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Muy lejos en su agenda de prioridades le queda al recién electo presidente Donald J. Trump el tema Cuba. Desde los temas de economía y política internos, hasta Ucrania/Rusia y Medio Oriente/Irán, las controversias con la Unión Europea y la OTAN y las tensiones con China, crean una muy compleja agenda, razón por la cual Cuba no es una prioridad. Ni siquiera en América Latina lo es, ya que México y Venezuela son el centro de cualquier debate de prioridades en la región.
Sin embargo, alrededor del recién electo presidente se mueven no pocas figuras políticas de la Florida a las que pudieran interesarle promover el tema Cuba. Entre otros se destacan el recién nominado para secretario de Estado, Marco Rubio, a los que se agregan Rick Scott (senador) y los tres representantes más directamente vinculados a la comunidad cubanoamericana de Miami (Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar). A este grupo se vincula el mayor o menor respaldo que pueda ofrecerle la también floridana Susie Wiles (nominada por Trump como jefa de su gabinete). Otro legislador cubanoamericano que habría que tener en cuenta es el influyente senador por Texas, Ted Cruz, aunque en su agenda pesan mucho más la inmigración y las relaciones con México.
Si estos aliados de Trump lograran atraer su atención hacia el tema cubano, ¿en qué direcciones pudieran dirigirse nuevas acciones contra el país? Primero que todo, no se puede olvidar que en su primer mandato presidencial Trump fue persuadido de acometer un sinfín de acciones ejecutivas (un total de 246) encaminadas a reducir a su mínima expresión las medidas constructivas acometidas por el presidente Barack Obama, sin tomar en cuenta una diferenciación elemental: que una cosa son las acciones que perjudiquen directamente al gobierno cubano y sus nexos internacionales, y otra cosa muy diferente las acciones que lesionan directamente a la población cubana (nexos con sus familiares en EEUU, flujo normal de visitas, asistencia material y financiera, vínculos comerciales con el sector privado emergente y otras). Y no puede olvidarse que la administración Biden conservó casi en su totalidad las sanciones impuestas por Trump en su primer mandato, «suavizando» solo algunas medidas directamente vinculadas a los nexos familiares.
Antes de examinar las posibles nuevas acciones contra Cuba —si Trump decidiera acometer un rumbo particularmente beligerante hacia la Isla—, estas se producirían a partir de una perspectiva muy diferente. La nueva apreciación valoraría las protestas masivas ocurridas en Cuba el 11 de julio del 2020 como un giro total en la dinámica al seno de la sociedad cubana capaz de, por sí misma, precipitar la caída del gobierno sin injerencia extranjera directa, cosa nunca antes advertida en la Isla, ni siquiera cuando las grandes conmociones de la embajada del Perú y la emigración masiva del Mariel en 1980. Por tanto, es de esperar que la administración Trump implemente políticas para favorecer semejante colapso a partir de la opinión de que ahora, como nunca antes, puede producirse.
A partir de dicha apreciación, las nuevas acciones contra Cuba podrían ser:
1. En primer lugar, suprimir aquellos renglones «suavizados» por Biden y restablecer en su totalidad las 246 medidas adoptadas por Trump en su período 2016-2020 a fin de agravar las tensiones internas.
2. Suprimir toda posibilidad de flujos masivos de cubanos —como el ocurrido en la etapa final de Biden por vía de Nicaragua y México—, así como de cuotas normales de cubanos viajando a EEUU, con la bien definida intención de que la emigración no suponga un alivio a las tensiones internas, sino todo lo contrario, que las aumente y produzca eventuales desenlaces violentos.
3. Producir una ruptura de relaciones diplomáticas que ponga fin a las posibilidades legales de viajar y/o emigrar hacia EEUU, así como intentar acentuar el aislamiento político-diplomático ya creado con la inclusión de Cuba en la lista de países promotores de terrorismo (última acción adoptada por Trump al final de su primer gobierno).
No queda mucho más por hacer de parte de la administración entrante. Por otra parte, la Unión Europea (UE) —hoy dominada por grandes alianzas de fuerzas de ultraderecha— no debe considerarse como posible alternativa de apoyo para Cuba, ni esperar que se opongan a esta particular proyección de parte de Trump. Queda solamente el previsible cuestionamiento de dichas medidas por parte de la gran mayoría de los países de América latina y el Caribe, pero con bastante pocos resultados prácticos que EEUU, como siempre, tenderá a ignorar. Puede pronosticarse que como mecanismos de alivio muy limitados, Cuba solo cuente con las ayudas que Rusia y China —cada vez más reducidas de parte de ambas potencias— dispongan tras largos años de relaciones.
Mientras, esperemos que este nuevo gobierno de Trump necesite concentrarse primordialmente en los complejísimos desafíos internos y externos que deberá enfrentar.


A MARCOS, LA MISMA HISTORIA DE BOLTON, EL LO SACA DEL JUEGO CUANDO PUTIN SE LO PIDA.los cubanos en Miami, no son mericanos, el los usa pero los odia solo por ser latinos, ellos se hacen los q no lo saben, para bailar mientras los dejen, el ya no los necesita, entre ellos y Putin se queda con el ruso q todos sabemos q le dicta ta página.
El modelo en Cuba será el de Viet Nam,
Los rusos no pueden darse el lujo de perder una oreja.
Los chinos también necesitan el espacio auditivo,además de su postura compasiva y el compromiso moral y formal, al ginal en este último mandato del Colorao, poco le importara 🇨🇺 u además la inmigración potencial ha mermado y eso se nota en la calle, un viejo con poco vive y prefiere estar en casa si tiene dos comidas al día y los medicamentos imprescindibles.Por ahí se puede hacer un libro de ideas, pero para no cansarnos, prefiero esperar.
Recordemos que en 1960, el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Lester Mallory, escribió un memorando en el que afirmaba que Fidel Castro y otros miembros del Gobierno cubano aprobaban la influencia comunista, por lo que propuso alienar el apoyo interno al gobierno cubano por medio del desencanto y la desafección basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. «Si se adopta una política de este tipo, debe ser el resultado de una decisión positiva que convoque una línea de acción que, siendo lo más hábil y discreta posible, haga las mayores incursiones para negar dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios monetarios y reales, para provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno». Cuba está pasando ahora por su peor crisis.
Si Marco Rubio es aprobado como Secretario de Estado, con el apoyo de los legisladores cubanos americanos María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez, Nicole Malliotakis y Ted Cruz, también Jorge Mas quien es millonario, y otros empujaran un cambio. Después de las protestas del 11 de julio en Cuba en 2021, todos se unieron para conseguir que el presidente Biden apretara más a Cuba y aportara un fondo de $20 millones.
La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) lleva décadas proporcionando sustento, información, material, capacitación y asistencia técnica para organizar a ciudadanos cubanos. El Título II “Asistencia a una Cuba Libre e Independiente” Sección 201-207, describe las políticas hacia un Gobierno de Transición donde EEUU debe estar preparado para ofrecerle al pueblo cubano ayuda humanitaria, económica y otros tipos de asistencia a través de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.
A mi pesar, estimo con todo lo antedicho que las circunstancias en Cuba se prestan para que el recién electo presidente Donald J. Trump considere apretar muchísimo más a Cuba para provocar un desconcierto total que conlleve a la ejecución del TÍTULO II: ASISTENCIA A UNA CUBA LIBRE E INDEPENDIENTE.
Opino que el Título II es una flagrante injerencia a la soberanía de Cuba.
La soberanía de Cuba ? La soberanía de e ser de toda la nación, no de la mafia que se dice gobierno. Cuba no es una nación soberana.
Ya Cuba no tiene soberanía, tristemente, somos los esclavos de un gobierno que muchos no queremos, no hemos elegido y no nos representa.