Diálogo y resistencia: Díaz-Canel responde a la victoria de Trump

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La noticia es que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel se pronuncia por primera vez sobre la victoria de Donald Trump en Estados Unidos.

En una comparecencia televisiva durante su visita a Cienfuegos, el mandatario cubano afirmó que «era un escenario probable y nos veníamos preparando». Sobre la relación entre el Estado cubano y el estadounidense, la refirió como «totalmente asimétrica, porque nos han impuesto un bloqueo por más de 60 años, un bloqueo que en 2019 se recrudeció y que se ha mantenido con la actual administración».

Sobre las posturas de los dos partidos que rigen la política estadounidense, agregó que «no es un problema de administraciones, fíjense, dos administraciones de partidos diferentes han mantenido la misma posición de hostilidad hacia Cuba». En este sentido, remarcó que el actual presidente demócrata no ha realizado cambios significativos en la política de hostilidad hacia la Isla.

En cuanto a la disposición del gobierno cubano a dialogar con Estados Unidos, Díaz-Canel afirmó que «el país no acepta injerencia de ningún tipo, nuestro país no renuncia a su modelo de construcción socialista». No obstante, también subrayó que el gobierno cubano no tiene «nada en contra del pueblo estadounidense» y que está dispuesto «a dialogar en igualdad de condiciones con el gobierno de los Estados Unidos».

El también primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) finalizó su intervención remarcando los efectos de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos y una supuesta confianza en la «victoria» por parte del pueblo cubano: «Hemos sufrido el recrudecimiento de ese bloqueo, con las implicaciones que ha tenido en la vida de las cubanas y los cubanos. Pero tenemos la convicción de que, con el talento de nuestro pueblo, con la resistencia de nuestro pueblo, con el heroísmo de nuestro pueblo, vamos a seguir andando sin miedo, con ese espíritu de resistencia y de victoria».

Esta semana, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla también se pronunció en X sobre el triunfo del candidato republicano en Estados Unidos: «[Los] resultados de las elecciones en EEUU eran un escenario probable para el cual Cuba está preparada. Tenemos larga experiencia en el enfrentamiento a las agresiones imperialistas, evidenciada en estos 65 años de Revolución. […] Como siempre hemos hecho, mantendremos nuestras cordiales relaciones con el pueblo estadounidense y la disposición de dialogar, en igualdad de condiciones, con el gobierno de EEUU, a pesar de una relación bilateral totalmente asimétrica y un bloqueo que nos han impuesto por 62 años».

Esto significa que el gobierno cubano ha hecho una declaración que apuesta por el diálogo con la administración republicana, pero que difícilmente será correspondida. El anterior mandato de Trump apostó por un recrudecimiento de las sanciones hacia la Isla, sumado a una reducción al mínimo de las relaciones diplomáticas y las operaciones consulares bajo la justificación de unos «ataques sónicos» que nunca fueron probados.

Las medidas más importantes impuestas por Donald Trump contra el Estado cubano incluyeron la reactivación del Título III de la Ley Helms-Burton, lo cual permitió demandas en tribunales estadounidenses. En el sector de los viajes, se prohibieron los cruceros, se limitaron los vuelos solo a La Habana y se restringieron las licencias de viajes educacionales «pueblo a pueblo». En cuanto a las remesas, se impusieron límites y restricciones que dificultaron significativamente su envío, sobre todo en grandes cuantías como forma de inversión para negocios privados. En el sector comercial se endurecieron las restricciones para la importación de productos con componentes estadounidenses; además, se intensificó la persecución bancaria, obstaculizando transacciones financieras relacionadas con Cuba. Estas medidas se complementaron con la designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, dificultando aún más las relaciones internacionales y las operaciones comerciales del país.

En su próxima toma de la Casa Blanca, con Marco Rubio al frente de las relaciones exteriores —un senador de origen cubano que ha catapultado su carrera apoyado por los segmentos cubanoamericanos extremistas que apoyan la política de máxima presión—, las posibilidades de una relación armoniosa, o al menos más respetuosa con el vecino del norte, no se avizoran.

No obstante, con Trump nada está seguro. No sería la primera vez que el republicano cambia su discurso y actuar cuando le es conveniente. Los diálogos con Kim Jong-un, mandatario de Corea del Norte, luego de haberle prometido «fuego y furia», son uno de los tantos ejemplos en los que el magnate neoyorquino ha contradicho su discurso y la línea de su propio partido. La pregunta que aún no queda clara sería: ¿qué incentivos tendría durante este mandato para tener una política de acercamiento con La Habana?

Nuestra opinión es que resulta positiva la declaración de la voluntad de diálogo con Estados Unidos, por parte del presidente y canciller cubanos, y su señalamiento a que esta sea apegada a las normas del derecho internacional y respetando los principios de soberanía de cada país.

Sin embargo, no queda claro cómo Cuba se está preparando para una administración republicana presuntamente más restrictiva hacia el principal talón de Aquiles del sistema político cubano, la economía. Los resultados hasta el momento no son halagüeños: una crisis eléctrica sostenida, precios que no dejan de crecer, una producción interna incapaz de cubrir las necesidades alimentarias de la población, una empresa estatal marcada por la ineficiencia y la burocratización, y un sector privado atado por múltiples regulaciones que restringen su crecimiento.

En este contexto, hablar de «resistencia» y «espíritu de victoria» sin delinear claramente una estrategia que asegure la supervivencia y el bienestar de una ciudadanía cada vez más empobrecida se presenta como un suicidio político. Es imperativo que el gobierno cubano deje de lado la retórica y proponga soluciones concretas que garanticen al menos la reproducción de la vida cotidiana en un país que se enfrenta a crecientes desafíos económicos y sociales para los que no se vislumbra una salida.

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