Israel Rojas: Cuba cambió

Transcripción del capítulo cinco de La Sobremesa 2.

Getting your Trinity Audio player ready...

Disponible en las plataformas de video y audio: YouTubeApple PodcastSpotify

Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo, o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a un episodio especial de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]

(MC): Hoy es un día diferente, porque a modo de especial estaré conversando con un cantante muy conocido, ampliamente escuchado en Cuba, pero que en los últimos tiempos ha sido centro de polémicas. Bienvenido a La Sobremesa, Israel Rojas.

Israel Rojas (IR): Muchas gracias por invitarme.  

(MC): Bueno, Israel, vamos a empezar quizás siendo un poquito polémicos, ¿no? ¿Tú crees que este país es el país que le prometieron a tu generación?

(IR): Claro que no. Como digo en una canción como La Tempestad, es un poco el país que se pudo, más que lo que se quería, y a mí me parece que, a día de hoy, tal y como estamos en las cosas, ¿no? esta crisis que impacta, que va desde lo energético y transversaliza el resto de la sociedad, decir que esta sociedad se acerca apenas a lo que nos decían que sería en los 2000 sería distar muchísimo.

Incluso Silvio lo decía en una canción, que él sacó la cuenta de su edad por el año 2000 en que las maravillas… y bueno, el mundo tiene todavía muy corta edad y más en un país como este que yo creo que el proceso revolucionario fue un estallido también de expectativas.

(MC): Resultado de inconformidades también.

(IR): Fue un empacho de ilusiones, ¿no? Toda revolución es un estallido de ilusiones. Y luego la realidad, el paso de los días, las propias herencias y manquedades que traes del pasado como nación van imponiendo su realidad, hasta dónde realmente son objetivos esos sueños, cuáles tienen que adecuarse a la realidad. Y si las grandes naciones atraviesan por esos conflictos, imagínate tú los pequeños países que están mucho más sometidos a variables geopolíticas, a eventos de todo tipo que no siempre pueden controlar, sin duda alguna. El que diga que este país se parece a los sueños que alguna vez, entre todos, o al menos la generación de mis padres, prometió que le daría a sus hijos…

Por supuesto que se logró un porciento importante y que al menos en mi caso agradezco. Hay quien no, hay quien tiene más vocación parricida y cree que es más fácil culpar siempre al que estuvo atrás de no haber logrado cosas, pero yo…

(MC): ¿Pero no deja de tener responsabilidad también?

(IR): Sí, sin duda. Y como la tendremos nosotros con respecto a lo que le vamos a legar a nuestros hijos. Yo creo que es algo que generacionalmente pasa siempre. O sea, las generaciones que llegan cuestionan lo que hubo antes. Es natural, es lógico que pase también, es parte de la dialéctica del desarrollo. Sin duda alguna, nuestros padres tienen mucha responsabilidad en las cosas buenas y también en las cosas que no salieron.

(MC): Claro, Israel, dices que nuestros padres tienen responsabilidad, pero, ¿no crees que el propio proyecto revolucionario cubano acumula deudas pendientes, promesas incumplidas hacia su gente?

(IR): Sin duda.  El que diga otra cosa no vive en este país. Hay cosas que se han logrado, cosas que están por lograrse. Hay algunas que son escandalosamente asombrosas de cosas que se lograron y otras que son diametralmente opuestas. Por supuesto.

(MC): Claro, pero cuando yo te escucho, aun así, en estas condiciones, cantando «¿Qué estoy haciendo aquí?», que es una canción que conmueve tanto y que mueve tanto, yo me pregunto, bueno, pero ¿cómo pedirle a la gente que en estas condiciones crea en un futuro posible?

(IR): Yo creo que es humano, de los seres humanos, convocarnos a salir de los atolladeros y convocarnos a llenarnos de ganas de echar pa´ alante, ¿no? Hay quien lo sentirá demasiado optimista, hay quien sentirá que es demagogia, hay quien sentirá que es lo que necesita para salir adelante. ¿Cómo decirle a una madre que está lidiando ahora mismo con un hijo que tiene un diagnóstico de una enfermedad crónica que no tenga esperanza, o tomándote el propio símil tuyo, cómo decirle a un padre que sus hijos emigraron, que la emigración no le impida ver a sus nietos, conocer a sus nietos, tener una relación fluida? Yo creo que es natural que eso suceda.

Yo no es que sea un optimista per sé, trato de ser lo más objetivo posible en los análisis que hago, por eso me sigo metiendo en todas estas candelas de venir a entrevistas y eso, porque yo creo que los creadores, los artistas que vemos la vida desde el prisma de la belleza y casi siempre, al menos yo, que crecí en la generación de Silvio, de Pablo, de una intelectualidad tan responsable con su país, lo que nos decían, lo que siempre me pareció atractivo de gente como Vicente Feliú era obviamente su compromiso, su arte, su palabra y su actitud ante la vida y ante la sociedad.

Me sigo metiendo en estos rollos porque sigo creyendo que desde este balcón se ve la vida. En primer lugar, informado. Es muy difícil entrarle a la creación hoy, cuando te lo tomas responsablemente, desconectado de la realidad. Yo hoy escuché una frase que me gustó mucho, decía que los generales siempre libran las guerras con las armas del pasado y los políticos igual. Los políticos muchas veces dirigen procesos que están sucediendo ahora mismo con las herramientas de herencias políticas pasadas.

(MC): ¿Dirías que eso sucede hoy en Cuba?

(IR): No, eso pasa en el mundo entero, solamente no está pasando en Cuba. Hoy cuando tú analizas el impacto de esta nueva revolución industrial tecnológica y los cambios que está trayendo en las sociedades, en la nuestra y en todas, te das cuenta de que los políticos que más destacan y que más brillan son los que se parecen un poquito más al tiempo que les ha tocado vivir. Entonces, si tú me preguntas a mí con respecto a Cuba, hay políticos que siento que entienden eso y hay otros que no lo entienden y que lamentablemente muchas veces están tomando decisiones sobre la base del país que conocieron. Y debo decirles que les tengo muy malas noticias: este país cambió en menos de cinco años brutalmente y en 10 ni te lo puedo…

(MC): ¿Cómo lo describirías ahora?

(IR): Hoy es un país mucho más fragmentado, mucho más caótico, con mucho menos cohesión social. Donde, por ejemplo, siempre se ha dicho que hay muchas juventudes, ¿no? Están los adolescentes, los jóvenes que acaban de salir de la adolescencia, el joven ya con inquietudes laborales, el joven que está pensando en familia, el joven que ya es padre… solamente en la juventud, hay capas. Hoy yo te podría decir que en cada una de esas capas hay muchas otras subcapas porque esto (el celular) cambió el mundo, cambió las burbujas de información, cambió las fuentes de información, democratizó, a veces para bien y a veces no para tan bien las diferentes maneras en que la gente concibe la vida.

Entonces, es un país mucho más complejo de comprender, de vivir, de militar, de dirigir. Sí, sin duda alguna, estoy de acuerdo contigo. Es un país mucho más complejo de interpretar.

(MC): En mis años de universidad yo escuchaba mucho a Buena Fe y en aquellos tiempos se sentía que escuchar a Buena Fe era incluso osado, por esto de decir y hasta dónde se atrevían a decir. Y yo creo que hay mucha gente en Cuba que ha vivido así la trayectoria de Buena Fe con canciones como Catalejo o Psicología al día con el «Te atraparé por el cuello», ¿no? Pero hay una percepción extendida incluso de que en los últimos tiempos ese componente de crítica social en las canciones de Buena Fe se ha perdido. ¿Tú crees que eso es cierto? En ese caso, ¿qué pasó? ¿Qué cambió? ¿O por qué esa percepción?

(IR): Bueno, esa es una pregunta que me hacen con mucha frecuencia algunos amigos, gente en redes sociales y yo he reflexionado mucho sobre eso y he conversado también con mis compañeros que son, en definitiva, los testigos y digamos que coautores de esta aventura creativa que es Buena Fe. Y hemos llegado a varias conclusiones sin excluir que indudablemente uno como creador tiene límites, que no siempre es brillante, que hay canciones mejores que otras, que hay etapas de la vida más creativas que otras, independientemente de eso, a mí me parece que el arte de un creador corre también la suerte del espíritu de su época, como diría Hegel, y hay un espíritu de la época.

Tú me hablas de canciones como Psicología al día. Esa es una canción del año 98. Nació en el año 97-98, se estrena en el año 2001 y este país era otro en el año 2001. Era un país que estaba recuperándose de la salida de la crisis más dolorosa del Periodo Especial, a tal punto que hubo un grupo de agrupaciones como Moneda Dura o Buena Fe que marcaron una nueva tendencia en los consumos de las artes. Por ejemplo, con respecto al boom de la salsa que comenzó en un ocaso, era un país en el que digamos también había un cambio demográfico importante en el ascenso de una masa, yo diría que mayoritaria de gente que no necesariamente eran bailadoras de casino, de salsa, y que estaban un poco digamos que saturados de esa sonoridad y por eso abrazaron con tanta fuerza a fenómenos como Habana Abierta o como Orishas en su tiempo o como Buena Fe o Moneda Dura.

(MC): Una efervescencia en ese tiempo.

(IR): Esas sonoridades que coqueteaban entre lo pop rock, lo moderno, la transformación de lo nacional con visos universales. Era esa época. Luego me hablas de canciones como Pi, como Catalejo, esos discos son hijos de su tiempo y en esos tiempos fue que se inventaron los Lineamientos, se convocó a las asambleas de base en las universidades, hubo un llamado por parte de las autoridades del país, y yo creo que una buena parte de la sociedad asistió entusiasmada, a repensarnos como sociedad.

La gente ya olvida eso, pero yo lo viví porque era parte de mi proceso creativo. Y esas canciones que sonaban quizás muy osadas, no eran más que el clamor popular de lo que vivíamos muchos. Ya veníamos de la época en que, por ejemplo, una canción como Gracias por el fuego que decía: «No me regales más nada, déjame ganármelo yo». Y yo lo he dicho en varias entrevistas, o sea, yo no tuve que ser muy elocuente para hacer esa canción. Nos dábamos cuenta, todo el mundo tenía claro en aquel tiempo que la excesiva estatización de la economía no iba por buen sendero y que era necesario diversificar sectores de la economía de este país que lograran mejor dinamismo.

(MC): Como finalmente sucedió, aunque con muchos pendientes.

(IR): Con muchos pendientes, pero a la larga sucedió. Si alguien me dice que hoy es un Buena Fe menos crítico, menos comprometido con su realidad, yo le diría que no sé cuál, al menos que por creación no ha sido. Ahí están las creaciones. Mucha de esa gente cuando yo le digo: «¿Tú escuchaste el disco Sobreviviente? ¿Escuchaste el disco Carnal y Morada que son nuestros más recientes discos?»

(MC): Canciones como la Catrina.

(IR): Y casi siempre me dicen: «No, tengo que reconocer que yo me quedé en Extremistas Nobles». Entonces, tú no sabes, o sea, no has seguido la pista. Si te das un baño de esas canciones, que no voy a hacer spoiler en esta entrevista, vas a descubrir que hay canciones en las que nosotros estamos hablando de cosas muy duras en la sociedad. Lo que pasa es que hoy la sociedad no está para eso. O sea, hoy los sectores que consumen esta música no son los mayoritarios. Digamos que ha habido un cambio también en la industria del entretenimiento en este país y ese cambio en la industria del entretenimiento ha generado que hoy se lea menos.

Hace poco asistí a un encuentro entre teatristas y se quejaban de cómo el teatro de experimentación, ese otro teatro, digamos, más profundo que siempre fue tradición del teatro cubano, ha cedido terreno ante un teatro más vernáculo, más de comedia, más de espectáculo. Eso mismo pasa también con las canciones. Yo podría decirte que Padura no tiene tantos lectores como debería a día de hoy o que los otros cantautores de mi generación están recibiendo mucho menos atención mediática que la que deberían, porque hay otros géneros urbanos que se han adaptado mejor y han encontrado plataformas de comercialización, de socialización mucho más dinámicas, mucho más contemporáneas y también mucho más relajantes para estos tiempos tan duros que nos ha tocado vivir a todos los cubanos, los cubanos de dentro o de fuera.

No solo depende del tipo de arte que hagas. Si alguien me dijera: «Bueno, es que los últimos discos que has hecho son solo canciones de amor», pero no son solo canciones de amor, o sea, no es que «te ha faltado crítica», ahí hay canciones muy críticas, lo que pasa es que ya hoy no tienen el peso que tenía antes ese tipo de arte.

Yo incluso te podría decir que hasta el hip-hop más rabioso, con una tonalidad más aguda también ha perdido público, porque la gente entre meterse una rabia y algo más complejo de la vida, prefiere lo simple, lo básico, o sea, los públicos mayoritarios, yo no digo que todo el mundo. Pero los públicos que imponen la moda a nivel social, digamos que hoy lo que están consumiendo es bastante ligero.  

(MC): Pero, ¿no crees que quizás hay una parte del público que está esperando una crítica más directa, por cuestiones políticas, por cuestiones de contexto político?

(IR): Es que te podría decir que en el panorama de la música cubana hay gente que hace críticas bien directas y si tú me dijeras, bueno, es que por hacer esas críticas muy directas han logrado un nivel de ascendencia social, son la voz de una generación, pero no es así. Son la voz de un tipo de público que consume ese arte y hay otro tipo de público que no se identifica porque no lo ve como el arte que describe su sentir y su pensar.

A lo que más hoy tú puedes aspirar es a ser honesto con lo que tú crees, a tratar de hacer el mejor arte posible y a tener suerte, un poco tener suerte, de que esa canción logre pasar los muchos obstáculos que impone la digitalización para llegar a tu público natural. Y entonces que a tu público natural le parezca interesante lo que haces y a partir de ahí pues poder seguir manteniendo las ruedas del espectáculo, de grabación, socialización, concierto y potencialmente giras. Así es cómo funciona, digamos, la industria de la música.

(MC): Israel, pero tú eres un artista que ha sido convocado a actos políticos, a muchos actos políticos y has estado. Y a veces las personas tienen la percepción de que cuando un artista que va a este tipo de actos, que siempre estabas dispuesto a estar, ese artista está de acuerdo totalmente con todas las políticas, con toda la forma de gobernar de las autoridades. Y yo te pregunto, uno: ¿eso es así? Segundo: ¿significa que tú no tienes críticas?

(IR): Esas son cosas que realmente son muy… de que un artista porque participe en cierto o determinado espacio es acrítico, está siendo conducido o está siendo favorecido, es verdaderamente falaz. Yo te podría decir que, por supuesto que tengo muchísimas inconformidades de todo, de muchos órdenes: en el orden financiero, en los órdenes bancarios. ¿Y por qué tengo insatisfacciones? ¿Porque estoy en mi casa haciendo canciones, viendo cómo los unicornios vuelan por el cielo? No. Porque estoy en la caliente. Estoy todos los días tratando ya no solamente de sacar adelante esta pequeña empresa, ese pequeño barquito independiente que es Buena Fe, sino también porque me he involucrado en formas de gestión de la cultura o de negocios para poder sobrevivir en un contexto tan complejo, y todos los días lidio con insatisfacciones, con trabas, con problemas, que son frutos del orden de cosas en este país. ¿Cómo no voy a tener insatisfacciones?

A día de hoy yo te diría que el que vive este país y diga que no tiene insatisfacciones con un grupo de cosas, repito, no sé en qué país vive. Yo tengo insatisfacciones, por supuesto, con muchas de las cosas que están pasando aquí. Lo que pasa es que, y ahí, oh, mi pecado original: yo sigo confiando en que la salida a esta crisis como único es posible es juntos, es en diálogo, es en paz, es repensando las cosas y acometiendo tareas que son ineludibles, y, ¿por qué no?, trabajando en mancomunidad para aprender y para enseñar lo que está mal a los seres humanos que hoy están al frente de tareas y responsabilidades.

Yo creo eso, lo creo sinceramente. Sé que no es lo políticamente correcto, lo que hay gente que espera de mí, pero esto es lo que soy y no puedo andar metiendo mentiras, esto es lo que soy. Yo he visto proyectos maravillosos que han partido y que hoy se sustentan gracias a una voluntad gubernamental y he visto también al gobierno malograr proyectos que merecerían y que merecen vivir en este país y que serían muy provechosos a la realidad de este país.

(MC): ¿Proyectos de qué tipo?

(IR): De todo tipo. Comunicacional, por ejemplo, donde hay una deuda gigantesca con el tema comunicacional de este país.

(MC): ¿En qué sentido?  

(IR): En muchos sentidos. Te podría hablar, por ejemplo, de la forma de hacer periodismo en Cuba. Por ejemplo, yo soy de los que piensa que las formas de hacer periodismo en este país se han dicho en 20 800 reuniones y lamentablemente no acaban de concretarse. Congreso de la UPEC tras Congreso de la UPEC. Que lo he visto porque lo sigo, porque lo consumo. Lo mismo te podría decir en el campo, por ejemplo, de la industria musical, de cómo hemos ido tropezando y tropezando hasta tener que aceptar realidades del mercado que eran ineludibles y que al menos yo como creador he venido planteando Congreso de la UNEAC tras Congreso de la UNEAC.

Los que crean que hay en mí un dócil corderito, bueno, esa es la construcción mediática que han hecho.

(MC): ¿Pero tú sigues creyendo que ese estar y estar y decir y decir congreso tras congreso en algún momento dará resultado?

(IR): Yo he visto que ha dado resultados. Sí, he visto. He visto avances, he visto, repito, he visto ideas que han logrado posicionarse, han fructificado y a día de hoy están, se puede decir que salvando vidas, salvando sentido de vida.

(MC): Lo que no significa que todo esté resuelto.

(IR): Para nada. Lo que significa que hay que seguir echándole ganas, convenciendo a los que tienen que convencer hasta encontrar a la persona y a las personas indicadas con el valor necesario para transformar las cosas.

(MC): Israel, yo te propongo entonces seguir conversando esto después de un cafecito. ¿Qué crees?

(IR): Venga. Usted aproveche, suscríbase al canal, comente y dé like.

[Música]

(MC): Bueno, Israel, aquí estamos con el café. Dime, ¿qué tal?

(IR): Riquísimo.

(MC): Vamos a seguir. Israel, Buena Fe tocó con Orishas, con Yomil y el Dany, con Aldeanos, incluso. Y yo me pregunto, si hoy quisieran pasar por encima de las diferencias políticas y hacer algo juntos. Me planteo la contradicción de, bueno, si primero la radio y la televisión cubana lo pondrían y no lo censurarían, y, por otro lado, si la industria cubanoamericana en Miami los perdonaría a ellos por hacer algo con Buena Fe. Yo creo que en gran medida eso se debe a la cancelación política. ¿Cómo crees tú que ha afectado a la cultura cubana la cancelación política?  

(IR): La cancelación política vino a ser como si hubiesen echado insecticida en la salud de los exponentes de la cultura musical, por llamarlo de alguna manera, o sea, para no meterme en otra esfera. Ha encapsulado gente en bandos, en «de esta agua no beberé», ¿sabes? La ridiculización, la caricaturización. Yo lo sé por experiencia propia. Yo creo que pocos artistas han vivido este proceso con tanta roña como el caso de Buena Fe, ¿no? Y mío en particular.

Y yo para empezar te diría que jamás le pregunté a ninguno de esos creadores de los muchos con los que hemos hecho colaboraciones, de qué lado político tenían el corazón. Jamás se lo pregunté. Jamás se lo he preguntado a nadie, ni de los artistas nacionales ni de los extranjeros con los que hemos hecho colaboración.

Es que tú no te unes con alguien para hacer una colaboración en lo musical partiendo desde la diferencia. La colaboración artística es como un romance. Tú te acercas a lo mejor de la otra persona, tú te acercas a su virtud como creador. Y siempre hemos buscado que ambas estéticas creen algo que sea capaz de satisfacer a los públicos de cada uno sin violentar el proceso.

Nosotros nunca hemos hecho una colaboración con un artista pensando en los beneficios económicos, en que esto me va a abrir a tal público, esto me va a limpiar o esto me va a pulir o esto me… No, nunca lo hemos hecho así. Ahí está la trayectoria, ahí está la, creo que impecable, trayectoria nuestra. Nunca he hablado mal de ningún creador en las redes sociales, a menos que no sea en defensa propia y siempre he sido muy breve y muy respetuoso. 

Yo creo que la cancelación política, y lo digo con mucha tristeza, hoy se nota mucho más. No digo que en el pasado haya sido más de aquí para allá, pero hoy es más de allá para acá.

(MC): ¿Te parece?  

(IR):  No, no me parece, lo vivo. Hay creadores que se han acercado a nosotros o que se ha planteado la idea de hacer una colaboración y tienen temor a hacerla con nosotros. O sea, en privado vienen y te dicen: «Sí, caramba, me gustaría, pero me va a crear problemas». Eso sí lo he vivido en primerísima persona y gente también que ha necesitado sacar el monstruo que tiene dentro para tratar de borrar el pasado en que alguna vez lleno de entusiasmo y de alegría colaboró con Buena Fe.

Yo lo he vivido, lo he visto. A nosotros nos han dedicado canciones, la máquina sicarial esa de asesinar reputaciones, nos ha dedicado canciones, memes, sketch, o sea, lo hemos vivido en primera persona. No te podría decir que eso no deja huella, que no te hiere, que no te lastima, porque hay algunos de esos creadores que nosotros le hicimos las producciones de su disco con nuestro dinero en tiempos en el que la bonanza estaba del lado acá.

Gente a la que le salvamos la carrera, gente a la que expusimos públicamente porque eran de bolsones underground, de consumos muy estrechos y a partir de la colaboración con Buena Fe potenciaron su visibilidad pública y su impacto en la sociedad y hoy lo pagan de una manera bastante ingrata y por supuesto que entristece y duele. Por mi parte, nosotros estamos aquí para trabajar.

(MC): Claro, pero la cancelación política también tiene sus conexiones con la censura y la censura también ha sido de ambas orillas o esta idea de que en los medios no puedes salir o no puedes poner a Fulano porque dijo tal cosa en una entrevista… Yo creo que eso aquí también se ha vivido mucho. Y en ese sentido siento que al gobierno cubano le ha faltado o a las instituciones cubanas le ha faltado habilidad política en la cuestión de dejar de ser tan reactivos y tomar la iniciativa en cuanto a política cultural y decir: «Bueno, creo un espacio de apertura, o sea, empiezo a abrir en cuanto a cuestión artística, y a efervescencia cultural, creo ese clima de apertura y doy el primer paso». ¿No crees que eso sería, digamos, un primer paso precisamente para minar un poco ese clima de polarización política que tenemos tanto hoy entre los cubanos?

(IR): Estás preguntando al equivocado. Yo he tenido que hacer un esfuerzo muy grande por sobrevivir. Por sobrevivir.

(MC): ¿Por qué? ¿En qué sentido?

(IR): Porque como te dije, muy pocos artistas han recibido el llamado a matar, a ser muerto como Buena Fe. Entonces yo no he tenido tiempo de pensar en eso. Realmente todo el tiempo estoy dedicado a sobrevivir, a tratar de hacer la mejor canción posible, a evitar a toda costa que me callen, que mi arte se quede muerto, a deprimirme, a que la banda se me descomponga en mil pedazos. Eso como único lo puedo hacer es trabajando, puesto para la creación, puesto todo el tiempo para que mi arte pueda salir adelante. Hoy hablamos de la censura.

Hoy la censura tiene muchas caras. El changüí de Guantánamo no está prohibido en Cuba y no suena casi en los medios de comunicación. La gente no sabe el trabajo maravilloso que hacen agrupaciones como Rumbávila, de Ciego de Ávila. O sea, hoy la censura no es solo política. Probablemente si hicieran un arte político confrontacional al gobierno cubano tendrían mucha más visibilidad, probablemente tendrían las plataformas «alternativas» que a día de hoy ya todo el mundo sabe de qué va su alternatividad, tendrían probablemente una mayor atención mediática.

El problema ya no es solamente político. A veces incluso lo político dinamiza un tipo de arte determinado, lo que lamentablemente también tiene patas cortas y la gente se cansa, le ve las costuras y sencillamente te dejan de seguir. Habría que preguntarles a muchos de los creadores que se metieron en temas políticos creyendo que daban pie si eso no les hizo mucho daño.

Y ahí está el ejemplo más reciente de cómo la nueva generación de artistas, incluso urbanos, entiende que la política no se toca y no se meten porque van a lo que van: vender y sobrevivir. Entonces, te das cuenta de que hoy el tema de la censura es también mirar el presente con los lentes del pasado. Seguimos en la misma que si Willy Chirino, que si Celia Cruz, que si la orilla de allá y la orilla de acá y a ciencia cierta el arte interesante, comprometido, reflexivo, se está muriendo allá y se está muriendo aquí y se está muriendo en el mundo entero porque no hay estructuras que lo hagan… que lo socialice.

Lo que está pasando es que ese tipo de arte no es de interés de un mercado que es cada día más interesado en vender lo que se vende rápido. Y esa máquina de hacer chorizos, de sacar productos que se vendan rápido, está friéndole en aceite, probablemente en aceite de peor calidad, el cerebro a las nuevas generaciones. Eso debería ser más de interés y estar más en la palestra pública.

(MC): Pero, ¿no crees entonces que también por eso que deberíamos pensarnos la política cultural en Cuba?

(IR): Te juro que no hago otra cosa que tratar de quemar todo mi capital moral, poético, tiempo en tratar de estructurar una manera nueva de pensar cómo salvar los consumos de la música en este país. He contribuido, he colaborado, he trabajado con el Ministerio de Cultura, con actores independientes, tratado de apoyar los estudios de grabación independientes que hay por ahí, que todavía a día de hoy no tienen un marco legal regulatorio porque no saben qué hacer con ellos los políticos, nuestros políticos con impericia, lo digo con tristeza, no con alegría, no saben dónde lo van a poner, lo ven entre el temor.

(MC): Hay muchas decisiones mediadas por ese temor.

(IR): Y en esas inculturas y en esas desactualizaciones y en esas ignorancias se va la vida.

(MC): La gente va preguntándose el porqué de las cosas. 

(IR): Entonces, hay un grupo de gente, como yo, que he decidido romper esos muros y tratar de establecer esos mecanismos ya necesarios, y no porque asalte el poder, o sea, no porque tome el poder por asalto, sino porque convenza a los actuales decisores que tienen el tiempo y muchas veces hasta la voluntad, y también no lo saben todo, de que aprendan rápido para cambiar las cosas. En eso ando. Los que me conocen saben las horas que dedico a trabajar, a cabildear, a actualizar, a buscar mecanismos.

Nosotros hemos sido productores de muchos jóvenes creadores y de varias generaciones de jóvenes creadores que con una tristeza gigantesca vemos cómo los proyectos a la vuelta de dos años se desintegran por inviabilidad económica, porque no los escucha nadie, porque lo ponen por la televisión en un país donde la televisión, lamentablemente hoy la ve la tercera edad. Entonces, un proyecto, no quiero decir nombre, pero proyectos tan jóvenes, tan novedosos, tan espectaculares, mueren por la no creación urgente de estructuras bien pensadas que rescaten la hegemonía cultural de este país con su masa de consumidores.

Y al dejar eso en manos de gente que lo que quiere es vender y que no le importa, me he buscado problemas. Hay artistas urbanos que se benefician del orden de cosas ahora que me han dedicado directas. Que se han puesto bravos conmigo, no se dan cuenta que lo que estoy haciendo no es para su mal, es para el bien de todos, es para el bien de los trovadores, de los jazzistas, o sea, crear una estructura que democratice los consumos culturales en Cuba hoy, aprovechando las nuevas tecnologías, es la salvación de todos.

No hay que cancelar a nadie. No hay que decir que no se va a escuchar tal género urbano o que sobra el danzón o que sobra el changüí o que sobra la trova. Todos caben y eso debería ser para ayer, pero lamentablemente nuestro país, entre el ICRT y el Ministerio de Cultura se crea una grieta, nadie la llena.

(MC): La cuestión de la velocidad es como que desaprobamos esa asignatura todo el tiempo. Es como si no hubiese apuro en un contexto de crisis.

(IR): No, en un contexto de depredación. Allá vamos: la maravilla de seguir captando jóvenes para que estudien en nuestras escuelas de arte y la terrible realidad de que esa masa de jóvenes, ellos y sus padres, que han estudiado denodadamente un instrumento y cuando terminan la carrera, que se abren al mundo laboral no encuentren un mercado de la música ordenado que sea capaz de capitalizar, de captar, de asumir la obra de esos creadores y exponérsela a la generación que le corresponde. Eso es terrible. Eso es un drama. Eso es perder-perder. Eso es: hacemos bien esto de crear el sistema de enseñanza artística y al no cerrar el ciclo, pues sencillamente perdemos todo ese esfuerzo hecho durante años.  

(MC): Israel, ¿y en todo eso no influye también la emigración, la descapitalización, la desprofesionalización?  

(IR): Claro, sin duda alguna. Eso lo estamos viendo todos los días o incluso muchas veces los procesos hasta de comprensión de los fenómenos, lo que antes demoraba una reunión, una conversación interesante, ahora lleva mucho más convencimiento. Esto es con calma. Y bueno, por supuesto lo que hablábamos ahorita, o sea, jóvenes que no pueden esperar a que las cosas cambien. El mercado de la música hoy está tan deprimido como el resto de los sectores del país. Y entonces, claro, por supuesto, eso impacta durísimo.

(MC): Y pues también cuando no tenemos una política cultural abierta, también hay, digamos, zonas en las que de alguna manera se termina impulsando que esa migración continúe, o sea, que los jóvenes sigan queriendo irse.  

(IR): Por eso en el caso de la música para mí es tan importante crear o rescatar mecanismos, repito, que acorten el camino entre el arte de los jóvenes creadores y los no tan jóvenes y los públicos que los esperan. Cambiar esa dinámica para mí es tan importante porque yo sigo creyendo que, a pesar de todo, Cuba y sus creadores cuando logran el fervor del público, cuando logran trascender los estrechos márgenes del anonimato y que su obra se socialice entre mucha gente, sigue siendo muy placentero, sigue siendo muy satisfactorio y te colma.

En este país la gente no solo emigra por un tema de lo económico, hay gente que también emigra buscando triunfar en otro sitio, buscando posibilidades de concretar su sueño, de realización y a veces los encuentran y lamentablemente no siempre se encuentran, ya se sabe.  

(MC): Claro. Ahora, hemos hablado del ecosistema artístico y cultural, pero yo siento que la política cubana en muchos sentidos necesita de reconciliación, de perdón, incluso. Y yo te pregunto, pensando, por ejemplo, en el caso de personas que están presas por protestar pacíficamente y algunas que no lo hicieron pacíficamente, pero se dijo públicamente que fueron condenas ejemplarizantes y eso significa algo en términos del peso de la condena. No sería, un indulto para personas en esta condición, ¿no sería un gesto político y humano potente concederles, por ejemplo, un indulto para empezar a sanar como país?

(IR): Yo lo dije a raíz del 11 de julio, lo puse en un post que estuvo unos días después de los sucesos del 11 de julio famoso que era tiempo de eso, es tiempo de un llamado nacional a eso, a la reconciliación, a ponernos de acuerdo, a establecer nuevos consensos nacionales y eso pasa también por el perdón. Yo conozco gente que salió a protestar el 11 de julio y era gente que estaba dando la batalla en primera línea de la COVID-19 y hoy hay linieros que están fajados con el tema energético y algunos de ellos salieron a protestar el 11 de julio. O sea, sí, yo creo que cometemos mucho el error de, tú sabes, etiquetar a la gente.

(MC): Los contrarrevolucionarios, los confundidos, los pagados…

(IR): En seguir viendo el mundo bajo el prisma de la Guerra Fría. Yo defiendo que hay un enemigo histórico que tiene una intención, una voluntad y un sistema de leyes que están establecidos para derrocar el sistema social cubano y que es nuestro enemigo histórico que no empezó con la Revolución. Sostengo, he dicho públicamente, mi posición política sobre eso. Creo que no hay alternativa política que pueda pasar por encima de la voluntad del gobierno de Estados Unidos que tiene establecido por ley la agresión a este país. No existe. Si alguien me dijera: «Nosotros vamos, luego que pase lo que está, a hacer tal cosa y más cual cosa en un contexto en que no va a haber ni Helms Burton ni Torricelli».

(MC): Pero es que no podemos esperar por eso.  

(IR): No, es que no existe. Nadie habla de eso. Nadie pone eso sobre la mesa porque no depende de ellos y lo saben. Eso es una ley del gobierno de Estados Unidos. O sea, yo no me pongo a cuestionar eso. El que se pone a cuestionar eso… a veces yo hablo de esto porque hay gente que hace análisis ligero tratando de obviar que realmente hay una guerra de parte de un gobierno agresor contra este país. Eso yo no lo cuestiono. Si usted lo cuestiona, es su derecho a cuestionarlo. Si usted quiere negar esa realidad es su negocio decir que la tierra es plana. Pero eso es una realidad. Ahora, eso es una cosa y luego está todo lo que podamos hacer aquí en función…

 (MC): Y todo lo mal hecho que se ha hecho aquí.

(IR): Y luego está todo lo que podemos hacer aquí en función de construir lo que decía Cintio: ese Parlamento en una trinchera, ese lugar en donde nos podamos poner de acuerdo, a pesar de la agresión. Hasta qué punto será tolerable la agresión con los derechos civiles con la capacidad de… no sé, hay que irlo buscando, hay que ir tratando de encontrar consensos. Lo he dicho, te lo digo, siempre, no ahora. En la era Obama lo planteé en varias entrevistas, hablé sobre eso y sobre la necesidad de buscar la vecindad entre los países, la necesidad de la reconciliación, la necesidad del amor.

Hay gente por redes sociales que cree que nuestros conciertos son mítines políticos. Los que van a nuestros conciertos saben que son un convite de alegría, de canciones, de felicidad, de buscar buena fe, de buscar unión, amor, cosas hermosas, las cosas que nos unan. Pero en la época de Obama, nuestros conciertos hubo un tiempo que realmente parecían mítines políticos porque ya sean en Miami o fuesen en La Habana o fuesen en Guantánamo o en Villa Clara o en Madrid, era el mismo discurso, era el discurso de la paz, de la reconciliación.

Eso coronó en el 2018 en un concierto en el Karl Marx a tres días en el que el profesor Carlos Lazo trajo a sus estudiantes norteamericanos y cantamos con uno de esos estudiantes norteamericanos Pi 3,14, que se la sabía. Los muchachos de Puentes de Amor y nosotros cantamos Isla Bella con un grupo portador folclórico, se llama Fanm Zetwal, de allá de Ciego de Ávila, donde hablamos de la necesidad de la vecindad, de los perdones, de pasar una fase de reconciliación entre los cubanos donde quiera.

(MC): Un espíritu de ese momento también.

(IR): Pero si hubo un tiempo en que se habló de algo sobre eso, nosotros fuimos abanderados número uno. Sigo creyendo en eso. Yo sigo creyendo de que hoy estamos peor. Hoy, casi 10 años después, estamos peor. Los cubanos que emigraron, muchos de ellos están a riesgo de deportación. Casi nadie habla de eso porque no es el discurso político dominante. Digo, en el mundo este de la farándula. Mucho «Viva Cuba», pero allí, su comunidad, hay gente que fueron presionados económicamente para venderlo todo aquí y salir de este país. Lo dejaron todo. Se pegaron muchos de ellos incluso trayectorias sumamente peligrosas. Llegaron a ese país y ahora resulta que sobran. Esa gente está peor. Aquí en Cuba no te puedo ni contar.

(MC): O sea, incluso aquí también hay mucha gente que está mal.

(IR): No, no, no. Aquí por arrobas. De hecho, de esa confrontación los que siempre salimos peor somos nosotros. Este era el país donde no había niños pidiendo dinero en la calle. Hoy en este país, en esta ciudad hay gente buscando comida en la basura. Muchos de los emigrados que se iban y que luego venían y se atendían aquí en el médico ya no lo pueden hacer porque los hospitales no tienen medicina. O sea, ¿no estamos peor? Yo insisto en eso, ¿no estamos peor? Ah, no, no, pero la culpa es del gobierno. Sí, el gobierno por supuesto tiene una responsabilidad, pero vamos a dejarnos… vamos a estar aquí y no en la cola del pan.

(MC): La política de hostilidad.

(IR): La política de hostilidad que comenzó con el gobierno, el primer gobierno de Donald Trump y sus 200 y tantas medidas o a la gente se le olvida que usar una pandemia como una herramienta de guerra en el que apareció además todo el ecosistema este de youtubers y todo eso, que lo único que hacían era sembrar odio y división entre cubanos, asesinar reputaciones, hacerle daño a, primero a los de aquí, y terminaron haciéndole daño incluso a los de allá.

La pregunta es, ¿estamos mejor? Este era el país donde varios creadores que hicieron dúo con nosotros estaban locos por regresar y aquí se les recibió, ¿cómo se les recibió? ¿Con censura? Se les recibió con los brazos abiertos. Yo lo vi, no me lo contó nadie. En el tiempo de la normalización hubo una apertura y se sintió ese espíritu donde artistas venían, artistas incluso que habían sido censurados en algún momento, y que habían tenido expresiones y que habían dicho esto o aquello. ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos ahora?  

(MC): Hubo una política rígida desde allá y yo creo que se copió la rigidez. O sea, yo siento que cada vez que el gobierno de Estados Unidos endurece su política hacia Cuba, Cuba reacciona con políticas rígidas también. Por eso te decía ahorita del tema de ser reactivos y de no tomar la iniciativa.  

(IR): Es que yo no podría decirte quién debe, ¿sabes? ¿Quién debe tirar la primera piedra? ¿Quién debe dar la flor primero? Porque es muy difícil decirle, es mi punto de vista, puedo estar equivocado.

(MC): Lo digo de cara a los cubanos.   

(IR): Yo te lo digo de cara a los cubanos. Es muy difícil. Por ejemplo, a mí es muy difícil que alguien venga a decirme que yo no he sido cooperativo con todos mis compañeros. Muy difícil. Que yo no les he abierto puertas, les puse micrófono, les abrí espacio, en muchas ocasiones hablé con ellos. Yo nunca lo he hecho y no lo voy a hacer. A lo mejor cuando sea un viejito me pongo escribir eso.

Aquí hay artistas que regresaron a este país y nosotros los llevamos para la escalinata a la Universidad de La Habana, pasando por encima de funcionarios que, en su momento, presidentes nacionales de la FEU, nos dijeron: «No, ese artista no debe estar». Y nosotros le pusimos condición: «Si no está ese artista, no canto». Y se hicieron conciertos masivos en esa escalinata con esos creadores y ese concierto fue quien le abrió las puertas al gran público cubano.

O sea, a mí no hay quien me diga que si debo poner la otra mejilla, ¿cuánto más? ¿Qué más? Si nosotros lo único que hemos recibido es palo. Palo, día, noche y madrugada todo el tiempo. Aquí hay gente que hace carrera hablando mal de Buena Fe, entonces, le estás preguntando al equivocado.

Repito, ahora, a día de hoy, y probablemente tú me dirás, está eludiendo la respuesta de la responsabilidad gubernamental.

(MC): Yo creo que la tiene. Ese es mi criterio, pero tienes todo el derecho.

(IR): Y yo creo que también la tiene. Lo que pasa es que yo hablo desde la posición del que ha abierto la puerta y le han trabado la puerta con la mano hasta sangrar.  

(MC): Entonces, ¿qué necesitamos como país?

(IR): Es difícil. Es difícil. Como país hacen falta muchas cosas. Hace falta unidad, hace falta ejemplo personal, hace falta que se borre la distancia entre los que toman las decisiones y los que padecen las decisiones. Y eso no solo se logra con visitas gubernamentales, hace falta también comunicación política.

(MC): Bien hecha.

(IR): Por supuesto. Hace falta comunicación política bien hecha, hace falta actualización de las formas en que hacemos política.

(MC): Hace falta escuchar más a la gente, ¿no?

(IR): Por supuesto. Hace falta escuchar más a la gente. El país que contamos tiene que parecerse al país que vivimos. Hace falta mucho. Claro, por supuesto que hace falta mucho por seguir haciendo.

(MC): Israel, ¿sientes que tú no te has polarizado?

(IR): No tengo tiempo. No sé, no lo he pensado. Yo creo que no he tenido mucho tiempo de darle taller a eso. Lo que sí te puedo decir es que yo soy un hijo también de mi circunstancia y probablemente sí, hoy trabajo mucho más que antes. Hoy no me da tiempo para nada, realmente. Antes era un poco más feliz, tenía un poco, digamos, más de tiempo para para la creación. Hoy tengo que sacar tiempo para leer con mucho trabajo. Tengo un montón de tareas que hacer diariamente y sí choco con muchos problemas que tengo que resolver a diario para poder sacar adelante mi vida, la vida de los que me rodean, de los proyectos que lidero, que empujo y también los que sigo, ¿no? Los que me interesan.

Pero sí creo que es muy difícil decir hoy en este país que todos no hemos cambiado después de la pandemia. O sea, yo creo que el contexto se radicalizó. El contexto radicalizó las posiciones y yo supongo que incluso los que hemos buscado la moderación, el ejercicio del pensamiento, del libre pensamiento, de los consensos, se nos ha hecho mucho más larga la cuerda para tejer puentes y en algún momento, incluso por supervivencia, has tenido que tomar partido, porque también si te quedas aislado te mueres.

Este es un país donde nadie, este país no, este es un mundo donde nadie te va a salvar. Este es un mundo muy egoísta. Es un mundo donde si te quedas aislado es difícil que sobrevivas. Y si alguien le pregunta, que le pregunte a este propio país, si alguien me dice: «¿Por qué estamos pasando tanto trabajo?» No solo es por nuestras deficiencias, que tenemos muchas deficiencias, pero yo he tenido la posibilidad de hablar con varios extranjeros, gente que nos quiere y gente que no nos quiere. Y algunos de esos que no nos querían o no nos quieren coinciden en que cualquier país que haya estado sometido a la guerra económica y a los problemas grotescos a los que está sometido este país, no sobrevive, no sobrevive un mes.

Nosotros la verdad que la hemos tenido muy dura, pero uno de los problemas es que geopolíticamente se están produciendo cambios tectónicos a nivel global y nosotros la percepción que tenemos es que, en las declaraciones políticas, mucha solidaridad, qué sé yo, pero a la hora de la concreta es muy difícil tender puentes con Cuba porque está justamente como sola.  

(MC): Pero tú, Israel, que has sido blanco de discurso de odio en redes sociales y ahorita me comentaste, me dejaste ahí, deslizaste que incluso te has deprimido, ¿cómo te ha afectado ese discurso de odio y cómo lo has gestionado?

(IR): Bueno, ya te decía, sí tuve un tiempo en el que me costó mucho trabajo sobrevivir a todo eso, la incertidumbre, la tristeza, lo clásico de cuando recibes desaprobaciones masivas. Lo he gestionado con los conciertos, trabajando, caminando para arriba de la caliente, de lo que soy, tratando de parecerme a las canciones que he hecho, siendo coherente con las canciones que he hecho, teniendo claro que no obtuve casa ni carrito mezclando el compromiso.

(MC): ¿De verdad? Quiero apuntar eso.

(IR):  Absolutamente. No obtuve ni casa ni carrito mezclando el compromiso con bicarbonato, porque incluso cuando lo necesité y lo pedí me dijeron rotundamente que no.

(MC): Lo pediste y te dijeron que no.

(IR): Claro, por supuesto. En algún momento tú te sientes solo, sientes que la economía no te acompaña, que cambió el ecosistema económico de este país, tú no tienes recursos para gestionar esto, lo otro y dices: «Bueno, déjame ver», porque te has enterado que hay otros creadores que han resuelto y tú vas a tocar la puerta. Y por suerte, he tenido la inmensa fortuna de que me han dado mi «no» ahí bajo el brazo, toma tu «no». Y yo feliz, de verdad te juro que feliz. De hecho, he sentido alivio porque puedo seguir diciendo que ni cuando lo necesité lo obtuve y eso no lo estoy diciendo como queja. Nadie interprete esto como queja. Es más, insto a los funcionarios en el futuro que si voy a pedirle algo que me digan que no. De verdad, yo me lo tengo que ganar con el fruto de mi trabajo y si en el país hay inflación, hay problema, no te preocupes, yo tengo que encontrar la manera de sacar adelante a mis hijos sin robar, sin hacer trampas, sin hacer daño.

(MC): Ojalá todo el mundo pudiera encontrarlo.

(IR): Ojalá todo el mundo pudiera encontrarlo. Yo olvídate. Yo si tengo que reinventarme, me reinvento. Estudiar, prepararme, quemarme las pestañas, ponerle el extra, no dormir, hacer el doble de canciones o irme a otros sectores que no son el de la canción y aprender cómo se hace. Si tengo que renacer una y mil veces, renazco. Yo tengo una canción que se llama Sobre el arte de retoñar que está en el disco Sobreviviente, creo que es, o en Carnal, no lo recuerdo bien, que dice «Que el muerto se entierre con sus muertas partes, su atraso, su queja, su ponzoña. Lo sé porque año en año también soy cadáver. Me entierro bajo tierra y mi verdad retoña».

(MC): Israel, entonces así con esa cita de tu canción voy a pasar a lo que llamamos en La Sobremesa el tiroteo.

(IR): Ahora, déjame decirte que hablo de mis canciones, porque hay algunos críticos que le molesta que tú hables de tus canciones. «Mira cómo se autocita». No, yo no me autocito. Mis canciones son mi idioma, mis canciones son un resumen de lo que yo creo, de lo mejor de mi pensamiento y por eso la cito. La cito porque soy yo.

(MC): Bueno, entonces vamos al tiroteo, Israel.

(IR): Venga, el tiroteo.

(MC): Las respuestas tienen que ser rápidas. Mira que a veces los entrevistados se nos van por las ramas.

(IR): Depende de la pregunta.

(MC): La primera, una canción tuya que quieres que la gente que nos esté viendo escuche hoy.

(IR): ¿Ahora mismo? Patakí de libertad.

(MC): Un comentario agresivo que te haya hecho reír.

(IR): Creo que te contaba ahorita fuera de cámara, que hoy hice una directa con mis hijas llevándolas a la escuela y tuve un comentario así muy ácido, muy lleno de…

(MC): Largo.

(IR): Y terminó diciendo: «Pero son muy lindas tus niñas y te deseo que la vida te siga premiando con bendiciones». Las mismas bendiciones que se supone arriba de lo cual era pecador, ¿no? La verdad me hizo reír.

(MC): Y, por último, ¿qué quieres para Cuba en una sola palabra?

(IR): Desarrollo.

(MC): Gracias, Israel, por haber aceptado haber venido a La Sobremesa, haber conversado.

(IR): Gracias a ustedes que hoy ha hecho buen calor.

(MC): Listo para la polémica, además.  

(IR): No, olvídate de eso. Esta entrevista, si corro con suerte, será vista con optimismo, pero lo más seguro que en mi caso será diseccionada, partida en pedazos, bueno, lo que ya sé, pero lo sigo haciendo porque sigo confiando en que hay gente que se va a pegar el viaje completo y va a sacar sus propias conclusiones. Decía Titón en un documental que a mí me gustó mucho, decía Tomás Gutiérrez Alea, que en el subdesarrollo la gente necesita que alguien piense por ellos y que eso es terrible, que él aspiraba con su arte a que la gente pensara por sí mismo. Yo cito a Titón porque ojalá que mis canciones, que mi vida, que mi palabra ayude a la gente a pensar por sí misma con honestidad.

(MC): Gracias, Israel por haber estado aquí. Así termina este episodio especial de La Sobremesa, un pódcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.

[Música]

Deja una respuesta

Redacción
Redacción
Equipo donde se escriben, editan y organizan los contenidos en LJC. Compuesto por el equipo de comunicación y los editores

Más de este autor

Descubre más desde La Joven Cuba

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo