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La noticia es que el congresista de línea dura republicana de la Florida Carlos Giménez, realizó una audiencia en el Congreso de los Estados Unidos para darle púlpito a un centro de investigaciones que alega tener pruebas de una expansión de la supuesta base de vigilancia que China construye en Cuba, una información que no ha sido confirmada ni por La Habana, ni por Beijing, ni por ningún otro Estado o actor externo.
La audiencia titulada «La vigilancia aérea, espacial y marítima de Beijing desde Cuba: una creciente amenaza a la patria» estuvo presidida por Giménez, y el principal declarante fue el director del Programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS por sus siglas en inglés) así como la Universidad Internacional de la Florida.
En el verano del 2023, un funcionario anónimo de la Administración Biden dijo a la prensa estadounidense que China construía bases de espionaje en Cuba, noticia que fue inmediatamente aceptada como cierta, al punto de que durante los debates a raíz de las primarias para la candidatura del partido republicano, el entonces senador marco Rubio exigió a Cuba que «sacara esas estaciones chinas de escucha de Bejucal».
En aquel momento, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, calificó como «inexactas» esas afirmaciones, aunque dijo que el país asiático había ampliado en 2019 sus instalaciones de inteligencia en Cuba, o sea, durante el primer mandato de Trump, al cual también acusó de no lograr «progresos suficientes» para contrarrestar ese espionaje.
En aquel momento la historia no pasó de acusaciones cruzadas entre los dos partidos de no hacer lo suficiente para contener a la inteligencia china, sin embargo, hoy renace como el fénix, traído por un grupo de expertos en la observancia de fotos satelitales.
Las imágenes, tomadas por satélites comerciales, indican un supuesto movimiento constructivo de expansión de las capacidades de radioescucha de una base en Bejucal, en área cercana a lo que era la base de Lourdes, gestionada por Rusia durante años y abandonada a principios de siglo. En este territorio hoy se ubica la Universidad de Ciencias Informáticas. A la vez, el informe refiere que no ha habido movimiento en otra base en el oriente del país, en una zona llamada el Salao, en la provincia de Santiago de Cuba.
El reporte indica que en Bejucal hay entierros de pilotes y ubicación de nuevas antenas redondas, sumadas a otros sistemas que «aumentan la capacidad de Cuba (o de China) de recoger información proveniente de Estados Unidos».
Lo supuestamente construido o remodelado serían antenas CDAA (Circularly Disposed Antenna Array en español, arreglo de antenas dispuesto en forma circular), una tecnología que se ha utilizado para «determinar con precisión el origen de las señales de radio entrantes desde una distancia de hasta 4.800 o incluso 12.800 kilómetros».
«Aunque las obras en este sitio siguen en curso, ya se identifica fácilmente como un CDAA por su forma circular. Las imágenes satelitales muestran antenas de poste ya instaladas en un patrón circular alrededor de un remolque móvil en el centro. […] Este nuevo CDAA probablemente reemplazará a uno más antiguo y pequeño, ubicado previamente en un campo cercano dentro del complejo. Las antenas de ese conjunto circular ya no son visibles», agrega.
No obstante, la publicación también aclara que si bien «los CDAA fueron un elemento básico de las SIGINT [señales de inteligencia] durante la Guerra Fría», «las nuevas tecnologías y la evolución de las misiones han hecho que los CDAA sean menos comunes en la SIGINT moderna».
Aunque la información es muy detallada en ofrecer conjeturas o interpretaciones de fotos satelitales, no explica en ningún momento por qué habría que asumir que las supuestas labores constructivas son esfuerzos chinos.
Todo está sustentado en fuente anónima: «dijo que la inteligencia decía», y aunque el Pentágono no lo confirmó, la prensa lo asumió como cierto y llovieron los titulares; lo convirtieron en realidad sin contrastar fuentes, un principio defendido a ultranza por el periodismo occidental, pero violado una y otra vez en el caso de Cuba.
Por otro lado, el reporte que Giménez puso en el centro de la audiencia no demuestra vínculo alguno con China, más allá de que alega que la tecnología es utilizada en otras radioescuchas del sudeste asiático, pero también en otros lugares del mundo.
Hace dos años, cuando la historia fue publicada por el The Wall Street Journal y The Washington Post, periodistas extranjeros acreditados en Cuba fueron a las inmediaciones del lugar sin encontrar ninguna prueba significativa, más allá de antenas de comunicación oxidadas.
Como la vez anterior, el Estado cubano negó estas afirmaciones a través de su Ministerio de Exteriores. «Son infundadas las acusaciones alusivas a la presunta presencia de fuerzas militares de China en el país antillano», afirma la nota publicada en el sitio oficial. Al mismo tiempo, el ministro Bruno Rodríguez Parrilla agregó que quienes divulgan esa acusación «ignoran que la única base extranjera en nuestro país está en territorio ilegalmente ocupado en Guantánamo».
Cabría preguntarse si un país que no logra mantener encendido ni el 50% de su territorio, y a cualquier tropezón se cae el sistema entero, estaría en condiciones de recibir una inversión constructiva de esta naturaleza. No obstante, es una historia dúctil y atractiva para la polarización política y la siembra de miedo entre los estadounidenses. Revivirla viene muy bien para justificar la política de sanciones con esteroides, una promesa del enviado especial para América Latina, Mauricio Claver-Carone. Mientras tanto, los caminos chino-cubanos parecen tomar otras direcciones.
China fue el país invitado de honor a la Feria de Turismo, recientemente concluida, y se conoció la intención de que el gigante asiático gestione un hotel en Cuba, además de expandir el envío de turistas al país.
El presidente de la Academia de Turismo de China, Dai Bin, afirmó que los intercambios bilaterales «avanzan con paso firme hacia horizontes prometedores».
Los turistas chinos incrementaron en un 48,6 % en 2024 con respecto a 2023. Según el embajador de China en Cuba, Hua Xin, más de 27 mil chinos visitaron la Isla el añopasado. Si bien son números modestos para el potencial del turismo chino, son un signo de que es voluntad del gigante asiático vender Cuba como un final turístico asequible y memorable. La apertura de vuelos directos entre Beijing y La Habana, reestablecidos el año pasado, también conducen a este propósito.
En ocasión de FitCuba, estuvo en La Habana el viceministro del área de Cultura y Turismo de china, Rao Quan, quien afirmó que dedicar la Feria a China es «una demostración de la amistad especial» entre Beijing y La Habana.
China es además la esperanza de que Cuba pueda resolver los molestos apagones utilizando la luz del sol caribeño. Con colaboración de ese país, la Unión Eléctrica debe montar al menos 50 parques de paneles solares que contribuyan a amortiguar el pico de consumo del día, y que aporten al sistema electroenergético al menos 21 MW, cada uno.
Esto significa que la narrativa contra Cuba se fortalece e instrumentaliza con una historia ya publicada antes que sembró sospecha sin evidencia, en un mundo donde el hecho de que alguien diga algo es suficiente para hacerlo verdad. La narrativa que vincula a China con Cuba viene muy bien para emparentar a la Isla a un objetivo claro y más lógico de esta administración estadounidense: enfrentar o ralentizar el avance de China como innegable y más poderoso adversario de ese país.
Por su parte, Giménez lleva una intensa racha de acciones y denuncias para endurecer aún más la política de Estados Unidos contra Cuba, desde un llamado a delatar a cualquiera que tenga supuestos vínculos con el gobierno y así ser deportados o detenidos, hasta entregar listas de supuestos agentes del gobierno cubano.
Esta nueva ofensiva que intenta fortalecer la imagen de Cuba como una amenaza para Estados Unidos es una forma de justificar una política de agresión contra todo puente tendido entre La Habana y Miami, que va desde atacar los vuelos comerciales o el envío de remesas. También justifica tener una política de asedio contra migrantes cubanos que no han cometido delitos penales y que emigraron a Estados Unidos, para crear un estado de pánico e intimidación que sea disuasivo para otros potenciales migrantes.
Es además una forma de justificar la permanencia de Cuba en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, que no tiene evidencias sobre las que sostenerse.
De hecho, sin temor al reciclaje, también ha salido Marco Rubio a refrescar una historia vieja que ha sido utilizada para justificar la inclusión de la Isla en esa lista: Rubio acusó a Cuba de ofrecer refugio a terroristas, criminales y fugitivos de Estados Unidos, refiriéndose a Joanne Chesimard, acusada de matar a un agente de policía, y que, según la prensa estadounidense, vive en Cuba desde 1979. Sin embargo, de ser cierto, Estados Unidos también ha ofrecido refugio a personas que han cometido actos violentos contra Cuba y lo han confesado, como es el caso de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch.
Nuestra opinión es que la historia, hasta el momento, parece ser otro intento más de la administración actual de enfriar aún más las relaciones diplomáticas entre los dos países, una estrategia que sirve a un segmento extremista de representantes de origen cubano —la gran mayoría republicanos—, y que han hecho de la lucha contra el «peligro comunista cubano» una escalera hacia el Congreso.
Lo cierto es que Cuba, como Estado soberano, tiene derecho a poner las bases que estime conveniente en su territorio. De hecho, Estados Unidos ha desplegado varias en la región. No obstante, si estas informaciones pudieran confirmarse, sí sería un duro revés de credibilidad internacional para la Cuba que ha defendido la ausencia de bases militares extranjeras en Latinoamérica y es firmante de la Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
No obstante, hasta el momento solo hay declaraciones anónimas e interpretaciones poco claras de imágenes satelitales. Y también es cierto que cualquier información, por más poco confirmada que esté, sirve como justificación para el aumento de sanciones, la intimidación a migrantes en ruta o ya en Estados Unidos, la deportación a diestra y siniestra de personas sin antecedentes delictivos, y la pérdida de derechos de una comunidad ampliamente representada en Washington, pero que no se traduce en vida mejor para los cubanos de allá, y mucho menos para los que viven en la Isla.
Sean confirmadas o no estas informaciones, es muy probable que se utilicen para seguir defendiendo la política de máxima presión, aunque sus nulos resultados para derrotar al gobierno cubano son más que probados. En paralelo, los máximos dirigentes cubanos que ya poco esperan una mejor relación con su vecino del norte y sus aliados occidentales, fortalecen los nexos con sus alternativas en el oriente: Vladimir Putin y o Xi Jinping. Por tanto, como ya es costumbre, la hostilidad pesará especialmente sobre el cubano común, que vive entre apagones, mala administración de muchos de sus recursos, y un fuego abierto por parte de Washington.

