Nuevos datos de la ONEI ponen números a la crisis de la economía cubana

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La noticia es que la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) publicó un boletín con información actualizada de enero y febrero de este año en el que confirma la crisis en la que se encuentra Cuba, y de leerse los números cuidadosamente, que esa crisis continuará impactando severamente a la gran mayoría de los cubanos.

El informe permite tener información actualizada y comparable con el mismo periodo del año anterior, en un país en el que es frecuente la falta de datos para comprender la situación económica del momento.

Este reporte se concentra en el sector presupuestado, dígase aquel que vive solamente del presupuesto estatal, y de las empresas estatales. Por lo tanto, no tiene en cuenta el rol de las pequeñas y medianas, empresas privadas y de otros tipos de actores no estatales en la economía nacional, que cada vez tienen un peso más importante en la economía nacional.

Los datos confirman un leve crecimiento —entre un 4% y 8%— de la cantidad de las empresas estatales, las sociedades mercantiles, y las empresas extranjeras y mixtas con respecto a igual periodo en el año anterior.

Entre los datos más interesantes está el hecho de que por primera vez en mucho tiempo, las prioridades del uso de los fondos públicos para las inversiones han cambiado y ya no son el turismo y las acciones de construcción e infraestructura para esta industria, en franca decadencia.

El documento describe un cambio en la matriz de inversiones en el país, observándose un crecimiento de las inversiones en equipos y suministros relacionados con la industria electro-energética, uno de los problemas más urgentes y serios que enfrenta la economía nacional, con déficits de entre un 60 y un 70% de la demanda diaria durante el horario pico.

Según las cifras publicadas, los «suministros de agua, electricidad y gas» obtuvieron un 27.2% de las inversiones, posicionándose como el renglón más beneficiado, al cual le sigue el «transporte, almacenamiento y comunicaciones» con un 19.4%, y la «industria manufacturera excepto la azucarera» con un 17.2% de la inversión. La partida de «servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler» —en la cual habitualmente se ubica la construcción de grandes hoteles bajo contratos con otras empresas— obtuvo un 14.1% de la inversión, que si bien sigue siendo alto, es mucho menor que en otros períodos.

También llama la atención que el renglón de «agricultura, ganadería, caza y selvicultura» solo tuvo un 1.8% de la inversión en un momento en que la inseguridad alimentaria sobresale como uno de los principales problemas del país.

Este esquema dibujado, si bien es perfectible, se acerca a las recomendaciones que han hecho durante años varios economistas destacados en el país. Habrá que ver si esta tendencia a reubicar la inversión en sectores clave que hoy están colapsados —como el energético— se mantiene para el resto de 2025.

Durante varios años ha sido tema de debate cubierto por medios no estatales la sobreinversión desproporcionada en la construcción de hoteles, a pesar de que la industria turística no se ha recuperado desde la pandemia, con ocupaciones hoteleras que no sobrepasan el 30%. Por su parte, el gobierno ha mantenido el silencio, sin dar respuestas, a pesar de los cuestionamientos que se han hecho; algunos dirigentes se han limitado a decir que el tema «no siempre es comprendido por una parte de la población».

No obstante, que el Estado cubano priorice la infraestructura energética es una de las pocas noticias positivas que ofrece este boletín.

Si vamos a lo que cuenta según el impacto directo de la vida de las grandes mayorías, el dato más impactante es que el salario real, dígase lo que se puede comprar con lo ganado, disminuyó en valor un 4%, dejando sin efecto el incremento numérico de pesos que como promedio ganan los trabajadores de ambos sectores: presupuestado y estatal.

Según el reporte, el salario medio del sector empresarial se ubicó en los 6 631 pesos, lo que supone un crecimiento significativo con respecto al mismo mes del año pasado. Un incremento del 18% sería una buena noticia en casi cualquier contexto, pero en Cuba, donde se estima que la inflación interanual se sitúa en un  22% según las cifras oficiales, esto significa que ganar más pesos no significa que el trabajador pueda mejorar su calidad de vida material.

No creció en la misma proporción el salario medio del sector presupuestado, que se incrementó en un 9.8 por ciento. Como promedio, un trabajador del sector presupuestado gana 5 736 pesos al mes, que son 16 dólares según la tasa de cambio informal, en una economía en la que prácticamente ya no se venden alimentos a precios subsidiados y casi todo lo que se vende en tiendas privadas o estatales tiene una paridad con el dólar.

Por tanto, no sorprende que menos personas trabajen en el sector estatal, una realidad cada vez más visible en la vida práctica, donde la falta de personal afecta absolutamente todos los servicios, pero que ahora la ONEI confirma: en enero-febrero de 2025 hay 144 mil 861 trabajadores menos que en mismo período del año anterior, para una contracción del 7.8% de la fuerza laboral empleada en el Estado. El sector presupuestado perdió unos 68 mil 642 trabajadores, mientras el empresarial unos 76 mil 219.

¿Dónde están esos trabajadores? No hay cifras, pero la observación empírica indica que en formas de gestión no estatal, empleados en los hogares cuidando de otros, o emigrados. 

Por otro lado, si bien «mejoran» los indicadores del número de empresas con pérdida —que descendió de 371 a 333—, y el monto del dinero no ganado se contrajo en un 19%, siguen siendo cuantiosas las compañías que  son rescatadas de la quiebra por el presupuesto estatal. Cada empresa que no ingresa y no desaparece, sobrevive utilizando el ya inflado presupuesto estatal, lo cual añade un peso mayor a este, que intenta encontrar balance entre lo que se ingresa y lo que se gasta.

Sin embargo, el sabor de la buena noticia —parcial— no llega a la garganta, las utilidades del sector empresarial se contraen casi un 15%, lo cual significa que ingresan en concepto de utilidades sin impuestos, 7 millones de pesos menos.

Pero si vamos a observar una de las prioridades del gobierno, el incremento de la productividad y la creación de valor agregado para aumentar los ingresos en divisas y así recuperar las depauperadas arcas estatales, la ONEI vuelve a ser un mensajero con una mala noticia: el valor agregado que crea el sector estatal, así como la producción misma disminuyen, lo cual significa que, al menos este año, habrá que hacer magia para describir un crecimiento real. El valor agregado creado por el sector estatal en su conjunto se contrajo un 9.8% , en el segmento empresarial llegó al 12%,  lo que cada vez demuestra que el modelo actual por el que se gestiona la llamada «empresa estatal socialista» no es capaz de sacar músculo ante una montaña de desafíos.

Según opinó en Facebook, el economista Joel Ernesto Marill, cursante de estudios de posgrado en Londres: «la situación de la economía en su conjunto pareciera continuar complejizándose. Aunque se aprecian algunos aspectos positivos mayormente asociados al esfuerzo inversionista en el país, otros indicadores productivos y financieros continúan reflejando un escenario económico sumamente retador».

Esta noticia significa que la ONEI cumple su encargo social de ofrecer una imagen nítida y actualizada de la situación económica de un país que padece una crisis profunda y multifactorial, y también significa que muchos síntomas que pueden resultarnos aislados, están argumentados aquí con estadísticas que confirman la falta de personal, que el dinero cada vez alcanza para menos, y que la crisis económica no es «una impresión» sino un hecho estadísticamente fundamentado.

Según los cálculos del economista Omar Everleny, solo para la alimentación dos personas necesitaban 24 351 pesos, estaríamos hablando de más de cuatro salarios medios del sector presupuestado y más de tres salarios y medios del sector empresarial. Si a estos gastos se le añaden otras necesidades como aseo y cuidado personal, transporte, vestuario, internet y teléfono celular la cifra total asciende a 45 401, lo que serían casi siete salarios de empresas estatales, y casi ocho del sector presupuestado. Los números son claros: trabajar para el Estado, no da la cuenta.

El boletín de la ONEI no solo aporta evidencia del deterioro económico, sino que coincide con los propios diagnósticos que reconocen las autoridades en los espacios oficiales. El noticiero de la televisión cubana informó esta semana sobre una reunión encabezada por el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, para chequear «el programa de gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía», en la que se insistió en que «incrementar la producción nacional con énfasis en el sector agropecuario y garantizar la continuidad de programas sociales como el de la vivienda en medio de las limitaciones financieras y de recursos […] deben constituir prioridades en la gestión de los gobiernos locales».

Sin embargo, los datos oficiales ofrecidos en ese mismo espacio contrastan con las «intenciones»: al cierre de marzo, solo se habían concluido 1 344 viviendas, lo que representa apenas un 12% del plan anual. Entre las razones para este incumplimiento se señalaron «la falta de prioridad en la terminación de las células básicas habitacionales, dilaciones en los trámites de la vivienda y debilidades en el control por parte de las autoridades locales». Aunque se mencionaron avances en hogares de ancianos y casas de abuelos, se subrayó la necesidad de un mayor acompañamiento estatal.

Sobre las relaciones entre el sector estatal y privado el primer ministro afirmó: «tenemos que ocuparnos en todos los casos de la revisión de esa relación: ¿en qué consiste?, ¿qué es lo que se está contratando?, ¿qué es lo que se está pagando?, ¿qué tipo de servicio? Nosotros necesitamos el sector no estatal, pero eso tiene que ser reordenado».

El encuentro también abordó el control de los precios minoristas máximos, una política que se refuerza pese a su probada ineficacia para contener la inflación. Sobre este punto se habló del aceite, un producto básico en las cocinas cubanas, y según lo dicho en el espacio, aunque su precio está topado en 990 pesos, en varios territorios se vende hasta por 1500. «Si esconden el aceite, vamos a ir atrás a la casa almacén esa, y en ese caso no es multa, es decomiso», se sentenció. No obstante, la estrategia punitiva ignora las causas estructurales de la inflación y corre el riesgo de incentivar aún más el mercado informal, o en cambio, que se produzca un pico de escasez.

Estas declaraciones oficiales evidencian que, aunque se reconocen públicamente muchos de los problemas señalados por economistas e incluso por la ONEI, las soluciones siguen ancladas en medidas reactivas y de control, sin cambios estructurales profundos que reviertan el declive productivo.

Nuestra opinión es que el reconocimiento, estudio y seguimiento de un problema es la única manera de comenzar a comprenderlo para resolverlo. Que la ONEI publique estos datos de forma periódica es un paso fundamental y una condición sine qua non para poder entender la severidad de la situación.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué se hace con esos datos? ¿Presentará algún responsable político una explicación más detallada de esto y una estrategia clara de qué se hará para revertir dichos indicadores?

No bastan los discursos de esperanza y severidad juzgando culpables que ante la opinión pública parecen más chivos expiatorios, que verdaderos responsables. Estos problemas necesitan propuestas de soluciones y estas deben pasar por una transformación integral de las políticas económicas, empezando por la aprobación de una Ley de Empresas que revolucione el modelo que hoy provoca las «distorsiones».

La información es el recurso para hacer política que en el presente contexto debería poner a todos en el sentido de urgencia del momento que se vive, y del que emerjan consensos que no se diluyan con el «palante y patrás» o los discursos críticos de dirigentes gubernamentales hacia los «errores cometidos»,  como si quienes los cometieron militaran en otro partido, y sobre todo, sin una estrategia para que no se sigan cometiendo.

Agradecemos a los profesionales que ponen el frío y espeluznante dato de la realidad de un país que no tiene tiempos para más experimentos fallidos ni para obstáculos internos basados en la obsesión del control por encima el fomento. Tenemos demasiadas urgencias como para seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo. Una vez más las estadísticas corroboran lo elocuente. Lástima q no hagan alusión al ingreso real de jubilados y pensionados. Queda claro q la.compresion del ingreso de trabajadores y jubilados es una de las anclas utilizadas para la reducción del déficit fiscal. La crisis en cifras…ojalá se mantenga el suministro de datos para continuar con el análisis.

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