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La noticia es que la población cubana decrece y el 2024 se convirtió en el peor registro de natalidad en más de seis décadas, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información, que publica reportes parciales de la situación de la sociedad y la economía.
A partir de la información de la Onei, se conoció que el pasado año se registraron 71,358 nacimientos, el menor número de nacimientos desde hace 65 años. Asimismo, la Isla tiene un 25.7 % de su población envejecida, lo cual junto a la baja natalidad y la imparable emigración contribuye a que en los últimos cuatro años la población cubana haya disminuido drásticamente también.
Aunque el Censo de población está en fase preparatoria y se planifica su ejecución para finales de este año, la Onei se ha adelantado haciendo algunas estimaciones en torno a los números de una crisis ya palpable que afecta a todos los sectores de la realidad cubana.
Solo en el 2024, partieron de Cuba 251, 221 personas, aunque el vicejefe de esa entidad, MsC. Juan Carlos Alfonso Fraga, afirmó que han emigrado menos que en los dos años anteriores, pero la cifra continúa siendo elevada.
El censo debe durar al menos dos meses y las autoridades han pedido la cooperación de la población para que se ejecute con la mayor calidad en un país que no ha sido sometido a un censo en más de una década.
Del tan llevado y traído 11 millones de personas, que es el estimado que ha tenido Cuba en los últimos años, Cuba cerró el 2024 con 9,748,007 habitantes, en uno de los innegables rostros de la crisis, la baja natalidad y la emigración.
Aunque las autoridades refieren que la población cubana siempre ha emigrado, y que desde la década del 70 no se logra el reemplazo poblacional, admiten que este alarmante decrecimiento es consecuencia de la crisis económica que vive el país.
Otro de los reportes de la Onei que da cuenta de la tragedia económica nacional es el deterioro del transporte público. En el primer trimestre del 2025, los ómnibus públicos transportaron un 23% menos de pasajeros en comparación con el mismo periodo del año anterior. Esto equivale a 13.7 millones de personas menos con acceso al servicio, lo cual tiene una repercusión marcada en la economía y en la vida de la población, pues cientos de miles dependen de estos medios para llegar a sus trabajos y demás actividades cotidianas.
En cuanto al servicio de taxis, también se observó una reducción, con 33.5 millones de pasajeros transportados frente a los 36.3 millones del primer trimestre del 2024. En contraste, los medios alternativos como bicitaxis, camiones, vehículos de tracción animal y taxis privados experimentaron un incremento del 9.7%, alcanzando los 95.9 millones de pasajeros en comparación con los 87.4 millones del año anterior.
Las cifras de la Onei ponen en papel una realidad que se ve en cada parada y en las dificultades para transportarse: en el primer trimestre del 2025, el total de personas transportadas en el país fue de 212.2 millones, lo que representa una caída del 4% con respecto a los 221 millones del mismo periodo en 2024. Esta disminución refleja las dificultades que enfrentan los ciudadanos para moverse de un lugar a otro, lo que lleva a muchos a limitar sus desplazamientos o a cambiar de trabajo para reducir tiempo y costos de traslado.
Además del deterioro en los servicios de transporte, las condiciones de la infraestructura vial también presentan desafíos significativos, debido al abandono durante décadas. Solo el 29% de las carreteras cubanas se encuentra en buen estado, y el mal estado de las vías ha sido identificado como una de las causas de accidentes de tránsito, representando el 8 % de los registrados solo hasta abril de este año.
El gobierno ha reconocido que la falta de mantenimiento en las calles y carreteras, además de la obsolescencia del parque automotor, con vehículos de entre 40 y 70 años de antigüedad en circulación, son factores que contribuyen a la accidentalidad en las vías.
El Centro Nacional de Vialidad ha priorizado la reparación de tramos clave, y se ejecutaron trabajos en la Autopista Nacional y la Carretera Central. Se destinaron 15,170 toneladas de hormigón asfáltico frío para reparar baches. Entre las prioridades para el próximo período está el Viaducto de La Farola, y los tramos que conectan provincias.
Mientras tanto, esta semana fue noticia también que un accidente ferroviario en Camagüey provocó el descarrilamiento de un tren de la ruta Holguín-La Habana, dejando heridos leves y afectando 80 metros de la vía férrea. También obligó a que los trenes que circulan por la zona reduzcan su velocidad a 15 km/h, alargando las ya agotadoras horas de esos viajes en tren de Occidente a Oriente.
Estas noticias significan que la policrisis que padece Cuba no se observa solamente en los precios de los alimentos o en los apagones, sino en otros indicadores como la pérdida de población, y con ella mucha fuerza laboral calificada, y el deterioro de servicios e infraestructura tan básicos como las calles sobre las que transitar.
Significa, además, que el estado de «economía de guerra» al que alude el gobierno es, en efecto, una realidad económica, pero no una práctica adoptada de manera coherente por las autoridades, que debería ser transversal a todo el funcionamiento del país. Viajes al exterior de larga duración por parte de amplias delegaciones, celebración de ferias y conferencias en una parte del país, mientras el resto tiene electricidad ocasionalmente, son solo algunos ejemplos de cómo no debería funcionar un país que se declara en «economía de guerra».
Nuestra opinión es que la Onei cumple su encargo social al publicar estas cifras actualizadas sobre áreas clave de la economía nacional, porque solo si se tiene una proporción numérica se puede abordar el problema desde su urgencia. Ofrece además acceso a información pública que permite tomar conciencia de la magnitud de la crisis y exigir coherencia a los funcionarios con el encargo social que asumen.
Los problemas que padecemos en la vida cotidiana tienen una expresión estadística que, en medio del complejo contexto nacional, constituye una verdad dura, pero inocultable, y al mismo tiempo un arma para gestionar soluciones. La gravedad del momento requiere voluntad política y medidas urgentes que estén a la altura de una sociedad que envejece y se empobrece. Ante esta realidad, el país no puede permitirse la inercia ni la retórica.

