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Mariana Camejo (MC): Hola a todos los que nos están viendo o nos están escuchando a través de las plataformas de audio. Bienvenidos a un nuevo episodio de La Sobremesa, un podcast de La Joven Cuba donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.
Jorge Bacallao (JB): Exactamente. Siéntese cómodo ahí, que el tema de hoy es una maravilla. A tono con eso, Mariana, ¿cómo tú chocaste con la historia de Cuba? ¿Cómo llegaste a la enseñanza de la historia?
MC: Difícil. ¿De verdad tengo que responderte eso?
JB: Bueno, yo te pregunto porque a mí me fue maravillosamente. Yo tuve un magnífico profesor de Historia en el pre, en la secundaria.
MC: Bueno, ese es un privilegio que tuviste tú y que no tiene todo el mundo. De hecho, yo tuve buenos profesores de Historia, pero en la universidad.
JB: Hoy en La Sobremesa, como ya le venimos anunciando, tenemos de invitado a un profesor de Historia. No se mueva de ahí, que se pierde el principio.
MC: Hoy tenemos a un entrevistado que usted seguro lo va a reconocer muy rápido si yo le digo que se trata de un profesor de Historia, un profesor universitario que se hizo popular con un video hablando, nada más y nada menos, que de patriotismo…
JB: Popular, popular.
MC: Muy popular. Bienvenido a La Sobremesa, Fabio Fernández.
Fabio Fernández (FF): Un placer estar aquí con ustedes.
MC: Te hiciste viral, Fabio.
FF: Sí, realmente fue una experiencia muy interesante.
MC: Y precisamente hablando de patriotismo, vamos a entrar de lleno en la enseñanza de la historia. Si algo en Cuba se ha tratado de potenciar y de fomentar es precisamente ese sentimiento patriótico. Entonces yo te pregunto: ¿cuál es hoy y cuál debería ser el papel de la enseñanza de la historia?
FF: Bueno, toda sociedad construye siempre un determinado modelo para transmitirle el pasado a las generaciones del presente, y es siempre un modelo vinculado a la singularidad de esa sociedad en específico que estemos analizando. El rol de la historia siempre está conectado, desde la perspectiva de la estructura social, a legitimar el orden establecido, a validar un determinado orden de las cosas.
Y eso no es algo privativo de Cuba, sino que lo podemos encontrar en todos los países. El tema está en que ese relato —vamos a llamarle oficial— puede estar mejor o peor contado. Es un relato que puede ser más o menos cercano a lo que realmente ocurrió, utilizando esa expresión, que tiene cierto grado de problematización, pero bueno, se puede utilizar. Se puede hacer una buena historia oficial o puede haber historias oficiales muy malas por planas, chatas, esquemáticas, sesgadas, parciales.
Yo creo que en la Cuba de hoy tenemos un relato oficial sobre la historia que no creo que disfrute de su mayor coherencia ni de su mayor organicidad. Creo que hemos incurrido desde hace bastante tiempo en algunos de los defectos más comunes que acosan a las historias oficiales. Y yo creo que ahí, evidentemente hay una diferencia, una distancia entre lo que hoy es la enseñanza y la divulgación de la historia y lo que podría ser. Yo parto desde el principio y lo digo aquí desde el inicio, que se puede construir una historia oficial que cumpla las funciones de la historia oficial y que al mismo tiempo sea una transmisión coherente y verdaderamente interesante y válida de lo que ha sido el pasado.
En la Cuba de hoy tenemos un relato oficial sobre la historia que no creo que disfrute de su mayor coherencia ni de su mayor organicidad.
MC: ¿Cuáles tú crees que serían esos defectos comunes en los que a veces se cae?
FF: Básicamente, el esquematismo, la simplificación, la tergiversación, el escamotear determinados temas, el subrayado equivocado a aristas que realmente no lo merecerían tanto. Yo creo que por ahí van los principales defectos que de una manera u otra persiguen a toda historia oficial. No hay historia oficial ajena a estos grados de problematización. No es verdaderamente posible concebir una historia oficial que esté absolutamente liberada de estos pecados.
Pero dentro de ese marco se puede hacer una mejor historia. Y yo creo que esa es una asignatura pendiente de Cuba, y también, por supuesto, de otros países de este planeta.
JB: Yo soy un poco mayor que ustedes. Iba a empezar diciendo «la gente de mi generación» … Yo tengo unos 10 años más que ustedes y se sentía que la enseñanza de la historia, desde aquella época, ha sido como que hay una única historia. Y ahora recientemente se ve un fenómeno de cuestionamiento, a través de las redes, a través de personas que piensan distinto. Yo quiero preguntarte: ¿es como si tuviésemos dos historias y hubiese que quedarse con una?
FF: Ahora mismo hay un gran combate político en la Cuba que nos toca vivir. Un combate político en el marco de la nación cubana, que se da en el terreno geográfico de lo que es Cuba, pero también trasciende a otros planos en los que se manifiesta la nación, como puede ser la diáspora.
Ese combate político tiene una manifestación en el terreno de lo histórico. Son dos relatos que están en contraposición, y en su peor versión, cada uno de ellos se coloca en un extremo. Un extremo que termina falseando la complejidad del devenir histórico, quedándose con una visión parcial, sesgada, limitada. Por tanto, creo que existiría la posibilidad siempre de construir un relato mucho mejor.
Ese combate político tiene una manifestación en el terreno de lo histórico. Son dos relatos que están en contraposición.
Ahora, hay que entender la existencia de muchos relatos que estén en pugna y disputa. Es parte de la vida la existencia de estas miradas diversas y plurales. La cuestión está en crear los mecanismos para que esas visiones del pasado puedan entrar en diálogo y puedan articular desde lo plural un discurso más coherente con lo que la realidad ha sido.
No creo que haya que quedarse con una o con otra. La clave es encontrar el mecanismo para el diálogo, para la articulación conjunta. Ahora, sí hay que decir algo claro: no deberían tener cabida aquellos relatos históricos anclados absolutamente a la manipulación, a la mentira, a la falsedad. Porque lamentablemente hay relatos de cualquier sesgo ideológico que mienten, que falsean y eso no está bien.
JB: Obedeciendo a la conveniencia particular.
FF: Y yo no puedo ni debo venir ahora a decir aquí una mentira y plantear: «Mengano hizo lo que no hizo». Eso no está nada bien.
República, Revolución y relatos en pugna
MC: Fabio, yo creo que uno de esos ejemplos, de esas dos versiones contrapuestas, es la República. Hay una narrativa que la romantiza —donde todo estaba bien, donde había bienestar— y por otro lado hay una demonización. ¿No?
FF: La República es quizás uno de los momentos históricos en los que con más claridad se ve esa visión polarizada. Ambas visiones falsean la realidad: ni fue tan mala como algunos quieren venderla, ni tan buena como otros intentan presentarla.
Hay que buscar los claroscuros. Era un sistema que fue avanzando hacia una crisis vigorosa y esa crisis dio lugar a un acumulado de contradicciones que estallaron en revolución. No se puede explicar la Revolución como algo que cae del cielo, sino que nace de las contradicciones de la propia República y de la crisis que se fue agudizando.
Todo nuevo poder necesita legitimarse desde una visión poco amable del pasado que lo precedió. Hay determinadas líneas de interpretación histórica gestadas en el marco de la Revolución cubana que suelen ser bastante duras con la República. Al mismo tiempo, los que adversan la dinámica política nacida a partir del 59 encuentran en la validación de la República un arma para deslegitimar lo hecho por el proceso revolucionario. Entonces la historia funciona como arma arrojadiza entre bandos en pugna, y la verdad histórica es la que queda lesionada.
Todo nuevo poder necesita legitimarse desde una visión poco amable del pasado que lo precedió.
MC: Se instrumentaliza la historia…
JB: Los argumentos que da la gente son de lo más simpático. Hay quien dice: «hay tremenda corrupción, pero se hicieron las siete maravillas de la historia arquitectónica cubana y no se ha hecho más nada…»
FF: Por ejemplo, se utiliza mucho lo que tiene que ver con el innegable boom constructivo de la República. La República fue un momento en la historia de Cuba en el que se construyó mucho, sobre todo en La Habana. La Habana avanzó en su conversión hacia una gran ciudad. Y evidentemente, cuando uno compara esa Habana que crece del periodo republicano con una Habana materialmente maltrecha de la contemporaneidad, puede aparecer rápidamente el relato simplista que dice: «aquella era mejor que esta». Y eso, siempre desde trazos muy gruesos.
Si uno va a aquella República, se da cuenta de que a veces cosas que parecen manifestaciones de progreso tenían verdades incómodas. Esa Habana de rutilante progreso en un grupo de aspectos, estaba acompañada por otra Habana que no tenía esa luz en sus condiciones materiales cotidianas para mucha gente.
Incluso, hay un truco que pasa por vender La Habana como si fuera Cuba. Se esconde una Cuba no habanera, que no tenía muchas cosas buenas que mostrar, porque tenía un grupo de elementos bien difíciles en la cotidianidad de los cubanos.
JB: Y como mismo sucedía eso, también era una época donde había personas que decían con más facilidad lo que estaba pasando, se referían a la corrupción…
MC: Antes se decía que había más libertad para hablar…
FF: Era un escenario con una esfera pública, en mi opinión, más vibrante que la actual, donde la pluralidad de opiniones se podía expresar con mayor tranquilidad. Pero a eso hay que ponerle muchos matices. Una sociedad más plural y con canales de exposición de esa pluralidad, pero con límites férreos. No era ningún chiste ser comunista en la Cuba del 52 ni del 32.
JB: Y con muchas variantes a lo largo del tiempo…
FF: La República maravillosa que algunos exaltan le regaló a Cuba dos dictaduras bien feas, donde unos cuantos cubanos perdieron la vida simplemente por estar en una cuerda distinta a la que se había impuesto gubernamentalmente en aquella época. Es una República de represión, asesinatos, donde corrió la sangre, generalmente de los de abajo cuando no estaban conformes con el sistema que estructuraban los de arriba. Por tanto, hay que rescatar muchos elementos de ella; es verdad que se sentaban en una mesa Mañach y Carlos Rafael Rodríguez, y hubo una Constitución nacida de ese espíritu de diálogo, pero es una República también donde mataron a Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias y aparecían muertos en las esquinas en la dictadura de Batista y en la de Machado.
La República maravillosa que algunos exaltan le regaló a Cuba dos dictaduras bien feas, donde unos cuantos cubanos perdieron la vida.
JB: Hubo una oposición y gente que fue beligerante, gente que mostraba su inconformidad de forma seria.
FF: Fue una etapa marcada por importantes contradicciones, por la pugna de proyectos de nación diversos. Esa es la historia. Y ese universo de contradicciones desembocó en el cambio revolucionario, que construyó una sociedad marcada por un conjunto importante de éxitos, sobre todo vinculados a políticas sociales y soberanía, pero también se creó un modelo político donde determinados elementos vinculados con el ejercicio de las libertades han tenido condicionamientos y dinámicas que no siempre han sido las más felices. Se estructuró la idea de una voz homogénea que buscaba que las dinámicas sociales discurrieran por un mismo camino, y quien no iba por ahí, no la pasaba bien. Se generaron fracturas en el cuerpo de la nación. La República tuvo lo suyo, la Revolución tuvo lo suyo. Ese es el complejo proceso de construcción de todo país.
JB: Tú decías que a veces la historia se cambia al enseñarla, no por conveniencia política, sino muchas veces por simplificación.
FF: Claro, porque en la enseñanza y divulgación de la historia debe haber gradaciones según el nivel etario y educativo de la persona. No es lo mismo lo que le cuento a un niño de 5.º grado que a un adolescente o a un estudiante universitario.
También hay un relato que uno puede dirigir quizás a un público más general y hay relatos que se construyen para públicos más especializados, más interesados específicamente en la problemática histórica. No es lo mismo el material que yo construyo pensando en que lo vea mucha gente al material que yo dirijo hacia un nicho más especializado.
MC: Claro, pero eso no significa que lo dejes de problematizar. A mí, en ese sentido, me resulta una contradicción que tengamos por un lado un discurso oficial tan rígido, esquemático, y sin embargo, tengamos un libro de Historia en el que trabajaste con un colectivo de autores que realmente me sorprendió mucho cuando pude verlo, porque intentaron precisamente trabajar la historia desde una perspectiva crítica, problematizando, haciendo conexiones además con el mundo cultural de esos periodos.Después de tantos años de enseñar una historia esquemáticamente, ¿están los profesores cubanos preparados para dar esa perspectiva crítica que plasman en el libro?
FF: Aquí hay varias cosas, porque hemos hablado y yo he sido el primero, de discurso oficial y eso obligaría un matiz. Y es que podemos hablar de la existencia de discursos oficiales. El discurso oficial no es un solo torrente, ni una sola voz. En sentido general, ese discurso oficial se articula con la lógica de reproducción de todo sistema. Pero hay matices en su emisión, porque sería una simplificación que digamos que desde que triunfa la Revolución Cubana se ha modelado una sola manera de entender la historia. Incluso, dentro de aquellos que están impulsando la articulación de la realidad en función de la lógica de lo oficial, hay maneras distintas de acercarse a la problemática histórica.
Por tanto, habría que hablar de la existencia de discursos oficiales férreos en el sentido de una proyección chata, plana y esquemática, y otros discursos oficiales que intentan jugar con las lógicas más flexibles. Yo creo que el libro actual de preuniversitario busca contar la historia de Cuba desde un esfuerzo problematizador. Un esfuerzo problematizador que no rompe con las lógicas de reproducción sistémica, es un libro que cumple una función de contenido político, eso no hay que esconderlo, pero creo que intentamos modelar un libro que no perdiera de vista buscar esa problematización.
Habría que hablar de la existencia de discursos oficiales férreos en el sentido de una proyección chata, plana y esquemática, y otros discursos oficiales que intentan jugar con las lógicas más flexibles.
La idea de que uno puede contar la historia lo mejor posible, colocando la mayor cantidad de matices. En mi opinión, el verdadero poder que puede generar niveles crecientes de hegemonía, es el poder que logra articularse con la existencia de una ciudadanía crítica. Porque si no hay una relación entre poder y ciudadanía crítica, no hay una oxigenación permanente de la sociedad. Y un libro como como este, creo yo, busca básicamente decirle al muchacho: la historia de tu país ha sido compleja. La historia de tu país está llena de estos matices. La historia de tu país está marcada por estos momentos de tensión. Lo interesante es entenderlo, y encontrar las líneas matrices que uno puede hallar dentro de ese mundo diverso y complejo.
Ojalá que cuando los estudiantes lean el libro sean capaces de entender esto. Y ojalá que los maestros. Yo creo que hay profesores que están listos y otros a los que hay que formar para que puedan estar a la altura del texto.
Silencios históricos: UMAP, quinquenio gris y el 11J
JB: Hay momentos en la historia de Cuba que uno siente que no se han desmenuzado lo suficiente. Me voy a referir a la UMAP y al quinquenio gris. Uno siente que se queda a deber con todo lo que debería decirse sobre esos momentos. Mi pregunta es la siguiente: ¿Qué precio se paga por no desmenuzar momentos como esos en la debida medida?
FF: A ver, voy a empezar por un matiz que quiero remarcar: en mi opinión, en torno al quinquenio gris, al menos la historiografía cubana ha generado ya algunos acercamientos que tienden a esclarecer la complejidad de ese lustro. Sí coincido más en que el tema de la UMAP sigue estando marcado por un velo de silencio que todavía no acaba de romperse. Y aquí habría que hablar de lo que ha hecho Rafael Hernández, o lo que ha hecho desde fuera de Cuba Abel Sierra Madero. En fin, hay gente que ha escrito, pero todavía falta información por desclasificar, documentos a los que acceder. Esos son matices de un historiador que se quiere meter contigo. Ahora, si caemos en tu pregunta, tengo que decirte que los costos del silencio son altísimos, porque al final ese silencio termina apareciéndose una noche, te coge por el cuello y te hace pasar un muy mal rato.
Una sociedad necesita oxigenarse permanentemente, y parte de ese oxígeno pasa por el diálogo con su pasado, sobre todo con las páginas más difíciles. Es la manera de intentar que la historia sea un poco maestra de vida y nos permita construir un futuro sin repetir el error del ayer. Por tanto, las páginas más difíciles de la historia hay que visitarlas y hay que buscar explicar por qué esas páginas se escribieron, cuál fue el conjunto de acontecimientos, de problemáticas que llevaron a que determinado suceso se manifestara de una forma que podemos considerar lesiva para el bienestar de una determinada comunidad en un momento u otro.
Una sociedad necesita oxigenarse permanentemente, y parte de ese oxígeno pasa por el diálogo con su pasado, sobre todo con las páginas más difíciles.
Además, y aquí voy ahora al plano del combate político, la historia que no visibilizas tú, la historia que no te lanzas a explicar tú, viene seguramente un otro a querer explicarla desde su interés, desde su proyección, desde lo que le cuadra para el proyecto que tiene. Y allí evidentemente estás regalando una bola que no debías.
MC: Estás dejando el espacio vacío para que alguien llegue.
FF: Toda la impugnación que se hace de la obra de la Revolución Cubana desde la exaltación de la República tiene que ver en buena medida con un relato construido en torno a la República lleno de manquedades. Si desde el mundo de la Revolución se hubiera construido un relato más orgánico sobre el pasado republicano, evidentemente era más difícil que alguien viniera a cogerte las luces de la República y a querer venderte que era un universo de luz sin sombra.
Si tú mismo eres capaz de decir: ok, yo me considero la superación del pasado republicano y el pasado republicano tenía todos estos elementos de oscuridad, pero al mismo tiempo tenía estas luces. Entonces vamos a explicarlo e incluso, y en relación con la República, que es un ejemplo muy bueno, cuestiones que una y otra vez se presentan como muestra de la maravilla de la Cuba republicana, pienso sobre todo en la Cuba de los 50, lo que están escondiendo detrás es una podredumbre gigantesca. Los edificios altos que se levantan en el Vedado en la década del 50, detrás de eso lo que había era la deformación estructural de la economía cubana, la política económica de Batista, que buscaba compensar los fenómenos nocivos nacidos de la restricción azucarera. La presencia en la isla del capital de la mafia que, es verdad, levantaba edificios, pero con ellos venía la prostitución, la droga, el juego en su peor versión, etc.
JB: Mucha gente dice que ahora también hay prostitución y droga, pero sin edificios…
FF: Eso nos llevaría a dialogar con las manquedades del presente cubano. El presente cubano está absolutamente lleno de manquedades, donde lamentablemente incluso problemáticas que se asumían superadas por esa impugnación de la República que fue la Revolución, han regresado.
MC: Fabio, te invitamos a seguir esta conversación después de un café. ¿Tú quieres?
JB: Vuelven a asomar los ojos.
FF: Y eso demuestra la complejidad del hoy que nos toca.
MC: Fabio, te invitamos a seguir la conversación después de un café.
JB: Nos hemos ganado un café.
MC: Usted aproveche, suscríbase al canal, comente, dé like.
JB: No ha habido nadie que en su lecho de muerte que haya dicho: «Caramba, me arrepiento de haberme suscrito a La Sobremesa».
[Pausa]
JB: Hay un episodio muy reciente en la historia cubana, que es el 11 de julio. Y volviendo a tu libro, tengo entendido que fuiste tú quien redactó esa parte del texto oficial en el preuniversitario. Vemos que difiere de una de las historias oficiales que dice que ese día salió a la calle solo gente confundida, violenta o pagada. ¿Cómo influye esa amalgama de versiones en la formación de un joven estudiante cubano?
FF: Bueno, ahí tú estás colocando el acento en lo que indudablemente podemos definir como una contradicción, donde hay varios discursos que están llegando al estudiante. Yo creo que permanentemente todo individuo va a recibir variados discursos. Siempre habrá muchos discursos que inciden sobre el individuo y lo ideal sería que en una lógica sistémica los discursos fueran más coincidentes para que la contradicción no estuviera al interior del propio sistema; que la contradicción no se diera ahí, que existieran visiones contrapuestas, una es la sistémica y otra es que la está fuera de los sistémico.
Pero la vida es más compleja. Les decía que el discurso oficial tiene gradaciones, matices. Hay un discurso oficial que es el que nace de, vamos a llamarle la política pura y dura, y hay otro discurso que juega con las lógicas oficiales, pero que emana desde la academia, que se construye desde la ciencia y desde la ciencia es difícil sostener una visión demasiado esquemática y simplista del 11J. En ese texto se insiste en que ese día confluyeron factores coyunturales y estructurales y que fue expresión de una realidad de crisis que en Cuba existe y de una dinámica política conectada con ese escenario de crisis.
Hay un discurso oficial que es el que nace de, vamos a llamarle la política pura y dura, y hay otro discurso que juega con las lógicas oficiales, pero que emana desde la academia.
La idea pasaba por la posibilidad de darle al estudiante una visión mucha más amplia del 11J desde lo que yo considero que es lo que la ciencia pone sobre el tapete. Entonces, yo creo que aquí hay un ejercicio de verdad científica e histórica, con los matices que lleva siempre hablar de verdad científica o historia, pero creo que es un ejercicio de honestidad intelectual y que el libro tiene el mérito de ser un libro honesto, que se sustenta en las investigaciones que han hecho sus autores, en su experiencia como docentes e historiadores y las conclusiones a las que nos llevaba esa trayectoria profesional implicaba decir cosas como las que están ahí dichas. Hay que decir que ese libro no lo inventaron los autores y lo llevaron a un preuniversitario. Es un libro que recibió la aprobación de las de las estructuras oficiales, por tanto, quiero yo también creer que dentro de los matices que tiene el discurso oficial, una de sus manifestaciones es que un texto como ese es texto hoy de formación de los muchachos.
MC: No obstante, cuando vamos a la prensa estatal, lo que vimos fue una narrativa de que eran personas violentas, de contrarrevolucionarios, de confundidos. Yo siento, por un lado, que se infantiliza a la gente que salió y por otro lado se les esquematiza en un molde ahí muy definido, también muy maniqueísta, muy instrumentalizado, para esa narrativa oficial que se construyó en ese momento en la prensa. ¿Qué impacto tiene eso sobre el patriotismo y los estudiantes?
FF: Ahí rescato una palabra que tú dices antes de ir a la pregunta y es la afirmación que tú haces en torno al momento. Yo creo que no es lo mismo el momento álgido justo del 11 de julio y los días semanas que lo rodearon a la interpretación que podemos hacer desde un hoy donde no estamos tan lejos de aquel ayer, pero las cosas se han asentado un poco, sobre todo para la interpretación.
El discurso político más maniqueo y que también se manifiesta como discurso periodístico nació del conflicto puro y duro que se estaba dando ahí y en la medida que el tiempo pasa, el propio discurso oficial puede generar lecturas más matizadas, como la del libro. Aunque la lectura esquemática sigue saliendo a flote. El 11J es una fecha en disputa, sistémica e antisistémica y también una disputa intrasistémica.
El 11J es una fecha en disputa, sistémica e antisistémica y también una disputa intrasistémica.
Yo creo que un fenómeno como el 11 de julio nos pone frente a las contradicciones que vivimos como nación. Y yo creo que la lectura que debemos hacer de este fenómeno tiene que ser siempre vinculada a la posibilidad de dotar a nuestros estudiantes, en este caso, a los jóvenes cubanos de herramientas para entender la realidad.
El entendimiento crítico de la realidad siempre será un aporte de contenido patriótico. Que tú entiendas lo complejo que es tu país y que a partir de esa complejidad puedas involucrarte en proyectos de transformación en un plano positivo para tu país. Si contamos la historia del país, 11 de julio incluido, desde una perspectiva muy esquemática, ajena a los matices creo que le estamos haciendo un flaco favor a ese ejercicio del pensamiento crítico, que es inherente para que un proyecto patriótico tenga verdaderas posibilidades de materializarse. Por tanto, en mi opinión, inculcar el patriotismo no va de la mano del esquema, la simplificación y lo maniqueo. Inculcar el patriotismo pasa por entender la complejidad de ese acto permanentemente difícil que es hacer patria, con todas las contradicciones que ello trae consigo.
MC: Y es lamentable que eso no se note más en la prensa, que no haya llegado más esa visión complejizada, problematizada, no solamente del 11 de julio, pasa con varios acontecimientos, por ejemplo, cada vez que hay protestas.
FF: Nuestro modelo de prensa, público, estatal, como se le quiera llamar, es un modelo que no ha sido capaz de hacer conectar la agenda de la ciudadanía con la agenda mediática que está marcada por determinadas lógicas que vienen del del sistema.
Ahí están los múltiples análisis que se han hecho sobre esto. Pienso en los libros de Julio García Luis. Pienso en los múltiples debates en los congresos de la UPEC, donde mientras tengamos una prensa que no es capaz de captar en toda su complejidad la realidad del país, es una prensa que no ayuda a que el país mejore y tampoco ayuda incluso a la posibilidad de preservación y oxigenación del sistema.
Puede que desde determinada lógica sistémica se crea que con una prensa tan controlada y esquemática estoy contribuyendo a mantener mi hegemonía social, por el contrario. Al construir un relato periodístico alejado de la realidad, evidentemente, pierdes credibilidad con la gente, porque tu discurso está absolutamente en las antípodas de lo que la gente vive. Ahora, hay que hacer un apunte, y es que narrativas esquemáticas y simplificadoras sobre el 11 de julio no son privativas de la prensa estatal. También la otra prensa incurre en maniqueísmo a la hora de narrar acontecimientos de la Cuba reciente y de la Cuba de ayer.
Historia, racismo e identidad
MC: Fabio, te voy a cambiar un poco el tema. Una de las demandas de los movimientos antirracistas cubanos es que tenemos una historia blanqueada, digamos, llena de historias de personas blancas. Y cuando se habla de personas negras, digamos, te pongo el ejemplo de Maceo, el Titán de Bronce, se hace referencia a cualidades físicas. Las personas negras son luchadoras, son fuertes y las personas blancas son intelectuales. ¿Por qué cuesta tanto visibilizar los aportes intelectuales de las personas negras y cómo impacta eso en la construcción de nuestra identidad?
FF: Hay que diferenciar la divulgación histórica y la enseñanza de la historia y la producción historiográfica. Esta última ha avanzado muchísimo. Desde autores como Pedro Deschamps Chapeaux y José Luciano Franco hasta María del Carmen Barcia, para poner a una autora viva en esta contemporaneidad nuestra. Por tanto, hay un camino importante que ha focalizado al negro, al mulato, a ese colectivo como uno de los componentes esenciales de lo que somos. Por el camino de todo esto está también la obra de Fernando Ortiz, por poner un ejemplo ilustre.
Lamentablemente, no se ha logrado que ese discurso historiográfico, ese discurso académico, haya alcanzado toda la difusión que merece en el ámbito de los productos comunicativos dedicados a la divulgación y los productos docentes que se mueven en el terreno de la enseñanza. Esa no conexión orgánica fértil lo que ha generado es que determinados estereotipos que se han construido en torno a las personas negras, mulatas, etc., puedan seguir teniendo niveles de permanencia dentro de la sociedad.
Por supuesto, esos estereotipos nacen de una sociedad marcada por la esclavitud, marcada por la asimetría entre eso que se ha dado en llamar raza. Y eso es una lucha de larga duración. Ahora yo de repente convierto a la enseñanza y la divulgación de la historia en las mejores plataformas para combatir los prejuicios raciales y para visibilizar a las personas negras y mulatas y no quiere decir que dentro de tres días habré acabado con los problemas de índole, digamos, racial que existen en Cuba. Esa es una batalla de muy largo aliento. Sin embargo, es evidente que no se ha hecho todo lo necesario para que esta dinámica cambie. Por tanto, queda mucho por hacer. Hay esfuerzos. Todo aquello de la Comisión Aponte, los propios esfuerzos gubernamentales con las políticas diseñadas a combatir la discriminación que han tenido también incidencia en la cuestión de los relatos en la visibilización de los aportes de negros y mulatos. Es un problema que se reconoce y se han diseñado estrategias que están, por supuesto, a medio camino en el marco de su implementación, pero evidentemente es un problema y no hacer lo suficiente desde el punto de vista de la divulgación y la enseñanza de la historia no ayuda, por supuesto, a avanzar en la solución de ese problema.
Esos estereotipos nacen de una sociedad marcada por la esclavitud, marcada por la asimetría entre eso que se ha dado en llamar raza.
Pero aquí vuelvo a subrayar el desfasaje que existe entre lo que los historiadores han producido y lo que se difunde a partir de esa de esa producción.
MC: Claro, porque si volviéramos, por ejemplo, a los medios de prensa, sería muy diferentes si se marcara eso como parte de la agenda editorial de los medios, si fuera voluntad política de que se marcara, de que se pensara más en ese sentido, ¿no?
FF: A veces puede ser voluntad política en el discurso macro, pero al aterrizar en las redacciones o las aulas, es más complejo de implementar.
JB: Además, si Maceo era fuerte, era fuerte…
MC: Por supuesto.
FF: Pero hay un texto de un colega que se llama El piñazo de La Mejorana, de Jorge Felipe, que está publicado en Espacio Laical y todavía se puede encontrar ahí colgado en alguna web. Y en ese texto el autor, que era muy joven cuando lo publicó, juega con los estereotipos raciales que subyacen detrás de esa construcción de un supuesto encontronazo en Mejorana, donde Maceo terminó golpeando a Martí, lo cual es falso, no hay evidencia alguna de que eso haya ocurrido. Pero Maceo es el hombre negro o mulato, que es expresión de la fuerza bruta, pero que no tiene suficiente capacidad para proyectar sus argumentos, mientras entonces Martí es el intelectual blanco medio enclenque… es decir, es una construcción estereotipada, alejada de muchos aspectos de la verdad histórica. Pero funciona a nivel de imaginario. Entonces, ¿cómo tú combates ese imaginario? Contando bien la historia de la Mejorana.
La historia de La Mejorana está muy bien contada, desde el propio diario de Martí. Muchos historiadores la han contado muy bien. Pero, lamentablemente, no le ha llegado a todo el mundo la versión mejor de La Mejorana.
JB: ¿Cómo podemos explicarle a jóvenes y no tan jóvenes la importancia de la historia?
FF: Hay que convencerlos de lo apasionante que es. Es un cuento maravilloso, una narración que te atrapa, te mueve y te genera en simultáneo emociones a nivel de tu corazón que vibra y también te genera impulsos neuronales. Una historia bien contada es un pasaje delicioso. El tema es inicialmente contar bien la historia con toda la vocación problematizadora que eso debe tener. Y en esa propia dinámica, viene una corriente más reflexiva con la que yo te estoy diciendo: conocer mejor tu pasado te ayuda a entender mejor tu presente y te da herramientas para convertirte en un actor que transforma tu presente.
Yo creo que ahí está una ecuación que empieza por: ¡qué rico es aprender historia! y termina en: ¡qué útil es saber historia! Para que no te puedan hacer un cuento que te engañe, para que sepas de dónde viniste y para que desde ese acumulado puedas decir: voy para allá, conscientemente.
JB: Tienes que empezar divirtiéndote.
FF: Yo creo que sí. Incluso, los chismes históricos funcionan. Muchos estudiantes dicen: «oye, qué bueno es mi profe porque me cuenta chismes históricos». No puede quedar la cosa en el chisme; la historia simpática, la historia no muy conocida, tiene que ser el punto de partida, la plataforma para desde ahí llegar a una reflexión más honda que brinde estas herramientas para el ejercicio de pensamiento crítico.
MC: Pero el cubano también está saturado de historia. Las efemérides, las mismas películas… yo creo que eso afecta mucho cómo uno recibe la historia.
FF: Hemos abusado de la historia. Todo sistema, insisto, construye parte de su legitimidad en la historia, pero creo que en el que nos ha tocado vivir en las últimas décadas, los subrayados históricos han sido muy vigorosos y evidentemente eso genera cierto hastío. Al mismo tiempo, si esa comunicación de la historia lleva muchos años no siendo capaz de ser distinta…es decir, yo tengo que acercarme todos los años, porque toca hacerlo, a Girón, pero si yo cuento la historia de Girón una y otra vez, igual, evidentemente genero una desconexión. Pasa algo muy importante en los tiempos que corren, y son los códigos comunicativos, cómo yo cuento esa historia. Por ejemplo, yo pertenezco a un universo profesional que venera los libros y defiende la lectura. Pero hay que entender que los tiempos de hoy no han dejado de ser tiempos de lectura, pero son tiempos básicamente de códigos audiovisuales. Por tanto, buena parte de tu comunicación de la historia tiene que discurrir por ese camino al audiovisual. Si piensas que un estudiante de preuniversitario va a tener como vía principal de chocar con la historia, leer el texto en la forma tradicional, evidentemente ahí estás fallando. Tú tienes que buscar conectar el texto con las nuevas maneras de contar. Y pasa otra cosa, que tiene que ver con el hastío de la gente respecto a la historia. Lamentablemente, el país que vivimos no es capaz de darle a sus ciudadanos todas las satisfacciones en el presente y a veces se busca validar el presente desde un ejercicio de resistencia conectado con la heroicidad de la historia. Y eso es otorgarle a la historia una responsabilidad mayor que la que puede asumir.
Si piensas que un estudiante de preuniversitario va a tener como vía principal de chocar con la historia, leer el texto en la forma tradicional, evidentemente ahí estás fallando.
MC: Si no tengo un horizonte de futuro no lo voy a resolver…
FF: Entonces, la idea de que no tenemos hoy un presente próspero y el futuro tampoco luce demasiado luminoso, pero tenemos que estar contentos porque hay detrás una historia heroica… Fíjate, la historia heroica le da a la gente anticuerpo para resistir. Eso es importante. Yo te digo a ti hoy: «aquí hay una tradición tremenda, estamos en un momento difícil, hay que apretarse el cinturón y palante porque somos mambises». Eso no está mal hacerlo, pero al mismo tiempo, no podemos pretender que ese sea el todo.
La gente tiene que tener realizaciones en su presente y un sueño que considera alcanzable en el porvenir. Si tú logras, entonces, una historia bien contada, un presente más amable y sueños de porvenir que se ven como materializables, ahí tendrás mayor armonía social.
MC: En ese mismo sentido, Fabio, ¿cómo tú crees que los historiadores del futuro contarán este presente?
FF: Les va a tocar relatar una de las mayores crisis, si no la mayor, de la nación cubana. Eso será indudablemente un terreno fértil para la indagación historiográfica. Entender la Cuba del hoy será para los historiadores del mañana un reto intelectual indudablemente atractivo. Y por supuesto, esos historiadores tendrán que contar los tiempos difíciles que se vivieron en este país en estos años que ahora mismo nos toca a nosotros sufrir en más de un sentido. Ojalá, es mi aspiración y mi sueño, que esos historiadores puedan también contar la historia de cómo el pueblo cubano encontró los mecanismos, las herramientas y las maneras para salir del atolladero presente y construir un futuro mejor. Ojalá que esos historiadores estén hablando desde un futuro mejor que este presente. La responsabilidad es nuestra.
Tiroteo final
JB: Vamos allá con la parte final: el tiroteo de La Sobremesa. Preguntas para responder con el mínimo de palabras.
MC: Un consejo a jóvenes apáticos de la historia en una oración.
FF: Acercarse a ella y van a descubrir que es maravillosa.
JB: Libro imprescindible para conocer la historia.
FF: El ingenio, de Moreno Fraginals.
MC: ¿Qué quieres para Cuba, en una palabra?
FF: Felicidad.
Para Cuba, entendida como los cubanos en la mayor globalidad posible.
MC: Gracias, Fabio.
FF: Ya sobreviví.
JB: Se acabó el tiroteo. Gracias.
FF: Me hicieron sudar, pero la pasé bien.
MC: Así terminamos este episodio de La Sobremesa, un podcast de La Joven Cuba, donde hablamos con la ligereza y el desparpajo de quien está en la sala de su casa.


Se ha manipulado tanto la historia por unos y otros – y es tan evidente hoy día -, que no le queda otra a los interesados que utilizar sus propios recursos para comprenderla y explicarla. El riesgo de esto último es la lectura de errores históricos u omisiones (sin querer o con queriendo)., así que supongo que cada uno tendrá una versión personal de la historia – coincidente en algunos pasajes, divergentes en otros -, es decir, la «verdad histórica» quedará cuestionada.., De todas formas, ello no es un peligro ni mucho menos. El peligro real es la intolerancia a las otras verdades ejercidas por algún poder del estado (grupo de poder).
– Respecto a la historia, a la política – Las redes sociales son un verdadero peligro. Internet es un verdadero peligro. Pero… ¿Para quien?
Respecto al patriotismo…, coincido más con Tolstói, y se me hace evidente el efecto de dicha palabra sobre las sociedades actuales.
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Debate interesante y necesario. Sólo lamento no tener el libro. Dónde puede conseguirse?