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«Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno».

Silvio Rodríguez saluda al público que lo espera en la Escalinata de la Universidad de La Habana con estas palabras de José Martí y la ovación lo dice todo.

Días antes dijo en un video que pidió cantar en ese lugar por la esperanza que le dio la protesta estudiantil contra el tarifazo de Etecsa. «Me hicieron sentir esperanza cuando vi sus actitudes», dijo.
El escenario orientado y no hacia la calle generó polémicas sobre quiénes podrían asistir al espacio. Pero afortunadamente esas dudas fueron despejadas pronto.

Silvio comienza con «Alas de colibrí» y continúa con una tanda donde mezcla sus temas favoritos, sus imprescindibles, y también su homenaje a Vicente Feliu, Noel Nicola y Pablo Milanés.



«Ojalá», «Créeme», «Te perdono», «Yolanda», «El escaramujo», «El necio», «Ángel para un final», «La maza», y muchas otras volvieron a escucharse en el mismo sitio donde siguen siendo eco del sentir de cada generación que se las apropia.

Allí estaban los estudiantes, los fans cubanos y latinoamericanos, los jóvenes —militantes, «confundidos» y curiosos—. Coincidieron el presidente de la República y la señora que escuchó a Silvio desde su balcón en peligro de derrumbe durante uno de los conciertos por los barrios.


Silvio no necesita agitarse para agitar. Con voz calmada y precisa trae a Luis Rogelio Nogueras con su poema Halt:
«pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó,
pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
que estupefactos, desnudos, ateridos
cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino
desde las colinas de Judea
hasta los campos de concentración del III Reich.
Pienso en ustedes
y no acierto a comprender
cómo
olvidaron tan pronto
el vaho del infierno».
Silvio no es indiferente a la gente, a los pueblos, ya sea en Cuba o Palestina. Por tanto, tampoco lo ha sido a ese que no le alcanza la vida ni la chequera para seguirlo hasta la escalinata.

Sin embargo, a pesar del transporte, la lluvia… miles fueron a verlo: unos por sus canciones clásicas, otros simplemente para presenciar al artista y símbolo cubano que es hacedor y testimonio vivo de la historia de este país.

«Gracias Silvio» fue la despedida de todos.



Para qué???
Venga la esperanza, pero seguimos sin ella.
Cuando se escribe un vocativo antes o después de la palabra Gracias se escribe coma. Gracias, Silvio.
Y aunque sistemáticamente han matado y matan la esperanza,
Y aunque vayan al concierto y se camuflen con el dolor causado y que causan.
Y aún así…
«Venga la esperanza,
pase por aquí;
venga de cuarenta,
venga de dos mil.
Venga la esperanza
de cualquier color:
verde, roja o negra,
pero con amor.»
…
HAN MATADO LA ESPERANZA
Ha enmudecido la lira y el verbo se ha hechos silencio.
Tengo el alma hecha girones y mi corazón de duelo
por el tañer de campanas que están repicando a muerto.
Han matado la esperanza
Han esquilmado mi patria, los que a servirle vinieron
se han hecho los propietarios, arrebatando los sueños
a multitud de sus hijos condenados al destierro,
porque le dejaron yerma, sin ningún remordimiento.
Han matado la esperanza.
Y con su hatillo cargado de frustración y añoranzas
no es diversión ni aventuras lo buscado en tierra extraña,
sino la supervivencia como en épocas pasadas.
Han matado la esperanza.
Y al pensar que los verdugos que el delito han cometido
quedarán sin penitencia, absueltos de su delito,
no quiero apelar al cielo poniéndole en compromiso.
Han matado la esperanza
Que aunque es mandato divino el perdón, no la venganza
yo no quiero resignarme y les condeno y maldigo
que me duelen las entrañas de ver como se desangra
un pueblo que tuvo orgullo y es nuevamente cautivo
Han matado la esperanza.
No presumo de profeta pero haré esta profecía:
enterraran los derechos con dolosa hipocresía
si pronto la indiferencia no se torna en rebeldía.
Han matado la esperanza
José María Criado Lesmes