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El cine trata fundamentalmente de monstruos.
Nadie hace una película acerca de personas buenas, sin conflictos, sin oponentes o villanos que interrumpan su plácido día a día. Incluso cuando el malhechor no es humano sino un volcán o un terremoto, es la naturaleza quien se comporta de manera monstruosa. En la paz no hay espectáculo, sustancia cinematográfica.
Los engendros aportados por las leyendas no son, en suma, más que los terrores de la Humanidad en estado puro y corpóreo. Es más fácil percibir la amenaza en un ser deforme y abiertamente homicida que en un vecino sonriente, aunque luego resulte que el primero quería en verdad salvarte y el segundo se llamaba Charles Manson o Jack the Ripper. De ahí que vampiros, hombres-lobos y criaturas redivivas se lleven siempre las medallas.
El vampiro asomó los colmillos en el cine casi desde el principio, desde Méliès, y con su aspecto, digamos, familiar, debutó en Drakula halála (Károly Lajthay, 1921), una película húngara hoy desaparecida. Sin embargo, es con Nosferatu: Eine Simphonie des Grauens (F. W. Murnau.1922), que tenemos la primera recreación de la novela de Stoker, aunque Murnau cambió algunas cosillas (el nombre del monstruo, por ejemplo, que convirtió en Orlok). A mi modo de ver, ese es uno de los mejores vampiros cinematográficos: calvo y demasiado flaco, pero expresionista alemán. Y, aunque es cierto que el Terror es uno de los géneros que peor envejecen (me han contado que cuando Psycho [1960] de Hitchcock estaba en cartelera, adultos hechos y derechos saltaban en su asiento y aullaban de espanto en la escena de la revelación del rostro de la señora Bates; hoy día eso no impresiona ni a los adolescentes que escriben poemas, si alguno queda), todavía el conde Orlok es alguien a quien no desearíamos encontrarnos en un callejón oscuro. O, digamos, en La Habana de los últimos meses.
Estoy contando todo esto para llegar a la Nosferatu de Robert Eggers de 2024, pero tengan calma y no se afilen los colmillos todavía.
El vampiro moderno nació con Bela Lugosi en Universal Studios. Ese distinguido aristócrata de mirada penetrante y cabello peinado hacia atrás que nos visitó en Drácula (1931) de Tod Browning, redefinió la imagen del monstruo y la sembró en el imaginario colectivo con la misma rotundidad que el mosaico humano de Frankenstein (James Whale), también aparecido ese año. Tan es así que, hasta el día de hoy, nadie evoca el monstruo encarnado por De Niro en Mary Shelley´s Frankenstein de Kenneth Branagh (1994), ni se imagina a un vampiro con flequillo Beatle o un bisté a lo emo.
Tanto el chupasangre como el collage a quien se le notaban demasiado las costuras siguieron apareciendo en secuelas, algunas incluso satíricas. Luego vino otro gran vampiro, Christopher Lee, que enseñó los colmillos en 1958, pero manteniendo el look instaurado por su ilustre predecesor, añadiéndole algún toquecito aquí y allá. Durante muchos años la etiqueta vampírica se mantuvo inalterable; hubo infinidad de versiones del mito, entre las cuales cabe señalar la maravilla animada de Juan Padrón, que en 1985 los trajo a La Habana en busca del Vampisol, la fórmula para tolerar la luz del día.
Así llegamos a dos hitos esenciales en la historia del género: Bram Stoker’s Dracula (1992) de Coppola y Låt den rätte komma in (Déjame entrar, 2008) del sueco Tomas Alfredson. La primera de ellas entrega la interpretación que justifica el título de estas líneas: el conde de Gary Oldman es, desde luego, mi vampiro favorito. Coppola se vanaglorió de no haber utilizado efectos digitales en esta obra… y tenía todo el derecho a hacerlo, porque lo que consiguió fue prodigioso. La crueldad y la ternura que embeben al personaje, gracias al actor británico, no ha sido igualada antes ni después. Sí, Wynona Ryder, Anthony Hopkins e incluso Keanu Reeves están muy bien (sin olvidar el loco Renfield de Tom Waits), el maquillaje, el vestuario, la iluminación y la fotografía demuestran una vez más que los CGI no son imprescindibles para lograr una imagen soberbia, ni la garantizan ni nada de eso, pero Oldman es el pollo del arroz con pollo. O la hemoglobina de la sangre, para mantenernos en el área.
La película del sueco, por su parte, disloca la temida figura del monstruo para recolocarlo en… Eli, una niña de 12 años. O, como dice ella, «que ha tenido 12 años mucho tiempo». La niña se convierte en amiga y protectora de un chico víctima de bullying escolar… no seguiré contando. Búsquenla. Es lo más grande de la vida. Incluso de la vida después de la muerte.
Como he apuntado antes, existen muchísimos hitos en el camino del vampiro, pero no podemos detenernos en todos. Llegamos así a la más reciente revisitación del mito.
No me gustó la nueva Nosferatu: empecemos por ahí. O, para ser más preciso, no me gustó del todo. La fotografía es espléndida; la puesta en escena ceba la atmósfera gótica. Bill Skarsgård blasona los genes familiares que ya exhibiera su padre, Stellan, desde Breaking the waves (Lars von Trier, 1996), y luego sus hermanos, y él mismo como el payaso Pennywise en It (2017). El maquillaje es estupendo, me atrae el hecho de que es un remake de la Nosferatu de Murnau, con Orlok y todo (aquí con imagen muy similar, por cierto, a la de Vlad el Empalador)… pero no consigue acercarse siquiera a su predecesora. A mi modo de ver, Nicholas Hoult y Lily-Rose Depp no están a la altura, y el propio Willem Dafoe me parece sobreactuado, fuera de registro; las escenas que presuntamente transcurren en los Cárpatos las veo falsas, incluyendo el castillo de Orlok, que se ve… ¿cómo decirlo? televisivo. Y la voz de ultratumba del conde me suena ridícula, por más que los ratones y los harapos pongan de su parte.
Hace falta tenerlos cuadrados para versionar un clásico. Slash lo veía claro cuando le dijo a Axl Rose que era una locura reinterpretar Sympathy for the devil de los Stones. Eggers lo intenta, pero el resultado deja que desear. Igual es solo mi opinión, y se sabe que con la edad uno se aferra a los clásicos.
Post scriptum: No tiene ná que ver con lo anterior, pero Anora (2024), la película de Sean Baker que se llevó un montón de Óscars, tampoco me parece gran cosa. No está mal, y la actuación de Mikey Madison muy cuidada y llena de matices, pero a los 10 minutos ya sabes lo que va a pasar… y pasa. Hay un montón de clichés en una historia que se supone enfrenta, precisamente, los estereotipos acerca de las trabajadoras sexuales. Una ocasión más en que la Academia se deja llevar por las conveniencias sociales y no por la excelencia artística.


Mi reverencia a Gary Oldman, pasé del terror al enamoramiento durante toda la película, en fin que entendí a Mina y me hubiese dejado morder la garganta. Coppola logró dos películas en una, la primera es la que sucede frente a cámara y es obvia y la otra es la que sucede en las sombras sobre las paredes, creo que no tengo que esforzarme mucho para demostrar que soy fans de la película.
A usted profe no le gustó del todo la última entrega vampirezca…a mi no me gustó nada, hay una desmesura que ya cada vez acepto menos en el cine y aunque tampoco viene al caso, esa misma desmesura pero ésta vez caótica y chillona es lo que no me convence en Anora. Otra vez muchas gracias por las referencias y compartir sus criterios.
Gracias, Candelaria.
Tienes que ver la película sueca.
Hola!!! Soy fan del Cine, y particularmente el Cine de Terror Gótico es uno de mis subgéneros preferidos. Echo en falta que hubieses tocado en tu reseña a Nosferatu: El Fantasma de la Noche (1979) dirigida por Werner Herzog y protagonizada por Klaus Kinski. Creo que es incluso mejor que la original de Murnau. Con respecto a la versión de Eggers, creo que el filme pudo estar mucho mejor, pero yo particularmente le doy un aprobado, aunque dista mucho de otras versiones del célebre conde Drácula, o en este caso, conde Orlok. Con respecto a la versión de Coppola de 1992, me parece que PUDO (y aquí no concuerdo con la opinión de muchos) haber sido la mejor versión de la novela de Bram Stoker, pero creo que no llega porque le fallan dos aspectos:
1- La actuación de Keanu Reeves es irregular, puesto que en algunos momentos encarna perfectamente bien a ese hombre inglés de la época, soso, encorsetado, absorbido por su trabajo y que no le da el suficiente placer a su futura mujer, pero en otras escenas, cómo en aquella en que Drácula va a asesinar a un bebé junto con sus novias, actúa pésimo.
2- El último acto de la película, cuando Drácula huye de regreso a su castillo y es perseguido por Van Helsing y compañía, tiene un montaje demasiado acelerado que no le da respiro al espectador para poder asimilar las palabras del personaje de Anthony Hopkins al final, cuando deja a Mina llevarse a Drácula dentro del castillo, y dice algo así como que han ido demasiado lejos como mercenarios de la iglesia o algo así (no recuerdo las palabras exactas, más tarde pienso escribirlas), en clara crítica a la iglesia. Sin embargo no se aprecia esa evolución en el personaje de Van Helsing que haga creíble sus palabras. Pienso que en este tramo el montaje se aceleró demasiado, y haber agregado 4 o 5 minutos adicionales de metraje le habrían dado un mayor sentido cinematográfico.
Particularmente creo que es mejor versión Drácula (1958) dirigida por el infravalorado Terence Fisher bajo la tutela de la Hammer Films Productions, productora sin la cuál no se podría comprender la evolución del Cine de Terror Moderno, y con la cual creo que el Cine de Terror Gótico alcanzó la culmen.
Por supuesto, esta es solo mi opinión, a fin de cuentas el arte es subjetivo, y el Cine, como arte, también lo es.
Independientemente de todo me gustaría que hablaran un poco sobre los filmes de la Hammer Films Productions que no tienen desperdicio, y lamentablemente en Cuba no muchas personas conocen, y que contó con grandes directores como John Gilling, el gran Freddie Francis (además de cineasta, uno de los mejores directores de fotografía de todos los tiempos, así lo demuestra la fotografía que realizó para The Elephant Man de David Lynch), y principalmente Terence Fisher.
Saludos cordiales.
Ya lo busqué, en la escena Anthony Hopkins lo que dice es que «todos nos volvimos locos en nombre de Dios» en un tono de arrepentimiento, como dándose cuenta que de cierto modo se cometió una injusticia. Esa evolución no se muestra en el personaje y por ende no es coherente con la actitud que se había mostrado anteriormente en el filme. En fin…. lo tenía que escribir. 🤣🤣🤣🤣