Los asesinos de Scorsese

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Hay un puñado de realizadores que a estas alturas no necesitaría demostrar nada, de la misma manera en que no tendrían que hacerlo Paul McCartney, Bob Dylan o los Rolling Stones, y sin embargo nos sorprenden todavía con obras relevantes, para las cuales convocan a viejos y probados compinches. Es el caso de Martin Scorsese y su reciente Killers of the flower moon, protagonizada, entre otros, por Leonardo DiCaprio y Robert De Niro.

Todos conocemos esos lugares comunes que suelen aparecer en las noticias tamizadas por las redes sociales: «Fulano rompe el silencio acerca de esto», «La historia jamás contada», «Lo que la élite no quiere que sepas». Por lo general son meros ganchos, Fulano no estuvo en silencio ni diez días y eso porque nadie le había preguntado; a la élite le da igual si consumes esa u otras tonterías. Ahora bien, en este caso el veterano Martin sí lo ha hecho, o sería mejor decir ha colaborado con ello, trasladando a la gran pantalla el libro de David Grann que investiga y revela acontecimientos reales que tuvieron lugar hace exactamente un siglo y que permanecían ignorados, al menos, por el gran público: los sistemáticos asesinatos de miembros de la nación Osage por parte de ciudadanos blancos, para apropiarse de los derechos sobre terrenos ricos en petróleo que, legalmente, pertenecían a dicho pueblo nativo.

Las leyes, de entrada, exigían que los indios tuvieran un tutor WASP que administrase su dinero, dando por sentado que eran intelectualmente inferiores. Pero claro, de esa manera los blancos solo podían robar un poco, no cogérselo todo, y los Osage se habían hecho inmensamente ricos (hasta el punto de contratar criados y choferes anglosajones), así que el monto absoluto del botín resultaba muy apetecible. En ese contexto, Ernest (DiCaprio), un joven que regresa de la guerra (la Primera Mundial), empieza a trabajar tras el volante y a conducir con frecuencia a la acaudalada y atractiva Osage Mollie. William Hale (De Niro), el tío rico de Ernest, que pasa por filántropo y amigo de los indios, primero lo persuade de que se case con Mollie, y luego de ir eliminando o haciendo eliminar a varios miembros de la familia de su esposa, con lo cual Ernest y sus hijos heredarían los derechos sobre el petróleo. Y la cosa sigue…

La película se extiende a lo largo de tres horas y media, pero a mi modo de ver cada minuto es indispensable. Aquí y allá Scorsese recicla fragmentos reales de noticiarios de época, pero por demás no hay prácticamente experimentación ni inmoderado artificio en el relato, cuyos cimientos son un guion sin fisuras a cargo de Eric Roth (Forrest Gump, The curious case of Benjamín Button, Dune), unas actuaciones a prueba de balas y la fotografía funcional de Rodrigo Prieto (Frida, Amores perros, Babel), con algún manierismo (por ejemplo, los crímenes son presentados en planos generales). La música fue creada por Robbie Robertson, el legendario guitarrista de The Band que nos dejara en agosto de 2023.

Si me permiten una digresión, es significativa la fascinación que el rock y sus cultores despiertan en el realizador: su primer fruto fue The last waltz (1978) que precisamente registraba el postrer concierto de The Band; luego vinieron documentales sobre Bob Dylan (no uno, sino dos), los Rolling Stones, George Harrison, el blues, los New York Dolls… Scorsese dirigió el primer capítulo de la serie Vinyl (2016), cancelada después de la temporada inicial, y uno de cuyos principales personajes era interpretado por James Jagger, un hijo de Mick. Etcétera.

Tener la partícula De (o Di) en el apellido parece ser otra carta de triunfo no solo para ser un buen actor, sino para brillar con el director de Taxi driver. Antes utilizó a uno u otro: ahora los junta, y el resultado no puede ser más eficaz. Leonardo DiCaprio entrega un personaje atormentado, inseguro, de pocas luces y por tanto fácilmente influenciable, que convence en cada detalle, desde el permanente rictus de desagrado hasta la intensidad de sus miradas y silencios. De Niro prodiga las muecas y suspiros a que nos ha acostumbrado últimamente, pero es un intérprete tan portentoso que pone a funcionar lo que en otro actor menos capaz luciría excesivo. Ahora bien, Lily Gladstone en el papel de Molly se eleva a la altura de sus curtidos colegas, dando carne y dimensiones a esa mujer sencilla, desgarrada entre el amor a su familia y la confianza en su esposo, a quien se resiste a culpar aun cuando sospecha, y luego sabe, que es un instrumento de muerte manipulado por Hale… Coño, qué ganas de contar el resto…

Cuando se trata de un creador como Scorsese, incluso actores en cuya trayectoria no faltan roles protagónicos aceptan interpretar personajes con escenas puntuales: ahí están John Lithgow —a quien siempre asocio con aquel episodio, Nightmare at 20.000 feet (Hay un gremlin afuera) de Twilight zone: The movie (1983)— y el poco ha resucitado —en The whale, (2022)— Brendan Fraser, ambos en breves papeles vinculados a la jurisprudencia. (Por otra parte, lo de breves, en una película de 206 minutos, es relativo). También hay que justipreciar el desempeño de Jesse Plemons como White, el investigador de lo que devendría el FBI, que parece tonto y demasiado correcto, hasta el punto de ser subestimado, pero que llegado el momento desgrana sus conclusiones con el aplomo de un Poirot.

Sin espectacularidades ni estridencias, Killers of the flower moon es una gran película: en ella confluyen una realización signada por la pericia, un tema que rebasa la anécdota para convertirse en un alegato antirracista y, todavía más allá, un análisis de la culpa, de hasta qué punto somos responsables de un crimen aun cuando no sabemos, o preferimos no saber, las consecuencias de nuestros actos. Es cine que conmueve y desazona: algo que Scorsese ya ha hecho antes y que, visto lo visto y a pesar de sus rotundos 81 años, sospecho que volverá a hacer.

2 COMENTARIOS

  1. Scorsese cuando cuenta te involucra aunque te resistas, no puedo olvidar mis sentimientos encontrados de asombro – amor – odio – lástima – repulsión con el taxista bordado por De Niro, así que supongo que ésta vez me sucederá lo mismo con la historia. Muchas gracias por su análisis que siempre es una convocatoria a ver más allá de lo obvio y cuando la película «engancha» no importan los minutos, Scorsese ha demostrado que puede mantener una película de largo aliento…y a mi me gustan las películas largas!!! Otra vez, se le agradece profe.

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Eduardo Del LLano
Eduardo Del LLano
Escritor, guionista y director de cine cubano

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