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Hoy se realiza en distintas ciudades de Estados Unidos la protesta No Kings 2 (No a los reyes), una movilización convocada por organizaciones de migrantes y grupos progresistas para rechazar las políticas autoritarias de Donald Trump y las medidas antiinmigrantes.
El excongresista cubanoamericano Joe García, en declaraciones exclusivas a La Joven Cuba, explicó que esta jornada es «básicamente una manera de formar resistencia o pedir a la administración que tome una postura diferente».
En su mensaje apuntó la crítica hacia la diáspora cubanoamericana, tradicionalmente alineado con posturas conservadoras. «Lo que más choca es ver a la comunidad cubana, que tanto clama por democracia y libertad, mantener un abrumador silencio ante estos atropellos de nuestros derechos constitucionales y civiles», aseveró.
Resulta muy evidente la contradicción de una diáspora que prosperó gracias a políticas migratorias favorables y hoy, en su mayoría, no se pronuncia ante los abusos que sufren otros. «Los cubanos hemos tenido la dicha de contar con una ley migratoria generosa que ha sido parte del éxito de nuestra comunidad». Un privilegio que no se traduce actualmente en solidaridad con quienes enfrentan persecución o deportación.
En Miami, epicentro de buena parte de la comunidad cubana, venezolana y nicaragüense, la marcha tiene un sentido particular. En esa ciudad, que durante décadas se presentó como tierra de libertad, hoy se multiplican las detenciones, deportaciones y redadas contra los mismos grupos que alguna vez encontraron amparo político.
Un símbolo de ese viraje es visible en Hialeah, «la ciudad más hispana del país», que firmó un acuerdo con ICE para colaborar en redadas migratorias. «Un cuerpo policial que es abrumadoramente latino, una comisión que es completamente latina y que se han prestado para esto», comentó García en otra entrevista reciente.
El excongresista ha sido particularmente crítico con el papel de los líderes cubanoamericanos en esta coyuntura. «No se puede ser leal a Donald Trump y al mismo tiempo defender a los inmigrantes», afirmó.
La protesta No Kings 2 busca justamente interpelar ese olvido. En un país donde el presidente enfrenta múltiples procesos judiciales, miles de personas salen a las calles para recordar que «la democracia se mantiene con lucha, no sentado en la casa», insistió el político demócrata.
Se espera una participación masiva, superior a los cinco millones de personas y miles de actos en todo el país, en lo que sus organizadores prevén como la mayor protesta de la historia moderna de Estados Unidos.
Pero el sentido de esta movilización va más allá de Trump y pone el foco en una sociedad que parece haber olvidado sus valores fundacionales, especialmente una parte significativa de los cubanoamericanos, sobre todo republicanos, que critica fuertemente la discriminación política del gobierno cubano a 90 millas, pero la reproduce a la primera oportunidad en que su partido tiene el poder.
Desde Miami, muchos de los que convocan a la resistencia y piden a los cubanos dentro de la Isla que salgan a defender la libertad, asisten impasibles a escenas de madres deportadas y separadas de sus hijos: resulta irónico que no pocos de quienes demandan democracia no la practiquen en el país que los acoge.
Reclaman libertad para Cuba, pero toleran abusos en su propio entorno y se arrogan el derecho de decidir, según su conveniencia política, quién puede quedarse y quién merece formar parte del cada vez más frágil sueño americano.

