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Ileana Díaz: ¿por qué no puede funcionar el sistema empresarial cubano?

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ileana diaz

Durante muchos años el predominio empresarial era de lo estatal, ya que solo existían unos miles de cooperativas agropecuarias y unos cientos de empresas mixtas. Había presencia del sector privado en la agricultura, algo del transporte y desde 1979 comienza la apertura del trabajo por cuenta propia, cuyo mayor crecimiento se logra a partir del 2010.

Sin embargo, hoy el panorama se amplía y se tiene un sistema empresarial compuesto por: 2573 empresas estatales (estatales, filiales, mipymes, sociedades 100% cubanas), 5133 cooperativas, 8696 mipymes privadas (aunque hay aprobadas más de 11 mil) y 103 empresas mixtas. Sin contar los más de 500 mil trabajadores por cuenta propia, alguno de los cuales son empresas familiares o contratan hasta 3 trabajadores, aunque no tienen personalidad jurídica.

¿Acaso ese sistema funciona como tal? Un sistema es un conjunto de elementos interrelacionados para el logro de un objetivo, en el interior del cual se generan procesos que toman en cuenta todas las entradas para lograr resultados. El sistema se mueve en un ambiente donde existen fuerzas facilitadoras e inhabilitadoras. 

Si el sistema está constituido por todos los actores relacionados, ellos deberían interactuar logrando el objetivo de satisfacción de las necesidades de la población, para ello deben tener en cuenta las regulaciones existentes y por supuesto los insumos, fuerza de trabajo y capital necesario a la producción.

Pero ¿cuáles son tales regulaciones en Cuba?, todas aquellas que se conjugan en el modelo económico de funcionamiento predominante, que reglamenta el accionar del sistema empresarial y sus vínculos, el cual se caracteriza por:

1) Modelo de asignación centralizada de recursos, discrecional y administrativo.

2) Ineficacia e inexistencia de mercados cambiario y de insumos.

3) Deformado mecanismo de precios. No existencia de un sistema de precios. Precios administrados, rígidos, con poca flexibilidad (tasa de cambio, tasa de interés, salarios, insumos de combustible, agua, etc.).

4) Restricciones financieras blandas que implican subsidios y subvenciones no justificadas.

5) Limitada competencia entre todos los actores. Existencia de monopolios. 

6) Altas barreras de entrada de nuevas empresas (sobre todo estatales y prohibidas para las no estatales en algunas actividades).

7) Empresa estatal sometida a muchos organismos que actúan como dueños.

8) Las empresas estatales no quiebran.

Tales regulaciones establecen unas reglas de juego que están diseñadas para las empresas estatales, pero son las predominantes, las que maneja el Estado y cada día las regulaciones establecidas para lo no estatal las encapsulan en unas restringidas condiciones de mercado administradas. 

Sucede entonces que existen dos espacios, el administrado y el de mercado, que genera respuestas del siguiente orden:

  • Limitada oferta de las empresas estatales, que no ofrece competencia real a los no estatales; es el Estado quien las preserva, restringiendo a las privadas
  • Ningún acceso a mercados por las empresas estatales (se asignan lo más importante). Los no estatales acceden al mercado informal de divisas (no existe uno oficial) y al mercado de insumo.
  • Precios en las empresas estatales que no expresan la realidad económica.  Precios de oferta y demanda por los no estatales.
  • Salarios estancados en las empresas estatales y altos en los no estatales.
  • Las empresas estatales no quiebran y las no estatales pueden quebrar.
  • La empresa estatal no posee autonomía real a diferencia de la no estatal.
  • Los actores no estatales, sean cooperativas, mipymes o tcp, tienen muy claro quién manda.

¿Cuáles son las consecuencias?

Fuertes limitaciones para los encadenamientos, virtuosos y sostenibles, entre ambas formas de propiedad, es decir, las interrelaciones lógicas de un sistema no se logran ya que no existen reglas de juego claras para ellas y el modelo las fractura en compartimentos «estancos», que dificulta sus vínculos.

¿Resultado?

No hay satisfacción de la población, ni hay crecimiento económico. Las estatales son ineficientes y las no estatales, aunque aparentemente tienen un mejor desempeño, están limitadas por el modelo que privilegia lo estatal y por las normas específicas para los no estatales.

Propuesta

Cualquier propuesta de política para el sistema empresarial pasa por el cambio en el modelo de funcionamiento económico.

Fomento, promoción de empresas de todas formas de propiedad y sobre todo privadas (bajar las barreras de entrada).

¿Qué papel deben tener los diferentes actores?

Para ello el modelo descrito debe ser modificado, de lo contrario, producir costará mucho más de lo necesario e irá en detrimento del presupuesto y en definitiva de la población.

Debe diseñarse un proceso, aprobado y regulado, al más alto nivel, que permita mediante la clasificación de las empresas estatales, ir pasando del mecanismo centralizado de asignación de recursos, a uno donde el mercado asigne (regulado por el Estado mediante incentivos).

Recomponer el sistema de precios, de uno administrado a uno que muestre la realidad económica y permita definir incentivos por el gobierno, en función del patrón de inserción económica que se desea. (Hoy se desconoce en realidad el estado de las empresas estatales, cuántas realmente se encuentran en pérdida).

Las empresas estatales deben tener autonomía para decidir estructura, cantidad de trabajadores, salarios, insumos, proveedores, clientes, inversiones, etc., estas son decisiones empresariales. La empresa debe gestionarse como tal, asumiendo riesgos evaluados por el dueño, el cual deberá estar concentrado en una institución y no disperso en muchos organismos.

Las empresas estatales deben poder morir y nacer, esto último de forma más natural. Con la debida protección a los trabajadores.

Una empresa estatal fuerte y competitiva empuja al no estatal al crecimiento.

Otros cambios importantes al modelo: competencia entre todos los actores, eliminación de restricciones financieras blandas y posibilidad de quiebra.

Además: 

  • Reestructuración del régimen fiscal para todo el sistema empresarial cubano (todos los actores).
  • Diversificación y modernización del sistema financiero para todos los actores.
  • Desarrollo de un ecosistema emprendedor para todos los actores.
  • Posibles empresas mixtas de las más diversas formas de propiedad y capital.
  • Transitar hacia un régimen jurídico válido para todos los actores.
  • Necesario establecimiento de normas de competencia y protección al consumidor.

Deberá establecerse una institución que represente al pueblo y actúe como dueño, dejando la subordinación de las empresas a los Ministerios ramales.

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El año nuevo que está aún por llegar

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Pasados estos diez primeros días, todavía recuerdo que pensé que el año nuevo no iba a llegar. Que daría media vuelta a las 11:59 y dejaría a los entusiastas con el cubo de agua en las manos, con el abrazo a punto de darse, con la sonrisa ya lista para la foto y con el Whatsapp conectado con la hija, con la madre o el amigo que sí recibió el día primero del modo habitual en ese país lejano, mientras aquí el reloj del teléfono ponía 32, y al día siguiente 33 de diciembre…

No sería su intención prolongar el 2024 con todos sus pesares, sino que iba el 25 a esperar a tener verdaderas noticias buenas que traernos, aunque tuviera que aparecerse a mitad de agosto, no anunciándose con el sol sobre este mar que nos rodea, sino que saldría en pleno mediodía del saco de un guajiro, junto a un racimo de plátanos y las yucas embarradas de tierra carmelita:

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Foto: Néster Núñez

—¡Vieja, aquí te traje el año nuevo! Me lo encontré colgado de la mata de guanábana, casi no tuve ni que arrancarlo de lo maduro que estaba.

Y la vieja se secaría las manos en el delantal raído y caminaría sobre el piso frío de cemento pulido, porque le gusta andar sin zapatos cuando hay calor, a ver si la nueva broma de su marido iguala o supera las miles que le ha hecho en los 49 años que llevan juntos. Pero él dice la verdad:

—¡Pero viejo, si es una preciosura este 2025! Está fresquito, se ve hermoso… ¿Quieres que lo haga en fricasé o enciendo el carbón para asarlo? 

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Foto: Néster Núñez

Y entonces, antes de picarlo y guardar la mitad para compartirlo con los pocos que lleguen a esas lomas, a ese monte y a ese bohío suyos (porque un año, la verdad, no se comparte así de fácil con cualquiera, sino con los más allegados, los que sienten por ti y tú por ellos; los que te hacen creer que todavía hay algo real y noble por lo que continuar luchando y viviendo los días), ella abrazaría a su viejo como si no lo hubiese hecho nunca, casi igual de fuerte que aquel primer abrazo de cuando eran adolescentes, el que se dieron medio escondidos tras los bambúes del río porque los domingos se reunía mucha gente joven en la cascada: los primos con sus vejigos revoltosos y los vecinos, que de tanto compartir lo bueno o lo poco eran casi familia también.

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Foto: Néster Núñez

Después de abrazarlo, ella le diría a su viejo, porque no es bueno dejar que él piense que recibirlo con el café y el almuerzo listo es la máxima muestra de cariño a la que a estas alturas se puede aspirar:

—Viejo… Tú sabes que te quiero ¿verdad?

En ese monte, bajo el guano de ese techo y entre las tablas de esas paredes, la última voz de la que se escuchó un «Te quiero» y un «Los amo» fue en la voz de la nieta, desde la bocina de un móvil, desde una ciudad de nombre impronunciable donde caía nieve.

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Foto: Néster Núñez

—Está bien, está bien. Yo me encargo —respondería él a la primera, señalando la tierra carmelita que cayó de las yucas al piso recién baldeado, porque cuando uno pasa cierta edad es preferible llevar las palabras a hechos. Pero lo mejor de este año nuevo que ambos se regalan, quizá a mitad de agosto, es que les permite soltar por la boca cursilerías redundantes—. Igualito a como yo te quiero a ti.

Si no fuera por oportunidades como abrazarse y expresarse amor, no valdría la pena decir «Felicidades por el año nuevo», porque en verdad esa línea en el espacio/tiempo es solo simbólica, no hay un salto ni un antes y un después, es un fluir constante que se acelera o se detiene, si acaso, por las experiencias que se viven.

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Foto: Néster Núñez

Y entonces, ¿cuántos años nuevos ha vivido el que come lo que encuentra en los basureros? ¿Paró alguna vez de contar? ¿Fue en el 2020, después de la pandemia y el «reordenamiento»? ¿O todavía es importante para alguien que desconocemos? ¿Tiene alguien que le quiera? ¿Me podrías decir su nombre? ¿Có-mo-se-lla-ma?

No solo lo pensé: anhelé que el año nuevo no llegara automática, rígidamente, puntualito como un tímido preescolar. Preferí que le llegara a cada uno justo cuando tuviera algo verdadero por lo que congratularse, y de disímiles formas. Que a la casa de un niño sin hermanos el año nuevo entrara moviendo la cola, lamiéndole los mocos de la cara en agradecimiento por haberlo recibido, aunque fuera un cachorro lleno de churre y de pulgas conseguidas en las calles.

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Foto: Néster Núñez

Y para la que cocina con leña, que el año nuevo saliera del huevo que rompe sobre la sartén ya caliente.

Y para el que se arranca los pelos porque tiene el vicio de la fuma y la caja de cigarros le cuesta en enero 1200 pesos (todo lo que recibe en su pensión de jubilado), que el año nuevo llegara con un tabaco que le regalen y que pueda quemar hasta lo último en su pipa improvisada.

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Foto: Néster Núñez

Y para la que imparte clases de tango gratis, que el año nuevo comenzara con la llegada de esos bailarines neófitos que no escuchan bien la música, pero que vuelven, como Gardel, al primer amor que ellos fueron, con las sienes plateadas por las nieves del tiempo, que 20 años no es nada, qué febril sus miradas, mientras un niño en la puerta los mira y aprende a su vez que la vida es un soplo, que el alma está mejor aferrada a un amor nuevo o viejo, a un dulce recuerdo que llora, o que celebra otra vez.  

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Foto: Néster Núñez

Habrá quienes hubieran deseado que el año nuevo les llegara a más tardar en octubre, junto con la oportunidad de salir del país. O quienes lo vean llegar de la mano de mucho dinero, de un negocio nuevo, de algo así, material. Y estará el (la) que verá el año nuevo cuando termine de superar a su ex; y los que amanezcan cada día con la sensación de que ha pasado mucho, mucho tiempo, porque en las horas pasadas hicieron una acción tan buena que por sí sola daría para mantenerlo alegre durante todo un año. Lo aburrido sería que llegara el 2026 porque simplemente toca, o que se saltaran los años y llegara el 27 o el 30 sin que sientas que te has ganado cada año a base de luchar por aquello que te hace feliz. Las cosas son simples la mayoría de las veces, aunque las circunstancias se empeñen en ser las peores.

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Foto: Néster Núñez

Burton y Coppola atacan de nuevo

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Ilustración: Brady

El pasado año dos maestros consagrados presentaron sus trabajos más recientes: Tim Burton retomó uno de sus múltiples universos en Beetlejuice Beetlejuice, y Francis Ford Coppola materializó un viejo sueño con Megalopolis (a fable).

Es un lugar común asumir que cuanto más envejece un artista más calidad tendrá su obra. La verdad es que, pasado cierto límite que varía según el individuo, rara vez funciona así: se suele producir lo mejor cuando el creador conserva la rabia de la juventud, la audacia para arriesgarse, las ganas de demostrar algo y escarmentar a unos cuantos cabrones. Y ni siquiera eso garantiza una obra estupenda, un resultado trascendente. A mi modo de ver, en esta ocasión le ha funcionado a Burton pero no a Coppola.

Ni la primera Beetlejuice (1988) ni su segunda parte son de mis películas favoritas del freak californiano: ese sitio le corresponde, es aequo, a Ed Wood (1994) y Sleepy hollow (1999). Ahora bien, tengo que admitir que esta continuación de las aventuras de Michael Keaton como agente muerto me ha parecido mucho mejor que la primera. Por un lado, no solo respeta la atmósfera de su antecesora, sino que se guarda de cundirla con efectos digitales, echando mano principalmente a trucos visuales de la vieja escuela, manteniendo la cuerda que aquella estableciera. No es que no haya CGI, es que no adopta esa actitud tan frecuente hoy día de miren lo que he hecho con el último programa y la última aplicación que acaban de salir. Por otra parte, rescata a Michael Keaton (insustituible siempre, y aquí más que nunca), Winona Ryder y Catherine O´Hara (a Jeffrey Jones no, porque está muerto, vaya, muerto de verdad, tanto que ni Beetlejuice puede hacer nada por él, pero se las arreglan para justificar su ausencia) y añadir a un puñado de actores, entre ellos Mónica Bellucci y Jenna Ortega. Y la música sigue siendo de Danny Elfman, gracias a Dios.

Si Christopher Walken da miedo (en la misma Sleepy hollow, por ejemplo), Michael Keaton es el loco por excelencia. Baste recordar una comedia como The dream team (Howard Zieff, 1989), en que el actor interpreta precisamente a un paciente siquiátrico que, a punto de disfrutar su primera salida del sanatorio en mucho tiempo, mira alrededor y pronuncia una frase inolvidable: ¡Ah, qué maravilla es ser joven y loco! Valga la digresión para reiterar que Beetlejuice solo podía ser él, y si alguna vez se hace una tercera parte, tendrá que ser él aunque haya que resucitarlo: Keaton se ve extrañamente en su elemento como ese cadáver anárquico pero simpático alrededor de quien gira todo y que consigue, tal vez a su pesar, hacer el bien.

Winona Ryder y Catherine O´Hara también hacen lo suyo como cabría esperar. Mónica Bellucci no es que esté mal, sino que su personaje se me hace prescindible: todo lo contrario de lo que pasa con Jenna Ortega. Llegará el momento en que a esa chica haya que sacarla del encasillamiento como adolescente hosca y espeluznante (nadie olvida su interpretación en la serie Wednesday [2022], también dirigida en su mayor parte por el buen Tim) pero, ¿cómo decirlo?, no es algo urgente: todavía puede hacer unas cuantas buenas cosas en esa área. Como aquí, por ejemplo. Nadie puede acusar a Burton de no tener olfato.

Beetlejuice Beetlejuice rezuma humor, ese no-te-lo-tomes-en-serio que no escasea ni mucho menos a través de la dilatada obra del cineasta. Por demás, tampoco hay aquí, y tal vez en toda su filmografía, un solo plano que pueda tildarse de aburrido, de que puso la cámara y compuso el cuadro con lo primero que se le ocurrió. Son ese abigarramiento visual, la imaginación narrativa y esa suerte de carnavalesca sordidez los ingredientes que mantienen a Burton en la palestra.

Megalopolis era un proyecto que Coppola acariciaba desde hacía casi cinco décadas. La noción de equiparar la gloria y caída de la Roma de los Césares y las circunstancias de los Estados Unidos en un futuro reciente no es en absoluto una mala idea (habría hecho muy feliz a Fidel Castro, que invariablemente denominaba a USA el imperio) y sería difícil negar lo acertado de la visión coral. Es sabido, así que no abundaré en ello, que el director invirtió casi toda su fortuna personal en el proyecto, y que confrontó dificultades de diverso calibre, incluidos los vaivenes de lo políticamente correcto. Como se dice, puso toda la carne en el asador.

Y no le salió bien. Es lo que tienen el arte, el riesgo y la edad. Desde luego, Coppola es un maestro, así que la efervescencia visual de la película y la idea misma de la deshumanización latente tras las máscaras felices de la élite hacen honor a su genio, pero el resultado es anárquico, discordante, como la sinfonía correcta ejecutada por una orquesta con la mitad de los instrumentos desafinados.

La voz en off, introducida en connivencia con la idea de que se narra una fábula, lo que hace es desgranar obviedades. Es difícil creerse a la mayoría de los personajes, como arduo resulta admitir que un montón de actores estupendos como Dustin Hoffman y Jon Voight están subutilizados y que la elección de Adam Driver como César Catilina es un error de casting. Para mí, las mejores actuaciones son las femeninas, con la británica Nathalie Emmanuel (la hermosa esclava Missandei de Game of thrones) a la cabeza, seguida por Aubrey Plaza y Grace VanderWaal. Todos hacen lo mejor que pueden con un guion lleno de meandros y lugares comunes.

Dicho esto, aclaremos algo: criticar la película no significa criticar a Coppola. La verdad es que es mucho más difícil hacer una película con una tesis progresista que no suene a teque, que un thriller o una comedia romántica. De todos modos, y aunque ahora el veterano Francis tiene encima un montón de acreedores y malas críticas, hay que reconocer que se salió con la suya, que saldó una asignatura pendiente. Yo veo nobleza ahí. No importa lo que diga todo el mundo, ser artista es también ir contra la corriente, sacarte los aliens de adentro, hacer lo que te dé la gana pues, aun si fracasas, habrás derrotado al tiempo y a los escollos en tu camino.  Aunque no me gustó su película, entiendo y aplaudo al maestro que nos dio, entre tantas maravillas, The godfather (1972) y Apocalypse now (1979), y su actitud de ¡Pinga pá tó´l mundo!

Ricardo González: alinear el sistema de precios en Cuba

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Ricardo González precios

Un problema insuficientemente abordado por la política económica en Cuba es la segmentación del sistema de precios. Por sistema de precios se entiende no solo el precio final de los bienes y servicios, sino también de los factores de producción, en otras palabras, el salario, el tipo de interés, el precio de las materias primas y el tipo de cambio. 

En una economía sin distorsiones este sistema funciona de forma integrada y unificada. En Cuba, sin embargo, los precios están segmentados entre actores privados y estatales. La Tabla 1, proporciona evidencia sugestiva al respecto. 

Tabla 1. La segmentación de precios en Cuba 

EstadoPrivado
Tipo de cambio (CUP/USD)24370
Salarios5,000>15,000
Tasa de interés5%-8%30%
Precios de las materias primasFijados administrativamenteMercados
Precios finalesMargen administrado s/ costosMercados

Nota: Esta comparación tiene un valor meramente metodológico e ilustrativo. Los valores no son representativos de toda la población; se obtuvieron a partir de entrevistas con empresarios privados realizadas entre abril y mayo de 2024.

En ella no solo se observan brechas significativas entre los diferentes precios; sino, además, sugiere que los precios estatales están retrasados respecto a los privados (léase, son significativamente inferiores). El retraso de los precios estatales es la expresión de problemas subyacentes, en otras palabras, es la consecuencia ─no la causa─ de fallas a nivel productivo. En concreto, de restricciones institucionales diferenciadas (o reglas de funcionamiento) entre la actividad estatal y privada. Por ejemplo, a diferencia de una empresa privada, una empresa estatal opera con falta de autonomía de decisión, prohibición de participación libre en mercados de factores (por ejemplo, combustibles o materias primas importadas), regulación de precios claves (tipo de cambio) y formación administrativa de precios de venta. Estas diferencias evitan que los precios estatales y privados se unifiquen de manera espontánea.   

La no unificación genera problemas sobre el sector estatal. Por ejemplo, que la oferta y la demanda no se encuentren al nivel de los precios regulados, es la base de muchos problemas del «sector real»: problemas de producción, de escasez de insumos productivos, de rentabilidad empresarial, de capacidades ociosas, y de restricciones financieras. Siendo más específico, las empresas estatales no encuentran recursos suficientes a los precios fijados de forma administrativa: no encuentran suficientes dólares a un tipo de cambio de 24 CUP por USD; no encuentran suficientes trabajadores dispuestos a trabajar a 5000 CUP mensuales; no encuentran suficiente financiamiento a 5%-8% de interés, ni suficientes materias primas a los precios regulados. Además, el atraso del sistema de precios es fuente de desequilibrios fiscales y cambiarios. Reduce los ingresos presupuestarios, presiona al alza el gasto público (vía subsidios empresariales) y juega a favor del atraso del tipo de cambio real de la economía, que es un elemento clave de la competitividad de las exportaciones. 

Por lo tanto, operar sobre el atraso del sistema de precios es una condición necesaria para avanzar sobre los múltiples problemas de oferta de la economía. En teoría, la solución a la segmentación es simple, unificar los marcos institucionales entre empresas estatales y privadas para permitir que los precios estatales converjan a los del mercado. Sin embargo, la solución no es tan simple debido a los ajustes de equilibrio general que provoca la «actualización». Unificar los precios sin tomar precauciones afectaría no solo a los consumidores, quienes verían sus ingresos reales deteriorarse muy rápidamente, sino además, a otras industrias vía insumos intermedios. Ello generaría excesivos costos de ajustes que podrían hacer no-administrable el cambio de estado. 

Una forma efectiva de llevar adelante este proceso es a través de lo que se conoce como precios duales, un instrumento que se ideó en China en los anales de su proceso de reformas, y que luego se aplicó también por Vietnam.

La idea es mantener fijas las cantidades producidas de forma administrativa a precios regulados, y liberar el resto de las capacidades de la empresa a precios de mercado. Con la producción pactada de forma administrativa se haría frente a una parte de la demanda de consumidores y de las industrias (la misma parte que se cubría antes de utilizar este instrumento). El Estado apoyaría con insumos asignados (materias primas, dólares para importación, combustibles y energía) a precios administrativos.  Mientras tanto, con la parte liberalizada, las empresas podrían comprar insumos sin restricciones a precios de mercado, en particular dólares, subir los salarios, pagar deudas, entre otros. 

Ahora, esta idea no funciona si no se levantan las múltiples restricciones institucionales sobre la empresa estatal que son la causa verdadera del problema. Es decir, no funciona si no se les otorga mayor autonomía de decisión, si no se les permite participar en mercados de divisas e insumos, o si se mantienen operando con precios regulados (en el canal del mercado). 

Sobre cómo otorgar mayor autonomía a la empresa, la mejor forma de alcanzar este objetivo es mediante el desarrollo de gobiernos corporativos, a través de los cuales el Estado ejercerá su función de «representante del dueño», otorgándole a la dirección de la empresa autonomía de decisión. Es importante también institucionalizar el mercado cambiario paralelo (como se hizo en los noventa con CADECA, pero, esta vez, permitiendo a las empresas estatales y a las PYMEs entrar). De la misma forma que las empresas deben comprar insumos en un mercado liberado, deben acceder a divisas internacionales. La no institucionalización del mercado cambiario informal evita, por defecto, que las empresas estatales puedan comprar dólares a precios liberados, incluso cuando sus ingresos son suficientes. Transitar hacia un esquema descentralizado de divisas a un precio de mercado unificado es un objetivo muy importante; sin embargo, no se podrá alcanzar de la noche a la mañana, menos en las condiciones actuales. Por lo que requerirá de la conformación de un mecanismo híbrido (dual) de asignación de divisas que opere transitoriamente hacia la unificación.

     Por último, los hacedores de política deberán moverse sobre una delicada línea donde se promueva la alineación de precios (como mecanismo de creación de incentivos y de estímulos productivos reales), y a la vez, se minimicen los efectos distributivos y de equilibrio general que inevitablemente derivarán del proceso de alineación. Aunque este último es la base de profundas ganancias de productividad y competitividad (sobre todo externa), las contradicciones que lo acompañan deben ser atendidas a partir de políticas redistributivas y compensatorias basadas en mecanismos ortodoxos y heterodoxos que operen bajo el principio de «hacer todo lo que funcione». Por último, es muy importante entender que la integración del mercado no significa que todas las empresas resultarán ganadoras. Hay empresas que desaparecerán. Esto no solo constituye un resultado esperado; sino, además, deseado. Es central entender que las empresas que desaparezcan no deberían estar operando hoy; representan una carga para el conjunto de la sociedad. Si logran hacerlo en las condiciones actuales es por la existencia de reglas distorsionantes que les garantizan subsidios que paga de forma explícita o implícita todo contribuyente cubano. 

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Tamarys L. Bahamonde: restituir la confianza en la institucionalidad del país

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Tamarys economía cubana

La crisis cubana tiene su causa fundamental en la incapacidad del modelo de administración centralizada para impulsar el desarrollo económico de forma sostenible. De todas formas, las condiciones externas hostiles, como el covid-19 y su consecuente impacto en las economías mundiales, así como las circunstancias que afectaron a aliados tradicionales, como la guerra de Rusia en Ucrania o las tensiones políticas y económicas en Venezuela, han empeorado el impacto doméstico de la crisis. Este artículo ofrecerá brevemente algunas recomendaciones de políticas para mejorar las condiciones de la economía y la sociedad cubanas.

El deterioro de las condiciones de vida de los cubanos, del estado de las industrias y la agricultura nacional, y de la infraestructura es precario. Ello implica que las soluciones que se propongan, o incluso las que se implementen, no tendrán impacto inmediato en el mejoramiento significativo de la vida de los cubanos y cubanas. La economía necesita un período de tiempo para ajustarse y generar el crecimiento y el desarrollo adecuados para que su impacto sea perceptible. 

En materia de administración pública, la Constitución de 2019 se puede considerar un paso de avance con respecto a la anterior. En primer lugar, separa funciones de Estado de las funciones de gobierno, al menos formalmente. La constitución y el marco regulatorio posterior establecen un modelo de administración pública más descentralizado, que debería aumentar la autonomía local para gestionar la economía de sus territorios. 

A pesar de eso, el Estado y el gobierno de Cuba deben revisar aspectos fundamentales de la administración pública y el diseño de políticas para mejorar la gestión pública nacional. La Asamblea Nacional del Poder Popular tiene que ejercer su función legislativa a cabalidad, y reducir el peso relativo del Consejo de Ministros y del Consejo de Estado en las decisiones más relevantes del país. El primer paso para restituir la confianza en la institucionalidad del país es la coherencia legislativa. 

Las legislaciones no pueden ser sometidas a cambios trascendentales con impactos sobre agentes económicos de forma frecuente. Debe eliminarse la sobre-regulación que domina el entorno legislativo cubano, porque afecta la eficiencia y la gestión económicas, no solo del Estado, sino de todos los sectores y tipos de propiedad. Tiene que haber transparencia sobre los procesos legislativos a todos los niveles. Las políticas públicas necesitan objetivos públicos, claros y medibles, con períodos de tiempo establecidos para su cumplimiento y procesos evaluativos públicos, así como sus resultados. Las revisiones y actualizaciones de políticas públicas tienen que corresponderse con los resultados de esas evaluaciones periódicas, y no ser arbitrarios mecanismo de control. 

La descentralización no debe solo delegar o desconcentrar funciones que el gobierno nacional no desea o no puede gestionar. La desconcentración de funciones en los gobiernos subnacionales establecida por la Constitución en 2019, ofrece un marco regulatorio inicial para avanzar hacia un modelo menos restrictivo de administración pública. Sin embargo, no todos los gobiernos subnacionales cuentan con recursos o funcionarios públicos con el entrenamiento adecuado para acometer con éxito la administración territorial. La descentralización es un proceso complejo que no se garantiza por decreto. 

Para impulsar descentralizaciones exitosas, los gobiernos locales deben participar en estos procesos junto al gobierno nacional contribuyendo a delimitar las áreas en las que los gobiernos subnacionales son más vulnerables y necesitan más apoyo del gobierno nacional, así como aquellas en las que pueden asumir cuasi total o total autonomía. La descentralización requiere verdadera devolución de poder político a los territorios, un aspecto que todavía es muy difícil lograr bajo el marco regulatorio actual, en el que, por ejemplo, los gobernadores provinciales son propuestos por el presidente de la República y no por los gobiernos locales. 

En materia de empleo y salarios, se debe actualizar el código del trabajo para legislar y proteger, entre otros, el derecho a la huelga. El Estado cubano no es el único empleador en Cuba y el sector privado emplea actualmente al 35% de la mano de obra nacional (Rodríguez, 2024).

Los sindicatos deben desligarse de las organizaciones políticas y de las estructuras de gobierno para garantizar el cumplimiento de los derechos de los trabajadores en todas las instancias, incluido el sector estatal. Problemas acuciantes como los bajos salarios, subempleo y sobre-empleo, requieren una revisión seria de la política de empleo nacional, que pasa por el análisis de los tipos de propiedad en el país y el rol de cada uno en el crecimiento y el desarrollo económico. 

Cuba debe reconceptualizar internamente el papel que las diferentes formas de propiedad tienen en la economía. Ese proceso implicaría reconocer el sector no estatal nacional como elemento fundamental para el crecimiento económico y el desarrollo del país. El sector privado cubano continúa siendo un instrumento de ajuste en tiempos de crisis y no un eslabón esencial en los encadenamientos productivos nacionales. Todavía representa el 15% del PIB con limitada capacidad para contribuir al desarrollo económico del país (Rodríguez, 2024). 

Las regulaciones al sector no estatal deben tener como función establecer normas de funcionamiento e integración armónica al entramado institucional y productivo del país, incluyendo la contribución impositiva a la economía nacional. Políticas intrusivas como el establecimiento de una estructura burocrática nacional, el instituto nacional de actores económicos no estatales, cuyas funciones todavía no están claras, son un desestímulo al aporte que este sector puede tener y tiene en la provisión de bienes y servicios básicos. 

Una forma de contribuir a la inserción del sector no estatal en la economía es brindándole ventajas similares, por ejemplo, en materia impositiva, a las que se le otorgan a la inversión privada extranjera. No existe argumento económico para que la inversión privada doméstica enfrente un contexto inversionista menos favorecedor que la inversión privada extranjera. El control del sector externo en manos de empresas estatales ha demostrado que tiene limitada capacidad para manejar con eficiencia el volumen de operaciones que el sector privado nacional requiere. Sería ventajoso reconsiderar el control exclusivo que el Estado cubano ejerce sobre las importaciones y exportaciones del país. 

Adicionalmente, se deben ofrecer ventajas —o reducir obstáculos— para el establecimiento y crecimiento de cooperativas y proyectos de desarrollo local (PDL), ambas formas de organización con capacidad para contribuir de forma significativa a los territorios menos favorecidos. Las cooperativas merecen atención especial y ventajas adicionales para su formación e integración a la economía, dadas las características democráticas y sociales de esta forma de propiedad. En adición a esto, el Estado cubano debería expandir las formas de organización no estatal para admitir el registro y funcionamiento en Cuba de organizaciones sin fines de lucro. Este tipo de entidades puede cubrir vacíos que ni el Estado cubano ni el sector privado, por su naturaleza, pueden ni desean cubrir. Áreas como la protección animal, economía de cuidados, servicios culturales comunitarios, podrían expandirse bajo la sombrilla de estas organizaciones. 

La empresa estatal cubana debe reestructurarse y ajustar su modelo de gestión y organización hacia formas menos verticales y más eficientes, más democráticas y participativas. Para ello es requisito indispensable eliminar la subordinación ministerial de las empresas y avanzar hacia un modelo empresarial donde tengan autonomía para tomar decisiones relevantes de inversiones y contrataciones que sobre todo beneficien a los territorios donde están enclavadas. Los grupos empresariales son una estructura burocrática intermedia innecesaria, cuya existencia complejiza y obstaculiza el funcionamiento eficiente de la empresa estatal. 

Cuba ha demorado en transitar hacia un modelo sustentable de generación de energía que independice al país del uso de combustibles fósiles. Las tecnologías renovables son caras, y requieren condiciones especiales como entrenamiento de expertos para su correcto sostenimiento y funcionamiento. A pesar de eso, los costos de continuar apostando a un sistema eléctrico obsoleto y deteriorado han demostrado ser mayores que la paulatina transición hacia otras formas de generación eléctrica. 

Una manera de comenzar ese proceso pudiera ser en el sector de hogares y no estatal. Eliminar el gravamen a la entrada de paneles solares, por ejemplo, es un paso inicial que puede comenzar a cubrir necesidades energéticas a nivel micro. Ofrecer reducción de impuestos a negocios que usen energías renovables y contribuyan a la disminución de generación en el sistema nacional eléctrico es una manera de iniciar la transición paulatina hacia formas más sustentables de producción energética. 

El sector financiero nacional se encuentra golpeado por las múltiples monedas en circulación y tipos de cambio. El ordenamiento monetario, en el largo plazo, ha perpetuado y agravado los problemas que trató de corregir. El sistema financiero y monetario es un reflejo de la economía «real», y en el caso de Cuba un síntoma inequívoco del estado de la producción de bienes y servicios nacionales. La corrección de los problemas monetarios (incluida la inflación) requiere políticas encaminadas a mejorar eficiencia y productividad en el sector de la producción de bienes y servicios. Vale recordar que Cuba no se encuentra insertada al sector financiero internacional, lo cual tiene desventajas para accesos a créditos y mercados. Esta desventaja implica que hay que recurrir a políticas creativas internas dirigidas a la transformación de la economía «real».

La transformación del modelo económico nacional de administración centralizada es paso fundamental para el crecimiento y desarrollo económico y social. Es evidente la limitada capacidad del Estado y el gobierno cubano para mantener control absoluto sobre ramas y sectores económicos esenciales como la energía. En lugar de voltear la mirada hacia afuera, en un contexto internacional hostil y de crisis económica casi internacional, Cuba tiene que aprovechar al máximo las condiciones internas que aún posee, como un sector no estatal dispuesto a cubrir espacios esenciales para que el país avance de forma consistente. El Estado y el gobierno cubano deben revisar su alcance y proyección con objetividad, y reconocer sus limitaciones. La extrema crisis que vive el país, y los cubanos que la sufren, lo amerita.

Artículo citado:

Rodríguez, J. L. (2024, febrero 22). La economía cubana en 2023 y perspectivas para 2024 (II). Cubadebate. http://www.cubadebate.cu/opinion/2024/02/21/la-economia-cubana-en-2023-y-perspectivas-para-2024-ii/

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Julio Carranza: lo más importante es la integralidad de la reforma

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Valiosos economistas han escrito diferentes propuestas de cambios para la economía cubana. Si se revisan se puede apreciar que hay un importante nivel de coincidencias entre ellas; quiere decir que en la medida en que ha avanzado el tiempo y se ha reforzado las crisis y la complejidad de la economía cubana, también ha crecido el nivel de consenso entre economistas, fundamentalmente aquellos ubicados en instituciones académicas del país, acerca de la necesidad de cambios y del carácter de estos.

Digo en la academia porque a nivel de la economía, el diálogo con las autoridades de una parte y los sectores más conservadores por otra, continúa siendo difícil aunque haya acuerdos importantes respecto a los principios históricos del proyecto nacional y revolucionario de Cuba, o sea: soberanía nacional, justicia social y desarrollo económico y democrático, sin embargo, con notables diferencias acerca de cómo hacerlo avanzar en las actuales circunstancias nacionales e internacionales.

Un punto esencial sobre el que hemos insistido permanentemente es sobre el carácter integral y sistémico de la reforma. Ahora siendo más enfático, nos parece necesario aclarar que sin eso no hay avance posible; las medidas puntuales, desconectadas y sectoriales tienen trayecto corto y vida limitada, cuando no resultados negativos o cuestionables.

Como hemos expresado otras veces, los ejemplos más evidentes de eso han sido el ordenamiento monetario de enero del 2021 y más recientemente la bancarización, a las cuales hemos cuestionado, no por sus objetivos, indudablemente necesarios, sino por sus errores de secuencia, conexión, contextos y condiciones para su ejecución exitosa, además de algunos puntos de su propia concepción. A estos ejemplos se podrían añadir también las medidas establecidas para la agricultura: en sí mismas y vistas por separado no son negativas, muchas son hasta de sentido común, pero no abordan el problema integralmente ni en su esencia, por tanto ahí están los resultados.

Teniendo en cuenta lo difícil de la situación, se ha señalado con razón que hay cosas importantes y otras urgentes. Nuestro punto es que compartimos ese criterio, pero hay que ir actuando, sobre todo, tratando de preservar la integralidad de lo que se haga, aun cuando se atiendan con inmediatez urgencias como la actual inflación y la crisis social.

En este texto se nos ha solicitado expresar de manera sintética y como aporte al debate, lo que consideramos que se debería hacer, sin embargo, esta propia concepción de integralidad hace difícil definir solo una lista de medidas sin sacrificar el tema de la secuencia y el carácter sistémico e integral de la reforma que consideramos necesita la economía nacional, y en la cual hemos insistido en todo lo que por años hemos escrito.

Advirtiendo sobre este punto, intentaremos muy sintéticamente, como se nos ha solicitado, expresar lo que consideramos componentes imprescindibles de la reforma.

Obviamente el problema del equilibrio macroeconómico, el control de la inflación y la reducción del déficit presupuestario es fundamental; es muy difícil pilotear con éxito el cambio bajo las actuales turbulencias. También es fundamental tomar control del mercado cambiario.

Habría que añadir una reacción más activa aún al problema de la deuda externa del país que cada vez aprieta con mayor fuerza e impide tanto el comercio como la inversión. Varios economistas han propuesto y estamos de acuerdo, en que se deben analizar algunas fórmulas de cambio de deuda por determinados activos. Es una decisión que hay que revisar bien, pero no parece haber otras opciones a mano dada la magnitud del problema. Cuba es objeto de diferentes demandas por esta razón.

Ahora bien, todo esto conecta directamente con lo que consideramos los dos corazones de la reforma: la transformación profunda del subsistema de producción agropecuaria y la reforma de la empresa estatal, como parte del sistema empresarial del país.

La producción agropecuaria se encuentra bajo formas obsoletas de producción y comercialización que deberían ser transformadas, desde el tamaño de las unidades de producción privada, que son los que más alimentos producen en el país, hasta la forma de funcionar el llamado mecanismo de acopio y de comercialización. 

En la agricultura hay un problema de estructuras, de incentivos y también de muy bajos niveles de inversión que impiden tener las condiciones mínimas necesarias para producir más: agua, maquinaria, combustibles, fertilizante, herbicidas, etc. Es cierto que hay una fuerte escasez de divisas, afectadas entre otros factores por el bloqueo norteamericano, sin embargo, la inversión nacional se mantiene fuertemente concentrada en otros sectores como el turismo, lo cual a todas luces es improcedente cuando se mantiene deprimida la producción de alimentos. Siempre hemos expresado que en la producción de alimentos hay además un problema de seguridad nacional, lo cual toma mayor importancia aún a las puertas de una nueva administración norteamericana que muy probablemente incremente el nivel de hostilidad y agresión contra el país.

El otro corazón de la reforma es la transformación de la empresa estatal, actualmente afectada por la ineficiencia o niveles muy bajos de rentabilidad que, entre otras cosas, limitan sus aportes no solo a la producción, también a los ingresos del Estado y por lo tanto impiden mejorar el déficit que a la vez impide actuar efectivamente sobre la inflación, etc.

Sobre el tema de la reforma empresarial hemos escrito en extenso y siempre hemos expresado que se trata de transformarla para que deje de ser ineficiente, no para que deje de ser pública.

La transformación del sistema empresarial debe dar lugar a un tejido complejo que cubra todas las actividades que una economía moderna requiere y bajos diferentes formas de propiedad y gestión, pública, cooperativa y privada, preservando la prevalencia de la empresa pública pero con niveles de eficiencia que le permitan ejercer ese liderazgo auténticamente.

Las empresas han de ser empresas que actúen en los mercados y no unidades administrativas sometidas a decisiones centrales y al tutelaje de los Ministerios y otras estructuras intermedias como las OSDEs, cuya necesidad la mayor parte de las veces —aunque hay excepciones— no se justifica, y sin estar sometidas a una planificación burocrática, cuyo carácter debe cambiar hacia una planificación más financiera y estratégica. Esto supone, por supuesto, la existencia de las excepciones imprescindibles correspondientes a determinadas empresas, muy acotadas por el carácter y alcance de la función que desempeñan.

El fracaso de la planificación centralizada y burocrática quedó más que demostrada con la experiencia del socialismo europeo, y superada por las experiencias exitosas de Vietnam y China.

Eso supone mercados que deben ser construidos conscientemente y que funcionen con transparencia, información y las regulaciones adecuadas, incluidos los de medios de producción y monetario, con restricciones financieras fuertes, con una ley de empresas y una ley de bancarrota; todo como parte de un sistema que debe funcionar integralmente. La concurrencia de las empresas públicas al mercado monetario es imprescindible, la segmentación y el caos monetario que existe hoy es incompatible con el funcionamiento bien articulado de la economía y sin este el crecimiento es quimérico.

O sea, que a todos esos mercados deben asistir todos los actores económicos, públicos, cooperativos y privados sin distinción. El sector privado debe contar con todas las condiciones e imprescindibles regulaciones para que funcione tanto con orden como con iniciativas.

Elementos esenciales son el adecuado manejo de herramientas fundamentales de la política económica. Ya nos referíamos a la tasa de cambio, vale para la política fiscal, la política de aduanas, la política crediticia, la política industrial, la política de inversiones y por supuesto y cada vez más importante, la política social.

Los diferentes sectores necesitan a su vez decisiones específicas, como es el caso, por ejemplo, del hoy en crisis sector energético, cuya matriz debe ser cambiada por un mayor peso de las energías alternativas.

Por otra parte, la reforma, que es cada vez más urgente, debe definir etapas y metas claramente definidas para mover el modelo económico de Cuba del lugar donde se encuentra, cuyo agotamiento es hace años más que evidente, a uno nuevo que permita recuperar el dinamismo, la eficiencia, la capacidad de crecimiento y una inserción internacional más favorable, a pesar de que se deba seguir padeciendo, resistiendo y condenando la política de bloqueo y agresión. Como he expresado en diversas ocasiones, el tiempo corre rápido y es una variable crítica; el avance coherente de la reforma debe ser ya, sin pausa, con orden y con prisa.

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Omar Everleny: incentivar la economía más que restringir

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Omar Everleny dossier economía

No hay un único camino para intentar que la economía cubana salga del punto donde se encuentra. Pero si se realiza una reforma integral, y no solo se trabaja en las urgencias, sino que se atienden las sugerencias de los académicos cubanos, la realidad podría cambiar en algún sentido.

Un inventario de las medidas que podrían dar oxígeno a la población y estimular a esas fuerzas productivas inactivas que existen, podrían incluir las siguientes:

  1. Ampliar la lista de los oficios aprobados para ejercer de forma privada, aumentarle el objeto social que se le ha restringido a las mipymes y no controlarlas excesivamente al punto de la desestimulación. Los números hablan, el sector no estatal está contribuyendo en más de un 50 % a las necesidades de ofertas de bienes y servicios de la población, en un grupo considerable de rubros.
  2. Crear mercados de insumos mayoristas con empresas o firmas comerciales extranjeras para todas las formas de propiedad incluyendo la estatal. Eso evitaría la salida de divisas extranjeras para comprar insumos en el exterior.
  3. Formalizar las compras y ventas de divisas extranjeras a las tasas que circulan en los mercados informales o cerca de estos. Daría mayor seguridad a los cambistas.
  4. Trabajar en la credibilidad de los bancos que operan en divisas extranjeras para que se restaure la confianza para hacer depósitos. Mientras se deposite en divisas y después se pongan topes de extracciones, nadie depositará, sino que las personas buscarán mecanismos alternos.
  5. Crear zonas económicas especiales para compras de ciudadanos cubanos en el territorio nacional con tasas de ganancias aceptables, por ejemplo, entre un 30 a un 40 por ciento sobre el costo de la mercancía adquirida, no un 240 o un 300 por ciento, lo cual permitiría una mayor rotación del dinero. Como el país carece de divisas, ese mercado funcionaría en dólares de Estados Unidos. Pero el Estado gana, no pierde, y la población mejora su poder adquisitivo después de que ha recibido aumentos salariales. No se entiende cómo otros países ganan con la situación económica cubana y a lo interno las autoridades se dedican solo a controlar, en vez de ser proactivos. ¿Por qué los cubanos tienen que comprar en Isla Margarita en Venezuela, Panamá o México, incluso en Miami?
  6. La Ley de Empresas y la de Cooperativas son leyes necesarias para la legitimación de todas las formas de propiedad. Aún estamos a la espera. 
  7. Quitarles el subsidio a las empresas irrentables durante 3 años o más. Y buscar un mecanismo que paute la quiebra de estas.
  8.  Incentivar y no regular a las empresas exportadoras o importadoras privadas, que permitan a las formas no estatales canalizar sus insumos o sus ventas a través de ellas. Y en consecuencia, permitir que las mayores empresas estatales salgan a comprar al exterior los bienes y productos que necesitan. Con esto se mitigaría  el monopolio estatal del comercio exterior (con pocas empresas), y este solo debe ser válido para las compras masivas del Estado cubano, como alimentos, energéticos, entre otros.
  9. Eliminar la agencia empleadora para las entidades extranjeras, en cambio permitir la contratación directa y cobrar los impuestos a los salarios que devengan los trabajadores que sean contratados. Téngase en cuenta que esta es una de las primeras preocupaciones para los inversionistas extranjeros en el país.
  10. Debería haber una mayor proactividad en la búsqueda de capitales externos provenientes de individuos o familias cubanas que residen en el exterior. No basta con una ley, y eso lo saben las autoridades del país. Tal como se hacen exposiciones para anunciar las carteras de oportunidades de inversión a entidades foráneas, se podrían hacer acciones a través de la oficina de cubanos residentes en el exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores.
  11. Podría entregarse en usufructo o con tiempo definido de 20 o 30 años, activos estatales ociosos, o cerrados, o descapitalizados, a empresarios privados cubanos o a sus propios trabajadores, incluyendo centrales azucareros que no muelen hace muchos años, que son casi chatarra, para que produzcan azúcar o derivados, o alimentos para ganados. 
  12. Buscar la creación de instituciones comunales de forma privada encaminadas a la recogida de la basura, la reparación de calles, aceras, paradas… Estas pueden ser financiadas por los gobiernos locales, especialmente en municipios pequeños y no en grandes ciudades.
  13.  Diseñar una política atractiva para atraer entidades de microcrédito internacional, interesadas en el mercado cubano hace muchos años. Incluso desde Estados Unidos.
  14.  Reconsiderar la estructura institucional del país: las Unidad Empresarial de Base (UEB) no funcionan, las  Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDE) siguen operando en la práctica como superministerios. Es necesario entonces aplanar las estructuras, separar empresas de los ministerios, y que las empresas se vinculen al gobierno local, no al nivel central.
  15. Abandonar la costumbre de topar precios regularmente y hacerlo solo cuando se busquen puntualmente resultados concretos. A mediano plazo es nociva. La población se beneficia momentáneamente pero después vuelven a subir los precios, o se genera escasez porque el mercado se ajusta por otras variables. Para conseguir bajar precios se deben privilegiar políticas que traigan un incremento de la oferta y de la concurrencia/competencia. La economía del país no se administra como una tienda. Al Estado le corresponde concentrarse en lo estratégico.

Si se sigue al ritmo actual, sin cambios profundos, es difícil llegar al 2030 con los objetivos que se han trazado. Es sabido que el panorama internacional no ayuda a Cuba: el bloqueo sigue intacto y cada vez ejerce más presión sobre la economía, los préstamos son inexistentes y se complican más en tanto se incrementan las deudas cubanas, hay una volatilidad marcada de precios de productos primarios, etc. 

Pero el país no tiene un tamaño económico para intentar cambiar ese entorno internacional. Solo queda concentrarse en modificar lo interno.

Hay que estudiar detenidamente el modelo vietnamita, en el que muchos pasaron de simples trabajadores por cuenta propia en los años noventa, a ser hoy inversionistas transnacionales. Resulta valioso conocer más sobre las historias de vida de muchos hombres de negocios en ese país que estuvo en la ruina hace poco más de 30 años, y hoy es un país muy dinámico en el sudeste asiático, con un modelo político similar al cubano.

En conclusión, las medidas propuestas apuntan a la creación de un entorno económico más dinámico, en el que el estímulo a la producción y la inversión sustituya a las restricciones y controles excesivos. Sin reformas profundas y un cambio de enfoque que privilegie la expansión de la oferta y la confianza en los actores económicos, Cuba difícilmente logrará salir de la grave crisis en la que hoy se encuentra. 

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Recomendaciones urgentes para la economía cubana

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Es difícil exagerar la profundidad de la crisis en que se encuentra el país. Además de cambios urgentes en materia política y social, es indispensable implementar políticas que reformen de forma integral y sistemática la economía cubana. Por esa razón, en las próximas dos semanas y bajo la coordinación del economista Omar Everleny Pérez, La Joven Cuba publicará Recomendaciones urgentes para la economía cubana, una serie de textos con propuestas concretas para sacar al país de la crisis.

Estos expertos, en su mayoría residen en Cuba y no son los únicos con tales criterios, pero representan una muestra del pensamiento crítico y los aportes que se hacen desde la comunidad académica para revertir la situación actual. La responsabilidad de analizar e implementar o no sus propuestas es siempre del Estado. Pero nadie podrá decir que no existen soluciones visibles y a la mano.

Las autoridades cubanas durante mucho tiempo han descartado o tomado con pinzas las recomendaciones de los economistas cubanos. Ya sean profesionales de sus instituciones o fuera de ellas, comulguen o no con el proyecto político de los últimos 66 años, la toma de decisiones a menudo se ha definido priorizando intereses (o prejuicios) políticos por encima del consejo de los expertos. 

Para los decisores muchas de las propuestas que publicará La Joven Cuba quizás ya sean familiares. La presidencia, la Asamblea Nacional y algunos ministerios han convocado a economistas a sugerir soluciones una y otra vez. Lamentablemente, sus recomendaciones por lo general no se implementan. Pero si los decisores saben bien qué proponen los expertos, quién no siempre lo sabe es la ciudadanía.

Debido a ello los textos que compartirá La Joven Cuba como parte de este dossier van encaminados a brindar recomendaciones concretas a los decisores, ante el escrutinio de la opinión pública, como un ejercicio democrático necesario que permita la retroalimentación. Fomentar la participación popular en la toma de decisiones económicas y el acceso equitativo al conocimiento para el bienestar colectivo, es un principio socialista básico. En una democracia socialista, sus propuestas serían escuchadas.

Los contenidos del dossier son concretos y fáciles de entender. Incluye propuestas de descentralización y reforma estructural de la economía, cambios monetarios y fiscales, transformaciones agrícolas y productivas, reformas institucionales y jurídicas, cómo expandir oportunidades para el sector privado y la inversión extranjera, y cómo desarrollar una política industrial a largo plazo.​ Nadie podrá decir que las autoridades no saben qué debe ser cambiado, o que no se les mostró el camino para empezar a hacerlo.

En vísperas de una escalada de sanciones por parte de la segunda administración Trump y con una crisis que cada vez mella más el bienestar ciudadano, e incluso, las llamadas conquistas históricas de la Revolución, es urgente la reforma integral del modelo económico, tomar lecciones de otros países, otorgarle autonomía a la empresa estatal, diversificar las inversiones, quitar las restricciones al sector privado y reducir la dependencia externa.

Las autoridades han reconocido varias veces el estado crítico de la economía y han señalado la existencia de «distorsiones» pero sin mostrar un programa económico integral y profundo. Los textos de los próximos días, desde diversas aristas, son una hoja de ruta a desarrollar para sacar a Cuba de la crisis económica actual y con acciones inmediatas. Quedan todas en manos de la voluntad del gobierno cubano.