Osvaldo Doimeadiós: no confío en las personas que no ríen

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Conozco a Osvaldo Doimeadiós desde la segunda mitad de los 80, cuando él integraba el estupendo grupo humorístico Sala-Manca y yo militaba en Nos-y-Otros. No voy a reseñar su vida y su obra, pero sí diré que una de las cosas que más admiro del tipo es su capacidad de trabajo, la manera en que se reinventa y aborda con envidiable tenacidad nuevos trabajos teatrales, cinematográficos, docentes. En algún momento de la entrevista que sigue, dice que mira la realidad con los ojos de un niño, y creo que en esa pureza está la clave de su dimensión humana. Aquí hablamos del nuevo emprendimiento en que se enfrasca, el proyecto La risa por delante, que desarrolla en su pequeño reino, la Nave Oficio de Isla (en los antiguos almacenes de San José, Avenida del Puerto y Cuba): un espacio de stand up comedy para el público cubano. 

A ver, Doime, como cabe la posibilidad de que alguna gente no conozca este espacio, la Nave, háblame un poco de cómo surgió, qué se propone y cómo se inserta en él este proyecto, La risa por delante

Nave Oficio de Isla está cumpliendo sus primeros cinco años: arrancamos en octubre de 2019 con un espectáculo multidisciplinar nombrado así, Oficio de Isla, que hemos mantenido en repertorio. El proyecto es una comunidad creativa, nos gusta llamarlo así, que acoge en su interior a artistas del teatro, de la danza, la música, las artes visuales, del cine… y en estos cinco años este espíritu multidisciplinar se ha hecho evidente en las acciones formativas, como talleres, seminarios, clases (muchos estudiantes de la ENA y el ISA están vinculados a nuestro proyecto), y también en el puente hacia la comunidad en que estamos enclavados, en la zona del puerto habanero, un área con mucha historia. Es un ejercicio constante de diálogo con el público.

Por mi trabajo durante años como humorista y como actor —sabes, esas son zonas que suelen estar separadas— he tratado de que una zona oxigene a la otra, que las compuertas entre ambas estén abiertas. Desde que surgió la Nave, aquí han estado los humoristas en cursos y talleres. Entonces se me acercó Ignacio Hernández (Nachi), director durante muchos años de Vivir del cuento, y Nelia Casado (Nelita) su compañera, con un proyecto de stand up comedy en vivo, dejando además registro de ello. Hace tiempo teníamos la idea de desarrollar esta modalidad acá, y así lo hicimos: comenzamos en noviembre de 2024, ya estamos por la segunda edición, y pretendemos que el espacio se convierta en un centro de referencia en nuestro país, pero sobre todo que el público cubano encuentre un espacio abierto a esta forma de hacer humor que es tan eficaz en todas partes del mundo, y que a la vez sirva de inspiración para los escritores, para la escena en esta modalidad tan específica. Por ahí vamos.

El stand up establece mucha complicidad con el público, pues parece que no hubiera guion, que el actor está improvisando cosas sin ilación aparente. Por esa razón es muy inmediato, tiene una conexión con la coyuntura sociopolítica, con el momento. En Cuba no ha sido muy frecuente, pero tras estas olas que hemos visto en Cuba de El Club de la Comedia de España, de gente como Rick Gervais y otros, empieza a tomar fuerza. Háblame un poco de cómo se inserta en la tradición del teatro cubano y qué puede aportar esta modalidad.

La manera que tiene el stand up de abordar la inmediatez, de emplear la sátira parece ausente de nuestros medios por ser considerada a veces una forma demasiado peligrosa de reflejar la realidad, y yo creo que no, que es un ejercicio catártico, una manera en que la sociedad se va mirando a sí misma. Efectivamente, el actor o actante trabaja de manera que parece improvisada, que parece no tener una estructura y sí la tiene, pues hay una dramaturgia para que parezca una conversación entre el actor y el público, como un griot contemporáneo que va exorcizando muchos tabúes, de todo tipo: políticos, religiosos, sexuales… Por lo general se hace en espacios más íntimos, aunque no es raro verlo también en grandes teatros, pero suelen irse cocinando en pequeños espacios: por eso escogimos la galería, donde caben entre 80 y 90 personas. Lo hemos tenido lleno totalmente, con un público muy interesado; ayudamos a crear un público para ese tipo de humor, para ese tipo de diálogo.

En monólogos españoles, norteamericanos, etcétera, hay algunos chistes que uno no entiende, pues son referencias directas a esa sociedad, pero en general puedes disfrutar del texto. Aquí, esa inmediatez, ese centrarse en la crítica social, permite que todos los cubanos del mundo, no solo que viven en Cuba, lo vean y entiendan las claves, pero espectadores de otras nacionalidades hispanoparlantes pueden quedarse botaos. ¿Es eso algo que ustedes asumen, que les da igual, que buscan o a lo que se resignan?

Yo creo que en la medida en que se haga vamos ganando en experiencia, y el círculo de resonancia se irá ampliando, e iremos entrando en cuestiones más universales, en textos más elaborados y comprensibles para todos los hispanoparlantes. Por otra parte, en todas partes es un trabajo que se hace pensando en primer lugar en quién está allí: fíjate que siempre se trata de esto nada más que me pasa a mí, somos los peores del mundo… en cada país siempre va de eso, echan en la cazuela todo lo que pasa, lo que los caracteriza. Claro, nosotros tenemos una realidad muy especial, diferente, difícil de entender para otros, e incluso para nosotros (reímos) pero justamente se trata de hacer de manera humorística ese ejercicio de no entender las cosas. Es tarea nuestra, y de los escritores, empezar a subir la parada, y pensar también en temas de trascendencia universal… pero por algo hay que empezar.

En Cuba hay una suerte de dualidad en la manera de recibir el humor en época de crisis… o sea, en la mayor parte de las épocas: por un lado, la gente disfruta ver y escuchar el reflejo de lo que sucede en la calle, pero por otro está ese criterio de que la crítica ha de ser en serio y no con chistecitos que no resuelven nada. Eso entronca con el sambenito que hemos enfrentado toda la vida de que el humor es un género menor, algo fugaz, ni verdadera literatura ni verdadero teatro… ¿Qué opinión te merece esta opinión?

La propia impermanencia del ser humano sugiere que la manera de organizar la mirada sobre los hechos que acontecen debe restarles gravedad; que podamos reír juntos es una experiencia que derriba prejuicios, dogmas, y nos afirmamos como humanos. Yo no confío en las personas que no ríen, o en las que prohíben la risa.

Sería bueno que algunos de esos vinieran aquí…

(Ríe) Sí, sí, pues a veces satanizan una manera de contemplar la realidad, ¿no? Yo lo miro con los ojos de un niño: el humor es una capacidad humana de movilizar el pensamiento, de hacernos más creativos, de mayor inteligencia emocional, y creo que eso nos hace bien en todos los sentidos. Si no fuera así habría muchos lugares donde no se hiciera, pues habría cambiado sociedades, sistemas, estructuras… Creo que es muy sano, y perdónenme los del otro extremo, pero es mi manera de verlo, y por eso lo defiendo y lo ejercito.

He visto ya algunas de las cosas que se han hecho acá. Si puedes contarme un poco acerca del criterio de selección de los trabajos, y qué puede esperar el público para los próximos meses…

Hemos llamado a muchos humoristas. A algunos les interesa hacerlo, pero que no se grabe. Dicen, cosa que respeto, que al quedar grabado su repertorio, eso les quita frescura, no quieren quemar su material… Pero bueno, es que también queremos tener un registro de estos días, en el sentido más amplio: al ver uno de estos espectáculos filmados, uno puede volver a atravesar un momento de la historia. En principio, los que aceptan trabajan con el repertorio que ya tenían; luego se trata de motivar a los escritores a que empiecen a crear para determinado humorista, el que escojan, para que esto tenga un sostén literario. Tiene que ser un proyecto sostenible (ríe).

Queremos que haya actrices. Estamos pensando en Yasnai Ricardo, actriz de Komotú, en Yamirita Díaz, a quien Miguel Moreno ya le ha escrito un texto… Según la efectividad que se alcance con estas presentaciones y su repercusión en el público en vivo y en las redes. Es una forma de ganar visibilidad, aun cuando sea solo para cubanos, pues facilita el diálogo entre los que están allá y los que estamos aquí. Serían dos días al mes, grabar a tres humoristas cada uno de esos días, tanto los más reconocidos como a los nuevos; fíjate, nuestro interés es traer aquí a la escena a humoristas que empiezan, descubrir nuevos talentos como hacíamos en los 80 y 90 cuando íbamos a las universidades… Yo estoy seguro de que ahora mismo en las universidades debe haber estudiantes haciendo humor.

En cualquier parte del mundo, actores de reconocida trayectoria se deciden un día a hacer un espectáculo de stand up, pues es una modalidad que recurre a un arsenal mínimo, el actor trabaja sin máscara, como quien hace chistes a los invitados en su casa, pero su casa es el teatro.

Es como sembrar un terreno, y yo estoy seguro de que en el futuro va a rendir frutos…

Como nuestra economía.

(Reímos)

Gracias, bro.

3 COMENTARIOS

  1. Pude disfrutar de las dos presentaciones del mes de Noviembre y disfrute muchísimo de todos los humoristas que actuaron. Les deseo que sigan avanzando por este camino, nuestro pueblo lo merece y necesita.

  2. Pude disfrutar de las dos presentaciones del mes de Noviembre y disfrute muchísimo de todos los humoristas que actuaron. Les deseo que sigan avanzando por este camino, nuestro pueblo lo merece y necesita.

  3. Es magnífico que están grabando y dejando un registro, he disfrutado mucho lo que han publicado en YouTube y también es muy bueno que hayan convocado a otros escritores. El stand up comedy es una especie de cara a cara, de encuentro cercano humorístico, inteligente y desafiante. Gracias a Osvaldo Doimeadios por su buen gusto, ingenio y constante magisterio, muchas gracias también a usted profesor por la entrevista.

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Eduardo Del LLano
Eduardo Del LLano
Escritor, guionista y director de cine cubano

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