La noticia es que la población cubana decrece y el 2024 se convirtió en el peor registro de natalidad en más de seis décadas, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información, que publica reportes parciales de la situación de la sociedad y la economía.
A partir de la información de la Onei, se conoció que el pasado año se registraron 71,358 nacimientos, el menor número de nacimientos desde hace 65 años. Asimismo, la Isla tiene un 25.7 % de su población envejecida, lo cual junto a la baja natalidad y la imparable emigración contribuye a que en los últimos cuatro años la población cubana haya disminuido drásticamente también.
Aunque el Censo de población está en fase preparatoria y se planifica su ejecución para finales de este año, la Onei se ha adelantado haciendo algunas estimaciones en torno a los números de una crisis ya palpable que afecta a todos los sectores de la realidad cubana.
Solo en el 2024, partieron de Cuba 251, 221 personas, aunque el vicejefe de esa entidad, MsC. Juan Carlos Alfonso Fraga, afirmó que han emigrado menos que en los dos años anteriores, pero la cifra continúa siendo elevada.
El censo debe durar al menos dos meses y las autoridades han pedido la cooperación de la población para que se ejecute con la mayor calidad en un país que no ha sido sometido a un censo en más de una década.
Del tan llevado y traído 11 millones de personas, que es el estimado que ha tenido Cuba en los últimos años, Cuba cerró el 2024 con 9,748,007 habitantes, en uno de los innegables rostros de la crisis, la baja natalidad y la emigración.
Aunque las autoridades refieren que la población cubana siempre ha emigrado, y que desde la década del 70 no se logra el reemplazo poblacional, admiten que este alarmante decrecimiento es consecuencia de la crisis económica que vive el país.
Otro de los reportes de la Onei que da cuenta de la tragedia económica nacional es el deterioro del transporte público. En el primer trimestre del 2025, los ómnibus públicos transportaron un 23% menos de pasajeros en comparación con el mismo periodo del año anterior. Esto equivale a 13.7 millones de personas menos con acceso al servicio, lo cual tiene una repercusión marcada en la economía y en la vida de la población, pues cientos de miles dependen de estos medios para llegar a sus trabajos y demás actividades cotidianas.
En cuanto al servicio de taxis, también se observó una reducción, con 33.5 millones de pasajeros transportados frente a los 36.3 millones del primer trimestre del 2024. En contraste, los medios alternativos como bicitaxis, camiones, vehículos de tracción animal y taxis privados experimentaron un incremento del 9.7%, alcanzando los 95.9 millones de pasajeros en comparación con los 87.4 millones del año anterior.
Las cifras de la Onei ponen en papel una realidad que se ve en cada parada y en las dificultades para transportarse: en el primer trimestre del 2025, el total de personas transportadas en el país fue de 212.2 millones, lo que representa una caída del 4% con respecto a los 221 millones del mismo periodo en 2024. Esta disminución refleja las dificultades que enfrentan los ciudadanos para moverse de un lugar a otro, lo que lleva a muchos a limitar sus desplazamientos o a cambiar de trabajo para reducir tiempo y costos de traslado.
Además del deterioro en los servicios de transporte, las condiciones de la infraestructura vial también presentan desafíos significativos, debido al abandono durante décadas. Solo el 29% de las carreteras cubanas se encuentra en buen estado, y el mal estado de las vías ha sido identificado como una de las causas de accidentes de tránsito, representando el 8 % de los registrados solo hasta abril de este año.
El gobierno ha reconocido que la falta de mantenimiento en las calles y carreteras, además de la obsolescencia del parque automotor, con vehículos de entre 40 y 70 años de antigüedad en circulación, son factores que contribuyen a la accidentalidad en las vías.
El Centro Nacional de Vialidad ha priorizado la reparación de tramos clave, y se ejecutaron trabajos en la Autopista Nacional y la Carretera Central. Se destinaron 15,170 toneladas de hormigón asfáltico frío para reparar baches. Entre las prioridades para el próximo período está el Viaducto de La Farola, y los tramos que conectan provincias.
Mientras tanto, esta semana fue noticia también que un accidente ferroviario en Camagüey provocó el descarrilamiento de un tren de la ruta Holguín-La Habana, dejando heridos leves y afectando 80 metros de la vía férrea. También obligó a que los trenes que circulan por la zona reduzcan su velocidad a 15 km/h, alargando las ya agotadoras horas de esos viajes en tren de Occidente a Oriente.
Estas noticias significan que la policrisis que padece Cuba no se observa solamente en los precios de los alimentos o en los apagones, sino en otros indicadores como la pérdida de población, y con ella mucha fuerza laboral calificada, y el deterioro de servicios e infraestructura tan básicos como las calles sobre las que transitar.
Significa, además, que el estado de «economía de guerra» al que alude el gobierno es, en efecto, una realidad económica, pero no una práctica adoptada de manera coherente por las autoridades, que debería ser transversal a todo el funcionamiento del país. Viajes al exterior de larga duración por parte de amplias delegaciones, celebración de ferias y conferencias en una parte del país, mientras el resto tiene electricidad ocasionalmente, son solo algunos ejemplos de cómo no debería funcionar un país que se declara en «economía de guerra».
Nuestra opinión es que la Onei cumple su encargo social al publicar estas cifras actualizadas sobre áreas clave de la economía nacional, porque solo si se tiene una proporción numérica se puede abordar el problema desde su urgencia. Ofrece además acceso a información pública que permite tomar conciencia de la magnitud de la crisis y exigir coherencia a los funcionarios con el encargo social que asumen.
Los problemas que padecemos en la vida cotidiana tienen una expresión estadística que, en medio del complejo contexto nacional, constituye una verdad dura, pero inocultable, y al mismo tiempo un arma para gestionar soluciones. La gravedad del momento requiere voluntad política y medidas urgentes que estén a la altura de una sociedad que envejece y se empobrece. Ante esta realidad, el país no puede permitirse la inercia ni la retórica.
La noticia es que el empresario cubanoamericano Frank Cuspinera, dueño de la tienda Diplomarket, conocida popularmente como el Costco cubano, se encuentra en prisión y supuestamente escribió una carta de denuncia difundida por el youtuber Alexander Otaola, y replicada por otras plataformas políticas y medios de prensa de la oposición. El suceso ha causado múltiples reacciones en redes sociales.
Presuntamente Cuspinera escribió una carta firmada el 21 de mayo y solicita que la comunidad internacional intervenga ante las instituciones cubanas por lo que llama «violaciones constantes de mis derechos y la negación de garantías legales a mi defensa por parte de las instituciones estatales cubanas y sus representantes».
Según Cuspinera su abogado actúa contra él, y «han limitado mi acceso a la justicia». El cubanoamericano anunció que iniciará una huelga de hambre a partir del 1ero de junio, en lo que pudiera interpretarse como un intento de politizar el caso como vía para llamar la atención sobre su situación.
La información disponible sobre el asunto parte de fuentes no confirmadas y de plataformas políticas opositoras al gobierno cubano. «Estaré dispuesto a llegar a consecuencias extremas» hasta que se le garanticen sus derechos a una pronta defensa y a una fianza, escribió Cuspinera.
El empresario está detenido desde el 20 de junio del año pasado sin mucha explicación pública. Cuspinera era el propietario de una tienda ubicada en el kilómetro 8 y medio de la Carretera Monumental, a 10 kilómetros al este de la Capital. Mantenía una relación cordial con el gobierno cubano, y firmó cartas que reclamaban el fin de las sanciones norteamericanas.
Según los reportes, auditores y autoridades del Ministerio del Interior arribaron al lugar en dos guaguas, incluyendo funcionarios del Grupo de Administración Empresarial S.A (GAESA).
Horas antes de esa redada, Diplomarket había anunciado en su grupo de WhatsApp que estaban cerrados debido a problemas para operar porque la licencia comercial debía ser renovada.
Antes de que esto ocurriera, varias plataformas políticas y activistas opositores al gobierno tildaban al empresario de «testaferro» del gobierno cubano por ser uno de los tantos que buscó una vía estable para importar productos de Estados Unidos a Cuba. Sin dar muchas pruebas asociaban su negocio a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, hijo del fallecido Luis Alberto Rodríguez López-Calleja y Déborah Castro Espín —hija de Raúl Castro—. También le señalaban que su registro estaba en los Estados Unidos, sin embargo, su tienda física no constaba en el listado de mipymes cubanas publicado de forma periódica por el Ministerio de Economía y Planificación.
Según un correo electrónico anónimo hecho público por la plataforma opositora La Tijera, la intervención del negocio suscitó que el dueño y su esposa quedaran incomunicados y que fueran acusados de evasión fiscal, tráfico de moneda y lavado de activo, pero ellos afirman que esa acusación fue solo un pretexto para confiscar sus bienes.
Luego de hacerse pública la carta, el periódico opositor 14ymedio publicó una entrevista a un familiar anónimo que amplía la información. La fuente afirma que «tenían una denuncia por evasión fiscal, sin haberles hecho en ningún momento una auditoría previa» y que «pensaron que se trataría de una confusión, que les dejarían abrir las empresas después de resolverla», sin embargo, esto no ocurrió.
Más adelante llama la atención sobre que en el momento del arresto los funcionarios alegaron «que no se depositaba el dinero de las ventas en el banco y causó daño al mismo y descontento a la población», y justifica esta actitud con la falta de liquidez de los bancos cubanos y los mecanismos inefectivos para importar mediante estos: «ni las importadoras estatales ni los bancos garantizaban la disponibilidad de dólares ni las transferencias al exterior para pagos a proveedores aun cuando se depositaba la divisa».
«Aquí todo el mundo sabe que todas las mipymes hacen tráfico de moneda, porque cuando hicieron la ley de empresa privada la hicieron a sabiendas de que nunca iba a haber disponibilidad en el banco de obtener la divisa legalmente. Se sabe que el mayor porciento de todo lo que se comercializa en Cuba son productos importados obtenidos con transacciones en divisa» agrega la fuente.
El familiar entrevistado achaca el arresto a que Diplomarket le hacía competencia a las tiendas estatales y a las empresas de paquetería porque mantenía mayor surtido con «productos originales», y que esa fue la razón principal para que lo procesaran. No obstante, el mismo periódico afirmaba en 2023 que el local vendía a «precios estratosféricos», que se encontraba «fuertemente vigilado», no se permitía «hacer fotos ni grabar videos, y los trabajadores caminan detrás de los clientes cuidando cada movimiento, disfrazando el celo de amabilidad», además de que solo aceptaban pagos en dólares en efectivo, lo que contraviene lo establecido por la ley cubana.
Esta noticia significa que emprender una tienda de esas proporciones, y ser un proveedor de esa magnitud en el contexto cubano no está exento de riesgos. La especulación mayor versa sobre si Cuspinera intentó usar un vínculo con figuras de poder dentro del gobierno cubano y la transacción no resultó como esperaba.
Lo que sí parece confirmarse —por las propias fuentes cercanas a Cuspinera— es que el local contravenía varias de las leyes cubanas, como la obligación de depositar el dinero en el banco y de cobrar en moneda nacional, aunque también es cierto que muchas otras mipymes lo hacen, ya que las normativas dejan muy poco espacio para hacer importaciones masivas en un país donde circulan varias monedas, los bancos tienen nula liquidez y las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos les impiden pagar de forma normal a los proveedores extranjeros.
En los últimos años también ha proliferado un grupo de empresas cubanoamericanas dedicadas al envío de paqueterías a Cuba y con tiendas online que tienen almacenes en la Isla, e incluso circulan por las calles vehículos con sus logos. ¿Bajo qué regulaciones operan estas empresas? ¿Qué las diferencia de Diplomarket? No queda claro.
Diplomarket no ha sido el único negocio de ventas desactivado por presuntas ilegalidades. A comienzos de mayo de 2025, la tienda online Tuambia —plataforma de comercio electrónico y envíos a Cuba vinculada a empresarios radicados en EE. UU.— anunció el cierre definitivo de sus operaciones, aduciendo que «el contexto actual ha hecho imposible seguir operando de manera sostenible», luego de varias semanas con las compras suspendidas y entre rumores de investigaciones por presunta evasión fiscal y uso irregular de divisas. Medios opositores destacaron que la firma estaba operada por Yoel Perdomo Di-Lella, hermano del ex viceprimer ministro Jorge Luis Perdomo Di-Lella destituido en octubre de 2024, y que su salida del mercado dejó pendientes miles de pedidos de emigrados.
Un año antes también fue muy llamativo el cierre de un local conocido como «Costco chino», se trataba de un supermercado privado dedicado a importar artículos de ferretería, electrodomésticos y alimentos en divisas, que llamó la atención por sus bajos precios y abundancia de productos, y fue clausurado de forma repentina en La Habana tras una auditoría realizada a pocos días de abierta.
Esa vez la prensa estatal sí publicó una nota que justificaba las acciones aludiendo a que «en la inspección […] se constataron violaciones de las normas vigentes para ejercer el trabajo por cuenta propia», entre ellas «ventas de mercancías en dólares, productos a la venta sin precios visibles, no habilitación de las pasarelas de pago electrónico establecidas, contratación ilegal de fuerza de trabajo y participación como trabajadores de ciudadanos extranjeros, incumpliendo las condiciones de estancia en el territorio nacional».
Sin embargo, en los otros casos la prensa estatal no ha aclarado a profundidad lo sucedido, por lo tanto, solo se tienen las versiones de medios de la oposición y de familiares de los empresarios.
Opinamos que esta es una de las noticias que demuestra cuánto daño hace la falta de información y transparencia en eventos que tienen una relevancia pública, y cómo ese vacío genera conjeturas, empresarios que pasan de ser «victimarios» a «víctimas» y rumores que se convierten en una verdad no confirmada que, ante el silencio de las autoridades, termina siendo la única versión disponible.
También opinamos que las normas para el sector privado en Cuba no se ajustan a la realidad de un país que tiene un mercado de demanda con escasez de productos, unos bancos sin liquidez —ya ni en moneda nacional—, empresas importadoras estatales ineficientes y tiendas del Estado desabastecidas incapaces de satisfacer la demanda a la población.
En este contexto, las tiendas privadas son las que satisfacen la demanda de la mayoría de la población, al menos en los centros urbanos. Estos negocios han encontrado múltiples vías para importar, pero casi todas requieren de efectivo en «moneda fuerte», y para ello buscan múltiples alternativas, que van desde cambiar en el mercado informal o aceptar pagos en divisas. Lo cierto es que todas ellas de una manera u otra contravienen lo establecido, pero ¿qué otra alternativa queda? Tampoco se puede dejar de decir que algunos dueños aprovechan este marco de incertidumbre para evadir impuestos.
En este contexto el Estado se encuentra en la disyuntiva de aplicar con rigor la ley, y provocar una crisis de desabastecimiento, o sentarse a dialogar con los empresarios privados para modificar lo que haga falta y crear un marco legal viable que permita hacer crecer la empresa privada sin necesidad de quebrantar la ley.
Sin embargo, la realidad de ahora dice que ni una ni otra. Se aplican medidas que a pocos días se echan para atrás ante su imposibilidad real de implementarse, y el rígido marco regulatorio se aplica discrecionalmente, siempre viendo a quién permitirle y hasta dónde, y muchas veces sin explicaciones claras. Nada mejor que esto para erosionar la confianza de la ciudadanía.
La noticia es que el encargado de negocios de la embajada estadounidense en La Habana, Mike Hammer, anunció sanciones contra Cuba, y afirmó que sus recientes recorridos por el país «no violan la Convención de Viena», respondiendo así a críticas del gobierno cubano.
Durante las últimas semanas, Hammer ha visitado todas las provincias del país y se ha reunido con líderes religiosos, pequeños empresarios y familiares de presos políticos en una serie de encuentros que, según muestran diversos reportes en redes sociales, ha desarrollado con absoluta libertad.
Además, ha sido noticia también su nombramiento como «Embajador del Exilio Cubano», en una ceremonia informal celebrada en Miami. Este título, de carácter no oficial, fue otorgado por un grupo de organizaciones de la emigración opositora cubana en Estados Unidos en reconocimiento, señalan, a la labor diplomática de Hammer en favor de los derechos humanos y la democracia en la Isla. Sin embargo, no ofrecen ejemplos concretos de cómo sus visitas y publicaciones en redes sociales contribuyen efectivamente a garantizar esos derechos.
Así, Hammer —quien no ha sido confirmado como embajador por su propio gobierno, como ningún jefe de misión en EE.UU. desde que la Sección de Intereses se convirtió en embajada en 2015— es ahora simbólicamente embajador de Miami ante Washington, en lugar de estar en Cuba representando oficialmente al gobierno estadounidense.
El nombramiento carece de validez formal, debido a que no son organizaciones civiles las que nombran embajadores, sino el Senado. Entre los firmantes de esta iniciativa están prominentes voces opositoras que tienen una visión marcadamente hostil como Rosa María Payá, hija del fallecido opositor Oswaldo Payá, y Orlando Gutiérrez Boronat, conocido promotor de la vía violenta para derrocar al gobierno cubano.
Sus recorridos comenzaron hace varias semanas, pero la escalada en la visibilidad y su intención de proyectarse como un «diplomático que dialoga» se acentuaron con un video en redes sociales muy inusual para un funcionario de su rango: «Si quieren conversar conmigo, conocerme, contáctennos», y ofreció un correo electrónico.
Desde ese momento, se ha intensificado su presencia en redes sociales, a través de intercambios en los que se desconoce cuál es el propósito real, más allá del punto de vista comunicativo.
En un video filmado durante una visita que realizó a Santiago de Cuba, se le ve conversando con dos jóvenes y les pregunta, en un amago de sonar como un cubano: «tienen familiares en el yuma?». Un esfuerzo poco claro de diplomacia pública que habría que preguntarse qué efecto tiene en la sociedad cubana en general, no solamente la que él visita.
Desde entonces es amplio el número de personas con las que ha interactuado, desde líderes religiosos católicos, hasta pequeñas cuentapropistas a las que llama «microempresarias». También ha visitado a familiares de personas condenadas por delitos considerados por la oposición como políticos, incluyendo a la familia de José Daniel Ferrer, opositor santiaguero recientemente reencarcelado y una de las figuras más conocidas internacionalmente.
La acción de diplomacia pública más relevante hasta el momento que ofreció Hammer fue la conferencia de prensa, cuyo formato indica con claridad a quién le habla el veterano diplomático. El intercambio con periodistas se sostuvo en Miami, a pesar de que él es representante diplomático en La Habana, y solo convocó a periodistas de medios locales, ningún medio internacional, como Reuters, fue invitado, según una fuente a la que tuvo acceso La Joven Cuba.
Entre sus declaraciones más controversiales estuvo que él no está violando la Convención de Viena, que estipula los comportamientos del personal diplomático en todo el mundo.
Sobre el tema comentó en Facebook el ex embajador y diplomático retirado, Carlos Alzugaray, que «el Señor Hammer puede entrevistarse con quien quiera, pero para enterarse de los acontecimientos en el estado receptor e informar de ello a su gobierno. No es su función propagandizar todo lo que habla y mucho menos si son informaciones de grupos opositores que naturalmente presentarán la situación peor de lo que está». Así lo afirmó Alzugaray después de listar las prerrogativas que tienen los diplomáticos según la Convención de Viena, y que, a su juicio, el representante norteamericano viola.
En opinión de Hammer, todas las personas con las que ha hablado a lo largo y ancho de la Isla confirman que «la Revolución ha fracasado». A lo que respondió el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío en la red social X: «Cuando representantes de EE.UU. acusan al gobierno cubano y al sistema socialista de fallidos, faltan a la verdad y actúan con cobardía. Levanten el bloqueo, pongan fin a la guerra económica despiadada, respeten el Derecho Internacional. Solo después, tengan la vergüenza de calificar».
Alzugaray incluyó en su comentario un matiz a lo afirmado por Hammer: «sé que un grupo de personas que se entrevistó con él le dijo rotundamente que se oponían a la política de guerra económica de Estados Unidos contra Cuba. Así que no, Señor Hammer, muchos cubanos rechazamos esa política y la culpamos en gran medida de nuestras dificultades, sin por ello exonerar al gobierno cubano de su responsabilidad, que la tiene».
Según el funcionario estadounidense, «no hay electricidad, ya ven los apagones, hay escasez de combustible, hay escasez de alimentos, hay escasez de medicamentos y la gente reconoce que los responsables son los del régimen cubano, que no tiene nada que ver con ninguna política de los Estados Unidos», lo cual es incierto si se considera que la economía cubana tiene un obstáculo para cada movimiento en el escenario global, y que a nivel interno tiene un impacto atroz, como han confirmado agentes externos e imparciales de las agencias de las Naciones Unidas o la reportera especial de la ONU, al referirse al impacto de medidas coercitivas unilaterales.
Hammer anunció que EE.UU. continuará con las sanciones contra Cuba. «Esta Administración está determinada a sancionar a los represores, va a haber consecuencias por sus acciones y no puedo adelantarme a más medidas que van a venir, pero vendrán, eso sí le puedo asegurar», afirmó al referirse a la prohibición de entrada al país contra tres jueces y un fiscal, acusados por Washington de participar en el encarcelamiento de opositores.
Acerca de sus recorridos por la Isla, Hammer se comparó con los funcionarios cubanos al afirmar que ellos lo hacen, «reuniéndose con quien quieran. Bueno, yo estoy haciendo lo mismo», aunque los cubanos viajan mucho menos que el actual estadounidense, y no se reúnen con activistas o figuras políticas que tienen como propósito público derrocar al gobierno cubano.
Asimismo, criticó la falta de libertades y derechos humanos en Cuba, y culpó al gobierno de la severa crisis energética y económica, pero se ha desplazado con absoluta libertad por el país, aunque confiesa que se sabe vigilado. «Cualquier Estado tiene la responsabilidad de proteger a cualquier diplomático extranjero y estoy seguro de que el Gobierno cubano va a cumplir con ello», expresó.
Históricamente, los diplomáticos estadounidenses deben notificar sus movimientos fuera de la provincia, y necesitan permisos para ingresar a edificios públicos, algo que también ocurre con la misión cubana en Washington. Sin embargo, sería difícil pensar que Hammer recibió ese permiso por parte del gobierno para acceder, por ejemplo, al Cementerio de Santa Ifigenia a rendir homenaje a José Martí en su tumba, uno de los cubanos que con más vehemencia denunció, cuando nadie lo alertaba, la voluntad expansionista de Estados Unidos sobre Cuba.
Dijo que había visitado microemprendedores, a quienes considera que «merece la pena apoyarlos, sobre todo porque el Estado no lo hace», en referencia a un gobierno que ha tenido una relación cambiante en los últimos años con este sector, pero que legalizó las empresas privadas y ha visto crecer, como franca competencia a su alternativa estatal, a casi 10 mil empresas privadas.
En respuesta el Ministerio de Exteriores convocó el viernes 30 de mayo al encargado de negocios de los Estados Unidos «a fin de llamarle la atención, una vez más, sobre la conducta injerencista e inamistosa que ha asumido desde que llegó a Cuba, ajena a la que corresponde a un diplomático e irrespetuosa hacia el pueblo cubano», según afirma el comunicado oficial.
La misiva también agrega que «la inmunidad de la que goza él, como representante de su país, no puede usarla como cobertura para actos contrarios a la soberanía y el ordenamiento interno del país ante el cual está acreditado».
Esta noticiasignifica que el diplomático tiene un claro encargo por parte de la administración Trump de tensar las relaciones con el gobierno cubano y realizar una serie de acciones que son consideradas provocaciones, además de no ajustarse a las disposiciones de la Convención de Viena.
Entre las motivaciones detrás del despliegue de Hammer podría estar la intención de provocar una reacción del gobierno cubano que conduzca a expulsarlo del país, lo cual implicaría reciprocidad, dígase la expulsión de la embajadora cubana de Washington DC.
Este recorrido también parece orientado a identificar potenciales figuras o activistas opositoras en un escenario nacional donde faltan los líderes de la oposición, ya que los conocidos tienen poca o ninguna tracción dentro de la población cubana, ya sea porque son de una generación anterior, o porque usan métodos para conectar con las audiencias que no funcionan.
Ante esta carencia de activistas a los que enarbolar como figuras del cambio, Hammer parece estar en busca de nuevos perfiles que puedan ser promovidos. Su creciente visibilidad es muestra también de que hay una intención por mediatizarlo, hacerlo conocido, y, por tanto, accesible a más personas.
Pero, ¿accesible para qué? Y este es otro significado de este reciclado enfoque de diplomacia pública por parte de Hammer. Si bien otros embajadores son representantes de los intereses y prioridades de sus gobiernos en las capitales a los que son enviados, Hammer busca, y encuentra, narrativas de crítica extrema al gobierno cubano. Pero no parece dar voz a los que critican o mencionan el peso que tienen las sanciones sobre la vida de los cubanos.
El enfoque al que obedece Hammer comienza a restar puentes que ya eran levadizos e inseguros: la negativa de otorgarle visas al presidente del Comité Olímpico Cubano, Roberto León Richards, impide a Cuba participar en eventos deportivos de importancia en Estados Unidos y Puerto Rico.
El funcionario estadounidense hace uso de un método ya antes probado por otros diplomáticos en un mundo en que los ciclos cortos de los funcionarios extranjeros, junto a la combinación de cambios de gobierno, hace que el enfoque tome un matiz cíclico, sin lograr resultados coherentes con la agenda de Estados Unidos en Cuba. La obsesión por desacreditar a un gobierno, ha tornado a esta sede diplomática en un actor tóxico del que muchos escogen distanciarse, debido a los riesgos que trae. Si bien no todos, buena parte de las personas, colectivos, organizaciones, que tiene cerca el encargado de negocios suelen ser beneficiarios de programas de cambio de régimen, que son etiquetados por el gobierno cubano como programas intervencionistas o violatorios del derecho que tiene Cuba a defender su soberanía, lo sean o no.
En definitiva, más allá de los recorridos, las fotos y las historias de los intercambios en los que Hammer cuenta lo que quiere, habría que preguntarse cuál es el nivel de influencia real que puede tener este funcionario diplomático, y cuáles son las posibilidades de crear algún cambio en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, más allá del manido propósito de derrocar al gobierno cubano, objetivo que tampoco parecen estar más cerca de alcanzar conversando con la gente en pleno calor tropical.
Nuestra opinión es que insistir en negar la responsabilidad de las sanciones y culpar al gobierno de Cuba le resta credibilidad a este diplomático, que además va luego a rendir cuentas a Miami, lo cual tampoco le ofrece liderazgo real, porque se supone que sus jefes estén en Washington y no en la sureña ciudad floridana.
Esta postura, marcada por una narrativa desfasada, no ofrece oportunidades para la construcción de prácticas más democráticas, ni fortalece la lucha por los derechos humanos. Más bien, ensimisma más a las instituciones, sus operadores, y al gobierno en una mentalidad de «plaza sitiada», sin realmente promover confianza y laxitud para un cambio que pueda tener un impacto en el modelo político. Sus técnicas son tan viejas, y utilizadas hasta el cansancio sin éxito, que cabe preguntarse si de verdad buscan derrocar el régimen, o mantener el status quo de la maquinaria del lobby cubanoamericano, que sin un «régimen» en La Habana para derrocar no tendría sentido de existir.
Alzugaray sentencia con claridad prioridades que no están en la agenda diaria del representante estadounidense: «Señor Hammer, la temporada ciclónica está a punto de comenzar y ya el Instituto de Meteorología de Cuba y el Centro Nacional de Huracanes de la NOAA deben haber comenzado a intercambiar información. Esa colaboración es vital para evitar desastres naturales. Usted sabe que el gobierno cubano autoriza regularmente a aviones anti-huracanes norteamericanos a sobrevolar el territorio nacional para obtener la información más fidedigna posible sobre los huracanes que afectan el Caribe. Con todo respeto, es a eso a lo que debería estarse dedicando Usted».
La noticia es que la operadora estatal cubana ETECSA por fin anunció los tan temidos cambios de precios ya avisados por el primer ministro Manuel Marrero Cruz.
La información publicada indica que se topará el monto de lo que se puede recargar en moneda nacional a solo 360 pesos mensuales, y el plan más alto que puede comprarse ofrece solo 6 GB de datos móviles, 60 minutos de voz y 70 SMS, manteniendo los 300 MB de navegación nacional que ya traían los paquetes anteriores.
Una vez agotado el saldo o los 6 GB, el usuario solo dispone de los llamados planes «Extra», vendidos en CUP a precios que multiplican por 10 el valor del paquete básico:
-3 GB cuesta 3,360 CUP
-7 GB cuesta 6,720 CUP
-15 GB cuenta 11,760 CUP
Todos con los mismos 300 MB de navegación nacional. También podrán adquirirse paquetes en dólares:
-4 GB por 10 USD
-8 GB por 20 USD
-16 GB por 35 USD
Aunque los paquetes «extra» en moneda nacional y en dólares tienen cantidades de GB diferentes, puede inferirse que el cálculo fue realizado tomando en cuenta el mercado informal a 370 pesos por un dólar, priorizando la compra siempre en «moneda fuerte».
Por ejemplo, en la oferta más económica del paquete «extra» en moneda nacional cada gigabyte saldría a 3 USD (si se divide 3 360 entre 370, lo cual da un total de 9 USD), mientras que en la compra directamente en dólares, al dividir 10 USD entre los 4 GB costaría a 2.5 USD el gigabyte.
La vicepresidenta comercial de ETECSA, Lidia Esther Hidalgo, justificó la decisión con «la compleja situación financiera» de la empresa y el impacto del «bloqueo», que «encarece la tecnología». En paralelo, recordó que las recargas internacionales seguirán sin límite y que «usted puede adquirir tantos planes como desee mientras tenga saldo».
Esto significa que ante la crisis que afecta a la empresa supuestamente «estatal socialista» la población cubana —y parte de los emigrados— serán quienes paguen el déficit.
En ocasiones anteriores el primer ministro Manuel Marrero Cruz se había referido a que la empresa necesitaba captar divisas para reparar su debilitada infraestructura tecnológica, y avisó que se prepararían unos paquetes para altos consumidores, sin embargo, aún teniendo en cuenta «historial» de la empresa era difícil imaginar los estratosféricos montos.
Llama la atención, sin embargo, que no se haya tenido en cuenta que en diciembre de 2024, Mayra Arevich Marín, ministra de Comunicaciones, dijo en sesión de la Asamblea Nacional que «el consumo promedio mensual de internet por datos móviles es de 9.9 GB», lo que significa que el techo de consumo básico se puso por debajo de esa cifra. ¿Por qué? No sabemos.
El nuevo techo de 6 GB «asequibles» equivale a 60 CUP por gigabyte. Al tipo de cambio informal (1 USD por 370 CUP) ese paquete cuesta apenas 0,16 USD/GB, muy por debajo del índice global de 2.61 USD/GB según la plataforma BestBroadbandDeals.
Sin embargo, todo consumo posterior sube abruptamente: el plan Extra si bien se mantiene al índice global supera con creces países latinoamericanos como Argentina (0.54 USD/GB), Nicaragua (0.55 USD/GB), y Guatemala (1.17 USD/GB).
Pero además la Isla tiene la peculiaridad de sus bajos salarios. Con un salario medio estatal de 5,736 CUP en el sector presupuestado, —unos 16 USD al cambio informal— y un salario mínimo de 2,100 CUP, el paquete «extra» más barato (3 GB) supera el sueldo básico y el de 15 GB equivale a dos sueldos medios. Médicos, maestros que dependen de datos móviles para comunicarse con pacientes o estudiantes deberán elegir entre restringir su conectividad o pagar cifras prohibitivas que, en la práctica, empujan a buscar recargas en dólares enviadas desde el exterior.
La medida refuerza así la brecha digital interna. Quien disponga de remesas o de una tarjeta en divisas podrá sortear el tope mediante recargas internacionales —opción que ETECSA mantiene «sin límites»—, mientras que la mayoría, con ingresos en CUP, quedará confinada a 6 GB mensuales.
Igualmente podrían aumentar las redes informales de servicios de conectividad que busquen tener precios por debajo de los establecidos por Etecsa.
La subida impacta, además, en la política de transformación digital que el propio gobierno proclama. Aunque la directiva de la compañía afirmó que «se continúa asegurando la conectividad a importantes instituciones de diversos sectores, entre ellos científicos, educativos, de salud» lo cierto es que varias instituciones reportan conexiones inestables pese a los planes oficiales. Asimismo, el estudio o trabajo en casa muchas veces se hace utilizando la conexión personal, por lo tanto, la medida también limitará significativamente las posibilidades de quienes dependen de acceso a internet.
Por último, la medida aumentará la ya incontenible espiral inflacionaria en el país, pues la población no solo tendrá que pagar más, sino que algunos negocios pondrán el costo del consumo de datos al precio final de los productos.
Al ser un monopolio legal, ETECSA fija precios sin contrapesos regulatorios ni competencia que obliguen a eficiencia. El propio perfil corporativo reconoce que la empresa es «la única autorizada» para ofrecer servicios de telecomunicaciones en la Isla.
Nuestra opinión es que el nuevo esquema limitará el desarrollo de actividades, negocios que han encontrado en la vía digital una forma de captar clientes, y el acceso de no pocas personas. En resumen, un bloque más en la pirámide de razones acumuladas para emigrar en busca de mejores condiciones de vida.
La razón que justifica que ETECSA sea la única empresa autorizada a brindar servicios de conectividad en la Isla es que supuestamente el Estado garantizaría que estos servicios sean de calidad y a precios justos. Este «paquetazo» va por un camino contrario a la obligación de la empresa ¿pública? de equilibrar sostenibilidad y accesibilidad.
Es entendible que una empresa estatal con baja rentabilidad busque soluciones para ingresar divisas, pero estas deberían basarse en ofrecer nuevos servicios atractivos, no en restringir los ya existentes o encarecerlos de manera exponencial.
El país no puede construir una sociedad digital robusta asumiendo que la diáspora financiará el consumo interno. Ni la dignidad ni la soberanía pueden basarse en el flujo constante de remesas. El acceso a internet —reconocido por Naciones Unidas como derecho habilitante— debe estar respaldado por un modelo tarifario que respete la capacidad adquisitiva local.
En medio de una crisis interna con fuertísimos apagones y los precios de la comida cada vez más prohibitivos, ETECSA le da más presión a la caldera en un país necesitado de buenas noticias. La pregunta ahora es: cómo saldrá el vapor. Ya comienza a verse en redes sociales.
El 17 de agosto próximo se cumplirán 87 años de la muerte de Konstantín Stanislavski, el actor, director, pedagogo teatral ruso que transformaría la esencia del trabajo del actor y convertiría la actuación en un verdadero arte. Su propósito era el alcance de la organicidad en la labor actoral y la credibilidad por parte de los públicos. Con sus descubrimientos y sistematizaciones fue posible desterrar los estilos declamatorios de los escenarios y brindarle al actor una serie de recursos (un método) para construir su personaje con certeza y seguridad. La idea era que el público disfrutara un arte en que el individuo actor consiguiera transmutarse en el personaje a interpretar, y esa sería la medida de la calidad de su trabajo.
Comienzo por un territorio que me es cercano: el escenario artístico, pero el tema de la credibilidad no es competencia única del arte de la escena en cualquiera de los medios que la componen (teatro, radio, cine, televisión) sino, también, de la política en cualquiera de sus modalidades de ejercicio, sobre todo, de cierto tipo de vida política que nos atañe particularmente a los cubanos. Me refiero entonces al ejercicio político en el ámbito de la Revolución Cubana, que se declaró además, como bien se sabe, desde 1961 en los días de Girón, revolución socialista y cuyos representantes nacionales se han encargado, desde entonces hasta la actualidad, de denominar como socialismo al sistema social en el cual tiene lugar.
Al respecto del tema central del presente artículo: la ejemplaridad, la coherencia entre palabra y acto, el participar del destino de su pueblo no nos han faltado teorizaciones ni exámenes propios por parte de las principales figuras de la Revolución Cubana desde su etapa primera. El tema de los cuadros fue una preocupación temprana de Ernesto Che Guevara, sobre la cual se expresó sin ambages en reiteradas ocasiones desde 1962. Para el Che, tanto en este asunto como en el tratamiento del Partido como organización política líder, la ejemplaridad de los cuadros y de los militantes era un punto medular. Al respecto, él, personalmente, fue un paradigma.
Si bien la credibilidad comienza con el ejemplo personal, mediante el cumplimiento de los preceptos que se promulgan y se les exige a los otros, lo que equivale a mantener una conducta coherente entre palabra y acción: lo que se dice y lo que se hace y, a la vez, consecuente con las consignas con las cuales se arenga a la ciudadanía, no se limita solo a ello. La transparencia política es también una variable fundamental en la ecuación. Se suman la honestidad en todos los planos de la vida personal y social y la confianza: ser merecedor de la confianza de los colectivos que se dirigen, se trate de pequeños grupos humanos, comunidades de una región, o de la ciudadanía en su conjunto.
La transparencia, por su parte, se relaciona con el apego a la verdad de los hechos y la nitidez en el uso de la información. Ello supone, por ejemplo, la imposibilidad de que la autoridad prometa informar a sus conciudadanos sobre las causas de un acontecimiento nefasto que ha impactado en la opinión pública nacional y, luego, como si nada, incumpla la palabra empeñada. En tal caso, el político que prometió transparencia, si no da una explicación convincente de por qué se mantiene el silencio, habría restado peso y valor a su palabra hasta el punto en que aquella no signifique absolutamente nada.
Lamentablemente, en el lustro más reciente tal comportamiento no ha resultado excepción, sino que se ha convertido en una forma de actuar, un modelo, una estrategia. Como ciudadanía lo padecimos tras los siniestros del Hotel Saratoga, en La Habana; de la Terminal de Supertanqueros, en Matanzas; de la «desaparición de la vida pública» del otrora ministro de Economía, señor Alejandro Gil, por solo citar algunos ejemplos.
Cuando la información oficial se ausenta, esa ausencia es cubierta por cualquier otra clase de información; los rumores resultan un sucedáneo siempre presto, al igual que las especulaciones. El «vacío» ante la necesidad de información es, simplemente, un imposible para el ser social.
El servidor público
En los modelos democráticos de repúblicas occidentales, el cuadro (el término viene del francés) es, en primer lugar, un servidor público. Un compatriota al servicio de la ciudadanía. A ella se debe y no a la inversa. Ello torna impensables comportamientos arrogantes y prepotentes, así como cualquier signo de maltrato o conducta grosera, irónica o burlona hacia los ciudadanos.
Infortunadamente, la cortesía y la sensibilidad no resultan valores frecuentes entre nosotros. Por razones que pueden historiarse fueron desapareciendo de nuestro catálogo cívico. En una etapa inicial algunos las confundieron con principios burgueses o rasgos feminoides, es decir, ausentes de virilidad, en momentos en que la virilidad misma como categoría se vio bastante confundida, manipulada, llevada y traída y lo femenino no había alcanzado a nivel social e internacional la dimensión y trascendencia que porta hoy. La literatura cubana ha dejado testimonio abundante al respecto, bastaría con leerse Los pasos sobre la hierba, del escritor cubano Eduardo Heras León, Premio Casa de las Américas 1970, entre otras obras.
A pesar de todo, y sin importar cuánto cueste su rescate real, respeto, consideración, empatía han de ser características esenciales en el trato de cualquier directivo con aquellos ante los cuales cumple responsabilidades.
Tenemos la suerte inmensa de contar con el legado de nuestros pensadores independentistas: Varela, Luz y Caballero, Martí. Todos ellos fueron (y uso las palabras propias de Luz para caracterizar a los educadores) «evangelios vivos».
Acerca del decoro y la probidad en las costumbres se extendió Martí con las imágenes conocidas que pueblan sus llamados versos sencillos: «el arroyo de la sierra» que le complace más que el mar; «el ojo tan negro del canario amarillo» en el cual le basta pensar cuando se alegra «como un escolar sencillo».
¿De dónde viene, entonces, esa pompa vana y ridícula, ajena por demás a la naturaleza de nuestra gente, con la que pretenden llenar sus vidas un número nada desdeñable de cubanos que ejercen funciones públicas y debieran ser, sobre todo por este motivo, ciudadanos ejemplares?
Acuden a mi memoria los estudios de don Fernando Ortiz (1906) y Jorge Mañach (1956) en torno al choteo. Ambos lo signaron como conducta común en el cubano que conocieron y lo reprobaron en cuanto rasgo que consideraban desmoralizador y retardatario del desarrollo en determinados casos, pero no pasaron por alto otros efectos de cierto beneficio social. En tal sentido en estos momentos el choteo tiene la función de «bajar los humos a la falsa autoridad», o en esa otra arista, de poner de manifiesto lo ridículo y desacertado de ciertos comportamientos de figuras públicas de la política cubana.
Sin embargo, el asunto presenta otras aristas. El Himno Nacional afirma «que morir por la patria es vivir» y la Marcha del 26 de Julio que «Cuba premiará nuestro heroísmo». Aun así, quienes hicieron sacrificios inmensos, e incluso pusieron en juego sus vidas por una causa común, se pudieran pensar —por ello— en el derecho de vivir vidas suntuosas, que trasciendan los títulos honoríficos y se hagan concretas en la zona mundana y terrenal. El riesgo de esto es derivar en un sistema de castas, concepto definido por el diccionario en términos de «habitantes de una sociedad que forman clase especial sin mezclarse con los demás».
Salvo honrosas excepciones, esta práctica parece haberse hecho un lugar en nuestra sociedad desde los primeros tiempos después del triunfo militar y político de las fuerzas revolucionarias en 1959. La burguesía cubana se marchaba del país para radicarse en otras tierras y dejaba tras de sí todo lo que no podía llevarse consigo (bien por su naturaleza, como propiedades de cierta clase, entre ellas el patrimonio inmobiliario) o lo que había quedado prohibido sacar fuera de los límites territoriales, como podría ser —y fue, están los testimonios— un anillo de bodas de determinado valor.
Se expropiaron —fueron intervenidas en nombre del Gobierno revolucionario—residencias, tierras, industrias, almacenes, comercios, centros de esparcimiento, instalaciones educacionales y de salud, y puestas a disposición de las nuevas instancias del poder revolucionario para uso social. Fueron confiscados innumerables objetos de valor, y para encargarse de la tarea se creó el Ministerio de Bienes Malversados, con Faustino Pérez como titular, con uno de sus almacenes reconocidos en los predios del Convento de San Francisco, en La Habana Vieja. Estos bienes pasaron a ser propiedad del Estado con propósito similar, a la vez que determinadas personas eran autorizadas para efectuar su compra.
Lo que la terca experiencia cotidiana mostró a los ciudadanos es que el patrimonio inmobiliario se ha distribuido a discreción durante un largo tiempo que llega hasta el presente (las llamadas «zonas congeladas» sobresalían, a pesar de todo, como la punta del iceberg).
Los ciudadanos londinenses conocen que Downing Street número 10 es la dirección tradicional del primer ministro británico, por su parte, la exjefa del gobierno alemán Angela Merkel —Canciller por 16 años, aplaudida desde los balcones de Berlín por sus habitantes, en un gesto inédito hasta la fecha, tras el término de su gestión gubernamental en 2021— ocupaba el mismo apartamento en el edificio de siempre durante los años de su mandato. En cambio, los sitios de residencia de la cúpula del poder político en Cuba —dígase presidente, ministros, y comandantes— son ignorados por la mayoría de sus ciudadanos, y lugar inaccesible para ellos, aunque estas residencias gocen de servicios especiales en cuanto a su alimentación, salud, transporte, empleomanía a su disposición, reparación… que se pagan con el erario público, pero que nunca se ha publicado a cuánto asciende su monto.
En el período más reciente, el poder estratificó aún más sus capas, a la par que la brecha entre todo él y los sectores de la ciudadanía parece inconmensurable.
Hay mucho que no sabemos y nos cuesta, incluso, imaginar, pero la revolución informática ha transformado de manera esencial nuestras vidas y la socialización de la información que nos permite Internet es un elemento de gran impacto. No es que la desvergüenza haya llegado a puntos inauditos, sin dudas el proceso es mucho más complejo y se acompaña de serias consecuencias a nivel histórico, en la arena político ideológica internacional, además de otros ámbitos; no obstante, por ahora baste expresar, como colofón, que el desprecio que muestran ante la realidad social es absoluto.
Entre tanto, la ecuación ética se mantiene inalterable. La desigualdad social escala a niveles inimaginables y se intensifica la frecuencia con la cual nuevos grupos sociales traspasan el umbral de la pobreza ante una inflación trepidante que choca contra pensiones y salarios congelados. En semejante escenario una conducta que no resulte absolutamente íntegra y empática con la ciudadanía es simplemente amoral y solo la habíamos conocido —en dimensión similar— como característica esencial y aborrecible de buena parte de los sectores sociales que detentaban el poder durante las diversas etapas republicanas anteriores a 1959; es decir, como motivo y acicate para que las mejores fuerzas de un pueblo, los más virtuosos de sus hijos se levantaran —nada menos y nada más— que en ese movimiento magno —socialmente hablando— que es una revolución. ¿Será preciso decir algo más?
En el mundo de las vecinas habita la nostalgia. Clara y Luz toman el café de la nochecita cuando les invito a contarme cómo se divertían en su juventud. Ambas son mujeres de más de 50 años, que vienen de entornos rurales y me confían entre risas, historias de otros tiempos en que todo parecía venir por azar. Reconocen que para ellas la posibilidad de vacacionar o divertirse llegó con la adultez y la entrada en el mundo laboral. En los últimos años, las vacaciones se restringen a las visitas de sus hijas que migraron. Sus abuelas, en cambio, sólo tenían los bailes en casa de algún vecino, los rodeos y los juegos de pelota.
«Yo me montaba con mis mejores galas en una carreta para ir a los carnavales del pueblo más cercano. Ya los carnavales no son como antes en que había vendutas de todo y se tomaban el pueblo. Ahora son apenas una calle, con unos aparatos tristes, dos o tres merolicos y unas comidas carísimas» —dice Luz.
«¿Dónde fue a parar la infraestructura del recuerdo? ¿Dónde fueron a parar los carnavales? No me acuerdo».
«Carnavales». Frank Delgado
Luz recuerda una playa paradisíaca que nunca ha vuelto a encontrar. Una playa escondida en las afueras de Varadero a la que en su adolescencia la llevó un primo que era dirigente. «Después fui dirigente también y es cierto que cuando pertenecías a alguna empresa o a lo militar había más estímulos, viajes y opciones de recreación. A veces las empresas tenían casas de visita que le daban a sus trabajadores para vacacionar con sus familias, por eso puedo decir que todos los años tuve chance de ir a la playa con los míos, también fui vanguardia nacional varias veces y nos daban viajes con todos los gastos pagos en hoteles a los que el resto de la gente no podía ir, pero esa no era la realidad de todos. A los que no tenían esas gratuidades les quedaba el campismo popular».
Luz confiesa que el movimiento vanguardista ya no tiene la misma fuerza de antes, porque era un proceso que salía de la motivación de los trabajadores ante los estímulos que daba la Revolución. «Había que hacer muchísimo papeleo para elegir desde la base a los vanguardias, pero lo hacíamos porque sabíamos que esos trabajadores podrían disfrutar con sus familias y te daban ganas de esforzarte para lograrlo. Actualmente, para qué ser vanguardia, si desde que empezaron a eliminar eso que llaman gratuidades, ya no hay posibilidad de nada más allá de un diploma».
Actualmente, para qué ser vanguardia, si desde que empezaron a eliminar eso que llaman gratuidades, ya no hay posibilidad de nada más allá de un diploma.
«Yo lo único que supe de recreación en mi juventud fue el carro del cine que llegaba a mi pueblo, ya cuando me mudé a la ciudad seguí yendo al cine, hasta que lo dejaron destruir» —dice Clara.
En mi más reciente libro «San Silverio de El Mejunje», el promotor cultural santaclareño Ramón Silverio evoca esos tiempos de inicios de la Revolución en que llegaba el carro del cine a los campos:
«Al día siguiente, los vecinos pasaban y miraban la pared como si de pronto de allí fuera a salir algún personaje escondido. Mi casa se había convertido en un espacio de proyección de películas, porque en los inicios de la Revolución, el Icaic llevaba el cine a rincones impensables.
» La felicidad era ver llegar aquellos camiones. Tenían una planta generadora de electricidad y condiciones muy precarias de proyección, pero no había fango ni lomas que retrasaran la llegada de los carros del cine. Utilizaban las paredes de tablas como pantalla, y la gente se sentaba en taburetes, troncos, en una piedra o en el suelo, para asistir a aquel espectáculo. Ponían muchas películas soviéticas, europeas en general, y mexicanas. Siempre iba primero un documental o un Noticiero Icaic Latinoamericano. Es impensable la felicidad del niño que veía a Cantinflas o a Chaplin hacer peripecias en aquellas tablas descoloridas, como si la pared fuera tocada por la magia…».
La política cultural de la Revolución cubana impulsó que en cada rincón de la isla estuvieran las unidades básicas de la cultura: un cine, un teatro, un museo, una galería y una casa de la cultura. Atesoro las visitas de mi infancia al cine de Placetas cada 15 días. Cada escuela debía llevar a sus estudiantes a ver lo último en películas cubanas. Allí vi Clandestinos, Kangamba, Fresa y Chocolate y hasta Video de familia. Eran películas duras, que hoy pienso que no eran para niños, pero agradezco infinitamente esas tardes que me convirtieron en quien soy.
La política cultural de la Revolución cubana impulsó que en cada rincón de la isla estuvieran las unidades básicas de la cultura: un cine, un teatro, un museo, una galería y una casa de la cultura.
Antes de cada función nos ponían también animados soviéticos: «Conejo-Lobo» «ta ra ra ra ra ra, tararará, tarararará» —suena la cancioncita inolvidable de inicio de aquel emulador de Tom y Jerry soviético— o Bolek y Lolek —los niños cabezones que no hablaban casi—. Esos muñequitos rusos me daban ansiedad, pero a veces los miro y me recuerdan a mi pueblito en que aprendí a escribir en los talleres literarios con mi profe Yeni, que a los nueve años ya me había enseñado a hacer décimas, o a las visitas al museo en que había reliquias de cuando el Che pasó por Placetas.
Hoy el cine de Placetas está cerrado, la casa de la cultura y el museo apenas sobreviven al derrumbe y los jóvenes solo tienen bares privados y centros nocturnos donde un trago cuesta medio salario mínimo. Esa realidad se replica en cada municipio cubano y es el sino fatal de la capital.
Por el momento, en La Habana, solo cines enormes como el Yara, el Riviera, el 23 y 12 y el Chaplin escapan a la destrucción y el abandono. La mayoría de los teatros sobrevivientes se encuentran en zonas privilegiadas como el Vedado o Playa. Nada queda para Marianao, la Lisa, San Miguel o Centro Habana, que son «casualmente» de los barrios más empobrecidos. Cines como el Lux y el Ambassador de Playa o el Record de Marianao son viviendas, en el mejor de los casos y en el peor se han convertido en almacenes o basureros.
«Parapapanpan cógelo suave que esto aquí no es un campismo»
«Parapapampan. El Campismo». Canción de Chocolate MC y el Úniko
Basta hablar con jóvenes de veintitantos años como Migue, Augusto, César o José Julián —quienes dieron sus testimonios a LJC— para notar que acceder a un campismo popular en Cuba hoy puede ser un imposible amargo: un imposible porque «conseguir la reservación puede ser muy difícil. Suelen dar pocas capacidades» —dice César—. Igualmente, relatan las pésimas condiciones en que se encuentran las instalaciones: «A veces no hay ni agua. Las cabañas están muy sucias y llenas de moho. Las piscinas están abandonadas y no hay casi ofertas gastronómicas».
El Plan Campismo Popular, creado el 16 de mayo de 1981, fue una idea de Fidel Castro, quien, en septiembre de 1959 propuso «extender por valles, playas y montañas, una forma de alojamiento y disfrute al alcance de todos». Actualmente, la página del Grupo Empresarial Campismo Popular dice contar con «más de 92 instalaciones, 4 villas internacionales y un Parque Turístico».
Es común en las historias de estos jóvenes recordar el campismo popular como un lugar en que pasaron buenos momentos de su vida universitaria. El «pasar trabajo en el campismo» también signa sus relatos, pero hablan de esas vicisitudes como si de anécdotas nostálgicas se tratase. El campismo nunca fue un lugar caracterizado por la comodidad, pero, aun así, era una opción viable para muchas familias pobres y estudiantes universitarios ¿Qué cambió? Que el Estado abandonó esas instalaciones al punto de convertirlas en lugares inhabitables.
Es común en las historias de estos jóvenes recordar el campismo popular como un lugar en que pasaron buenos momentos de su vida universitaria.
César trajo a la conversación a un fantasma. Me habla de una infancia en que los domingos se parecían al «paraíso de metal» que canta Carlos Varela en Jalisco Park: «la montaña rusa, la estrella polar, los carritos locos…». Me cuenta del Parque Lenin, ese lugar que desde su fundación en 1972 marcó la infancia de millones de cubanos y del que hoy solo queda herrumbre.
Tras un deterioro sostenido de los equipos, el Estado cubano anunció la reapertura del Parque Lenin en 2022 coincidiendo con los 50 años de su fundación. Sin embargo, esta se llevó a cabo con muchos menos aparatos, y pronto el lugar volvió a caer en el abandono.
Clara y Luz me recuerdan también el parque de diversiones de la salida de Placetas. Recientemente volví a Cuba y vi el cementerio en que se han convertido los parques de mi infancia. El tren descarrilado, la noria gigante del «Carlos Marx», ese mundo infantil soviético, se encuentra también abandonado en el Complejo recreativo «El Arcoiris» de Santa Clara, para recordarnos la caída del muro y la agonía de esa Cuba de «gratuidades indebidas».
Las gratuidades nunca fueron gratis
Varias investigaciones analizan el acceso a la cultura y la recreación en Cuba desde enfoques que prevén factores individuales como género, edad, capital económico y cultural, y estructurales como la disponibilidad territorial, calidad de las ofertas y conectividad. Estas concluyen que las mujeres enfrentan barreras como la falta de tiempo libre debido a la sobrecarga de trabajo doméstico. Además, los espacios recreativos están masculinizados y muchas veces no consideran sus intereses.
Lo mismo pasa con los afrodescendientes, cuya falta de acceso a los espacios culturales está signada por el hecho de pertenecer a sectores pobres. En cuanto al capital económico, concluyen que las familias acceden de forma muy desigual a la cultura. Las más favorecidas disfrutan de más y mejores opciones y ello está marcado por factores como el recibir remesas o no.
Además, las ofertas culturales y recreativas se concentran en zonas privilegiadas como Plaza de la Revolución, en La Habana, dejando a otras comunidades periféricas con poca o nula oferta. La falta de transporte público y la necesidad de pagar transporte privado suponen barreras económicas adicionales, sobre todo en zonas rurales. Además, como se ha explicado, muchas instituciones culturales y recreativas fuera de las zonas céntricas están deterioradas, lo cual desincentiva su uso.
Las ofertas culturales y recreativas se concentran en zonas privilegiadas como Plaza de la Revolución, en La Habana, dejando a otras comunidades periféricas con poca o nula oferta.
Por otro lado, en el 2012 el Estado cubano decidió arrendarle varios locales «públicos» al emergente sector privado, práctica que se ha mantenido hasta la actualidad. Si bien esta medida permitió que muchos inmuebles que estaban camino a la destrucción volvieran a rehabilitarse, también hizo desaparecer muchos espacios que ofrecían servicios y productos a precios asequibles a la población, para centrarse en los segmentos altos de pirámide de clases. Un ejemplo muy claro era el «Café Literario» de la Calle G, que expendía bebidas por cinco y diez pesos cubanos, al que acudían comúnmente los estudiantes, y luego de su paso a manos privadas se volvió inaccesible para estos.
Hace unos años también fue polémica en redes sociales la reapertura de Jalisco Park a manos de una cooperativa, con atracciones nuevas, pero sin subsidio. A pesar de las grandes críticas por los precios, las largas filas para entrar demostraron que, aún con la barrera monetaria, la demanda de espacios recreativos supera excesiva a la oferta.
En todos los casos el debate no ha sido resuelto, si los gobiernos locales no tienen capacidad financiera para mantener ofertas recreativas y culturales. ¿Es preferible que estos espacios se pierdan o que pasen a manos de privados? Sin embargo, en ambos casos, presuponemos que el Estado se retira de una función y un deber que constitucionalmente le pertenece.
Estamos presuponiendo que el Estado se retire de una función y un deber que constitucionalmente le pertenece.
La Constitución cubana de 1976 reconocía en su artículo 43 el derecho a que sin distinción «de raza, color de la piel, sexo, creencias religiosas, origen nacional y cualquier otra lesiva a la dignidad humana» todos los cubanos disfruten de «los mismos balnearios, playas, parques, círculos sociales y demás centros de cultura, deportes, recreación y descanso». En su artículo 52, dicha carta magna reafirmaba el «derecho a la educación física, al deporte y a la recreación».
Por su parte, la Constitución de 2019 incluye el derecho a la recreación, el deporte, la cultura y el desarrollo integral en sus artículos 46 y 74. En este último, además, se nombra al Estado como el creador de las condiciones «para garantizar los recursos necesarios dedicados a la promoción y práctica del deporte y la recreación del pueblo…».
Aunque la Constitución de 2019 omite el derecho a los balnearios, playas, parques y otros espacios para la recreación del pueblo, los «Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución» de 2011, conciben la diversificación de las opciones de esparcimiento sano y uso del tiempo libre, tomando en cuenta los intereses, las preferencias y las tradiciones de los distintos grupos etarios, territorios y segmentos poblacionales.
En el objetivo 24 de dichos lineamientos se expresa que el Estado debe «propiciar el acceso de toda la población, en particular de las nuevas generaciones, a una recreación sana, creando espacios y perfeccionando los ya existentes, donde se armonicen los fines recreativos y educativos, con el objetivo de impulsar alternativas culturales, deportivas y de entretenimiento con un fundamento humanista, patriótico y socialista».
Faltaríamos a la verdad si no reconociéramos que, desde los primeros días tras el triunfo de la Revolución, el Estado cubano colocó la cultura y la recreación en el centro de su proyecto social. Ejemplo de ello fue la creación del ICAIC apenas tres meses después del 1.º de enero de 1959, seguida de instituciones emblemáticas como la Casa de las Américas (1959), la Orquesta Sinfónica Nacional (1960) o el Consejo Nacional de Cultura (1961), que marcó el inicio de una política cultural orientada a masificar el acceso al arte y al conocimiento.
En las décadas siguientes, se consolidaron eventos y espacios de participación como el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano (1979), el Campismo Popular (1981), las Casas de Cultura (1978) y la Bienal de La Habana (1984). Incluso en el llamado Período Especial (1990), con una severa crisis económica, el país apostó por la continuidad de su infraestructura cultural como forma de resistencia simbólica y social.
Ya en los 2000, la llamada Batalla de Ideas, si bien ha tenido múltiples críticas por el despilfarro de recursos y casos de corrupción, revitalizó este enfoque con nuevas instituciones educativas y una mirada renovada sobre el papel de la comunidad en la vida cultural del país, algo que no ha tenido «continuidad» en las políticas posteriores.
Sin embargo, hoy la situación es completamente distinta. Un reportaje publicado en Trabajadores el 12 de mayo de 2025 recuerda que, sólo en las villas obreras de Playas del Este, «pasaban cada año alrededor de un millón de trabajadores y familiares», y que allí se levantaron «más de 700 viviendas» costeadas con las propias utilidades de las empresas y el trabajo voluntario de sus plantillas. Aquella red, sostenida durante décadas como «lo único que teníamos para disfrutar con nuestros hijos en la playa», fue desmantelada entre 2009 y 2010, cuando los sindicatos tuvieron que entregar los inmuebles a la cadena turística Islazul; a partir de entonces, advierte el texto, «los alquileres empezaron a cobrarse en CUC» y las instalaciones quedaron sin presupuesto de mantenimiento.
El resultado salta a la vista: «Entregamos una villa de lujo, sin recibir remuneración alguna; hoy la instalación parece salida de una conflagración bélica», denuncia Oscar Hernández, del sindicato de Cemento Siguaney, mientras crónicas similares describen piscinas vacías, cabañas saqueadas y 94 de las 231 habitaciones potenciales fuera de servicio en Pinar del Río. «Los trabajadores pagaban su estancia con un margen comercial del 5 %; nadie perdía, todos ganaban», subraya el artículo, para concluir que la decisión de recentralizar el sistema «no generó un cambio para bien. Todo lo contrario».
***
La recreación y el acceso a la cultura están legisladas, sí. Signadas también por un sentido ideológico. El problema, marxistamente hablando, es la praxis, es el retiro del Estado que no deja de ser el férreo controlador de la economía y la política, pero que ha cambiado sus prioridades. En la Cuba de hoy sí existen opciones de recreación, pero no son para todos, son para quienes puedan pagarlas.
La cruzada contra las gratuidades que comenzó con el gobierno de Raúl Castro se tradujo en quitar el colchón que sostenía a los obreros cubanos, que a pesar de tener sueldos precarios y vivir en condiciones económicas difíciles, pagaban con su trabajo la diferencia. Lo que el cubano no percibía en salario como fruto de su esfuerzo, llegaba en esas «gratuidades» y «conquistas sociales», en ese derecho a la cultura, el deporte y la recreación.
En un sistema de economía híbrida como el que existe hoy en Cuba cabría preguntarse cómo pudiera garantizarse el acceso a la recreación de las personas. Entre las tantas alternativas a aplicar pudieran estar: la creación en las empresas de una cuenta para la recreación de sus mejores trabajadores; priorizar en las licitaciones para locales públicos a proyectos privados o cooperativos destinados a la recreación con enfoque solidario; habilitar en las instalaciones hoteleras propiedad del Estado una cuota de habitaciones destinadas a trabajadores de sectores clave como salud y educación; redistribuir parte del impuesto cobrado a las empresas extranjeras y privadas que gestionan alojamientos para reconstruir instalaciones como los campismos populares; y promover que las empresas nacionales emprendan acciones de responsabilidad social que incidan en espacios públicos recreativos.
Sin embargo, nada de esto parece estar en las proyecciones del Estado, se fueron las gratuidades y el sueldo sigue sin alcanzar. Hoy los cubanos habitan entre campismos, cines, parques y casas de culturas en ruinas, y de esas varias de conquistas sociales solo queda la nostalgia y la enajenación.
Este monólogo lo acabo de escribir hace una semana y lo acaba de estrenar Franklin López en el espacio La Risa por Delante. Se los dejo en un formato reducido y más literario. Que lo disfruten.
¿Alguno de ustedes ha estado alguna vez en una terapia de grupo? Son esos lugares en donde uno va a hablar de sus problemas, con gente que tiene problemas parecidos. Las hay de alcohólicos, de personas que han perdido un familiar, de enfermedades mentales, etc. Lo primero es presentarse, y reconocer ante el mundo los problemas que le están amargando la vida a uno. Bueno, ya que dejé claro esto, ahora sí vamos a empezar:
Hola, soy Franklin, vivo en un pasillo, y en El Cerro. Ante todo, quiero dejar claro que yo soy una persona honesta, me considero buena persona, y muy humilde. Como se suele decir: cubano de a pie. De a pie de verdad, no como esa gente que te dice que es cubano de a pie, y no solo que nunca lo ves a pie, sino que cuando lo ves en carro, no va manejando él, porque tiene chofer. Eso es cuando lo ves, porque la mayor parte de las veces el cristal oscuro esta subido. Al contrario, yo sí soy humilde. El más humilde de mis vecinos, y la vida me lo ha demostrado.
Hace como una semana se me perdieron 500 pesos en el pasillo. El viento se los llevó, los perdí de vista un momentico y ya no aparecieron más. Una hora entera los busqué y nada. Así que dije: bueno, que sea lo que la vida quiera, solo espero que se los encuentre el vecino más necesitado. A las dos horas pasé por allí y me los encontré yo mismo.
La situación de mi barrio esta difícil. Bueno, ¿Qué les voy a contar yo a ustedes? No los quiero torturar con mis desgracias porque dondequiera que hay varios cubanos y uno empieza a hablar de problemas, otro coge carga y suelta uno de él, y empieza una competencia de penurias que hace quedar corta a la Olimpiada de Paris. Solo tengo que recordarles que vivo en el municipio El Cerro y decirles que a mi pasillo no llega el agua. Y el día que llega, que es una vez cada dos o tres semanas, llega haciendo un esfuerzo tan grande…que llega muerta de cansancio, y hay veces que ha llegado con sed.
A la entrada de mi pasillo, como seguro hay en todos los de ustedes, hay una pilita de agua, que no es de nadie, pero es de todo el mundo. Hasta de gente de otros municipios que pasen por allí de casualidad. Esa pilita no es burda plomería. No. Esa pilita es un monumento, es un símbolo. Desde que se agravó la situación del agua, la gente pasa y le deja flores, velas encendidas y poemas: te queremos, vuelve por favor, nada es igual sin ti. La gente se sienta delante de la pilita a recordar buenos momentos del pasado. ¿Te acuerdas cuando uno llegaba sudado de la calle y se daba una ducha? ¿Te acuerdas cuando el baño descargaba halando una palanca y no con cubo? ¡Qué felices éramos y no lo sabíamos!
El otro día mi vecina Fefa estaba sentada en la punta del pasillo con su radiecito y empezó a sonar Maná con aquello de: «Como quisiera, poder vivir sin agua…» A Fefa le corrieron dos lagrimones y mirando al radio le dijo bajito: Y yo, Maná, y yo. Lo cierto es que si es verdad que en Marte se han descubierto indicios de que podría existir agua, ya Marte viene estando más adelantado que mi pasillo en El Cerro. Se nos ha hecho difícil mantener las tradiciones. Hasta aquel cubo de agua que se tiraba a la calle los 31 de diciembre, el año pasado tuvimos que poner un buchito cada casa y el presidente del comité, solemnemente, tiró el vaso de agua perteneciente al CDR 25, y se grabó con los celulares, para dejar constancia.
Hay niños chiquitos nacidos en El Cerro que han ido de visita a otros municipios, han visto la ducha funcionando y han salido corriendo emocionados a decirle a la mama: Mami, mami, que lindo, aquí llueve dentro de la casa.
Yo he pasado penas muy grandes, porque he tenido visitas, los he invitado a almorzar y han insistido en fregar. Ese intercambio de amabilidad tan común en Cuba. Y tú que no, y ellos que sí. Y tú que no hace falta y ellos que te dejes de bobería. Hasta que, en el desespero para no sufrir un gasto irreparable, se te va un: es que tú no sabes fregar. Te miran con condescendencia y te dicen: Yo llevo 25 años fregando en mi casa dos veces al día. Y tú le dices: pero eso es el Vedado, tú nunca has fregado en El Cerro. Y ellos: déjame probar, y tú cedes: bueno, dale, pero te vigilo. Y lo primero que hacen es estirar la mano para abrir la pila y se la aguantas, lo miras a los ojos y le dices, condescendiente tú ahora: ¡¿ves que no sabes?! Aquí se friega con palangana.
El agua nunca había faltado así de esta manera. Siempre ha habido problemas, pero así, qué va, así nunca. Yo tengo la teoría de que el agua está faltando así de esta manera, porque ve que la corriente hace lo que le da la gana y nadie le dice nada. Además, el agua también está viendo que el gas y el camión que recoge la basura también faltan y no pasa nada, y esa juntamenta no es buena. Dime con quien andas y te diré quién eres.
Creo que hay que cambiar cosas. Hay cosas que se deberían hacer ya. Cosas que se pueden hacer. Por ejemplo, la situación de El Canal del Cerro. La gente de aquí se siente orgulloso de su origen, y te lo dicen: yo sí soy del Canal. Fíjate que Donad Trump en su avaricia y prepotencia, ha dicho que tiene intenciones de quedarse con El Canal de Panamá. Pero con El Canal del Cerro, no se atreve, porque él sabe dónde se mete. Ahora, pregunto yo: ¿Qué sentido tiene tener un canal que no tiene agua? Yo propongo que se le done el Canal al Vedado. Lo mismo pasa con los nombres de algunas calles. La calle Agua Dulce, cuando tiene agua, es albañal, no dulce. Hay que respetar los nombres de las cosas. Yo soy incapaz de tirarme un peo en la avenida Buenos Aires.
Lo otro que en El Cerro es tremendo es el problema de los pregones. A mí me da curiosidad porque los pregones yo tengo entendido que son para vender más. Si tú pregonas y no te entienden, ¿cómo vas a vender? Por mi casa pasa todos los días un tipo que grita: el martillo de hielo, el martillo de hielo de laos. Tuve que pedirle que me enseñara el martillo, para que me dijera que era: el barquillo relleno, el barquillo relleno de helado.
También está el mismo pregón en tres maneras distintas: el Bocadito de Helado. Yo no sé en otros municipios, pero en El Cerro pasan tres tipos de vendedores que venden los mismos bocaditos, pero con tres tipos de pregones diferentes: digital (grabado y con bocina), analógico (él mismo lo grita) y con lambada y navidad. Yo ya siento la lambada y en vez de una mulata brasileña bailando, lo que me viene a la mente es un helado derretido, dentro de una panetela enchumbada.
Señores, El Cerro tiene que reencontrarse. El Cerro ya no tiene la llave. Bueno, la tiene, pero la llave que tiene es el café La Llave, y lo tiene bien caro en todas partes. La llave de abrir las puertas, esa no la tiene. El agua, la luz y el gas, tal vez, en su cansancio, están tratando de llegar, y no entran porque se encuentran la puerta cerrada, y sin la llave. Hay que concentrarse en eso, en recuperar la llave, que el que la tiene no la está usando bien.
Muchas gracias por escucharme. Me ha venido bien hablar y desahogarme. Estaba ahogado de problemas porque en mi situación ahogarse con agua es imposible. Ahora ya estoy mejor, así que a todos ustedes les deseo mucha felicidad, menos a los que vivan en un pasillo en El Cerro, a ustedes el pésame, que ya están embarcados.
La noticia es que el gobierno de Trump ha deportado a dos cubanos condenados por delitos graves a Sudán del Sur, después de que Cuba se negara a recibirlos, según afirma el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).
Enrique Arias Hierro había sido condenado por homicidio, robo a mano armada, secuestro, allanamiento de morada y suplantación de identidad. A principios de mayo fue arrestado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Por su parte, José Manuel Rodríguez Quiñones, quien fue arrestado el 30 de abril, tenía en su haber delitos como intento de asesinato en primer grado, agresión, hurto y tráfico de drogas, por solo mencionar algunos.
Según reportes de prensa, ambos estaban a punto de ser liberados tras cumplir largas condenas cuando ICE los detuvo. El Miami Herald informó que la administración Trump solicitó al gobierno cubano que los aceptara de regreso, pero La Habana se negó, argumentando que los hombres habían salido de la Isla siendo muy jóvenes. Por la parte cubana ninguna fuente oficial ha confirmado esta información.
Cuba ha continuado aceptando vuelos de deportados provenientes de Estados Unidos como parte de los acuerdos migratorios vigentes entre los dos países. El caso más reciente fue el de una madre con una niña lactante que fue deportada de EE.UU. sin tener la opción, afirma, de llevarse a su hija con ella. La mujer, que trabajaba y no tenía antecedentes penales, se presentó en una cita de rutina ante las autoridades, ya que ella había entrado al país utilizando formulario I-220A que le impide beneficiarse con la Ley de Ajuste Cubano.
El caso, que ha recibido gran atención mediática, puso al descubierto que la administración Trump no solo está deportando a personas con récord criminal, sino prácticamente a cualquiera que tenga la mala suerte de ser fichado por ICE.
Los cubanos Arias y Rodríguez están ahora en Sudán del Sur como parte de una operación del gobierno para deportar a terceros países a migrantes que sus países de origen no acepten. Los cubanos fueron enviados desde Texas al país africano con un historial de violencia e inestabilidad en un vuelo que, según Tricia McLaughlin, subsecretaria de Asuntos Públicos en el Departamento de Seguridad Nacional, transporta «a algunas de las personas más bárbaras y violentas que se encuentran ilegalmente en Estados Unidos».
Estos envíos a terceros países están confrontando una fricción: en este caso, un juez federal de Boston ordenó al gobierno no deportarlos porque eso contradecía una orden que ya antes él había dado, prohibir las deportaciones de migrantes que no han tenido la oportunidad de impugnar su expulsión. No obstante, la administración Trump ya ha violado otras órdenes de jueces de cortes menores e investiga cómo hacerlo más y mejor.
Las deportaciones y las detenciones responden a una estrategia de la actual administración de intimidar a los migrantes para que se autodeporten, o para que los que pretenden ingresar al país no lo hagan. Aunque la realidad es que la administración no tiene los fondos para detener, procesar y expulsar del país a millones de migrantes en situación irregular, y si lo hiciera, los efectos en la economía serían incalculables, sobre todo en los sectores en los cuales estos migrantes realizan el trabajo que no quieren hacer los nativos.
Estos no son los primeros cubanos deportados, pero el temor de la deportación por el solo hecho de ingresar ilegal o no estar en el camino de obtener una residencia o ciudadanía, es nueva para quienes emigran desde la Isla, que siempre estuvieron particularizados entre los latinos en Estados Unidos.
En medio de esta alharaca por la deportación a Sudán del Sur, ha sido noticia que el popular artista de género urbano Yosvani Arismín Sierra Hernández, conocido como Chocolate MC, quien cumplió prisión en Cuba y ahora se encuentra preso en EE.UU. por cometer varios delitos, podría ser deportado a CECOT, la prisión de alta seguridad en El Salvador que Nayib Bukele renta a Estados Unidos.
Esta noticia significa que la comunidad cubana está más expuesta que nunca a ser tratada exactamente igual que el resto de las comunidades latinas, donde los comisores de delitos clasifican para deportaciones exprés sin importar lugar de procedencia.
Es además un pánico que no recae solamente en aquellos con antecedentes penales, sino también en personas que no han cometido ningún delito y están expuestas a ser apresadas en citas reglamentarias como el caso de la joven madre que sí fue aceptada por el gobierno cubano, y dos días después de su detención aterrizó en Cuba.
Significa, además, que habría peores escenarios que regresar al país de origen del que esas personas partieron por varias razones: existe la posibilidad, para los que han cometido delitos, incluso si terminaron su sentencia, de ser deportados a terceros países donde caen en territorio de nadie y el respeto a los derechos no es prioridad. Presos movidos como ganado sin que tengan derecho a reclamar, apelar o impugnar esa decisión.
Buena parte de la comunidad cubana votante eligió al actual presidente, quien anunció, de una manera u otra, que este sería el camino para los migrantes, y no hizo distinción con los cubanos. Esta campaña de miedo a la deportación, los llamados a denunciar a personas que supuestamente tuvieron vínculos con el gobierno cubano, el retiro de apoyo a los que entraron al país con el parole humanitario, y el limbo legal en el que se encuentran, demuestra que los cubanos emigrados no ciudadanos ni residentes aún están sufriendo el peso de una administración que no ahorra esfuerzos por expresar su rechazo el recién llegado latino, mientras recibe a sudafricanos blancos bajo la falsa premisa de que en Sudáfrica se produce un «genocidio blanco».
Nuestra opinión es que el gobierno cubano debe dejar clara su versión oficial sobre qué pasa cuando recibe estas solicitudes, y qué significa realmente lo que ha dicho antes el viceministro del Minrex encargado de los temas de Estados Unidos, Carlos Fernández de Cossío, que «Cuba aceptará vuelos con deportados siempre y cuando sean dentro del marco de los acuerdos migratorios». ¿Están vigentes esos acuerdos si no se producen los diálogos sobre el tema que estos estipulan? En esta situación distinta, en que las deportaciones son práctica más habitual que nunca, ¿qué hará el gobierno cubano? ¿Aceptará solo a personas que no hayan cometido delitos o incluirá a célebres criminales y opositores como Chocolate MC? ¿Qué acciones tomará para proteger a los migrantes de las posibles consecuencias que tendrían en lugares como el temido CECOT?
También opinamos que es muy llamativo el silencio de organizaciones de derechos humanos, muy centradas en observar y evaluar las violaciones cometidas en la Isla, pero que miran para otro lado cuando las políticas trumpistas ponen en entredicho los derechos de los cubanos.
Por ahora, la incertidumbre sigue apoderándose de una comunidad que supuestamente salió huyendo del autoritarismo en la Isla, pero apoyó a un presidente que cada vez da más señales de no tener ningún respeto por los valores democráticos que Estados Unidos dice defender.