Liborio y el majá: la juventud cubana y el auge del libertarianismo

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Una bandera de amarillo brillante; en su centro, una serpiente negra alzándose amenazante; debajo, un letrero anuncia una advertencia decidida: «Don’t tread on me», cuyo equivalente expresivo en español sería algo como «no pases sobre mí». Esta es la descripción de la muy conocida bandera de Gadsden, originada durante la revolución de las Trece Colonias americanas ―un lector cinéfilo podría recordar verla en la película El Patriota, de Mel Gibson―, y que, a día de hoy, se ha convertido en un símbolo común en la identidad de los movimientos que promulgan el libertarianismo.

De un tiempo acá es fácil toparse con esta bandera en redes sociales, un fenómeno que, en los años recientes, tomó especial fuerza en Latinoamérica ―especialmente en sectores jóvenes― y acabó llegando a Cuba en la medida en que aumentaba el acceso a internet. No sería apresurado decir que el libertarianismo está de moda: el primer presidente autoproclamado libertario, Javier Milei, fue electo recientemente en Argentina, y los partidos libertarios han tomado fuerza, no solo en el llamado nuevo continente, sino en Europa también. Con un público mayormente joven, el movimiento se ha convertido en un factor importante a tener en consideración al abordar escenarios electorales y políticos.

Sin embargo, a pesar de su creciente popularidad, existen numerosas confusiones alrededor del libertarianismo; desde sus fundamentos filosóficos hasta sus posicionamientos centrales y propuestas. Del mismo modo, se suele englobar con demasiada facilidad al movimiento libertario bajo un único paraguas de discurso ―por ejemplo, al equiparar los términos de «libertarianismo» y «anarcocapitalismo»―, cuando, por el contrario, no se trata de un único movimiento monolítico, sino de una miríada de tendencias que, como mínimo, se diferencian notablemente, si es que no son esencialmente incompatibles entre sí.

Es por esto que, para abordar con rigor la cuestión de la creciente popularidad del libertarianismo en Cuba, se hace necesario acercarse primero a la idea en sí. ¿Qué significa? ¿Cómo surgió? ¿Cuáles son sus variantes? ¿Por qué resultan tan atractivas sus propuestas entre los jóvenes?

Los orígenes y formas de la «libertad»

El término «libertario» para denominar a estos movimientos anti-estatistas y a favor del laissez faire económico es controvertido. Durante mucho tiempo, la palabra «libertario» se ha utilizado para hacer referencia al anarquismo de corte socialista, así como a corrientes marxistas anti-autoritarias, que también han sido agrupadas bajo el signo de «marxismo libertario». No obstante, a pesar de las objeciones de autores pertenecientes a estas corrientes, en el discurso popular se ha asentado que el término «libertario», usado sin apellidos, hace referencia a las tendencias individualistas de libre mercado.

Si bien se ha utilizado la voz española «libertarismo» para agrupar formalmente estas tendencias, prevalece el uso informal de «libertarianismo», como una adaptación del inglés libertarianism, producto de la influencia de autores estadounidenses como Rothbard y Rockwell en la formación del movimiento. De este modo, en el presente artículo, cuando se hable de «libertario» o «libertarianismo» se hará referencia a esta tendencia, y no a las corrientes de izquierda que también reivindican el término.

Los orígenes del pensamiento libertario se remontan a los comienzos de la Ilustración y el nacimiento del liberalismo como corriente filosófica. Los liberales, que dieron nacimiento a las grandes revoluciones republicanas y la democracia liberal moderna, defendían frente al Antiguo Régimen la libertad y el valor del individuo frente al Estado, y la necesidad de que este último se subordinara a los intereses de los primeros, y no a la inversa. Estas ideas liberales, al entrar en contacto con las teorías económicas, generaron corrientes de pensamiento que consideraban a la iniciativa privada como el motor de la producción de riqueza, junto con la consecuente exigencia de la menor intervención posible del Estado en la vida económica de la sociedad. Tal es el caso de Adam Smith, autor de La riqueza de las naciones y proponente de la idea de «la mano invisible» que permite la autorregulación del mercado.

Los orígenes del pensamiento libertario se remontan a los comienzos de la Ilustración y el nacimiento del liberalismo como corriente filosófica.

Fue una cuestión de impuestos la que desató el conocido «Motín del Té» de Boston, considerado como el principal antecedente de la revolución estadounidense por parte de liberales que esgrimían el lema «no taxation without representation». Este espíritu de respeto al interés y la riqueza personal es el que explica el lugar central que se le dio a la propiedad privada y la libertad económica en la posterior república norteamericana, y describe muy bien las concepciones de lo que posteriormente se denominaría como liberalismo clásico.

No obstante, no sería sino hasta el siglo XX que tomaría fuerza el libertarianismo tal y como se comprende en la actualidad, con autores como el anarcopacifista Robert LeFevre. La dualidad de post-guerra entre el mundo comunista y el orden liberal occidental le dio fuerza a una nueva generación de economistas del libre mercado, quienes encontraron una inspiración en las ideas de la Escuela Austríaca de Economía, consolidada a principios de siglo y cuyos exponentes más notables fueron Ludwig von Mises y Friedrich Hayek.

Esta escuela de pensamiento económico criticó fuertemente las teorías propuestas por John Meynard Keynes en respuesta a la Gran Depresión, con énfasis especial en las consecuencias del intervencionismo estatal en la estimulación económica, proponiendo en su lugar una serie de relaciones desreguladas centradas en la iniciativa privada y los incentivos.

Una de las ideas centrales de la Escuela Austriaca, y que es de especial importancia para entender las posturas libertarias, es la teoría del valor subjetivo. Se sustenta sobre la idea de que ―en oposición a la teoría marxista del valor-trabajo― el valor de algo no está dado por sus propiedades intrínsecas, ni por el trabajo empleado para producirlo, sino que está en relación directa con la importancia que un individuo concreto le da para la satisfacción de sus necesidades, expectativas o deseos.

Una de las ideas centrales de la Escuela Austriaca, y que es de especial importancia para entender las posturas libertarias, es la teoría del valor subjetivo.

Es sobre esta base que posteriormente la escuela austríaca en general, y en particular Ludwig von Mises, con la publicación de su tratado La acción humana (1949), comenzaría a concebir la economía como una ciencia de la subjetividad, con énfasis en las decisiones y el individualismo metodológico, en lo que se ha denominado como «praxeología». Para estos autores, dicha metodología, aplicada a un entorno de libre mercado, conduce a la «catalaxia», que se podría definir como la forma en la que dicho entorno de laissez faire genera espontáneamente un orden a partir del ajuste recíproco y emergente de las diferentes economías individuales en interacción, así como del interés de los participantes. Dicho de otra forma: la regulación espontánea y natural del libre mercado.

Esta escuela de pensamiento económico constituyó además un antecedente de la ola neoliberal de los 70, con la influencia de Milton Friedman y la Escuela de Chicago ―con gran impacto en los gobiernos neoliberales de la época―, así como los aportes de Murray Rothbard, ideólogo principal de la vertiente más políticamente radical de estas tendencias.

Este último, Rothbard, sería el teórico fundamental del anarcocapitalismo como movimiento ideológico, diferenciado de las otras corrientes por un rechazo radical y absoluto del Estado, en tanto monopolio de la violencia, y la defensa de su desmantelamiento y posterior sustitución por la espontánea regulación de la vida social emergida del mercado, abarcando todas las esferas de la vida humana y concibiéndolas como un entramado de relaciones de propiedad e intercambio. Incluso el propio cuerpo aparece aquí como propiedad privada del individuo, y, por lo tanto, se sustenta así la libertad de hacer con él lo que se quiera. 

Como auto-regulación de esto, en el aspecto ético-jurídico se presentó el Principio de no agresión (NAP, por sus siglas en inglés), que sostiene la libertad de los individuos a hacer lo que deseen siempre y cuando esto no atente, en acto o amenaza, contra otros individuos o su propiedad. La violencia aparece entonces como legítima sólo en caso defensivo y de forma proporcional, aunque en el futuro aparecerían interpretaciones particularmente propensas a identificar las amenazas de manera arbitraria en un sentido crecientemente iusnaturalista y prescriptivo, como se verá con Hoppe más adelante.

sostiene la libertad de los individuos a hacer lo que deseen siempre y cuando esto no atente, en acto o amenaza, contra otros individuos o su propiedad.

Sería Rothbard quien junto con el teórico Lew Rockwell desarrollaría la corriente paleolibertaria, que defendía valores tradicionales y proponía una estrategia populista de derecha, en contraposición a la evolución del movimiento libertario estadounidense, que comenzaba a pactar y adoptar tendencias del momento, como el neoconservadurismo en unos, y ciertas posturas socialmente progresistas en otros. Esta asociación entre Rothbard y Rockwell daría forma al Instituto Mises, el think tank más influyente de la esfera libertaria en la actualidad.

Hans-Herman Hoppe, discípulo de Rothbard, profundizó aún más en la corriente conservadora, llegando a proponer la monarquía como alternativa a la república democrática en pos de preservar la libertad individual, a la par que defiende la «remoción física» de aquellos que perturben el orden libertario y natural de las cosas. En palabras de Hoppe: «un orden social libertario no puede tolerar ni a los demócratas ni a los comunistas. Será necesarios apartarlos físicamente (…) y expulsarlos de la sociedad. Del mismo modo, en un pacto instituido con la finalidad de proteger a la familia, no puede tolerarse a quienes promueven formas de vida alternativas.»[1] Cabe aclarar que dentro de los estilos de vida alternativas están incluidas la «homosexualidad» y el «culto al medio ambiente; cosas del anarco-monarquismo hoppeano.

Sin embargo, es justo aclarar que el movimiento libertario se ha diversificado desde finales del siglo pasado a la actualidad, y diversas corrientes se encuentran enfrentadas entre sí en temas centrales. En cuanto al Estado, las tendencias minarquistas apoyan su reducción al mínimo necesario mientras que los anarcocapitalistas abogan por su desaparición total.

Es justo aclarar que el movimiento libertario se ha diversificado desde finales del siglo pasado a la actualidad, y diversas corrientes se encuentran enfrentadas entre sí en temas centrales.

Es esta última consideración del Estado como esencialmente perverso la que llevó a Rothbard y otros teóricos libertarios a tomar posturas radicalmente críticas con el sionismo israelí y sus acciones en Palestina, cuyas expresiones se pueden encontrar en la compilación de ensayos Nazionismo: libertarios contra Israel, de 2021. Aquí precisamente reside una nueva diferencia, pues el apoyo incondicional a Israel es característico de otras facciones libertarias, como ha mostrado la vocación sionista de Javier Milei.

En temas sociales, frente a las vertientes conservadoras hay libertarios con tendencias progresistas y se les puede ver defendiendo los derechos sexuales o el aborto con la misma vehemencia que admiten como natural que una persona incapaz de pagar su atención médica muera por su enfermedad.

Por último, si bien se ha creado la imagen de que todos los libertarios tienden a ser afines a Estados Unidos y su concepción de «libertad» y «propiedad», teóricos como el propio Hoppe se han referido al gobierno estadounidense y sus aliados como «imperialistas» y «criminales». De hecho, fue un joven hacker autodefinido como «libertario de mercado», quien puso en jaque al stablishment de la inteligencia estadounidense con las mayores y más impactantes filtraciones de información clasificada en lo que va de siglo. Me refiero, por supuesto, a Julian Assange, por cuya liberación hicieron campaña numerosos partidos y movimientos libertarios alrededor del mundo.

La serpiente y el caimán

No hay rastros conocidos de movimientos libertarios en Cuba previos al nuevo siglo. Mientras se consolidaban el libertarianismo y el movimiento anarcocapitalista en Estados Unidos, y comenzaban a extenderse por el «mundo libre», aquí estábamos en pleno proceso de consolidación revolucionaria de los años 60 y 70, con un notable aislamiento informativo sobre estas nuevas tendencias.

Sin embargo, a partir del siglo XXI, con la creciente comunicación y la gradual llegada de internet, estas corrientes se fueron dando a conocer, y llevó a la formación de núcleos libertarios discretos, como el Club Anarcocapitalista de Cuba. Este proceso desembocó en la fundación del Partido Libertario Cubano «José Martí»[2] en el año 2017, una organización que busca promover las ideas libertarias en la Isla y se ha asociado con movimientos afines en la región. Para sorpresa de nadie, la organización carece de estatus legal, pues la legislación vigente no contempla la formación de ese tipo de asociaciones, y han sido sujetos a citaciones y detenciones por parte de los cuerpos de seguridad estatales.

A pesar de lo anterior, este partido no tiene mucha atención mediática, y es incluso desconocido entre algunos jóvenes libertarios cubanos. Es por esto que podríamos afirmar que el auge libertario en Cuba no parece girar en torno a la formalización, sino todo lo contrario: la mayoría de los libertarios cubanos son jóvenes que han tomado estas ideas de manera independiente, y se comunican principalmente a través de internet. Esto hace que, en no pocas ocasiones, el acercamiento de muchos de ellos a las ideas libertarias no haya empezado desde el conocimiento de las teorías, sino a través de influencers y personajes virales, principalmente de Latinoamérica o España, para luego adentrarse —o no— en las bases teóricas.

La mayoría de los libertarios cubanos son jóvenes que han tomado estas ideas de manera independiente, y se comunican principalmente a través de internet.

Los motivos para este boom libertario juvenil en Cuba no son difíciles de imaginar. Existe un hastío generacional que incide de forma especial en una juventud desmotivada y pesimista sobre el futuro, que crece en un contexto ideológicamente cargado con propaganda ―por demás, poco efectiva― en los medios estatales y centros educativos. La asociación automática de significantes como «izquierda», «marxismo», «comunismo» y «socialismo» a la dura realidad del país, ha provocado que las ideas libertarias o anarcocapitalistas, promovidas por un creciente número de influencers llamativos y políticamente incorrectos, se hagan atractivas como contra-discurso; alimentando así la tendencia rebelde y ávida de novedad en muchos jóvenes necesitados de un horizonte de sentido para explicar y transformar su realidad circundante, y que tampoco se encuentra comúnmente en las organizaciones juveniles legalmente reconocidas en la Isla.

La explosión libertaria es, por tanto, una consecuencia esperable de un contexto de crisis sostenido, acompañado de una retórica oficial arcaica contra la que muchos padres desencantados «vacunaron» a sus hijos desde la cuna. Esto, combinado con el retroceso internacional de la izquierda y el rechazo mainstream a lo «woke», genera el contexto cultural perfecto para la proliferación de estas ideas que, guste o no, llegaron para quedarse. Teniendo esto en cuenta, no se antoja casual que el primer presidente abiertamente libertario en la historia, Javier Milei, haya llegado al poder en un contexto de deslegitimación discursiva como la crisis argentina, tras una debacle económica sostenida en el tiempo y bajo ambas alas del «stablishment» político: el macrismo y el kirchnerismo.

Entonces, ¿qué hacer?

La sociedad cubana es cada vez más diversa políticamente. Aunque esta diversidad aún no es reconocida por el discurso hegemónico ―de un lado y otro― en toda su amplitud, la existencia de corrientes políticas divergentes y rupturistas en la ciudadanía se hace más evidente en el debate público, al interior de las instituciones y en el ágora virtual. El esquema preconcebido de la realidad política cubana como una dicotomía gobierno-oposición no hace ningún honor a la complejidad real que posee la variedad de grupos e ideas que se pueden encontrar al interior de ambos polos.

Se puede estar en desacuerdo con los libertarios en general por diferencias de base, o con alguna corriente en particular por discrepancia de matices, pero concebir la mera existencia de individuos afines a sus ideas como una amenaza contra la sociedad en su conjunto es cuando menos peligroso, y podría recordar con graciosa ironía la sugerencia hoppeana de remover físicamente lo alternativo.

La realidad es que existen, y como humanos, los libertarios deben tener la libertad que el propio J. Martí definiría como el derecho de «pensar y hablar sin hipocresía». La disyuntiva está en si se tiene la disposición para reconocer esta existencia, o si por el contrario es preferible continuar fingiendo que todos «los buenos» pensamos igual o parecido, o lo que sería peor, que solo los que piensan parecido a nosotros son «los buenos».

No obstante, hay motivos para la precaución. Por una parte, una cosa son los libertarios en las ideas, y otra muy diferente lo que pueden llegar a ser en la práctica. El caso de Milei ―a quien, curiosamente, muchos libertarios rechazan como tal― es un ejemplo de cómo algunos movimientos utilizan el discurso de la libertad a la par que, mientras enaltecen unas libertades, principalmente económicas, arrojan conveniente al olvido ciertas libertades civiles como el derecho a huelga y la protesta social.

Es importante tener en cuenta que el libertarianismo posee una concepción de la libertad eminentemente individualista, y en virtud de ella rechazan a menudo soluciones colectivas a los problemas sociales. El anarcocapitalismo, como epítome de esta idea llevada hasta sus últimas consecuencias, se posiciona directamente contra el Estado, mientras que las vertientes no ácratas lo rechazan como garante de todo derecho que no sea el de la propiedad, a la par que se oponen a la utilización del dinero público para el «estado de bienestar» o causas sociales consideradas por estos grupos como una afrenta colectivista contra ese derecho.

Es importante tener en cuenta que el libertarianismo posee una concepción de la libertad eminentemente individualista, y en virtud de ella rechazan a menudo soluciones colectivas a los problemas sociales.

Por otro lado, no todos los movimientos libertarios están libres de compromisos. Organizaciones como la Red Atlas han auspiciado movimientos y think tanks de corte liberal, y propiciado la formación de líderes afines alrededor del mundo. El carácter internacional de estas organizaciones les ha permitido promover determinadas agendas a base de financiación y compromisos estratégicos, convirtiéndose en un actor discreto pero influyente en los asuntos internos de varias naciones. Si bien esto no implica que todo movimiento libertario responde a dicha agenda ―lo que entraría en el campo de la paranoia conspirativa―, es un elemento a tener en cuenta a la hora de abordar el fenómeno del auge del libertarianismo en Cuba y el mundo.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, la prohibición no es en ningún caso el camino correcto. Si se aborda con pensamiento crítico, es posible entrar en diálogo con el libertarianismo como fuerza política marcando los puntos en los que es posible conversar, y cuáles asuntos no son negociables. Lo que no sólo es posible, sino necesario, teniendo en cuenta que estas ideas ya están instauradas en el dêmos.

Asimismo, mientras mayor libertad haya para que surjan otras organizaciones políticas como espacio para la expresión de la innegable diversidad de ideologías y posturas existentes, y menos dogmatismo y obediencia en las actualmente reconocidas, mayores posibilidades existirán de que jóvenes y no tan jóvenes tengan referentes y espacios de militancia alternativos a «lo libertario», y que puedan disputar el espacio público, mediático y político con nuevas soluciones colectivas, surgidas y discutidas desde abajo, y no como repetición mimética del discurso oficial.

El disenso no es una debilidad, sino una oportunidad para evolucionar colectivamente, e incluso robustecer las ideas propias al someterlas a nuevos cuestionamientos.

Dicho de otro modo y para concretar la fábula: si realmente se busca construir un diálogo y la temática es qué pasará con el monte, aunque a muchos no les agrade, el majá va a estar presente en la reunión.


[1] Hans-Herman Hoppe, Democracy: The Gof that Failed (New Brunswick, N.J.: Transaction Publishers 2001), p.216-217

[2] Es interesante comentar que, aunque Martí era ciertamente liberal, sus ideas económicas parecen haber sido más cercanas al pensamiento georgista.

7 COMENTARIOS

  1. Independientemente de como cada uno llega a la idea o a la conclusión de que los estados han crecido de forma descontrolada y que.., a cierta edad uno ya no quiere ser hormiga o manada., y sea esta conclusión por el simple hecho de la diversidad cierta que uno observa en las sociedades., o el respeto inicial al individuo por sobre – otros individuos que estando en la cima hacen prácticamente lo que quieren sin mayores controles – bajo el discurso «nosotros los buenos, los empresarios los malos»., y uno termina comprendiendo que todo exceso de poder es malo sea estatal o sea privado.., etc. etc. etc. Y aceptando incluso uno, el hecho quizás de estar errado.

    Si creo en:
    «El disenso no es una debilidad, sino una oportunidad para evolucionar colectivamente, e incluso robustecer las ideas propias al someterlas a nuevos cuestionamientos.»

    ….

    En lo particular, la Republica de Cuba, ha de sacudir ese pensamiento de ser puño para reemplazarlo por el pensamiento de ser mano. Una mano abierta.

    Una piedra es duradera, eterna si se quiere.., pero no evoluciona, no se transforma, no tiene vida, puede aguantar mucho, pero no deja de ser una piedra. La humanidad es otra cosa.., personas vivas, con sueños, miedos, esperanzas, aventuras, fracasos, dolores y alegrías. Débiles, frágiles.., pero muy superior a cualquier piedra.

    s2

  2. Mover al sacrosanto Partido Comunista UNICO y plenipotenciario es la tarea más urgente, dejar de aceptar el monologo y la sordera crónica de sus máximas autoridades “eclesiásticas partidistas” la razón de ser, lograr que el arcoíris ideológico visible en la sociedad actual de “Cubanos TODOS” logren conformar el futuro ha de ser la intensión inaplazable, en esa nueva Cuba realmente “De Todos y por el bien de Todos” como José Martí añoro que cada día es menos visible,
    Salir del Totalitarismo que ha impuesto fracaso económico y marcado atraso social para Cuba y su sociedad profusamente resquebrajada, esa cada día más desesperanzadora patria para los jóvenes y los no tan jóvenes que vemos partir, es la única forma a futuro si queremos seguir disfrutando de soberanía e independencia como nación, la proclamada “unidad” que el PCC reclama para sí como único sostenedor de la Soberanía y la Independencia es la más costosa solución social a un fracaso que perdura.

  3. Interesante tema el que traes a discusión Marcos. Por cierto, coincido básicamente con tus conclusiones: la prohibición no es solución. Es necesario aceptar la diversificación de pensamiento en la sociedad cubana, particularmente, pero para nada exclusivamente, entre los jóvenes. De modo que se impone generar espacios de diálogo dónde todos aprendan, y dónde además se decanten e incorporen ideas, según el caso. Como bien tu apuntas, esto aplica más allá del libertarianismo y los beneficios de este intercambio pueden ser notables, a juzgar por la clara depauperación y estancamiento del modelo socioeconómico cubano actual. Hay que dejar que las ideas fluyan, pero por sobre todo debe prevalecer el debate Crítico (la mayúscula intencional), pues no todo lo nuevo es bueno, ni todo lo que es nuevo para nosotros lo es necesariamente para los demás. Somos, en muchos sentidos, y el proceder del gobierno actual lo acentúa, una sociedad occidental de periferia, dónde las cosas, incluyendo las ideas, llegan con retardo, latencia y distorsión. Pero no podemos estar toda la vida detrás del palo.

    Es por eso que debe ser un debate informado y contextualizado, pues, del mismo modo en que ha sucedido con las lamentables e infames (diría yo) derivas neoliberales del gobierno cubano actual, en una época dónde ya las personas bien informadas sabían en que acabaría todo eso, podríamos estar propiciando otro pacto con el demonio, aún cuando ya hay evidencia de las consecuencias de tal modo de proceder. En este sentido, creo que un futuro debate podría ayudar a esclarecer e intercambiar sobre puntos que son imprescindibles para la comprensión de esta y otras temáticas.

    Por ejemplo, una de las cosas que me llama la atención de tu artículo, y algo que justifica en mi criterio la necesidad del debate por el que abogas, es el énfasis en la idea del anarco-capitalismo cómo forma más extendida de uso del término libertarianismo en la actualidad. Creo, en mi humilde opinión, que esta premisa es algo problemática. No sólo opino, al igual que tú, que las izquierdas también reivindican el término, sino además que su empleo e interpretación mayoritaria sigue siendo el de izquierdas. Ciertamente, la idea del anarco-capitalismo ha usurpado de cierto modo, sobretodo en las últimas décadas, el uso tradicional de la idea libertaria en los Estados Unidos, asociada históricamente, de modo abrumador y copioso, con la idea del socialismo y las luchas obreras, incluso en dicho país. Opino que si se hace un recuento histórico de esta corriente de pensamiento, es imperativo referirse a ello.

    De hecho, Rothbard extrae gran influencia de pensadores como Lysander Spooner y Benjamin R. Tucker, pensadores de línea igualitaria, el último de ellos se veía a si mismo como un socialista. Estos pensadores, pertenecientes a lo que se conoce como anarquismo individualista, en contraposición al anarquismo social, son considerados sin embargo como elementos importante de la tradición progresista norteamericana. Rothard rechaza la noción clásica del valor-trabajo e incorpora la noción subjetiva de las escuelas austriacas y neoclásicas y establece su idea capitalista del anarquismo. Pero, como bien tu indicas, existen críticas, muy numerosas agregaría yo, dentro de la comunidad libertaria a la idea y calidad práctica del libertarianismo de derechas (visto en la variante de Rothbard). Luminarias del pensamiento progresista norteamericano de corte libertario como Noam Chomsky o el recientemente fallecido David Graeber, por citar de los más conocidos, son de las voces más autorizadas en el particular. El hecho es que ni siquiera en los Estados Unidos se asocia el término de libertarianismo exclusivamente, o ni siquiera mayoritariamente, con la idea de Rothhard. Por ejemplo, una encuesta de Pew Research del 2014, idetificaba que el 11 % de la población norteamericana conocía el significado del término y se autoidentificaba como libertaria. Sin embargo, el mismo estudio reconoce que muy pocos presentaban consistentemente ideas libertarias en torno al rol del estado, temas sociales o política exterior.

    Sin embargo, es el anarco-capitalismo la tendencia que, por motivos políticos, más tiempo al micrófono ha tenido, narrativa que además ha sido promovida desde los centros de poder mediático. Esto explica su relativa influencia en los Estados Unidos. El hecho de que nuestros nuevos aficionados locales en la isla se inclinen por la interpretación anarco-capitalista puede tener menos que ver con el hecho de ser esta la interpretación dominante de libertarianismo y mucho más con la gran influencia de estos centros de poder mediático (los cuales siempre nos conminan, sobretodo a los latinoamericanos, a irnos con «la de trapo», y siempre nos vamos…). Sin embargo, nada de esto implica que sea mayoritario; estableciendo una analogía: la mayor parte del público norteamericano desea un sistema de salud universal, pero esto ni siquiera lo mencionan los grandes medios o las formaciones políticas dominantes. De modo que el tema no existe para muchos de nosotros. Ya no digamos el uso del término libertarianismo fuera de los Estados Unidos, dónde se le sigue asociando, si bien no de modo universal, a su tradición histórica socialista y anarcosindicalista. A propósito, existe una profunda y sólida tradición anarcosindicalista en Latinoamérica, particularmente en Argentina. De modo que a Milei se le podría ver como una aberración, y es cuestionable, como incluso le imputan algunos de sus camaradas ideológicos, que se le pueda considerar libertario, incluso de derechas.

    Comentaba que creo imperativo referirse a todo esto, en particular al inalienable legado de izquierdas del libertarianismo, pues esto nos da no sólo una mejor idea más clara de la verdadera de naturaleza de este movimiento, en el pasado y en la actualidad, sino además de hasta que punto la percepción de nuestros entusiastas juveniles, o no tanto, corresponde a esta naturaleza o a una distorsión de la misma. Por ejemplo, el argumento de que que «el libertarianismo posee una concepción de la libertad eminentemente individualista, y en virtud de ella rechazan a menudo soluciones colectivas a los problemas sociales» es válida de acuerdo a la premisa que estableces al asociar libertarianismo con anarco-capitalismo. Pero 1) la solidez del argumento es cuestionable, desde mi punto de vista, pues la premisa no es necesariamente verdadera y 2) si consideramos que la mayor parte de la tradición libertaria, hasta el presente, se identifica con sus raices históricas socialistas, entonces la idea de que la concepción de libertad del libertarianismo es einentemente individualista no aplica. De hecho, existe una larga tradición, intelectual y práctica, de la noción comunitaria dentro del libertarianismo. El hecho de que el anarco-capitalismo se apoye en la concepción de la libertad negativa no significa que la mayor parte del movimiento libertario haga lo mismo. De hecho, es todo lo contrario.

    Por último, la noción de que no hay «rastros conocidos de movimientos libertarios en Cuba previos al nuevo siglo» choca con la evidencia histórica. Es posible que este haya sido el caso durante los 1960s y 1970s, el período de auge de desarrollo del anarco-capitalismo en Estados Unidos, (al igual que el auge de las nuevas izquierdas, muchas de ellas de génesis libertaria también), pero hay indicios serios en el pasado. Por ejemplo, un importante movimiento anarquista se desarrolló desde mediados del siglo XIX en el seno de la industria tabacalera cubana, en Cuba y en Tampa y Cayo Hueso. Las influencias de Proudhon tuvieron muchos aficionados locales. Salvador Cisneros Betancourt y Vicente García, por ejemplo, eran muy cercanos a estas ideas. De hecho, en 1857, se estableció la primera sociedad mutualista proudhoniana, y en 1865 se funda el semanario «La Aurora», dónde todas estas ideas se promovieron. En el mismo período hay la primera amenaza de huelga. Es en este diario dónde por primera vez se habla en Cuba de la idea de formar sociedades cooperativas.

    A los largo de las décadas subsiguientes hubo una verdadera profusión de organizaciones y periódicos de corte anarco-sindicalista, así como importantes pensadores y activistas. Uno de ellos es Enrique Roig San Martín, que fundó la publicación El Productor en 1887, la cual se convirtió en lectura obligada dentro del sector obrero cubano, particularmente el tabacalero residente en ambas orillas y dónde nombres como el de Carlos Baliño se encontraban entre su nómina de escritores. Otros nombres no menos importantes son los emigrados Enrique Messonier Manuel Fuentes y el mártir mambí Enrique Creci, y un tanto más tarde Alfredo López. Toda estos movimientos se intensificaron y complejizaron al pasar del tiempo. En 1887 se efectuó el primer congreso obrero No es raro que en Cuba haya existido un dominio anarquista en el movimiento obrero cubano hasta la década del 1930s, cuando el asesinato de Alfredo López por parte de la policía machadista creó un vacio de poder ocupado por los comunistas. La lista es larga y gloriosa, pero el punto es que el libertarianismo tiene serias raices en Cuba. En 1961, dadas las contradicciones con el gobierno de Fidel Castro, se cerraron las últimas publicaciones, yendo a parar muchos de sus integrantes al exilio. Pero los ecos de esta tradición socialista libertaria en el presente no han desaparecido, para nada.

    Como bien mencionas Adrián, se trata de un movimiento complejo y de muchas aristas, y es bueno que hayas llamado la atención sobre él. Ojalá que futuros debates sobre el mismo sean posibles. Sería un buen modo de informar y de aprender.

    • Saludos, Andrés. Agradezco mucho que en su comentario aportara algo de contexto para futuros lectores sobre los movimientos libertarios de izquierda, que después de todo fueron los primeros en utilizar esas denominaciones. Conozco bien a Chomsky y Graeber, así como el papel del anarco-sindicalismo en el movimiento obrero. De igual modo, conocía también la presencia en Cuba del pensamiento socialista libertario en el pasado y también en el presente; tengo el placer de contar con varios de esos libertarios entre mis amigos más cercanos.

      Pienso que la confusión se originó en el párrafo de definición, cuando aclaré que a partir de ese punto, en el resto del artículo, cuando se dijera “libertario” o “libertarianismo” se estaría haciendo referencia específicamente a la vertiente individualista de libre mercado, que ―y esto es importante resaltarlo― no se reduce al anarco-capitalismo. Esa aclaración la hice porque sabía que los “otros libertarios” que leyeran tendrían mucho que objetar al respecto si comenzaba usando la palabra sin contextualizarla como un término común en unos y otros. Decidí, no obstante, presentarlo de esa manera por una cuestión de economía de palabras, y tener un término único que utilizar para hacer referencia la vertiente arriba mencionada en sentido general, puesto que, en su diversidad, sus seguidores tienen ciertas características en común con independencia de si son anarco-capitalistas, minarquistas, et. al.

      En cierto sentido, es por ese motivo que preferí usar “libertarianismo” en lugar de “libertarismo”, que es como está recogido, ya que en el discurso pop ―que no incluye exclusivamente a académicos o a los que se autodefinen como libertarios de un tipo u otro, al estilo de la encuesta que usted cita―, cuando se habla de “libertarianismo” a secas casi siempre se asocia semánticamente a la vertiente abordada, más que nada, como bien usted aclara, por bombo mediático. Esto no lo hace deseable ni correcto, pero es el escenario discursivo en el que se está moviendo la opinión pública y mediática, y del cual me sirvo para facilitar la comunicación.

      En tal sentido, me disculpo si esto causa alguna confusión, o si se puede interpretar como una falta de reconocimiento a las otras corrientes. No era en modo alguno mi intención “tomar partido” en la pugna por el significante. Respecto a su observación sobre lo del “carácter individualista” de estos movimientos, pienso que lo anterior explica en gran medida el motivo de esa premisa, partiendo de la aclaración inicial.

      Hay mucho por abordar todavía en esta cuestión, pero precisamente por ello lo que hay que hacer es debatirla y problematizarla. ¡Muchísimas gracias por su excelente contribución al asunto!

      • Gracias por tus palabras y ánimo de debate Marcos. Me consta que fue tu decisión consciente la de abordar un sólo aspecto del asunto, pues te referiste a ello al iniciar tu discusión. Tampoco me sorprende que conozcas los pormenores históricos del tema en el caso cubano. En tu comentario se nota rigor y preparación, de modo que no me sorprende.

        Mi preocupación parte del hecho de que es muy probable que muchos de los nuevos entusiastas, muchos de los cuales tendrán acceso a tu artículo, ya sea por su juventud o por la severa falta de información y deliberación sobre estos temas en la isla, no conozcan los pormenores. Es por ello que me referí a la necesidad de abordar la otra cara del concepto.

        También he aprendido de tu artículo. En lo personal, desconocía la magnitud de la influencia que las ideas anarco-capitalistas están teniendo en los más jóvenes. A cada rato me topo en las redes con comentaristas que siguen estas ideas y tengo muchos amigos que las sostienen; con ellos siempre he debatido e intercambiado. Pero la magnitud que describes es algo que no tenía claro, y creo que en el futuro la cosa necesitará debate.

        Enhorabuena esta discusión y continúa con tus interesantes observaciones.

    • el secretario del partido en marianao.tu crees que entienda este parrafo y tus ideas de esa corriente de pensamiento.o algun obeso miembro del comite central.caballeros sean mas pragmaticos nuestra patria nesecita cambios .pero cambios de verdad nos vamos a hundir en la desdicha. no hay Esperanza en esa Juventud.

      • No creo que los miembros del comité central se interesen en esto Ramiro. Bueno, no lo sé a ciencia cierta, pero no me parece que sea el caso. Pero, de cualquier modo, eso no significa que no sea importante hablar sobre estas cosas.

        Coincido en la necesidad de pragmatismo. En temas socio-económicos, la extrema ideologización siempre ha sido perniciosa. Sin embargo, no me queda claro a qué te refieres cuando hablas de ser «más pragmáticos». Ciertamente necesitamos cambios, pero qué tipo de cambios tienes en mente que te han hecho pensar que los que aquí comentamos no somos pragmáticos?

        Me encantaría leer tus ideas en este sentido, y de paso ganar claridad respecto a tu exhortación, la cual veo, para estar claros, muy necesaria y a lugar. Sólo quiero saber si es por la misma razón, pues evidentemente tu no lo ves así.

        Saludos cordiales.

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Marcos Adrián Alemán Alonso
Marcos Adrián Alemán Alonso
Ensayista e investigador. Estudiante de Psicología y Humanidades

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