Vladimir Cruz: 30 años en Madrid

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Conocí a Vladimir Cruz en un concierto, una tarde de domingo en un bar desbordado de gente pese al calor seco de agosto. En esos años Madrid era una ciudad, además de dura que siempre lo fue, más alegre, menos marcada por la velocidad y los precios. La gente de aquel bar en su mayoría eran cubanos, cubanos que en su mayoría huían de la trillada pero real melancolía dominical; cubanos que solían dividirse entre los que cantan, los que bailan y los que intercambian sonrisas cómplices y observan el entorno; lo inhalan como si inhalaran con gusto un trozo de pasado. Vladimir pertenecía al último grupo.

30 años en Madrid son muchos años. Su vínculo con España viene de Fresa y chocolate. Llegó directo del aeropuerto a los premios Goya. Bastante distinta fue su llegada a La Habana desde Cienfuegos. Flaco, con el pelo seco y luciendo un «estalaje»lamentable apareció en busca de Susy Monet, quien había sido su compañera en el Teatro Escambray. Susy no había recibido el telegrama que anunciaba su llegada y por tanto Vladimir se encontró la casa de su amiga cerrada. Sin otra opción, decidió regresar a la estación y pasar ahí la noche mientras repasaba el guion. Nunca me lo contó, pero hace unos meses me prestó un ejemplar de Cuba en la encrucijada, una compilación de relatos prologado por Leila Guerriero, en el que Vladimir cuenta:

«había querido llegar a la capital con los pies en el suelo, y allí estaba, efectivamente, pero no con los pies, sino con la espalda en el suelo de la capital. Más exactamente en el suelo de la terminal de ómnibus de la capital.

»Dormí algo y abrí los ojos cuando amanecía. Me levanté, me lavé la cara en un ínfimo chorrito de agua que goteaba en el destartalado y oloroso baño de la terminal recién abierta, y sin desayunar me dirigí al ICAIC.

(…)

»La jefa de casting no podía creer que la persona con aquella apariencia fuera la misma con la que había hablado varias veces por teléfono durante la semana, y quien interpretaría al personaje que todos tenían en la cabeza con una imagen bien distinta. Se aseguró de que yo era yo pidiéndome el carnet de identidad, y luego me dijo que esperara en la puerta. Después supe que había ido a ver al director y le había dicho que estaba completamente loco. El director, sin inmutarse, le dijo que me hiciera pasar. Entré y me vi frente a Tomás Gutiérrez Alea, que me dio afablemente la bienvenida».

30 años en Madrid son muchos años. No solo para ubicarse sino para formar parte de esa ciudad y relatarla. Por eso sobre Madrid, sobre las sucesivas olas migratorias que han llegado a esta ciudad a lo largo de décadas, hablo con Vladimir Cruz. Hace veinte años, tuvimos una conversación similar a raíz de mi primer documental Voces de un trayecto. Vladimir fue y es, una de esas brújulas necesarias para entender la Isla en la península.

Vladimir Cruz
Cortesía de la autora

Vladimir Cruz: A pesar de ser cubano tengo que decir que Madrid es realmente la ciudad donde más tiempo he vivido. Cuando llegué a Madrid yo vivía en La Habana, pero La Habana no es mi ciudad. Yo nací en una ciudad que se llama Santa Clara, donde viví mi infancia básicamente. Luego me fui a estudiar y ya no volví. Ahora mismo llevo bastante más tiempo viviendo en Madrid que el vivido en cualquier otra ciudad. Sin embargo, durante la primera etapa en una ciudad ves mucho más la ciudad que después. Tienes los sentidos mucho más abiertos.  Con el paso del tiempo te vas metiendo en tu rutina, pero en esa primera etapa descubrí con Madrid todo un mundo. Yo, como tú has dicho, venía de recorrer ya casi toda América Latina, había estado en bastantes lugares, a pesar de que salí de Cuba tarde, que era lo normal en mi generación. Salí de Cuba con 28 años y estuve casi un año viajando por el mundo y luego llegué a Madrid. Y fue la primera vez que pensé: «aquí podría vivir, fuera de Cuba». Porque yo, como casi todos los cubanos, tenía ese apego, esa herencia gallega, al terruño. Y entonces nunca me había planteado vivir fuera de Cuba, pero llegué a Madrid en enero del año 95.

Madrid era una ciudad, en esa época, que estaba viviendo la resaca de la movida, hablamos de la mitad de la década de los 90. Era entonces una ciudad, como sigue siendo, muy viva, que parecía, o por lo menos a mí me pareció, una fiesta permanente. Me encantó el modo de vida de la ciudad. Ya con los años fui percibiendo que Madrid es una ciudad, como lo es el país en general, como es España, dividido en dos, en dos España. Es decir, Madrid tiene una curiosa y, no diré trágica, pero una curiosa circunstancia de que se divide en dos partes fundamentales: una es la parte hospitalaria, acogedora, solidaria, y otra es la parte xenófoba, conservadora… provinciana.

A partir de ahí ya no puedo decirte si ha cambiado más la ciudad o he cambiado yo. Pero evidentemente lo que soy depende muchísimo de las cosas que me han pasado en Madrid y del tiempo que he vivido en Madrid. Estoy muy contento con haber aprendido tantas cosas sobre la vida y sobre mí mismo en esta ciudad.

Bien, pero independientemente de ese Madrid que es consustancial a tus cambios personales y que de tanto vivir aquí, se vuelve difícil percibir los cambios, está claro que Madrid ha cambiado. Yo viví casi nueve años en Madrid, me fui 14 a Galicia, ahora estoy de regreso temporalmente y para mí hay un cambio muy claro. Noto un Madrid que es más de Airbnb, un Madrid que se me vuelve inaccesible en algunas zonas y una comunidad cubana que ya no es la que nosotros vivimos. Tú viviste muchas, pero por ejemplo, hablándote de momentos de ruptura en la historia de la ciudad o del país, como pudo haber sido la burbuja inmobiliaria con la crisis del ladrillo, yo recuerdo que muchos de nuestros amigos en ese momento emigraron y entonces nos pasó a los que vivíamos aquí lo que también ha pasado y sigue pasando cada vez más en Cuba, que es el éxodo de los afectos. Me gustaría que, a pesar de esa mirada tan cercana, que a veces uno no percibe, que me comentes de esos cambios. Por un lado, en la Ciudad de Madrid, y quizás la pregunta que yo aún no me sé responder a mí misma, es de estas diferentes olas de cubanos, ¿qué los distingue?, si algo los distingue.

Con respecto de la parte cubana, te voy a hablar en capítulo aparte, y con respecto a la ciudad, sí, a pesar de que estoy metido en ella, para mí son evidentes los cambios. En el año 95, cuando llegué a Madrid, todo el fenómeno de la propia inmigración era diferente. Había mucho menos inmigrantes en Madrid. Madrid ha sido víctima, digamos, también de un proceso que no es exclusivo de esta ciudad, sino de muchas capitales europeas: la gentrificación de la ciudad y el turismo masivo hacen que muchos vecinos de la propia ciudad se tengan que alejar del centro. Es un proceso que se está viviendo en muchas ciudades. Madrid no era así antes, todos lo sabemos, ahora mismo el centro de Madrid no es lo que era. De alguna manera la ciudad se defiende y todavía se conservan rincones donde puedes encontrar esa vida auténtica, donde está la propia cultura, que es lo que viene a buscar la gente que viene de fuera, pero terminas encontrándote en el centro de Madrid con un montón turistas y continuamente ves gente pasando con maletas, gente que se alquila por temporadas, y eso evidentemente ha llevado a un problema con los precios y con los alquileres, que ahuyenta a la gente normal de la ciudad.

Yo he vivido en Madrid todas las crisis de los últimos casi 30 años, pasando por la que mencionabas, que es la crisis inmobiliaria del 2008, que fue terrible.  Y con respecto a los afectos, es una especie de karma en el caso de los cubanos, que tenemos prácticamente toda nuestra vida adulta. Nuestras últimas generaciones han tenido que vivir en esas circunstancias donde la gente se va continuamente. Yo, quizás para defenderme de eso, me he hecho una especie de idea mental de que yo vivo en un país que no corresponde con las fronteras geográficas. Me he inventado un país a partir de las relaciones de afecto, de los amigos sobre todo. Así entonces intentas no sentirte solo pero es difícil. Es otra manera de querer y de estar con la gente. No es la que yo vivía cuando era joven en Cuba, que estaba todo el tiempo con mis amigos. Ahora es a distancia, cada uno con sus vidas, con sus agobios, con sus angustias, con su estrés, con sus incertidumbres, pero bueno, también uno va aprendiendo con la edad a cuidar a los amigos porque sabes que los que te han durado hasta aquí son valiosos y que no es fácil hacer amigos a cierta edad, porque ya uno también se vuelve más intolerante y tiene claro qué es lo que quiere.  Poco a poco ese es el proceso con los amigos y con esta ciudad, que afortunadamente es un lugar de encuentro maravilloso y donde continuamente pasa todo el mundo porque Madrid sigue teniendo, ese sentido original que tuvo siempre de cruce de caminos, por su posición geográfica, que aún nos permite a muchos poder tener aquí un buen centro de vida y de operaciones.

Nuestras últimas generaciones han tenido que vivir en esas circunstancias donde la gente se va continuamente.

Con respecto al tema concretamente de la comunidad cubana, en el año 95 cuando yo llegué a Madrid, ya había una pequeña comunidad cubana que tenía características muy diferentes a las que fueron viniendo después. Tengo que decir también que en los años 90 salir de Cuba no era nada fácil, y mucho menos venir a Europa, es decir, la gente que migraba o intentaba migrar en esa época, normalmente se quería ir a Estados Unidos, que era un viaje, a pesar de las dificultades enormes para irse en balsa o ilegalmente, era, no más fácil pero más cercano. La gente que solía venir a Europa eran por lo general profesionales, artistas, gente con un cierto nivel intelectual, digamos. Eso fue lo que yo me encontré en esa primera etapa.

Tuve la fortuna de llegar a Madrid en un momento muy dulce para los cubanos, porque Europa en general, y España en particular, sigue teniendo ese afán de descubridor, ¿no? Tengo un amigo, director de cine, el mexicano Arturo Ripstein, que dice que a nosotros los latinoamericanos nos conviene que en España gobierne la derecha, porque cuando gobierna la izquierda, se vuelve a Europa, y cuando gobierna la derecha, quiere recuperar su espíritu imperial y se vuelve a América Latina. Y entonces, en ese momento habían pasado varias cosas, sobre todo acontecimientos culturales, que hicieron que Cuba se pusiera de moda. Estoy hablando de Buena Vista Social Club, de La vieja trova santiaguera y la película Fresa y Chocolate, a partir de la cual llegué aquí.

Vladimir Cruz en Fresa y Chocolate
Fotograma de Fresa y Chocolate

Mi primer viaje a Madrid, en enero del 95, fue directamente a la entrega de los premios Goya, donde Fresa y Chocolate ganó el premio Goya. Y entonces llegué en unas circunstancias muy favorables, donde había bares cubanos, hechos por cubanos, la música cubana estaba de moda. Y luego la migración cubana era de lujo. Ya te digo que eran todos profesionales, intelectuales, artistas.

Después ha habido varias etapas, que tienen que ver en primer lugar con el origen. Es decir, la sociedad cubana también ha ido cambiando. Durante mucho tiempo ha habido un proceso en Cuba de depauperación, surgido de la necesidad y de las circunstancias en que vive la gente, donde trabajar en muchos casos perdió el fin último. Y entonces la migración se volvió sobre todo económica. Hubo una época en que llegaban muchos cubanos a Madrid de vuelos que iban hacia Rusia y que se quedaban en Barajas. Y esa era una migración de otro tipo, mucho más parecida a la que iba a Miami. La gente quería trabajar en cualquier cosa. Es decir, quizás en esa primera etapa la gente que vino aquí tenía una avidez, digamos, más espiritual, más de arte, más de otras cosas que la gente que vino después.

Hubo una etapa en que no era ni siquiera política la migración, era muy económica, más interesada en la prosperidad material. Aprovechando incluso el mismo boom de la música cubana, de la salsa, de los lugares, vinieron muchos músicos, vino gente muy talentosa y muy creativa pero también vino gente de otro tipo. Y eso se fue disolviendo un poco a medida que pasaban los años, que entramos en los 2000. Luego la situación en Cuba ha seguido evolucionando de otra manera. Y a su vez hay otras generaciones con otras necesidades y con otras inquietudes y con otras circunstancias.

En los últimos años, la gente que ha llegado a Madrid desde Cuba suele ser gente muy joven, que ya vienen con antecedentes en Cuba de, no de una oposición, digamos, pero más o menos. Es decir, gente que se ha significado, por decirlo de alguna manera. Y entonces te encuentras una generación joven, muy politizada. De hecho, en los últimos tiempos se ha hablado de la mayamización de Madrid. Vas a los pocos lugares cubanos que quedan porque tampoco hay ya muchos espacios de encuentro. Porque la cultura realmente hay que decir que es lo que más une, la política desune. Y entonces cuando la esencia de los lugares son la cultura, viene gente de todos los pelajes y de todos los estratos.

La cultura realmente hay que decir que es lo que más une, la política desune.

Tú sabes que en Madrid hubo un lugar que se llamó «El Yemayá», que era un lugar de ambiente cubano que reunió durante muchos años a muchos cubanos, y no solo cubanos, gente que de alguna manera estaba interesada por Cuba, de todas las ideologías, porque nos unía sobre todo la cultura. Luego, esta última generación tiene esa característica que es quizás más radical en el sentido político. Han vivido otras cosas también. Es una generación que ha sufrido. Los últimos muchachos que ahora tienen veintitantos, treinta y tantos han sufrido de otra manera. No vivieron para nada la época heroica ni épica de la Revolución cubana. Lo que han vivido ha sido el desastre. Y tienen obviamente todas las razones para reaccionar.

Pero a mí me resulta curioso que habiendo el nivel de información que hay ahora mismo en el mundo, donde continuamente la gente está con las redes sociales y mirando las pantallas, a veces descubro en esa generación mucha más sorpresa por lo que encuentran aquí que la que tuve yo en mi momento. Es gente que también está acostumbrada a protestar y a quejarse, pero la queja a veces es muy ingrata para el carácter. De pronto descubren que el capitalismo es duro y que hay que pagar al alquiler todos los meses. Es así.

Vladimir Cruz
Cortesía de la autora

He visto manifestaciones de cubanos, gente que protestaba en Cuba y que el gobierno español los trajo y que luego estuvieron un año delante del Ministerio de Exteriores porque querían que les dieran trabajo, cuando hay españoles que no tienen trabajo y que no tienen casa. Ha habido cierta ingenuidad en ese sentido, a pesar de que quizás es una generación más metida en el tema político, pero que no supera el impacto con una sociedad tan diferente a la cubana —que en realidad todas las sociedades son diferentes a la cubana porque la de Cuba es un experimento único, digamos. Y entonces, sí, noto ese principio de inadaptación.

La gente que llegamos antes hemos pasado por esos mismos problemas, absolutamente. Pero a mí nunca se me pasó por la cabeza cuando llegué a Madrid la primera vez esperar que me dieran nada simplemente por el hecho de ser cubano. Tampoco yo tenía un pasado heroico ni era un perseguido. Era un perseguido por un destino que me hacía tener que venir a trabajar aquí, porque allí no podía trabajar. No tenía las condiciones mínimas para desarrollarme y trabajar en condiciones. Pero bueno, es algo que va inherente también con mi profesión. Espero que la presencia cubana en Madrid dentro de la cual yo creo que hay una cantidad de personas muy válidas y muy capaces de adaptarse a lo que sea, se vaya integrando. Porque por mucho que se haya intentado teorizar, Madrid no es Miami y aquí Cuba es una arena en el mar. Aquí hay migración ucraniana, siria, marroquí, de África negra… y entonces Cuba es un tema más.

A mí nunca se me pasó por la cabeza cuando llegué a Madrid la primera vez esperar que me dieran nada simplemente por el hecho de ser cubano.

Creo que alguna gente que llega de Cuba piensa que lo de Cuba es tan importante porque en Cuba estamos acostumbrados a sublimar nuestros problemas y sienten, entonces, que se les presta poca atención. Nosotros los cubanos pensamos que lo de Cuba es lo más importante del mundo pero en el mundo pasan más cosas, y entonces a veces es un impacto encontrarte con que llegas y no eres el protagonista porque están pasando otras cosas en otros lugares tan terribles o más que las que están pasando en tu país.  No puedes esperar, por el hecho de ser cubano, tener una alfombra roja porque vienes de un país donde la gente la pasa muy mal.  En muchos lugares en el mundo la gente la pasa mal, y en la propia Europa, y en la ciudad de Madrid hay gente que también lo pasa mal, que no tiene casa que no tiene trabajo que no llega fin de mes. Es algo que hay que ir aprendiendo también con los golpes o con la experiencia que uno va asimilando en un viaje, que es la vida.

No sé si esta pregunta que te voy a hacer es demasiado tendenciosa. Habías dicho hace un rato que cuando llegaste, al poco tiempo descubriste o chocaste con esas dos Españas. Esta nueva generación que llega con toda esa maleta que vas describiendo que es la decepción, que es el ánimo de reaccionar con la protesta, ¿dónde se ubicaría esa nueva generación de cubanos que va llegando dentro de esas dos Españas? Por la razón que sea y ¿cuál sería la causa para ubicarle en un lado u otro?

Eso es bastante complicado porque depende de la sensibilidad individual. Por ejemplo, a mí siempre me ha sorprendido que los inmigrantes muchas veces —que todos sabemos que son gente que hace muchísimo esfuerzo por adaptarse a un lugar nuevo, que se mueve por necesidad y para buscar lo mejor para ellos y su familia, tiendan a ser conservadores en el lugar a donde llegan. Querían cambiar las cosas en su país, pero aquí quieren que todo siga tal cual, hasta que descubren cómo funciona también el sistema en otro lugar, ¿no?

He visto muchos cubanos, por ejemplo, que a partir de una gran ignorancia democrática, tienden a hacerse de derechas simplemente porque no están de acuerdo con la izquierda que dejaron atrás. Sin tener en cuenta o sin profundizar en que los valores de esa derecha que quizás están abrazando, los está negando a ellos mismos. Es como los latinos y las mujeres latinas que tú ves en Estados Unidos que votan a Trump, ¿cómo es posible? Sí, la inmigración tiende a ser conservadora, porque está harta, porque viene de un mundo quebrado muchas veces.

He visto muchos cubanos, que a partir de una gran ignorancia democrática, tienden a hacerse de derechas simplemente porque no están de acuerdo con la izquierda que dejaron atrás.

He conocido muchos cubanos que tienden por eso a la derecha, a un mundo conservador, como negación de lo que dejaron. Yo creo que definirse dentro de eso ya es un proceso de madurez, que tiene que ver con quién es uno mismo. Yo, por ejemplo, me considero una persona de izquierdas como persona, porque no me gustan los valores de la derecha en el sentido de la insolidaridad, de la xenofobia, y me gusta el progreso, me gusta la igualdad entendida en el mejor sentido, la igualdad de derechos. Y no me gusta para nada el avasallamiento que sufrimos en la sociedad contemporánea por parte de la gente que acapara casi todo el dinero, la riqueza, y la mayoría que no la tiene. Me parece que eso es una injusticia. Siento esa sensibilidad por el orden social, lo cual no me hace afín con el gobierno cubano. Es decir, hay cosas en que yo difiero radicalmente de lo que puede pasar en Cuba, pero tampoco me hace afín a la derecha de Madrid ni a la ultraderecha, mucho menos.

Es un problema en que tú tienes que ir decantando de nivel personal. Yo entiendo los bandazos de juventud y entiendo que la gente niega lo que deja atrás, y también entiendo lo que significa ser un emigrante. Tienes que darle sentido todo el tiempo a tu emigración. Es decir, cuando uno sale de su país y de su entorno y de su familia para emprender un viaje como ese, todo el tiempo tienes que encontrar razones que lo justifiquen. Estás perdiendo muchas cosas. Muchas veces las razones las encuentras en la política, en la economía, en muchas cosas. No hay sociedades perfectas, hay sociedades perfectibles, y entonces hay que identificar que de allí esto está mal, de aquí esto también está mal. Tú decides si quieres ser un partícipe activo de la política de un lugar y cuál es tu tendencia. También hay una cosa que es muy fácil de asociar. A un emigrante que le va bien y que se siente un empresario o algo así, mientras mejor le va, más va tirando a la derecha. A veces es una ilusión de superación, que entonces ya se va integrando dentro de una élite, los que tienen el dinero. Pero ya te digo, eso es un problema que en Madrid, por lo menos ahora, a pesar de todo lo que te decía del pueblo madrileño, un emigrante es un emigrante y tú no eres de aquí y los que mandan en Madrid son los que mandan. Hay que tener conciencia de lo que tú significas dentro de todo eso.

Cuando llegaste era un momento benéfico para la comunidad cubana, decías que Cuba estaba de moda. Eso viene de una ilusión de representación de qué es lo cubano, qué significa dentro de España o dentro de Europa y el Mundo mismo, lo cubano. Hace, no me acuerdo cuánto tiempo hicimos Voces de un trayecto; era un tema muy en boda en ese tiempo, la representación de lo cubano. ¿Cuánto ha mutado eso? ¿Dentro de tu profesión como actor, cuánto ha variado el hecho de que seas un actor cubano? Antes decías, en inicio hice cualquier latino, no valía la pena trabajar un acento porque ni siquiera los reconocían. ¿Eso ha cambiado? ¿No ha cambiado?

Sí, así es. Sabes que España fue un país de emigrantes, más de emitir emigrantes que de recibirlos. Durante un tiempo los españoles tuvieron que viajar a América y a muchos lugares y luego se les olvidó, y cuando la gente empezó a llegar les sorprendía que hubiera negros aquí y que tuvieran los mismos derechos o que hubiera sudacas, como se llamaba a los latinos en aquel momento. En los 90 cuando llegué, yo podía hacer personajes de sudaca, pero un andaluz hacía de andaluz, un gallego hacía de gallego.

Es decir, en ese sentido todavía España no se puede comparar con lo que son otros centros culturales europeos como Londres o como París, donde hace décadas que tú vas a la Royal Shakespeare o vas a la Compañía del Globo en Londres y te encuentras a un marroquí o a un negro haciendo de Hamlet y no pasa nada. O en los montajes de Peter Brook. Aquí es muy difícil. No solo con los emigrantes, sino como te decía con las propias comunidades autónomas españolas. En ese sentido se ha avanzado poco.

Las películas de narcotraficantes son proyectos que pueden traer los colombianos o que pueden hacer los colombianos. Las películas de Cuba: gente alegre, con playas, mulatas y coches americanos de colores. Las primeras películas que hice en coproducción, los carteles de esas películas, siempre eran dibujitos. Por ejemplo, en el año 2000, hice una coproducción española que fue Lista de espera. Y yo me preguntaba ¿por qué las películas americanas tienen la cara de los actores y las películas cubanas tienen un dibujito de colores? Era una imagen simplificada al extremo, casi llevada al cómic. La cultura cubana tenía que ser de colores. Tú no podías venir aquí con un proyecto de un cubano triste o melancólico. No, no. Tenías que ser alegre de serie. También si eras un peruano o un boliviano, pues no podías hacer una película con una playa, ni con una mulata, ni de alegría. Esos roles estaban repartidos. Y en ese sentido, a pesar de que las grandes plataformas digitales han enfrentado bastante eso y lo han democratizado, la producción española sigue siendo conservadora y sigue estando muy por detrás de lo que es la sociedad española.

La cultura cubana tenía que ser de colores. Tú no podías venir aquí con un proyecto de un cubano triste o melancólico.

Es decir, a pesar de que tú te puedes encontrar en España ahora mismo en cualquier rol social a un cubano abogado o médico, en una película o en una serie de televisión vas a seguir siendo un profesor de salsa o cajero de supermercado. Es decir, es muy clasista. Se supone que el cine español tiene una tendencia grande a la izquierda, sin embargo la ficción producida en España continúa estando por detrás de los niveles que tiene la sociedad de integración y de presencia de gente de otras culturas, de otras latitudes.

Yo he estado en reuniones con actores donde hay por ejemplo actores negros, hijos de africanos, que son españoles y que han nacido aquí y no les dan un papel de madrileño. No aparecen en la ficción. Dime dónde hay un madrileño negro en una serie de televisión o en una serie producida en España. Y hay madrileños negros, hay madrileños chinos, muchos, y hay madrileños sudamericanos. Y los hay, tanto los que han nacido aquí como los que han llegado hace muchos años. Porque yo ahora mismo, con casi 30 años en Madrid, soy más madrileño que todos los madrileños que tienen menos de 30 años, para empezar. Y conozco y he vivido esta ciudad y he aportado a esta ciudad, porque pago impuestos desde el momento en que llegué. Además he aportado a nivel cultural también. Me he presentado en casi todos los teatros de Madrid y muchas veces no se considera que tú eres de aquí. A pesar de que se dice que Madrid es abierta, es abierta en un sentido pero no lo es la gente que tiene el poder. Les cuesta ser integradores, ser solidarios y sincera y efectivamente abrir la ciudad y abrir los brazos a la gente que llega.

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Alejandra Aguirre Ordóñez
Alejandra Aguirre Ordóñez
Documentalista cubana radicada en España

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