice que la tierra es esférica no vamos a decir que es plana solo para llevarle la contraria. 

Entre los cubanos hay ideas fuertes y encontradas sobre estas medidas, pero la comunidad internacional lo tiene muy claro. Todos los años la mayoría de los países con administraciones de izquierda, derecha o centro vota en contra. 

Así que si usted cree que las medidas unilaterales no existen, aunque todos sus amigos en facebook coincidan con usted y le den likes, mi amigo, me da mucha pena decirle que usted está en la minoría.

La política de Estados Unidos hacia Cuba es de hostilidad en ascenso. Pero los propios expertos norteamericanos coinciden en que la relación debería ser de pragmatic engagement, o sea, una interacción pragmática. Desde ese punto de vista, una política responsable hacia Cuba empezaría por quitarla de la lista de países patrocinadores del terrorismo, y la eliminación de las medidas unilaterales. 

Pero nosotros sabemos que es difícil una política racional hacia Cuba. Sin embargo, como el encargado de negocios ha expresado tanto su preocupación, aquí hay 4 pasos que podría sugerirle al Departamento de Estado. Si Marco Rubio puede hacer concesiones con Rusia, que está en plena invasión a Ucrania, no debería tener problemas en hacer estos pequeños cambios hacia un país que no está invadiendo a nadie:

Internet

El Reglamento estadounidense de Control de Activos Cubanos permite mediante una licencia general la instalación de infraestructuras de telecomunicaciones, como cables de fibra óptica o enlaces satelitales, para prestar servicios entre Estados Unidos, o terceros países,  y Cuba. Hasta ahí todo bien.

Ahora, para hacer efectiva esa licencia se necesitan permisos adicionales de agencias regulatorias estadounidenses, como la Comisión Federal de Comunicaciones, además de revisiones de seguridad nacional del llamado Team Telecom. Con tanto trámite, las empresas que pudieran dar esos servicios tienen miedo a sanciones,  saben que no van a conseguir fácilmente financiamiento para estos proyectos y, en última instancia, tienen en cuenta los cambios de humor en Washington porque, con respecto a Cuba, lo que hoy se permite, mañana puede prohibirse. Y entonces la empresa prefiere cuidarse, antes que exponerse a una demanda legal. 

Apagones

El Reglamento de Administración de Exportaciones de Estados Unidos exige que para enviar a Cuba componentes y tecnología esenciales para reparar y mantener el sistema eléctrico se cuente con una licencia del Buró de Industria y Seguridad. Solo en algunos casos aplican excepciones, pero no existe una autorización general que cubra todos los equipos eléctricos.

Además, la Oficina de Control de Activos Extranjeros permite los pagos y contratos solo si esas exportaciones están previamente autorizadas por el Buró. También existe una licencia general de la Oficina de Control de Activos para servicios relacionados con la reparación y mejora de infraestructuras que beneficien directamente a la población. Pero en la práctica sucede lo mismo: exceso de trámites, miedo de las empresas a sanciones y las restricciones bancarias que terminan retrasando o impidiendo completamente cualquiera de estas operaciones.»

Alimentación

Hoy la mayoría de los cubanos tenemos la percepción de que Cuba compra mucho pollo en Estados Unidos, y eso en parte es por precio y disponibilidad. El marco legal estadounidense permite exportar productos agrícolas bajo una excepción conocida como AGR, establecida en el Reglamento de Administración de Exportaciones de Estados Unidos, pero requiere notificación previa al Buró de Industria y Seguridad, y condiciones específicas.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros autoriza los pagos y contratos si las exportaciones ya están aprobadas por el Buró. Y la Ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Mejora de las Exportaciones establece que esos pagos deben hacerse por adelantado, en efectivo, o a través de bancos de terceros países, pero nunca con financiamiento de bancos estadounidenses.

Con todo eso, la variedad de alimentos que Cuba puede importar desde Estados Unidos termina siendo reducida. Aunque el Estado también importa, hay mucho pollo porque negocios privados cubanos logran crear mecanismos para cumplir con estos requisitos, o sortearlos de alguna manera. Y porque el lobby de agricultores norteamericanos han hecho presión para que se creen estas excepciones. Pero en resumen el embrollo de trámites no cae solo sobre el Estado, sino también sobre los privados, y si fuera un poquito fácil quizá hubiera más comida en Cuba, traída por más empresas de cubanos. 

Pero bueno, la congresista María Elvira está haciendo todo lo posible para que los privados tampoco puedan hacer esto.

Salud

Aunque en teoría está permitido exportar medicamentos y dispositivos médicos a Cuba, en la práctica los envíos se traban por requisitos legales y operativos. Para empezar, sucede lo mismo de que necesitan licencia del Buró de Industria y Seguridad, y la Oficina de control de activos autoriza los pagos si esas operaciones ya fueron aprobadas por el Buró.

Pero en este caso hay un elefante en la habitación: la Ley estadounidense para la Democracia en Cuba exige que el presidente de Estados Unidos garantice que se pueda verificar dentro de territorio cubano, para qué se van a usar esos medicamentos o equipos médicos, a no ser que sean donaciones a ONG. Eso se haría mediante un memorando o una certificación oficial en el Registro Federal. Sin esa determinación presidencial, ni el Buró ni la Oficina de Control de Activos pueden aprobar las licencias.

Además, la Ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Mejora de las Exportaciones, impone que cada licencia para exportar medicamentos tenga un año de vigencia, así que una vez vencido, habría que volver a empezar todo desde el principio.

Las regulaciones comunes sobre exportación en cualquier país, que por supuesto implican muchos trámites, son normales y necesarias, pero requerir la aprobación del presidente en un trámite burocrático… eso no es normal. Es una de las muchas cosas locas que pasan sobre Cuba.

***

La preocupación de Estados Unidos supuestamente es lograr avances democráticos en Cuba. Quizá el gobierno anterior podía hacer algún reclamo democrático, pero no el actual, que está construyendo una milicia privada para la Casa Blanca con agentes federales enmascarados que secuestran gente en la calle y un presidente sobre el que hay evidencias públicas de corrupción. Ahora mismo, la representación del gobierno estadounidense es la menos indicada para dar lecciones de democracia. 

Esta política hostil hacia Cuba lo único que logra es ser un incentivo más para congelar la Isla en el tiempo. Si algo se ha demostrado en la práctica es que los avances democráticos los logra el acercamiento. 

Mariana: Seguramente los diplomáticos estadounidenses preferirían la diplomacia de altura que practicaban Ben Rhodes y Jeffrey DeLaurentis durante la normalización. Y los cubanos seguramente preferirían la embajada que otorgaba visas, y la diplomacia que traía a los Rolling Stones a la Ciudad Deportiva, a los Tampa Bay al Estadio Latinoamericano y a los turistas a La Habana Vieja. En cambio, lo que hay ahora es un diplomático que lo único que tiene para ofrecer son apretones de manos.

Como en la fábula de Esopo, muchos cubanos ya ni siquiera quieren escuchar sobre las medidas unilaterales aunque contribuyan al plato vacío, al apagón en las casas y a las farmacias sin medicinas. Tampoco se puede obviar que agravan la crisis una política económica errada a lo interno y un sistema político excluyente. A esto se suma una comunicación pública que incumple  su encargo social con la ciudadanía. Sin embargo, ninguna de las críticas que hoy podemos hacerle al gobierno cubano, justifica una política de agresión externa. 

Ningún cambio político vale la miseria de un país, ningún apretón de manos puede compensar el efecto de las medidas sobre la gente, y ninguna democracia puede surgir de la pobreza.  

Fernando Pérez: Diálogo y nación

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Fernando Perez en La Sobremesa
Fernando Perez en La Sobremesa

Disponible en las plataformas de video y audio: YouTubeApple PodcastSpotify

[Música]

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo, o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a este último episodio de la segunda temporada de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Jorge Bacallao (JB): En la pasada temporada de La Sobremesa tuvimos una buenísima entrevista cuyo tema era el cine, con Iván Giroud. Hoy tenemos aquí una figura importantísima en el cine cubano y vamos a aprovechar para hablar con él no solo de cine, sino un poco más allá.  

(MC): Efectivamente. Y el cine vuelve a aparecer porque el cine es un termómetro magnífico para medir la temperatura de la Cuba actual.

(JB): Exactamente. En toda Cuba se habla de cine, desde una bodega hasta una academia y empiezas hablando de cine y terminas hablando de «la cosa».

(MC): Y, además, tenemos a la persona indicada.

(JB): Así que no se mueva de ahí, que se pierde el principio.

[Música]

(MC): Y para este último episodio tenemos con nosotros a un Premio Nacional de Cine, que ha dirigido películas emblemáticas como Clandestinos, Suite Habana o El ojo del canario. Estoy segura de que usted ya sabe quién es. Bienvenido a La Sobremesa, Fernando Pérez.

Fernando Pérez (FP): Gracias.

(MC): Fernando, vamos a ir directo al grano. ¿Cómo vivir en medio de tanta crisis?

(FP): Mira, me viene a la mente una cita de Sigmund Freud que dijo que él quería cuando se muriera, que le pusieran en el epitafio: «Fui un hombre feliz, nada en la vida me fue fácil». Y yo comparto esa idea. Creo que las crisis pueden tener también una parte positiva, de que uno tiene que enfrentar en la vida muchos obstáculos y eso te hace crecer en la medida en que tú luchas por llegar a algo y cambiar las cosas, ¿no?

Yo recuerdo que yo entré en el ICAIC con 17 años, en plena Crisis de Octubre, así que empecé desde temprano a vivir y compartir las crisis hasta hoy. Y yo lo que siento es que cuando una crisis no tiene respuesta o uno siente que no tiene posibilidad de cambio, entonces es cuando la crisis puede convertirse realmente en algo inmóvil que no te ayuda a la evolución, porque la contradicción forma parte justamente de eso que llamamos la evolución y el crecimiento. Entonces, yo creo que nosotros ya, no solamente yo, creo que la mayoría de los cubanos de mi generación y los más jóvenes, hemos vivido de crisis en crisis.

(MC): Totalmente.

(FP): Y en este momento estamos en una crisis, yo creo, donde se ha tocado fondo en la parte no solo económica, sino en el resultado social, cómo eso se ha convertido realmente en una crisis, en una crisis social que, bueno, podría ser para bien si uno sabe que la puede cambiar. El problema para mí, desde mi perspectiva, no soy sociólogo, es que el discurso oficial frente a esa crisis sigue siendo el mismo y eso es para mí lo crítico, porque no permite sentir hacia dónde vamos realmente.

(JB): Bueno, Fernando, si la cosa está difícil simplemente para vivir, cómo no será para hacer cine. Entonces, yo quisiera que nos hablaras un poco de cuáles son las condiciones actuales para hacer esa parte del cine cubano que se hace aquí en la Isla.  

(FP): Mira, el cine cubano en este momento yo pienso que está viviendo una fractura, una fractura que está provocada por dos cuestiones: una política cultural que no ha cambiado en un punto esencial, que ha sido un punto de discusión permanente entre los cineastas y las autoridades, que es una política cultural que no tiene posibilidad de censura y eso no ha cambiado.

Yo pienso que es una política cultural donde la libertad de expresión se limita en algunos motivos y esa fractura se expresa también, pienso yo, en el no reconocimiento, la exclusión de determinados y determinadas cineastas jóvenes que no son reconocidos ni por su obra ni por su estatus. Entonces, hasta que eso no se produzca, yo creo que eso que Juan Antonio García llama tan bien, y con tanta profundidad, «el cuerpo audiovisual de la nación», le falta algo y no se reconoce algo que va por debajo.

Entonces, se pueden seguir haciendo películas, se puede seguir manteniendo una producción, digamos, dentro del Instituto de Cine, pero la dinámica, la diversidad, la complejidad de lo que el cine cubano en este momento es capaz de expresar como reflejo de la realidad complicada que estamos viviendo, no existe, es decir, no existe esa mirada y no existe esa dinámica para que realmente se llegue a esa solución de la crisis.

Desde hace un año y medio, dos años, hubo un hecho concreto que fue la prohibición de un documental sobre Fito Páez que hizo Juan Pin, Juan Pin Vilar, y eso provocó la creación de un segundo periodo de una Asamblea que ya había sido creada, creo que fue en mayo. Y digo mayo porque realmente esa Asamblea se fundó en mayo. Después hubo otro hecho importante que fue El Cardumen, de la Muestra de Cine Joven que también se escribió en mayo y eso me recuerda a mí el Mayo francés, como idea, como cambio, y es muy lindo, ¿no?

La Asamblea, esta segunda etapa de la Asamblea, no se creó en mayo, pero sí en junio. Llegó unos días un poquitico más tarde, pero creo que la define también ese espíritu del Mayo francés, de que todo cambio es posible. Entonces, eso motivó que nuevamente, pero esta vez fundamentalmente por jóvenes, se creara una nueva Asamblea. Esa Asamblea en sus reclamos, que eran fundamentales: libertad de expresión, inclusión política, política cultural inclusiva, logró una situación que fue para mí memorable.

Hubo un día donde las autoridades culturales y de gobierno en el Cine Chaplin organizaron un encuentro de todos los cineastas, donde ahí pudieron ir todos los cineastas, no solamente los reconocidos o los autorizados o los no marginados. Allí pudo estar Miguel Coyula, otros cineastas que no eran reconocidos y realmente durante ocho horas se plantearon abiertamente muchos de los problemas, las inquietudes, demandas. Fue un momento realmente memorable, no libre de contradicciones, de discusiones, de enfrentamientos, de confrontaciones, pero es que eso es lo que mueve realmente la realidad nuestra.

Esa reunión terminó con la posibilidad de crear comisiones para atender estos problemas. Hoy en día eso no ocurrió. Lo que pasó después que un poco eso se diluyó, ¿no? Sí, porque no se les dio participación a todos los cineastas. Se crearon esas comisiones, pero entonces podían ir los designados, los que estaban seleccionados. Ya empezó nuevamente…

(JB): Lo que había pasado, lo que se había alcanzado con esa reunión donde estaba todo el mundo…

(FP): Volvió a ser lo mismo. Entonces, estamos en un punto en que, bueno, los que fuimos elegidos como representantes de esa Asamblea, estamos en un limbo donde no estamos prohibidos, porque no nos han prohibido la existencia, aunque ya no podemos hacerlo, digamos, en un recinto como el Cine 23 y 12, es decir, existimos, pero más en las redes, en espacios virtuales, etc. Esa no es reconocida, pero es ignorada totalmente.

Todos los reclamos que nosotros hemos hecho y hemos enviado cada uno de nuestros argumentos, de nuestras apelaciones, de nuestras ideas, porque creo que, si algo define a esta nueva Asamblea, aparte de haber sido impulsada por jóvenes, es que nosotros estamos planteando pensamiento, ideas para enfrentar justamente esta complejidad en la que estamos viviendo. Al no ser reconocida, pues nosotros hemos decidido seguir existiendo. No nos reconocen, pero estamos ahí.

A mí personalmente, lo que me ocurre es y ya no lo hablo como miembro de la Asamblea, lo hablo a tono individual, es que esta experiencia nuevamente a mí me ha hecho pensar o dejar de creer en la posibilidad de un diálogo, porque no existe.

Creo que a lo largo de la historia de la discusión de cineastas en la otra Asamblea, cuando ocurrió, me acuerdo, eso fue un hecho memorable en los años 90, la prohibición de Alicia en el pueblo de maravillas, que fue una discusión fuerte donde nos reunimos 19 cineastas que en ese momento estábamos en el ICAIC, y logramos que no se disolviera el ICAIC, que un decreto que había salido incluso en el periódico Granma se anulara a partir de esa decisión, pero el reclamo ante la posibilidad de una política cultural que no censure y que sea inclusiva, la respuesta sigue siendo la misma. Es decir, para mí la voluntad de diálogo ya no existe. Entonces, lo que estamos reclamando es la discusión.

(JB): Se pone difícil dialogar con alguien que tiene los audífonos puestos.

(FP): Efectivamente.

(MC): Yo creo que un episodio importante fue precisamente el cierre de la Muestra y hablamos un poco con Iván Giroud de eso en la temporada anterior, pero quiero preguntarte, para ti, ¿cómo crees que eso influyó, o sea, el cierre de la Muestra de Cine Joven, ¿cómo influyó para la formación de jóvenes cineastas que han venido y que siguen viniendo después? Y, por otro lado, para el ecosistema creativo, cultural, artístico en Cuba.

(FP): Mira, la Muestra de Cine Joven, yo creo que ha sido uno de los eventos que ha marcado justamente la evolución más positiva y las miradas más complejas sobre el cine cubano. Fue un fenómeno que durante sus 17 ediciones, pero sobre todo en las primeras, comenzó con un equipo creativo, claro, dentro del ICAIC, porque era una Muestra no independiente, pero era una Muestra abierta con perspectivas de que en cada edición.

Yo recuerdo cuando yo empecé a trabajar siempre decíamos: «En esta edición vamos a correr un poco más la cerca a ver hasta dónde se puede llegar», porque ciertamente había algunas limitaciones, pero para mí los tres años que yo estuve en la Muestra fueron los años más dinámicos que yo recuerdo, aparte de los años 60 en el ICAIC, porque allí se movían muchas ideas, muchos planteamientos y cada año llegaba siempre una obra que complejizaba la realidad.

Pero llegó un punto, yo recuerdo, primero fue con Los aldeanos, y logramos que se pusiera la película, pero ya en el tercer año hubo un documental que no era tan logrado, digamos, artísticamente, pero sí motivaba a la discusión y no fue admitido. Entonces yo decidí, en ese momento, renunciar a la Muestra, pero también con una idea más clara que era que hasta ese momento siempre era un cineasta o un crítico de una generación anterior quien asumía, digamos, la conducción de la Muestra. Pero a partir de ese momento sí se logró que fueran los jóvenes los que estuvieran al frente y diseñaran la perspectiva, pensamiento y desarrollo de la misma Muestra. Duró poco.

Duró muy poco, porque realmente vivieron lo mismo que nosotros como generación. Es decir, podías llegar hasta un punto, pero no más allá. Y realmente ya era necesario en la situación en la que el país había llegado y el cine que se estaba haciendo, que no podía existir una Muestra. Una Muestra, quiero decir, que fuera auspiciada por un ICAIC que no se renovara como pensamiento, que es el ICAIC de hoy. Es decir, el ICAIC mira más hacia el pasado que hacia un futuro, que es los jóvenes quienes lo están haciendo, pero ese ideario no forma parte de esa voluntad, digamos, de ir más allá y de cambio profundo.

Pero la Muestra dejó para mí algo fundamental que fue justamente en la penúltima un texto escrito por los jóvenes que se llama El Cardumen, que además como metáfora de grupo es muy linda, ¿no? Es una imagen muy linda. Y en ese Cardumen yo creo que está, yo quisiera tenerlo como la Biblia de nuestro cine, no como creencia religiosa, sino como ánimo para abrir un pensamiento realmente abierto. Y es un texto fundamental para definir, digamos, la perspectiva del cine cubano que yo me imagino que está ahí latente, pero no se reconoce. Y el cine cubano al que aspiramos es el de ese texto del Cardumen.

Yo tengo aquí, lo traje en el teléfono, deja ver si lo puedo abrir. Dice así, termina más o menos con esto: «Nuestras películas gestadas en la Isla y más allá seguirán hablando y resonando, aunque intenten ponernos mordazas. Hablarán por ellas mismas y serán nuestras voces las voces de muchos. Encontraremos palabras nuevas, frases nuevas, lenguajes nuevos para contarnos. Pero nunca guardaremos silencio». Yo creo que eso es un… no un horizonte, creo que es la brújula que guía el cine cubano que desde la Asamblea también estamos defendiendo.

Es un cine inclusivo, un cine que no margine, un cine que no excluya. Porque muchas veces yo he dicho y se piensa que es una simplificación, pero yo no creo que lo sea, que la libertad de expresión es libre o no es libertad. Entonces, tú no puedes decir: sí, para esto sí, pero para esto no. Tú no puedes excluir nada que no sea… creo que el pensamiento es libre y tiene derecho.

(JB): Y la creación evidentemente no admite corsé ni camisa de fuerza.  

(FP): En absoluto. Yo creo que la discusión es lo que mueve justamente el pensamiento.

(MC): Y la creación artística.

(FP): Pero nunca marginarlo. Yo creo que es un reflejo también de cómo se mueven los medios en Cuba, porque no es solamente el cine. Yo creo que nuestros medios de prensa también tienen una mirada y una perspectiva que ya es la misma y la misma y la misma.

(MC): Es que se han quedado rezagados en el tiempo totalmente.

(FP): No creo que sean solamente rezagados. Es como la confirmación de una mirada que ya elude realmente la realidad. Entonces, el reflejo de la realidad o el enfrentamiento de la realidad va por un lado y la realidad va por otro, que yo creo que esa separación es lo que realmente provoca una crisis, una crisis de credibilidad.  

(MC): Fernando, a pesar de todo, esto que estás compartiendo que realmente es duro, no es fácil, porque es entender todas las dimensiones de un contexto en crisis, ¿no? Pero yo siento que a pesar de todo tú eres el tipo de persona que puedes hablar con una institución o hablar con las personas que protestan frente a la institución. Entonces, yo me pregunto, ¿cómo a pesar de todo eso tú puedes seguir manteniendo esa postura? ¿Cómo es que no te has polarizado y por qué?

(FP): Mira, yo en este momento no hablo con la institución, a partir justamente de lo que ha pasado, del no reconocimiento a la Asamblea. Y, a ver, yo siempre he defendido el cine independiente porque creo que ha sido el fenómeno que le ha dado un rostro al cine cubano de hoy.

En los años 2000 empezó el cine independiente como un posible horizonte hacia donde iba el cine cubano. Después ese horizonte se convirtió en una realidad y hoy en día yo creo que el rostro fundamental se encuentra en ese cine. Entonces yo recuerdo que hubo muchas discusiones porque incluso al principio hablar de cine independiente, decir independiente era incómodo. Tú no podías mencionarlo. Se hablaba: «cine no estatal», «cooperativa no sé qué», era una cosa absurda, ¿no? Pero se logró hablar de cine independiente y yo dije, bueno, si yo estoy defendiendo esto en teoría, tengo que demostrarlo en la práctica.

Ya yo estaba en edad de jubilación y decidí decir, bueno, yo quiero hacer también una película independiente, pero para hacerla independiente yo no podía estar ya o seguir en la nómina del ICAIC. Y creo que fue cuando hice La pared de las palabras, así que me jubilé. Es decir, ya me jubilé, hice La pared de las palabras, independiente, pero eso no significaba tampoco que no hiciera una película con el ICAIC, porque creo que también tiene que haber una institución, no es solamente una sola parte.  

(MC): O sea, no queda por ti cerrar la puerta.  

(FP): Ahora, seguía haciendo también películas con el ICAIC, hice cine independiente, pero ya con lo que pasó en la Asamblea, yo siento que es una relación en términos psiquiátricos: esquizofrénica, porque o uno existe como es con todo lo que uno significa o no existes. Entonces no puede haber dos Fernando Pérez. Y aunque en dos o tres ocasiones me han convocado de las instituciones para participar en eventos de expertos, etc., mi respuesta ha sido que no, porque hay uno solo, no solo el Premio Nacional de Cine, sino también el que es representante de la Asamblea de Cineastas Cubanos. Y hasta que ese no sea reconocido, el otro tampoco existe.

(JB): Fernando no se puede fracturar como le ha pasado al cine.

(FP): Entonces esa es, digamos, la coherencia que yo trato de mantener y por eso en este momento, aunque defiendo el ideario en nuestra Asamblea, yo no creo que de inmediato se va a lograr un diálogo. Ya yo no creo que incluso en nuestros documentos, esas son las discusiones internas y al menos mi posición en esas discusiones, es no aspirar al diálogo, sino a señalar los problemas que están incidiendo en nuestro cine y por extensión en nuestra realidad. Y quizás eso no es para hoy, pero es para mañana. Yo creo que sí, que el cambio es necesario. Absolutamente. Ese cambio lo van a traer los jóvenes. No sé cómo. Yo quisiera estar todavía para participar y estar en eso.

(JB): Y la Asamblea siempre va a mantener su disposición al diálogo.

(FP): Bueno, sí, siempre y cuando venga, pero no creo que vaya a venir. Quiero ser…

(MC): ¿Eres pesimista?

(FP): No, ni pesimista ni optimista. Trato de ser realista porque no ha sido nunca la respuesta. Eso sí sería el principio de un cambio. Si llaman un diálogo, sería el principio, pero de un cambio fundamental que no implica solamente el diálogo, sería el cambio de una mentalidad en la sociedad cubana y en la oficialidad cubana para pensar en otro país. Yo creo que eso sí sería el primer paso. Pero no lo veo tan cercano.   

(JB): El 27 de noviembre de 2021, un grupo de jóvenes y no tan jóvenes intentó iniciar un infructuoso diálogo con el Ministerio de Cultura, diálogo que, bueno, falló. ¿Cómo viviste tú ese día y cuál fue tu postura allí?

(FP): Yo escribí una vez, lo único que escribí sobre el 27N y para mí, en el orden personal, lo viví como un hecho político, pero poético, que para mí eso es importante, porque allí de pronto los jóvenes que se reunieron frente al Ministerio de Cultura reclamando lo mismo que estamos reclamando ahora en la Asamblea y en otros espacios abiertos que es la libertad de expresión frente a la complejidad de nuestra realidad.

Recuerdo que cantaban canciones y esperaban allí cantando, reuniéndose. Había una atmósfera de, no sé, de ilusión de que algo podría pasar. Y recuerdo que tuve el privilegio de que el grupo que estaba al frente de esa convocatoria me permitiera a mí entrar con los 31 que entraron a la discusión dentro del Ministerio. Cuando salimos ya de…

Yo allí escuché jóvenes decir cosas de manera brillante y profunda, pero en el orden personal, no solamente como, qué sé yo, como teóricos, sino de vivencias, de contradicciones que tenían ellos con la realidad, pero de verdad de una manera bien profunda y bien humana. Y cuando salimos, recuerdo que espontáneamente cantamos el Himno Nacional y, bueno, eso es una emoción, es algo que siempre va con uno. Lamentablemente, el 27N queda también como, en la historia de la cultura cubana, ese paso que no condujo tampoco al diálogo.

(MC): ¿Qué queda hoy de ese espíritu? ¿Queda algo?

(FP): Yo creo que sí, pero no lo estoy diciendo de una manera optimista, no lo pienses. Pero yo sí creo que, en Cuba, dentro y fuera de Cuba, hay una sensibilidad en los jóvenes que me hace vislumbrar esa Cuba que yo quisiera. Pero es a un nivel de emoción y yo comparto mucho con los jóvenes y quizás no sea algo que se define en palabras, pero es eso, es justamente eso y creo que eso va a llegar mucho a través de la cultura también y del arte, porque hay mucha creatividad y se va renovando constantemente.

Mira que son muchos artistas jóvenes que han emigrado, no sé cuántos hay en Madrid, me los encuentro, no sé cuántos hay en cualquier lugar del mundo tú te los encuentras, pero incluso cuando hay muchos de ellos que su relación con Cuba les resulta dolorosa y difícil, tú sientes que ese nexo no ha sido roto y está ahí y algo va a pasar.

Yo pienso incluso, pienso mucho en los cineastas jóvenes, que hay muchos que están fuera y estoy seguro que se van a reunir. De ahí, de esa diáspora va a salir una, dos, tres, cuatro películas, no sé cuáles, no sé si será mañana, pero sí la van a hacer.

(MC): Vamos a hablar un poquito más de eso después del café.

(JB): Sí, nos merecemos un café. Nos hemos ganado un café.

[Música]

(JB): Bueno, y después del café, Fernando, yo quisiera que nos hablaras un poquitico más sobre ese cine cubano que se está haciendo fuera de Cuba, el cine de la diáspora.

(FP): Mira, es un cine cubano muy diverso que va por caminos de la experimentación. Un cineasta como Alejandro Alonso, por ejemplo, yo digo que es un poco como el Lezama Lima de nuestro cine, ¿no? Va por crear documentales y obras incluso de ficción que te envuelven en una atmósfera. Otro que es un cine directo, más político, etc., pero en general es un cine muy diverso.

Pero, ¿qué ocurre? Es un cine que prácticamente no se ve aquí, no existe. Existía un poco en la Muestra, pero también era el espacio que estaba para ellos. Entonces ahí, mira, miradas que van al pasado, como El caso Padilla, de Pavel Giroud, que yo recuerdo cuando eso ocurrió, yo estaba en la universidad, y claro, no iba a la UNEAC, no participaba en nada de eso y para mí era algo que estaba ocurriendo allá y salió un poquitico en la prensa, pero ver a Heberto Padilla haciendo lo que hizo ahí en el salón de la UNEAC, fuera del contexto de la época, realmente fue muy impactante.

Incluso, creo que se iba a poner en la Facultad de Comunicación y después nunca la pusieron y ahí es donde tendrían que haberla puesto realmente para ver cómo la reevaluación del pasado de cosas que no pueden ocurrir nuevamente la trae ese cine también. Y, sin embargo, esa mentalidad, digamos, que no lo admite, cierra ese camino.

Yo acabo de ver un documental, que como cine también es muy inquietante por lo logrado que está en recursos de imaginación, que es Crónica de un absurdo, de Miguel Coyula, donde no hay imagen prácticamente porque son grabaciones, y sin embargo, tú logras ver los interrogatorios, los rostros de los interrogatorios a los que están sometidos los personajes de la película, que son Miguel, Lynn, el hermano de Ana de Armas. Y realmente es un testimonio inquietante, brutal, de métodos que son inaceptables, de exclusión y de marginación dentro de la cultura cubana y de la creatividad cubana. Es un cine en ese sentido, creo yo, muy motivador, pero que no se ve, no está. Y eso forma parte de la fractura.

¿Qué problema habría en que se discutieran esas películas? Vamos a discutir, vamos a ver qué pasa.

(JB): Está al alcance de muchas personas que lo busquen específicamente a través de las redes y eso, pero no existe.

(FP): Entonces, estamos viviendo otra realidad esquizofrénica. Existe, pero no existe en el discurso oficial, en la Cuba o el pensamiento que está, digamos, en los medios de Cuba. Luego fuera de Cuba también. A ver, la Asamblea logra expresarse a través de las redes, eso es verdad, pero yo no soy muy dado a las redes. Yo creo que las redes son muy importantes como evolución, pero también corren el riesgo de convertirse en un espacio donde lo banal, lo superficial, predomine y hay muchas tendencias extremistas de un lado y otro.

Frente al secretismo, digamos, de la prensa cubana, el extremismo de otros medios, de las redes. Pero sí, bueno, hay que agradecer a las redes que, por lo menos el pensamiento de la Asamblea, puede estar a través de una revista que va por el tercer número que es alterna y es difícil mantener la continuidad de la revista, pero eso sí creo que se pueda lograr.

Yo también recuerdo con mucho afecto cómo estudiantes de Comunicación Social me localizaban a mí hace tiempo, varias generaciones y entonces me iban a hacer entrevistas ahí al parque de la Normal y muchos de ellos terminaron creando un periodismo muy interesante como Periodismo de Barrio, El Estornudo. Y sí, esa es la parte de las redes, pienso yo, que…  

(MC): Ahora, precisamente en las redes, también hablabas de esas voces extremistas que las hay, o sea, uno se encuentra ese entorno tan polarizado y a veces las voces más inconformes tienen la opinión, por ejemplo, de que todo aquello que no sea suficientemente crítico con el Estado y con el gobierno, hay que cancelarlo todo, hay que eliminarlo. ¿Cuál es tu opinión sobre eso?  

(FP): Es otra expresión de dogmatismo, de extremismo, porque excluyen, se eliminan y por lo tanto no abren el espacio a tratar de discutir con el otro. Yo creo que eso lo provoca la polarización misma de la realidad cubana de un lado y de otro. Entonces, va a pasar un tiempo para que eso realmente cobre su nivel y el verdadero pensamiento ocupe su lugar.

(MC): ¿Tú dirías que ese clima también enrarece las condiciones para un diálogo?

(FP): Totalmente. Totalmente, porque no hay diálogo ni de un lado ni de otro. Pero también hay que preguntarse qué tipo de diálogo tú quieres, porque si hay diálogos falsos, diálogos que lo que hacen es mantener un status quo y no llegan realmente a cambios esenciales, tú dices: «No, mira, no participo en eso». Es verdad. Es lo que nos está pasando ahora a nosotros.  

(JB): Como la foto que te tiras para guardarla y no verla nunca más.

(FP): Yo no puedo participar en algo que sé que el discurso sigue siendo A … y no veo una señal que va a decir B. De construir realmente a partir del resultado un cambio real, de realmente escuchar y encontrar un camino…

(MC): Consensuado.

(FP): Sí, consensuado y que parta de principios. Yo creo que el diálogo tiene que partir de principios, y uno dice, estos son principios inalienables para tener un diálogo, si no…

(JB): Para poder hablar sobre algo tenemos que estar de acuerdo en una base.

(FP): En una base. Si no, no se llega absolutamente a nada.

(JB): Fernando, mira, de uno y otro lado en los extremos del del espectro político, del pensamiento político, nos encontramos con que hay exigencias al arte de que milite, de posturas militantes. ¿Qué pasa con ese arte que quiere no tener esas posturas, aunque su creador sí pueda tenerla, pero se exprese de una manera diferente?  

(FP): El arte es libre. El arte es un hecho individual y eso es lo que realmente le da sentido. Entonces, no puede haber… Yo recuerdo una vez en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños estábamos (me gusta poner ejemplos para no ser abstracto) discutiendo los trabajos de clase. Eso fue en los años 80 y tanto, 87, 88 y había muchos estudiantes latinoamericanos, etc., y había un alumno cubano que presentó su documental sobre el pasado de su familia, que tenía un origen árabe y eran todas las memorias…

Era un documental realmente muy bello en su fotografía, en la en la imagen y en la mirada, pero, de pronto en la discusión, los propios alumnos latinoamericanos empezaron a reclamarle: «No, pero tú eres cubano, ¿por qué no saliste a filmar la realidad que nosotros hemos salido a filmar?» Y yo recuerdo que yo tuve que salir al paso y decirle: «No, él tiene el derecho a hablar de la Arabia feliz y de lo que quiera». Eso no es ninguna obligación, ¿no? Y eso es lo que determina justamente la diversidad.

No puede haber una programación ni una exigencia para una obra artística, porque la mirada del arte siempre va a ir a lo mínimo, a lo individual, no a los grandes acontecimientos, no a las miradas desde un punto de vista histórico. Hay para mí una novela, o más de una, que en ese sentido expresan lo importante que es la mirada del arte, que es una de Evelio Traba, que se llama La Concordia, que tiene un capítulo que es la quema de Bayamo, pero está el hecho histórico y lo cuenta.

Pero además del hecho histórico están las individualidades. La persona que no quería irse de su casa porque ahí tenía su piano y su recuerdo y no quería que se lo quemaran. Y el que se aprovechó de eso para robar, para hacer otras cosas, es decir, el factor humano está y eso forma parte de la mirada del artista.

(JB): Como ver con lupa, una cosa que de lejos se ve de una manera, cuando uno se acerca la ve.

(FP): Y esa es la mirada que tuvo Martí, pienso yo, porque Martí fue pensador, patriota, filósofo, escritor, fue poeta de versos. Pero yo creo que lo que hace grande a Martí es su sensibilidad poética, no solo por escribir versos, sino ver la realidad a través de la sensibilidad.

(MC): ¿Por ahí va tu concepto de la libertad de expresión en el arte, esa mirada individual?  

(FP): Claro, ahí es donde está. Porque cuando uno dice: «La libertad de expresión es libre, o no es libertad», ya no admite límites. Porque tú no puedes tener una mirada únicamente desde el punto de vista de la moral, de la ética, etcétera. Y yo pienso que es sentir la naturaleza del «yo», del individuo frente a una realidad, frente a un hecho, de la manera en cómo la ve. Por eso las grandes utopías en general son muy difíciles de concretar. Y creo que eso también lo decía Martí, no lo voy a decir aquí porque no lo puedo citar textualmente, pero no puede existir una utopía que el sueño sea colectivo. Tiene que ser el resultado de cada sueño individual y eso es muy difícil de lograr. Eso sí lo dijo Martí.

Ensayos ha habido en la vida, pero es muy difícil lograrlo. Pero de todas maneras uno tiene que pensar que sí, que alguna vez, por lo menos tratar de que eso sea. Y justamente el arte, el arte sin límites, sin muros que lo limiten, es lo que puede contribuir a esa diversidad de miradas, a entender al otro, a saber, por qué los demás piensan de una manera que no tiene que ser necesariamente la mía y eso enriquece, pienso yo.  

(JB): El respeto por la forma en que cada persona decide coger el camino de su vida, y en el caso de los creadores, el que decide quizá no ocuparse tanto de su familia y dedicarse al arte y quien decide poner el arte a un lado a veces y, o sea, son posturas respetables.

(FP): Y eso abriría, como dice Juan Antonio García, a tener realmente una cultura, en este caso una cultura artística que refleje todos los rostros de nuestra identidad, que no se define de una sola manera y de una sola línea y entonces ahí tienen espacio, pienso yo, todas las miradas. Es muy difícil que eso se entienda.

(MC): Sin embargo, Fernando, tenemos un país donde la mayoría de los jóvenes solo piensan en emigrar y yo me pregunto, bueno, entonces, ¿quién se va a quedar aquí en el futuro a reconstruir el país, a reconstruir el ecosistema creativo crítico?

(FP): No, los hay, todavía quedan. Yo me los encuentro por la calle y me reconocen no solo por las películas, sino porque me hacen una entrevista en la televisión y me reconocen y me hablan: «No, mire, estoy haciendo este tipo de fotografía, estoy buscando tal cosa», y te los encuentras en cualquier lugar. Yo pienso que, y no estoy idealizando, hay una cantera de jóvenes que sí, que incluso, están pensando en irse, pero están soñando con otra cosa distinta para este país. Y si no lo tienen claro exactamente qué es lo que quieren, sí tienen muy claro lo que no quieren. Entonces, eso sí es lo que los une a partir de lo que no quieren. Después vamos a ver cómo se construye todo lo demás, pero en eso sí muchos están de acuerdo. Un primer paso.  

(JB): Fernando, a riesgo de que esta se torne una pregunta un tanto personal, de todas formas, yo la voy a hacer. ¿Qué es lo que hace que Fernando, que se está encontrando probablemente muchísimos de los problemas que hay para hacer cine en Cuba y que quizás tenga la posibilidad de hacerlo con más comodidad desde fuera del país, siga escogiendo este lugar como un nicho para seguir trabajando aquí?

(FP): Mira, porque, bueno, es mi vida, no sé, no puedo explicarlo desde un punto de vista conceptual, sino más bien emocional. Pero yo realmente aquí es donde me siento creativo, porque me siento, como he vivido aquí 80 años, responsable de todo. Yo camino por las calles y me siento responsable de todo lo que está pasando, lo bueno y lo malo, porque lo comparto y todo me pertenece críticamente y también no críticamente y eso es lo que me nutre.

He tenido oportunidad de filmar fuera de Cuba. Me han hecho propuestas que no me han motivado y al no motivarme, pues las he rechazado. Incluso, económicamente, podrían haber sido muy positivas para mí, pero bueno, no era lo que me interesaba. Yo hago cine porque, no sé, es mi manera de expresar lo que en palabras me cuesta más trabajo.

Entonces sí tengo que identificarme con cada película que hago, tenga resultados artísticos logrados, o no. Pero nunca he hecho una película en la cual no haya creído y aquí es donde estoy y «lo que me queda por vivir», como cantaría Omara Portuondo, sería aquí, haciendo lo que realmente pueda hacer. Vamos a ver. Estoy escribiendo ahora un guion para un nuevo proyecto que vamos a ver qué va a salir.

(MC): Fernando, ahora a riesgo yo de ser repetitiva. Una última pregunta para ir cerrando. ¿Qué país tenemos para que los cineastas del presente y del futuro hagan cine sobre el momento actual?

(FP): ¿Qué país tenemos?

(MC): ¿Cómo lo describes?

(FP): Es bien difícil describirlo con palabras. Yo pienso que esa respuesta la van a dar los jóvenes cineastas en los que yo sí creo. Yo no soy capaz de describir la complejidad de lo que estamos viviendo en palabras, pero sí creo que pertenece a los jóvenes cineastas el poder expresarlo, más que reflejarlo, en toda su complejidad, en ese cine que sí se va a hacer.

(MC): Bueno, ¿vamos al tiroteo?

(JB): Vamos a ponernos dinámicos ahora.

(MC): Vamos al tiroteo.

(JB): ¿Empiezo yo?

(MC): Sí, dale tú.

(JB): Fernando, en la entrevista con Iván, yo le pregunté: «Iván, si tú tuvieras que montarte en un bote y llevarte una sola película cubana y salvarla, porque las demás…» Iván se sentó y me dijo: «No me pidas eso, no me pidas eso».

(FP): Para mí es lo mismo, porque yo soy cineasta, pero soy muy cinéfilo. Es decir, a veces yo hago listas de las películas, pero una película cubana, imagínate tú.

(JB): Entonces, si te pedimos una ahora mismo, ¿una que ningún cubano debería dejar de ver?

(FP): Memorias del subdesarrollo.

(MC): Vamos a la segunda.

(FP): Y se me queda Lucía ahí.

(MC): Si la Muestra de Cine Joven volviera a abrirse, en una oración, ¿cómo quisieras que fuera?

(FP): Libre. Sin muros. Independiente.

(JB): Y terminamos. ¿Qué quiere Fernando Pérez para Cuba? En pocas palabras.

(FP): Quiero un país donde cada individuo tenga el derecho a expresarse y no ser reprimido. Un país, cuya imagen en la cultura sea una imagen donde no haya ni muros, ni limitaciones, ni represiones. Donde cada uno pueda tener espacio para expresar sus ideas, y un país en el cual todos tengan los mismos derechos. Eso es para mí lo fundamental.   

(MC): Muchas gracias, Fernando. Gracias por haber estado con nosotros hoy.

(JB): Muchísimas gracias.

(MC): Y así, con Fernando Pérez, terminamos este último episodio de la segunda temporada de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

(JB): Ahora sí se acabó.

[Música]

Ileana Díaz: La empresa estatal

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Ileana Díaz
Foto: La Sobremesa

Disponible en las plataformas de video y audio: YouTubeApple PodcastSpotify

[Música]

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a un nuevo episodio de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

Jorge Bacallao (JB): Así mismo. Y hoy regresamos a un tema candente: la economía. Seguro usted si nos sigue estará diciendo: «Bueno, pero vuelven con economía». Es que la gente lo pide, caballero. La gente lo pide.

(MC): Pero hasta ahora hemos estado hablando de economía desde un punto de vista más general. Esta vez vamos a estar particularizando porque traemos un tema jugoso: la empresa estatal socialista.

(JB): Jugoso, jugoso. Así que no se mueva de ahí que se pierde el principio.

[Música]

(MC): Hoy tenemos con nosotros a una doctora en Ciencias Económicas, profesora, investigadora y un largo etcétera. Bienvenida a La Sobremesa, Ileana Díaz.

Ileana Díaz (ID): Muchas gracias.

(MC): Ileana, bueno, te trajimos aquí para hablar de empresa estatal socialista y te atreviste a venir. Yo creo que hay que decirlo. ¿Por qué llamarle empresa estatal socialista? Porque en mi criterio socialista es el modelo. ¿Tiene sentido eso?  

(ID): No, no tiene sentido. Pero realmente debe ser, yo nunca le digo socialista, le digo empresa estatal, porque socialista es el modelo donde se inserta la empresa estatal, la privada o la cooperativa, cualquiera que esta sea. En realidad, no… Así se inscribió en la Constitución de la República y lógicamente por eso se repite de ese modo, pero, por lo menos en el enfoque que nosotros trabajamos, el libro que hemos escrito, etc., el apellido socialista no lo incluimos. Ella está inserta en un modelo socialista. Ya. Suficiente.

(MC): ¿Y por qué el Estado sigue insistiendo en la empresa estatal socialista y además en el sector privado como complementario? ¿Tiene sentido eso? ¿Es viable?

(ID): Bueno, eso sí tiene sentido porque en un estado socialista hay un conjunto de medios fundamentales de producción, llamados medios fundamentales de producción, que supuestamente deben ser propiedad de todo el pueblo, que lo detenta una empresa estatal, en este caso, ¿no? como representante, vamos a decir así, de todo el pueblo. Y debe haber una parte, el resto puede ser perfectamente cualquier otra forma de propiedad.

Pueden revisar, por ejemplo, el caso de China y Vietnam, que son los dos, digamos, referentes más notables, igual ellos tienen una parte de su economía que es estatal y son empresas estatales, lo que pasa es que ellos en el transcurso de tantos años que ya llevan de reforma, algunas de estas empresas tienen una forma societaria, que es accionaria y que a veces puede ser vista como mixta, pero la mayoría la tiene el Estado, ¿correcto?

Entonces, el resto de la economía, puede ser cooperativo, puede ser privado, supuestamente se complementa con esta zona de la economía que es estatal. En el caso nuestro sucede que lógicamente hemos empezado con las formas de propiedad, digamos, sobre todo la privada, recién, vamos a decir así, en buena técnica, aunque el trabajo por cuenta propia existe desde el año 1979, en realidad, en buena ley, no tiene personalidad jurídica. Pero bueno, es propiedad privada, también hay que decirlo.

Pero como tal, como empresa, comienza en el año 21 con la micro, pequeña y mediana empresa. Y claro, hoy por hoy nuestra zona estatal es muy grande, es muy alta, es decir, la cantidad de empresas estatales, porque claro, si tú comparas, tú tienes 2000 empresas estatales contra 10,000 pymes. Tú dices: «Ah, bueno, hay muchas pymes y casi no hay empresas estatales». Pero en realidad, estas pymes son pymes, son micro, pequeñas y medianas empresas. En el caso de la empresa estatal son grandes empresas. Entonces, claro, ahí hay una diferencia, es decir, la lógica: sí debe haber una zona que es estatal, pues estamos en un modelo socialista y una zona que es de cualquier otra forma de propiedad que se complementan entre ellos.

(MC): Que se complementan, no que dejas al otro como secundario.

(ID): Se complementan, no se marginaliza a nadie, no se pone al margen a nadie, sino se complementa. La idea es que trabajen de una manera articulada para que puedan de algún modo todas las formas, todos los actores y sus formas de propiedad aportar a la economía y a la sociedad. Esa es la idea, ¿no?

(JB): La percepción en las grandes masas aquí en Cuba desde hace muchísimo tiempo tiene esa idea de ineficiencia de las empresas de la empresa estatal, de pérdidas, de que esto no es rentable, de que se está manteniendo una cosa que quizás no está funcionando bien. Hay muchas personas que dicen que eso se podría resolver privatizando, quizás no todo, pero sí una gran parte. O sea, hay cosas que quizás son demasiado grandes y que el Estado se debería seguir ocupando, pero otras que no, otras que se ha visto que unos particulares se podrían ocupar adecuadamente de ella. ¿Cuál es su posición?

(ID): A ver, vamos por parte. Hay hoy aprobada la existencia de micro, pequeñas y medianas empresas privadas con una cantidad de actividades que están permitidas, ¿no?, o digamos que están prohibidas. En este sentido, mi punto de vista es que hay más actividades prohibidas de las que debería haber. Eso sí es lo primero que voy a decir. Digamos, hay toda una zona que tiene que ver con los servicios profesionales, por ejemplo, una zona que tiene que ver con turismo, por ejemplo, etcétera. Es decir, incluso con la agricultura, que de alguna manera está fuera, está prohibido del sector privado y cooperativo, no solo del sector privado.

Ahora, vayamos entonces al sector estatal de la economía. Ciertamente, las empresas estatales no han mostrado históricamente ser eficientes. Pueden ser rentables. Eso no quita para que tengan los niveles de eficiencia ajustados a los recursos que manejan o que han manejado. Hoy por hoy esto habría que ponerlo en contexto, ¿no? Estamos hablando antes de esta crisis que tenemos ahora. ¿Sí? ¿Ok? Antes. Y ciertamente ese sector no ha brindado, no ha aportado todo lo que debería haber aportado en función de los recursos que ha recibido a lo largo de cada momento dado. Ha habido empresas con pérdida, empresas que se repiten teniendo pérdidas, empresas subsidiadas, etcétera. Claro, aquí hay que hacer varias acotaciones. Hay muchas empresas que tienen pérdida porque el Estado le obliga a que venda a un precio bajo para que le venda a la población a ese precio bajo. Eso ha sido histórico.

Por tanto, esa es una empresa que trabaja con pérdida y de alguna manera el Estado la ampara porque es el propio Estado el que de alguna forma le pide, le obliga, le dice, es decir, le establece, vamos a decir así, esa norma. Ahora, no necesariamente hay que privatizar, yo creo que hay que privatizar lo que hay que privatizar, pero resolver el problema de la empresa estatal no es necesariamente a través de la privatización. Es decir, lo que haya que privatizar en su momento o lo que haya que cooperativizar en su momento, bienvenido sea. Pero no creo que la alternativa es que se plantee previo decir: «No, la solución es privatizar».

¿Por qué? Porque sí creo que hay soluciones dentro del contexto de la empresa estatal. Y en esto, bueno, es una propuesta que se hizo, incluso, que nosotros hemos hecho, la que aparece en el libro que tenemos publicado y en este sentido lo que se plantea es lo siguiente. Uno: las empresas no todas son iguales, por tanto habría que clasificarlas, porque lo que pasa hoy es que las normas son iguales para todas las empresas, por ejemplo, el aporte por el rendimiento de la inversión estatal en la práctica es igual para todas las empresas, sin embargo, no necesariamente tendría por qué ser igual. Por poner un ejemplo.

Entonces, hay que clasificar las empresas. Hay un grupo de empresas que son, digamos, los llamados monopolios naturales en el mundo, que en muchos países que son pequeños son públicos, son empresas públicas, por ejemplo, la electricidad, por ejemplo, el agua, por ejemplo, zonas aeroportuarias.

(JB): ¿Los servicios comunales también? Recogida de basura…  

(ID): Puede ser. Ahí puede haber de las dos cosas. Entonces, es decir, lo que se llaman los servicios públicos, se le llama en el mundo y también el tema que tiene que ver, por ejemplo, petróleo, muchas veces los recursos naturales, algunos tipos de recursos naturales, etc., y se le llama monopolios naturales y de hecho muchas veces en muchos países son públicos, ¿sí? No son privados.

Ahora, quitando esto, tú tienes una masa de empresas que trabajan y operan en otros sectores que si vas por la línea que me preguntas diría: «Ah, la privatizo». ¿Por qué? Vamos a ponerle la misma regla de juego. Vamos a poner la misma regla de juego. Es decir, ustedes no tienen nada que les impida o no deberían, sí tienen muchas cosas que hoy le impiden, pero no deberían tener nada que le impidiera competir entre ustedes y competir con un privado y competir con una cooperativa o con una empresa mixta. Y yo te pongo el ejemplo. En los años 90, cuando se introduce la inversión extranjera y se habla del turismo, las empresas estatales compitieron entre ellas, compitieron por ese mercado, porque ese era el mercado de las empresas, de lo que se le llamó el sector emergente de la economía y era un sector que estaba en mejores condiciones que el sector tradicional, por decirlo de alguna manera. Entonces competían.

Las empresas estatales competían entre ellas para ganarse ese mercado, y lo hacían buscando calidad y buscando la manera de ganarse ese mercado. Yo no estoy diciendo que repitamos aquello, ¿ok? Yo lo que estoy diciendo es que hay que crear las condiciones para que las reglas de juego que operen en un sector, en una forma de propiedad, operen en la otra forma de propiedad.

(MC): ¿Cómo se hace eso?  

(ID): Eso se hace a través del sistema, la vía fundamental son los precios. ¿Por qué? Porque el precio es el instrumento por excelencia de la microeconomía. Es el instrumento que te puede dar las señales de cómo está la economía, de cómo están los sectores económicos. Es decir, el precio es el que le permitiría al Estado regular, pero no topándolos, sino regular, incentivando. Entonces, es decir, yo estoy mirando y lo que el Estado debe hacer es incentivo para que de alguna manera estos sectores estén en mejores condiciones o logren unas inversiones o logren cierta modernización o logren tecnología, etcétera, etcétera, etcétera, y puedan de algún modo reducir sus precios.

(MC): Ejemplos de incentivos.  

(ID): Incentivo, por ejemplo, dejas de pagar impuestos.

(MC): Como la exención de impuestos que habría para los privados antes, por ejemplo, durante un tiempo.

(ID): Sí, ese es un típico ejemplo de incentivo. Otro incentivo es que sinceramente no te eximo, sino te reduzco. Otro incentivo es te doy financiamientos blandos. Te puedo dar créditos, pero créditos blandos, con plazos más largos, con periodos de gracia más largos, con tasas de interés más bajas. Es decir, la economía tiene un conjunto de instrumentos que permiten regularla de manera indirecta y no administrativa.  

(JB): Y permítame preguntarle, yo quisiera saber, ¿es sensato después de tanto tiempo y viendo las condiciones actuales, pensar que esas condiciones pueden darse en algún momento?  

(ID): Si no seguimos esperando demasiado tiempo, sí.

(MC): Ahora, Ileana, pero hay un anteproyecto de ley que se ha estado posponiendo sesión tras sesión de la Asamblea Nacional, pero que yo creo que podría representar un parteaguas en ese sentido para la empresa estatal. ¿Cuáles son esos cambios significativos en el anteproyecto?  

(ID): Sí, en parte puede ser un parteaguas a partir del punto en que se quiera aplicar el proyecto.

(MC): Claro.  

(ID): En la ley, quiero decir.

(MC): Hay que empezar por ahí.  

(ID): Vamos a suponer, la aprobamos. Perfecto. Ok, ya está. El hecho de que esté aprobada no significa nada. Es decir, la Constitución de la República dice que la empresa estatal es autónoma y no es.

(MC): Y no lo es.  

(ID): Entonces, ya por ahí podemos…

(JB): Usted sabe que entrevista tras entrevista en La Sobremesa nos encontramos con opiniones de cosas que están escritas de una manera y no son.  

(ID): Entonces, por ejemplo, el decreto que antecede a esta Ley de Empresas es el 34, que salió en el año 2021 para la empresa estatal, ahí es donde salen las empresas filiales, es decir, ahí se hace un conjunto de elementos. Si usted viene a ver y usted lee el decreto, usted dice: «Bueno, ahí están dadas todas las autonomías». El problema no es lo que la ley dice, son los mecanismos, cómo funcionan después.

Por ejemplo, yo te voy a hablar del Decreto 87, que es el de salario. Supuestamente la empresa estatal, es decir, ese decreto, que lo antecedió el 53, era para que la empresa pudiera poner los salarios que quisiera a los trabajadores. Primero, se hizo en un mal momento, ya estábamos en medio de la situación, comenzaba la situación económica a no andar bien y todo el tema de inflación que trajo el Ordenamiento Monetario de algún modo.

Definitivamente en ese momento decirle a la empresa estatal que le puede dar el salario, cualquier salario a un trabajador, era generar más inflación.  ¿Pero era así realmente? No. En realidad, hay un tope. Es decir, tú puedes dar todo el salario que tú quieras siempre que no pase el salario del director de la empresa. El salario del director de la empresa lo pone la OSDE y así sucesivamente por ahí para allá. Entonces, cuando vienes a ver, tienes una limitación.

(MC): Casi que es un tope de salario, como un tope de precio.

(ID): Entonces, tú dices, esa es una de las cosas que hay que dejarle a la empresa. Sí, la empresa tiene que funcionar como empresa, voy a decírtelo así facilito: tiene que tomar su riesgo, tiene que asumir los riesgos, tiene que hacer contabilidad de verdad, tiene que hacer análisis de costo de verdad. Ahí tú tienes un factor de costo es el salario, pero tú no puedes estar estableciendo normas que están de algún modo poniendo caminos, vamos a decir así, a ese salario.

Ese salario debe ser el salario que se estime que debe ser tanto y cuánto afecta el precio. Fíjate. Entonces, si afecta el precio porque es parte del costo. Aquí es donde viene la segunda parte del problema. Nosotros tenemos una economía que quien manda es la oferta, no es la demanda. Porque al final hay tan poca oferta que tú mueres comprando lo que sea con cualquier precio. ¿Correcto? Entonces, ¿por qué hay que hacer cosas al mismo tiempo? Porque tú le puedes dar eso a la empresa, decirle a la empresa: «Oye, tú vas a poder»… Formar presión. Por tanto, el salario es un asunto tuyo. Sí, pero tú vas a un mercado, pero un mercado donde tú compites, y ahí es donde está el tema.

(JB): Con otra que se parece a ti.

(ID): Puede parecerse o no parecerse, con otra que en definitiva produce lo mismo que tú o un sustituto de lo que tú produces. Y siempre como cliente tú vas a ir a aquel que te da el producto que mejor te satisface con la relación precio-calidad que mejor te convenga. Entonces tú no puedes hacer una sola cosa, ¿entiendes? Es decir, lógicamente, si tú ahora mañana le dices: «A ver, empresa estatal, dale, pon todo el salario que tú quieres, es un problema tuyo». La empresa estatal pone todo lo que quiera. El único problema es que después o tiene que poner un precio muy alto que nadie se lo va a comprar o sencillamente cae en pérdida. ¿Correcto? Entonces, no puede ser.

Tú tienes que hacer eso, pero junto con eso tú tienes que decirle qué cantidad de trabajadores tú necesitas realmente.

(MC): Importante que hay muchas plantillas infladas todavía.

(ID): ¿Qué cantidad de trabajadores? Tercero, ¿Con quién tú vas a competir? ¿En qué mercado tú vas a competir? ¿Quiénes son? ¿Quiénes son tus clientes? ¿Qué es lo que quiere esa gente? Hoy a la empresa estatal no le interesa el mercado, no le importa lo que el cliente quiere. Esa es una realidad. El tema radica en cómo hacer eso. Y yo decía hace un momentito el tema de precio, pero hay que entender qué cosa es precio. Porque cuando aquí nosotros hablamos de precio, nada más vemos el precio final.

El precio se conforma de muchos elementos. Tasa de cambio, tipo de interés, salario, insumos, materia prima, es decir, insumos estoy hablando sobre todo electricidad, agua, gas, etcétera. Materia prima… Entonces, tú tienes que tener todo, unir todos esos factores y esos factores son los que te dan a ti la conformación del precio.

¿Qué nosotros hemos hecho muchas veces en Cuba? Nosotros en Cuba para poder dar el pan de la bodega pagamos, le damos el trigo a la molinera cuando se lo dábamos, ya ahora eso está más complicado, pero bueno. Subvencionado. Pero, ¿qué sucedía? La molinera compraba ese trigo subvencionado, recibía ese trigo subvencionado y hacía harina. Esta harina hace el pan de la bodega, pero hacía el dulce para el extranjero. Entonces, yo estoy subvencionando el pan de la bodega y el dulce del extranjero. En buena ley, la empresa tiene que trabajar como empresa, con todo. ¿Cuánto cuesta el trigo? Lo que cueste, lo que tú negocies que cueste. ¿Cuánto cuesta el trigo? ¿Cuánto cuesta la electricidad sin subvención? El agua sin subvención. Tú vas a trabajar con eso. Vas a tener aquí un precio posiblemente que si lo que estamos hablando es del pan no lo pueda pagar, digamos, personas en situaciones de vulnerabilidad. En general.

¿Qué hace el Estado entonces? Tú tienes este precio muy alto. Este precio no puede ser tan alto. Yo te compro el pan. Estado. Yo te compro el pan a ese precio porque es el precio al que tú has producido, ¿correcto? Suponiendo que produzca en ciertas condiciones, y entonces yo le vendo a la población el pan al precio más bajo, ¿entiendes? Es como la compra que hace el Estado. El Estado hace la compra, pero yo le pago a la empresa por todo.

Ahora, ¿qué sucede? Es como un mal menor, pero no afecto a la empresa. Porque, ¿cuál es el tema? A donde tengo que después ir. ¿Cuántas toneladas, por una tonelada de trigo, yo saco de harina? Eso es rendimiento, fíjate. Cuando yo me compare internacionalmente con uno igual a mí, porque yo no estoy aquí comparando dinero, estoy comparando toneladas con toneladas, ahí entonces empiezo a hacer un análisis. Yo con una tonelada lo que saco son (estoy hablando por hablar) 50 kg de harina, pero en el mundo se sacan 100. ¿Qué pasa? ¿Por qué tú sacas 50?

(JB): Máquinas viejas.

(ID): Entonces tenemos que ir para atrás. Tengo un tema de tecnología o tengo un tema de exceso de plantilla o tengo un tema de exceso de gastos indirectos, que en Cuba son muy altos.

(JB): Muchas veces lo que pasa es que ya estamos cayendo en un problema que tiene otra empresa, que en este caso sería la molinera, donde pasan las mismas cosas.

(ID): Es la molinera, de hecho, porque cuando sale el trigo, cuando entra el trigo aquí, la molinera hace la harina y después viene la que hace el pan. También hay que preguntar con este kilogramo, con 1 kg, con 10 kg de harina, ¿cuántos panes tú haces? Es que eso es un rendimiento productivo que tú tienes que calcular permanentemente. Tienes que dejar que la empresa lo tenga. Porque lógicamente por ahí es por donde tú puedes decir, bueno, el precio este, que es muy alto porque yo no te he subvencionado nada. Porque él ha tenido un buen rendimiento o no, porque él ha tenido muy malos rendimientos. Por eso es que tu precio es tan alto, porque tú necesitas más materia prima que la que necesitaras porque tus maquinarias son viejas, porque lo que sea.

(MC): Y ganan los dos porque ahí gana la empresa, pero también no se afectan los vulnerables que necesitan poder comprar el pan al precio de siempre.

(ID): Entonces, ¿qué pasa? Por eso cuando me decías, ¿cómo se puede resolver? Primero, tema precio. Segundo, esto es un proceso. Esto no es algo que se puede hacer de la noche a la mañana. Lo que ha pasado ahora es lo que ha sido de la noche a la mañana. Yo no pudiera o yo no debería decir, a ver, sencilla y llanamente el precio ahora es que el pan cuesta, los ocho pancitos esos 300 o 400 pesos. Y eso a partir de mañana es así, y yo no te voy a dar ningún pan de la libreta porque no hay pan de la libreta. Se acabó porque vamos a ser productivos y vamos a ser rentables. No, eso no puede ser así.

Primero, porque la economía ha estado trabajando durante años de una manera. Tú no la puedes de la noche a la mañana hacer así porque eso es lo que hizo, lo que hicieron los rusos y bueno, sabemos lo que pasó. Ese es el Big Bang famoso de los rusos. Vamos a mirar la experiencia China y la experiencia vietnamita. ¿Qué hicieron los chinos? Los chinos lo que dijeron fue: «No, así no puede ser. Vamos a hacer lo siguiente». Vamos a hacer lo que se le llamó precios duales. Entonces, tú empiezas operando, sigues operando con un precio bajo porque a ti te van a dar un recurso para ese precio bajo y el resto tú te lo vas a buscar. Tú te vas a buscar el recurso.

(MC): Ese recurso puede ser en dinero, por ejemplo.

(ID): Puede ser lo que sea. Por ejemplo, un ejemplo cualquiera. Yo, Estado, solo te puedo dar un recurso que tú solo puedes producir dos huevos al precio de tres pesos el huevo. No me acuerdo cómo era, pero bueno, más o menos. Yo te voy a seguir dando ese recurso para que tú produzcas dos huevos para la familia a ese precio. Ahora, yo te voy a dar toda la autonomía para que tú puedas buscar los recursos para producir más huevos a otro precio.

(JB): Después no te lo voy a querer pagar como te pagaba el otro.

(MC): No te voy a obligar a tener un precio topado.  

(ID): No, tú tienes que producir, tú tienes que buscarte cómo producirlo y vas a producir al precio que tengas que producir. Y ese ingreso es tuyo, solo paga los impuestos. Ese ingreso es tuyo. ¿Qué va a pasar? En la medida en que los que producen huevos tengan esa posibilidad, ¿sí? Van a empezar a producir huevos y claro, primero el precio va a estar muy alto porque va a haber pocos huevos, como pasó, ¿cierto? Un cartón de huevo a 3,000. Ya va bajando. ¿Por qué? Porque ahora hay muchos que no lo producen, sino los traen. Pero bueno, al final es la oferta, ¿correcto?

Entonces, si los producen, mientras más se vaya produciendo, más se irá bajando ese precio. ¿Que va a llegar a los dos pesos? No va a llegar a los dos pesos, pero va a llegar a un precio razonable, vamos a decir así, para un poder adquisitivo que también va a ir variando, porque esto va a significar que también los salarios van a ir modificándose, y los vulnerables serán, es decir, las personas que estén en situación de vulnerabilidad serán aquellas que sí el Estado tendrá que subvencionar los productos que necesita de aseo y de alimentación.

Es decir, ese es un mecanismo, pero fíjate que para que eso funcione se necesitan muchas cosas. No basta con decir: «Te dejo que subas el salario». No. Porque me dejas que suba el salario, pero después aquí no compito con nadie y pongo el salario que me da la gana o sencilla y llanamente después te pongo el tope del director de empresa o tengo muchos trabajadores y ya no puedo, no tengo capacidad de maniobra, se hace complicado.

(MC): ¿El anteproyecto trata de arreglar un poco eso?

(ID): ¿Qué hace el anteproyecto? El anteproyecto tiene cosas que son muy válidas. Primero, habla de clasificación de empresa, ya eso es un avance. Es decir, no dice cuál es exactamente la clasificación, no recuerdo si lo dice exactamente, pero bueno, habla de clasificación de empresa.

La propuesta que se hizo en su momento era A, B y C. No se entró en nombres para no crear disonancias. La A era la que iba a poder competir, la B era la tipo monopolio y la C era como un intermedio de aquellos de la canasta básica que ya no hay, pero bueno, la canasta básica. Entonces, bueno, era A, B y C.

Supuestamente iba a ir muriendo el C. Es decir, esas empresas C no iban a morir ellas, sino iba a morir esa canasta básica porque nada más que iba a ser para los vulnerables. Entonces, eso es una cosa que es importante que tiene el anteproyecto.

Otro elemento importante del anteproyecto es la creación de una entidad, comisión, no sé el nombre que se le puso finalmente porque se le cambió, que fuera el representante del dueño. ¿Cuál es un problema que tenemos hoy? Miren, para hablar de ciencia constituida, es decir, estudiado, las empresas estatales en las economías planificadas han tenido tres problemas. Uno, restricciones financieras blandas, quiere decir: no quiebras, te amparo siempre. Bien. Segundo, un tema que en economía se le llama la Teoría de agencia, que es quién es el principal, quién es el dueño y quién es el que gestiona. Eso existe en la economía socialista. Hay uno que gestiona y otro que es el dueño. El dueño es todo el pueblo, pero el pueblo es muy complicado que el pueblo… ¿Qué pasa hoy? ¿Cuántos principales tenemos? Cualquier cantidad.  

Hoy la empresa estatal tiene todos los ministerios ramales, a los que pertenecen y a los que influyen indirectamente. Los globales. De alguna manera en las provincias, los gobiernos provinciales, etc. Es decir, es una cantidad de principales y todos se sienten en el derecho…

(MC): De decir y de mandar la empresa.

(ID): Entonces, por ejemplo, el Ministerio de Finanzas y Precios se abroga el derecho de decidir cuál es el monto que se establece de aporte por el rendimiento de la inversión. El aporte por el rendimiento de la inversión es lo que vendría a ser el dividendo del dueño. Es decir, yo como Estado te he puesto un patrimonio y yo debo cobrar por ese patrimonio. Eso es un problema de dueño, no de un regulador. El Ministerio de Finanzas y Precios es un regulador, es decir, elabora el presupuesto, establece el sistema impositivo, etc. Es un regulador, ¿correcto? no es un dueño, sin embargo, él hace funciones de dueño, como todos los demás, no es el único. Estoy poniendo un ejemplo que es muy vívido.

Entonces, ¿qué planteaba el anteproyecto? El anteproyecto plantea establecer una comisión, una entidad que sea la que represente al dueño. Por tanto, las empresas ya no van a estar subordinadas, «atendidas», que es como se le llama, por ningún ministerio ramal. Por ningún ministerio ramal, por ningún ministerio global, sino por esta entidad. Esta entidad es la que va a negociar, ella es la que debe decidir cuál es y para cada uno de los sectores de la economía, en dependencia del tipo de empresa, ¿cuál es el rendimiento por la inversión estatal? Pero las empresas van a decidir su estrategia. Claro, pero un dueño siempre vela por esa estrategia. Es esa entidad la que va a velar por esa estrategia.

(JB): De cierta manera está dejando claro quién es el dueño.  

(ID): Correcto. ¿Cuál es un temor? No, que le reduzco autonomía a la empresa. No. Al revés. La empresa va a tener toda la autonomía. Este es el dueño. Porque una empresa privada decide dónde pone los trabajadores, cuántos trabajadores tiene, cuánto le paga, etc. Pero el dueño está ahí.

(MC): Por supuesto.  

(ID): En las nuestras son chiquiticas y a veces están ahí mismo. Cuando tú tienes una multinacional, tú tienes una empresa por acciones, son los accionistas principales los que en definitiva en una asamblea de accionistas le dicen las cuatro cosas fundamentales que él necesita decidir. En qué se va a invertir, qué remuneración va, qué voy a recibir, etc.

(JB): Hay intermediario, pero representan al dueño en última instancia.  

(ID): Acá también, hablamos de una junta de gobierno. Nosotros creemos que las juntas de gobierno pueden ser útiles, no como han estado, sino de una manera diferente. ¿Correcto? No de la forma donde en la práctica era el mismo ministro que estaba al frente o un viceministro al frente de la junta de gobierno.

Aquí hay que buscar otras personas, pueden ser académicos, pueden ser personas retiradas, especialistas, pueden ser especialistas de un ministerio ramal. ¿Qué tú logras con esto? Oye, lo que venimos hablando desde el año, desde los Lineamientos, separar la función estatal de la función productiva. ¿A qué te vas a dedicar, Ministerio ramal? A hacer lo que tienes que hacer que no has hecho, que es la función estatal. Define políticas, establece procedimientos para esas políticas, orienta las políticas, regula, controla que esas políticas se hagan, etc. Eso es lo que tiene que hacer. Pero para hacer eso tú no necesitas tanta gente. Entonces la gente cuando ve: «Tú vas a crear otra entidad más». Sí, sí, yo voy a crear otra entidad más, pero a todos los ministerios los voy a reducir muchísimo la mayoría de esos ministerios.

(MC): Ileana, te voy a interrumpir ahí porque te voy a invitar a un café. ¿Qué tú crees?  

(ID): Bueno, pues muy bien. Bienvenido el café.

(JB): Usted en su casa hágase un café también si quiere, pero suscríbase, dé like, recomiende, comente, que nunca a nadie le ha hecho daño eso.

[Música]

(MC): Ileana, estábamos hablando precisamente del anteproyecto, pero cuéntame, qué otros cambios trae ese anteproyecto, que además son condiciones fundamentales para que la empresa estatal realmente gane en autonomía.

(ID): Sí, otro elemento que se incluyó, que nos parece que también era interesante es el tema de los grupos empresariales. En Cuba se introdujo las OSDE y justo, fíjense qué interesante, la OSDE se introduce con la intención y con la idea de separar la función estatal de la función productiva, sin quitarle la función productiva a los ministerios. Sin embargo, nunca lo logramos y creamos estas cosas, estas entidades que, de hecho, lo que hicimos fue eliminamos un ministerio y la creamos en una OSDE.

Eso es AZCUBA, eso es el Ministerio de Industria Ligera que se convirtió en GEMPIL, sideromecánica, etc. Hay muchos casos. Entonces, en la práctica creamos unos monstruos y al final eran ministerios, pero pequeños y que hacían funciones, sobre todo, controladoras, administrativas y distributivas, vamos a decir, de distribuir los recursos que venían por el Estado. Uno de los elementos centrales, que no lo dice la norma, porque la norma no puede decir los cambios del modelo que hay que hacer, pero está, como diríamos subsumido y es que tú planificas, pero la planificación no tiene que venir con la asignación de recursos. El recurso tiene que ser asignado por el mercado, no por un ente centralizado. ¿Comprenden? Y eso es al final, hacia donde se debe encaminar el modelo para que entonces las reglas del juego permitan que privados, cooperativas y estatales jueguen en el mismo, es decir, de la misma forma, de la misma manera, siempre viendo que los servicios públicos, aquellos que hablamos, electricidad, etc., juegan de una manera diferente, porque hay que garantizarlos.

Juegan de una manera diferente, pero el resto tiene que jugar igual que juegue este. Entonces, la idea era que estos grupos empresariales nazcan de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo, o que en última instancia se hagan a partir de lo que la literatura, la vida y la experiencia práctica en el mundo establece y que tengan funciones realmente empresariales como una casa matriz, como una corporación, donde las empresas van a tener sus propias funciones, van a tener sus propios objetos sociales, van a tener sus propias estrategias, pero en coordinación con que esa casa matriz o con que esa corporación funcione como un todo.

Eso es súper importante y desgraciadamente eso no lo tenemos todavía en el país y sería una manera de simplificar, y quizás crecerían más los grupos empresariales, pero con menor cantidad de empresas posiblemente subordinadas.

(MC): Lo importante es que después que esté aprobado, si se llega a aprobar realmente sea efectivo.

(JB): Lo mismo de siempre. Una de las cosas que se dijo sobre el anteproyecto es que no era común para todo el entramado empresarial del país, para todos los actores. ¿Tiene sentido decir eso como crítica?, por ejemplo.

(ID): A ver, lo que pasa es lo siguiente. En realidad, se empezó con esa idea de incluirlos a todos. Lo que pasa aquí es dos cosas. Los países que tienen una sola Ley de Empresa como China, Vietnam, han transitado por muchos años de leyes independientes. Número uno. Número dos, esos países tienen Ley de sociedades mercantiles. Cuba no tiene una Ley de sociedades mercantiles. Bien, eso quiero decirlo como previo. Una ley no diseña un modelo.

¿Por qué las personas pensaron en su momento que debía ser una sola ley? Para lograr que hubiera esto de los «similares condiciones» y que estas cosas funcionaran. No, eso funciona el modelo. Eso lo hace funcionar el modelo. Por eso China y Vietnam ya pueden llegar ahí porque tienen un modelo que le permite tener una sola ley.

La ley lo que norma es cómo se crea la empresa. ¿Cómo se extingue una empresa? ¿Cómo se fusiona una empresa? ¿Cómo la empresa se organiza? Pero no con una camisa de fuerza. ¿Cómo funciona? Pero tampoco como una camisa de fuerza. Entonces ahora vamos a pensar. La empresa estatal se crea de un modo diferente a como se crea la privada, la pyme. La pyme y la estatal se crean de un modo diferente a como se crea una cooperativa agropecuaria, a como se crea una empresa mixta. Es decir, y por ahí todo lo demás.

(MC): A como se crea una sociedad anónima.  

(ID): Todo lo demás. ¿Correcto? Entonces, ¿qué nos pasó? Dijimos, vamos a buscar donde hay comunidad, es decir, donde es igual para todos. Prácticamente era muy poco porque tenías que empezar a hacer una norma donde dijera «creación de empresa», esto por aquí, esto por allá.

«La empresa privada esto, la empresa tal no sé cuánto». Entonces iba a ser los tres tomos de El Capital, ¿correcto? Entonces, ¿qué pasa? no iba a ser operativa la empresa y al final se decidió, a ver, hagamos una Ley de empresa estatal, que no hay. Si es el actor más importante, se supone que es el que debe tener. Al final, qué se necesita, además: una Ley de sociedades mercantiles. Porque el día que tú hagas una Ley de sociedades mercantiles, la ley de pymes, el Decreto ley de las pymes se reduce así. Fíjate qué cosa es el Decreto ley de las pymes. Mira, en el mundo el decreto, lo que sea, la ley de fomento de pyme, lo que norma es cómo se definen las pymes, qué cosa es una micro, una pequeña… ¿Cómo se financian? Más o menos. ¿Cuál es el esquema de financiamiento de fomento general? ¿Cómo se crea? Que, además, allí es muy sencillo porque vas a un notario y te creaste. Es decir, eso es lo que hace una ley de fomento de pymes. ¿Me explico? Eso es lo que hay.

Entonces, una ley de sociedades mercantiles qué te regula: cómo se hace una sociedad por acciones, cómo se regula una sociedad de responsabilidad limitada, etc. ¿Me entiendes? Es decir, lo que ahora te abarca el grueso del decreto de las pymes es la parte societal.

(JB): Si en algún momento cambiara el modelo, cambiara lo que está detrás y se homogeneizaran las condiciones, ¿sí tendría sentido hacer una ley unificada?

(ID): Cuando tú logres que de alguna manera estos actores se creen, es decir, se creen como se deben crear, vas a una notaría y se crea, la empresa estatal pueda hacerse de una manera similar, etc., se homogenicen muchos de estos elementos. Claro, lógicamente no tiene sentido hacer una ley para cada uno porque eso además es engorroso. Es decir, vas a una ley de cooperativa, una ley, de hecho, lo tienes, una ley de inversión extranjera que te norma la sociedad por acciones de esa empresa mixta. En fin, en la práctica tienes una cantidad de normas que no tendrías por qué tener.  

(MC): Ileana, y hablando de leyes, tenemos muchas empresas estatales en pérdidas. ¿No necesitaríamos una ley de quiebra?

(ID): Sí, lógico. A ver, el problema: hay como 300 empresas en pérdida. A ver, mira, Mariana, sí, pero cuando tú decidas cambiar el modelo, es decir, la ley de quiebra va dentro de todo ese esquema. Es decir, tú no quieres quebrar a nadie.

(MC): Obviamente.

(ID): Tú no quieres que la gente muera, ¿cierto? Ahora, dale. Tienes que demostrar que tú puedes vivir por ti mismo, ¿correcto? Y si no lo logras, eso lo dicen los Lineamientos, entonces sí tiene que haber una ley de quiebra que tendría que incluir a los privados ahí, a todo el mundo.

(MC): A todo el mundo. Y una pregunta con respecto a la empresa estatal, ¿qué se podría hacer después que una empresa quiebra? ¿Qué hago con esos trabajadores para no dejarlos?  

(ID): No solo cuando quiebra, porque tú puedes en un momento determinado como empresa, tienes demasiados trabajadores, no necesitas tantos trabajadores, porque la empresa siempre va a intentar buscar justamente tener los trabajadores que necesita, no más de eso. ¿Correcto? Entonces puede haber momentos en que no necesitas tantos trabajadores. Bien, eso implica protección, que no es solo un salario, hay muchas maneras de protección. Yo no soy especialista en el tema, pero existen muchas vías de protección. Lo otro es que haya ofertas de empleo, es decir, en otras empresas estatales, en empresas privadas, en empresas cooperativas. Lógicamente tiene que haber condiciones también en ese sentido. Ahora, tú no puedes esperar a que el país esté en buenas condiciones, que haga inversiones y cree nuevas empresas para llegar a esto, para cambiar y transformar las que tienes hoy.

Si hay que sacar personas o si hay empresas que en su momento quiebren, entonces hay que buscar la protección de vida, uno, y hay que buscar la manera en que haya oferta de empleo privado, cooperativo, en otros sectores estatales, etc., de manera que se puedan reubicar. Esa es la lógica, digamos, ¿no? La lógica que debe primar.  

(JB): Quiero hacer ahora primero una salvedad y es la siguiente. A veces hemos estado hablando aquí de empresa estatal, en particular, pero hay que decirle al público que hay otros tipos de empresas. Por ejemplo, muchísima gente quiere saber sobre GAESA, que lleva otro capítulo de La Sobremesa que no es este por la importancia que tiene hoy es empresa estatal. Y voy a la pregunta ahora que es la siguiente: el anteproyecto habla también de que los trabajadores de la empresa deberían tener una parte activa en la toma de decisiones. Nosotros sabemos, una vez más, que eso en la práctica no… ¿Qué se podría hacer para que eso empiece a suceder?

(MC): ¿Qué mecanismos vinculantes?

(JB): Me gusta como Ileana se acomoda.

(ID): ¿Por qué a ti no te interesa como empresa? ¿Por qué a ti como trabajador en una empresa no te importa? Primero porque cuando te van a dar el plan ya está. No hay nada que cambiar. Porque eso está todo muy constreñido. El día que la empresa tome decisiones por ella misma, al trabajador entonces sí le va a interesar, porque eres tú quien estás tomando la decisión. Y si tú te equivocaste y me afecta a mí salarialmente, entonces yo sí voy a tomar decisiones. Yo sí voy a estar interesado en tomar decisiones junto contigo.

Entonces, ahí es donde de verdad se va a ver cómo el sindicato tiene que jugar un papel diferente del que juega hoy. Cuando nosotros llevamos estas ideas a una comisión que existía en un momento determinado, que la dirigía el secretario económico del Comité Central, nosotros dijimos ahí que esto implicaba una, dos cosas. Uno: que los sindicatos jugaran su papel, papel que tienen que jugar, porque entonces sí tienes que defender al trabajador posiblemente, o tienes que negociar salario. Entonces sí te va a interesar el convenio colectivo de trabajo que hoy tú firmas y no te importa.

(MC): Y que vas a la reunión y no estás para eso.  

(ID): Exactamente. Levanta la mano. Correcto. Y lo otro es el trabajo político e ideológico. ¿Por qué? Porque ahí sí el Partido tiene que jugar un papel de trabajo político ideológico, no interviniendo en la decisión de la administración, sino en ver lo que se está haciendo, porque él es un fiscalizador, vamos a decir así.

(JB): A lo mejor también dentro de ese trabajo político ideológico es decirle a la gente cuáles son sus derechos para que la gente pueda.

(MC): Exactamente.  

(ID): Por supuesto. Pero, además, yo voy incluso no solo a nivel empresarial, yo decía, si tú te vas a decidir a hacer esto, recordemos los parlamentos obreros que se hicieron en su momento en los años 90. Variantes existen muchísimas de cosas que se pueden hacer donde tú le tienes que explicar a las personas por qué se hacen, lo que se vaya a hacer, por qué se va a hacer y cuáles son las implicaciones que eso puede tener para ellos como trabajadores.

Porque mira, las personas hablan mucho y dicen la situación que tiene hoy el país, terrible, es decir, precios muy altos, y hablan de la empresa estatal. Sí, pero el día que le muevan, el día que la empresa estatal juegue y juegue de verdad y sea empresa de verdad, muchos de esos trabajadores no van a estar ahí trabajando, ¿entiendes? Es decir, que ahí hay un tema.  

(JB): Los problemas no desaparecen, cambian, vienen otros.  

(ID): Porque yo estoy hoy teniendo un puesto de trabajo por el que me pagan algo que correctamente no tiene poder adquisitivo, pero puedo estar peor, no tenerlo, estar en cero.

(MC): Es una cuestión también de profesionalización de la gente en esos puestos de trabajo.  

(ID): Y lo otro es, hablamos hoy de un precio, no vamos a tener, en mi opinión, nunca más, un bocadito a cinco pesos, a siete pesos, como existió en su momento, con mala calidad o lo que fuere.

(JB): Teníamos que habernos despedido de eso.

(ID): Ya te despediste. Esto es una anécdota. Estábamos con la COVID, más o menos, no recuerdo muy bien, pero fue más o menos, y una amiga fue y compró unos pasteles y dice: «He comprado cinco pasteles, un pan y esto me ha costado 100 pesos». Digo: «Espera el momento en que el pastel te cueste 100 pesos». Todavía hablamos de eso. ¿Por qué? Porque ya cambió. La economía cambió. Cambió en este momento, quizás no de la mejor manera, pero cambió y no va a virar para atrás.

(JB): Yo me burlé un día en un chiste que puse en internet de que en las tiendas nada más que había agua y culeros desechables y llegó el momento que me arrepentí. Ni agua ni culero.

(MC): No hay nada.  

(ID): Exactamente. Lógicamente ustedes al principio me preguntaban, pero ¿es el momento para hacer estos cambios? Bueno, yo creo que todavía es el momento.

(MC): Todavía.

(ID): Todavía. Pero si seguimos esperando, si seguimos no actuando, entonces.

(MC): Quizás decir todavía es un poquito optimista.

(ID): Bueno, el libro tiene por delante, el libro de la empresa, tiene un reloj de arena, que ya cayó para abajo.

(MC): Vamos al tiroteo. Voy a empezar yo. El tiroteo son tres preguntas rápidas, que siempre son un desafío. Futuro realista de la empresa estatal en una oración.

(ID): Yo creo que hay posibilidades, hay que hacerlo.

(JB): La segunda sería, si Ileana tuviese que caracterizar con tres palabras al sector privado cubano actual, ¿cuáles serían?

(ID): Yo diría que son perseverantes, que son esforzados y que saben lo que quieren.

(MC): Y, por último, Ileana, ¿qué esperas tú del anteproyecto, en pocas palabras?

(ID): Yo espero que se apruebe.

(JB): Qué economía.

(MC): Muchas gracias, Ileana, por haber estado con nosotros. Así termina este episodio de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]

GAESA entre el secretismo y las filtraciones dudosas

9

La reciente publicación del Herald sobre supuestos estados financieros filtrados del conglomerado militar cubano GAESA ha reavivado el debate sobre el alcance económico y la transparencia de esta estructura. Según el reportaje de la periodista Nora Gámez, las cifras indicarían que GAESA tendría reservas cuantificadas en 18 mil millones de dólares, en un momento en el que el país vive una policrisis, en la cual desempeña un papel significativo la falta de financiación estatal a sectores como la salud, la energía o la industria alimentaria. 

GAESA, acrónimo de Grupo de Administración Empresarial S. A., es un conglomerado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que concentra algunas de las corporaciones más importantes de Cuba en sectores como el turismo, el comercio minorista y mayorista en divisas, las finanzas, la construcción y la logística. Actualmente está a cargo de la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, quien ha asumido la dirección luego de la muerte del general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja. Surgido en los 90 como alternativa para financiar al ejército sin depender del presupuesto estatal, en medio de la crisis del llamado período especial, el grupo operó con reglas diferentes al resto de las empresas del país, con un nivel de autonomía sin precedentes en un sistema planificado centralmente. 

Desde hace más de una década, y de manera más intensa en los últimos años, ha sido objeto de crecientes cuestionamientos y debate público debido a su peso dominante en la economía y  su estructura monopólica. Cabe destacar que parte notable del crecimiento de GAESA se debe a que ha absorbido, por decisión gubernamental, a otras empresas estatales. Este fue el caso, por ejemplo, de Habaguanex, corporación turística del Centro Histórico que garantizaba el financiamiento para la restauración de la ciudad, y que pasó a manos del conglomerado entre 2016 y 2017, luego de un escándalo de corrupción que involucraba a su directora.

La opacidad en la gestión del grupo, incluso después de aprobada una ley de transparencia, y la ausencia de rendición de cuentas ante las instituciones civiles, ha sido uno de los principales blancos de críticas. ¿Cuánto aporta GAESA al presupuesto estatal? ¿Paga impuestos? ¿Qué papel está asumiendo en el —tampoco conocido— Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía? Estas son algunas de las tantas preguntas que se hace la ciudadanía, y para las que no hay respuesta oficial.

A esta incertidumbre se sumaron las declaraciones a EFE en 2024 de la entonces Contralora General de la República, Gladys Bejerano, cuando dijo que la mencionada sociedad anónima no estaba bajo su supervisión y que contaba con «disciplina y organización superior» por sus décadas de experiencia empresarial, por tanto, la Contraloría concentraba «fuerzas» donde hacían falta «avances».

A varios días de publicado el reportaje en el Herald, las autoridades cubanas no han hecho alusión al tema, pero esto no ha evitado que en redes sociales y medios no estatales se haya desatado un debate sobre la responsabilidad que hoy tiene esa estructura en el sostenido decrecimiento económico del país.

La mayoría de la oposición da por ciertos los estados de cuenta publicados. No obstante, sin minimizar la importancia de discutir públicamente el rol de GAESA en la economía cubana, deben tenerse en cuenta matices y estándares a la hora de sacar conclusiones a partir de dichos documentos.

El economista Omar Everleny dijo para La Joven Cuba que, sin acceso a los documentos originales, es imposible confirmar la veracidad de las cifras. «Los economistas debemos ser serios cuando damos un criterio sobre algunas estadísticas, pero existen los llamados supuestos. Si yo supongo que la tabla presentada es válida —no tengo elementos para decir que sí lo es o no lo es, porque no he visto la tabla, pero vamos a basarnos en ese supuesto—, saco conclusiones, y si me equivoco, es porque el supuesto estaba mal».

A criterio de Everleny, incluso aceptando la autenticidad, las cifras son «bastante elevadas» para la situación económica cubana desde 2024. Detalla que la mezcla de valores en distintas monedas sin explicar los criterios de conversión, le resta seriedad al análisis:

«Esa tabla es bastante confusa porque hay escaques que están en moneda nacional, hay escaques que están en dólares y ya para sumar dólares y moneda nacional, primero habría que saber si esos dólares eran uno a uno o esos dólares se llevaron de moneda nacional a dólares. Pero en el caso de Cuba las estadísticas siempre son bastante difíciles. Yo puedo imaginarme que una parte de los salarios del personal que trabaja en GAESA, pudiera salir del presupuesto nacional que se da en moneda nacional. Pero no lo sé. Lo supongo porque el presupuesto del Estado incluye financiar una parte de defensa y orden interior. Pero hay muchos elementos que no son conocidos para dar una respuesta categórica».

Sin embargo, aunque Everleny reconoce que GAESA tiene un papel importante en el circuito de divisas, advierte que no participa en áreas como la producción de alimentos o la industria pesada, sectores donde la crisis es más visible.

Entre una opinión y otra, hay un punto común: la opacidad de GAESA y la dificultad de verificar sobre datos confirmados su aporte real a la economía. La falta de información pública limita cualquier análisis, dejando espacio a interpretaciones políticas o especulativas.

A partir del reportaje, el economista Pavel Vidal calcula que GAESA representa aproximadamente el 40 % de la economía cubana, diagnóstico que tiene puntos de contacto con el análisis de Pedro Monreal, quien enfatiza que la magnitud de GAESA no solo se mide en cifras, sino en su capacidad de influir en la asignación de recursos, sostener patrones de inversión cuestionables y operar bajo un esquema corporativo militarizado sin control civil. Pero Monreal apunta que desde la perspectiva del desarrollo «no es necesaria la existencia de un conglomerado militar monopolizando actividades de la economía civil».

La posición del economista Joel Ernesto Marill, según lo publicado en su perfil de Facebook, es mucho más escéptica: cuestiona la coherencia interna de las cifras y considera que su magnitud es inconsistente con los indicadores macroeconómicos y las cuentas nacionales. «Para cualquier economista ese debería ser el primer dato en causar una duda razonable», afirma.

La tesis de Marill para cuestionar la veracidad de los documentos se basa en que un número tan grande sería imposible de ocultar y separar de las cuentas nacionales. «Según el Miami Herald el Grupo de Administración Empresarial (GAE) sería la empresa/corporación número 536 por ingresos a nivel mundial […] justo por detrás de la multinacional NESTLE y por delante de la sueca H&M, la megacorporación de seguros MAPFRE, y la informática Adobe». Para el joven economista, las ventas netas en divisas que muestran esos documentos en 2023 supondrían el doble de las exportaciones del país en dicho año, más de 15 veces las importaciones del sector privado, y casi el 70% del PIB llevado a dólares.

Por su parte, el politólogo Arturo López Levy sostiene que el artículo del Herald no ofrece sorpresas y omite un elemento central: el contexto de las sanciones estadounidenses. Desde su punto de vista, ninguno de los datos aportados por la periodista Gámez, o los economistas Pável Vidal y Mauricio de Miranda (ambos citados en el reportaje) «demuestran la interpretación que estos hacen de que GAESA es “un estado dentro de un estado”».

«Todo el análisis del documento, más allá de su validez o no —opina López Levy—, se hace desde una estructura donde la guerra económica, ilegal, inmoral y contraproducente contra Cuba es aceptada con naturalidad. Conviene recordar que CIMEX, GAESA y otras empresas se crearon fundamentalmente en Cuba para buscar una inserción en el mundo que evadiera esas sanciones. Solo desde el silencio inmoral y ensordecedor sobre esa realidad se puede reclamar transparencia, en condiciones en las que se gastan millones precisamente para golpear cualquier transacción económica cubana, no importa cuán legítima, legal desde el derecho internacional o limpia sea. Desde esa lógica, sería esencial poner la lucha por el estado de derecho y una transición con mínima corrupción, por delante de cualquier otra consideración. Si la transparencia y la exposición de la corrupción, en un contexto de transición y apertura económica, es el primer objetivo, lo primero que habría que remover son las razones nacionalistas legítimas que justifican la opacidad».

En cambio, para Pável Vidal, según estimaciones publicadas en el Journal of International Development  las sanciones estadounidenses no afectan de forma homogénea a los diferentes sectores de la economía cubana y desde los años noventa, los datos muestran que el impacto ha recaído principalmente sobre el consumo de los hogares y el sector privado, mientras que el gasto del Gobierno y sus proyectos estratégicos muestran una mayor resistencia.

«Las sanciones no solo fracasan como instrumento de cambio político y democratización, sino que también tienen una efectividad financiera limitada sobre el aparato empresarial priorizado por las élites; al mismo tiempo que producen un efecto asimétrico que recae de forma desproporcionada sobre las familias y el sector privado». Su argumento es que el ciudadano común no tiene mecanismos para evadir sus efectos, y GAESA sí.

Sobre este argumento también se coloca el comunicador político Guennady Rodríguez, al afirmar que «si GAESA puede hacer esa cantidad de dinero bajo el Embargo ¿para qué quieren mantenerlo y pagar el precio político por ello?».

De transparencia y rigor investigativo

Más allá de las interpretaciones económicas y políticas, el debate sobre GAESA revela la urgencia de contar con estándares mínimos de transparencia para analizar a un actor con tanto peso en la economía cubana. Por ejemplo, advierte Everleny, es clave conocer qué porcentaje de las utilidades del conglomerado se transfiere al presupuesto nacional, un dato que hasta hoy no ha sido informado públicamente y que resulta esencial para medir su aporte real al financiamiento del Estado. La ausencia de esta y otras cifras verificables limita la posibilidad de llegar a conclusiones precisas, y favorece lecturas basadas en suposiciones o sesgos.

Pero la inexistencia de datos públicos no es excusa para sacar conclusiones a partir de información que no cumple con elementos mínimos de credibilidad. Desde el punto de vista periodístico, la cobertura del Herald presenta dos debilidades centrales si se evalúa con estándares internacionales de periodismo de investigación: primero, que los supuestos documentos no fueron puestos a disposición pública en ninguna base de datos que permita su examen independiente; y segundo, que el medio no ofreció explicación ni detalle alguno sobre el origen de esos archivos, la forma en que fueron obtenidos o las medidas aplicadas para verificar su autenticidad.

La trazabilidad de las fuentes —que, aun cuando se trate de documentos filtrados, exige que el medio describa, al menos en términos generales, los mecanismos de obtención o las precauciones tomadas para constatar su legitimidad —, la posibilidad de verificación externa de los documentos colocándolos en una base de datos de acceso abierto, y la transparencia sobre la metodología, son principios básicos para dar solidez a investigaciones de alto impacto y para reducir el margen de error o manipulación. Cuando estos elementos están ausentes o son débiles, incluso los datos más llamativos quedan bajo la duda, y el debate público pierde una oportunidad de avanzar hacia conclusiones más informadas y menos especulativas.

***

Del lado cubano, quedan otras deudas pendientes. En primer lugar, delimitar cuáles informaciones son sensibles ante la persecución económica de Estados Unidos, y cuáles deberían hacerse públicas para el ejercicio al derecho ciudadano a la información, referido en múltiples instrumentos jurídicos aprobados por el Parlamento, pero que siguen teniendo muy poca aplicabilidad práctica.

En segundo lugar, continúa pendiente un marco regulatorio para el resto de las empresas estatales que les permita trabajar en condiciones menos desventajosas. Una asimetría que es más visible en comparación con las reglas excepcionales que han hecho crecer a GAESA. Si el supuesto éxito del conglomerado se ha debido a que ha podido operar con más autonomía y menos burocratización, ¿por qué no extrapolar estas condiciones al resto de las empresas públicas para que dejen de ser «prebendas» solo de un sector?

Aceptar acríticamente filtraciones sin evidencias revisables o resignarse eternamente al secreto de Estado entorpece el escrutinio público sobre temas esenciales para la ciudadanía.