Viejos amigos se reúnen: empresa mixta cubano-rusa producirá medicamentos

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La noticia es que Rusia y Cuba abrirán una empresa mixta en el área biofarmacéutica para solucionar, afirman, problemas de salud pública de ambos países, según informó el vicepresidente primero de BioCubaFarma, Eulogio Pimentel, de visita en Rusia con una delegación de autoridades científicas cubanas.

Pimentel presentó frente a una veintena de representantes de compañías farmacéuticas rusas los medicamentos cubanos con potencial para el mercado ruso, algunos ya utilizados en el tratamiento a pacientes de ese país.

El científico comentó que fruto de las exportaciones, ya en Rusia están disponibles proyectos estrellas como Heberprot-P, el Herbermin, y se registra el anticuerpo monoclonal contra enfermedades oncológicas Nimotuzumab.

La presentación de las potencialidades de la industria biofarmacéutica cubana estuvo a cargo de una delegación que visitó primero Belarús y luego Moscú compuesta también por el director de la empresa Medicuba, Armando Garrido, y por la directora del Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos de Cuba (CECMED), Olga Lidia Jacobo.

Por la parte rusa estaba el director para el desarrollo de inversiones internacionales y de comunicaciones del grupo farmacéutico Chemrar, Denis Vinokurov, quien celebró la colaboración entre ambos países, no solo en términos de comercio sino también en el desarrollo de productos originales en cada país.

Según la delegación cubana, BioCubaFarma está en proceso también de registrar la vacuna VA-Mengoc-BC, que trata la meningitis meningocóccica del serogrupo BC, y se está terminando el desarrollo clínico en Rusia de CIMAvax, un medicamento para tratar enfermedades autoinmunes.

Pimentel subrayó que esta colaboración debe tener dos sentidos: Cuba transfiere tecnologías para el beneficio de la Federación Rusa, pero se busca también registrar medicamentos rusos para el sistema de salud cubano.

Desde junio ya varias noticias indicaban que Cuba y Rusia expandían la colaboración en esta área. Durante el Foro Económico de San Petersburgo, se conoció que BioCubaFarma, en un consorcio con otras empresas rusas, había firmado acuerdos con el Fondo de Inversión Directa (RDIF), un fondo auspiciado por el gobierno ruso para impulsar industrias que potencialmente tienen gran crecimiento. En la descripción de la empresa señalan que su propósito es invertir en empresas líderes o promisorias del ambiente empresarial ruso, lo cual llama la atención, ya que en el caso de BioCubaFarma se sale de este propósito específico.

Su director, Kiril Dmítriev afirmó entonces que la idea era producir una cartera de medicamentos innovadores, y que el monto de la inversión inicial era en torno a los 11 millones de dólares, pero la inversión total podía llegar a 113 millones de dólares.  

Según informó el alto funcionario del fondo, «BioCubaFarma se ha convertido en el primer socio del RDIF en Cuba».

De acuerdo con Dmítriev, el propósito de este fondo soberano es atraer a los mejores fabricantes farmacéuticos del mundo para ubicar la investigación y producción de medicamentos en Rusia.

Ya el conglomerado farmacéutico cubano tenía acuerdos con los principales institutos científicos rusos, aunque estos pasos de vínculos empresariales llevan a un nuevo nivel la relación. Es una manera de utilizar el potencial que tiene el otrora polo científico cubano como uno de los motores de la economía cubana, capaz de crear y producir medicamentos para la red de atención pública de salud, pero también de comercializarlos a nivel internacional.

De hecho, ya varios de estos medicamentos desarrollados por la empresa cubana están registrados en los países del BRICS, donde Cuba es un Estado asociado.

La colaboración no se queda ahí. En enero de este año, el Centro de Inmunoensayo de BioCubaFarma firmó un convenio de cooperación para la investigación científica con el Instituto Engelhardt de Biología Molecular de la Academia de Ciencias de Rusia.

Según la información publicada en el sitio del Minrex, el acuerdo tiene dos propósitos: la obtención de productos que son prioridad para la salud pública de ambos países, y contribuir al desarrollo institucional del Centro de Inmunoensayo y del grupo de industrias de BioCubaFarma.

Esta noticia significa que el vínculo que se ha estado fertilizando con Rusia comienza a dar algunos frutos concretos que trasciendan las visitas mutuas, y la firma de documentos que tienen poco impacto en la vida de ambos pueblos.

Durante ya varios años, las visitas de altos funcionarios, las promesas de donativos y de negocios conjuntos, y la cooperación no parecía despegar y mostrar resultados tangibles, más allá del envío de petróleo ruso gracias a créditos que el Kremlin ha otorgado a La Habana.

En este caso, la colaboración involucra a uno de los sectores más importantes de Cuba y una de las industrias más desarrolladas del país.

BioCubaFarma es un grupo empresarial que unió a varios centros de investigación, producción y comercialización de medicamentos, desarrollado en los años 90 por el fallecido presidente cubano Fidel Castro en una valiente apuesta en medio de la crisis después de la caída del campo socialista, para convertir a la ciencia cubana en fuente de ingresos y soluciones para el sistema de salud.

El conglomerado farmacéutico es la industria que con mayor nivel tecnológico y científico aporta ingresos a través de bienes y servicios exportables. Tiene vínculos de producción industrial de medicamentos o comercio con varios países del mundo, y en ese grupo sobresalen Irán y China. Su director por años, y principal figura al frente, fue promovido el pasado año a ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Eduardo Martínez Díaz es un cuadro cercano al actual presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez y posteriormente fue ascendido a viceprimer ministro.

La comunidad científica cubana y sus esquemas industriales, fueron capaces de hacerle frente a una de las pandemias más grandes del último siglo, creando vacunas que permitieron inmunizar a buena parte de la sociedad cubana, y en ese hito, no solo está la capacidad científica de innovar y crear soluciones científicas a enfermedades nuevas, sino la capacidad industrial para producir en grandes cantidades los candidatos vacunales con los que se inmunizó a toda la población cubana.

La industria tiene además en su portafolio de productos varios medicamentos de probada calidad para enfrentar diferentes tipos de cáncer y otras consecuencias de enfermedades crónicas no transmisibles, como las úlceras vinculadas a los pacientes que viven con diabetes.

Nuestra opinión es que este emprendimiento bilateral entre ambos países es una oportunidad para Cuba, que necesita encontrar mercado para sus productos biofarmacéuticos de tan alto nivel, pero también es una oportunidad para Rusia.

La Isla ha invertido durante décadas en la formación de científicos y en el desarrollo de centros de investigación que ponen al país, a pesar de su crisis económica crítica, en una posición de ventaja en el sur global con respecto a las posibilidades científicas.

La industria biofarmacéutica cubana no está exenta de la migración de profesionales y el peso de la crisis económica, junto a las consecuencias de las sanciones, pero sigue siendo una de las áreas de más alto nivel del país.

Para Cuba esta es una oportunidad para comercializar sus productos, para expandir sus capacidades productivas, y ofrecer oxígeno al sector que también ve a su potencial científico partir hacia otros sectores o países.

La Isla tendrá más fácil acceso a colaboraciones científicas en un país como Rusia, enorme en capacidades industriales, y muchas veces mayor que Cuba en población y recursos. Permitirá el acceso a tecnologías avanzadas a los científicos cubanos, lo cual posibilitará que los proyectos avancen con mayor rapidez y certeza de insertarse en mercados internacionales, una prioridad para Cuba que intenta acercarse al BRICS y ofrecer lo que tiene.

Para Rusia es la puerta al conocimiento cubano en estas lides, a un costo mucho más bajo que si se hiciera con empresas multinacionales más grandes. Tendría además más cerca la posibilidad de incorporar a su sistema de salud medicamentos que, debido a las sanciones de Estados Unidos y la incapacidad de Cuba para ubicarlos en el mercado internacional, no ha podido tener en su cartera de opciones para tratamientos de enfermedades en crecimiento, como el cáncer.

Ambos lados perciben una ventaja competitiva que ojalá se aproveche y no quede en el camino de lo nunca concretado, en un contexto en que la voluntad por sí sola no salva vidas ni economías, sino que requiere del esfuerzo y la conjunción de fortalezas allí donde las haya.

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Redacción
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