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Confieso que no vi The substance (Coralie Fargeat, 2024) hasta el final. Cuando a Sue frente al espejo se le empiezan a caer los dientes, cosa de media hora antes de que la película termine, decidí que había tenido suficiente y fui moviendo a hurtadillas el cursor por el tramo que faltaba para llevarme una idea de cómo terminaba la historia, y corroborar que hice bien en acobardarme a tiempo. Es una buena película, y la Moore y la Qualley están espléndidas, pero ná, hasta ahí.
Hay directores que no digiero aunque para muchos críticos sean de lo mejor, como Terrence Malick y Paolo Sorrentino, pero en esos casos se trata de arboladuras estéticas que no me seducen. No, hoy quiero hablar de límites personales. De películas que no vuelvo a ver aunque me paguen. Es más, hay algunas que ni siquiera me he atrevido a ver por primera vez.
Es cierto que no soy particularmente aficionado al terror cinematográfico, pero la explicación de mi reluctancia a determinadas películas es un poquito más complicada, porque hay obras terroríficas que asimilo bastante bien aunque no sea ni de lejos mi género favorito. Digamos que mientras se trate de monstruos que salen de pronto, por más cubiertos de garras y pinchos que estén, no pasa nada, llego al final y almaceno la historia en esa gaveta mental donde se apretujan y entremezclan millares de filmes que apenas si recuerdas a retazos. En cambio, cuando la historia va de cosas horribles que unas personas les hacen a otras, o de horror corporal (como es el caso de The substance) la alarma suena enseguida. De hecho, en ciertos casos basta el rumor (esa gente que comenta en una cola: «¿viste tal película? Hay una escena buenísima en que sucede esto y aquello», para que yo decida que no quiero ver esto ni mucho menos aquello.
Hay obras que rozan esa frontera que he trazado, pero sin rebasarlo. Por ejemplo, aunque vi todas las temporadas de Game of thrones, hubo muchas veces en que pensé dejarlo, sobre todo al llegar a cierta castración… y lo que le sucede luego al infeliz castrado. Como he señalado en un artículo anterior, no podía menos que preguntarme cómo coño alguien llegaba a viejo en ese mundo, si hasta en la escena más inofensiva dos personajes cabalgan por el bosque conversando y ven a cada tramo a varios infelices ahorcados o el esqueleto de un tipo que murió de hambre en una jaula. ¿Quieres matar a tu enemigo? Vale, mátalo, pero de una estocada y ya, no tienes que quemarlo vivo, cortarle trozos a cada rato o arrancarle el pellejo, digo yo.
Algunas de esas piezas para mí malditas son de grandes directores. Empecemos con Irréversible (Gaspar Noe, 2002), donde hay dos escenas que hubiera preferido ahorrarme: la violación del personaje de Monica Bellucci (que dura nueve angustiosos minutos) y la muerte de otro personaje a golpes de extintor. En ambos casos se trata de escenas sin cortes, porque el cabrón del director quiere que pienses que estás viendo la cosa real, aspira a despojar los hechos brutales de todo artificio. Y vaya si lo logra. Cuando el personaje de Pierre (Albert Dupontel) golpea el rostro del otro con un extintor una y otra vez hasta dejarle la cara convertida en algo que recuerda una fruta podrida, pensé en las ventajas del lavado parcial de cerebro: definitivamente, Irrevérsible es una de esas obras que preferiría olvidar. No es una mala película, supongo, pero entre repetirla y ver una ópera china de tres horas y media, creo que me quedo con la segunda tortura.
En algunos casos ni siquiera he empezado a ver la película, aunque la tengo ahí, en algún rincón de un disco duro… rincón que evito cuidadosamente, como si de pronto la película fuera a exhibirse a traición. Una de ellas es Saul fia (El hijo de Saúl, László Nemes, 2015). Las sinopsis advertían que era dura, incómoda de ver, hablaban de un prisionero de Auschwitz que se ve enfrentado a una situación horrible, inconcebible, que involucraba a su hijo… y eso me bastó. Sé que me estoy perdiendo una obra contundente, pero es una de esas decisiones que se toman para que no haya luego imágenes y secuencias que te persigan el resto de tu vida. En 1989 estuve en Bielorrusia y me llevaron a ver, entre otros sitios, un museo con objetos y fotos de un campo de concentración nazi que funcionó no lejos de allí, y son cosas que todavía recuerdo. No, gracias.
Otro caso en que tampoco he pinchado siquiera el archivo es The house that Jack built (Lars von Trier, 2018). Ya el danés ha mostrado antes que puede ser muy duro, como en Dogville (2003), Manderlay (2009) o Antichrist (2009), tanto por las relaciones que establecen los personajes en pantalla, la pavorosa naturalidad de lo inhumano, como en menor grado por lo que muestra explícitamente (la mutilación genital femenina en Antichrist). Pero supe que Jack construye su casa con restos de cadáveres, y… no Lars, de todas tus películas prefiero Direktøren for det hele) (El jefe de todo esto, 2007) que es una comedia inesperada, y Breaking the waves (1996) con todo y su halo místico porque apuesta por el poder de la bondad y la inocencia. Y nos trajo al clan Skarsgård, también, aunque esa no parezca una buena idea en todos los casos.
Mi último ejemplo será una película soviética que no me arrepiento de haber visto, todo lo contrario, e incluso me gustaría repasar alguna vez (tengo una excelente copia) pero debo encontrar el momento propicio: Idí i smotrí (Ve y mira, Elem Klimov, 1985). Ninguna otra obra cinematográfica, a mi juicio, transmite los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y de la guerra en general, como esta pieza. Por más que Hollywood nos quiera hacer creer que los norteamericanos fueron los que ganaron la IIGM, y Europa, obediente, le siga la rima, lo cierto es que nadie sufrió tanto, sacrificó tantos hijos y fue tan heroico como el pueblo soviético durante esa contienda. La escena en que los nazis encierran a los pobladores de una aldea en la iglesia y le prenden fuego es de una monstruosidad imposible, y se me hace difícil hasta escribir esas palabras: me recuerdo sobrecogido de espanto, llorando al verla en el cine hace muchos años, y desde luego yo no era el único, ni mucho menos. Ridley Scott, por cierto, tiene una escena parecida en su Robin Hood de 2010, pero nada que se aproxime siquiera al impacto que causa Ve y mira.
Una parte ingenua de mí piensa que hay varios líderes mundiales que deberían reunirse para una exhibición privada de Ve y mira: tal vez con eso renunciarían a guerras en marcha o por venir… aunque mi parte cínica y realista responde que lo más probable es que alguno de ellos, al ver la escena de marras, esté calculando cuánto costaría el terreno donde estaba erigida la iglesia y la conveniencia de comprarlo u ocuparlo militarmente apenas se hayan dispersado las cenizas.


Coño del Llano y los editores de LJC, hablando de cine de terror hoy, con el terror que del paquetazo Neoliberal del momento.
Es increíble lo poco que aguanta el archivo de discursos y promesas del equipo de gobierno de “La Continuidad”. Un poco de memoria al señor presidente y respeto a la palabra empeñada no le vendría mal a esa involución resultante de la revolución iniciada hace más de 60 años.
CUBADEBATE, sin debate, pero con récords al que se puede acceder, es hoy el mayor daño real a la credibilidad del binomio actoral en el poder.
Veamos lo que nos decía el presidente hace unos años sobre el tema de la informatización de la sociedad, que en un país de Oligopolios, Partido Comunista Único, ETECSA ÚNICO, y un largo e indeseado ÚNICO.
“Díaz-Canel: La informatización de la sociedad es clave para la participación ciudadana y la soberanía”
“Precios: Una de las preocupaciones de la población son las tarifas, pero podemos asegurar que cuando se amplíen las infraestructuras bajarán los precios.”
Y en eso “llegó el bloqueo” las MIPYMES y la idea “genial” de dolarización para después des-dolarizar, como si en la Cuba de hoy existiera DESPUÉS.
Buen fin de semana para todos, si cabe la expresión de cortesía.
Hola. Sobre el tema publicamos ayer. Puedes encontrarlo aquí:
https://jovencuba.com/etecsa-presion-ciudadania/
He vuelto atrás a ver la página de inicio, y no encontraba ese titular, en un segundo intento lo veo muy chiquitito en «Agenda Crítica», pensé que todo se iba registrando por fecha de entrada en el mismo nivel de «importancia gráfica visual», el formato de la página de inicio luce excluyente a los artículos de «Agenda Crítica» por el peso de la información gráfica de presentación.
Esta es una columna de cine. Si quieres hablar de otra cosa, busca otro sitio dentro de la misma LJC.
Y recuerda «La mirada de Ulises» de Theo Angelopoulos. Incluso en medio de una guerra, el arte salva, tiene sentido.
Que tengas un fin de semana.
Yo se que es una «columna de cine» pero hay momentos para ver cine, otros para hacer cine y tambien toda una vida que te pasa por delante y no es la del cine. Me recuerda usted unas ideas de Daniel Diaz Torres sobre su pelicula, bueno su excelente guion y ya que vamos a hablar de cine, «ALICIA EN EL PUEBLO DE MARAVILLAS»
«Siempre he sentido que huelga la aclaración de que este caricaturesco pueblo no es un retrato de la Revolución, sino de las excrecencias y lastres derivados de conductas y deformaciones éticas que inevitablemente acompañan todo proceso social hecho por hombres»
Mis respetos por su obra, pero su culumna de cine, que por demas poco le he visto exponer de los retos cine cubano actual, la Asociacion de Cineastas Cubanos, y un bien largo etc….. esta bien para un domingo por la tarde, y si la Felton y la Guiteras estan generando y no andas a oscuras, porque el pais que nos van dejando es peor inclusive que la puesta en escena de aquel guion de prosperidad y progreso revolucionario.
Pues léeme un domingo por la tarde.
Hay películas que les prohibiría a los políticos (para intentar que de pronto se sientan creativos).
The Substance, es mala, malísima. Mal debe andar la Moore cuando aceptó ese rol.
Estoy en completo desacuerdo, pero vale.
Gracias, Del Llano, por la columna cinematográfica de cada semana. Coincido con su apreciación respecto a «Ve y mira»: es, en mi opinión, la película que mejor refleja los horrores de la guerra y la barbarie a que puede llegar el ser humano. El personaje de Alexei Kravchenko, que cruza de la peor manera la frontera entre la infancia a la adultez en medio de la brutalidad reinante, y que literalmente envejece en pocos días, es una de las imágenes icónicas del cine soviético.
…me gustan las buenas películas de terror y el golpe de adrenalina que ellas me producen en tanto «lo terrorífico» es posible o te coloca en un plano en el cual te preguntas…será? Juro que así me sucedió mientras veía Los Otros de A. Amenábar. Como seguidora de los filmes de terror he visto muchossss y La substancia, en mi humilde opinión, comienza muy bien pero termina de una manera ordinaria y torpe, como un cine gore de quinta, quizás sea que soy más de sutilezas que de baños de sangre. Y profe, Ve y mira…es otra cosa, otro nivel, es un golpe en la «boca del estómago» y en el alma. Muchas gracias por compartir sus saberes y seguir estableciendo coordenadas.