El racismo persiste enraizado en la sociedad cubana…¿tenemos conciencia de esto?

Por: Jorge Morales

Soy cubano y negro, sin orgullos ni prejuicios, simplemente lo soy. Mi abuelo es español, mi tatarabuelo esclavo combatió con Quintín Bandera, y mi familia étnicamente es un ARCOIRIS.

Recientemente conversando con una compañera de trabajo me entero de orientaciones generales para promover en cargos de dirección a mujeres y negros. Me resultó risible esto, por que no veo condición en ninguna de estas características nada para obtener un cargo, simplemente veo la capacidad, inteligencia y transparencia como principales baluartes para tal.

La compañera me dijo que no entendía por qué esto y de hecho no sabía la existencia del racismo, y cuando conversé con ella y le di ejemplos, se quedó perpleja. En lo personal me molesta mucho la frase “es política de cuadros”, ¿y qué es un cuadro?, yo no tengo ni idea, pero mezclar racialidad o sexo con capacidad para ocupar un puesto, es cuanto menos risible, y esto lo digo como negro.

Colaboración con La Joven Cuba

Por Carlos Tena

Una de las virtudes más ilustrativas del carácter del ciudadano/a cubano/a, es su enorme capacidad para inventar aquello que resulte de utilidad a sus compatriotas, aunque algunos (a pesar de la propaganda, siguen siendo una minoría) no merezcan disfrutar de cualquiera de esos hallazgos técnicos, mecánicos o culinarios, que les han convertido en los Reyes del Reciclaje a todos los niveles. Más increíble aún resulta que en el sector médico y farmacológico, los investigadores y expertos continúan descubriendo, ensayando y fabricando medicamentos para enfermedades tan mortales como el cáncer, que circulan ya en algunas naciones dotadas de gobiernos sin complejos.

En los medios llamados “democráticos”, jamás se habla de las enormes virtudes de la ciencia cubana, excepto cuando se tratase del caso de un experto que decidiera emigrar al exterior. Para Falsimedia, en aquella sociedad no existirá nada digno de alabanza, hasta que los grandes monopolios y empresarios al estilo del desvergonzado Diaz Ferrán, no gocen de libertad para contratar, explotar y despedir a un trabajador; de libertad para robar, estafar, expoliar las arcas del estado, evadir capitales a las Islas Caimán, Palau, Panamá o Suiza; de libertad para controlar todos los medios de información y a los dos partidos (en realidad, el mismo) que habitualmente se alternan en el poder, a sus jueces, ejército y policía, con total impunidad. Esos son los primordiales derechos humanos del primer mundo.