Con los pobres de la tierra

Muchos están hechos para resistir; algunos, para liberar… leí en alguna parte. Si aceptáramos esa visión reduccionista de los procesos, tendríamos que colocar a Hilda en el primer grupo. Ahora está resistiendo la comezón en la piel, que le empezó hace tres noches. Se rasca con un peine porque la mano no le llega al medio de la espalda y la picazón la tiene loca.  «Ayer fui al médico y no se sabe si es una alergia, si es una dermatitis, no se sabe qué rayo es lo que es. ¿Alergia a qué?, si lo único que he comido es el arroz y las frituras de yuca que vienen dando en el comedor de la asistencia social desde hace rato».  

pobres en Cuba
Foto: Néster Núñez

Uno se acostumbra a las cosas, por muy malas que sean, hasta que un día cualquiera el cuerpo no aguanta más y hace una reacción adversa. (O quizá el cambio no sea tan repentino; y quizá comience en la mente.)  Lo cierto es que Hilda necesita tomar Benadrilina para que lo desesperado de su resistencia amaine durante algunas horas de su largo día, tirada en la cama junto a sus dos gatos, mientras en el televisor Haier la señal va y viene. A sus 76 años ya no sueña con pintar las paredes de su casa de 4×4 metros, ni con enchapar la meseta, ni con darse un salto al mercado de 3ra y 70 para ver la increíble cantidad de productos que no puede comprar con su pensión de 2000 pesos. Solo necesita ese blíster de Benadrilina que no tiene.

pobres en Cuba
Foto: Néster Núñez

Aparte de la picazón circunstancial, Hilda tiene a su hermana, que vive cerca. Tiene a una sobrina que a veces le lleva alguna cosita y a un par de buenos vecinos que le traen colillas de cigarros. Ella los desarma, junta esa picadura sobre un pedazo de hoja de libreta, y arma su propia breva. Así resiste la crisis, la escasez y el precio excesivo de los cigarros en este principio del 2025. Cuando por fin prende la pequeña bomba de tiempo, se eleva a su alrededor un velo de humo azuloso que es una obra de arte. Una mancha en lo transparente del aire que rivaliza con las que hay en la pared. Pero el verdadero espectáculo está detrás, oculto en la nube: la sonrisa de Hilda, que es de alivio. De felicidad, pudiera decirse. Una expresión guasona que te hace olvidar lo arruinado del entorno.

pobres en Cuba
Foto: Néster Núñez

Este es el tipo de abuelita que ella es: una sin nietos de su misma sangre, una que se burla de lo fea que se ha puesto con el tiempo y que se enorgullece de las contingencias que ha sorteado: un tumor que después de muchos sustos terminó siendo benigno, la fractura de la cadera derecha, un accidente cuando joven y de su cojera de toda la vida, que ha disimulado siempre con un calzo medio escondido en la suela del zapato. Es una señora solitaria que da gritos de alegría cuando Afrat, la perrita del vecino, entra como un bólido a saludarla:

-¡Mira quién llegó aquí! ¿Tú sabes quién llegó aquí? La niña de París.

Afrat suelta colazos y se restriega en las piernas de Hilda, que de pronto le han dejado de picar, mientras el gato amarillo escapa por la ventana y el negro sigue impasible en su lado de la cama.

-¡Mira quién llegó aquí! ¿Tú sabes quién llegó aquí? La niña de París -repite emocionada otro par de veces, doblando la espalda -que tantas veces le duele- para reciprocar el cariño en estado puro que le da el animalito. Si el espectáculo de la sonrisa fue alentador, este otro es sublime.

pobres en Cuba
Foto: Néster Núñez

Afuera de ese cuartico donde aún se respira el olor a humedad y a papel mal quemado, aquel hombre color zanahoria asumió la presidencia del país acaso más importante, detuvieron los bombardeos en el Oriente Medio, rusos y ucranianos siguieron matándose y un millonario que es feliz de un modo diferente al que conocemos compartió su sueño de hincar una bandera de estrellas en el planeta Marte. No tan lejos, han excarcelado a algunos presos políticos, ocurrieron graves accidentes entre ómnibus de transporte público, explotó un polvorín militar y muchos dicen que debieron guardar más recuerdos, tirar más fotos. En el mundo real de Hilda, ese conformado por un techo y por cuatro muros que colindan con un pasillo solariego, lo único que de verdad importa es la lengua de Afrat en sus manos, los ojos del animal mirando a los ojos del humano, y viceversa. Esos instantes de entrega hacen que la vida sea bella.

Tan dichosa se siente, que demora en escuchar lo que Marina dice:

-Mire, Hilda, le puse el almuerzo aquí arriba.

pobres en Cuba
Foto: Néster Núñez

El almuerzo es un plato de potajes colorados con yuca que Hilda comerá en varias tandas y no de una sola sentada, según confiesa, aunque Marina le explica que tal práctica no es buena para la digestión. También ha habido arroz y pollo en fricasé. Cada viernes, cuarenta adultos mayores en condición de vulnerabilidad reciben esa mínima ayuda aportada por la Primera Iglesia Bautista de Matanzas y su Centro Kairós. Orestes, el pastor; Wanda, la directora del Centro y todos los involucrados, desde los cocineros hasta los voluntarios que reparten por la ciudad las cantinas, quisieran atender a más personas y con mejor calidad, pero lo que hay es lo que hay. Los recursos son limitados. Les reconforta el amor que ponen en la elaboración de los alimentos y la enorme gratitud con que los abuelos los reciben.

Marina llegó desde el hospital casi en el último momento, con la energía de una ola viva, y se sumó a otros dos jóvenes que ya andaban con la mochila en la espalda. Sin tiempo para quitarse el polvo del camino ni su bata de médico, dejó el bolso de los libros y solo cargó la bolsita con el estetoscopio y el aparato de medir la presión: beneficios colaterales para esos abuelos. Marina hace el primer año de la residencia en cirugía y va a la iglesia desde que tiene dos años:

trabajo social en Cuba
Foto: Néster Núñez

-A veces somos egoístas, no valoramos lo que nos dan Dios y la vida, y al ver estos casos tan vulnerables… Solo con que los visitemos, con que les llevemos un poquito de comida los viernes, se alegran tanto. Sienten que alguien se preocupa por ellos y yo me siento gratificada. Estar a su servicio me ha hecho crecer como ser humana.

Los otros muchachos son Miguel Iván e Isaura. Ella tiene 13 años; él, 24. Migue padece síndrome de Asperger y es hermano de Marina. Ambos son huérfanos de madre. Después de la tragedia dejaron su natal Mayarí, en Holguín, y vinieron a vivir con el padre en uno de los barrios más periféricos y marginales de la ciudad de Matanzas. Él se da sus tragos todas las tardes, y baraja la idea de ver a su hija Marina «ajuntada» con un hombre mayor que la mantenga y la quiera. Pero ella le dice que no beba tanto y sigue aspirando a encontrar el amor en la vida. Su hermano Miguel terminó viviendo con la tía por parte de madre. Quizás también son del grupo de los que resisten, pero ese concepto me parece cada vez más limitante.

trabajo social en Cuba
Foto: Néster Núñez

En su labor de los viernes han conocido a Isolina. Ella vive sola en una casa de vigas atacadas por el comején. Sus hijos son seis libros de poesía y una inmensa cantidad de guiones que escribió para la radio provincial durante más de 30 años. Todos descansan donde pueden, en el piso de la sala, en los estantes ya destartalados, cubiertos por nailon para que las goteras no los mojen.

También se relacionan con Luisa, la viejita del jardín florecido a la entrada de su cuarto. Uno de sus hijos padece de discapacidad mental moderada y de esquizofrenia. Deambula frecuentemente. Luisa ya no puede hacer nada más que dejarlo a su aire y tratar de conseguir en la iglesia o donde sea los medicamentos que su hijo debiera tomar y que no tiene. Enseña una foto donde aparece con sus dos hijos. Los tres duermen cada noche en la misma cama.

pobres en Cuba
Foto: Néster Núñez

En Marina, Migue e Isaura crece la empatía, se educan en la ética de la ayuda solidaria. Profundizan en la parte humana de la vejez y la pobreza material, que no de espíritu. Por eso el objetivo del Centro Kairós es incorporar más jóvenes a la experiencia. La realidad está a la vista de todos: la depauperación de las condiciones de vida de un amplio sector del pueblo, la indigencia. Es un fenómeno que no va a desaparecer a corto plazo. Las familias con niños y adolescentes, y el sistema educativo cubano, deberían reaccionar de inmediato. Resistir no está mal, pero hay que formar personas que liberen, teniendo en cuenta la multiplicidad de matices.

Centro Kairos
Foto: Néster Núñez

Hay una resistencia que se parece al aguante y a la resignación pasiva: allí veo amargados y a los que no paran de quejarse. Los que mayormente ven el lado negativo y culpan a otros de su mala suerte y de sus desgracias.

Hay otros que reconocen lo que los limita u oprime y crean estrategias personales para seguir creciendo, para emanciparse. La solución puede ser irse del país, luchar más dinero, aprender cosas nuevas, sembrar un jardín o amar a un perro. También están los que sienten en su pecho el dolor y la opresión de los otros y convierten en su propia lucha la lucha de todos, y se convierten en revolucionarios. Ahí están el Cristo de muchos, el Martí de los cubanos.

pobres en Cuba
Foto: Néster Núñez

1 COMENTARIO

  1. Resaltar ese cada día mas grande sector de adultos mayores empobrecido y solos, que se las tienen que resolver mayormente con la ayuda de vecinos y organizaciones sociales independientes es muy valioso en sus artículos.
    Los problemas sociales han escalado fuera de control en una sociedad que cada día se aleja mas del “Con todos y para el bien de todos” en un sálvese quien pueda vergonzoso. Unos celebran el día de la defensa de uniformes verde olivo nuevos que muestran sobradas defensas adiposas colaterales, pero otros miles de cubanos “vulnerables” sufren todos los días por la defensa tan baja que esa sociedad de elites de partido único les ha impuesto a todos en beneficio de unos pocos.

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Néster Núñez
Néster Núñez
Fotógrafo y escritor matancero

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