El dólar a la baja en Cuba: ¿déjà vù o reacción?

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La noticia es que el valor del dólar, el euro y la moneda electrónica libremente convertible (MLC) muestran una tendencia a la baja frente al peso cubano, según la tasa de referencia del mercado informal cubano, desarrollada por la plataforma El Toque.

La caída del dólar sigue a un anuncio de parcial dolarización de la economía formal, según palabras del primer ministro, Manuel Marrero, en la Asamblea Nacional en su última sesión del año.

De oscilar entre los 350-340 pesos, el dólar y el euro se ubican ahora en los 300 pesos y 305 pesos respectivamente. Si se observa el comportamiento del valor de la divisa en el mercado cambiario informal, a fines del año pasado tuvo una tendencia a la estabilidad en el último mes, aunque ubicado en valores entre los 260-280 pesos. Aún no ha llegado a ese valor, pero es posible que repita una tendencia a la baja durante las últimas semanas del año.

Este anuncio del PM sucede en un contexto muy particular.

De pasar a tener un control prácticamente total del mercado cambiario a través de las ya difuntas Casas de Cambio llamadas Cadecas en Cuba hace algunos años, el gobierno cubano perdió el control de las divisas y de la tasa tras el reordenamiento monetario, que junto a la crisis de la pandemia, las ineficiencias propias y a la caída casi a fondo del turismo, terminó por dejar las arcas gubernamentales vacías.

Sin embargo, cambistas informales ocuparon ese lugar, y ha sido en ese espacio de ilegalidad en el que la gran mayoría de los cubanos obtienen la moneda dura, o venden la que tienen para obtener pesos cubanos.

El gobierno incluso perdió la prerrogativa de poner una tasa flotante, lo cual han sugerido reconocidos economistas cubanos más de una vez. En aquel momento, la plataforma El Toque, de corte opositor, comenzó a publicar una tasa de cambio de referencia, de acuerdo a una metodología diseñada por el economista cubano residente en Colombia, Pavel Vidal. Así el Banco Nacional de Cuba perdió el control de la tasa cambiaria, y lo que se llama en la calle «la tasa del Toque» es básicamente el valor por el que los cambistas se guían para mover grandes o pequeñas cantidades de efectivo.

Después de que la mayoría de los economistas fueran ignorados, finalmente, el gobierno anunció una tasa cambiaria flotante, que está por ver cómo funcionaría y cómo asegurarían divisas para poder competir con el mercado informal.

La tendencia a la baja podría tener varias lecturas. Según el propio Vidal, tres factores inciden en esto: el ajuste en el déficit fiscal debido a la restricción del gasto, los anuncios de política cambiaria y la posible introducción de una tasa de cambio flotante; así también como el anuncio de la Resolución 56, que pone límites en la importación y venta mayorista entre privados, lo cual podría reducir la demanda de divisas, y por esa causa baja su precio en el mercado cambiario.

Este cambio se produce tras meses de estabilidad en el valor del dólar y el euro, y pone en tensión a los ahorristas en divisas, casi todos en efectivo, ya que el Banco ha dejado de ser una opción, debido a la imposibilidad de recuperar la divisa y porque de cambiarlo lo hace a una tasa muy por debajo del «cambio del Toque»:120 pesos cubanos por unidad.

Esta noticia significa que discretamente, el peso cubano se valoriza, aunque no se sabe a ciencia cierta por qué. Algunos apuntan a que este es el momento del año en que más cubanoamericanos vienen al país y ponen más efectivo en dólares a disposición, lo cual podría tener un impacto en la disponibilidad de divisas.

La caída del dólar frente al peso cubano identificado por El Toque demuestra que la plataforma sigue llenando un espacio que las autoridades financieras cubanas no ocupan, y que si bien puede tener influencias externas, hoy no hay alternativa a esta plataforma cuya tasa de referencia es la que usan buena parte de los dueños de negocios que necesitan recapitalizarse o importar.

Por otro lado, también demuestra los desafíos para el gobierno en caso de que lleve a cabo la imposición de una tasa de cambio flotante que intente competir con El Toque.

Nuestra opinión es que la vulnerabilidad del consumidor común cubano frente a la volatilidad del mercado cambiario lo deja fuera de buena parte de la oferta disponible. Esto sucede debido a los altos precios de los productos, frente al depreciado peso cubano, moneda en la que cobran la gran mayoría de la población con salarios fijados previos a la inflación y a otra realidad económica.

Este no es un fenómeno solo cubano. El cambio en el valor del dólar varía con frecuencia en casi todos los países de América Latina que no están formalmente dolarizados, como México o Brasil.

En el caso de Cuba, fortalecer la capacidad de las instituciones bancarias, ofreciéndoles autonomía real para no vaciar de valor las monedas nacionales es fundamental. Una muestra de esta urgencia es la evolución de la tarjeta en MLC a la Tarjeta Clásica. Cuando se instauró el MLC como moneda electrónica con respaldo en divisas, el abastecimiento de las tiendas estaba asegurado, pero con el tiempo, el MLC se fue depreciando, al punto que las tiendas en esa moneda se vaciaron de productos, y cuando el gobierno tuvo la urgencia de recaudar divisas con la compra de gasolina, no acudió al MLC, sino a la creación de un nuevo sistema: la tarjeta clásica solo recargable en dólares en el Banco cubano.

Si cada vez que se crea una moneda electrónica, o un nuevo sistema de pago, las divisas que respaldan esa operación financiera se dedican a otros fines, se termina dejando sin valor a lo que parecía ser una solución inicial.

Nadie puede cuestionar lo complejo que es para cubanos emprendedores privados o para instituciones gubernamentales hacer operaciones financieras internacionales en dólares. Toda empresa estatal tiene que encontrar una longaniza de subterfugios para poder darle uso a la moneda estadounidense, pero la realidad es que la incapacidad de poner una tasa flotante, invertir aunque sea mínimamente en la infraestructura bancaria y guiarse por un razonamiento económico pragmático son urgencias retrasadas con un altísimo costo para la credibilidad de los cubanos en su sistema bancario.

En reiteradas ocasiones el gobierno ha dicho que no aplica una tasa cambiaria flotante para «proteger a la población», pero realmente hace tiempo que la población está a expensas del cambio del Toque. El hecho es que ni se pone una tasa de cambio, ni se beneficia de tener cierto control de las divisas, lo cual podría de usarse bien, ofrecer más capacidad de maniobra para generar subsidios de calidad a aquellos que lo necesiten.

También está siendo un patrón en el comportamiento del gobierno utilizar el «el bien del pueblo» para retrasar medidas inevitables y cuyos costos ya se sienten por las grandes mayorías.

Las declaraciones del primer ministro durante la Asamblea Nacional no ofrecieron un camino claro ni el cómo de esos anuncios, dejando espacio para algo que sobra en Cuba por estos tiempos: la incertidumbre y la angustia sobre el impacto que unas medidas poco explicadas tendrán sobre el acceso a la comida o sobre el valor del peso cubano.

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Redacción
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