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Luego de la comparecencia del presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez televisada hoy, todo parece indicar que la política trumpista de amenazar a quien envíe o venda combustible a Cuba, posiblemente conduzca a una parada de buena parte de la economía y los servicios. La policrisis que padece el país, por tanto, tiene las condiciones creadas para agravarse y que se produzca una profundización del deterioro de la vida, que afectará a los cubanos residentes en la Isla, y especialmente a los sectores más empobrecidos.
Por muchas críticas que puedan hacérsele al gobierno cubano en cuanto a la postergación de una reforma integral que fortaleciera la estructura interna y generara bienestar, es incuestionable que las restricciones totales para la entrada de combustible lo dejarán en gran medida incapacitado de gestionar con efectividad las proporciones aún más severas de la crisis. En otras palabras, el margen de maniobra será muy estrecho.
Aun así, desde La Joven Cuba compartimos algunas consideraciones que creemos deben tenerse en cuenta para analizar políticamente este escenario:
-El patrón de actuación política de Trump hasta el momento ha sido presionar a otros países para crear leverage, o sea, ventaja política, y después impulsar una negociación desde una posición más favorable a sus intereses políticos y personales.
-La posibilidad de una agresión directa, aunque real, sigue siendo improbable porque implicaría varios riesgos para la Casa Blanca: el costo económico para la administración norteamericana, ya cuestionada por no enfocarse más en asuntos domésticos (los resultados recientes de una encuesta de Fox News indican que la popularidad de Trump ha bajado a un 44%, y que el balance de aprobación – desaprobación de la operación en Venezuela es de 42-57%). Un factor de peso, además, es que estamos en un año de elecciones; todos los escaños de la Cámara de Representantes se renovarán en noviembre de 2026.
-Está gravitando sobre este escenario la cuestión de a dónde conducirán las comunicaciones que ya se están dando entre Estados Unidos y Cuba, a las que se refirió el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossió (“intercambio de mensajes” fue la expresión utilizada en una entrevista con CNN), así como las disposiciones declaradas a dialogar.
-Rusia previsiblemente continuará enviando combustible a Cuba, y el apoyo de aliados seguirá siendo un factor relevante para aliviar un tanto la situación. Sin embargo, sería ilusorio pensar que ese apoyo puede convertirse en una solución sostenible para el funcionamiento regular del país a mediano y/o largo plazo, si se mantiene el cerco energético por parte de Estados Unidos.
-Durante el tiempo que permanezca este endurecimiento de las restricciones para importar combustible, es previsible que el efecto en la economía no sea solo recesivo, sino también inflacionario con su correspondiente impacto sobre los hogares. Es esperable que ante la carencia de combustible, aumenten los costos de transporte y ese encarecimiento se traslade a los productos de primera necesidad que habitualmente son comercializados por el sector privado. Un aspecto no menor será el posible incremento de los precios de los alimentos. En este escenario se hacen imprescindibles mecanismos de distribución de insumos básicos, donde el Estado juega un papel central. La pregunta de si hay planes para ello, o recursos a movilizar, pende sobre las nuevas medidas que según la comparecencia de hoy se anunciarán en los próximos días.
Cualquiera sea la forma en que se salga del momento actual, el peso de la agudización de la crisis recae sobre la gente, y Cuba necesitará aún más de ayudas solidarias entre la sociedad civil cubana que en otros momentos se ha activado, así como ayudas por razones humanitarias, que contribuyan a aliviar el peso de los condicionamientos políticos que hoy son impuestos desde la Casa Blanca.

