Por: Jorge García Sosa

Asombra la rapidez con que cierta “prensa internacional” (El Nuevo Herald ABC, Infobae, en este caso) regala «desinteresadamente» el bien pagado espacio de sus primeras planas para divulgar sucesos tan corrientes como la airada protesta de varios cientos de personas congregadas para ver un juego de fútbol en un teatro repleto, al comprobar que transcurridas varias horas, el ansiado espectáculo no llega a la pantalla.

Y se explica fácilmente, cuando en este hecho (y otros similares) han coincidido dos ingredientes: el suceso ocurre en Cuba (Santa Clara, específicamente) y la versión ha sido propalada a los cuatro vientos por una llamada “prensa disidente” —la fuente preferida por sus editores— deseosa de mostrar “explosiones sociales” (donde no ocurren), y expresiones de descontento popular tan esporádicas y desnutridas, que no alcanzan para justificar los altos salarios devengados.