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La noticia es que la ministra presidenta del Banco Central de Cuba (BCC), Juana Lilia Delgado Portal, compareció en el programa televisivo Mesa Redonda junto a otros directivos de la institución para analizar el estado actual del sistema bancario y financiero del país. Los funcionarios reconocieron que la bancarización respondió a la falta de efectivo disponible, y que muchos actores económicos dependen de este para funcionar, pero que eso no «será un freno».
Durante sus intervenciones, además de la bancarización, abordaron la política crediticia, los retos tecnológicos y las perspectivas de desarrollo económico, y la relación de los mecanismos bancarios del país con el sector privado y el financiamiento al sector agrícola.
Acerca de la tan llevada y traída bancarización, los funcionarios actualizaron sobre el estado de este proceso anunciado en el verano del año pasado pero que ha recibido innumerables obstáculos, basados, esencialmente, en las dificultades tecnológicas.
Los representantes de la institución bancaria midieron el avance de la aplicación de la política a partir del crecimiento de tarjetas magnéticas, que en los últimos nueve meses pasaron de ser 7 millones a 12 millones; más tarjetas que habitantes.
Confirmaron que hay una tendencia al alza en los pagos electrónicos, pero que en el último trimestre el aumento en montos y número de operaciones ha sido apenas de un 4%.
Aclararon asimismo que estos incrementos son insuficientes frente a los desafíos existentes y señalaron que el 30% de los ingresos de las empresas estatales se realiza mediante pagos digitales, indicando que aún queda mucho por avanzar.
El Banco Central es el rector y regulador del sistema de pagos del país y debe velar por el correcto funcionamiento de este, por lo cual actualizar las estrategias para la estabilidad financiera de Cuba, es una prioridad.
Sin embargo, no explicaron u ofrecieron información sobre los procedimientos bancarios para acompañar los decretos leyes recientemente aplicados, que intentan controlar y corregir distorsiones en el sector privado.
Por ejemplo, los decretos no indican cómo se realizarán los pagos en un país en que los importadores privados no pueden acceder al mercado de divisas de manera legal y transparente en los bancos, sino que tienen que acudir al mercado informal.
De hecho, recientemente se actualizó el procedimiento para la compra e importación de vehículos pero no ha quedado claro cómo será el pago de esos automóviles, si en el exterior de manera directa al proveedor, además del impuesto en el país a la importadora estatal mediadora entre el cliente y el proveedor.
El Banco, hasta hoy, no se ha pronunciado en ese sentido.
Los entrevistados se concentraron en informar sobre oportunidades ya establecidas como los créditos agropecuarios, y cómo la institución se centra en el sector productivo para ofrecer facilidades de financiamiento.
En este sentido, Ileana Estévez Bertematy, asesora de la ministra presidenta, profundizó en la política crediticia del país. Afirmó que «en nuestro país actualmente los financiamientos están muy concentrados en el sector productivo. Más del 97% de los financiamientos que se conceden en el país están destinados a la actividad productiva y de servicios, sobre todo en los temas de comercio, reparaciones, servicios gastronómicos, industria manufacturera y la agricultura», por lo tanto, solo alrededor de un 3% de los créditos se conceden a personas naturales entre las que se incluyen trabajadores por cuenta propia y agricultores individuales.
En cuanto a las personas naturales interesadas en solicitar créditos, Estévez anunció nuevos proyectos escritos: «para avanzar en temas de financiación a la población tenemos una serie de proyectos escritos que se irán introduciendo según las condiciones del país lo permita. Uno de ellos está diseñado específicamente para los jóvenes. Los bancos incluirán en su cartera de productos este propósito, con el objetivo de apoyar a aquellos jóvenes que están iniciando su vida laboral».
El procedimiento general para solicitar un crédito incluye la apertura de una cuenta bancaria, la presentación de documentos personales y justificantes de ingresos, y la elaboración de un plan de uso del crédito. El banco evalúa la capacidad de pago del solicitante antes de aprobar y desembolsar el crédito, estableciendo un calendario de pagos.
Según Estévez Bertematy las tasas de interés en Cuba son «posiblemente las más discretas del mundo», pues «se mueven en un rango entre un 4% y un 9% cuando son a muy largo plazo los financiamientos para las inversiones, lo mismo sean inversiones de infraestructura o de otro tipo».
Con respecto al ahorro la asesora de la ministra presidenta afirmó que «es importante que las personas ahorren por su propia estabilidad financiera y, por supuesto, porque es una fuente para que los bancos también puedan gestionar los financiamientos que le conceden tanto a los actores económicos como a la propia población».
Habría que preguntarse cuántas personas en Cuba pueden ahorrar, y cuántas escogen el banco para guardar sus fondos.
Como parte de las iniciativas futuras para apoyar al sector agrícola, la funcionaria mencionó la creación de la Banca de Fomento Agrícola. Este fondo, administrado por el sistema bancario, según lo indicado por la funcionaria, brinda facilidades a un grupo de productores que tienen intereses preferenciales. Incluye productos como «la caña de azúcar, el arroz, los cultivos varios, la actividad porcina y la ganadería».
Por su parte, Alberto Quiñones Betancourt, vicepresidente del Banco Central de Cuba, hizo una alusión indirecta a la ausencia de un mercado cambiario para las divisas, algo a lo que también se refirió Delgado Portal cuando dijo que uno de los principales desafíos estaba en lograr «un acceso eficiente y oportuno a las divisas tanto a los exportadores, en el caso de que las generen, como a otros actores que las requieran» y «la implementación de un mercado cambiario que sabemos la necesidad de que esta situación se resuelva».
Esto significa que el sistema bancario cubano enfrenta múltiples desafíos en medio de la compleja situación económica actual. La bancarización, impulsada por las autoridades como una estrategia para modernizar la economía, contrarrestar la escasez de efectivo y combatir prácticas como la evasión fiscal, encuentra resistencia entre los actores económicos, especialmente los privados.
En las últimas sesiones de la Asamblea Nacional, varios diputados han hecho referencia a que hay campesinos que tienen trabajadores que necesitan cobrar en efectivo, y que muchas veces se deja de trabajar, nada más y nada menos que en la urgente producción de comida, porque los campesinos no cuentan con efectivo para pagarle a sus obreros.
No es el único problema de la tan ansiada y necesaria bancarización. La ausencia de un mercado cambiario oficial para personas naturales y empresas privadas obliga a estos actores a recurrir al mercado informal para adquirir divisas, que opera principalmente en efectivo. Esto dificulta la bancarización, ya que los privados necesitan efectivo para cerrar sus ciclos económicos.
Sobre esta problemática múltiples voces informadas se han pronunciado desde el inicio del proceso. Por ejemplo, el economista Omar Everleny comentó que: «la gestión bancaria en Cuba es muy engorrosa. Ahora, yo soy ferviente defensor de la bancarización y estoy en contra de la evasión fiscal, pero las medidas que se toman tienen que ser coherentes, y en Cuba eso no sucede. Tienes que invertir en cajeros automáticos a lo largo de todo el país, tienes que mejorar las instalaciones bancarias, tienes que entregarle terminales de punto de venta (POS) a todo el que la solicita».
Por su parte, el empresario Alfonso Larrea también explicó para este sitio la problemática que implica la bancarización forzosa para los negocios privados: «Fue como un fusible que abre un circuito: invierto en divisa, compro, vendo en el país, voy al mercado informal, recupero mis dólares y ya cerré el circuito. La bancarización abrió el circuito. El mercado informal funciona únicamente con efectivo; al limitar el acceso al efectivo, limitas el acceso al mercado informal».
La desconfianza en el sistema bancario también se ve agravada por casos reportados de demoras en la devolución de fondos en divisas y la devaluación acelerada del peso cubano. La alta inflación hace que los ahorros pierdan valor rápidamente, a esto debe sumársele que la mayoría de los cubanos viven «al día» y dedican la gran mayoría de sus ingresos a la alimentación —pues la Canasta Básica es significativamente superior a los ingresos medios—. Ambos factores desestimulan el depósito de los fondos en bancos.
No se puede dejar de mencionar lo difícil que es encontrar un cajero funcionando y con efectivo. No hay un plan diseñado público para enfrentar la infraestructura tecnológica obsoleta. Las constantes caídas y la lentitud de los servidores dificultan tanto el pago por pasarelas como las operaciones en los bancos. La falta de personal calificado y el éxodo de trabajadores bancarios afectan la calidad del servicio y la capacidad de implementar nuevas tecnologías y procesos, esto último fue reconocido en el programa. En algunos bancos con múltiples puestos para cajeros, solo funciona uno, porque solo hay una persona trabajando como cajero.
Por otra parte, muchos establecimientos estatales y privados han comenzado a implementar el cobro exclusivo a través de pasarelas de pago como Transfermóvil y EnZona, que colleva a otro problema: en Cuba todavía hay personas, sobre todo de más edad, que no poseen dispositivos móviles inteligentes o no saben utilizarlos.
Otro elemento importante a tener en cuenta es que varias zonas turísticas y hoteles no se acepta efectivo y los pagos deben hacerse en moneda nacional o divisas a través de tarjetas. Sin embargo, la conversión se realiza a la tasa oficialmente reconocida para estos establecimientos (1 USD = 120 CUP), muy por debajo del valor en el mercado informal (1 USD ≈ 320 CUP), lo que encarece significativamente los precios para los extranjeros que no poseen tarjetas en moneda nacional y se sienten estafados al enterarse de la abismal diferencia en los precios.
Nuestra opinión es que aunque las autoridades bancarias cubanas reconocen los desafíos y están tomando medidas para enfrentarlos, existe una desconexión entre las políticas implementadas y la realidad económica del país. La bancarización es una herramienta valiosa en economías estables y con infraestructuras sólidas, pero en el contexto cubano actual, parece ser más una imposición que una solución efectiva.
Es la segunda vez en el mes que se menciona en televisión nacional la dificultad de los actores privados para acceder a la divisa necesaria para importar, lo cual debe hacerse mediante un mercado cambiario informal —a ausencia de uno legal— que funciona con efectivo. Sin embargo, en ninguna de las dos ocasiones se dio una propuesta de solución a esta problemática elemental para el cierre de los ciclos de venta. Por tanto, es de suponer que los actores económicos continuarán recurriendo al mercado informal.
En otro orden, consideramos que los créditos de fomento, como la Banca de Fomento Agrícola mencionada por las autoridades, son una medida positiva que puede impulsar sectores clave de la economía, especialmente la agricultura. Sin embargo, el éxito de estos depende en gran medida de si los montos otorgados son realmente estimulantes para los productores y de la moneda en que se conceden. En un contexto de alta inflación y devaluación del peso cubano, ofrecer créditos en moneda nacional y un tope bajo puede no ser suficientemente atractivo ni efectivo para reactivar un sector tan depreciado como el de la agricultura. Por tanto, es crucial que las autoridades consideren estas variables al diseñar y otorgar los créditos, asegurando que sean verdaderamente beneficiosos y motivadores para los actores económicos involucrados.
El sistema bancario cubano enfrenta obstáculos significativos que no pueden ser superados únicamente con decretos o exhortaciones. Se requiere un enfoque integral y realista que tome en cuenta las necesidades y limitaciones de todos los actores económicos y de la población en general.
La confianza en el sistema bancario debe ser restaurada mediante políticas coherentes, mejoras en la infraestructura y garantías de acceso y disponibilidad de fondos. La economía cubana necesita reformas integrales que aborden los problemas estructurales, como la inflación descontrolada, la falta de acceso a divisas y la obsolescencia tecnológica. La reactivación de un mercado cambiario funcional en los marcos de la legalidad, inversiones en tecnología, capacitación del personal bancario y educación financiera para la población son pasos esenciales en este camino.

