Me encantan las competencias de cultural general. En mi época de universitario, allá por la primera década de este siglo, participé muchas veces representando a la Facultad de Matemática y Computación, y atesoro momentos vividos en aquellos encuentros que son verdaderas joyas.
Se competía dura y apasionadamente: la gente se cogía en serio aquello. En una ocasión, se apareció un equipo de Artes y Letras que se había preparado expresamente durante varios días para llevarse la victoria. Llegaron escoltados por un nutrido séquito de seguidores, una comisión de embullo en toda regla, que vitoreaba a su favor con cada respuesta correcta. En un reñido final, estaban algunos puntos por detrás, y apelando a su experiencia escogieron una pregunta de las más valiosas y difíciles del acápite Lenguaje. Se la jugaban a todo o nada.
La pregunta trataba sobre el sonido particular que emiten algunos animales. El gato maúlla y la oveja bala, por ejemplo. Hay otros más complicados, como el barrito del elefante, el crotoreo de la cigüeña o el gañido de la zorra, que era precisamente lo que se preguntaba. La pregunta exacta era así: «Complete la siguiente frase: el perro ladra, y la zorra______». Se hizo un silencio del grupo de apoyo ante las miradas desesperadas de los integrantes del equipo de Artes y Letras.
—Calma, caballero. Tenemos dos minutos —dijo e hicieron un círculo de brazos y cabezas para conferenciar. Ya está, la tenemos. El perro ladra, y la zorra…(suspenso) se esconde para que el perro no la vea.
Después de unos 10 segundos de desconcierto, las carcajadas resonaron en el Patio de Los Laureles. El ruidito que hace papi, el ruidito, le decía un jodedor al que contestó. Aquello fue apoteósico.
Al siguiente encuentro, Geografía no mandó equipo.
—¿Hay alguien de Geografía aquí? —preguntaba el moderador, listo para empezar. Se levantó un satélite del público y dijo: —Yo soy de Geografía, pero estoy solo aquí, y no vine a competir, estoy de espectador.
—Compite, compadre, para que tu equipo no pierda por no presentación.
—Pero estoy solo, y además, esto de la cultura no es mi fuerte
El público, intransigente, comenzó a corear: Que compita, que compita…y se pactó que ante la desventaja de la soledad, en cada pregunta podía pedir una ayuda a alguien del público, que ayudaría con mímica. Y echó a andar aquello. El hombre no había mentido con respecto a sus habilidades: no daba pie con bola. La cuarta o quinta pregunta que le tocó, de tema Música, consistía en identificar una canción a partir de escuchar un fragmento que se reprodujo para que lo oyeran todos. Resultó ser Unbreak my heart, de Toni Braxton, y ante el ojiplático competidor se paró un amigo, a ayudarlo con mímica, pasando su mano sobre el corazón simulando un instrumento cortante. Ya sé, dijo confiado el geógrafo. De Alejandro Sanz, El Corazón Partido. Sin palabras.
Tengo un socio cercano que estudió en un pre de San Andrés, y vivió la experiencia de que un amigo, totalmente confiado de que la prueba de historia sería valorar a Martí, se aprendió de memoria una breve biografía del Apóstol. Cuál no sería su sorpresa al recibir la orden de valorar a Mella. Respiró y utilizó un arriesgado recurso, por si colaba. Puso: «Vamos a suponer que Martí y Mella fueran buenos amigos. Entonces, Martí fundó el periódico Patria, recogió fondos de los tabaqueros para la lucha armada, fundó el Partido Revolucionario Cubano y escribió el Ensayo Nuestra América. Dicho esto, valoremos a Mella. Dime con quien andas y te diré quién eres».
A la primera reunión para el tema del servicio militar asistí con un vecino de mi misma edad. Entramos separados a la cita, en donde se llenaba una planilla con datos personales. Al vernos en la salida, me dijo: ¿A quién tu pusiste? Yo te puse a ti. ¿Cómo que a quién puse? No había que poner a nadie, eran datos personales. Sí, sí, pero yo te digo en la parte que había que llenar y decía: Vecino de_____. Ahí te puse a ti, que eres mi vecino.
Ese mismo compañero, muchos años antes, había contestado a la maestra Sofía, de 5to grado, que el río más largo de Cuba era El Malecón. Y yo, que me desoriento poco, a cada rato cuando voy a teclear el tiempo de descongelación en el microondas, me sorprendo poniendo el pin de desbloquear el celular. Una vez, haciendo una temporada en el Karl Marx, se me olvidó que se había suspendido una función un viernes y entré hasta el mismísimo camerino notando cosas raras, y allí saludé a Cándido Fabré, que era parte del elenco de ese día. También puse una vez en una prueba de Química, en lugar de óxido de hierro III, trióxido de dihierro.
Tuve una profesora de Geografía en La Lenin que preguntó cómo se empleaba la energía eólica, y al recibir la respuesta de: en los molinos de viento, la calificó de incompleta y dijo que iba a ampliarla. Buscó durante un rato en sus apuntes, y con toda la seriedad del mundo dijo: «Como bien dije, no es solo en los molinos de viento. Se usa en los molinos de viento y etcétera». También tuve un profe de PMI que repetía a cada rato que la disciplina tenía que brillar por su ausencia, y toda recopilación estaría incompleta sin aquel famoso: «Ese dúo de a tres que va para el comedor, ¿hacia dónde se dirige?».
A una amiga, un alumno le dijo que le ayudara a buscar jocico en el diccionario, que no le aparecía en la G ni en la J, y a mí, un socio me preguntó que cómo era el animal Kabú plateado que mencionaba Ricardo Arjona. La frase era: «lánzame un sí, camuflajeado», no Kabú plateado.
Sé que todos tenemos nuestro librito lleno de estas dulcísimas equivocaciones. Si me lee, lo invito a compartir aquí alguna de las suyas, que este tipo de cosas sacan buenas sonrisas, tan útiles siempre. Arriba, no se corte, comparta.
La noticia es que al menos 5 700 trabajadores del sector de la salud y de la educación tendrán un aumento salarial, en medio de críticas por la emigración laboral hacia el sector privado y una espiral inflacionaria en la que el salario de los empleados del Estado sigue perdiendo valor. El llamado pago adicional, que se añade a su salario básico, será incrementado para trabajadores de centros docentes, escuelas ramales e instituciones subordinadas a organismos de la administración central del Estado, así como a las direcciones administrativas del Poder Popular.
También era muy esperada la decisión de comenzar a subir el salario de al menos una parte del sector médico. La falta de personal de salud es una experiencia frecuente que sienten todos los cubanos que acceden a hospitales. Según datos oficiales, entre 2021 y 2023 se perdieron 63 894 trabajadores del sistema de salud, específicamente 25 368 médicos, una merma en masa que se debe a las condiciones salariales y de trabajo.
La decisión está descrita en las Resoluciones 3 y 4 de 2025 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, publicadas en la Gaceta Oficial número 39. Para el personal docente el incremento será de hasta 3 000 pesos y dependerá de la antigüedad laboral; el personal no docente recibirá la mitad de esos beneficios, en una decisión que diferencia salarialmente al personal docente e investigadores del resto de los empleados.
Más de una vez funcionarios cubanos han afirmado que el incremento salarial aumentaría la inflación y que no podía hacerse. Sin embargo, han comenzado lentamente a descongelar salarios que poco tienen que ver con el entorno económico nacional, y con el esquema de precios de tiendas privadas y estatales.
En el caso del personal de salud hay diferentes incrementos: el trabajo nocturno se incrementará al doble, de 50 a 100 pesos. No será para todos, sino para especialidades que probablemente más débiles estén en el sistema: Reanimación, Neonatología, Medicina Intensiva Pediátrica y Medicina Intensiva del Adulto.
Según el diario Granma, también se recompensará con 20 pesos cada hora por alto desempeño, dígase para tareas consideradas como de alta complejidad. La prensa oficial informó que más de 6 800 médicos resultarán favorecidos, con un promedio de alrededor de 7 000 pesos por encima del salario estipulado para su posición.
Eso significa que los médicos beneficiados ganarán aproximadamente 20 dólares más que antes. Esta medida implica que el gobierno, al tomarla, reconoce la gravedad de la situación y decide gastar del inflado presupuesto estatal en un sector que no aguanta más.
La medida llega en un momento de innegable crisis del sistema de salud: la falta de personal en laboratorios y en la atención primaria, y las largas filas para acceder a un especialista son postales usuales en cualquier interacción con el sistema sanitario.
Esto ocurre en un momento en que se abre fuego contra las misiones médicas cubanas en el exterior debido a la campaña de la administración Trump, que califica esas misiones como «trabajo esclavo», y que denuncia al gobierno cubano por no pagarles lo que merecen.
Significa también que el Estado está focalizando los esfuerzos de gasto presupuestario en sectores específicos y de alta sensibilidad para la población, aunque tiene el compromiso de reducir el déficit presupuestario, lo cual —según reportan— va bien gracias a la recaudación en impuestos y a la inejecución de inversiones y planes, dígase, a que se gasta mucho menos, incluyendo en programas sociales.
Esta semana también fue noticia la celebración en La Habana la V Convención Internacional Cuba-Salud 2025, un espacio que reunió a autoridades sanitarias, científicos, organizaciones internacionales y empresas de más de 60 países para debatir sobre los desafíos de los sistemas de salud y promover alianzas estratégicas.
Uno de los ejes principales del evento fue la propuesta de un mecanismo interministerial para implementar la estrategia de «Una sola salud», que debe articular los enfoques de salud humana, animal y medioambiental frente a amenazas como pandemias, desastres naturales y enfermedades emergentes.
Durante la convención también se anunciaron alianzas clave con actores internacionales. El ministro cubano de Salud Pública destacó a China como un «socio estratégico» no solo por la donación de medicamentos y tecnología médica, sino por los múltiples proyectos conjuntos que ya están en marcha. Entre ellos se incluyen la creación de un parque biotecnológico en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, la implementación de un sistema de diagnóstico por imágenes basado en inteligencia artificial, la producción conjunta de medicamentos genéricos, así como acuerdos de capacitación de personal cubano en universidades chinas y el intercambio de investigadores en áreas como inmunología, farmacología y nanotecnología médica.
Por su parte, BioCubaFarma presentó una cartera de proyectos que buscan financiamiento y colaboración internacional, especialmente con la Unión Europea. Entre estos destacan la producción de vacunas terapéuticas contra el cáncer, el desarrollo de antibióticos de última generación, y la automatización de laboratorios para control de calidad sanitaria en el Caribe. Además, se propusieron iniciativas de transferencia tecnológica con empresas europeas, y modelos de coproducción de medicamentos esenciales, priorizando enfermedades no transmisibles y salud materno-infantil.
Esto significa que el gobierno está tratando de recuperar la credibilidad internacional de su sistema sanitario, profundamente afectado por la escasez, la fuga de profesionales y las denuncias de precariedad. En momentos en que el sector salud y la ciencia es uno de los más golpeados por la crisis, la diplomacia médica y la cooperación científica se presentan como un salvavidas tanto económico como simbólico. Reforzar el papel de China y de socios europeos en el desarrollo médico cubano es también una respuesta indirecta a las campañas de descrédito promovidas por Estados Unidos, especialmente contra las brigadas médicas en el extranjero.
También refleja una estrategia pragmática: ante la imposibilidad de realizar grandes inversiones internas, Cuba busca alianzas que permitan importar tecnología, atraer recursos y mantener su capital humano al menos parcialmente activo dentro del país.
En este sentido, la cooperación con China no solo implica donaciones, sino también un reposicionamiento geopolítico mediante la investigación científica conjunta en países con modelos alternativos al bloque occidental.
Nuestra opinión es que son pequeños pasos en la dirección correcta.
Utilizar los salarios como anclas para esperar que baje la inflación ha provocado una importante descapitalización del sector estatal y ha agravado la situación de precariedad de no pocos profesionales.
Priorizar determinados sectores vitales como el de la salud es fundamental para al menos estimular su permanencia en sus empleos. Ahora, si bien es una decisión en el sentido correcto, las cuantías de estos incrementos salariales están muy lejos de ser lo que hace falta para poder alimentar una familia y pagar la vida en la Cuba del 2025.
De todos esos aumentos salariales, el médico que más ganaría no superaría los 40 dólares al mes, una cifra muy baja en un país donde el debilitamiento de la oferta interna ha elevado los precios de los alimentos exponencialmente, que por demás, se forman teniendo en cuenta una tasa de cambio informal estimada por un medio de oposición a través de anuncios en redes sociales.
Por lo tanto, quien gane en pesos cubanos estará sometido a los vaivenes de la moneda con una tendencia siempre a la depreciación de la moneda nacional.
Este aumento salarial está en el camino correcto de premiar al que trabaja más duro y al más calificado, pero los montos, si bien pueden ser un ligero alivio para muchos, están lejos de ser una razón por la cual alguien cambiaría de opinión entre permanecer en el sistema de salud o abandonar su profesión.
También creemos que, aun en medio de la crisis económica y del deterioro evidente del sistema de salud pública, el potencial científico cubano sigue siendo innegable.
Así lo demostraron los múltiples avances presentados durante la V Convención Internacional Cuba-Salud 2025, donde se evidenció que Cuba cuenta con capacidades reales para innovar en biotecnología, investigación clínica y producción de medicamentos de alto impacto.
Las alianzas con países de la Unión Europea y China no solo pueden facilitar el acceso a recursos y tecnologías, sino que podrían ser clave para evitar el estancamiento y abrir oportunidades de desarrollo conjunto que mantengan viva la tradición científica del país.
No obstante, estos vínculos internacionales no sustituyen la necesidad urgente de garantizar condiciones básicas de vida para los profesionales que sostienen ese sistema. Sin un estímulo real, con salarios que permitan vivir dignamente, estabilidad laboral y condiciones mínimas en hospitales y laboratorios, es muy probable que dentro de unos años el capital humano que hoy se muestra como fortaleza termine desmovilizado, emigrado o desvinculado.
Cualquier alianza será bienvenida, pero sin un compromiso interno con la ciencia y quienes la hacen posible, que trascienda el discurso y se materialice en inversiones y apoyos para quienes la practican, el riesgo de que todo ese talento se pierda está más presente que nunca.
La noticia es que Expedia Group, junto con sus sitios afiliados Hotels.com y Orbitz, deberá pagar 29.8 millones de dólares a un cubanoamericano tras la decisión de un tribunal federal en Miami que falló a favor del ahora ciudadano estadounidense.
El empresario Mario Echevarría demandó a la compañía bajo el Título III de la Ley Helms-Burton, argumentando que estas plataformas lucraron al ofrecer reservas en hoteles ubicados en Cayo Coco, en un territorio que según el demandante pertenecía a su familia y le fue expropiado durante la Reforma Agraria a comienzos de la Revolución cubana.
El ciudadano que interpuso la demanda alegó que Expedia y sus subsidiarias obtuvieron beneficios en transacciones relacionadas con una propiedad enclavada en la cayería norte cubana, caso que ha ganado en el primer juicio con jurado, realizado a partir de la activación del Título III de la Ley Helms Burton.
La legislación aprobada en 1996 tiene un apartado que otorga la posibilidad a personas que hayan tenido propiedades en Cuba, y estas hayan sido nacionalizadas, de demandar a empresas que las utilicen.
La posibilidad tiene varias contradicciones que han promovido que otros casos similares hayan sido descartados o no elevados en la escalera de los procesos jurídicos. Entre las razones está que muchos de los que demandan no eran los propietarios originales, o no eran ciudadanos estadounidenses cuando esas propiedades fueron nacionalizadas.
También han sido descartados otros casos porque las empresas demandadas no son estadounidenses, y la defensa ha planteado que no hay jurisdicción para obligar a pagar compensaciones en cortes estadounidenses a entidades, por ejemplo, francesas, como Pernord Ricard, la distribuidora y comercializadora internacional de Havana Club, que también fue demandada en cortes en el pasado.
De todos los casos presentados hasta ahora, ninguna sentencia ha procedido a ser ejecutada, ya sea por apelaciones o porque los tribunales decidieron no aceptar el caso per se. Es debido a ello que la victoria de Echevarría marca un punto de inflexión en esta historia, ya que es el primer caso de este tipo que se realiza con jurado, y puede ser utilizado como precedente para la judicialización de otras demandas similares.
El juez falló a favor de Echevarría afirmando que las empresas demandadas «lucraron ofreciendo reservas a clientes», porque permitieron que estos hicieran reservas en hoteles enclavados en Cayo Coco.
Es importante mencionar que ninguno de esos hoteles existía cuando el demandante tenía la supuesta propiedad de esas tierras nacionalizadas como parte de la Reforma Agraria, una prioridad prometida por Fidel Castro desde su alegato de defensa en un juicio en 1953, cuando aseguró que entre las primeras acciones de su gobierno estaría redistribuir la tierra, en un país en el que había una marcada concentración grandes extensiones en pocas manos, principalmente de la alta burguesía cubana y empresas estadounidenses.
Expedia y sus afiliadas ofrecen reservas en hoteles de ese cayo como Iberostar Mojito, Iberostar Colonial y Pullman Cayo Coco. El grupo afirmó que no investigaron si esas instalaciones se encontraban en terrenos «confiscados», lo cual ayudó al fallo.
La firma de abogados que defendió al cubano a Echevarría, Rivero Mestre LLP, afirmó en un comunicado que el fallo era «una gran victoria no solo para nuestro cliente, sino también para la comunidad cubanoamericana en general, cuyos bienes fueron confiscados indebidamente».
Esta noticia significa que después de varios intentos de demandar a empresas que ofrecen servicios de reservas, como vuelos o habitaciones de hoteles, finalmente la activación del Título III se anota una victoria. Pero la historia no tiene por qué quedar ahí, pueden apelar al fallo a una corte superior, y que esta sentencia quede en papel muerto, como ya ha pasado con otros.
En un contexto como el de Miami, considerado el corazón del exilio cubano, pudiera cuestionarse si es posible garantizar un juicio totalmente imparcial en casos como este. La Constitución de Estados Unidos, en su Sexta Enmienda, establece el derecho a un juicio justo ante un jurado imparcial, y la ley contempla mecanismos para trasladar un juicio a otro distrito si se considera que el ambiente local puede influir en el veredicto. En procesos civiles, como este, la disposición 28 U.S.C. § 1404(a) permite solicitar un cambio de sede «por conveniencia de las partes y los testigos, en interés de la justicia». Esta opción cobra relevancia en casos donde el contexto local —la opinión pública, el jurado o incluso el juez— pudiera percibirse como predispuesto frente a la parte demandada.
Hasta ahora, el caso más conocido de litigios a través del Título III de la Helms-Burton fue contra compañías de cruceros que fueron demandados por Havana Docks Company, quienes rentaban los muelles de la bahía de La Habana en que atracaban los cruceros de Carnival y otras compañías. En aquel momento, los herederos de Havana Docks Company demandaron para obligar a las compañías a pagar 439 millones de dólares. Pero el Tribunal de Apelaciones del Onceno Circuito en Atlanta decidió que ese pago no procedía, y la sentencia quedó engavetada.
La Ley Helms-Burton fue aprobada por el expresidente Bill Clinton en 1996, coincidentemente con la crisis en la Isla del llamado «período especial» y al calor del derrumbe de un avión de la organización opositora Hermanos al Rescate, acusada por el gobierno cubano de tener vínculos con la CIA, que en más de una ocasión violó el espacio aéreo de la Isla.
La organización que surgió supuestamente para ayudar a balseros cruzando el estrecho, envió un avión a la Isla que fue derribado por las fuerzas cubanas, un caso que causó gran revuelo en la comunidad cubana en Miami. La ubicación exacta del derribo ha sido motivo de controversia; el gobierno cubano alegó que las avionetas habían ingresado en su espacio aéreo, mientras que Estados Unidos afirmó que estaban en aguas internacionales. En varias ocasiones anteriores estas avionetas habían lanzado cerca de las costas cubanas volantes con mensajes antigubernamentales.
Esta acción fomentó la aprobación de dicha Ley, que, entre sus muchas excepcionalidades, contempla el establecimiento de condiciones concretas para el levantamiento de las medidas unilaterales coercitivas, entre ellas, el establecimiento de un sistema pluripartidista en Cuba.
Por otro lado, la Helms Burton convierte las sanciones en leyes y no en programas presidenciales. De esta forma quita al presidente el control sobre la política hacia Cuba y se la otorga al Congreso, a pesar de que en el sistema político estadounidense una de las prerrogativas del presidente es la política exterior, algo duramente defendido ahora por Marco Rubio, ante los cuestionamientos a la administración Trump por las posturas y acciones controvertidas que adoptan hacia el mundo.
El Título III de la Ley Helms Burton había sido suspendido todos los años desde la aprobación de la ley, por considerarse poco viable, hasta que Donald Trump llegó al poder, lo cual abrió la puerta a estas demandas que han venido a promover casos en una sociedad altamente litigante, en que las demandas, las reclamaciones y los juicios son usados como vías para obtener ingresos acompañados por sentencias justas o no.
Akerman, la firma estadounidense que representa al gobierno cubano en Estados Unidos, afirma que desde su activación en mayo de 2019, han sido presentados alrededor de 40 casos.
Otro caso que tuvo atención mediática fue la demanda contra Amazon, el gigante de ventas online. La razón era que la plataforma de Jeff Bezos estaba vendiendo carbón cubano, supuestamente de madera cortada en tierras que pertenecían a un ciudadano cuya propiedad fue nacionalizada en 1959. Sin embargo, la demanda no procedió y el caso fue desestimado.
La defensa de varios de estos casos ha estado en el hecho —que explica Akerman— de que, para ser considerada con lugar, el demandante debe demostrar un daño concreto consecuencia de la conducta del acusado, y por tanto una decisión judicial tendría sentido.
La Corte Suprema, manifiestan los expertos, ha establecido que un demandante no puede alegar un daño sobre la base de elementos descritos por una legislación aprobada por el Congreso, es decir, no puede ser que el daño sea descrito por una ley y solo entonces el demandante alegue el daño. «El perjuicio debe haber existido independientemente de lo descrito por el estatuto [congresional]». Por lo tanto, no puede ser que de pronto una familia que ha hecho su vida en Estados Unidos, 60 años más tarde, obligue a una compañía a pagar millones de dólares por un supuesto perjuicio, que implica un daño repentino o retroactivo.
La prestigiosa firma añade que ya en el pasado algunos jueces han estado a favor de los demandantes porque las empresas o compañías que han lucrado ofreciendo servicios que involucran a propiedades nacionalizadas, han cometido algo reconocible por la ley estadounidense como enriquecimiento ilícito (unjust enrichment).
Varios casos han quedado fuera de la atención mediática, pero son verdaderos ejercicios de búsqueda en la historia para justificar demandas que redunden en abultadas multas a ser costeadas por empresas que están viviendo en el 2025, pero que pagan por nacionalizaciones que ocurrieron hace 60 años.
American Airlines fue acusada, pero la aerolínea se defendió diciendo que la propiedad demandada fue apropiada mucho después de la nacionalización. Es decir, sucede que hay entidades o personas que han heredado esas propiedades nacionalizadas y ahora reclaman como si hubiesen sido los dueños en 1959.
Pernod Ricard fue también demandada por un individuo de apellido Cueto Iglesias, por vender bebida en la Florida, cognac específicamente, producido con barriles y equipos que el gobierno cubano confiscó en 1963. El demandante reclama que Pernod trafica en la Florida por vender esos productos, aunque esa empresa es francesa, y por tanto, los tribunales estadounidenses no deberían tener jurisdicción sobre ella.
Lo más interesante de todo es que los casos que acusan a empresas que operan en Cuba vinculadas al sector turístico, como las reservas online, aerolíneas, cruceros, o compañías de tarjetas de crédito realmente están operando en una zona dudosa de la ley. La propia Helms-Burton incluye una cláusula sobre qué es «tráfico» —el delito por el que se presentan estas demandas—, pero excluye transacciones o usos de propiedades para viajes legales a Cuba. Por tanto, el uso de esas vías o propiedades necesarias para la realización de esos viajes, no estaría sujeto a litigación.
Esto implica que, a pesar de que sea reinterpretado por juristas deseosos de ganar jugosas demandas, la propia ley estadounidense que las admite en estos casos permite también el uso de dichas propiedades y servicios cuando son viajes legales a la Isla.
Nuestra opinión es que esta ley siempre tuvo la función de disuadir a inversores, mediante el temor a ser demandados, para que eviten hacer negocios en Cuba.
En un momento donde se ha reavivado la política de guerra fría, este caso puede ser el comienzo de fallos similares en otras demandas en curso, incluso a pesar de los muchos conflictos e inconsistencias legales que tienen.
Sin duda hay una tarea pendiente en el proceso inexistente de diálogo entre el Estado cubano y su comunidad en Estados Unidos: las nacionalizaciones y el derecho a compensación de los que partieron, aunque algunos de ellos renunciaron a las indemnizaciones ofrecidas en aquellos momentos.
La Revolución cubana no fue el único proceso político que apostó por nacionalizaciones durante la segunda mitad del siglo XX. Diversos países «no comunistas» implementaron políticas similares para fortalecer su soberanía económica y controlar sectores estratégicos. Por ejemplo, en México el presidente Adolfo López Mateos nacionalizó la industria eléctrica en 1960, y Venezuela, bajo el mandato de Carlos Andrés Pérez, nacionalizó su industria petrolera en 1976 mediante la creación de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). Ninguno de estos países tiene sanciones por ello.
Sin embargo, el número de casos, el tipo de demandas, y el asedio a cuanta empresa haga hasta lo más mínimo en Cuba luce como una oportunidad aprovechada por quienes quieren lucrar del pasado, y usar esos casos para sacar dinero a grandes compañías como Amazon y Expedia.
La activación del Título III ha tenido un impacto en las miles de familias que se beneficiaban directa o indirectamente, por ejemplo, de los visitantes que arribaban a diferentes puertos de la Isla, ávidos de un souvenir hecho en Cuba o de montarse en un carro americano. Pero los que toman estas decisiones piensan en el daño al gobierno y no en el daño a los cubanos que encuentran un respiro en los ingresos proveídos por el turismo.
Por otro lado, dejar al Estado sin entradas de divisas como una estrategia para desbancarlo del poder es un camino con muchas víctimas, porque es el Estado el que gestiona el sistema electroenergético nacional, o paga los servicios hospitalarios. Por tanto, aunque los políticos, influencers y medios repiten hasta el cansancio que la guerra económica es con el Estado, no con el pueblo, nunca reconocen que resulta imposible hacer quebrar a un país sin afectar a su ciudadanía.
Aquí solo ganan los que quieren intimidar para convertir a Cuba en territorio vedado, con la justificación de propiedades que a veces ni les pertenecían, pero que un singular instrumento jurídico les ha otorgado derechos sobre ellas, aunque se encuentren en otro país y hayan sido abandonadas por, o expropiadas a, sus dueños originales.
El Título III y sus casos parece más traer la historia por los pelos de gente que ni vive, ni se acuerda de lo que dejó en Cuba, y que ahora ante la oportunidad, quieren beneficiarse de empresas muy alejadas de este enfermizo conflicto.
El caso del niño cubano trasladado a Estados Unidos por una enfermedad genética, y que falleció tras casi un mes hospitalizado, reavivó el debate sobre la situación del sistema sanitario en la Isla.
El menor había sido diagnosticado en la Isla con neurofibromatosis tipo 1, una enfermedad hereditaria que afecta el sistema nervioso y puede derivar en tumores. Su madre denunció en redes la falta de condiciones para tratarlo, y pidió ayuda para trasladarlo. Luego de múltiples gestiones y demoras, incluidas exigencias de la embajada de EE.UU., entre ellas la de un documento que afirmara que las instituciones médicas nacionales no tenían condiciones para tratar la enfermedad, el niño fue ingresado en el Nicklaus Children’s Hospital de Miami. Allí falleció por una sepsis, tras 23 días de hospitalización.
Activistas y medios opositores culparon a las autoridades sanitarias cubanas de negligencia y mal diagnóstico, recalcando la presunta incapacidad del sistema de salud cubano para atender a un menor y la soberbia de no querer reconocerlo. Igualmente, propusieron crear una fundación con el supuesto objetivo de «defender y reivindicar los derechos de atención en salud de los enfermos en Cuba», y cuyos beneficiarios «deben de estar dispuestos a exponer los casos y hacerlos públicos», excluyendo a «personas con temor a defender la vida de sus hijos o la suya».
El Ministerio de Salud, por su parte, afirmó que la Isla contaba con los recursos necesarios para su atención y que los profesionales implicados actuaron con «sensibilidad», «entrega» y «amor». Luego del fallecimiento del niño, el Instituto de Hematología expresó sus condolencias y agradeció a los colegas estadounidenses por la atención brindada.
En todo momento del debate se enfrentaron las narrativas de una Cuba que pone a disposición tratamientos de última generación para todos los que los necesitan, contra la de un «Estado comunista fallido» incapaz de ofrecerle un tratamiento a un niño. Más que la vida de un menor, se discutía la legitimidad del modelo y las competencias de sus profesionales.
En medio del revuelo, el tema de las misiones médicas volvió al centro del debate, sobre todo porque durante toda la cobertura que se dio desde medios de la oposición se puso siempre en duda la capacidad, preparación y profesionalidad de los médicos cubanos.
¿Una potencia médica en el tercer mundo?
Más allá de determinar quién tiene la razón —algo que requeriría conocimientos médicos y acceso a la historia clínica—, sí creo que nos debemos una discusión sobre los problemas señalados al sistema de salud cubano.
La mayoría de los medios de oposición destacaron que la culpa de esta situación era del sistema «comunista» que impera en la Isla. Sin embargo, ¿las carencias denunciadas son exclusivas de Cuba?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), «solo un 29 % de los países de ingreso bajo declara que su población tiene generalmente a su disposición medicamentos contra el cáncer, frente a un 96 % de los países de ingreso alto»; igualmente, «en los países de ingreso alto […] más del 80 % de los niños afectados de cáncer se curan. En cambio, en los países de ingreso bajo o mediano se curan menos del 30 %». En otro informe señala que «cada año se atribuyen a una atención sanitaria deficiente entre 5,7 y 8,4 millones de muertes en países de bajos y medianos ingresos».
Entonces, ¿es justo y serio comparar la disponibilidad y calidad de servicios médicos en Cuba con la de países del primer mundo?
Si vamos a ser justos, esta comparación engañosa no solo ha sido realizada por la oposición. Durante muchísimos años, el Estado cubano se vanaglorió de que el sistema nacional era mejor que el de países capitalistas del primer mundo. Y lo cierto es que hasta en la crisis de los 90 funcionaba con relativa dignidad, e incluso con una cobertura más universal que la que tenían no pocos países desarrollados en ese momento.
Durante muchísimos años el Estado cubano se vanaglorió de que el sistema nacional era mejor que el de países capitalistas del primer mundo.
Por otro lado, el acceso masivo a los servicios de salud para las capas más empobrecidas de la población es una conquista relativamente reciente en varias partes, incluso del llamado primer mundo.
Por ejemplo, en Estados Unidos, aunque el programa Medicaid fue establecido en 1965 para brindar cobertura médica a ciertos grupos de bajos ingresos, no fue hasta 2010, con la ley popularmente conocida como Obamacare, que se amplió la elegibilidad de quienes podían acceder a estos servicios y el alcance de estos para cubrir a la mayoría de las personas. Aun así, según una encuesta aplicada en ese país en 2021, uno de cada 12 adultos estaba pagando alguna deuda médica.
Los mismos activistas opositores que gestionaron la salida del niño cubano, aunque recalcaron que en Estados Unidos «no se dejaba morir a nadie», reconocieron que el hospital pidió un fondo de 300 000 dólares para admitir al paciente.
Sin embargo, faltaríamos a la verdad si no decimos que hoy la situación en Cuba es muy distante a la de hace algunos años. La salud pública gratuita sigue existiendo, pero su deterioro es evidente.
No se necesita ser un experto en salud para notar el deterioro de los servicios médicos en la Isla. Son elementos comunes en casi todas las instituciones: equipos rotos y carencia de reactivos para análisis. Otros factores como la limpieza de los inmuebles o la calidad de la atención, muchas veces dependen de cada administración.
La carestía de medicamentos, tanto en farmacias como en hospitales, es probablemente de lo más alarmante. En diciembre del pasado año, el primer ministro Manuel Marrero Cruz afirmó que «de 651 productos que forman el cuadro básico de medicamentos, en el último mes 461 están entre falta y baja cobertura, por no contar con las divisas necesarias para financiar productos y materias primas». Esto significaría que solo un 30% aproximadamente del cuadro básico está garantizado.
La carestía de medicamentos, tanto en farmacias como en hospitales, es probablemente de lo más alarmante.
El personal es otro punto problemático. Según datos oficiales, entre 2021 y 2023 se perdieron 63,894 trabajadores del sistema de salud, específicamente 25,368 médicos. En el presente año, el salario medio en el sector de la «salud pública y asistencia social» rondaba por los 6,259, una cifra que no supera los 20 dólares al cambio informal y está muy lejos de cubrir la el costo de la vida. Esto no solo desestimula al personal médico, sino que los lleva a tener otros trabajos en el sector privado e informal de la economía que les restan tiempo y sosiego mental a su labor, y/o a depender de las ayudas de sus pacientes.
Tampoco podemos olvidar otras condiciones que funcionan para la ciudadanía como barreras al acceso a los servicios de salud. La crisis del transporte es una de ellas, que, combinada con la insuficiencia de ambulancias y el cierre de hospitales y policlínicos en zonas periféricas, obliga a los enfermos —principalmente aquellos con dificultades en el desplazamiento— a asumir los altos costos de transportación con taxis privados.
Igualmente, cada vez son más las personas con sobrecarga laboral que deben emplearse en múltiples lugares, algunos sin garantías ni derechos laborales, y que no pueden darse el lujo de «perder un día» para ir al médico.
Todos estos elementos ya tienen efectos palpables en la salud de la población, y van desde el aumento de la mortalidad infantil y materna, hasta el de las defunciones en general —aunque en estas últimas incide el envejecimiento poblacional.
Fallecimientos en Cuba / Fuentes ONEI
Del «Estado fallido» al esclavizador
Pero la polémica no se ha quedado en la ya tan trillada como infértil comparación entre «Comunismo versus Capitalismo». El caso del niño también se ha usado como una excusa más para atacar las misiones médicas cubanas, con un nuevo argumento: los médicos cubanos no solo son esclavos, sino que carecen de confiabilidad.
Por supuesto, no es algo nuevo, ni siquiera nació con esta administración. Aunque desde que Marco Rubio asumió como secretario de Estado, la presión se ha intensificado con sanciones a funcionarios, no solo de Cuba, sino de los países receptores.
Por su parte, la embajada de Estados Unidos en La Habana lleva varias semanas publicando testimonios anónimos de médicos supuestamente «esclavizados» en estos programas.
Si dejamos a un lado la rimbombancia de usar un término a la ligera —tan característica de la política sobre Cuba—, y revisamos documentos normativos de Naciones Unidas, vemos que la esclavitud moderna se define como «una sujeción excesiva por la que una persona somete a otra a una obligación o trabajo». El trabajo forzoso, una de las prácticas que se reconoce como parte de la esclavitud y que también ha sido esgrimida por las autoridades norteamericanas, se entiende como «todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente».
Entonces, ni siquiera en la curada selección de testimonios que ha publicado la Embajada ha podido demostrarse que alguno de los profesionales haya sido coaccionado para aceptar la misión, y mucho menos que el Estado cubano tenga una política para obligarlos a participar.
Ni siquiera en la curada selección de testimonios que ha publicado la Embajada ha podido demostrarse que alguno de los profesionales haya sido coaccionado para aceptar la misión.
Y ojo, con esto no quiero decir que las misiones médicas en el exterior no tengan zonas opacas que desde la ciudadanía cubana debemos debatir.
Hay muchísimas críticas que pueden hacérsele a este programa, entre ellas: la poca participación de los profesionales en la negociación de sus contratos; el alto porcentaje que retiene el Estado como intermediario; la imposibilidad de viajar con la familia a pesar de que las misiones, a veces, se extienden por años; y, para mí, la más grave: la normativa todavía vigente de que quienes abandonen la misión no pueden regresar al país en ocho años.
Igualmente, los participantes han reportado limitaciones de movimiento, exceso de carga laboral, y también se han producido denuncias de malas condiciones de vida en algunos casos. Estos elementos sí varían en dependencia del lugar de la misión y de quien la gestione.
El gobierno cubano ha evitado debatir estos señalamientos y, en su lugar, insiste en una narrativa heroica de altruismo que invisibiliza las verdaderas motivaciones de muchos médicos para participar: mejorar su calidad de vida; algo que sí han logrado gran parte de ellos, pues, aun con los porcentajes retirados, no pocos han podido comprarse casas en la Isla, equiparlas y además importar autos.
Si analizáramos estos altos impuestos desde una «mentalidad socialista», tal vez pudiera entenderse que el Estado retenga un porcentaje importante del salario en moneda fuerte para subsidiar un sistema de salud gratuito. Pero entonces, desde esa misma óptica, debiéramos decir que luego de pagado este tributo, no puede seguir pasando que sus colegas en la Isla no tengan guantes para trabajar, ni sus familiares medicamentos.
Si analizáramos estos altos impuestos desde una «mentalidad socialista», tal vez pudiera entenderse que el Estado retenga un porcentaje importante del salario en moneda fuerte para subsidiar un sistema de salud.
Ahora bien, si mañana los deseos de Marco Rubio y compañía se cumplieran y se eliminaran las misiones médicas, ¿qué ganamos los cubanos en la Isla? ¿Tendríamos un mejor sistema de salud? ¿Los galenos ganarían más por su trabajo?
Y lo más importante: ¿Estados Unidos tiene alguna alternativa para garantizar la salud a esos territorios empobrecidos en zonas aisladas a los que van los «esclavizados»? Pues no parece, y menos en un momento donde su presidente decidió salir de la Organización Mundial de la Salud porque salía demasiado caro y no respondía a sus intereses.
No en vano muchos de los Estados que han recibido presiones para eliminar las misiones médicas han afirmado que estas son imprescindibles y han decidido mantenerlas, asumiendo las consecuencias.
Incluso asumiendo que la formación de algunos médicos cubanos pueda haber decaído debido a la carencia de maestros, la desactualización de los programas curriculares o la falta de acceso a tecnología de última generación, lo cierto es que estos profesionales llenan vacíos en comunidades donde, antes de que llegaran, no había prácticamente ningún servicio de salud; una realidad tercermundista que estos «antiesclavistas» se niegan a reconocer.
Tampoco sobra decir que quienes acusan enérgicamente a Cuba de «esclavitud moderna» deportan, sin las garantías del debido proceso, a migrantes como Kilmar Abrego García a cárceles del Salvador donde los presos permanecen hacinados y alimentándose solamente de arroz y pasta. Aunque al parecer esos no son esclavos, sino terroristas con tatuajes a los que no hay que garantizar ningún derecho humano.
***
Un refrán muy criollo afirma que «mal de muchos es consuelo de tontos», por tanto, aspirar a un sistema de salud de «primer mundo» no debería dejar de estar entre nuestras metas como sociedad. Lo verdaderamente doloroso no es que Cuba salga mal parada al compararse con países desarrollados, sino que ni siquiera logre superar los estándares que ella misma alcanzó hace unos años. Romantizar la situación hablando de «espíritu de sacrificios», de «búsqueda de soluciones creativas» o de «cariño y amor» no va a ayudar en nada a quienes hoy ven sus enfermedades agravarse.
Dolorosamente, para salvar vidas no basta con la entrega, ni siquiera con la preparación de los profesionales sanitarios. Si no cuentan con los insumos necesarios para trabajar, ni con los fármacos adecuados, no podrán hacer bien su labor, por más comprometidos que estén.
Más allá de lo acertado o errado del tratamiento y diagnóstico a un paciente puntual, la crisis del sistema de salud cubano es innegable y, por tanto, es totalmente legítima la exigencia por parte de los cubanos, de que el gobierno rinda cuentas sobre qué está haciendo con los fondos resultado de las misiones, para garantizar a todos el derecho constitucional de una salud gratuita y de calidad.
Y es que la salud es eso: un derecho. Nunca debería ser una herramienta de propaganda ni de coerción. Abogar por la transparencia, justicia y eficiencia del sistema médico cubano es un camino aplaudible, pero nunca lo será alentar sanciones y restricciones externas que solo agravarían la situación. Y esto último debe ser rechazado por cualquiera que tenga un mínimo de respeto y empatía por los millones de cubanos que dependen de nuestros hospitales para vivir, y por los que nadie hará crowdfundings para salvarlos.
Ahora más que nunca es necesaria una organización que se preocupe por la salud democrática de la república y sea celosa de la soberanía nacional. Nunca imaginamos lo coincidente que sería con La Joven Cuba de Guiteras, por aquello de estar entre dos fuegos. Ya son 15 años.
Si mantenemos un espacio que apuesta por la pluralidad de voces expertas sobre Cuba para contribuir al debate público sobre hacia dónde debemos ir como país, es porque reconocemos que no conduce a ningún lado la rigidez ideológica que no admite el diálogo político. Creemos que nadie tiene el monopolio sobre el dolor; TODOS los cubanos han sufrido demasiado y lo que marcaría una diferencia sería dejar de imponerse unos sobre otros, empezar a construir juntos.
Lo que inició como un blog, hoy es una organización con siete áreas de trabajo y productos comunicativos de distintos formatos. Tal como hoy tenemos autores y editores en la Isla, aspiramos a un futuro en el que otras plataformas tengan esta posibilidad y puedan ejercer sus derechos constitucionales, con un marco jurídico que nos respalde, siempre respetando la soberanía de la nación.
«El ideal por el que luchamos no podrá ser alcanzado sin sacrificios, sin dolor y sin constantes desilusiones», advirtió Guiteras, y lo hemos comprobado a lo largo de estos 15 años. Pero también sabemos que vale la pena. La situación actual es más grave que nunca y consideramos inaceptable el status quo que ha normalizado el empobrecimiento continuo de varias capas de la sociedad cubana, la falta de acceso a recursos básicos de las familias, y la instrumentalización política de esa escenario, ya sea romantizándolo como «resistencia» o defendiéndolo como un «mal necesario».
Hacerle rendir cuentas a los actores políticos que hoy tienen responsabilidad en dicha situación, más allá de intereses partidistas, debe seguir siendo una meta para cualquier organización que apueste por el desarrollo democrático del país.
Por eso, con la misma convicción con la que comenzamos, seguimos comprometidos con el futuro de Cuba: uno donde la soberanía no sea consigna, sino realidad; donde el diálogo, la justicia social y la dignidad sean el centro de todo proyecto nacional.
Las bembas más rojas y más grandes del mundo aparecen de pronto en la plaza. Su dueña mide dos metros, demasiado para unos niños que miran desde allá abajo y que se ríen de tanta exageración. Llueven las fotos, las videollamadas. Una niña señala las manos inmensas, las uñas plásticas, la piel negrísima, la almohada bajo el vestido morado, donde van las nalgas y, antes de regresar al trabajo, el padre en la pantalla comparte la alegría de su hija al menos un par de minutos. «Menos mal que todavía hacen esas actividades –dice él a su esposa, a la que hace más de dos años no abraza–. Cuando termine vayan a almorzar a alguna parte, una pizza al menos, no seas tan ahorradora». Ella asiente, se dan un beso virtual y gira el teléfono para que él vea a la niña correr hacia donde han aparecido unos zanqueros.
Foto: Néster Núñez
Amarillo, morado, rojo, blanco, azul… Los zanqueros de la Compañía Noria son un disturbio de colores. Un alivio al humo de los días, al negro del carbón, a las sombras largas proyectadas en las paredes en medio de los apagones nocturnos. Los payasos del Mirón Cubano o de Teatro Andante tropiezan con un obstáculo invisible y caen solo para arrancarles carcajadas fáciles a las niñas de sayitas azules, cuyas madres aún tienen los recursos –dinero, tiempo, voluntad, amor– para llevarlas a bailar y a crecer al proyecto cultural Corcel de Esperanza. Hay más madres que padres entre los presentes, y mayorea el blanco en las pieles. Se notan las diferencias. Algunos de tez mulata disfrutan, sin integrarse al 100, desde un banco apartado. Pero entonces, como si mil corazones latieran al unísono, se escucha el sonido ancestral de los tambores, y todo se mezcla.
Foto: Néster Núñez
Los zapatos más gastados con los nuevos, los pelos rubios con los trigueños, los vestidos con los pantalones, los colombianos con los mexicanos, los avileños, los cienfuegueros, los de Matanzas, artistas y espectadores… todos van en el pasacalle que inaugura la XIII Jornada Internacional de Teatro Callejero. En la próxima esquina una señora me pasa por al lado susurrando:
–Como está la situación y el gobierno se pone a gastar dinero en esto.
Foto: Néster Núñez
No tiene tipo de hablar con odio. Más bien, por el sudor en su frente, parece de las que camina del trabajo a su casa porque no hay transporte público, o de las que hace magia con los cuatro mil pesos de salario para comprar medicamentos y comida para su madre enferma, o que viene frustrada de la cola del cajero automático sin efectivo en la cartera, o de las que no durmió bien por el calor y los mosquitos, y el cansancio físico y espiritual se le acumula día y madrugada. Una de esas cubanas que conforman la mayoría.
Foto: Néster Núñez
Haberla escuchado me hace ver la fiesta, el teatro, la puesta en escena, desde otra perspectiva. No hay pan, pero aún podemos darle circo al pueblo… ¿Es ese el pensamiento de los organizadores? ¿La intención es contribuir a la evasión colectiva, embelesar, engañar, vender la idea de normalidad? ¿En las circunstancias actuales es necesario, útil, beneficioso, hacer este tipo de eventos?
Foto: Néster Núñez
–Yo creo que sí –me responde sin dudar Miguel Pérez, de Teatro de los Elementos–. ¿Cuántas personas disfrutaron de ese pasacalle? Y no solo las que estaban, sino las que salían y se asomaban a las puertas y a los balcones de sus casas. Estaban en apagón también. Hay que ver cómo les cambiaba las caras mientras pasábamos. Otro ejemplo: los escritores de Ediciones Matanzas estaban en el Parque de la Rueda escribiendo cartas de amor, poemas, cualquier tipo de mensajes. Como soy actor y también narrador oral, hice promoción de aquello. Allí había muchísimas personas haciendo cola para entrar al banco, parados bajo el sol, y se acercaron, tuvieron minutos distintos, a algunas se les dio un abrazo. Porque también son necesidades que tiene uno. El público necesita esa alegría. Yo mismo tengo tres hijos y ninguno está aquí, viven en Estados Unidos. Hubiera querido traer a mi nieto, pero no pude.
Foto: Néster Núñez
El gremio de los teatristas padece las secuelas de la crisis como el resto. En sus propias casas, en su propia piel, y en el trabajo. La creación cuesta demasiado cuando la mente está pensando en lo inmediato: el plato de comida de hoy, el carbón para cocinar, en si tendrán electricidad a la hora del ensayo. Pese a todo, acudieron en masa a esta XIII Jornada de Teatro. Desde sus inicios en el 2002, tuvieron el propósito de llevar un poco de buen arte a los barrios periféricos, incluso a otros municipios. Este año, sin embargo, la mayor parte de las actividades se han programado en el centro de la ciudad. La escasez de combustible para el transporte y los circuitos apagados obligaron a cancelar algunas funciones y postergar la intención de promover la espiritualidad, la fantasía y los sueños donde probablemente sean más duras las condiciones de vida.
Foto: Néster Núñez
–Como artistas no solamente transmitimos risas, sorpresas. Creo que también podemos sembrar un mensaje. En mis espectáculos yo hablo de los sueños, de enfrentar los miedos. Cada artista se conecta con el mensaje que siente –dice Leandro Peré, un argentino-colombiano que encarna al payaso Leleque–. Creo que a veces a una persona le puedes cambiar la vida haciéndole reflexionar con esta sola pregunta: ¿Qué estás haciendo por tus sueños? Uno vino al mundo a aportar, y desde el arte es desde donde aporto. Yo estaba bien en Argentina: un amigo y yo rentamos una casita, tenía un auto que casi no usaba y un trabajo de lunes a sábado. Encima, dedicaba dos horas para ir y dos para regresar del trabajo. Me quedaba solo un día libre para ver a los amigos, estar con la familia, con la pareja, ir al fútbol, no sé… ¿Quién me pagaba todo ese tiempo? Al entenderlo, decidí retomar al payaso Leleque, que había surgido mucho antes. Dentro de los cientos de personas que van a mis funciones, ¿quién quita que al menos una tome la decisión correcta para su vida cuando yo les pregunto si están haciendo algo por sus sueños?
Foto: Néster Núñez
Una niña como de seis años se cruza de brazos delante de Leleque, en lo que pregunta: «¿Te acuerdas de mí?». Leleque abre mucho los ojos, abre también la boca sin decir palabra y se rasca la cabeza… Por suerte, la madre de la niña acude en ayuda del payaso: le muestra una foto. La misma niña, más pequeña, está junto a Leleque con los brazos cruzados y los cachetes inflados. Entonces basta con que él adopte la misma posición y vuelvan a retratarse. «Les hablé de ti a los niños de mi escuela, y y y… pinté un dibujo tuyo saliendo del globo», dice la niña.
Foto: Néster Núñez
A ellas dos no hace falta preguntarles si está bien empleado el dinero que cuesta un festival como este. Después de casi normalizar las carencias materiales de todo tipo, sería un suicidio dejarnos arrebatar también los eventos de la cultura que son para el pueblo, no para ciertas élites. Por esta vez, y ojalá para siempre, la Dirección Provincial de Cultura dispuso de los fondos necesarios. Un dinero que lo genera el pueblo y se gasta en beneficio del pueblo, como debería ser. Mercedes Fernández, fundadora y alma de estas Jornadas, está clara de eso:
Foto: Néster Núñez
–Si fuera un gasto innecesario, no hubiera tanto público aquí. El teatro de calle es un género multitudinario, es el evento de la cultura en Matanzas que llega a más personas en esta ciudad, pese a las limitaciones. Esta vez hemos logrado traer a 25 grupos nacionales y cinco del extranjero. Eso se logra también por el prestigio acumulado por el Mirón Cubano, tanto como grupo teatral como organizador principal de estas Jornadas. En la década de 1980, anualmente nosotros íbamos dos veces a cada municipio de la provincia. Aunque no se hablaba todavía de teatro de calle, hacíamos funciones en lugares públicos, abiertos, en los parques de los poblados y los bateyes. También hicimos una gira nacional por todos los centrales azucareros del país con la obra El gato de chinchilla o La locura a caballo, creada en especial para tocar y reinterpretar las problemáticas de ese sector poblacional. Todo eso fue una preparación para que en los 90, en pleno período especial, Albio Paz, quien entonces dirigía El Mirón, decidiera hacer espectáculos para la calle como modo de sobrevivencia, porque hacer teatro dramático en la sala se volvió imposible.
Foto: Néster Núñez
Apenas cuatro focos de colores iluminan un espacio del parque, pequeño, pero suficiente para realizar la función nocturna. Aun así, duele la oscuridad que nos circunda. Duelen los millones de cubanos que están fuera de este círculo de luz. Duelen los que con razón se han amargado y han dejado de priorizar la risa.
–Todos esos niños que están sentados en el suelo pasan incontables horas sin corriente en sus casas, sin poder ver muñequitos, trancados prácticamente… Que les saquemos unas risas vale mucho, y que se alejen una o dos horas de los celulares es una satisfacción muy grande para uno –dice Mercedes–. No solamente se trata de alegrarlos. El arte va de sanar, de que la gente no pierda la sensibilidad, de que se enamore estéticamente de lo que está viendo, que sientan, que construyan nuevas emociones. En definitiva, eso es lo que nos hace humanos.
Mickey 17 (Bong Joon-ho, 2025) no ha causado, ni muchísimo menos, el impacto de la película anterior del realizador coreano, Parásitos (Gisaengchung, 2019), que arrasara en los Oscars de ese año. Como era de prever, las expectativas en torno a su nueva pieza eran altísimas, pero con todo y contar también con dosis de terror, humor negro y crítica social, aquella no ha logrado convencer a la mayoría de los críticos, y menos al público. La opinión generalizada es que no rebasa lo superficial y va empeorando según avanza.
Bueno, pues a mí me encantó. No diré que supera a Parásitos, no es para tanto, pero sí que emplea un tono y saca a la palestra algunas ideas que entroncan con las corrientes de pensamiento que la ciencia ficción literaria lleva más de un siglo desarrollando.
Mickey Barnes es un individuo modélicamente anodino que debe escapar de la Tierra por deudas, y para ello no se le ocurre nada mejor que ofrecerse para una plaza de prescindible en una expedición colonizadora a otro planeta. En este contexto, prescindible significa convertirse en carne de cañón, en ser designado para misiones suicidas con el consuelo de que la información de tu Yo está guardada en un disco duro, así que pueden reimprimirte una y otra vez: mueres y vuelves a vivir (no a nacer, claro, sino que retornas al punto en que lo dejaste, como una película o una canción en tu ordenador) y ya estás listo para la inmolación que sigue.
Pero los Mickeys no son exactamente iguales, lo que resulta palmario cuando el 17 no fallece en unas circunstancias en que se esperaba dicho desenlace, y he aquí que de pronto coexiste con el recién impreso 18 (lo que, por cierto, me recordó Moon [Duncan Jones, 2009] con un Sam Rockwell múltiple abocado a parecida crisis de identidad): si el 17 es sumiso y no demasiado brillante, el que le sigue es duro y enérgico. Ambos, por otra parte, tienen otra cosa en común más allá de la información almacenada: no quieren morir. Ahora bien, Marshall, el jefe de la misión (interpretado por Marx Ruffalo) no es un tipo que se caracterice por escuchar a los demás, y sí en cambio por un ego inflado y una vomitiva arrogancia. Marshall exige matar a uno, y matar también a los creepers, una forma de vida nativa que, según 17, es inteligente…
Bueno, no voy a seguir contando. Mickey 17 me reconcilió con Robert Pattinson, un tipo que hasta ahora yo veía como un galancillo del montón. Su actuación, junto a la de Ruffalo, es sólida y convincente: basta mirar al decimoséptimo Pattinson para diferenciarlo del decimoctavo, y leer la gestualidad del Marshall de Ruffalo para equipararlo a cierto presidente norteamericano desgraciadamente activo. Las actuaciones femeninas son todas estupendas: Toni Collette como la retorcida esposa del máximo líder, la británica Naomi Ackie como Nasha, la sensual novia de 17 —y, llegado el momento, también de 18—, la rumano-francesa Anamaria Vartolomei (a quien vimos hace poco en Le Comte de Monte-Cristo [Matthieu Delaporte, Alexandre de La Patellière, 2024] como Kai, la agente de Seguridad) …
Otro aspecto notable de la más reciente pieza del coreano es la puesta en escena, la grandiosidad de los escenarios, que me recordaron simultáneamente la Dune de Villeneuve (2021, 2024) y la paisajística oriental, algo en la cuerda del japonés Hokusai. Igualmente, me sedujo el humor negro que impregna esta reflexión sobre la individualidad y la muerte, esta sátira agridulce sobre el capitalismo expandido a escala cósmica y la necesidad de enfrentarlo.
Con The gorge (Scott Derrickson, 2025) y pese a la participación de Miles Teller, Anya Taylor-Joy y la veterana Sigourney Weaver, me sucede, en cambio, lo que la gente le achaca a Mickey 17: empieza bien, pero luego se hace tan hollywoodense que repugna.
La premisa es sumamente atractiva: en un país que nunca se define existe un misterioso desfiladero en cuyo fondo se esconde algo innombrable, y dos francotiradores (él, Levi, norteamericano; ella, Drasa, lituana, en la órbita rusa) son enviados a ambos lados del abismo para vigilar que nada entre y, sobre todo, que nada salga. No son los primeros, pues relevan a sus respectivos predecesores, que al parecer vuelven a su vida normal una vez terminado su año de servicio. Al parecer, dije. Durante ese tiempo, los vigilantes no pueden tener contacto con el mundo… No sé a ustedes, pero a mí esa situación se me hace interesantísima como punto de partida.
Al cabo de un tiempo, empiezan a comunicarse de un lado a otro, y llega un momento en que necesitan la proximidad física, vencer el abismo que los separa. Los abismos, de hecho. Y lo consiguen. Hasta ahí, todo iba bien. Sin embargo, pasado ese punto se estropea una magnífica oportunidad de desarrollar una metáfora de la incomunicación, se desdeña la magia y se cae en la habitual narrativa de acción y tiroteos con ridículo (e improbable) final feliz incluido. Si en Mickey 17 los creepers resultan ser buenos y tener comportamientos humanos pese a su condición alienígena, aquí los monstruos son malos y quieren acabar con la feliz pareja, que consigue escapar, pese a que nadie antes supo cómo hacerlo, intactos y apenas radiactivos.
Siempre es un placer ver a la Taylor-Joy en acción, y a la Weaver aunque no es mucho lo que hace aquí. La puesta en escena es espléndida… antes del descenso al abismo. Aunque haya enigmas, se pierde el misterio.
The electric state (Anthony Russo, Joe Russo, 2025) es todavía peor. Desde luego, disponía de buenas cartas, como la presencia de Millie Bobby Brown y Chris Pratt, una exitosa novela gráfica desde la cual levantar la arboladura cinematográfica, y dos directores duchos en facturar, eh, productos Marvel. Por si fuera poco, contaba con 320 millones de dólares.
El punto de partida, aunque trillado, tenía lo suyo: en una realidad alternativa, los robots más o menos antropomorfos están presentes en la vida doméstica desde mediados del siglo XX. Llegados a un punto (comienzos de los noventa) se rebelan para obtener sus derechos. Pierden. Los sobrevivientes (término interesante, aplicado a la inteligencia artificial) son confinados en campos de concentración. Una chica (MBB) descubre de pronto que su hermano menor, a quien tenía por víctima de la guerra, puede estar vivo todavía, y sale a buscarlo… Vale, no es exactamente Dante Alighieri o Cervantes, pero se diría que bastaba para sacar algo en limpio.
La película se abarata (otro término curioso en este contexto) cuando empieza a moverse en un indefinido territorio a medias entre el Disney más ramplón y una pretendida hondura filosófica. La Brown empieza a repetirse peligrosamente, y el desempeño de Pratt es, en esencia, intercambiable por el de casi cualquiera de sus películas anteriores. Hay, además, algunos tirones argumentales. Sí, los millones invertidos se notan en los CGI, en el minucioso diseño de los robots individuales y los diferentes escenarios, vistosos donde los haya, pero, aunque puedas vestir a Marco Rubio con atuendo de monje benedictino, no conseguirás sino un monje poco convincente.
Está visto que, por más que Isaac Asimov nos halara insistentemente las orejas, no aprendemos con la IA. Herramienta utilísima, qué duda cabe, pero que se nos puede ir de las manos. Y aunque otras voces siguen alertando al respecto, pareciera que no nos importa.
Habría que ver entonces quiénes son los monstruos.
La noticia es que el gobierno cubano ha confirmado que varias personas han intentado y han logrado entrar en Cuba equipos Starlink, que permiten la conexión a Internet utilizando una constelación de satélites que orbitan cerca de la Tierra, una tecnología perteneciente al oligarca sudafricano y empleado por el gobierno estadounidense, Elon Musk.
Los rumores sobre el uso de estos generadores de señal de Internet al margen de Etecsa fueron investigados por algunas plataformas mediáticas críticas al gobierno cubano, quienes confirmaron la existencia de un modelo de negocios con esta teconología, que infiltran en algunos barrios y luego proveen servicios a la comunidad por precios que pueden rondar los 40 USD o más, según el paquete que se adquiera.
A pesar de que Cuba, como es de esperarse, no está disponible en la lista de países en los que Starlink puede utilizarse, evidentemente hay personas que lo han comprado, lo han activado con pagos internacionales y luego lo han entrado al país, posibilitando su uso en la Isla, a pesar de que la empresa estadounidense no tiene licencia para operar en el espacio radioeléctrico cubano.
Pero, ¿para qué usar este aparato con los altos costos que implica adquirirlo, y luego pagar por su servicio? Si bien en la Isla existe el acceso a Internet y hay un alto nivel de penetración de las redes a través servicios móviles, el monopolio que gestiona las telecomunicaciones en Cuba, Etecsa, es saco de boxeo de las críticas en el menú de desahogos de cualquier conversación a nivel nacional.
«Etecsa no ayuda», es una frase típica de cuando se cae una llamada; «si se va la luz se va Internet», afirman muchos que sufren los apagones. Cuando el servicio se interrumpe también muchos se preguntan «¿quién estará protestando?», haciendo referencia a los cortes de Internet temporales en medio de manifestaciones, teniendo como ejemplo más memorable las protestas masivas del 11 de julio de 2021. En aquel momento, la periodista de AP Andrea Rodríguez increpó en conferencia de prensa al ministro de exteriores, Bruno Rodríguez, por el corte del servicio de datos y su respuesta fue: «hemos sufrido los de electricidad también».
Por otro lado, desde que los apagones se han vuelto crónicos las redes también se han visto afectadas debido a que las antenas repetidoras no tienen baterías y dejan de funcionar al irse el fluido eléctrico. Esto incluso fue reconocido por las autoridades cubanas en una comparecencia en la que se anunciaba un plan de inversiones para Etecsa que estaría acompañado del cobro de servicios en divisas y el aumento del precio de algunos otros, en moneda nacional.
A ello se suma la poca disponibilidad del servicio de Nauta Hogar, que tiende a ser mucho más estable, pero inaccesible en muchas zonas del país, incluso de la capital. A inicios de este año la presidenta de Etecsa afirmó que «las proyecciones apuntan a llevar fibra hasta los hogares, pero no contamos con los recursos financieros necesarios para responder a estas necesidades».
Con todas estas dificultades hay lugares que prácticamente están desconectados, pues la red 3g o 4g permanece saturada en la mayoría de los horarios, y el servicio de Nauta Hogar no está disponible.
Etecsa se ha pronunciado recientemente sobre las reiteradas críticas. Afirman que el crecimiento en la demanda de servicios de Internet ha generado una mayor carga en la infraestructura disponible, en la que no se ha podido invertir al ritmo deseado por falta de divisas, explicó a Cubavisión Internacional, Kevin Castro, director adjunto de la Vicepresidencia de Operaciones de la Red de Etecsa. También mencionan que la red se ha puesto más difícil debido a interferencias externas en la red móvil celular, provocadas por antenas ilegales y equipos no certificados, sin mencionar si eran equipos como los Starlink. Los directivos añadieron al menú de problemas los actos vandálicos que tildaron de «contrarrevolucionarios», como corte de cables y robo de partes y piezas de las instalaciones telefónicas.
Queda claro que Etecsa no tiene la capacidad financiera y tecnológica, y probablemente de recursos humanos, para enfrentar el desafío de mantener con conectividad a todo al que haya pagado por ella.
Ante esta realidad, algunos buscan alternativas para tener Internet, considerando que ya muchos se han acostumbrado a él, y que no son pocos los negocios, tiendas, y servicios, registrados o no, que funcionan por WhatsApp o Telegram, plataformas usadas también por el gobierno para, por ejemplo, organizar las colas para el expendio de combustible.
Ya sea ordenar el almuerzo, comprar un medicamento, o pedir un taxi: cualquiera de estos servicios, especialmente en La Habana, requiere Internet, una necesidad urgente para el cliente, pero aún más para el empleado que ofrece su fuerza de trabajo utilizando estos canales de comunicación.
Tampoco es despreciable la cantidad de programadores cubanos que se subcontratan con empresas extranjeras y que necesitan una conexión estable para su trabajo en un contexto de pocas alternativas. Si bien Etecsa ha establecido servicios especializados para empresas privadas dedicadas a estos fines, lo cierto es que hay un grupo significativo de trabajadores autónomos que laboran de manera informal y no pueden acceder a ellos.
Hace algunos días, la plataforma El Toque publicó un reportaje revelando cómo el servicio de Starlink disponible en Cuba ofrece una velocidad más de 10 veces superior a los 3 mbps que como promedio ofrece la banda ancha fija de Etecsa, confirmando lo conocido, que Cuba es uno de los países con más baja velocidad de Internet en la región.
Por otro lado, un artículo en Radio Rebeldeafirma que «todo servicio satelital requiere una licencia de la autoridad nacional (en este caso, el Ministerio de Comunicaciones de Cuba) y notificación a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Los equipos de comunicaciones satelitales Starlink no cumplen con ese trámite en Cuba, lo que lo convierte en un servicio ilegal, según el marco internacional».
Esta noticia significa que el acceso a Internet continúa siendo un área contenciosa para el gobierno cubano, a la cual están accediendo nuevos actores informales que han causado la alerta de las autoridades.
El espacio radioeléctrico ha sido una trinchera para subvertir el orden de cosas en Cuba desde hace más de 50 años con plataformas de propaganda como Radio y TV Martí cuya señal está bloqueada en Cuba.
Sin embargo, este escenario se ha complicado aún más en un contexto donde algunos perfiles en redes sociales y medios de presa opositores —muchos de ellos también bloqueados por los servicios estatales de Internet— están alineados a una estrategia de cambio de régimen articulada por un gobierno extranjero.
Lo cierto es que estas plataformas hoy conviven más cómodamente en redes sociales ampliamente utilizadas por los cubanos como Youtube o Instagram, sin que el gobierno cubano pueda controlarlo.
Si bien la conectividad a Internet por los pasillos laterales a Etecsa es parte del enfrentamiento entre ambos países, la verdadera lucha se dirime en el contenido, hoy cada vez más dominado por narrativas polarizadas en redes sociales, donde los perfiles y medios afiliados al gobierno cubanos muchas veces juegan en desventaja, ya sea por los pocos recursos disponibles, la falta de preparación del personal que los gestiona, o bloqueos selectivos por parte de los algoritmos de estas plataformas.
Significa también que la resiliencia del barrio cubano no tiene límites, y baipasea sanciones y distancias socioeconómicas, poniendo en un recóndito barrio habanero, con apagones y baches, un dispositivo de una empresa propiedad del egocéntrico dueño de Twitter, SpaceX y Tesla, uno de los hombres más ricos del mundo y que tiene al aparato institucional estadounidense pidiendo agua por señas.
Significa además que el Estado cubano está aplicando una resolución escrita y pública, en la que se dice claramente que importar dispositivos que irrumpan en el espacio radioeléctrico sin autorización es ilegal. Pero está claro que los veedores de rayos X en la aduana no han sabido reconocer o impedir la entrada de unos cuantos Starlinks que ya se encuentran en la Isla.
La soberanía de los Estados sobre el espacio radioeléctrico es algo que la UIT, con sede en Ginebra, defiende, y en el pasado ya ha fallado a favor de preservar el control gubernamental sobre el espectro. En un caso también controvertido que involucraba una demanda de Irán de que no le interfirieran el espacio radioeléctrico, la UIT falló a favor de Irán.
La congresista cubanoamericana María Elvira Salazar ha prometido y lanzado propuestas poco elaboradas de proveer Internet a Cuba que no dependan del control del gobierno, una iniciativa rara considerando que el gobierno estadounidense limitó el acceso a Internet a Cuba severamente, y todavía hoy, debido a las sanciones, múltiples servicios para el trabajo científico o la inteligencia artificial están prohibidos en Cuba y deben usarse con VPN. En agosto de 2021 presentó la «Operación Starfall», que informaba sobre un proyecto para ofrecer internet a Cuba con globos aerostáticos o tecnología satelital, algo que de alguna manera ya intentó Radio y TV Martí, y terminó en un rotundo fracaso.
Salazar publicó en la red social de Musk, una foto en la que ella tiene medio cuerpo sobre una mesa intentando acaparar la atención del magnate, y la acompañó con el texto: «Fue genial hablar con Elon Musk esta mañana sobre llevar conectividad a Cuba. Tenemos la tecnología solo necesitamos la voluntad».
El post generó una serie de reacciones y preguntas sobre cómo harían eso, ya que Starlink gratuito para Cuba no parece ser una opción viable para un hombre tan inclinado al lucro. Salazar respondió entonces con otro mensaje en X: «Sobre mi conversación con Elon Musk acerca de la conectividad a Cuba, cito a José Martí: “En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”», paradójicamente, esa frase es famosa en Cuba por una serie de televisión que pone como héroe a un agente de la seguridad del Estado.
Hasta el día de hoy, María Elvira, muy dada a obtener crédito y hablar alto sobre lo que ha logrado y lo que no, ha sido cautelosa en ofrecer algún resultado en esta área, mucho menos ahora cuando está centrada en evitar que los cubanos con residencia viajen a Cuba «a Varadero o a celebrar los 15 de la niña», según afirmó recientemente en entrevista; o en ver cómo limpia su imagen ante las familias hispanas, a las que ella prometió representar, y hoy tienen a varios de sus miembros deportados sin el respeto al debido proceso.
Nuestra opinión es que, si bien el espacio radioeléctrico está sujeto a la soberanía de cada Estado y los gobiernos tienen derecho a aplicar leyes para protegerlo, la defensa legítima de este no debe significar aplicar penas y dejar sin alternativas de conexión a quienes hoy utilizan este mecanismo informal, considerablemente caro, por ausencia de servicios estables y funcionales dentro del territorio nacional.
No obstante, el monopolio cubano de la telefonía debe revisar su gestión a profundidad, y rendir cuentas sobre las limitaciones de su trabajo, así como transparentar las dificultades que enfrenta, y dónde pone los recursos que tiene, considerando que son una empresa pública.
Las justificaciones, o incluso la defensa argumentada de la soberanía del espacio radioeléctrico nacional no valdrán para quienes hoy dependen de una conexión estable para trabajar y así garantizar un sustento para sus familias.
Lo cierto es que Estado cubano quiere conservar el monopolio de las telecomunicaciones concentrado en una sola empresa pero no está cumpliendo el encargo social que tiene en cuanto a proveer los servicios. Si no puede, debe llevarse a revisión y «cambiar lo que tenga que ser cambiado» para ofrecer un servicio de calidad a los cubanos. Como siempre, los mecanismos informales buscarán la forma de llenar estos huecos, más en una era donde el Internet ya viene siendo un servicio tan básico como el agua o la electricidad.
En la mayoría de los países del mundo, los servicios de Internet son ofrecidos por múltiples proveedores que compiten por brindar mayor cobertura, mejores precios y más estabilidad. En Cuba, en cambio, la decisión de mantener un único operador estatal parece responder más a razones políticas que a un compromiso real con la mejorar servicios para la población. Esta falta de competencia incide negativamente el desarrollo tecnológico del país y termina castigando a los ciudadanos, que enfrentan una conectividad limitada e inestable, en un contexto donde el acceso a Internet es ya una necesidad vital.