William LeoGrande: la normalización es el camino

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La Joven Cuba comparte la transcripción de la entrevista al politólogo norteamericano William Leogrande a propósito de la serie de entrevistas por los 10 años del anuncio del 17 de diciembre de 2014.

Creo que el anuncio de normalización del 17 de diciembre de 2014 entre Estados Unidos y Cuba para establecer relaciones diplomáticas normales y luego avanzar, y tratar de normalizar la relación bilateral en general, sirvió muy bien a los intereses de Estados Unidos. En primer lugar, en el acuerdo que se anunció ese día, Cuba aceptó liberar a 54 prisioneros políticos. Accedieron liberar a Alan Gross a cambio de que Estados Unidos liberara a los tres miembros restantes de los Cinco Cubanos. Y en general, hubo voluntad en ambas partes no solo de restablecer las relaciones diplomáticas, sino de avanzar en una variedad de temas, en temas de beneficio mutuo y también temas en discusión, como el tema de los derechos humanos y el tema de las reclamaciones de propiedad que ciudadanos estadounidenses tienen contra el gobierno cubano, por propiedades que fueron nacionalizadas después de la revolución de 1959.

Cuando miramos hacia atrás a ese proceso hace 10 años, hubo varios momentos destacados que marcaron una diferencia tremenda, particularmente en la vida de los cubanos. La expansión del servicio aéreo en un servicio aéreo regular para facilitar a la gente ir y regresar normalmente, la expedición de visas múltiples de cinco años, para que los cubanos visitaran Estados Unidos a ver la familia o para venir a establecer las cadenas de suministro de sus empresas privadas. Pero lo más importante, quizás, fue la creación de un verdadero sentido de esperanza y anticipación en Cuba de que esta larga Guerra Fría entre Cuba y los Estados Unidos finalmente llegaría a su fin, y eso significaría que el embargo llegaría a su fin, y la vida diaria sería mucho más fácil de lo que ha sido en los últimos 60 años, como resultado, en parte, de las sanciones de EE. UU.

Hubo algunos hitos importantes, por supuesto, muchas flexibilizaciones de diferentes partes del embargo por parte del presidente Obama, que prepararon el terreno para más comercio y más viajes entre los dos países, más intercambios culturales. Pero luego, por supuesto, el momento culminante fue el viaje del presidente Obama en 2016. El primer presidente de EE. UU. en visitar Cuba desde antes de la Gran Depresión. Y fue recibido de manera extraordinaria. Él dio lo que, en mi opinión, fue un discurso impresionante al pueblo cubano. Y lo más importante, realmente estableció el tono al declarar que el fin de la Guerra Fría en el Caribe había llegado, y ahora los Estados Unidos estaban interesados en construir una relación positiva con el pueblo cubano y con el gobierno cubano para avanzar los intereses de ambos países.

Desde la década de los 90, la política de EE. UU. hacia Cuba ha dependido en gran medida de la política interna de este país. La concentración de la comunidad cubanoamericana en Florida, que fue un estado clave en las elecciones presidenciales, ha significado que, en particular los demócratas, eran reacios a dar pasos positivos hacia la mejora de las relaciones con Cuba porque temían una reacción de la comunidad cubanoamericana y que eso podría costarles las elecciones, la reelección en Florida.

Y, por supuesto, vimos a Al Gore perder Florida en el 2000 por 537 votos, en gran parte porque la comunidad cubanoamericana hizo un voto de castigo en su contra, porque el presidente Bill Clinton envió al niño de seis años Elián González, de vuelta a Cuba con su padre.

El otro obstáculo a nivel nacional han sido los miembros cubanoamericanos del Congreso, que han votado casi de manera unánime, y se han opuesto a cualquier tipo de normalización, tanto los miembros republicanos, como Mario Díaz-Balart, como el senador Robert Menéndez en el Senado de los Estados Unidos. Y durante la administración de Biden fue un obstáculo particular porque el presidente Biden, habiendo sido senador, confió en el juicio de sus colegas senadores, especialmente en temas en los que estaban muy involucrados. Y, por supuesto, Menéndez fue categórico en su oposición a cualquier tipo de relajación con Cuba. Y creo que eso fue un verdadero disuasivo para que el presidente Biden siguiera adelante.

Restricciones y ayudas al sector privado cubano

El presidente Biden acordó a principios de este año un paquete de cambios regulatorios que estaban destinados a ayudar al sector privado cubano a participar en el comercio internacional. Así que permitió que los empresarios privados cubanos abrieran cuentas bancarias en los Estados Unidos. Eliminó la restricción sobre lo que se llaman transacciones a plazo, donde los bancos de EE. UU. bloquean las transacciones entre cubanos y otros actores internacionales, lo que facilitó mucho a los empresarios cubanos participar en el comercio internacional y la banca, fuera de los Estados Unidos.

Pero aún queda mucho que se podría hacer para impulsar realmente el sector privado cubano. El hecho de que Cuba siga en la lista del Departamento de Estado de patrocinadores estatales del terrorismo internacional, hace que sea muy difícil para cualquier empresa cubana hacer negocios internacionalmente, porque a nivel internacional las instituciones financieras no quieren asumir la carga de lo que se llama «debida diligencia», que deben seguir para cualquier cliente que potencialmente sea visto como teniendo un papel en el terrorismo. Cuba no debería estar en esa lista, en mi opinión, pero aun así, tiene el impacto práctico de inhibir el sector privado.

Lo otro que se podría hacer es permitir operaciones bancarias en dos sentidos. En este momento, un empresario cubano puede abrir una cuenta en Estados Unidos, pero esa cuenta en Estados Unidos no puede comunicarse con su cuenta bancaria cubana. Y así, es muy difícil para ellos realmente hacer uso de la cuenta bancaria en los Estados Unidos, porque no pueden utilizar su propio sistema bancario. Así que eso también es un obstáculo.

Y por último, hay una variedad de sanciones aún vigentes de la administración Trump que limitan el mercado para las empresas privadas cubanas. El hecho de que todavía existan restricciones significativas para los viajeros estadounidenses hacia Cuba. Bueno, gran parte del sector privado cubano se dedica a la hostelería, es decir, estaban ofreciendo servicios a los visitantes de EE.UU. ya sean alquileres de habitaciones privadas, restaurantes privados, servicios turísticos privados, y demás. Y cuando se impusieron restricciones de viaje en EE. UU. por el presidente Trump, muchos de esos negocios sufrieron de manera dramática.

Por lo tanto, la normalización general de las relaciones económicas entre Cuba y Estados Unidos es probablemente lo más importante que puede hacer Estados Unidos para apoyar al sector privado cubano. Hay una serie de pasos iniciales que Estados Unidos podría tomar que demostrarían nuestra sinceridad. Primero y ante todo, sería sacar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo internacional. No hay bases fácticas para que esté en la lista. El Secretario de Estado, Antony Blinken, admitió esto en testimonio ante el Congreso, a inicios de este año.

Una vez que el diálogo comience, por supuesto, hay muchas cosas adicionales que Estados Unidos podría hacer que relajarían las sanciones económicas sobre Cuba y reanudarían el proceso. Estados Unidos podría invitar al gobierno cubano a reiniciar algunos de los grupos de trabajo que existieron bajo Obama para mejorar la cooperación en temas de interés mutuo. Podría, una vez más, suspender el Título III de la ley Helms-Burton, que es un elemento extraterritorial del embargo que amenaza a las empresas internacionales con litigios en Estados Unidos si intentan invertir en Cuba, o realmente participar en cualquier transacción financiera con Cuba.

Cuba podría ser más receptiva a algunas de las preocupaciones que tiene Estados Unidos. Uno de los obstáculos para que Biden avanzara en la mejora de las relaciones bilaterales ha sido la demanda de que Cuba libere al menos a algunos de los presos. Creo que sería de interés para Cuba, así como también un acto de justicia humanitaria que Cuba otorgue clemencia a las personas que participaron en las manifestaciones ese día y los días posteriores, pero no participaron en ningún tipo de violencia contra la policía ni contra la propiedad. Esa gente realmente no merece algunas de las sentencias realmente severas que se les impusieron.

Pero lo más importante es que Cuba en el pasado ha estado dispuesta a responder a las preocupaciones de EE.UU. sobre derechos humanos en un contexto en el que las relaciones bilaterales estaban mejorando. Así que, si Estados Unidos desea ver un avance en el tema de los derechos humanos, creo que retomar el proceso de compromiso y normalización es la mejor esperanza para lograrlo.

Un nuevo mandato de Trump

Pero, por supuesto, el presidente Trump ha contado con los cubanoamericanos conservadores en Florida como una parte clave de su base electoral y su estrategia electoral. En su primer mandato, prácticamente entregó la política hacia Cuba a Marco Rubio y Mario Díaz-Balart. Y como resultado de eso, siguió una política de máxima presión, poniendo toda la presión que pudo sobre la economía cubana, cortando todas las fuentes de ingresos en divisas.

Es difícil predecir si su segundo mandato será distinto. Por un lado, no tiene que presentarse a la reelección, y como resultado de eso, tiene menos necesidad del apoyo de los cubanoamericanos en Florida. Imagino que se va a centrar más en otros temas internacionales, como ha hecho el presidente Biden, ya sea Ucrania, el Medio Oriente o las tensiones con China.

Espero que, al menos, el presidente Trump no revoque algunas de las aperturas que aún están vigentes desde los años de Obama y algunas de las modestas relajaciones de sanciones que el presidente Biden ha implementado. Espero que la comunidad empresarial en los Estados Unidos tenga cierta influencia con el presidente Trump y vea una oportunidad en el mercado cubano para poder abrirse y entrar en el mercado cubano y competir con los europeos o competir con Rusia y China. Esa es una oportunidad que Estados Unidos, en esencia, está dejando al margen. Y como hombre de negocios, tal vez el presidente Trump vea una oportunidad allí y quiera aprovecharla.

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