La solución no es la violencia política

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En los últimos días varios intelectuales y activistas de diversas posturas dentro del espectro político cubano —pero predominantemente de izquierdas— han reportado citaciones a estaciones policiales, limitaciones temporales de libertad y detenciones para evitar que asistieran al juicio de la intelectual cubana Alina Bárbara López Hernández, el cual tuvo lugar el día de hoy, y culminó con una sentencia de culpabilidad por el presunto delito de Desobediencia.

Cuba hoy vive la crisis más aguda de su historia luego de 1959. A una economía mellada por años de medidas unilaterales coercitivas externas y errores en la administración interna, se le suma la ausencia de sólidos liderazgos políticos, el mal funcionamiento de muchas instituciones clave, la incapacidad para detener y revertir el empobrecimiento de sectores en situación de vulnerabilidad…

El salario medio sigue sin poder satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos y las transferencias sociales que ayudaron a hacer más llevadero para las clases populares el llamado «período especial» —como los subsidios a productos de primera necesidad— hoy son cada vez más exiguas, y en cambio, el mercado avanza silenciosamente, incluso, sobre servicios que se creían garantías ya conquistadas —como la salud y la educación—. Si bien la mayoría de los problemas que hoy tiene la Isla están mediados por la economía, reducirlos solo a una cuestión de números es no entender sus causas estructurales.

En medio de esta situación es natural que, más allá de sus militancias o afiliaciones ideológicas, una zona de la ciudadanía, y sobre todo de la intelectualidad, se pronuncie críticamente sobre la realidad de su país. Debería ser un derecho garantizado plenamente en todos los escenarios, pero en contextos de crisis se hace aún más necesario e inevitable. Hacer uso de este derecho no debería ser motivo de acoso, ni el Estado debería entender a quienes lo ejercen como «enemigos» per se.

En un entorno político marcado por la polarización y el extremismo —algo también inherente a las crisis— consideramos que recurrir a procedimientos legales y policiales para resolver disputas políticas, no solo erosiona la integridad de un sistema jurídico —aquel que debe velar por la protección de los derechos ciudadanos—, sino que además será una venda mal puesta que, lejos de sanar la herida, la infectará hasta dejarla sin cura posible. El rechazo que provocan estos métodos y acciones, solo consigue desalentar la disposición de diálogo, atrincherar a los afectados en sus ideas y alimentar el camino de la violencia política como única salida posible ante conflictos.

Cuando un Estado debe utilizar sus órganos policiales para silenciar a sus ciudadanos inconformes es porque las estructuras políticas que deberían garantizar su participación en el debate público no están funcionando adecuadamente. Esa táctica, además de condenable desde la ética, no es sostenible en el tiempo; las ideas y quienes las portan seguirán ahí, e incluso se volverán más radicales.

Mientras nos desgastemos como cubanos haciendo política desde la soberbia y la cancelación del otro, se deterioran las posibilidades de crear consensos entre diferentes actores sociales, y al final, se lacera esa integridad y soberanía nacional que todos deberíamos defender.

La Joven Cuba (LJC) es una organización que, desde visiones diversas, aborda la realidad cubana. No somos un medio opositor —como se nos ha querido etiquetar en algunas ocasiones— ni afiliado al Estado cubano —como también se ha dicho en otras—. Creemos que Cuba debe contarse y analizarse desde la mayor cantidad posible de visiones —incluso contrapuestas— y siempre potenciando la mirada crítica hacia los actores políticos que median sobre el país, y esto incluye tanto al Estado cubano, como a la oposición.

Nuestra agenda está marcada en primera instancia por el rechazo a la violencia política sobre los cubanos: desde cualquier forma de injerencia de un gobierno extranjero sobre decisiones soberanas, hasta la violación de derechos que consideramos elementales e imprescindibles para garantizar un desarrollo democrático en el país.

Nadie debería padecer represalias por expresar sus criterios o apoyar las causas que cree justas. Por esta razón rechazamos el uso del sistema policial y judicial como intento —por demás ineficaz— para la solución de conflictos políticos, inherentes a cualquier forma de democracia.

12 COMENTARIOS

  1. Creo que hay que multiplicar las voces para apoyar a la profe Alina Bárbara y criticar sin medias tintas la corrupción del sistema judicial cubano que más que buscar Justicia se convierte en un aliado del Gobierno Estado que busca silenciar cualquier voz disidente a cualquier costo.

  2. Dice el artículo «es porque las estructuras políticas que deberían garantizar su participación en el debate público no están funcionando adecuadamente».
    ¿Podría mencionar el «consejo editorial» cuando fue que funcionaron?

  3. Coincido plenamente con su editorial sobre este peliagudo tema del respeto a la opinión diferente plasmado en la constitución pero inexistente cuando es desacuerdo con el Estado-gobierno-Partido Único la opinión de la persona. Mis respetos y admiración a la Profesora Alina Bárbara por su valentía y su siempre atinado y conciso proceder ante las autoridades represivas que intentan silenciarla y «convocarla» al exilio como única solución, es su decisión profesora, en muchas ocasiones hemos de reconocer cuando se nos acabó el camino e intentar iniciar otro, su pensamiento e ideas ya es de muchos, demasiados como para poder silenciarlos a todos.

  4. No se puede bajar la temperatura rompiendo el termómetro.
    El Estado cubano haría bien en respetar la opinión de sus ciudadanos que viven en el país, excluyendo, por supuesto, a los de fuera que expresan opiniones sugeridas por potencias extranjeras…

    • Que vergüenza deberían sentir los jueces y fiscales, sin criterio y honra que prestan su profesión a la represión de su pueblo y en este caso a una sus intelectuales mas lúcidas.

      Recuerdan al teniente Sarria diciendo «Las ideas no se matan» ???

      Más vergüenza para el sistema de Justicia cubano.

  5. Hay personas, muy mediáticas ellas, que están todo el tiempo condenando la intolerancia y la represión políticas del gobierno cubano, y al mismo tiempo son intolerantes con las opiniones diferentes a las suyas. No confío en ellas y creo que son dictadores, torturadores y represores en potencia. Eso no da derecho a menoscabar sus derechos, pero solo puedo desear que nunca puedan conseguir el poder político.

    • Tienes toda la razón Roberto. Es triste pero muy cierto. La intolerancia viene de todos lados. Pero yo no dibujaría el asunto como un callejón sin salida. Hay otros, no pocos, que escapan esta clasificación, y pienso que Alina es una de estas personas. Creo que ella es todo lo contrario a un torturador en potencia. Y aún así no ha podido ejercer todos sus derechos ciudadanos.

      Yo vivo fuera de Cuba hace un buen rato ya y lo que comentas me sucede todo el tiempo con mis compatriotas emigrados, incluso con algunos de mis amigos más cercanos. Es muy doloroso y es una de las razones por las que creo que es imprescindible crear una plataforma democrática, particularmente entre los que estamos fuera, dónde podamos respetarnos todos; esto incluye, si ellos desean participar, a los que abogan por la línea gubernamental. Tenemos que acostumbrarnos a respetarnos y mostrarle a los cubanos de adentro que es posible sentarnos a la mesa del domingo sin que salga alguien al final de la tertulia con un «golpe mal dado» a causa de una diferencia de opinión. Es lo más estúpido, en mi criterio, que podría ocurrirle a una sociedad civilizada. No insinúo que los cubanos de adentro son entes pasivos, pero no sé si estás de acuerdo conmigo en el hecho de que el ambiente de debate no es el más propicio dentro de nuestro país, tratando de decirlo eufemísticamente. También creo que hay generaciones enteras que sólo han conocido la forma de proceder del gobierno cubano, que ha sido por lo general, en mi opinión personal, autoritaria. No es raro que los cubanos desarrollemos ciertos instintos que sólo la práctica democrática constante obligue a desaprender. Pero a veces ni siquiera fuera de Cuba se quitan estos tufos represivos, ahora con signo contrario. Por otro lado, hay cubanos en Cuba que creyeron en, y aún creen en la posibilidad de preservar, las luces del proyecto cubano pos-59, aún fuera de Cuba…precísamente por estar fuera de Cuba. Otros cubanos no tienen que coincidir con mi criterio, pero, si queremos un país dónde se pueda vivir sin rencor, entonces debemos aprender a conversar respetuosamente, democráticamente.

      Yo era de los que pensaba, quizás ingenuamente, que en Cuba teníamos la posibilidad de evolucionar, al menos hacia un socialismo democrático que preservara las mejores ideas y conquistas instauradas después de 1959, y a la vez avanzara, debate racional mediante, hacia otras conquistas civiles que nuestra sociedad, en mi opinión, so pena de quedar estancada, pide a gritos. Cuba estaba destinada a ser un país de mujeres y hombres de ciencia, pero parece que interpretaron el asunto cómo uno de laboratorios exclusivamente, y no lo aplicaron en un sentido más amplio, es decir en términos de afrontar cada dilema social o discusión de modo racional. En este último asunto siempre hemos tenido déficit. De cualquier modo, yo creí que si uno dejaba bien claro que estaba en contra del bloqueo, que entendía sus consecuencias, que abogaba por preservar y desarrollar las mejores conquistas de la revolución cubana, esto de algún modo legitimaría la argumentación crítica hacia lo que uno consideraba sus sombras, sus lados oscuros. Una buena parte de la propia tradición de la revolución se basaba en el principio de la honestidad intelectual y la crítica hacia «lo mal hecho». A mi generación le decían los «forjadores del futuro». Estos eran los eslogans! Mucha gente se lo creyó, y estudió, se preparó, investigó, con la ilusión de que una sociedad como la que yo creía que era la cubana no podría dar la espalda a la evidencia, sobre todo cuando esta proviene de gente comprometida, bien preparada, pacífica y respetuosa.

      Y, ciertamente, por qué han de ser incompatibles, por una parte, buenos sistemas públicos y universales de salud y educación, altos niveles de seguridad social y una política exterior mayormente solidaria con, por otra parte, la libertad de poder expresar y abogar por tus ideas sin temor a represalias? Esto, en mi criterio, es un falso dilema. Durante un corto período de tiempo parecía que la cosa iba a funcionar, imperfectamente pero… El surgimiento de publicaciones independientes, así como el alto perfil alcanzado por voces progresistas como las de Guanche y la misma Alina, que se han ganado su respeto sin vociferar ni crear shows mediáticos y sin emprenderla de modo intolerante contra los que piensan distinto a ellos, así lo indicaba. Pero la cosa duró poco. No bastaron la honestidad intelectual ni el compromiso social. A quién se le ha dejado el camino entonces? Favorece esto a más respeto a otros criterios, o, por el contrario, favorece el surgimiento de enconos y resentimientos, sobre todo allí dónde se han cometido injusticias, las cuales, en los últimos tiempos, han llovido?

      La revolución cubana creó una inmensa cantera de profesionales y pensadores, una buena parte de la cual, una vez que alcanzada cierta madurez civil y política, decidió abogar por más socialismo. Ninguno quería irse de Cuba, ni endurecer el bloqueo, ni arrastrar por las calles a la vieja guardia «comunista». Querían conversar, y tienen ese derecho. El resultado ha sido represivo, muchos de ellos han sido incluso expulsados por las autoridades, tan ocupadas como están en su afán de «contrarevolucionalizar» urgentemente a cualquiera que venga con críticas estructurales basadas en argumentos racionales, y aún así mantenga un compromiso con los mejores ángeles del proceso revolucionario cubano. Es una disyuntiva muy seria para el gobierno actual. Y creo que este ha sido el caso de muchos, Alina siendo uno de los más representativos. Cuando Rosa Luxemburgo dijo que la libertad siempre es la libertad del que piensa distinto se lo decía a Lenin, no a la derecha. A Antonio Gramsci lo asesinó, por que su encarcelación fue un asesinato, la extrema derecha. Pero fueron formaciones comunistas, de corte estalinista, las que, durante décadas, impidieron la publicación completa de sus escritos. Hay que mirarse por dentro, y hay quién no le gusta eso, independientemente del hecho de que el que critique sea tan intolerante como el criticado o no.

      Ciertamente, hay voces que se ocultan detrás del discurso democrático para abogar por agendas intolerantes, reaccionarias y represivas. A mí tampoco me gustaría verlos en el poder. Ahora mismo, por citar un ejemplo en pleno desarrollo, el mundo industrializado occidental está experimentando una ola de fascismo, que ha llegado al poder por vias democráticas. Pero, si miramos bien, vamos a encontrar a electorados resentidos y molestos de tantas décadas de precariedad e irrespeto, que han decidido mandarlo todo al diablo y ejercer su último asidero democrático, que es el voto, para molestar a élites desconectadas de sus demandas básicas. La social-democracia y la izquierda han brillado por su ausencia. Lo cual indica, al menos en mi apreciación, y amparado por notable evidencia histórica, que cuando la gente elige este último recurso se trata, mayoritariamente, de un recurso de desesperación, de ira, también de desinformación. No creo, sin embargo, que silenciar estas voces reaccionarias es lo que evita que se propague su mensaje de odio, aunque creo legítimo prohibir el odio explícito. Pero lo cierto es que la mayoría de los defensores de estas plataformas son, por lo general, lo suficientemente inteligentes como para evitar ser percibidos como agentes de odio. De cualquier modo, creo que hay que debatirlos, no censurarlos. Por otro lado, esta intolerancia y odio al que te refieres encuentran un terreno fértil allí dónde no hay alternativas, cuando voces como las de Alina Bárbara son silenciadas.

  6. No se puede negociar cuando una de las partes no lo quiere; al igual no se puede dar la mano a quien ofrece un puño cerrado. El gobierno cubano tiene directivas de aplastar mediática, moral y físicamente cualquier vestigio de oposición política o críticos de su gestión, aún cuando provengan de sus propias filas. Ha creado por años ( no digo solo ahora) un entramado represivo al estilo KGB ruso uniendo para esa gestión al MININT, la CIM ( Contra inteligencia Militar) y el sistema juridico. De esa malla escapan pocos y eso les permite imponer sus criterios y directrizes de gobierno aún cuando la mayoría del pueblo no está de acuerdo. La actual voz de la emigración cubana no está condicionada en su mayoría por pagos de potencias extranjeras, sino por millares de personas que sufren el shock de ver qué durante años los engañaron y que el mundo ni los » enemigos» eran como decían los medios comunicativos cubanos. Eso ocurre con los médicos en las misiones, los atletas en competencias foráneas y todo el que sale y ve. La Cuba que queremos sea de izquierda, derecha, centro, democrata social, democrata cristiana o la que sea, tenemos el DERECHO universal de elegirla los cubanos mediante el voto libre y cívico. En Cuba eso no ha existido desde hace décadas, solo votaciones inducidas y presionadas por el miedo. Queda otro camino que no nos lleve a una guerra civil o a la violencia política d ambas partes ? Ojalá la solución venga por la paz y el consenso, ya el 11 de julio se derramó sangre de cubanos en ambos lados y no nos llevó a nada más que al odio.

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