Inicio Blog Página 30

Trump, Fukuyama, y el «fin del neoliberalismo»

1

Al final, sucedió. Hoy el empresario Donald J. Trump toma posesión por segunda vez del cargo de presidente de los Estados Unidos de América. Su victoria en la reciente y especialmente convulsa contienda por la presidencia constituye, sin dudas, un evento interesante y con no pocas repercusiones tanto en lo geopolítico como en lo discursivo. En los últimos cuatro años, el expresidente ―y ahora presidente electo― no tuvo solamente que sortear los embates del Partido Demócrata, sino también enfrentar la oposición interna del establishment republicano.

A pesar de esto, el discurso y la figura de Trump, de una radicalidad galopante, consiguieron reunir en torno suyo a un amplio espectro de grupos políticos y le concedieron una «marea roja» republicana que arrastró consigo la presidencia, el senado y la cámara de representantes. Por otro lado, como resultado de este proceso, el proyecto MAGA[1] consiguió consolidarse más allá de lo electoral como un auténtico movimiento político, con características ideológicas diferenciadas respecto a la tradición republicana precedente.

Hay una vieja expresión sobre la política estadounidense que reza: «no hay nada más parecido a un demócrata que un republicano, y viceversa». Si se analiza con seriedad, hasta tiempos recientes y al menos desde la segunda mitad de la Guerra Fría, esa expresión tan mordaz tuvo su dosis de verdad, ya que, después de todo, la alternancia entre republicanos y demócratas siempre se dio en el marco del consenso neoliberal.

Sin embargo, en medio de la actual revolución de los paradigmas ideológicos y las identidades políticas, no pocos autores han sugerido que, en torno a estas elecciones, la frase podría estar llegando a su obsolescencia. Uno de ellos, notable por su propia mención, ha sido nada menos que Francis Fukuyama, que asumiendo una vez más su rol como «necrólogo» no oficial de la historia política, ha publicado un ensayo en la revista Financial Times donde decreta nuevamente el fin todo un corpus ideológico-discursivo. Para Fukuyama, la victoria de Trump representa «el fin del neoliberalismo».

En dicho artículo, Fukuyama argumenta que la victoria de Trump implica un distanciamiento no solo del neoliberalismo como paradigma imperante en Occidente, sino del liberalismo como conjunto de ideas y valores. Para ello, recurre a las políticas de su primera administración, y a las promesas de la segunda, pasando a su vez por las diferencias de discurso que lo distinguen del resto de políticos precedentes.

No obstante, antes de realizar un acercamiento al análisis de Fukuyama, es pertinente abordar la cuestión del neoliberalismo en sí. ¿A qué llamamos neoliberalismo? ¿Es ―como varios afirman― un mero constructo discursivo, o es un cuerpo diferenciado de enfoques e ideas?

El neoliberalismo entre la idea y el muñeco de paja

Independientemente de la orientación ideológica a la que se adhiera el lector, el término neoliberalismo probablemente le resultará familiar. Esto es especialmente cierto en el contexto cubano, pues tanto el sustantivo «neoliberalismo» como el adjetivo «neoliberal» han estado presentes en el panorama discursivo oficial de manera frecuente, en referencia a la representación del sistema capitalista actual y sus exponentes, a saber, Estados Unidos y sus aliados. Fuera de Cuba, el concepto tiene una presencia marcada en el discurso de la izquierda internacional, siendo utilizado como término despectivo o de acusación.

El abuso del «neoliberalismo» como significante para hacer referencia a los partidos y figuras de derecha mercantilista ha provocado, por demás, un oscurecimiento del mismo. A menudo la izquierda lo ha utilizado indiscriminadamente para englobar bajo él a sus adversarios, sin miramiento alguno a las diferencias particulares de sus propuestas concretas, y, debido a esto, el uso del concepto ha tomado las características propias de un «muñeco de paja» con finalidad retórica, de manera similar a lo que ha pasado con términos como «fascismo» entre la izquierda, y «comunismo» o «marxismo» en la derecha. Es por esto que, para comprender la idea neoliberal, hay que explorar sus orígenes en la segunda mitad del siglo XX.

Luego del final de la Segunda Guerra Mundial, la división del mundo en dos bloques políticos-económicos hizo necesaria para las potencias occidentales una reestructuración general, adaptada al nuevo contexto de la Guerra Fría. Hasta ese momento, el consenso en países como Estados Unidos y Reino Unido había incluido fuertes elementos de socialdemocracia, con la influencia de las ideas keynesianas post-Depresión.

En las décadas posteriores, comenzaron a ganar relevancia ciertos autores que proponían un retorno a las ideas del liberalismo clásico con un enfoque renovado, entre los cuales se contaban Milton Friedman, George Stigler, von Hayek, von Mises y otros. A partir de esto, se produjo un auge de escuelas económicas como la de Chicago ―de la que emergieron los Chicago Boys, que desempeñaron un papel crucial en las reformas de Pinochet― y la Escuela Austríaca, inspiración a su vez del pensamiento libertario y el movimiento anarcocapitalista.

Las ideas económicas de estas escuelas retomaban elementos del «primer liberalismo», que planteaba la reducción del papel del Estado en la economía y el respeto por las libertades individuales, pero añadiendo el elemento monetarista y extendiendo el enfoque sobre la privatización, con el libre comercio como estándar para el mercado internacional del «mundo libre». A este nuevo pensamiento liberal es a lo que se ha llamado, no sin controversia, como neoliberalismo.

Sin embargo, no es posible entender el neoliberalismo sin su manifestación política concreta, que llegaría a partir de los años 70 en la forma de una ola de gobiernos, de corte predominantemente conservador, que adoptaría ideas de los economistas neoliberales en procesos de reforma. Desde este período, los casos paradigmáticos del auge neoliberal han sido los gobiernos del republicano Ronald Reagan, en Estados Unidos, y la tory Margaret Thatcher, en Reino Unido, con la dictadura de Augusto Pinochet, en Chile, como muestra clara de esta oleada en Latinoamérica.

No es posible entender el neoliberalismo sin su manifestación política concreta, que llegaría a partir de los años 70 en la forma de una ola de gobiernos, de corte predominantemente conservador.

Si observamos estos ejemplos, resalta la ironía de que hayan sido gobiernos principalmente conservadores los que implementaran este tipo de enfoques. Resulta ser que, en medio del contexto de Guerra Fría, el alza del pensamiento liberal coincidió con el nacimiento del neoconservadurismo, que fue una respuesta política e ideológica a las nuevas corrientes de izquierda heterodoxa y contracultural que ganaban fuerza en el Bloque Occidental a partir de la década de los 60, visibles en el movimiento hippie y las protestas del 1968. A medida que estos neoconservadores ganaban fuerza, arrastraron consigo a conservadores no tan nuevos, y de ellos emergió el consenso occidental con vistas al final de la Guerra Fría y la construcción de la globalización posterior en un orden económico favorable.

De esta manera, si bien las políticas neoliberales tuvieron gran incidencia en lo económico, se produjo una ruptura con las ideas liberales originarias en materia social. La no intervención del Estado se limitó al plano económico, mientras que los enfoques en temas sociales dependieron de los gobiernos de turno. Dicho de otra manera: el Estado no podía entrometerse en la vida económica, pero sí en la vida sexual, por ejemplo.

Si bien las políticas neoliberales tuvieron gran incidencia en lo económico, se produjo una ruptura con las ideas liberales originarias en materia social.

Similarmente, el consenso neoliberal también asumió una política exterior con tendencia al intervencionismo, donde el uso de la fuerza estaba justificado con el fin de «proteger las libertades políticas y económicas», tal y como eran entendidas por las democracias liberales occidentales, y en lo interno, la protección del «estilo de vida» propio de la «sociedad libre». De esta forma se justificó el incremento en el gasto militar y la intervención colectiva en conflictos extranjeros.

Desde entonces, la política en Occidente se ha desarrollado en el marco de este «neoliberalismo», con variaciones sutiles en lo ideológico y diversas corrientes al interior del statu quo. Es así que se pueden encontrar gobiernos como el del republicano George W. Bush, tristemente recordado por el lanzamiento de la «Guerra contra el Terrorismo», y otros como el del demócrata Joe Biden, con características de lo que Fukuyama denomina en su ensayo como «liberalismo woke», todo sin que se erosione la estructura general del sistema establecido.

Trump y la ruptura del consenso

En su análisis del «fenómeno Trump», Francis Fukuyama hace referencia a su primer período. Hay que recordar que la primera administración del magnate neoyorkino se caracterizó por un paulatino aislacionismo diplomático y económico, con la adopción de medidas proteccionistas moderadas. En el primer mandato, el movimiento MAGA aún no se había consolidado al interior del Partido Republicano, y varios proyectos del presidente fueron bloqueados u obstaculizados en los poderes legislativo y judicial.

A pesar de esto, Trump logró llevar adelante varias de sus propuestas, sacando a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, un bastión del «libre comercio» internacional, y arrojando sombras sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Del mismo modo, aplicó aranceles a la importación de varios productos con el objetivo de favorecer un renacimiento de la industria nacional.

Aunque la administración Biden revertió algunas medidas de la primera «era Trump», un número importante de ellas quedaron vigentes. Es por esto que Fukuyama afirma que la ajustada presidencia de Biden fue «la anomalía», y que la llegada de Trump inauguró de manera definitiva «una nueva era en la política estadounidense, y tal vez, para todo el mundo».

La ajustada presidencia de Biden fue «la anomalía», y que la llegada de Trump inauguró de manera definitiva «una nueva era en la política estadounidense.

Donald Trump es un manifiesto proteccionista económico. Ha dicho que «tarifa» es la palabra más hermosa del idioma inglés y ya ha prometido aranceles superiores al 20% para las importaciones desde México y Canadá, históricos socios de Estados Unidos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Estas políticas constituyen un distanciamiento efectivo del pensamiento económico neoliberal, que coloca al libre comercio como la norma general para las relaciones económicas entre Estados. Su meta, afirma Trump, es convertir a Estados Unidos en una potencia industrial, lo que atrajo a muchos votantes entre la clase trabajadora del llamado Cinturón del Óxido ―o en inglés, Rust Belt― que recibe su nombre precisamente del deterioro de la abandonada industria manufacturera que en su momento prosperó en esos estados.

Este discurso ha sido tan novedoso en la política estadounidense que ha captado las simpatías de sectores ideológicos anteriormente aislados de los partidos tradicionales, con la aparición de «comunistas pro-Trump», que abrazan su proteccionismo y aislacionismo diplomático como una respuesta al «imperialismo occidental». Por otra parte, su condición de outsider le ha ganado también el apoyo de grupos de extrema derecha, y colectivos nacionalistas de diversa índole ideológica.

Es precisamente en la dimensión sociológica del fenómeno Trump que Fukuyama hace un énfasis especial. A diferencia del foco usual de las campañas electorales en Estados Unidos, la campaña de Trump se centró de manera especial en la clase trabajadora blanca. Hasta ahora, la norma general entre republicanos y demócratas ―incluyendo a la excandidata Kamala Harris en su campaña― había sido la apelación a la clase media, que fue desde sus inicios un elemento importante del discurso neoliberal. La ideología de Trump parece ser, en ese sentido, algo nuevo: un «trumpismo», más que un neoliberalismo. Conserva elementos del mismo, pero trae ideas que habían quedado excluidas del consenso al inicio de la era neoliberal.

A diferencia del foco usual de las campañas electorales en Estados Unidos, la campaña de Trump se centró de manera especial en la clase trabajadora blanca.

Su enfoque en política exterior, marcado por la realpolitik, lo ha acercado a gobiernos autoritarios de corte iliberal como el de Vladimir Putin y Viktor Orbán, promoviendo a su vez el lema de «America first» en lo que respecta a su posición escéptica respecto a la OTAN y la alianza estratégica con la Unión Europea. No en vano analistas como Alexander Dugin ―denominado por la prensa liberal occidental como «el cerebro de Putin»― han visto en Trump la alternativa adecuada para el establecimiento de un nuevo orden multipolar, que sustituya al orden neoliberal preexistente.

En este sentido, muchos lo perciben como una figura geopolíticamente favorable para la gradual independencia económica de las naciones emergentes, en el ascenso de bloques económicos alternativos como el BRICS+, que podrían beneficiarse de un Estados Unidos con menor tercerización y presencia internacional. Al mismo tiempo, una reducción de la ayuda estadounidense a la OTAN ―e incluso un eventual intento de salida―, debilitaría mucho la posición de la alianza atlántica en Europa frente a los nuevos poderes emergentes de Eurasia. 

¿El fin del neoliberalismo?

Es por todo lo anterior que, tal vez, en algunos aspectos sea posible darle la razón a Fukuyama. La figura de Donald Trump constituye una ruptura con lo precedente y con el establishment político no solo de Estados Unidos, sino del Occidente liberal en general. No obstante, a pesar de estas diferencias, no son pocos los que, con motivos legítimos, ponen en duda que Trump signifique el fin del neoliberalismo.

Por un lado, a pesar de su proteccionismo y su pretendido aislacionismo, la nueva presidencia de Trump podría, tal y como ocurrió en su primer período, no significar un distanciamiento del intervencionismo internacional ―como lo ejemplificó la operación que acabó con la vida de Qassem Soleimani en el 2020―, en especial, al haber incluido entre sus nominaciones al senador cubano-americano Marco Rubio para secretario de Estado, siendo este un «halcón de guerra» y ferviente neoconservador con explícitas intenciones de influir en el mapa político de América Latina.

Si bien el discurso de Trump ha tendido al aislacionismo, ya ha hecho declaraciones abiertamente expansionistas con respecto a su intención de recuperar el control sobre el canal de Panamá y la compra de Groenlandia al Reino de Dinamarca, lo que ha despertado indignación en panameños y daneses por igual. Similarmente, ha ventilado irónicamente la idea de que Canadá debería integrarse como un Estado más de la Unión, teniendo en cuenta los subsidios que EE.UU. le facilita, refiriéndose públicamente al (saliente) primer ministro canadiense como «gobernador». La característica diplomacia bad boy del magnate ha sido percibida en cada caso, con justa razón, como una afrenta injustificada a la soberanía de las naciones.

La característica diplomacia bad boy del magnate ha sido percibida en cada caso, con justa razón, como una afrenta injustificada a la soberanía de las naciones.

Algo que no cambia es la postura respecto al conflicto árabe-israelí. En la línea de todos sus predecesores, el empresario ha expresado su fuerte apoyo al Israel de Benjamín Netanyahu en su guerra contra palestinos y libaneses, bajo el pretexto del derecho a la legítima defensa contra el terrorismo. En la práctica, no es probable que incluso el Trump más aislacionista posible cese el apoyo diplomático y militar al sionismo israelí, perpetuando el sufrimiento de sus víctimas.

Por otro lado, se ha objetado que, a pesar de su proteccionismo económico, que ciertamente se aleja del principio neoliberal del libre comercio internacional, la desregulación y reducción de impuestos prometida por Trump solo contribuirá al fortalecimiento de la clase empresarial y los capitales consolidados. Como consecuencia, tanto los derechos laborales como el sistema de bienestar pueden experimentar un retroceso notable, dejando desamparados a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Podrá ser, tal vez, el fin del paradigma neoliberal precedente, pero, desde luego, no el fin del capitalismo como sistema de relaciones, ni de sus dificultades estructurales.

Podrá ser, tal vez, el fin del paradigma neoliberal precedente, pero, desde luego, no el fin del capitalismo como sistema de relaciones.

Sin embargo, a pesar de esto, no es posible saber a ciencia cierta cuáles de sus ideas serán implementadas, y cuáles quedarán como meros artefactos retóricos. Sea como sea, la nueva presidencia de Trump promete ser diferente a la anterior. ¿Significará, como augura Fukuyama, el fin de la era neoliberal y el comienzo de una nueva etapa con características propias? Los acontecimientos dictarán el veredicto. Después de todo, Fukuyama ya había sugerido el inicio del fin de la historia en 1992, y, por lo visto, aquí seguimos.

Lo que sí es seguro es que la victoria de Trump, con su impacto ideológico y discursivo, representa un antes y un después en la forma de entender la política en Estados Unidos, y por lo tanto ―aunque pese―, en el mundo. Vivimos un cambio de época, y en este contexto, las identidades políticas y paradigmas ideológicos están experimentando transformaciones que exigen una reconsideración de los marcos teóricos del siglo XX en lo que respecta al análisis político y económico, ante la aparición de nuevas variables y realidades. Pretender que es posible entender estas transformaciones a fuerza de compactar los fenómenos para que se ajusten a las categorías de cualquiera sea nuestro viejo paradigma de preferencia es, cuando menos, contraproducente, y cuando más, suicida.

Es una lección que especialmente la izquierda abstracta, tras una larga cadena de diagnósticos fallidos, todavía tiene por aprender.


[1] Make America Great Again, lema trumpista

La equivocación del caracol africano

14
caracol-gigante
Ilustración: Brady

Hace unos meses pasé unos días en familia en un hotel todo-incluido de Varadero. Fui con la intención sana de no molestarme ante previsibles inconvenientes, ni desperdiciar tiempo de esparcimiento en la pugna por los más básicos derechos de cliente. Ya había ido alguna que otra vez a ese tipo de sitios, y además, estaba al tanto de los casi unánimes testimonios sobre las peripecias de muchos usuarios, volcadas como quejas en las redes sociales.

No tiene caso nombrar el lugar porque la película es la misma en muchos otros. A pesar de llegar a la hora de almorzar, uno no puede entrar a su habitación hasta las 4 de la tarde, y entre una cosa y otra no da tiempo a almorzar en el restaurante del hotel, por tanto, hay que resolver el almuerzo en timbiriches expendedores de fritanga. Yo hube de elegir el sándwich de minuta, que resultó ser un «pan con pescao» en toda regla. El pan, de calidad y dimensiones afines al de la cuota, estaba cortado al medio de manera irregular, y tenía una inclinación que no le permitía descansar sobre su base en el plato. Este tipo de deformaciones suelen tomarla los panes cuando viajan hacinados en sacos con personas acostadas encima. Tal vez ese no era el caso, pero era lo que yo tenía en la cabeza mientras digería. Me precio de no hacer asco a nada y soy todo lo opuesto a escrupuloso, pero caramba, pagar tanto y viajar tan lejos para enfrentarme a semejante trancabuche roza lo indigno.  

Los pasillos estaban mal iluminados, mal pintados y tapizados con unas alfombras vetustas y empercudidas. El ambiente sugería que en cualquier momento se aparecían las gemelas muertas de El Resplandor, pero con aro, balde y paleta. En mi baño caía un chorro de agua de la bañadera del piso de arriba. Tuve la suerte de que la ocupaba mi cuñado y su familia, pues si te va a caer agua jabonosa residual de otras personas, es una bendición que sea de gente de confianza.

Los vasos eran botellas de vidrio cortadas y la piscina, que estaba llena, tenía el piso también lleno de azulejos pequeños despegados, y la probabilidad de meter el dedo chiquito del pie en los huequitos de los azulejos era altísima. Podría seguir y seguir, pero creo que la idea está transmitida y que no debo ser la primera persona que cuente historias similares.

Hace un par de años llevamos a mi hijo al Zoológico de 26. Puse un post de Facebook y después conversé con alguien del zoológico que me llamó. No he regresado, así que no sé si la cosa ha cambiado, por tanto, cuento lo que vi entonces. No quiero detenerme en la salud de los animales, ni en la limpieza, ni en la oferta gastronómica, ni en el comportamiento de las personas que asisten allí. Prefiero dedicar tiempo a otras cosas más peculiares, como que a la entrada hay una gran feria lúdica infantil: juguetes de colores brillantes que parecen ser horribles a propósito, con y todo el aspecto de joderse al primer uso.

Por otro lado, deberían darle el premio al zoológico con la mayor población de caracol gigante africano en libertad. Si te quedas 10 segundos de pie en algún lugar, se te encaraman dos o tres por la pata del pantalón. El caracol africano, que empezó siendo una fuerza invasora incontenible, me imagino yo que habrá visto que el pez león trató de depredar en costas cubanas y fue depredado por la gente; y que la claria, esa plaga tremenda, está a 300 pesos el paquete. Con tales noticias parece sensato que hay decidido a nivel de especie, recluirse voluntariamente en lugares como el zoológico o la Quinta de Los Molinos.  

El trencito funcionaba todavía, pero van dos señores detrás empujándolo en la subida a la pendiente. ¿Cuál será la plaza de estos fornidos caballeros? ¿Empujadores de trencito? El anfiteatro está ambientado como un lugar en donde hace 50 años se extinguió la raza humana. La vegetación ha ganado la pelea y ha expulsado de allí a toda forma de vida, incluso al caracol africano. Es un lugar muy solitario, solo visitado por aquellas personas que necesitan imperiosamente vaciar la vejiga o los intestinos.

He contado sobre el zoológico y el hotel, pero podría haber hablado del Parque Lenin o de los círculos sociales, de mi añorada escuela Lenin o de Tarará. Recuerden el hospital Borrás, en reparación 20 largos años hasta que se convirtió en un parque, o el edificio Alaska, que devino parqueo. Recuerden los Di Tú, o las Cadecas, kioscos que se construyeron a toda velocidad para desaparecer luego con la ilegalización del dólar y parece que van a tener que aparecer otra vez. Recuerden las tiendas en pesos cubanos repletas de botellas de agua, y solo de botellas de agua. Recuerden que ya ni siquiera se consiguen esas botellas de agua. Recuerden el Estadio Panamericano inaugurado, dejado destruir para volverlo a reparar e inaugurar a la carrera, todo esto en varios ciclos. Recuerden que aquí se tuvo la cara dura de pedir la sede de unas Olimpíadas. Recuerden que en las tiendas de MLC hay decenas de trabajadores mirándose las caras y custodiando pomos gigantes de aceitunas en conserva, y de mojo criollo manufacturado por una mypime de provincia a precio de delicatessen con media etiqueta despegada. Recuerden que Cuba, con cada vez menos turistas, se siguen construyendo hoteles con «indios» contratados por empresas extranjeras, mientras se deja destruir todo lo demás, incluidos hoteles construidos no hacen tanto.

Cuba tiene 7 maravillas arquitectónicas, y de ellas la más joven es el Viaducto de la Farola, que data de 1965. Lejos de producir nuevas maravillas, se han ido deteriorando las que había. Por lo que se va vislumbrando en el horizonte, parece ser que el caracol africano escogió muy mal lugar para venir a labrarse un futuro.

Pedro Monreal: ¿superar el estancamiento sin renunciar a la «conceptualización»?

6

Comienza 2025 con la probabilidad de que demore al menos seis años la recuperación del nivel prepandemia del Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba, manteniéndose una inflación de dos dígitos, una dinámica negativa que han registrado muy pocas economías del mundo.

La crisis estructural que afecta al país, que no es solamente económica, tiene causalidades múltiples que incluyen —entre otras— la quiebra del modelo de crecimiento, un persistente desequilibrio macroeconómico, el fracaso de la reforma conocida como «ordenamiento», la inefectividad de la política económica y factores geopolíticos como las sanciones de EE. UU, conflictos bélicos, y la inestabilidad del orden internacional. 

¿Pudiera superarse esa profunda crisis con programas y políticas económicas delimitadas por el documento programático de la «conceptualización»?

Una hipótesis de trabajo es que el actual estancamiento, que abarca tanto una política económica relativamente conservadora como su efecto entorpecedor en el crecimiento económico, es el resultado de una decisión del poder político. Se trataría de un estancamiento de «diseño», considerado por el liderazgo del Partido Comunista de Cuba (PCC) como un riesgo político más aceptable que la renuncia al esquema de planificación centralizada, descrito en la «conceptualización».

La gestación «programática» de un modelo «light» de planificación centralizada

El reconocimiento oficial del deterioro del modelo de crecimiento, y del impacto de desequilibrios macroeconómicos asociados a factores externos e internos, condujo a la adopción de los «Lineamientos» en el VI Congreso del PCC (abril de 2011) para «actualizar» un modelo económico basado en la primacía de la planificación centralizada, sin renunciar a esta.  

Posteriormente, el VII Congreso del PCC (abril de 2016) renovó los «Lineamientos» y emitió un nuevo documento sobre la «Conceptualización del modelo económico y social», que dictaminó que la planificación socialista centralizada era «la categoría rectora, definitoria del sistema de dirección» y que «considera» y «regula» las relaciones de mercado.

Esos dos documentos, cuyas versiones finales fueron publicadas en julio de 2017, reconocieron la función de la propiedad privada en el modelo, incluyendo las «empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas». La «Conceptualización» describió los elementos generales de un modelo de gestión que incluía elementos de «descentralización» y de «autonomía». Probablemente el aspecto práctico más interesante de las revisiones en 2016 – 2017 consistió en que los «Lineamientos» actualizados indicaron «concluir la unificación monetaria y cambiaria», algo que se materializó en la «tarea ordenamiento» implementada a partir de enero de 2021.

Sin embargo, al seguir siendo esencialmente un esquema de planificación centralizada, con altísimo peso del sector estatal y con monopolio político del PCC, tanto las propuestas de modelo económico y social como el «ordenamiento» fueron propuestas conservadoras. 

La breve vida de la «cabeza de playa» del establecimiento del modelo «light» de planificación centralizada.

El «ordenamiento» fue una propuesta de reforma amplia e integral, en el sentido de su transversalidad e interconexión de sus componentes, como puede comprobarse en el diverso e interrelacionado conjunto de normas jurídicas publicadas en nueve ediciones sucesivas de la Gaceta Oficial de Cuba. El hecho de que las premisas, secuencia y estimaciones del «ordenamiento» hayan sido erróneas no niega su carácter integral.

El VIII Congreso del PCC validó los «proyectos» de una tercera versión de los «lineamientos» y de una segunda versión de la «conceptualización» en abril de 2021, poco tiempo después de iniciado el «ordenamiento»  y cuyas versiones finales fueron publicadas en junio de 2021, poco antes del reconocimiento oficial, a regañadientes, del fracaso del «ordenamiento» a finales de octubre de 2021. Entre el inicio y el fracaso reconocido del «ordenamiento» apenas transcurrieron 10 meses, un período en el que se produjeron protestas políticas de amplitud.

El lodazal conceptual post «ordenamiento»: aquellas aguas trajeron estos lodos 

Lo que siguió al fiasco del «ordenamiento» fue una sucesión de medidas económicas reactivas, frecuentemente inconexas e inefectivas, con denominaciones imprecisas como «proyecciones para corregir distorsiones y reimpulsar la economía», acompañadas de un relato oficial propagandístico, acciones de control y de represión política, y con el trasfondo de la «válvula de escape» que ha representado una emigración de amplia escala.

El agravamiento de la situación económica y social no ha conducido a una actualización post «ordenamiento» —al menos pública— de la «conceptualización» del modelo económico, que esencialmente sigue siendo un esquema de planificación centralizada. 

El anclaje en la planificación centralizada del marco programático del modelo económico («conceptualización»), de las políticas económicas derivadas, y de las tibias medidas de incorporación del capital privado, dinámicas de mercados, «descentralización» y «autonomía» de la empresa estatal, acercan más el esquema actual de reformas «con características cubanas» a la esencia del anacrónico esquema de reformas de la «etapa soviética», y las aleja de las reformas que en China y Vietnam condujeron al reemplazo de la planificación centralizada por modelos de «economía de mercado». Es difícil asumir que el liderazgo del PCC no entiende claramente esa situación.

Tres problemas esenciales no resueltos en Cuba: cálculo económico efectivo, mercado de capital para las empresas, y modelo de crecimiento y principios claros para la gestión de sus desequilibrios.

La experiencia histórica indica que los esquemas de economía centralmente planificada no generan un «cálculo económico» efectivo, entendido este como el proceso que asegura que los recursos escasos son sistemáticamente utilizados mediante los métodos menos costosos de producción, con el propósito de satisfacer la mayor demanda posible de consumo. Cuando las señales necesarias para que funcione ese proceso no provienen fundamentalmente de precios de mercado, sino de decisiones políticas, el «cálculo económico» no es efectivo. Lo anterior no implica que el «calculo económico» sea infalible cuando se basa en precios de mercado, pero en general este es superior al que provee la planificación centralizada. 

No es suficiente decretar que exista una separación entre las empresas estatales y la función del Estado en un sentido amplio, sino que las empresas estatales deben estar separadas entre ellas. Para todas las empresas (estatales y privadas) debe funcionar un mercado de capital, diverso por sus fuentes de financiamiento, donde exista competencia. Esto facilitaría que las empresas pudiesen tomar decisiones autónomas sobre la venta y compra de medios de bienes de capital con información proporcionada por precios reales del mercado, algo crucial para adoptar procesos eficientes. Con esto cesaría la situación de que solo un agente económico tuviese poder de decisión sobre la estructura económica a partir de criterios no necesariamente económicos.

Tampoco es funcional un modelo de crecimiento como el actual, con bajas tasas de acumulación en condiciones de una amplia descapitalización en muchos sectores. Las altas tasas de ahorro que apoyarían la inversión requerida serían posibles en caso de existir un permanente superávit comercial o con significativas transferencias unilaterales de recursos desde el exterior, algo que para Cuba no está a la vista. Adicionalmente, el patrón sectorial de inversiones es económicamente irracional, algo relacionado con la ausencia de «cálculo económico» y con el monopolio estatal en la definición de la estructura económica. Es uno de los factores que explica el exceso de inversión en una actividad como el turismo con demanda floja, y la escasa inversión agropecuaria a pesar de la sostenida demanda de alimentos.

Finalmente, habría que diferenciar las situaciones de desequilibrio macro y de desequilibrio micro del modelo de crecimiento, identificando el desequilibrio macro con la descoordinación entre la oferta y demanda total de dos grandes categorías (medios de producción y bienes de consumo), en tanto el desequilibrio micro se refiere a que una vez que se hubiera alcanzado el equilibrio macro, existiera descoordinación en la oferta y demanda de producciones específicas. El desequilibrio macro requeriría monitoreo estatal, y eventual «ajuste planificado» en un contexto fundamentalmente de relaciones de mercado relativamente reguladas, mientras que a nivel micro las soluciones de equilibrio deben funcionar —en general— en condiciones de un mercado ampliamente libre para las unidades de producción.

La política, siempre la política…

La visión oficial de diseñar y aplicar políticas económicas conservadoras enmarcadas en el modelo de planificación centralizada de la «conceptualización » no manifiesta principalmente falta de entendimiento económico; ni quiera expresa una visión ideologizada de la economía. Refleja fundamentalmente el interés del liderazgo del PCC de fortalecer simultáneamente su poder político y económico en medio de la crisis.

La jefatura del PCC es un círculo relativamente pequeño y estable que controla verticalmente la administración pública (recursos y burocracia) y los aparatos de seguridad y comunicación. Por tanto, su poder político —incluso en tiempos de crisis y de relevo generacional— tiende a encontrarse en mejor posición en comparación con su poder económico, erosionado por la crisis y por los efectos de políticas fracasadas.

La «actualización» del modelo económico en medio de la crisis incluye varios componentes (empresa privada, mayor espacio para las relaciones de mercado, dolarización) y algunos efectos políticamente polémicos (desvalorización de salarios y pensiones, pobreza y desigualdad) que exigen que la élite partidista deba reposicionar al PCC y al Estado en ese contexto de cambios del orden social tradicional.

La adaptación genera tensiones económicas y sociales (que también son políticas) con la emergente clase empresarial capitalista porque, por una parte, la actividad del sector privado es vital hoy para el consumo. Por otra parte, el liderazgo del PCC no admite competencia política y trata de evitar que el rápido avance económico del sector privado pudiera resultar en una articulación política de lo privado. 

La jefatura del PCC también necesita que los ciudadanos consideren que hay beneficios por la ampliación del mercado y del sector privado. Esa percepción, aunque fuese discutible, tiene una función en la estrategia oficial de comunicación para poder avanzar en la «actualización» del modelo.

La estrategia de «doble carril» del PCC en relación con el capital nacional implica la gestión de contradicciones, incluyendo medidas administrativas (prohibiciones y restricciones de licencias, «topes» de precios, etc.) para contener un sector privado económicamente más dinámico que el estatal, principalmente en la esfera del consumo familiar. También se culpa al mercado y al sector privado por los altos precios y la corrupción. Es una tensión permanente que explica las marchas y contramarchas del componente de mercado y de sector privado de la política de «actualización» del modelo. 

El progresivo agotamiento de ponerle parches de capital privado y mercado al esquema de planificación centralizada de la «conceptualización» pudiera conducir al menos a tres hipotéticos escenarios:

  1. Estacionario: La continuación de la crisis económica no se traduciría en efectos políticos anti-sistémicos y continuaría la estrategia oficial de «doble carril» respecto al sector privado como parte de la modalidad de «actualizar» la planificación centralizada sin renunciar a ella, manteniéndose el proceso dentro de los límites de la «conceptualización». 
  2. Discontinuidad: La agudización de la crisis económica y la incapacidad del PCC para resolverla tendría efectos políticos anti-sistémicos, difíciles de pronosticar, que descartarían la permanencia de cualquier variante de modelo «socialista».
  3. Reforma del modelo: Desmantelamiento oficial del esquema de planificación centralizada y su reemplazo «controlado» por un esquema que, de forma simplificada, se aproximaría a una variante de capitalismo de Estado con el PCC dominando el sistema, sin compartir el poder político.

Aunque en modo alguno se trata de un pronóstico, la ausencia actual de un componente «pedagógico» en el discurso oficial de política económica, parecería indicar que la jefatura del PCC otorga mayores probabilidades al escenario «estacionario». Es un hecho que desde hace un tiempo predomina una narrativa de propaganda porque oficialmente se piensa que con eso sería suficiente. 

Los otros dos escenarios exigirían un componente «pedagógico» muy activo del discurso oficial. En el caso de un escenario de «discontinuidad» el componente «pedagógico» sería crucial para intentar mitigar el eventual aumento de la decepción con el sistema mediante argumentos razonados y no solamente con propaganda. Aun cuando pudiera no ser suficiente, es probable que ese componente «pedagógico» fuese visible al principio.

El escenario de «reforma del modelo» inevitablemente requeriría un componente «pedagógico» para explicar detalles de un nuevo orden social y sus eventuales impactos, un ejercicio aclaratorio probablemente más complicado que el dilatado proceso de explicaciones que antecedió a la aplicación del «ordenamiento».

Resumiendo: la opción de la jefatura del PCC parecería ser continuar una política conservadora enmarcada en un modelo económico planteado hace 15 años que no ha mostrado ser funcional para las necesidades del país. 

Puedes leer el resto de los trabajos de este dossier haciendo clic acá.  

Antonio F. Romero: sin reforma estructural no hay solución a la crisis del sector externo

2

Como parte de la aguda crisis estructural que enfrenta desde hace años la economía cubana, se ha agudizado el carácter vulnerable de un patrón de inserción externa que muestra evidencias de marcado y «prolongado» deterioro. El actual entorno global adverso, refuerza la insostenibilidad del patrón de relacionamiento externo cubano vigente. 

No obstante, sin un coherente, efectivo y decidido programa de estabilización macroeconómica y sin transformaciones estructurales profundas, no es posible modificar el perfil de inserción externa de Cuba.

Avanzar en términos de estabilización macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente para revertir el deterioro económico y social acumulado e iniciar un proceso sostenido de recuperación. Generalmente cuando se habla de estabilización macroeconómica se pone el énfasis en los equilibrios internos (déficit fiscal – inflación), pero los programas de estabilización tienen que ver también, especialmente en economías pequeñas y abiertas, con la estabilización de la balanza de pagos. En el caso de la economía cubana, un objetivo fundamental de la estabilización debería ser el equilibrio de las cuentas externas. 

Hay algunas medidas y decisiones de política que pudieran ser implementadas en el más breve plazo, las cuales ayudarían a modificar algunos de los «cuellos de botella» que impiden una mejoría coyuntural en la situación externa de la economía nacional. Dentro de ellos, estarían:

a) Redefinir prioridades de la política de inversiones del país, para apoyar el fomento productivo. Ello crearía condiciones para aumentar en el corto y mediano plazo las posibilidades de sustitución de importaciones (especialmente productos alimenticios); y en el mediano y largo plazo aumentar exportaciones. Ello requeriría desplazar inversiones públicas que hoy se realizan en proporción muy significativa para el sector del turismo, hacia la agricultura y la manufactura, y en especial para la infraestructura energética. 

b) Flexibilizar normas y mecanismos vigentes que en la práctica constituyen un desincentivo a la exportación y la sustitución de importaciones tanto por las empresas estatales como por las formas de gestión de estatal (FGNE).  Esto implicaría otorgar mayor autonomía —como parte de una reforma integral del sistema empresarial— a las empresas estatales, y reducir más los trámites burocráticos, la «permisología» y los consiguientes costos logísticos y normativos asociados a proyectos y actividades de exportación y sustitución de importaciones, tanto para el sector no estatal como por las empresas del Estado.   

c) En tal sentido, sería muy útil valorar la implementación de un conjunto de medidas e instrumentos utilizados ampliamente en varios países en desarrollo no solo para «fomentar» las exportaciones, sino para «facilitar» los múltiples procesos vinculados al comercio exterior. La Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), así como la VUIEX (Ventanilla Única para la Inversión Extranjera) son instrumentos de larga data utilizados en el mundo, pero en el caso de Cuba las mismas distan mucho de las condiciones de integración, de inter-operatividad, de otorgamiento automático de licencias, certificaciones y autorizaciones, y tienen todavía limitaciones importantes a tres niveles: i) respecto a la arquitectura técnica de la ventanilla, ii) en relación a su arquitectura informática, y iii) el nivel de gobernanza de dichos mecanismos.  

d) Modificación «radical» y en el corto plazo de la concepción vigente sobre política cambiaria; lo que debiera implicar la transformación de la estructura y tipo del mercado cambiario, de la tasa de cambio y del régimen cambiario. Sin esto, es muy poco probable que se estimulen las exportaciones y la sustitución eficiente de importaciones. Adicionalmente, estos cambios resultan componentes de la estabilización macroeconómica y las reformas estructurales; lo que en todo caso coadyuvaría también al necesario proceso de «desdolarización», sin el cual es muy difícil garantizar los niveles mínimos de credibilidad en la política económica nacional que resultan esenciales tanto para la estabilización como para el reimpulso económico.   

e)         Aprobar e instrumentar la largamente postergada normativa que permita de manera transparente el establecimiento de negocios con capital extranjero por las formas de gestión no estatal  (FGNE) y al mismo tiempo someter a revisión el marco regulatorio y las políticas vigentes para la atracción del capital extranjero en el país, que todavía contienen disposiciones restrictivas y que no consideran el alto riesgo que asumen los inversionistas foráneos cuando apuestan por hacer negocios en Cuba.  

f) Favorecer, a partir del establecimiento de principios y medidas flexibles y de respeto absoluto a su naturaleza eminentemente privada, los flujos de remesas a cubanos residentes en el país, sobre todo aquellas que pudieran vincularse —directa o indirectamente— al desarrollo de emprendimientos productivos. Para esto resulta necesaria la aprobación de la normativa sobre los negocios con capital extranjero de las FGNE.    

g) Definir una estrategia integral para la renegociación de las obligaciones financieras con el exterior que ha acumulado Cuba en estos últimos años, cuando el país se encuentra de nuevo en situación de «default». Ello debe comprender los diferentes componentes que se incluyen  dentro del concepto de «deuda con contrapartes externas», a saber: i) deudas con los acreedores oficiales (Club de París, la cual se había renegociado de manera muy favorable en el 2015, lo que incluyó la condonación del 90 % de la misma), ii) con los acreedores privados (el denominado «Club de Londres»), iii) la deuda de corto plazo con suministradores y, iv) de manera importante en el caso cubano con los inversionistas extranjeros. Por la trascendencia que tiene esto último para lograr mayores flujos de inversión extranjera directa, debería adoptarse un mecanismo financiero consensuado, sobre la base de un menú de opciones, para «honrar deudas acumuladas» con los inversionistas extranjeros. h) Por supuesto, la credibilidad necesaria para avanzar en una negociación seria y  compleja con nuestros acreedores pasa necesariamente porque las autoridades nacionales muestren avances perceptibles tanto en la estabilización macroeconómica como en las reformas estructurales. Sin lo anterior —sin un horizonte creíble y consensuado de modificaciones radicales en la estructura económica nacional— se repetirá el ciclo perverso de renegociación, en el mejor de los casos con ciertos niveles de condonación y de nuevo en pocos años, se volverá a entrar en crisis de liquidez externa, e incumplimiento de los pagos pactados.

Puedes leer el resto de los trabajos de este dossier haciendo clic acá.  

Biden y los acuerdos silenciosos

15

Hace apenas un mes que Antony Blinken, el secretario de Estado, dijo en el Congreso que Biden dejaría la presidencia sin cambiar una coma de la política  hacia Cuba.

Para justificar la decisión, Blinken presentó dos argumentos: La Habana no extraditó a dos líderes de una guerrilla colombiana y sigue asilando a estadounidenses reclamados por los tribunales de su país.

Unas semanas después, este martes, esas razones se evaporaron.

La Casa Blanca informó, sorpresivamente, que Cuba «no ha brindado ningún apoyo al terrorismo internacional durante los seis meses precedentes» y, además, que el gobierno cubano tampoco piensa hacerlo en el futuro.

Esta «bomba», que estremeció a los políticos y a la prensa cubanoamericanos, se estaba filtrando horas antes de aparecer la nota oficial. Algunos funcionarios, interesados en no  identificarse públicamente, dijeron a la prensa que la decisión es parte de una negociación, mediada por la Iglesia Católica, para conseguir que el gobierno liberara a «manifestantes encarcelados».

Desde la Plaza de la Revolución no se ha hablado claramente de las circunstancias en que se produjo el acuerdo de ambas partes.

Poco después de publicarse el comunicado de Biden, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (Minrex) anunció la liberación de 553 presos. La declaración no especifica de quiénes se trata ni se refiere al canje revelado por la prensa estadounidense, pero atribuye a la Iglesia Católica y particularmente al papa Francisco un papel esencial en estas excarcelaciones.

Afirma la nota que este perdón es un resultado  de las amistosas relaciones con el Estado Vaticano y, como si se tratara de una profesión de fe cristiana, las liberaciones llegan «en el espíritu del Jubileo 2025».  

Díaz-Canel dijo en X que se trata de una «decisión unilateral y soberana», omitiendo cualquier referencia a la negociación, si vamos a ser más precisos, al canje, revelada por la prensa estadounidense y confirmada más tarde por la Casa Blanca.

En una declaración aparte de la referida a la liberación de los presos, el Minrex aplaudió la medida de la administración Biden y aprovechó para insistir en que «el bloqueo permanece».

«La guerra económica permanece y persiste en plantear el obstáculo fundamental al desarrollo y la recuperación de la economía cubana con un alto costo humano para la población, y continúa siendo un estímulo a la emigración», apunta la declaración.

El Minrex considera que se trata de una justicia «muy restringida». Realmente, la administración Biden no se limitó a sacar a Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo cuando parecía improbable, fue más lejos. También canceló la posibilidad de demandar a Cuba en tribunales estadounidenses bajo la ley Helms-Burton. Eliminó, por último, la prohibición de realizar transacciones financieras con entidades cubanas.

El gobierno cubano, sin embargo, tiene muchos reclamos pendientes. La nota del Minrex señaló «la persecución ilegal y agresiva contra los suministros de combustible»,  la política contra «los acuerdos legítimos de cooperación médica internacional» y las «represalias» hacia «las transacciones internacionales de Cuba».

En la mañana de hoy Maricela Sosa Ravelo, vicepresidenta del Tribunal Supremo Popular, afirmó al presentador Humberto López que las personas liberadas estaban condenadas por delitos que incluían hurto, robo con fuerza, lesiones, amenazas, desórdenes y sedición. De todas estas figuras jurídicas la única que tiene un enlace político es la sedición, pero no se puede olvidar que varios de los que participaron en los disturbios del 11j han sido juzgados bajo por delitos supuestamente comunes.

La funcionaria también aclaró que no se trataba de amnistía ni indulto, sino de excarcelación anticipada. Por lo tanto, estas personas podrían volver la prisión si no cumplieran con las condiciones impuestas para su libertad.

Trump ya viene

Con las evidencias que tenemos a la vista, es imposible prever la influencia real que tendrán estas decisiones, tanto el relajamiento de la presión económica sobre Cuba como la liberación de centenares de presos, sobre el futuro del país.

El propio gobierno cubano reconoció en su declaración que el gesto de la administración Biden, tardío e insuficiente, no viene con garantías de durabilidad. «Se conoce que el gobierno de ese país podría revertir en el futuro las medidas hoy adoptadas, como ha ocurrido en otras ocasiones», advierte la nota. A pocos días de la toma de posesión de Donald Trump, no se puede ser optimista.

En todo caso, la burocracia tiene plazos. Si el nuevo presidente decidiera volver la situación anterior, tendrá que esperar al menos a que se haga efectiva. Y Cuba no es una prioridad para Trump. La postura de la nueva administración dependerá de la presión que ejerzan en lo adelante los políticos cubanoamericanos, para quienes la Revolución Cubana y sus consecuencias sociales no son una simple circunstancia política. Marco Rubio, el que más alto cargo ocupa en la nueva jerarquía, pondrá a prueba tanto su influencia en la administración venidera, como su compromiso con la facción de «línea dura» que ha catapultado su carrera.

Si el nuevo presidente decidiera volver la situación anterior, tendrá que esperar al menos a que se haga efectiva.

Sobre la probable marcha atrás, Mauricio Claver-Carone, otro político de origen cubano próximo a Trump, reconoció que eso «llevará tiempo» y le restó importancia al asunto: «mientras tanto podemos tomar otras medidas que tendrán un impacto mayor».

Claver-Carone no hizo ninguna revelación precisa, pero el comentario, de tono amenazador, deja claro que el círculo cubanoamericano conservador mantendrá su interés obsesivo por el cambio de régimen en Cuba.

El gobierno cubano, mientras tanto, sí parece haber adoptado una decisión irreversible. Las liberaciones se harán efectivas «gradualmente», dice la nota del Minrex. Hasta este momento, no ha trascendido la excarcelación de ninguno de los presos políticos conocidos.

Ante la incertidumbre, las expectativas son grandes dentro y fuera de la Isla. Los familiares de los presos políticos parecen los únicos optimistas. Las organizaciones defensoras de derechos humanos observan el escenario con sorpresa y reclaman transparencia al gobierno. Enfatizan un punto: el registro de presos políticos supera las mil personas, por tanto, la cifra comunicada por el Minrex no resolverá todos los casos.

Las expectativas son grandes dentro y fuera de la Isla. Los familiares de los presos políticos parecen los únicos optimistas.

Con una negociación tan opaca, la ansiedad es inevitable. Fuentes del gobierno estadounidenses que hablaron con Associated Press (AP) revelaron un plazo inminente para resolver la incertidumbre. Según estos funcionarios anónimos, «muchas decenas» de presos políticos quedarán en libertad antes de que Biden salga de la Casa Blanca este 20 de enero.  En coincidencia con esta información, el arzobispo de La Habana, Juan García Rodríguez, calificó los anuncios de este martes como un «alivio rápido».

Los líderes de grupos civiles y opositores, como Luis Manuel Otero Alcántara, José Daniel Ferrer o Maikel «Osorbo», ¿están incluidos entre los liberados? Algunos expertos consultados creen que sí, otros piensan que probablemente no. Si la negociación es un hecho verificado, no hay modo de que los casos más notorios no hayan sido explícitamente planteados por las partes. No es creíble que la parte estadounidense renunciara a reclamar la liberación de los presos más significativos.

Es posible sentarse a la mesa

La mediación decisiva de Francisco, no fue la única. La Casa Blanca se refirió a «los consejos» que dieron a Biden «muchos líderes mundiales, especialmente en América Latina», «como la mejor manera de lograr un avance en los derechos humanos del pueblo cubano». Un papel especialmente importante, señalando el trato injusto hacia Cuba, desempeñaron los gobiernos de Colombia y México.

Es que no hay muchos matices sobre las sanciones contra Cuba. Están universalmente desacreditadas. Son una puerta cerrada ante el pueblo cubano, no sólo en su aspiración natural de bienestar. La presión que significan, ha generado un escenario trágico, de supervivencia, que no favorece el camino hacia una democracia funcional.

El autoritarismo propio de las relaciones entre el Estado y la ciudadanía, surgido al calor de las amenazas que enfrentó desde el principio la Revolución Cubana, no se podrá superar bajo el tradicional aislamiento que la política estadounidense impone a la Isla. La prueba de ello es que la política de «máxima presión» defendida por varios líderes del exilio no pudo lograr ninguna garantía o beneficio para quienes hoy en las cárceles cubanas sufren la peor parte del conflicto.  

El autoritarismo propio de las relaciones entre el Estado y la ciudadanía, surgido al calor de las amenazas que enfrentó desde el principio la Revolución Cubana, no se podrá superar bajo el tradicional aislamiento.

El pueblo cubano gestiona trabajosamente su personalidad civil en medio de una crisis humanitaria que es, en sí misma, una violencia.

«Cuba nunca debería haber estado en esa lista», dijo en Facebook nada más y nada menos que Alan P. Gross, sancionado en Cuba por trabajar en un proyecto de Usaid y liberado en 2014 como parte de la negociación entre los gobiernos de Obama y Raúl Castro para «normalizar» relaciones.

Este giro sorpresivo de la administración Biden demuestra, lo mismo que la normalización emprendida por Obama hace una década, que es posible sentarse a la mesa, con una agenda razonable servida, para conversar sobre derechos humanos y convidarse mutuamente a respetar los intereses del pueblo cubano.

No vale la pena discutir cuáles violencias nos duelen más, si las sanciones contra un país entero o la política punitiva del Estado cubano contra todas las disidencias. Todas las salidas que podamos imaginarle a la crisis pasan por una conversación abierta y sensible entre ambos gobiernos.

El menosprecio de determinados derechos humanos no debe seguir siendo un argumento para violar otros derechos humanos en nombre de la hegemonía de un país, de la soberanía nacional de otro país, del pragmatismo de unos burócratas, del rencor de los herederos históricos de un grupo de poder desplazado, en nombre de la razón de Estado colocada por encima de la razón humana.

El menosprecio de determinados derechos humanos no debe seguir siendo un argumento para violar otros derechos humanos.

Las medidas anunciadas este martes hay que festejarlas, incluso si mañana Trump y Rubio las echaran atrás. Son una esperanza. Nos confirman el sentido que deberían tener las relaciones bilaterales. Negociación sobre los desacuerdos, cooperación propia de países vecinos, y un respeto que deje atrás la historia, vieja y difícil, de negación de la personalidad política y cultural de Cuba.

Los que serán liberados en unas horas y sus familias, sometidos al rigor de la violencia judicial y a la violencia de las sanciones económicas que empobrecen a un pueblo entero, estarán celebrando el inesperado jubileo que Francisco le propició a Biden y a Díaz-Canel. Que ningún cuestionamiento pendiente, ningún pronóstico pesimista, nos empañen estos días. Vienen, literalmente, con aires de libertad.

Hiram Marquetti: Cuba necesita una política industrial a largo plazo

5
Hiram
  1. Tradicionalmente, el tema de la política industrial ha constituido un tema polémico y controversial, en el cual convergen las razones que explican la definición de este tipo política, que durante mucho tiempo se justificaba a partir de la existencia de fallas en los mercados, que implicaban necesariamente la intervención del Estado en la búsqueda de respuesta a estas fallas. El otro aspecto debatible relacionado con la formulación de esta opción de política es su relación con otras políticas: macroeconómicas, tecnológicas, innovación, desarrollo de capital humano, financiamiento, los gastos de i + d, entre otras. 
  2. Otro aspecto controversial vinculado con las políticas industriales está asociado a la definición de las mismas: las políticas industriales se pueden asumir como aquellas intervenciones deliberadas del Estado, cuyo propósito específico es el incrementar la productividad de una economía (Cornick, 2016, p. 35) y mejorar el desempeño competitivo. 

En opinión de (Ruiz Durán, 2013, p. 6) la política industrial (PI) debe entenderse como un proceso de auto descubrimiento económico en el sentido más amplio, el cual se sustenta en el accionar interactivo de cooperación estratégica entre los sectores privado y público que, por un lado, facilite la información requerida sobre las oportunidades de negocios y sus limitaciones y, por otra parte, genere otras iniciativas de política. 

  1. El debate actual de esta problemática presenta algunos aspectos novedosos, entre otros, el asumir que la construcción de las políticas industriales, si bien demanda de una participación activa y transparente del Estado, requieren también del involucramiento del sector privado (Mazzucato, 2023). 
  2. El tema de la definición de las PI en las condiciones actuales, ha pasado a formar parte de aquellas propuestas que en términos de políticas poseen un peso decisivo en la búsqueda de respuestas consistentes a los temas relacionados con el desarrollo. Ello se explica de un modo u otro por la convergencia que se ha formalizado de forma espontánea entre los decisores de políticas, gobiernos, organismos internacionales, los integrantes de la academia y el gremio empresarial, (CEPAL, 2022, 35). 
  3. La relevancia estratégica conferida a este tema responde también a que la formulación de las referidas políticas deberá dar respuestas a diversos retos globales. En este contexto, se destacan entre otras, las tendencias a la transformaciones tecnológicas que están muy vinculadas con el desarrollo de las industrias 4.0 y a la actual revolución tecnológica en marcha; ii) las transformaciones de naturaleza geopolítica que han implicado la modificación de los esquemas de funcionamiento y de liderazgo en las cadenas productivas globales (CPG); iii) las diversas mutaciones que acompañan al cambio climático; iv) las propias modificaciones que ha experimentado el proceso de globalización (Cabrera y otros, p. 17 y ONUDI, 2023). 
  4. En Cuba desde mediado de los años setenta se enfrentó un amplio proceso de industrialización que posibilitó la diversificación del tejido productivo y la inclusión de nuevos sectores a la economía. Los avances alcanzados en la industria manufacturera en este período, representaron con posterioridad un importante activo al ulterior proceso de apertura de la economía a la inversión extranjera. 
  5. La crisis de inicio de los años noventa generó la necesidad de fomentar la selectividad sectorial, así como el privilegiar la competitividad. Temas que estuvieron ausentes en el desarrollo del proceso de industrialización y que resultó necesario rescatar de forma urgente. 
  6. A lo largo de los años noventa se produjo la gradual incorporación de las diferentes ramas de la industria manufacturera, al proceso de apertura a la inversión extranjera. En paralelo, se adoptaron decisiones dirigidas a fomentar encadenamientos con el turismo y el segmento de mercado que comenzó a operar de forma exclusiva en divisas. No obstante, al desarrollo de estas acciones fue necesario aplicar medidas de redimensionamiento en diferentes ramas, las cuales a la postre incentivaron el proceso de desindustrialización y la reducción de los niveles de cualificación de los recursos humanos vinculados a la industria manufacturera. 
  7. En el primer decenio de la actual centuria se desarrolló un amplio ejercicio dirigido a formular la política industrial que asumiría la nación en los años subsiguientes. Sin embargo, estos trabajos fueron interrumpidos e integrados con posterioridad al proceso de elaboración de los Lineamientos de la Política Económica que fueron aprobados durante el VI Congreso de PCC. 
  8. Como parte de la estrategia aprobada para enfrentar la recuperación de la crisis que se derivó de la pandemia de la covid-19 (MEP, 2000), se decidió aprobar la política de desarrollo industrial, la cual estaría centrada en el Ministerio de Industria, institución que es responsable del cumplimiento de las Políticas de Reciclaje, Automática y de Embalaje. En términos organizacionales se encuentra integrado por cinco grupos empresariales: Grupo Empresarial de la Industria Sideromecánica (GESIME), Grupo de Empresarial de la Industria Química (GEIQ), Grupo Empresarial de la Industria Ligera (GEMPIL), Grupo Empresarial de la Industria Electrónica, la Informática, la Automatización y las Comunicaciones (GELECT) y el Grupo Empresarial de Reciclaje (GER). Por la contribución económica, representaba el 20% de valor agregado manufacturero nacional. 
  9. La formulación de proyección de la política industrial está respaldada jurídicamente por el Decreto No 59 de diciembre de 2021 y fue publicada en la Gaceta Oficial No. 142. 
  10. Ciertamente, esta proyección de la política industrial no se corresponde con las transformaciones estructurales que demanda la economía cubana y mucho menos la industria manufacturera. Además, no queda claro cómo se pretenden reincorporar los esfuerzos reindustrializadores que se había previsto que se realizarían a lo largo de los años 2000, como parte de la actualización del modelo económico. En rigor, sesgar hacia un ministerio la proyección actual de la política industrial, limita las posibilidades de corregir los vacíos que se han acumulado en este ámbito desde finales de los años ochenta y tampoco se logra dar respuesta efectiva a los nuevos imperativos que impone el diseño de las políticas industriales en las condiciones actuales. 

Bibliografía referenciada: 

Cabrera Espinosa, Carlos y Otros: (2024): Temas claves para diseñar e implementar una política de desarrollo productivo sostenible para México. CEPAL, LC/MEX/TS.2024/8 y la Fundación Friedrich Ebert, Ciudad de México, México.

CEPAL (2022): Hacia la transformación del modelo de desarrollo en América Latina y el Caribe: producción, inclusión y sostenibilidad. Trigésimo noveno período de sesiones de la CEPAL, Buenos Aires, 24 al 26 de octubre. LC/SES.39/3-P. 

Cornick, Jorge (2016): Políticas de desarrollo productivo en América Latina. Discusiones Recientes, creación de empleo y la OIT. Organización Internacional del Trabajo. OIT. Informes Técnicos, No. 5. 

Durán Ruiz, Clemente (2013): México: Buenas prácticas para impulsar el trabajo decente. Un acercamiento a través de casos. UNAM-OIT, Ciudad de México. 

Gaceta Oficial de la República de Cuba (2021): Ordinaria, No. 142, Decreto, 59, La Habana, 9 de diciembre. 

Mazzucato, Mariana (2023): Cambio transformacional en América Latina y el Caribe. Un enfoque de política orientada por Misiones. CEPAL, LC/TS.2022, Santiago de Chile. 

Ministerio de Economía y Planificación (2020): Cuba y su desafío económico y social. Síntesis de la Estrategia Económico-Social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la COVID-19. La Habana. 

ONUDI (2023): Informe sobre el desarrollo industrial en 2024. Convertir los desafíos en soluciones sostenibles. La nueva era de la política industrial. Viena, Austria, noviembre. 

Puedes leer el resto de los trabajos de este dossier haciendo clic acá.  

Biden sacará a Cuba de la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo

3
Foto: EFE

Este post fue actualizado para corregir imprecisiones

La administración de Biden tiene planeado retirar a Cuba de la Lista de países patrocinadores del terrorismo, según informaron fuentes de la agencia Associated Press. La medida se tomaría en los últimos días del mandato presidencial, marcando un giro inesperado en las relaciones entre ambos países.

Informaciones recientes también señalan que esta decisión sería parte de una negociación con el gobierno cubano que incluiría la liberación de presos políticos, según reporteros con acceso a fuentes gubernamentales.

Esta decisión podría impactar en el panorama diplomático y económico entre Washington y La Habana, después de años de tensiones exacerbadas durante administraciones previas. Cuba fue incluida en esta lista en 2021 bajo el gobierno de Donald Trump, alegando su apoyo a grupos armados y su negativa a extraditar a fugitivos buscados en Estados Unidos.

Si bien el anuncio oficial aún no se ha realizado, Carlos Alzugaray, embajador, académico y profesor cubano opina:

«Por supuesto sería un paso positivo de la administración Biden. Pero no puede dejar de decirse que lo pudo hacer mucho antes, inclusive escudándose que se lo venían pidiendo países aliados y personalidades importantes. De confirmarse habría que aplaudir. Sin embargo, es lícito preguntarse la importancia práctica de hacerlo apenas una semana antes de cesar y en víspera de que tome el poder quién decidió poner a Cuba en la lista hace cuatro años.

«La administración entrante tendría al menos que esperar a que entre en vigor y a partir de ahí iniciar el proceso para volverla a incluir. Pero esto tampoco se puede hacer arbitrariamente», añade Alzugaray.

Este anuncio probablemente enfrente críticas de sectores de la extrema derecha cubano-americana porque pudiera ser entendido como una concesión de la administración demócrata al gobierno cubano.

La designación de país patrocinador del terrorismo tiene consecuencias severas, como la restricción del acceso a mercados financieros internacionales y la limitación de acuerdos comerciales. Su eliminación, si lograra sostenerse en el tiempo, podría significar un alivio considerable para la ya debilitada economía cubana, que enfrenta una de sus peores crisis.

Juan Carlos Albizu: redefinir el modelo socioeconómico cubano

7

No existen soluciones fáciles ni rápidas.

  1. La crisis que padece el país es sistémica y tiene un carácter estructural. Tiene que ver con un modelo de sociedad basado en el ejercicio centralizado del poder que ha invertido la relación entre política y economía, así como con el efecto de contracción económica que ha tenido el embargo/bloqueo desde 1960. El actual da cuenta de «un patrón histórico de crisis económicas recurrentes y superpuestas, derivadas de choques externos negativos conjugados con errores internos», habiendo ya entrado en una fase de policrisis de la que ya no tiene retorno. Por lo que la primera medida sería sin dudas la definición del tipo de modelo socio-económico que se quiera desarrollar, endógeno, sostenible e integral. Tendiente a un cambio profundo de paradigma del sistema, que bien puede orientarse hacia un modelo mixto, tal y como lo muestran los países escandinavos o Vietnam.
  2. Abandono del concepto de «economía de guerra» y la desmilitarización de la economía.
  3. Abrir el espacio económico para dar cabida a la participación de todas las potencialidades nacionales e internacionales posibles, lo que solo sería viable en un contexto de liberalización económica profunda en la que participen todos los actores. Lo demuestra además el «tira y jala» de las reformas y contrarreformas de las que las mipymes han sido las principales víctimas.
  4. Reforma agraria y eliminación de todo el sistema empresarial estatal en el sector agropecuario, así como el desmantelamiento de la infraestructura burocrática en ese sector.
  5. Abandono de la visión de la planificación centralizada. Y de la «visión de continuidad» que se orienta a reproducir el principio de la «equidad en la miseria». Abandono de la visión del Estado como «actor económico».
  6. Abandono de la búsqueda de un «patrocinador» externo que financie los objetivos de permanencia en el poder de la clase dominante. El país carece de fuentes internas de acumulación para afrontar el desarrollo económico y ya no existe un aliado «especial» que le transfiera recursos por consideraciones «políticas».
  7. La implementación de una política industrial orientada al desarrollo de la manufactura, combinada con una política integral de empleo para la creación continua de puestos de trabajo productivos, vía una apertura real del país a la inversión extranjera y a la inversión de capital nacional o de nacionales que residen en el exterior, con el objetivo explícito de introducir tecnología para garantizar la producción de una masa creciente de bienes y satisfactores a partir del incremento sostenido de la productividad del trabajo y el aprovechamiento de la fuerza de trabajo disponible, que hoy está «ociosa».
  8. Redefinición de la Ley para la Inversión Extranjera. No es viable, en ninguna circunstancia, una Ley que solo ofrezca oportunidad de inversión a extranjeros que quieran hacerlo. Tiene que haber un cuerpo legal común para todos los posibles inversores, sean extranjeros o nacionales, en el que se regule el proceso de inversión. Debe dejarse de lado aquello de la «carpeta de oportunidades» para la inversión, que al convertirse en un instrumento mandatorio, lo que provoca es que al inversionista interesado se le obliga a invertir en los sectores, ramas y actividades de interés solo para el Estado.
  9. La adopción de un encuadre de las relaciones económicas internacionales del país a partir de su integración en las cadenas globales de creación de valor, garantizando con ello el suministro estable de insumos productivos y vías seguras para la exportación. El aprovechamiento de las nuevas oportunidades de integración a partir de lo que hoy se conoce como nearshoring, que han aparecido a nivel internacional con mucha fuerza y que permite el acceso a nuevas tecnologías, know-how, flujos de capital, cadenas de suministro, cadenas de exportación y la integración a regiones unificadas, con mercados meta.
  10. La integración de Cuba a los circuitos financieros internacionales y honrar los compromisos internacionales adquiridos.
  11. El abandono de la política de dolarización parcial, para dar paso a un proceso de dolarización total, dado que no es posible, ante la carencia de fuentes internas de acumulación, devolverle al CUP la soberanía monetaria a partir de que pueda cumplir a cabalidad sus funciones como dinero.
  12. Abandono del subsidio a los actores económicos e implementación de una ley de quiebra que permita la eliminación de las entidades crónicamente «en pérdida». 
  13. Eliminación de la práctica de monetización del déficit fiscal. La desregulación de los precios y el abandono de la práctica de regularlos vía «decretos».
  14. Una sólida reestructuración jurídica que se convierta en verdadero soporte de un profundo proceso de liberalización económica. No habrá inversión extranjera si Cuba continúa, en ese sentido, siendo catalogado como un país de «alto riesgo» para la inversión. Urge un marco legal que sustituya el vigente en materia económica y que esté enfocado, en primer lugar, en la protección de la propiedad y el cumplimiento de las condiciones contractuales en las que se sustenta toda la actividad económica y comercial, tanto a nivel nacional como internacional, que conecte al país con las prácticas internacionales en ese sentido, y sea garante del cumplimiento de los compromisos adquiridos por el Estado en cualesquiera materia, comenzando por la devolución del dinero recibido en forma de préstamo, tanto a nivel privado, como público o desde instituciones financieras.
  15. Robustecer el desarrollo local, a todos los niveles territoriales, garantizando la independencia económica de sus actores.
  16. Eliminación de la actual política de población, que tiende a buscar el alcance de objetivos demográficos específicos y la implementación de «estímulos» al comportamiento individual, sin fundamentación alguna y en violación de los derechos humanos en general, y reproductivos en particular, para dar paso a la implementación de una política de población orientada hacia el desarrollo humano, dimensión en la que el país ha retrocedido 34 puestos en el ranking internacional.
  17. Implementación de una política salarial que garantice el incremento sostenido de los ingresos de la población, lo que permita la satisfacción sostenida de sus necesidades, así como la absorción de los recursos laborales disponibles, que hoy el modelo actual ha desplazado.
  18. La eliminación de todos aquellos factores «de rechazo» que hoy están presentes en el país, que se encuentran en la base de la actual oleada migratoria que padece la población y que ha provocado un éxodo de magnitudes históricas, llevando al país a una situación de vaciamiento demográfico, que afecta selectivamente los recursos laborales y a la población femenina.
  19. La restauración de la red energética del país a partir de la inversión de los recursos que se aporten desde la inversión extranjera directa, y de aquellos que serían liberados al abandonar la inversión sostenida en la construcción de hoteles y de nuevas capacidades de hospedaje en las condiciones actuales de desocupación, a partir la caída crónica del número de viajeros.
  20. Reconstrucción de la infraestructura vial, del transporte y de las comunicaciones e ir a la privatización de todas aquellas actividades que el Estado cubano no es capaz de proveer.
  21. La «desregulación» de la estadística y la información.
  22. Se deberá transitar desde el actual modelo de «igualdad en la miseria» hacia un modelo de desarrollo económico y de prosperidad en el que deberá enfrentarse con soluciones la desigualdad, desde la creación de fondos de contención que garanticen la resiliencia de los grupos vulnerables y de aquellos que se encuentran en peor condición, abandonando la práctica de la experimentación de soluciones «parche» en condiciones locales, que no son generalizables en ninguna medida.

En las condiciones actuales, el modelo no es reformable. Lo que exige una reformulación de sus postulados y la implementación de soluciones integrales como lo han hecho otros países. En el contexto actual, nada de lo anteriormente enumerado es posible sin una redefinición del modelo socio-económico.

Puedes leer el resto de los trabajos de este dossier haciendo clic acá.