|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La noticia es que el gobierno de Estados Unidos ha establecido limitaciones de visado para funcionarios cubanos y extranjeros vinculados a la contratación de personal médico cubano en misiones en el exterior, según informó el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
En una declaración, el jefe de la diplomacia estadounidense informó que se expanden las restricciones a las familias de esos funcionarios cubanos y extranjeros, que son, supuestamente, responsables por el programa que él describe como «trabajo forzado».
Esta decisión es la última en una serie para fortalecer el régimen de presiones sobre Cuba desde que Trump asumió hace un mes y una semana. La declaración intenta intimidar también a funcionarios extranjeros y sus familias para disuadirlos de contratar los servicios médicos cubanos.
Según Marco Rubio, se debe a que «Cuba continúa aprovechándose del trabajo forzado de sus trabajadores y las prácticas laborales abusivas y coercitivas del régimen están bien documentadas». En su declaración agrega una nueva preocupación: que el número de médicos que está enviando el gobierno a trabajar en el exterior en las misiones médicas priva a los cubanos de esos servicios, una afirmación que obvia deliberadamente las medidas sancionatorias que impiden que medicinas o equipos médicos sean exportados desde Estados Unidos a Cuba, u otras que afectan la vida de los cubanos.
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo en X que la suspensión de visados asociados a acuerdos de cooperación médica internacional de Cuba «representa la séptima medida de agresión injustificada contra nuestra población en un mes», y que Rubio coloca su agenda personal por delante de los intereses de Estados Unidos.
«Cuba seguirá llevando su solidaridad a todos los pueblos del mundo, en particular a nuestros hermanos», añadió el canciller en otro texto en X en el que compartía una publicación del Embajador chino en La Habana, Hua Xin.
El enviado de Beijing agradeció a Cuba su apoyo con misiones médicas en un mensaje publicado en chino y en español: «No olvidaremos que la brigada médica cubana echó la mano de ayuda al pueblo chino tras el terremoto de 2008 en Sichuan».
«Intentan cortar todo tipo de ingresos a la economía cubana en cualquier lugar del mundo, y puede continuar en las próximas semanas porque el propósito es hacer que la economía cubana colapse», afirmó Carlos Fernández de Cossío, viceministro del Minrex, en un webinar organizado por el Centro de Inversión Sostenible de Columbia y la Internacional Progresista.
De acuerdo a cifras oficiales citadas por medios de prensa, Cuba envió 22,632 profesionales médicos a 57 países en 2023, y las cifras de ingresos ascienden a 6.3 mil millones de dólares en 2018, y 3.9 mil millones de dólares en 2020, parte de esto recibido en forma de combustible de Venezuela.
El Convenio sobre el trabajo forzoso de las Naciones Unidas define el trabajo forzoso como «todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente». El Convenio establece excepciones a esta definición, entre ellas se incluyen el servicio militar obligatorio, las obligaciones cívicas normales de los ciudadanos, el trabajo penitenciario realizado bajo supervisión pública y sin ser cedido a entidades privadas, servicios exigidos en situaciones de emergencia que amenazan a la comunidad, y pequeños trabajos comunales en beneficio directo de la comunidad y de naturaleza voluntaria.
Las misiones médicas cubanas han recibido críticas del personal de salud, y también ha sido un tema instrumentalizado en la polarización política de Miami que invita a leer toda acción del gobierno cubano como negativa o intrínsecamente corrupta. Sin embargo, hasta el momento no ha podido probarse un solo caso en el que un galeno haya sido obligado o coaccionado a aceptar una misión.
El personal de salud cubano ha reportado limitaciones de movimiento, la imposibilidad de viajar con su familia a pesar de que las misiones a veces se extienden por años, también ha habido denuncias de malas condiciones de vida en algunos casos, y de toques de queda que les impiden salir o relacionarse con los locales más allá de los pacientes o colegas inmediatos. Otro de los señalamientos más recurrentes está relacionado a las altas comisiones sobre el salario pagado a los profesionales de la salud, y la regulación que les impide visitar la Isla durante ocho años si deciden quedarse en territorio extranjero.
Si bien el gobierno cubano no ha reconocido estas problemáticas, muchas de ellas no pueden ser generalizadas a todos los casos y dependen del funcionario que esté a cargo de la misión. Por otro lado, esos contratos han sido una oportunidad para no pocas familias para salir de la pobreza, debido a que el salario de un médico en Cuba —a pesar de ser ligeramente más alto que el de otros profesionales del sector presupuestado—no supera los 20 dólares al mes. Estas misiones han permitido que cientos de médicos puedan comprar casas, o ser auxiliados con viviendas subsidiadas, así como importar automóviles y otros beneficios que de otra manera no hubiesen podido conseguir.
Esta noticia confirma que el camino a seguir por la Casa Blanca será el de una política de máxima presión, y que para ello no necesitarán mayores argumentos que los ya conocidos pilares de la propaganda contra el gobierno cubano.
Marco Rubio, quien ha hecho carrera con el apoyo de las figuras más extremistas del llamado exilio, no renunciará a los intereses de sus votantes y donantes. Y la prueba de ello es que ha encontrado el tiempo para enfocarse en el programa médico cubano para el exterior, en medio de una crisis política y de relaciones internacionales que hoy vive su país por decisiones sumamente controversiales de la administración Trump, como terminar una guerra en Ucrania sin la voz de Ucrania, o llamar a la expulsión de palestinos de Gaza.
No es la primera vez que Washington ha intentado limitar los programas de médicos cubanos. Durante los años del expresidente republicano George W. Bush, se instauró un programa que promovía que los médicos dejaran las misiones en el exterior bajo la promesa de regular su situación migratoria con facilidad en Estados Unidos, a lo que el gobierno cubano respondió penalizando a los médicos con una prohibición de entrar al país durante ocho años, a quienes después de abandonar una misión médica en el exterior, emigraran a Estados Unidos o a otro país.
Para Marco Rubio también esto es ya Bohemia vieja. En 2020, el ahora jefe del departamento de Estado, presentó junto al exsenador y recientemente condenado por corrupción y otros delitos, Bob Menéndez, una propuesta de ley para «combatir el tráfico de médicos cubanos», pero el proyecto no pasó del Comité de Asuntos Jurídicos. Proponía también el establecimiento de un programa de parole para médicos cubanos, que el expresidente Barack Obama había detenido.
Sobre el argumento de que dichas misiones descapitalizan los servicios médicos en Cuba, si bien puede tener parte de razón, merece recordarse el efecto que han tenido las sanciones para derrocar al gobierno cubano en la salud de los cubanos. De acuerdo a un artículo científico publicado por la revista británica de medicina The Lancet, a finales de los 90 la imposibilidad de comprar alimentos, suplementos agrícolas para la producción de alimentos, y medicinas debido a las sanciones, pero específicamente a la aplicación de la Ley de la Democracia Cubana (CDA, aprobada en 1992), contribuyó «a la peor epidemia de enfermedades neurológicas del siglo».
El resumen del texto explica que «la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos ha informado al gobierno de Estados Unidos que esas actividades violan el derecho internacional y ha pedido que Estados Unidos tome medidas inmediatas para eliminar los alimentos y medicinas del embargo».
Las misiones médicas cubanas han sido una efectiva estrategia de poder suave del gobierno cubano, pero también un ejercicio de solidaridad sin precedentes en el sur global. Han llegado a algunos de los lugares más remotos del mundo, esos a los que el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) norteamericano les ha dado la espalda, y han ayudado a las poblaciones en condiciones de normalidad y de desastres naturales, que ha incluido situaciones como un terrible terremoto en Pakistán, el cólera en Haití, el Ébola en África, o dando cobertura a quienes viven en cerros brasileños, venezolanos, mexicanos, donde los profesionales locales rehúyen ir. Los médicos cubanos son vistos a nivel internacional como una certeza de calidad en la atención, la habilidad clínica para trabajar en condiciones de guerra, o extrema pobreza, y así como el trato humano a los pacientes.
Sin embargo, las críticas sobre las condiciones de vida de ese personal, así como su tratamiento salarial nunca ha sido explicado con transparencia por el gobierno cubano, que siempre ha desestimado las críticas en vez de abordarlas y debatirlas públicamente. Tampoco ha existido una transparencia sobre cómo los fondos obtenidos bajo estas misiones se emplean en sostener el sistema de salud, que hoy vive una de sus peores crisis luego de 1959.
Nuestra opinión es que esta medida certifica el extremo al que la administración estadounidense está dispuesta a llegar para demostrar aquella creatividad que anunciaba en los primeros días de la administración el encargado de Trump para América Latina, Mauricio Claver-Carone. Sancionar a funcionarios cubanos era una práctica habitual, pero extender la sanción a los de otros países es un paso más en la cada vez menos solapada estrategia de intervención en los asuntos internos de Estados soberanos que sigue la Casa Blanca.
Se trata de un gobierno que disminuye su tamaño por día, que ha desaparecido a la agencia de ayuda exterior más importante que tiene, y que despide a trabajadores públicos en grandes números con la excusa de la optimización de los recursos, pero que, contradictoriamente, emplea personal y recursos en monitorear cada país con el que Cuba tiene vínculos y envía médicos, y a los funcionarios gubernamentales que han tenido algo que ver con la toma de esa decisión o con la ejecución de ella. Para Rubio el gasto innecesario es la subvención de antirretrovirales para sobrevivir el SIDA pero no lo es gastar dinero en tiempo, recursos, y empleados que persigan qué funcionario de qué país contrata a médicos cubanos.
Resulta más incoherente aún que el mismo secretario de Estado que se reunió amistosamente con Nayib Bukele, un presidente con múltiples denuncias por violaciones de derechos humanos en las prisiones, para «exportar» presos al Salvador como si fueran mercancía, sea el mismo que utilice, sin ningún tipo de evidencias, la figura del «trabajo forzado» para condenar las misiones médicas cubanas.
Agregar a la justificación de esta medida que la decisión del gobierno cubano de enviar médicos al exterior priva a los cubanos de ese servicio básico es una novedad en el discurso de Marco Rubio que de pronto, y solo ahora, parece preocupado por la calidad de los servicios médicos que reciben los cubanos, cuando al mismo tiempo apoya un esquema de sanciones que impide la exportación de equipos y suplementos médicos que podrían salvar miles de vidas.
Probablemente la medida tendrá poco o ningún efecto estimable en el corto tiempo, pero confirma un compromiso: que esta administración, no importa cuánto Cuba no sea ni de cerca una prioridad, hará todo para presionar al gobierno, con medidas que al final terminan presionando al pueblo cubano.
Ante esta situación, en la Isla solo queda, además de la denuncia, resolver las contradicciones económicas y políticas internas que catapultan sus efectos, e incluso, estimulan que varios residentes las justifiquen o minimicen. En el caso concreto de las misiones médicas urge explicar, revisar y restructurar las condiciones en las que se envían a los galenos. Igualmente debe haber total transparencia en cómo se emplean los dineros resultantes de estas misiones en el sistema de salud. Esto no evitará que Marco Rubio siga aplicando una política de máxima presión, pero sí contribuirá a que lo médicos sean mejor retribuidos, y a una ciudadanía más informada y consciente para poder resistir dichas medidas.

