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La noticia es que Moscú subsidiará empresas rusas en la financiación de proyectos para que inviertan en Cuba, según confirmó el viceprimer ministro en el gabinete ruso, Dmitry Chernyshenko, el hombre que ha estado al frente de la construcción de una nueva relación con Cuba. Según el titular de la nota publicada en Cubadebate, la financiación para impulsar la inversión rusa en Cuba llegará a los mil millones de dólares.
«Quiero destacar que hemos creado un sistema moderno que ofrece oportunidades para el empresariado ruso y para ayudar a la economía de Cuba».
Vladimir Putin confirmó que fue aprobado un mecanismo especial para subsidiar las tasas de interés al empresariado ruso en financiación de proyectos, para que puedan invertir en la economía de Cuba, ante todo el suministro de energía eléctrica, la agricultura y el alumbrado, declaró Chernyshenko en Moscú a un grupo de periodistas cubanos que cubren las actividades del presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez en su visita a Rusia.
Según Chernyshenko este es el resultado de un arduo trabajo de ambas partes en los últimos ocho años, y calificó a Cuba como un socio confiable, que tiene capacidad de pagar por los créditos estatales y proyectos contraídos. Ni los periodistas ni Chernyshenko ofrecieron ninguna fuente que confirmara esto, teniendo en cuenta el amplio historial de impago de deudas que tiene Cuba con proveedores, incluyendo con Rusia, lo cual ha requerido la condonación o reestructuración de su deuda exterior en más de una ocasión.
En 2014, Rusia condonó casi la totalidad de la deuda que la Isla tenía desde la época soviética, pero incluso así, la Cuba dejó de pagar las cuotas durante la pandemia y la deuda fue renegociada.
Según Chernyshenko, la esperanza es que los empresarios rusos vayan a Cuba, lo cual la ayudaría a ser más independiente.
Si bien no dio fechas sobre cuándo se sentirá el impacto de este plan de inversiones porque «es imposible lograr las cosas de inmediato, por arte de magia», sí afirmó que el único objetivo del presidente Putin es apoyar al pueblo cubano.
El anuncio poco detallado se produce mientras el presidente cubano se encuentra en Moscú, después de una primera visita a San Petersburgo, y posteriormente a la capital rusa, donde fue recibido por el presidente de ese país, Vladimir Putin.
El mandatario que se hace acompañar de su esposa, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla y el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Oliva Pérez Fraga, visitó empresas de la industria biofarmacéutica, de la tecnología eléctrica, así como centros de monitoreo que utilizan la inteligencia artificial.

Díaz Canel inició su viaje el pasado 5 de mayo, para tomar parte en la marcha militar por la victoria contra el facismo, y para celebrar los 65 años de relaciones diplomáticas con Rusia.
En San Petersburgo, su primera parada, se reunió con el gobernador de esa ciudad, Alexander Beglov. Visitó dos empresas de la industria biofarmacéutica rusa: Geropharm y Biocad, donde directivos confirmaron que cinco análogos de insulina de Geropharm ya cuentan con registro sanitario en Cuba y se utilizan, mientras otros tres fármacos esperan aprobación. También se dio a conocer que Biocad exporta medicamentos a la Isla.
El presidente cubano comentó sobre la posibilidad de emprender proyectos conjuntos con empresas como BioCubaFarma, además de que «los amigos rusos» «son invitados permanentes» a la Mayor de las Antillas. Esto tiene lugar en medio de una fuerte crisis de medicinas que ha debilitado considerablemente el sistema de salud cubano.
Otras empresas visitadas fueron las de la industria eletronergética, y el Centro de Monitoreo de la ciudad con Inteligencia Artificial, una sala de control 24/7 que integra datos de cámaras, sensores y llamadas ciudadanas para gestionar transporte, energía, agua y emergencias.
La visita estuvo marcada además por una amplia lista de actividades de corte político, de homenajes, y tributos, así como una entrevista al estilo de la Mesa Redonda, filmada en los predios del canal ruso RT, en su división en español, televisora rusa que puede verse íntegramente en la Isla.
Díaz Canel visitó además la fábrica de carros Moskvich, quién producirá una flota de taxis que pronto circularán en Cuba, además de donar 10 autos para la Isla.
Otra noticia importante de la cual varios medios y agencias internacionales se hicieron eco fue la declaración del presidente Miguel Díaz‑Canel durante su reunión del 5 de mayo con el gobernador Aleksandr Béglov en el Smolny de San Petersburgo, de que La Habana y esa ciudad rusa «trabajan ya en opciones» para inaugurar vuelos directos, medida destinada a reanimar el flujo turístico bilateral.
Estas noticias significan que las relaciones ruso-cubanas avanzan, esta vez con anuncios concretos cuya aplicación habrá que observar para poder medir su verdadero impacto.
Sin duda, esto podría ser una bocanada de aire para la herida economía nacional. Es además un resultado concreto de varios años de diálogos, reuniones, y básicamente un trillo entre la Habana y Moscú que mostraba poco más que imágenes de reuniones y hombres con trajes que llegaban o iban.
Significa además un compromiso de Rusia con ofrecer una alternativa de alivio a Cuba en un contexto de fragilidad económica y política, y con un gobierno estadounidense que no escatimará en creatividad para aplicar su política determinada a empeorar la vida de los cubanos con el propósito de que se levanten contra el gobierno.
Sin embargo, a pesar del elevado monto de la cifra y las supuestas garantías y estímulos que ha ofrecido el gobierno ruso a sus empresarios para impulsar inversiones en la Isla, la ejecución de ese presupuesto ha sido tomada por algunos especialistas con cierto escepticismo. Sobre esto, el economista Pedro Monreal alertó:
«Aunque la información es todavía escasa, hay dos asuntos que llaman la atención. En primer lugar, el plan parece apoyarse principalmente en subsidiar estatalmente a potenciales inversionistas privados rusos con un “mecanismo especial” para financiar proyectos de inversión.
»La adición de este mecanismo de subsidio ruso pudiera indicar que a los potenciales inversionistas no les parecen suficientes los generosos subsidios cubanos a la inversión extranjera en forma de múltiples exenciones fiscales y arancelarias.
»El segundo asunto llamativo es que más que ser un estimado basado en proyectos relativamente tangibles, la mención a más mil millones de USD es resultado de expresiones preliminares de “voluntad y confirmación” asociadas a un documento general llamado Plan 2030.
»No pocos anuncios anteriores de inversiones privadas rusas terminaron en proyectos cancelados, pospuestos, redimensionados, o sin nuevos detalles (p.ej. ferroviarios, generación eléctrica, agricultura, refinación de petróleo, hotelería, etc.)».
Nuestra opinión es que Cuba debe aprovechar las oportunidades de intercambio y de inversión de donde vengan, con el foco en el desarrollo de la economía desde la soberanía nacional, y desde la creación de infraestructura que haga al país más independiente, y por tanto más fuerte frente a los vaivenes de la economía global.
Este anuncio demuestra además la voluntad de mantener viva una relación cercana y cálida que proviene de los años de la Guerra Fría en la que Cuba era parte del CAME, el área de comercio común entre países cercanos a la desaparecida Unión Soviética.
A pesar de que el presidente cubano habló en su visita de «continuidad», en el mundo moderno ya la disputa no ocurre entre un bloque socialista y otro capitalista, sino entre diferentes modos de capitalismo. En este contexto, potencias establecidas y otras emergentes mueven sus fichas en torno a sus intereses, áreas de influencia y para asegurar retorno de cada acción que se emprenda.
Aunque en el caso de Cuba la hermandad y cercanía histórico priman también, está claro que el principal interés de Rusia en la mayor de las Antillas es geopolítico, y ligado al interés de pisar firme en una zona del mundo tan cercana a Estados Unidos.
Quedará por ver si el gobierno cubano logra aprovechar la millonaria inversión para reanimar su economía y aumentar la calidad de vida de sus ciudadanos, aunque sin las transformaciones profundas que requiere su modelo —más apertura al sector privado, autonomía para las empresas estatales, programas de fomento…—, como bien dijo Monreal, todo corre el riesgo de seguir siendo «más de lo mismo».

