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La noticia es que un grupo de científicos cubanos ha desarrollado una solución tecnológica y terapéutica para personas que sufren de epilepsia y a las que los medicamentos disponibles no le hacen el efecto necesario.
La alternativa terapéutica fue desarrollada por el Centro de Neurociencias de Cuba (Cneuro), el Instituto de Neurología y Neurocirugía, y la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Universidad Tecnológica de la Habana (Cujae). Se trata de pequeño equipo de estimulación eléctrica transcutánea del nervio vago, que sirve para tratar a pacientes con epilepsia farmacoresistente.
Bautizado como Estep, es un pequeño dispositivo que utiliza baterías y puede ser empleado por el propio paciente, y tras un entrenamiento corto, ellos mismos pueden operar el equipo.
Uno de los líderes del proyecto es Cneuro, una institución dirigida por el doctor en Ciencias Médicas Mitchel Valdés Sosa, quien informó que la epilepsia en Cuba abarca entre 280 y 300 casos por cada mil habitantes, de los cuales, un 30 por ciento no mejoran la enfermedad con tratamiento farmacológico.
Esta solución recibió su registro médico por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos en el año 2023, después de que los ensayos mostraran que el 83.3 por ciento de los pacientes que probaron el dispositivo vieron una reducción significativa de las crisis epilépticas.
El Dr. Valdés Sosa afirmó que la electroestimulación de la rama auricular izquierda del nervio vago ha ido ganando terreno en el mundo para tratar estas epilepsias resistentes a los medicamentos, y que son procederes más baratos y menos invasivos que la neurocirugía o la neuroestimulación.
Estep también genera expectativas porque los científicos consideran que probablemente tenga capacidad terapéutica para pacientes que sufren de migraña, insomnio, depresión, trastornos en el aprendizaje, o se recuperan de un accidente cerebrovascular.
Según Granma, al menos 16 personas están utilizando el Estep, y está en producción un lote de 140 unidades en las instalaciones productivas de Cneuro. Algunos de los que están en producción se utilizarán en un ensayo con niños, y el resto se introducirá en el Sistema Nacional de Salud, mientras otros podrán comercializarse en diferentes mercados.
Además de aliviar los efectos de esa enfermedad, el Estep tiene otras ventajas relacionadas con el hecho de que en su fabricación se tiene una plena soberanía tecnológica, y que el mantenimiento por parte de personas calificadas se garantiza en Cuba, durante todo el funcionamiento del equipo.
Esta noticia significa que a pesar de la severa crisis que sufre Cuba, la emigración de profesionales hacia el sector privado o al exterior, aún tiene un capital científico que le permite hacer frente a las necesidades de determinados pacientes, que ven sus soluciones terapéuticas limitadas por diferentes razones.
Significa además que con el liderazgo adecuado, es posible el desarrollo de proyectos que articulen los esfuerzos, saberes y capacidades de diferentes instituciones, y que su colaboración termine en un equipo innovador, útil, y potencialmente comercializable, como Estep.
Cneuro, la institución líder en el desarrollo de este dispositivo, tiene un largo historial en el cierre de ciclos de innovación, dígase, convertir una buena idea en una solución concreta. El liderazgo de Mitchell Valdés tiene mucho que ver con este éxito que mejora la calidad de vida de pacientes con epilepsia.
Este resultado no se produce en un país que apueste grandes partidas de presupuesto a la innovación y la ciencia. Si bien, eso es lo que señala el discurso político, no lo muestran las distribuciones presupuestarias de los últimos años, en los que se observa una sobredimensionada inversión en servicios turísticos e inmobiliarios.
Así lo señaló el reconocido economista cubano Pedro Monreal al afirmar que Cuba tiene «un patrón de inversión deformado en que la inversión articulada alrededor del turismo es 40 por ciento mayor que la inversión combinada en industria y agropecuaria y con «ciencia e innovación recibiendo el 0.5 por ciento de la inversisón nacional, el país va a cualquier parte menos hacia el desarrollo».
Este tipo de soluciones tecnológicas se producen en un país que ofrece muy pocos recursos a un sector fundamental, y que en algún momento fue motor impulsor de la economía cubana.
Nuestra opinión es que la inversión en ciencia y en educación debería ser prioridad en el país, no solo para incrementar salarios y oportunidades de mejoramiento de calidad de vida de los científicos y trabajadores de ese sector, sino porque de ellos depende la capacidad de respuesta para el sistema de salud, y la posibilidad de encontrar soluciones nacionales y soberanas a enfermedades no transmisibles en aumento, como el cáncer o la diabetes.
Es palpable el número creciente de científicos que abandonan el país para encontrar otras oportunidades de vida y de crecimiento profesional. Si bien el llamado «robo de talentos» es un fenómeno común a escala internacional, lo cierto es que, cuando quienes producen los grandes adelantos científicos y tecnológicos no son estimulados, esta problemática se agrava significativamente.
Por política de Estado, la promoción de la ciencia fue prioridad en otros momentos de la historia de la Revolución cubana, sobresaliendo el hecho de que lo que hoy es conocido como BioCubaFarma, surgió como el «Polo Científico» en los años del llamado período especial, la severa crisis económica que sucedió a la caída del campo socialista liderado por la Unión Soviética. Aún así, en medio de esas condiciones se apostó audazmente por el desarrollo de esta rama, una de las pocas que hoy sigue cosechando éxitos en medio de crisis multidimensional que asola al país.
Si bien ahora el discurso político pone en el centro la ciencia, y lo que se ha dado en llamar el Sistema de Innovación de Ciencia y Tecnología conduce las decisiones del gobierno, según afirma el presidente cubano, la realidad es que en términos de recursos asignados e indispensables para la concreción de ideas, y la implementación de proyectos de innovación, el mensaje es completamente diferente.
En un contexto así, lograr soluciones terapéuticas como Estep es una esperanza y una prueba del capital científico remanente en las instituciones cubanas, y también una muestra de cuánto más pudiera aportar el sector de la ciencia y tecnología si la «prioridad política» se tradujera en prioridad de presupuestos.

