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Las muchas caras del financiamiento internacional

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Esta opinión contradice el artículo 143 del Código Penal, y señala buenas y malas prácticas en el recibimiento de financiamiento internacional en Cuba. Las fuentes de fondos son tan diversas como sus intenciones, pero al respecto casi no existe una conversación en nuestra esfera pública, sino propaganda, histeria y superficialidad. Tanto los apologistas de esos fondos como sus críticos, suelen generalizar y evitar matices para utilizarlo en función de agendas e intereses.

Desde hace nueve días la administración Trump congeló los fondos de ayuda internacional de los que dependen millones de personas con VIH que necesitan retrovirales, niños desnutridos en Etiopía y el África Subsahariana, familias en Gaza, Sudan y Siria que necesitan atención de salud, personas con malaria, refugiados de zonas en conflicto y muchos más. USAID, el Departamento de Estado y el Millennium Challenge Corporation contribuyen a disminuir la pobreza y desarrollar países mediante financiamiento internacional, aunque a veces exigiendo cambios internos y selectivamente. Y esto último es el problema.

A diferencia del trabajo humanitario que hace USAID en países vecinos como Haití y República Dominicana, su mandato hacia Cuba es distinto. La organización está obligada a seguir el marco legal expresado en la Ley de Democracia Cubana (Torricelli) y la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana (Helms-Burton). Al poner el foco exclusivamente en gobernanza democrática, sus actividades son parte de un programa amplio de cambio de régimen. Entonces, vamos a centrarnos en los fondos dedicados a Cuba específicamente por el gobierno federal y el financiamiento internacional que reciben.

En la práctica, la asignación de recursos de la USAID (y la NED) ocurre bajo criterios de selectividad política, reciben fondos, no las organizaciones con más solidez e impacto, sino aquellas que puedan desestabilizar más efectivamente el sistema político encabezado por el Partido Comunista de Cuba (PCC). Por lo general, los sectores moderados que no tienen una militancia opositora y los que están cercanos a las instituciones reciben poco o ningún interés; se centran en quienes practican agitación política de algún tipo, a menudo los más radicales. En un mundo polarizado, nada puede desestabilizar más nuestro futuro, aunque ello no exime de responsabilidad al gobierno cubano respecto a la situación actual del país.

Podría argumentarse que, si bien es necesario fomentar valores democráticos en todo el espectro social cubano, son los actores radicales en el gobierno y la oposición quienes más lo necesitan. Sin embargo, para ese diálogo nacional, que sería un verdadero aporte a la democracia, no están destinados los fondos federales. En su lugar se dedican a empoderar la parte del espectro social cubano que les resulta favorita, y eso no es fomentar la democracia sino moldearla a sus intereses.

Por otra parte, los donantes que financian organizaciones y medios de este tipo, muchos con las mejores intenciones hacia Cuba, terminan trabajando con figuras radicales de extrema derecha que no apoyarían en su propio país. Eso habla de la falta de opciones en Cuba, pero también de que es necesario un mayor interés por explorar alternativas. Y muchos de los que aceptan tales fondos, siguen la lógica de que contra el poder represivo del gobierno cubano todo vale, mientras reclaman que contra ellos se aplican métodos ilegítimos. Todo vale tanto para la oposición como para el gobierno, y ojo por ojo, así estamos ciegos.

Si la existencia de organizaciones y medios independientes fuera voluntad del Estado cubano, no existirían en absoluto. La mentalidad de Guerra Fría y el desinterés en adoptar normas democráticas básicas rigen todavía el Palacio de la Revolución. El recibimiento de fondos se utiliza por el gobierno como una herramienta para desacreditar y perseguir a sus adversarios. Nótese que el Estado podría educar en buenas prácticas y crear un marco legal que permita opciones de financiamiento respetuosas del orden institucional, evitando así la dependencia de los fondos de cambio de régimen. Pero en el Comité Central no son muy sofisticados.

Esta tirantez también es el resultado de décadas en que la oposición ha estado marginada de participar políticamente en el país. Son comprensibles las reservas gubernamentales de no permitir la competencia política a un sector que recibe inyecciones financieras del exterior mientras se asfixia al Estado cubano por otra parte. Tampoco ha existido un plan de inserción política que pase por el reconocimiento de la soberanía nacional, incentivando a los opositores a crear una base económica propia en lugar de esperar que las crisis engrosen sus filas, y al Partido Comunista financiarse por sus seguidores y no con el erario público. Si la oposición no puede recibir dinero de quienes la apoyan en el exterior, ¿por qué el Partido puede disponer de la caja pública?

Hay otra dimensión en este debate que es humana. En condiciones de crisis económica, no es de extrañar la virulencia con que reaccionan los que se benefician de estas organizaciones, hay familias enteras que dependen de esos fondos. Se puede entender las condiciones de vulnerabilidad —no solo económica sino política— de quienes reciben apoyo de la USAID y la NED. Pero cabe preguntarse si esa empatía es recíproca, si han pensado en todos aquellos que están marginados de acceder a tales oportunidades. Desde grupos de apoyo a enfermos de cáncer, hasta quienes quieran preservar la herencia cultural del país, ninguno tiene acceso a ellos.  Si ser un activista político es el examen de pureza para tener acceso a fondos federales, se convierte en un privilegio más que un derecho.

Es grande la capacidad humana para racionalizar y justificar aquello que se necesita, más aún si se hace por necesidad. Pero toda la empatía del mundo no cambiará el hecho de que aceptar fondos de un país, cuyo único destino es cambiar el sistema político de otro, es una práctica no aceptada por el derecho internacional:

  1. Viola el principio de soberanía nacional de la Carta de las Naciones Unidas, que sugiere que la interferencia extranjera en los asuntos políticos de un país puede violar el derecho internacional.
  2. Viola la Declaración de la ONU sobre Relaciones de Amistad, que especifica cómo los Estados no deben interferir en el sistema político, económico o cultural de otro. El propio Estados Unidos es uno de sus signatarios.
  3. Violaría la Carta de la OEA, si fuéramos miembros, porque prohíbe la interferencia externa en los procesos políticos internos de los Estados miembros.
  4. Existen precedentes en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que condenan tales prácticas, como Nicaragua vs. Estados Unidos (1986). En este la CIJ determinó que Estados Unidos violó el derecho internacional al financiar y armar a la «Contra» nicaragüense para desestabilizar al gobierno, y reafirmó que la asistencia financiera a grupos opositores en otro país puede constituir una intervención ilegal.
  5. En el propio Estados Unidos, la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (1938) obliga a las entidades que reciben fondos extranjeros para actividades políticas a registrar públicamente que trabajan al servicio de otro país.

Quienes reciban estos fondos pueden seguirlo haciendo, es una decisión individual, LJC no lo hace. Le sugiero a mis colegas en La Joven Cuba que se mantengan lejos de rastrear fondos estadounidenses y quiénes lo reciben, para no facilitar la persecución estatal que generalmente cae sobre las personas más vulnerables. Como tampoco deberíamos estar rastreando operaciones comerciales del gobierno cubano para no facilitar las medidas coercitivas que pesan sobre toda la ciudadanía. Pero señalar las normas en el terreno internacional, las buenas y malas prácticas en este sector, no debería indignar a nadie.

Vale aclarar que los fondos para ayuda al desarrollo que brindan numerosos países y organizaciones a Cuba son perfectamente legítimos, no tienen un objetivo de injerencia política ni forman parte de un programa violatorio del derecho internacional. Son fuentes de financiamiento que a menudo son atacadas por sectores extremistas de la oposición, que al parecer se consideran los únicos destinatarios posibles. También, tales fondos son capitalizados generalmente por el Estado cubano, que se comporta como si fuera el único que debe contribuir al desarrollo nacional.

Sirva la oportunidad también para recordar que ninguna organización independiente en Cuba tiene marco legal para recibir fondos internacionales, así que pedirle a La Joven Cuba que transparente sus fondos es una invitación a la persecución de sus actividades. Habitualmente quienes lo hacen no se lo exigen a ningún otro medio, ni estatal, ni independiente del PCC. Para ellos hay periodistas que merecen ser protegidos, y otros no. Como siempre, preocuparse solo por los cubanos favoritos.

Los próximos cuatro años serán reveladores en este sector. Imagino sea muy incómodo trabajar en una organización con agenda feminista o de derechos LGBTIQ+, mientas se espera apoyo de un gobierno que solo reconoce «dos sexos» y destruyó el derecho al aborto. Debe ser peculiar declarar fines democráticos para Cuba en una solicitud de fondos a la administración Trump, que no ha respetado normas democráticas ni en su propio país. Debe ser difícil para los diplomáticos estadounidenses en La Habana coordinar ayudas que deberían propiciar buena gobernanza, cuando saben que su hogar está en plena regresión democrática. Pero son preguntas que muchos prefieren no hacer.

Los preocupados específicamente con la ayuda internacional para cambio de régimen que brinda el gobierno federal estadounidense, pueden descansar tranquilos. Los dineros para alimentar niños en África podrán acabarse, Gaza se quedará sin agua potable, pero los fondos para financiar a los cubanos favoritos de la Casa Blanca estarán disponibles muy pronto. Marco Rubio se asegurará de eso.

¿Por qué, para qué y cómo protestamos?

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El acto de protesta es un proceso necesario y consustancial a la propia existencia en sociedad. Protestar es exigir derechos, y como la conquista de derechos es un proceso histórico, también lo ha sido el acto de protestar. Mientras todas las condiciones no estén cubiertas, será lícita la queja; y como las necesidades constituyen un continuo creciente, también lo serán los actos de queja. Sobre por qué protestar, cómo hacerlo y cómo se nos impide, comparto acá algunas reflexiones marginales a un tema harto estudiado, pero siempre pertinente.

Breve historia del acto de protesta

Vivir en sociedad exige, necesariamente, una cesación de derechos. De la vida salvaje en el placer directo, pero cuya realización es peligrosa, la humanidad pasó a un placer retardado, conciliado, pero seguro. La vida en sociedad implicó desde el principio un pacto tácito que nos hace poseedores de derechos fundamentales, aunque primitivos. Los primeros derechos de la vida social fueron la seguridad y el acceso a los bienes excedentes de la caza o de la agricultura. Y como tal, la violación de estos derechos generó el primer acto primitivo de protesta. La disolución de la comunidad primitiva estribó, justamente, en la injusticia en el reparto del excedente y en el surgimiento de las diferencias entre personas. O sea, que la dilución del comunismo primitivo implicó una inquietud, un acto de protesta acallado y sometido, que dio paso a sociedades desiguales.

Pero el disenso, la rebelión y la protesta no tienen el mismo significado. Protesta solo existe cuando hay un corpus de derechos lo suficientemente robusto como para que su violación sea consensualmente asimilada como tal. Por ello no podemos considerar que existan protestas hasta que cristaliza en la humanidad un cuerpo sólido de derechos, una constitución que licite la protesta como ser constituyente de la vida social. Para el sentido común, todo acto de queja es protesta, pero la tesis defendida acá asume la protesta como un acto de alto valor cívico que tiene como condición un estado de derecho. Por otro lado, descontento y rebelión ha existido siempre. La historia romana recoge la rebelión de Espartaco. El medioevo numerosas rebeliones campesinas y religiosas. Pero se comienzan a configurar como protesta con la formación de los estados nacionales y las revoluciones burguesas.

El disenso, la rebelión y la protesta no tienen el mismo significado. Protesta solo existe cuando hay un corpus de derechos lo suficientemente robusto.

Otra condición esencial es la cristalización de las clases antagónicas en el capitalismo y las instituciones que nacen con ellas en la sociedad civil. El acto de rebeldía de las pescaderas de Paris, que devendría en la Revolución Francesa, no fue un acto de protesta, porque no existían derechos claros por los que protestar. Sin embargo, sembró las semillas de la noción abstracta de ciudadano como garante de derechos. Noción que se haría práctica en las sucesivas revoluciones burguesas del siglo XIX.

Por otra parte, el principal propulsor de protestas modernas ha sido el obrero. Por ello, el socialismo, el marxismo y las internacionales obreras también influyeron en asentar el acto de protestar. Para inicios del siglo XX ya se han conquistado a fuego y sangre (aportada casi siempre por el oprimido) un conjunto de derechos cuya violación ya justifica una protesta verdadera.

Pero los derechos de los trabajadores rápidamente fueron controlados y domesticados por las clases dominantes. La avanzadilla del Capital, concentrada en tierras inglesas, rápidamente moduló el alcance de las propuestas en movimientos como el fabiano, precursor de una domesticación de la clase obrera bajo la égida de sindicatos de dudosa honestidad. Por todo ello, el signo de la mayoría de las protestas pacíficas en el siglo XX es el control que de ellas tienen grandes instituciones monolíticas sindicales, partidistas o religiosas.

Mientras Europa Occidental y Norteamérica de mediados del pasado siglo danzan el engañoso vals democrático de la protesta, en Europa oriental se consolidaban las revoluciones socialistas y en África la liberación colonial. Cuyas protestas no se pueden considerar como tal hasta la instauración de estados constitucionales.

¿Por qué protestamos en la actualidad?

Si bien el acto de protesta en el pasado siglo estuvo mediado por instituciones fuertes que canalizaban los descontentos individuales, la emergencia del internet y las redes sociales permiten el surgimiento de nuevas vías de canalización del descontento. El signo principal de cambio es la «ligereza» de las instituciones que encauzan la protesta. Las nuevas instituciones, que pueden ser una moda pasajera, un grupo de Facebook o el influencer de turno, permiten en su falta seriedad e institucionalidad haga posible una pertenencia pasajera del individuo, que una vez harto, puede pasar a otro problema real o ficticio. De ahí la vacuidad de muchas protestas primermundistas que pasan de condenar el cambio climático un día, a afirmar o cancelar Wicked por su contenido satánico.

Visto así, se entiende la domesticación de la protesta en la era del internet, pues, en sociedades con derechos civiles sólidos, la razones por las cuales se protestan son tan variadas —y en momentos superficiales— que no terminan siendo un problema para el poder, e incluso pueden desviar la atención sobre problemáticas más graves. De ahí que ese espíritu de protesta, aunque vacio en contenido, puede ser canalizado por instituciones más sólidas —dígase partidos de oposición—,  o terminar en una revolución. Por tanto, el signo definitivo de la época es introspección del sentido de protesta, un acto de incompletitud e inconformidad que el individuo no puede explicar, pero está ahí.

En sociedades con derechos civiles sólidos, la razones por las cuales se protestan son tan variadas —y en momentos superficiales— que no terminan siendo un problema para el poder.

Su condición de posibilidad es, justamente, el marco constitucional civilizado democrático que permite al ciudadano quejarse y protestar como un derecho humano. Irónicamente, las condiciones para protestar están dadas en los lugares en donde esa protesta ha sido menos necesaria. De ahí que sea capitalizado en el ejercicio burlesco de la protesta anodina e inútil. Cuando una protesta, como en el caso de la civilizada Francia, se permite descansar los fines de semana, ahí no es, no hay tal cosa, no es en sí una protesta, y lo que critica se puede canalizar por otros mecanismos. Injustificadas represiones aparte, una protesta es un acto de rebeldía constante que no toma vacaciones.

Irónicamente, en donde realmente se necesita la protesta, en aquellos lugares que aspiran a ser primer mundo, se extrapola la tradición democrática de protestar, pero no existen las condiciones reales para su expresión.

Qué afirma la ONU sobre el derecho a la protesta

En el campo del deber ser, o de lo que debería ocurrir en todas las naciones que pertenecen a dicha organización, tenemos como guía los «Diez principios para el manejo correcto de las reuniones (assemblies)». Según el documento, «la capacidad de reunirse y actuar como colectivo es vital para el desarrollo democrático, económico, social y personal con el objetivo de la expresión de ideas y el desarrollo de una ciudadanía involucrada».

Para ello, la institución sugiere un conjunto de lineamientos a seguir por los estados. Veamos los principales

  • Cada persona tiene el derecho inalienable de participar en manifestaciones pacíficas.
  • Toda restricción impuesta a manifestaciones pacíficas debe hacerse de acuerdo con los estándares de los derechos humanos.
  • Los estados deben facilitar el despliegue de las manifestaciones.
  • La fuerza se debe evitar a no ser estrictamente inevitable. Y de ser usada, debe serlo de acuerdo con la ley internacional.
  • Las personas tienen derecho de monitorear y grabar las manifestaciones. Así como a obtener información sobre estas.

Una lectura ha dicho documento hace evidente que manifestarse constituye un derecho humano, y allí donde esta ley impere, será licito tanto el ejercicio de la protesta como la exigencia de resultados sobre esta base.

La criminalización de la protesta

Todos los países que buscan practicar ese peligroso ejercicio civilizatorio que constituye occidente, necesitan plasmar en sus constituciones el derecho a protestar. Hacer lo contrario implica una pérdida importante de capital político. Por ello, y para mantener el orden existente, muchas naciones prefieren criminalizar arbitrariamente el acto de protesta, que deslegitimar de entrada su legalidad. O dicho de otra forma, suprimir el ejercicio de la protesta es mucho más desgastante, en términos de capital político, que criminalizar individualmente los actos de protesta concretos.

Por tanto, resulta curioso que una generación que consiguió el poder por medio de la protesta, «proteste» porque la generación posterior quiera hacer lo suyo. El derecho a manifestarse constituye entonces la ventana constitucional para la queja cuya licitud descansa en una posición de oposición. Pero a un gobierno no lo conviene la protesta.

Resulta curioso que una generación que consiguió el poder por medio de la protesta, «proteste» porque la generación posterior quiera hacer lo suyo.

Como se dijo, quitar esa posibilidad constitucional, y por tanto lucir mal en el juego civilizatorio occidental, conlleva una pérdida de capital político. Es mucho más eficiente quitarle legitimidad a un acto de protesta para convertirlo tanto en delito común como en terrorismo contra el Estado. América Latina ha sido un caso de estudio al respecto.

El investigador Alejandro Alvarado Alcázar en un artículo académico discute los mecanismos de criminalización en el subcontinente. En general, la criminalización es «un proceso consistente en el uso de la represión física y de mecanismos legales y judiciales contra organizaciones y/o movimientos sociales como una forma de control de la protesta social».

El elemento central acá es la «judicialización de la protesta», un mecanismo refinado que separa al estado de la mera represión violenta. Para ello, se impone una construcción mediática que no roba legitimidad al acto constitucional de protesta, sino al actor de la protesta, despolitizando su reclamo. Ello implica la creación de nuevas legislaciones o la reforma de las vigentes. O en tierras más cercanas, el rescate de categorías criminalizantes apriorísticas como la «peligrosidad». Como se puede ver, ello genera un conflicto práctico con la legalidad, ya que la constitución debe garantizar el derecho a manifestarse pacíficamente.

Es, por tanto, un conflicto complejo en países con tradición democrática. De ahí la banalización del acto como mecanismo efectivo. Pero en ciertas reyecías caribeñas en donde esa tradición es nula, se genera un divorcio tácito entre una constitución inoperante en estos temas y una praxis represiva ilegal y caudillista.

¿Es lícita la protesta pacífica?:

Sí.

¿Es efectiva la protesta pacífica?

No. Argumento a continuación:

Constitucionalmente, se evocan en la mente de la mayoría de los latinoamericanos referentes democráticos de larga data como Suiza; pero la praxis está en países democráticos emergentes. Para entender el efecto de la protesta, se debe comprender cómo funciona el poder. Y ese funciona diferente en los Alpes que en las faldas de las lomas de Guanabacoa. Gramsci nos lo explica:

El gobernante tiene en una mano una zanahoria (que acá puede ser un mamey) y por otro un mazo (de los que abuela utilizaba para aflojar el bistec). Mientras que el gobernante tiene hegemonía sobre su pueblo usa la zanahoria como carnada. Si la ideología es tal que el gobernado considera que, por el mito de plaza sitiada y resistencia creativa, nuestros gobernantes son adecuados, todo disenso se va a dirimir de manera pacífica y legal (como los manifestantes franceses que descansan los domingos). Pero cuando se descubre en embuste de la ideología, y el poder se evidencia como realmente es, violencia sublimada y edulcorada; entonces se pasa de la zanahoria al martillo.

Cuando se descubre en embuste de la ideología, y el poder se evidencia como realmente es, violencia sublimada y edulcorada.

Resulta muy difícil que un liderazgo o gobierno autoritario abandone el poder de manera voluntaria, ni lo hará tampoco bajo ninguna presión moral, solo lo hace cuando se ejerce o se amenaza violencia directa sobre él, o peligra su bolsillo. Y me refiero acá a dos casos específicos que acontecen en nuestro continente: por un lado dictaduras, y por otros, la manipulación de constituciones para eternizar un caudillo en el poder. Pensar lo contrario es considerar con criterios éticos algo que no lo tiene, y aunque pueda existir algún aislado contraejemplo, la historia dice que la tendencia es lo contrario. Salvo honrosas excepciones, la erótica del poder es adictiva, y la manutención de sus estructuras tiene prioridad sin importar el sufrimiento causado.

Entonces líbrese usted de agua mansa, que desde su silla gamer y a 90 millas, le invita a salir a la calle pacíficamente a exigir sus derechos. No existe tal cosa como una manifestación pacífica que haya derrocado un régimen. Puede existir en apariencia, pero un estudio profundo revelará poderes en la sombra que interactúan a espaldas de la opinión pública.

Un proceso como la Revolución Cubana, solo tuvo cabida en su tiempo. El desarrollo acelerado de la industria armamentista genera armas capaces de eliminar con precisión quirúrgica a insurgentes que adopten un enfoque de guerra de guerrilla. Por otra parte, las redes sociales, cámaras y drones, hacen muy difícil y una resistencia citadina en secreto. Usualmente, y no importa la pobreza del país, los gobiernos tienen acceso a aliados poderosos que comparten estos medios tecnológicos en pos de perpetuar el status quo.

El desarrollo acelerado de la industria armamentista genera armas capaces de eliminar con precisión quirúrgica a insurgentes que adopten un enfoque de guerra de guerrilla.

En la actualidad un régimen acaba tras bastidores, cuando una potencia extranjera negocia facilidades para el cabecilla, o cuando se le asegura a quienes gobiernan formas más eficientes y seguras de conservar su posición y privilegios fuera del poder. Los incidentes de inestabilidad o ingobernabilidad temporal pueden impulsar cualquiera de estas dos situaciones, pero no construyen por sí solos la alternativa de una nueva gobernabilidad. Por tanto, quien le diga que usted puede «liberar» a un país mediante la protesta, tiene como objetivo que usted sirva como carne de cañón para que otros recojan la fruta madura manchada con vuestras cenizas.

Entender el poder es entender la absoluta vileza y el orgasmo constante que implica su ejercicio. Por ello, se ejerce la protesta teniendo como referentes a sólidas democracias occidentales en donde dicho ejercicio puede hacerse efectivo, sin tener encuentra la realidad latinoamericana de democracias fragmentada por la dictadura y el caudillismo. Cuando la protesta incomoda al poder, este procede a judicializarla, cuando ello no funciona procede a la violencia directa. Pero sucede que moralmente se considera que hay un tope a la represión, cuando la realidad demuestra la contrario. Por eso, y para absoluta vergüenza del género humano, violencia mata violencia.

Cuando la protesta incomoda al poder, este procede a judicializarla, cuando ello no funciona procede a la violencia directa.

Y como no se suele estar dispuesto a la violencia sobre sí o sobre los suyos, se abren en estos casos mecanismos de resistencia pasiva y pacífica. Las intuiciones sociológicas de Mañach señalan el cubanísimo choteo como una de estas herramientas efectivas en nuestra caribeña insularidad. Otra postura es aquella que defiende los principios de la «resistencia pacífica», evidente en su inutilidad, pero reconfortante para espíritu que la practica. El exilio, ese monstruoso ejercicio de olvido involuntario, ratifica también la insularidad y la tendencia del poder a expulsar la otredad en vez de asimilarla. El auto exilio, por su parte, la posición de huida y desconexión de aquellos que emigran, es un estigma que azota a la nación, pues es desprecio de ese sangrado cuerpo de derechos que permite el ejercicio de protestar.

La imposibilidad de una revolución violenta, o al menos la negativa de una guerra fratricida, implica la espera de un «milagro exterior», que rompa —no sin consecuencias inmediatas y futuras nefatas— el estado actual de las cosas, o negocie una salida a la crisis. Si ninguna de estas salidas parece loable, solo queda encontrar una solución en el lento marchitar de un pueblo doliente y cansado.

Fiebre de fitness

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Imagen: Brady Izquierdo

El mundo actual tiene fiebre de fitness. De hace un tiempo para acá, le ha ido subiendo la temperatura año tras año. Es una especie de calentamiento global, pero de los buenos, o al menos en teoría. Las principales ciudades del mundo están llenas de locales de todo tipo dedicados al mejoramiento físico. Los villanos de las películas de acción ya no son gordos desagradables, sino atletas de alto rendimiento que alternan sus fechorías con una rigurosa dieta y kilómetros de natación en su piscina privada. Instagram se desborda de fotos de entrenamiento con frase motivadora del tipo: «El dolor es la debilidad abandonando tu cuerpo» posteadas por individuos que asisten al gimnasio dos veces al mes.

Ha aparecido una serie infinita de maneras de hacer ejercicios como pilates, zumba, tae bo, y spinning, diseñadas para que cada cual escoja lo que más le acomode y no se vaya en blanco. Tengo una amiga que hace diariamente 10 kilómetros en taxi de ida y 10 de vuelta para asistir a su clase de spinning, o sea, paga por ir en carro a un lugar en donde paga por pedalear una hora en una bicicleta que no se mueve del lugar y en la casa tiene una bicicleta y no la monta. Tengo otra amiga que se molestó conmigo cuando le dije que el tai chi no era entrenamiento, sino pasarse un rato viviendo en cámara lenta. Conozco a un tipo que, como el transporte está tan malo, se hizo un gimnasio en la casa, y tampoco va.

Empezar a preocuparse por el estado físico y tomar la decisión de empezar siempre es bueno. La ciencia ha demostrado que no tiene que ser el lunes, ni el día primero del mes que viene, se puede empezar en cualquier momento. Es imprescindible trabajar en la motivación y buscar buenas señales, como cuando llevas tres semanas y una persona te pregunta: ¿Estás yendo al gimnasio? Y tú le dices, lleno de gozo: ¿Ya se me empieza a notar? Y te contestan: No, lo digo porque te veo pasar todos los días en short, guantillas y con un pepino de agua en la mano. Por cierto, enderézate.

Tampoco se le puede hacer mucho caso a la gente, y hay que concentrarse en lo que quiera uno. Yo, por ejemplo, varío bastante el físico si subo o bajo en un intervalo de 10 libras. La misma persona en el caso más bajo, me ha dicho que parezco un náufrago, y en el más alto, que estoy hecho un puerco. Y usted dirá: «Esa es la gente a quien no le agradas que te lo dice para hacerte sentir mal» Pues no, me lo ha dicho mi mamá. Un tipo peculiar de gente con poco tacto son los entrenadores de gimnasio. Te mandan a hacer el plank, ese ejercicio que consiste en resistir tiempo en posición de planchas y cuando paras porque ya no puedes más, te dicen que estás flojo, que los perros salchichas se pasan la vida en esa posición y no se quejan tanto.

En el gimnasio es necesario ser práctico con el tema vestuario. Se debería usar ropa cómoda, que permita ejecutar los ejercicios sin limitar el rango de movimiento. Bienvenidas las licras, los tops, los shorts y las camisetas, por ejemplo. Nada con tacones, nada de encaje, nada de botas de agua ni de chancletas. Nada de jeans. Yo he escuchado a muchachas decir: este jean no me lo quito, porque este jean es el único pantalón en la vida que hace que se me vea el culo que yo tengo. Amiga, me duele decirte que, si es así, el del culo es el jean, no tú. Ve al gimnasio a construir tus glúteos, que ya el jean tiene los de él. Mucho cuidado con el uso de las licras, compañeras. Muy cómodas para hacer ejercicio, frescas, pero ya ustedes saben, no hay que exagerar. No te la puedes halar demasiado para arriba, porque te conviertes en parte del equipo: Divide y vencerás. Y eso no es cómodo.

En el gimnasio hay que lidiar con una fauna variopinta. Está el tipo que grita cada vez que levanta algo y el que viene a explicarte por qué estás haciendo mal los ejercicios y cómo los debes hacer. Está el que te ve haciendo fuerza y va a ayudarte y jode más de lo que ayuda. Está la muchacha que llega y lo primero que le dice al entrenador es que no se quiere poner tan fuerte, con lo difícil que es ponerse fuerte.

Hace un par de años estaba en el gimnasio y dejé el teléfono en el asiento de una bicicleta estática, y cuando regresé por él había una muchacha pedaleando feliz. Era muy voluminosa, con curvas marcadas que resaltaban sus atributos femeninos. ¿No has vito un teléfono por aquí? No, dijo sonriendo e incrementando el pedaleo. Probé de nuevo ¿No te habrás sentado encima de él? Claro que no, ni que yo fuera insensible. Gracias, le dije, ¿me puedes hacer un último favor? Tímbrame a mi número para ver si aparece el celular. Timbró, y le salió de entre su figura y el sillín, la melodía de Juego de Tronos. Nos reímos mucho, y yo admirado de la resistencia que tienen los Samsungs.

Ya empezó febrero, yo debía haber empezado hoy con un entrenamiento que planifiqué y que esta vez no va a fallar, porque lo tengo todo muy bien pensado: ejercicio, descanso y nutrición, pero hoy es sábado, un día incómodo para empezar. Así que ya saben, rompo este lunes.

Electricidad en Cuba o la esperanza esperando por tornillos chinos

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La noticia es que la muy esperada instalación del primer gran parque fotovoltaico de Ciego de Ávila, desarrollado con financiación y tecnología china, está atrasada en la planificación y sus operarios están teniendo que trabajar contra reloj: dudan que puedan generar electricidad antes del 15 de marzo, la fecha en la que se espera que el parque esté listo.

La instalación Ciego Norte es parte de una serie de parques que tendrá la provincia avileña y que asegurará que sea la primera que pueda autoabastecerse de electricidad en el horario pico del mediodía.

Un reporte del diario Invasor pone al descubierto el sinnúmero de obstáculos que han enfrentado los obreros y jefes de obra al frente de la tarea. Los responsables de la obra afirman que faltan 200 contenedores de insumos y equipamientos que se necesitan para terminar los parques de la provincia.

«Si los siete inversores de 3.25 MW, junto a los transformadores, que vienen en contenedores, vía marítima, no están antes del 15 de febrero, no se puede entregar energía antes del 15 de marzo. Habría que hacer un maratón imposible y no podríamos estirar los días más allá de las 24 horas» afirma José Alejandro, entrevistado por el reportero de Invasor.

No obstante, intenta ver el vaso lleno: «hoy el parque está al 60 por ciento, con 269 mesas armadas, 222 con paneles puestos y 146 certificadas, labor que realizan 27 brigadas formadas por entre cinco y ocho trabajadores».

El reporte confiesa que debido a que la maquinaria presentó problemas al ser utilizada para cosas para las que no estaban diseñadas hubo que convocar la ayuda de los técnicos chinos.

El problema fue la longitud de los pilotes, se intentaron encontrar soluciones locales y se hicieron varios prototipos, pero parece que el impulso en el flujo y ritmo de trabajo lo pusieron los asiáticos, pues, según describen los cubanos de la obra, comienzan la jornada temprano y terminan teniendo de 10 a 12 horas de trabajo cada día.

Junto a los técnicos lograron enterrar 18 mil pilotes en 40 días, sobre los cuales hay que poner las mesas que sostendrán los paneles. «Podríamos haber comenzado a poner las mesas en noviembre, pero no teníamos los recursos a pie de obra», dice Daniel, otro de los entrevistados por el diario local.

Ciego Norte funcionando es la promesa de que arranque el funcionamiento del primer parque de un grupo de 55 parques que este año deben estar funcionando. El plan para 2028 es la construcción de 92 parques que aportarán más de 2000 megawatts de potencia.

Estos atrasos suceden mientras en el país continúan altos índices de apagones. En el medio del invierno, cuando se han reportado bajas temperaturas por varios días, los déficits han estado en el orden de los 1300-1400 megawatts.

La unidad 1 de la central termoeléctrica de Felton, una de las plantas que más aportan energía, entró este jueves en mantenimiento por un periodo de diez días, lo que agrava la crisis energética existente.

Esta noticia significa que incluso las prioridades del gobierno tienen dificultades para ser ejecutadas en los tiempos planificados, entre otras cosas, debido a que la actual crisis afecta cualquier proceso productivo o industrial, tanto por los insumos como por la disponibilidad de profesionales. El reporte refiere que las mesas necesitan incluso tornillos que deben venir desde China.

No es la primera vez que se reportan problemas con las fuentes de energías alternativas. Hace pocos días Granma publicó un artículo denunciando las acciones vandálicas contra pequeñas estaciones de bombeo de agua que se alimentan de paneles solares.

Según el artículo fechado el 23 de enero de este año, en algunos casos se roban los cables, pero en otros incluso se han robado los paneles solares, afectando vaquerías, sembrados y poblados enteros que dependen de esa fuente de bombeo de agua. Si bien esto se ha reportado solamente en las localidades aisladas, donde se ubican estas pequeñas estaciones, muestran los desafíos que representan estos parques, y la necesidad de reforzar los mecanismos de seguridad.

Las dificultades para terminar el parque en tiempo pone en riesgo además una de las promesas fundamentales del gobierno cubano, que administra una crónica crisis energética, y que afirma que para el 2030 la Isla debe producir el 29% de la electricidad a partir de fuentes renovables.

El reporte de Cubadebate sobre el tema asevera que Cuba requiere unos 8 millones de toneladas de combustibles al año, y en estos momentos el 60% de esta demanda debe satisfacerse con combustible importado, lo cual pone a la Isla en una vulnerable situación de dependencia de los países proveedores.

La inestabilidad del Sistema Electro-energético Nacional y el peso de los apagones han sido desencadenantes fundamentales de las principales protestas en los últimos años, y es uno de los problemas más serios que enfrenta el gobierno, debido a su limitada capacidad para proveer electricidad de manera estable y permanente.

Además de las implicaciones políticas y sociales, los cortes eléctricos dañan gravemente a la economía. Entre los principales problemas destacan la paralización de industrias y la agricultura, junto al cierre forzado de negocios privados como restaurantes y bares. Además, la automatización de procesos productivos y profesionales se ve obstaculizada, disminuyendo la productividad laboral. El turismo también se ve afectado, pues los apagones desmotivan a los visitantes de visitar ciudades, sobre todo en el interior del país, que pasan varias horas a oscuras.

Si bien el peso de las sanciones tiene un impacto severo tanto en la entrada de crudo como de piezas para reparaciones, la falta de inversión en las termoeléctricas y de previsión de la obsolescencia de esa tecnología, han creado una tormenta que hoy está afectando a múltiples familias. La situación se agrava aún más en los territorios que dependen del gas licuado para cocinar, que también está teniendo inestabilidad en las entregas.

Nuestra opinión es que la apuesta por encontrar alternativas para la generación de electricidad es certera, útil, pero que tendría que estar acompañada de decisiones pragmáticas, y de una apreciación responsable de la realidad cubana, sobre todo si estas instalaciones se van a hacer en cooperación con otros países.

Trazar metas realistas ahora mismo es imprescindible en un país con una ciudadanía harta de triunfalismos y promesas incumplidas. La electricidad es un bien básico en el siglo XXI y necesita prioridad máxima en la estrategia país, no solo a nivel de discurso político, sino en la planificación de las inversiones. 

El sol como alternativa es un alivio, pero no será solución mágica a la demanda eléctrica que, necesariamente, tiene que satisfacerse con una combinación de tecnologías. También es necesario, en la medida de lo posible, promover un uso racional de la energía, así como ganar en soberanía tecnológica en cuanto a la capacidad de producir en el país las piezas que se necesitan para montajes y reparaciones.

El sector energético necesita una estrategia a largo plazo para poder prever problemas del futuro, y evitar horas sin luz que lanzan al país a un escenario de colapso social y por tanto convierten a los apagones en un problema de seguridad nacional; los venideros meses de verano serán la «prueba de fuego». La situación de colapso actual debería servir de enseñanza: ¿por qué no se inició antes este proceso de transición energética?

La locomotora sin propósito con menos turistas que los esperados en 2024

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Foto: Reuters

La noticia es que Cuba recibió casi un 10% de turistas menos que el año anterior, una cifra que ubica a la industria en su peor momento en 17 años, sin contar la pandemia.

De acuerdo a las cifras oficiales de la Oficina Nacional de Información y Estadística, el principal mercado emisor fue Canadá, con 860 mil 877, mientras que Rusia fue el segundo.

Sobresale el hecho de que los únicos dos mercados emisores que crecieron ligeramente fue Rusia y México, mientras que todos los demás se quedaron por debajo del año anterior.

La meta anunciada por el gobierno cubano fue de 3.2 millones de visitantes internacionales, que luego se ajustó a 2.7 millones; aun así se quedó por debajo de lo esperado con 2,203,117 turistas.

De Canadá llegaron 860 mil 877 personas, de Rusia 185 mil 816, y de Estados Unidos 142 mil 450.

Llama la atención que la reducción no solo fue de visitantes internacionales, sino también de cubano-americanos. El grupo que habitualmente ocupa el segundo lugar en las entradas por los aeropuertos internacionales, decreció en un 17% durante el 2024.

Mientras tanto, las ofertas turísticas que compiten con Cuba sí han tenido un crecimiento récord en el mismo período. Por ejemplo, República Dominicana recibió más de 11 millones de visitantes, y el 59% de ellos entraron por el aeropuerto de Punta Cana. Cancún por su parte acogió alrededor de 16 millones de visitantes extranjeros en el 2024.

Esta noticia coincide con una posible próxima apertura en los primeros días de febrero del Iberostar Cuba Selection, conocido también como Torre K. Una enorme construcción en medio del capitalino Vedado que desde su inicio atrajo múltiples críticas, tanto de arquitectos que señalaron su falta de armonización con el entorno, como de economistas que cuestionaron la inversión millonaria, teniendo otros inmuebles dedicados al alojamiento prácticamente vacíos.

Esta noticia significa que, a pesar de la imparable construcción de hoteles de lujo, la industria del turismo está muy lejos de recuperarse a la etapa prepandemia.

Cabe preguntarse cuáles son las causas. Podría estar relacionado con la calidad del servicio, y también con la información internacional que se difunde sobre Cuba en la que los apagones y los huracanes ocupan titulares.

En rápida búsqueda en Internet, sobresalen reseñas de malas experiencias como la baja calidad de la comida o los apagones, sin poner como balance el excelente producto cultural, natural e histórico que representa Cuba para un turista.

Además, la inestabilidad en el combustible y los problemas para desplazarse por la Isla son disuasivos para muchas personas que terminan escogiendo otros destinos.

Por otro lado, el hecho de que Estados Unidos no ofrezca ESTA expedito a los ciudadanos europeos que hayan visitado Cuba ha representado un duro golpe para el turismo del llamado viejo continente, que solía ser uno de los más importantes en el país. Hoy esos potenciales turistas europeos consideran que de viajar a la Isla perderían la posibilidad de viajar a Estados Unidos sin pedir visa. Igualmente, la activación del Título III por parte de Trump en su primera temporada trajo como consecuencia la disminución de la entrada de cruceros, lo cual también ha golpeado la industria y ha dejado con menos ingresos a los grupos de taxistas, artesanos y pequeños negocios que subsistían en torno a las visitas de los hospedajes flotantes.

Nuestra opinión es que los números en negativo demuestran que Cuba necesita mucho más que hoteles de lujo para remontar esas cifras.

El gobierno cubano tiene que hacer una evaluación de la realidad más pragmática, y orientada a las posibilidades reales. No tiene sentido ostentar bellos hoteles, caros de construir y mantener, mientras una parte importante de los turistas ya no visitan La Habana, y los estadounidenses, por ejemplo, no pueden entrar a esos inmuebles debido a la vigencia de la Lista de Entidades Restringidas, por estar administrados por GAESA, el brazo económico del ejército. Por los avisos de la administración Trump hasta el momento, estas sanciones no parecen disminuir, por lo tanto, cualquier planeación que se haga debe tenerlas en cuenta.

Con una ocupación hotelera que no ha superado el 35% en los últimos años, seguir construyendo alojamientos es la peor de las estrategias. Una industria turística, para que sea verdaderamente eficiente y efectiva, requiere encadenamientos productivos con otras áreas, dígase productos locales que vender: comida, bebida, artesanía, servicios de recreación, y esparcimiento fuera del hotel, en teatros, cines, museos, salas de fiesta… Muchos de estos sectores hoy se encuentran en caída libre.

Por otro lado, la Cuba a la que volvían tantos turistas repitentes, ha cambiado mucho y no para bien. Ese paraíso latino sin drogas, con determinados niveles de equidad social, sin expresiones públicas de personas en situación de calle, escogido por tantas familias canadienses con hijos, es hoy distinto, y si bien sigue siendo un país con muchísimos menos índices de pobreza extrema y violencia callejera —en comparación con los más pobres de la región—, las consecuencias de la alargada crisis se ven en las calles, y no solo en las austeras mesas domésticas a la hora de comer.

El incremento de las personas pidiendo en la calle, del consumo de drogas, robos y de la criminalidad en sentido general, así como la disminución de las ofertas culturales que solían atraer a tantos turistas, pueden ser parte de la razón por la cual otros prefieran no visitar Cuba en estos momentos.

Por tanto, seguir invirtiendo en una industria que no parece tener crecimiento real, mientras la agricultura se descapitaliza, el sistema electro-energético nacional colapsa, los teatros cierran por falta de reparaciones, los artistas emigran y los efectos de la pobreza hacen mella en la población, es una estrategia que al final termina destruyendo pilares sobre los que se sostiene el turismo cubano. La mejor inversión turística que pudiera hacerse hoy mismo, no es en los hoteles, sino en todo lo demás. 

Tras 10 días en el poder, ¿qué pueden esperar los cubanos de Trump?

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Trump
Foto: CNN en Español

Esta semana fueron noticia varios anuncios de Trump que afectarán directamente la vida de los cubanos, así como las relaciones bilaterales de ambos países.

La primera fue la decisión de cortar temporalmente todas las ayudas federales que provee el gobierno. La decisión anunciada en un memorándum y en una orden ejecutiva que congela toda la ayuda suministrada por el gobierno ha sumido en el caos a organizaciones gubernamentales y a otras no gubernamentales, pero que dependen de subsidios federales.

En el 2024, Estados Unidos gastó 3 billones en asistencia federal. El propósito, según afirma la administración, es revisar esos gastos para saber si estos se alinean con las prioridades del nuevo presidente.

Una jueza del Distrito de Columbia desafió la decisión, y la congeló temporalmente, aunque la secretaria de prensa de Donald Trump, en un tumultuoso briefing en la Casa Blanca, afirmó que la orden está vigente. La Oficina de Administración y Presupuesto tuvo que salir al paso de la confusión y afirmar que los programas que dan beneficios directos a los estadounidenses estaban excluidos de esta pausa.

Sin embargo, la ambigüedad en la información y la falta de detalle en las comunicaciones oficiales han creado incertidumbre y dudas sobre el funcionamiento o la continuidad de los servicios de programas esenciales, como los llamados food stamps, que alimentan a 41 millones de estadounidenses de bajos ingresos, y que dependen de fondos gubernamentales; también pudiera tener un futuro incierto la iniciativa Meals on Wheels (Comidas sobre ruedas) que ofrece alimentos a ancianos de bajos ingresos.

Además, la aclaración sobre que los programas que asistan a estadounidenses de manera directa no se afectarán, podría indicar que aquellos no estadounidenses, como muchos cubanos que solo tienen residencia, podrían verse desprotegidos ante el limbo que ha dejado el anuncio cuyo impacto no puede medirse claramente aún.

Otra duda que ha surgido es cuánto podría afectarse el gran número de pequeñas o grandes organizaciones o plataformas políticas que se benefician de los programas de cambio de régimen, los cuales reciben fondos ofrecidos para iniciativas que supuestamente trabajan para la libertad de expresión o la democracia.

Por ejemplo, el presupuesto de la National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia) podría verse afectado, y esta organización apoya directamente a plataformas políticas como Directorio Democrático Cubano, opositora al gobierno cubano y cuyo solo propósito es derrocar al gobierno de la Isla, sin resultados visibles hasta el momento. La NED ha dado a esa plataforma política 650 mil dólares en los últimos 13 años. Fundada en 1995, el Directorio tiene seis empleados, con sede en Miami, y la cara visible es Orlando Gutiérrez Boronat, conocido por promover violencia o intervenciones militares contra Cuba.

La NED ha funcionado como un tobogán para que los fondos federales terminen en organizaciones que dicen promover la democracia o la libertad de asociación en Cuba pero que no presentan más resultados que el gasto de los fondos en propósitos no logrados. La lista es larga, pero sobresalen como receptores de esos fondos medios con una agenda abiertamente partidaria de la oposición cubana como Cubanet y Diario de Cuba, además de otras organizaciones poco conocidas en la Isla, o incluso en la diáspora.

La pregunta es si un gobierno que tiene el encargo social de llamar a la austeridad y a la eliminación del gasto innecesario, tendrá la coherencia de extender esa posición a los programas de cambio de régimen, que es dinero de los ciudadanos estadounidenses pagados a organizaciones que crecen en oficinas, pero no en resultados concretos.

El sistema de entrega de fondos para la promoción de la democracia en Cuba ha sido tan ineficiente, que la Oficina de Rendición de cuentas (Government Accountability Office) del gobierno estadounidense hace solo un mes, recomendó a la USAID, una de las receptoras y distribuidoras de estos fondos, establecer protocolos de evaluación de los riesgos, porque los proyectos no se cumplen o sus implementadores arguyen que debido a las condiciones de Cuba y los obstáculos que pone el gobierno no se pueden ejecutar, sin embargo el dinero se gasta.

No obstante, la realidad es que en la administración hay varios altos funcionarios que probablemente tengan el encargo de sus grupos inmediatos de no detener esos fondos, que sostienen el músculo político republicano apoyado por la extrema derecha anticomunista de Miami. Por tanto, es de esperar que entre las excepciones a la congelación de fondos estén algunos de los programas de cambio de régimen, para mantener esa tubería funcionando.

Un grupo de cubanos provenientes en su mayoría de la Florida, pero de otros estados también, se reunieron en el Parque Lafayette en Washington, con el aparente liderazgo del youtuber cubano Alex Otaola, trumpista y reciente perdedor en las elecciones para la alcaldía de Miami Dade. Usando un alto parlante, y flanqueado por sus guardespaldas, Otaola exigió acciones más duras contra Cuba, en un confuso discurso que llama a la libertad de Cuba, pero poniendo más costos y penurias sobre ese pueblo.

«Es importante que ponga a Cuba, no solamente como ya hicieron en la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo, sino que declaren a Cuba peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos y que decreten al Partido Comunista como un movimiento terrorista en el hemisferio que desestabiliza y financia guerrillas, pandillas y éxodos descontrolados», dijo Otaola a Martí Noticias, sin ofrecer más argumentos de cómo un país pequeño como Cuba, y que incluso ha perdido parte de su liderazgo en la región, pudiera afectar la seguridad nacional de Estados Unidos.

Otra de las que celebró esta semana la política de máxima presión fue la congresista cubana María Elvira Salazar, quien indirectamente reconoció el impacto de esta política sobre la Isla al afirmar que «Canel y su grupo de gangueros tienen los días contados, porque ya no tienen agua, no tienen luz, no tienen electricidad, no tienen medicina». Por otra parte, Salazar, quien también ha hecho parte de su carrera política sobre la base del voto de emigrados, dijo que está intercediendo ante Trump para que quienes hayan iniciado un proceso de asilo político no sean deportados inmediatamente para que puedan terminarlo.

«Le he pedido, no solamente a los que tienen la i220a, sino a los que entraron por la app CBP One, los que entraron con las visas de las 30 000 al mes que aprobó Biden, le hemos pedido a la administración que esa gente que están en el proceso, sobre todo los cubanos que tienen la ley de ajuste cubano, que les permitan terminar el proceso», sin embargo, la congresista reconoció que no siempre sus colegas representantes del Partido Republicano conocen bien la diferencia entre cada tipo de emigrante.

Estas declaraciones salen a la luz luego de que múltiples emigrantes, incluyendo cubanos, hayan aumentado sus temores por las redadas para deportaciones que autorizó Trump la semana pasada.

Igualmente, Cuba ha sido noticia también porque Trump anunció que moverá los inmigrantes que su administración considera como deportables a la Base Naval de Guantánamo, que ocupa un territorio cubano en contra de la voluntad del gobierno.

«Tenemos 30 000 camas en Guantánamo para detener a los peores criminales extranjeros ilegales que amenazan al pueblo estadounidense […] Algunos de ellos son tan malos que ni siquiera confiamos en que los países los retengan porque no queremos que regresen, así que los enviaremos a Guantánamo», afirmó Trump.

Las instalaciones norteamericanas en Guantánamo ya han albergado antes a cubanos, durante la crisis migratoria de los 90. Allí fueron enviados balseros, y décadas después, también fue sitio para prisioneros de origen árabe que el gobierno estadounidense clasificó, sin juicio, como terroristas.

El centro, perteneciente al Pentágono, ha sido sumamente cuestionado por las torturas y otros tratamientos vejatorios violatorios del derecho internacional que han sufrido los prisioneros allí presentes. En este momento, y tras una política de limpiarle el historial a esa prisión, quedan solo 15 personas detenidas en ese lugar.

El Ministerio de Relaciones Exteriores cubanos respondió rechazando la decisión: «Muchas de las personas que Estados Unidos está expulsando o se propone expulsar son víctimas de las propias políticas expoliadoras de ese gobierno, y cubren necesidades de mano de obra que históricamente ha tenido la agricultura, construcción, industria, los servicios y diversos sectores de la economía estadounidense […] El territorio donde se propone encerrarlos no pertenece a Estados Unidos. Es una porción del territorio de Cuba en la oriental provincia de Guantánamo, que permanece militarmente ocupada de modo ilegal y contra la voluntad de la nación cubana».

Estas noticias significan que Trump está haciendo lo prometido durante su campaña, con muy pocas fuerzas que le hagan resistencia, y que al menos por ahora, no establecerá diferencia entre cubanos y otros migrantes, por tanto, podrían estar en juego los privilegios migratorios que han beneficiado a cientos de miles de migrantes provenientes de la Isla.

Asimismo, añade una valla alta para la reunificación familiar, considerando que en la anterior administración de Trump ese programa se mantuvo detenido varios años, lo cual creó una acumulación de casos que aún están tramitando.

Buena parte de la población cubana que vive en Estados Unidos votó por Trump, a pesar de su línea dura contra todos los migrantes, y sus promesas de cortar beneficios y ayudas federales a las personas más necesitadas.

Significa, además, que la Administración Trump usará todos los recursos disponibles para imponer su agenda, y esto incluye presiones políticas, abuso del poder, menosprecio por los derechos humanos, además de la naturalización de un lenguaje que criminaliza a los migrantes.

En varias ocasiones ha dejado claro que su gestión abogará por el recorte de presupuestos estatales con el supuesto objetivo de bajar los impuestos. No sorprende entonces que si llega con el encargo de no gastar dinero allí donde no se alinee con su política, o que no ofrezcan resultados directos y rápidos, los programas de cambio de régimen, sin resultados concretos, son susceptibles de recibir escrutinio por ser una carga al presupuesto público. Probablemente aquellos medios y organizaciones que promuevan agendas como el feminismo, los derechos de las personas lgbtiq+ o se hayan alineado más a la línea demócrata sean aún más elegibles para estos recortes.

Trump rechaza a los migrantes, y no distingue entre latinos y cubanos, por tanto, es de esperar, que, entre incertidumbre y limbo, las consecuencias para los cubanos puedan ser mayores, con la diferencia de que los operadores políticos que dicen representar a la comunidad simpatizan con Trump, y van a pedirle mano más dura aún contra su país de origen, incluso si eso implica empeorar la calidad de vida de la gente que vive en Cuba.

Nuestra opinión es que Trump es impredecible, pero ha sido consistente entre lo dicho en campaña y lo que ha intentado hacer desde el minuto 1 de su administración. No hay sorpresas en su actuar, y si no llega más lejos es porque algunos contrapesos lo ralentizan, como el interés nostálgico e imperialista de dominar el Canal de Panamá o Groenlandia.

Devolver a Cuba a la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, era esperable para una administración que difícilmente asumiría los compromisos de acuerdos de la administración anterior. Tanto en materia de relaciones exteriores como de política interna se están alineando prioridades, pero Trump está haciendo todo lo posible para asegurar a personas leales a él en posiciones clave dentro del gobierno, y que incluso los funcionarios menores no se opongan a su ideología.

La presencia de Marco Rubio como secretario de Estado, y el apoyo que le han dado los integrantes de la extrema derecha de la comunidad cubanoamericana, indica que estas acciones son el inicio de una vuelta a las hostilidades y provocaciones directas. El uso de la Base Naval del Guantánamo para recluir emigrantes —puede que hasta algunos cubanos— es una muestra de ello.

Mientras tanto, se podría esperar un redoblamiento de la guerra económica, y por tanto, un empeoramiento de las condiciones de vida, que se revertirá necesariamente en un aumento de los flujos ilegales de migración. Por tanto, también opinamos que el Estado cubano deberá definir una política clara sobre cómo va a operar con el fenómeno, sobre todo con deportaciones masivas de nacionales que regresarán a la Isla luego de haberlo vendido todo, o con el posible hecho de tener cubanos presos en un territorio ocupado por Estados Unidos contra su voluntad.

Más allá de los discursos políticos, lo cierto es que serán los cubanos —dentro y fuera de la Isla— quienes carguen con el peso de estas tensiones. Para quienes residen en EE.UU., la incertidumbre sobre sus derechos y beneficios se suma a una política migratoria que no distingue entre ellos y otros grupos latinos. Para los que permanecen en Cuba, el endurecimiento de las sanciones y la eliminación de cualquier posibilidad de distensión significarán un deterioro aún mayor de las condiciones de vida. En este contexto, la instrumentalización de la causa cubana por parte de ciertos sectores políticos no hace más que profundizar una crisis donde la gente común es la que más pierde.

¿Cómo juzgar la mendicidad y el trabajo infantil en Cuba?

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—Cuando va a caer la tarde él se llega por aquí, con un vaso de esos para la medida del arroz que traen todas las ollas arroceras, pidiendo azúcar —dijo Mirian—. Si no es para prepararse un poco de agua con azúcar, es para hacerle un té al tío, bueno, el padrastro, tú me entiendes, porque tiene fatiga. Imagínate, yo le doy las veces que puedo, otras le digo que no ha entrado a la bodega. Su madre también puede lucharla, y que grite menos, que se la pasan con unos escándalos en esa casa que si te paras en donde vive Marta, desde ahí, ya se escucha todo.

—¿Y qué edad tiene? — le pregunté.

—Trece años, eso es un hombre. El otro día le estaba preguntando a Tony que cuánto cobraba él por chapear, para ponerse a hacerlo.

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El aumento de la brecha económica y social entre las personas, la creciente desigualdad social a la que esto conlleva, y en lo psico-social, el enfrentamiento que se produce entre los estilos de vida de quienes poseen mayor capacidad de consumo y quienes viven para garantizar condiciones indispensables de subsistencia, tiene sus consecuencias dentro de Cuba. En medio de esta realidad, suele aislarse el análisis y la crítica de fenómenos como el trabajo y la mendicidad infantil, de los que no existen estudios y estadísticas al alcance sobre cómo se manifiestan hoy —aunque no se equipara con la gravedad de otros países—, pero cada vez se hace más notable su crecimiento. 

Pero más allá de datos y números, es necesaria una lectura diferente para su comprensión y tratamiento por parte del Estado y las instituciones públicas correspondientes, así como por la comunidad. No basta con la individualizada por hogar, con moralizar a determinados sujetos por la proximidad genética al menor, o de velar porque se cumplan viejas normas de conducta y convivencia social que en definitiva sabemos que muchas veces proceden del consenso clasista y sexo-genérico patriarcal – burgués, con su aparato de representaciones hegemónicas acerca de los cuidados.

La escasa intervención del Estado en la resolución de problemas puntuales de la población, la incapacidad para subsidiar bienes y servicios en condiciones socio-económicas, territoriales y climáticas extremas, la distribución desigual de los recursos y su apropiación diferenciada tanto a nivel regional como social en el país, transita a la par de una distribución desigual de las responsabilidades familiares como parte de la división sexual del trabajo. Hombres y mujeres no asumen por igual sus deberes con relación a la paternidad y la maternidad, lo cual hace más vulnerables a las mujeres y a los niños, niñas y adolescentes (NNA) que se desarrollan en hogares monoparentales de un solo ingreso o trabajos irregulares.

Hombres y mujeres no asumen por igual sus deberes con relación a la paternidad y la maternidad, lo cual hace más vulnerables a las mujeres y a los niños, niñas y adolescentes.

Desde el punto de vista socio-político, la crisis de cuidados también resulta de la tendencia a aislar las responsabilidades, y las experiencias de sobrecarga laboral que unos individuos padecen con mayor acento que otros. Los niños que están fuera de la casa son «responsabilidad de las madres», según designio y «sugerencia popular». La maternidad «negligente o descuidada», se interpreta como resultado de un hogar «disfuncional», sin considerarse los problemas socio-económicos que afectan directamente la integridad de los cuidados y a quienes son responsables de estos.

Un ejemplo de las problemáticas que afectan directamente la calidad de vida de los cubanos y cubanas, está determinado por el acceso al gas. Este recurso es bastante limitado y todavía existen fuertes requisitos para su asignación en territorios fuera de la capital, precisamente, en regiones donde los apagones o corte eléctrico por déficit energético suelen prolongarse horas y marcar la cotidianeidad de madres que deben cumplir con las exigencias y horarios de sus trabajos en el sector público. Este resulta uno de los recursos más costosos, incluso para quienes tienen la posibilidad de adquirirlo en el mercado negro o por contrabando. Solamente con la crisis electroenergética más reciente, en determinadas regiones del país, el precio del gas ascendió a 13 000 pesos cubanos.

El aumento del costo del dólar en el mercado informal, principal espacio de adquisición, no permite a quienes disponen de un salario promedio la capacidad de llegar a productos esenciales, y si se compara con los planes de las Naciones Unidas para erradicar la pobreza extrema hacia el 2030, actualmente medida por un ingreso por persona inferior a 1, 25 dólares al día, las condiciones generadas por las políticas económicas —mediada por la devaluación de la moneda nacional— hacen insostenible la vida para la mayor parte de las familias.

El aumento del costo del dólar en el mercado informal, principal espacio de adquisición, no permite a quienes disponen de un salario promedio la capacidad de llegar a productos esenciales.

De esta forma, niños, niñas o adolescentes en bicicleta vendiendo limones, dulces, proponiendo cigarros, solicitando azúcar o dinero en las casas para la merienda del día siguiente, frecuentando centros de presencia de turismo extranjero, ofreciéndose para trabajos de limpieza o chapeo de portales en horarios de clase o en momentos que habrían de dedicar al descanso y el juego, se hace cada vez más usual.

Respecto a la locación, esta realidad se manifiesta en zonas rurales y urbanas, especialmente en los espacios que padecen los efectos de la gentrificación, ya que hoy también debe hablarse de la composición clasista de los barrios en Cuba con dinámicas bien distantes entre unos y otros. Igualmente llama la atención, como particularidad, su arraigada presencia en los espacios de confluencia turística.

No solo se trata de descuido o desprotección, sino cómo impacta la subjetividad de los menores de edad: een medio de un contexto marcado por la escasez, se siembra el sentido de la responsabilidad laboral en la conciencia del infante o adolescente, lo cual resta valor a procesos significativos como los estudios, y puede implicar que no disponga de tiempo para el juego o actividades recreativas.

Por otra parte, son significativamente vulnerables a la manipulación y el abuso, por lo que están en riesgo su salud e integridad emocional y física. El agotamiento mental, el trauma de la insostenibilidad familiar, u otros posibles problemas como el acoso sexual —dada la inseguridad de muchos lugares por los que transitan o las casas en que se les da bienvenida— pueden resultar en graves lesiones en el curso de su crecimiento y edad adulta.

Panorama de la mendicidad y el trabajo infantil

La mendicidad infantil, uno de los problemas característicos de los centros públicos de Latinoamérica, resultado de la desigualdad y desprotección social, puede ser sumamente romantizada y naturalizada por los códigos de expresión y símbolos del neoliberalismo. La imagen del niño, niña o adolescente en la calle que pide comida, dinero, chuches u ofreciéndose como fuerza laboral, en filmes y telenovelas, en ocasiones se explica como una suerte fatídica que corresponde a unos. Sin embargo, no es otra cosa que un proceso de naturalización, propio de la ceguera que se presenta dentro de las propias élites de poder al presentar su tratamiento.

A partir de la segunda mitad del siglo XX cubano, imágenes de este tipo se tornaron impensables, hasta quedar en la memoria colectiva como representación de un pasado al que no se volvería jamás. Existen historias como las de muchos de nuestros abuelos, quienes ya trabajaban con solo nueve o 12 años para contribuir a la alimentación de hogares y familias numerosas en oficios como el de limpiar botas. Sin dinero para sostener un alquiler seguro, sin medios anticonceptivos al alcance y en extrema pobreza, algunos de nuestros bisabuelos delegaron responsabilidades en sus hijos mayores para sobrevivir.

La mendicidad y el trabajo en las calles de infantes es sin dudas un apéndice angustioso de la historia, y aunque hoy, como fenómeno no es comparable con la situación en otros países de la región, su retorno y emergencia responde a determinantes estructurales —socio económicas y socio políticas— que solo pueden agudizarse con la crisis  económica y política actual.

La mendicidad y el trabajo en las calles de infantes es sin dudas un apéndice angustioso de la historia.

En países como México y Colombia, puede verse este fenómeno asociado a redes de explotación del trabajo infantil con fines sexuales, al tráfico de drogas e incluso formas de esclavitud doméstica contemporánea muy solapadas, de modo que es importante alertar sobre su condición actual para impedir un posterior proceso de naturalización. 

Si bien el país se acoge a numerosas resoluciones que protegen los derechos de NNA, y existe un marco normativo favorable —para lo cual el Código de las Familias presenta novedades que secundan la Declaración de los Derechos del Niño y la Plataforma de Acción de Beijing—, no es suficiente a la hora de relacionar las responsabilidades que en torno a los menores tienen la familia, la comunidad y la escuela, mucho menos de hacer eficiente este proceso para que desemboque en una mayor seguridad de los mismos.

Muchas políticas públicas, en el contexto actual, deben demostrar su efectividad, y para ello, es elemental en su diseño e implementación, por un lado, el enfoque integral —feminista, antirracista, popular, socialista— y por el otro, la voluntad de contribuir y dar rienda suelta a su institucionalización. 

Hasta ahora, las políticas públicas no han sido capaces de reducir de forma definitiva la pobreza, lo cual depende indudablemente del lugar de redacción y enunciación. Es cada vez más evidente que deben involucrarse a todos los sectores sociales y organizaciones de la sociedad civil para definir indicadores y jerarquizar necesidades. Para ello los estudios y diagnósticos sobre las dinámicas demográficas deben ser cada vez más profundos y en consecuencia, ser socializados, no controlados, tanto para la ejecución de proyectos como para el análisis y monitoreo posteriores.

Hasta ahora, las políticas públicas no han sido capaces de reducir de forma definitiva la pobreza, lo cual depende indudablemente del lugar de redacción y enunciación.

El tratamiento diferenciado debe ser una de las premisas en el contexto de elaboración y ejecución de las políticas públicas, si realmente se pretende reducir o eliminar la desigualdad. Como tal, el tratamiento diferenciado parte de la premisa de que no todos poseen las mismas condiciones de partida en la búsqueda de la equidad, y conlleva a considerar críticamente desde el punto de vista político, las responsabilidades del Estado y las esferas de poder que dictan cómo debe organizarse la vida.

Con relación a la problemática abordada, no se persigue otorgar impunidad por negligencia a los padres, madres o abuelos que son responsables inmediatos del cuidado, sino de ofrecer pautas que contribuyan a la resolución real de un problema que no puede por mucho, aislarse. En ese trayecto, debe reconocerse, que Niño, Niña, Adolescente y Mujer, son categorías políticas según el escenario, pues pueden estar ubicados en posiciones de desventaja y expropiación.

Esta condición de inseguridad para algunos también se encuentra favorecida por las comunidades inmediatas desde donde se reproduce la vida y los espacios de poder-dominio que se constituyen a todas las escalas, desde los cuales se alimentan y difunden juicios de valor para el sostenimiento de roles sociales con apego a una conciencia de género y clase. La expropiación de los derechos de las NNA se debe también al modo en que el entorno macro —la sociedad en su conjunto— se relaciona con estos y sus familias.

Elon Musk y la fiesta de la nueva derecha

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Los hospitales de todo el planeta colapsan ante la cantidad de pacientes, los cadáveres se amontonan, pero nos cuentan que el coronavirus no existe, que se trata de una operación de control social. Una multitud de adultos con disfraces ultramontanos irrumpe en el Capitolio norteamericano, pero no se trata de un intento de golpe de Estado, sino de una legítima gesta para salvar a América. Una joven futbolista es besada sin consentimiento por el presidente de la Federación del Fútbol, pero se trata de un acto de cariño, no de un imperdonable atropello. Finalmente, el hombre más rico del mundo, vendido como genio de las finanzas y de las tecnologías de frontera, cierra su discurso con un apasionado «saludo a la victoria»[1], pero nos cuentan que solo estaba emulando a los romanos, para ofrecer su corazón a la multitud.

La desfachatez con la que los operadores mediáticos de la nueva derecha sustituyen la realidad por «hechos alternativos», revela como las dinámicas del totalitarismo crecen en el mismo corazón de Occidente. En 1984 —novela explotada hasta el cansancio por el anticomunismo—, la prueba definitiva de lealtad al Gran Hermano consistía en negar la evidencia de los sentidos, para afirmar la verdad del partido. En el caso del pintoresco saludo de Elon Musk, las justificaciones de muchos medios rozan lo ridículo, desde el momento en que pasan por alto que la referencia a los romanos no lo exculpa: fue inspirado en los fascios romanos, aquellos haces de varas atadas que simbolizaban la autoridad, que Mussolini inventó el fascismo. En cuanto a la coartada del corazón, se trata de un recurso risible; deben perdonarnos si nos parece que el gesto del magnate no tiene nada que ver con Fito Paez y sí mucho con la imaginería de «la sangre y la tierra». Más encaminada parece estar la idea de algunos, que han planteado que se trata del saludo Bellamy: en ese caso Musk no sería nazi, solo excepcionalista y supremacista blanco.

hitler musolini
Saludo fascista de Mussolini

¿Qué decir de la extravagante toma de posesión? Seguramente muchos estadounidenses suspiran por los viejos buenos tiempos de Reagan, Clinton o incluso de Obama, cuando los símbolos del poder norteamericano eran recortados sobre el fondo de la tradición, pero no les queda más remedio que aceptar el cambio de guion. Se confirma, en esta segunda parte de Trump, que no tendremos una obra clásica de cine bélico, sino una serie de streaming, distópica, hilarante, exagerada. El rasgo fundamental de la toma de posesión fue el desparpajo: megamillonarios mostrando sin recato la privatización del poder público, políticos de ambos partidos haciendo gala de desbordante hipocresía, personajes invitados desde todos los rincones de la extrema derecha. La realidad supera a la ficción, y nos ha servido un pastiche de The Plot Against America, The Boys y Succession. Puede llegar a ser un espectáculo entretenido, por lo bizarro, pero no se puede perder de vista que se trata también de una deriva peligrosa.

De outsider a emperador

Cuando Trump llegó por primera vez a la presidencia de los EE.UU. era un outsider, con poco apoyo entre los republicanos. En cambio, ahora reina casi en solitario sobre el Grand Old Party. En aquellos años, las grandes figuras de Silicon Valley competían por ser políticamente correctas. Ahora, muchos de ellos toman el partido de un libertarismo ecléctico, que se desliza hacia imágenes de despotismo tecnocrático, en el cuál quienes toman decisiones lo hacen sobre la base de predicciones de algoritmos y habilidades técnicas, en lugar de basarse en principios democráticos o representativos.

Debemos recordar, a riesgo de repetir lo obvio, que estas personas concentran en sus manos una inmensa cantidad de poder, no solo financiero —sus empresas ocupan los primeros puestos en valor a nivel internacional— sino también sobre las herramientas de control de la opinión pública. Una parte importante de la humanidad ha puesto buenamente sus datos más íntimos a disposición del algoritmo, sin demasiada preocupación por lo que los nuevos jerarcas pueden hacer con ellos. Ya estamos viendo que se repite el viejo patrón: la concentración del poder despierta sueños de más poder.

En cierto nivel, el saludo de Musk no pasa de ser una payasada, como también lo es su injerencia intempestiva en la política europea, en beneficio de la extrema derecha. La imaginación de estos personajes no va en dirección a una sociedad fuertemente estatizada, parecida a la del Tercer Reich. Quizás algunas mentes evangélicas o de masculinidad particularmente frágil quisieran llevarnos a escenarios como los de El cuento de la criada, pero en realidad se trata de otro discurso más para contribuir a la toxicidad de la batalla cultural.

Saludo de Elon Musk
Saludo Elon Musk / Foto: France 24

Vivimos en un mundo postfordista, en el que los delirios de la nueva derecha prosperan sobre el fondo de gruesa banalidad en el que décadas de consumismo, posmodernidad y nihilismo han sumido a las sociedades. Su primera estación es ante todo sumirnos en el mundo de un machismo agresivo, sociopático, reactivo contra las mujeres emancipadas, las diversidades, los inmigrantes, y todo aquello que no sea un hombre —idealmente blanco— que reivindique el rol de proveedor, y compita por el triunfo sin ningún reparo ético.

Se trata, por tanto, de una posición que vive del resentimiento, que quiere volver a poner en la cima, ya no a la raza aria, pero sí algo parecido, al ganador o aspirante a ganador —llama la atención como esta posición puede ser asumida también por mujeres, gays, latinos o hindúes—, a aquel que se reconcilia y se identifica con la dinámica darwinista del capitalismo, el principio de la supervivencia del más fuerte.

Se trata, por tanto, de una posición que vive del resentimiento, que quiere volver a poner en la cima, ya no a la raza aria, pero sí algo parecido, al ganador o aspirante a ganador.

Pero si es importante no caer en un alarmismo extemporáneo, que nos lleve a sobredimensionar las cosas, esperando que en cualquier momento quemen el Reichstag, no debemos tampoco subestimar el peligro. Estos sujetos no buscan subordinar a las sociedades en los términos disciplinarios del siglo XX, porque no lo necesitan. El Gran Hermano vive ahora en cada terminal del inmenso aparato de conexión digital a nivel global. Por otro lado, la llamada guerra cultural no es un juego. Personajes estrafalarios como Santiago Abascal, Javier Milei, Marine Le Pen o la flamante candidata de AfD juegan un papel de avanzada, en una estrategia que apunta a tirar abajo los consensos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, establecidos en los términos de la socialdemocracia. Van contra lo que queda del Estado social de derecho, contra los avances en derechos de las minorías sociales, y en última instancia, contra la conjunción de liberalismo y democracia, con perjuicio para el segundo término de la ecuación. Una aventura que se sabe como empieza, pero no como termina.

Finalmente, acercándonos a lo que nos concierne, vale la pena recordar que el común denominador de estos personajes es el anticomunismo. Un hilo de acero conecta el visceral odio contra los gobiernos de signo comunista o de izquierda, como los de Cuba y Venezuela, y las expresiones de tribalismo occidentalista en defensa de Israel y Ucrania, con la esperable victoria de opciones de extrema derecha. Son distintas expresiones en las que late con diferentes intensidades el mismo etnocentrismo, en última instancia colonial. No todo lo que se opone a Occidente es bueno, ni todo lo que brilla es oro, pero lo mismo vale en dirección contraria. En esta historia, no puede olvidarse el triste papel de buena parte de la socialdemocracia y otras opciones de centroizquierda, que han descansado con demasiada comodidad en la idea del mundo libre, desde los tiempos de la Guerra Fría; comprando los marcos de la derecha, participando en las cruzadas occidentalistas, compartiendo con frecuencia trinchera contra los gobiernos de izquierda, han terminado favoreciendo el ascenso de la extrema derecha.

La crisis de la izquierda política, que en gran medida no se recupera todavía de las consecuencias de la caída del Muro de Berlín, está entre las causas de la situación actual. Entre las dificultades para la reconstrucción de un frente realmente progresista y revolucionario se encuentran, sin duda, los liderazgos estancados o corrompidos, aferrados muchas veces a dogmas de un mundo que ya no existe, y que desgraciadamente son comunes en el campo que se reivindica como radical; pero también es responsable otra parte de la izquierda que quisiera pacificar la historia, y se conforma con darle un tinte progre al orden establecido.

La crisis de la izquierda política, que en gran medida no se recupera todavía de las consecuencias de la caída del Muro de Berlín, está entre las causas de la situación actual.

No sirven los relojes parados en la década de los treinta del siglo pasado, pero tampoco los parados en la década de los ochenta. Contra el nuevo fascismo, se necesita organización, constancia y sobre todo mucha lucidez. Se necesitan el equilibrio y la radicalidad que se derivan de una buena estrategia política —que permita saltar sobre los abismos entre las posiciones, cuando estas no son irreconciliables—. La falta de todo ello, las desviaciones, los acomodamientos y los retrocesos, han configurado el escenario actual, en el que un puñado de aspirantes al poder absoluto avanzas sus agendas, con el aplauso de pueblos abandonados a sus peores sentimientos.

La historia no pierde oportunidad para recordar sus enseñanzas. La política, como la naturaleza, odia el vacío: o se avanza o se retrocede. Ante la falta de resistencia, los que ya tenían todo el dinero con el que se puede soñar, los que ya eran la mano que mecía la cuna, ahora aspiran a ponerse ellos mismos la corona de laurel. Son tan humanos como el primer homo sapiens que le arrebató sus bienes a otro, o como el primero que se proclamó rey. Solo que ahora su campo de batalla no es la superficie de la tierra, sino el interior de nuestras mentes. Los «capitanes de industria» ya no se contentan con la oscuridad de un Rockefeller o de un Ford. Quieren llegar a Marte, ser inmortales y por el camino sustituirnos por robots, y hasta convertirnos en robots o en algo peor. Está en nuestras manos si se lo permitimos.


[1] «Saludo a la victoria» es la traducción de Sieg Heil, el saludo tradicional nazi.