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La memoria humana tiene muchos defectos. Eso de ir a la cocina y llegando allí, no recordar a qué uno iba, es solo uno de ellos. Está el «¿Quién es este tipo que me está abrazando como si yo le hubiera salvado la vida tres veces?», o el «Espérate, que lo tengo en la punta de la lengua” y ya, a otro nivel, lo que me pasa ahora mismo escribiendo. No puedo dejar de tararear La Gallina Turuleca.
Yo tengo buena memoria, y además, la entreno a diario. Aun así, me he descubierto tecleando el pin del celular en el teclado del microwave, porque la memoria nos burla a todos cuando le viene en gana. Me encantaría poder limpiar espacios de mi memoria, eliminando contenido que ya no me interesa, pero está ahí, listo para saltar. Por ejemplo, decenas de canciones de Julio Iglesias, El Puma, Rocío Durcal, José Luis Perales, y podría seguir con muchos más. Ese contenido, que yo no decidí poner ahí, está en alguna carpeta de seguridad dentro de mi cerebro, y no hay manera de borrarlo, ni de sustituirlo por contenido nuevo y fresco, como contraseñas de Google, o cumpleaños de amigos.
Mi mamá me llevaba cuando niño a las piscinas del Parque Lenin, y allí podía faltar el aire para respirar pero no la música de José José. En la época de casetes de cinta, resultaba loable lo prolijo y perseverante que era el encargado de la música de aquel lugar, porque a lo largo del día iba pasando y pasando todas las canciones una por una, sin repetir, siempre en el mismo orden. Orden que por supuesto tengo grabado a fuego todavía, sin la menor duda de que voy a morir con él. A nadar aprendí lo justo, pero la discografía de José José, eso es otra cosa.
En mi casa se escuchaba a Silvio y a Joan Manuel Serrat en una grabadora Panasonic color gris metálico que funcionó muchísimos años, así que los tengo incorporados desde antes de poder ejercer mi derecho a elegir. Soy hijo de una época de dos canales: el 6 y el 2, en un tiempo en que todo el mundo miraba mucha televisión y escuchaba mucho la radio, porque no había demasiadas opciones. Hace poco me di a la tarea de ponerle cara y ojos a temas antológicos de programas de tv, y fue un maravilloso ejercicio que puso en pausa por un par de días todo mi trabajo. Como buen compañero, voy a compartir con ustedes.
Farvisión, ese programa que nadie ve pero que ha estado presente por décadas, tiene como tema musical el inicio de Vuelo Blanco de Gaviota, de Ana Belén, que a su vez es una adaptación en español de la canción Days of Pearly Spencer, interpretada por el músico irlandés David McWilliam. De la Gran Escena tiene a la pista 1 de Hooked on Classics de Louis Clark, antiguo arreglista en Electric Light Orchestra, que dirigió The Royal Philarmonic Orchestra en la ejecución de una selección de extractos reconocibles de destacadas piezas de música clásica, vinculados en la misma melodía.
Tanda del Domingo, no puedo recordar exactamente si era el tema original o alguna variante de Oxygen IV, de Jean Michell Jarre. 24 por Segundo tenía a Y Sharp, de Osibisa, y el Noticiero Nacional Deportivo cuenta con Incident at Neshabur, el cuarto tema del disco «Abraxas», de Santana. El tema de Cocina al Minuto es Deserted City, de David Rose & His Orchestra.
Historia del Cine, Arthur de Rick Wakeman, tecladista de Yes, o una versión muy, muy parecida. Sé que están leyendo esto y tienen en la cabeza la imagen del cohete en el ojo de la luna y al niño corriendo a un lado del tren. Le debo a En Video, aquel magnífico programa de Vicente González Castro, haber conocido a Charly García, por los temas de presentación y despedida. Quedan más: Nocturno, Prismas, e incluso algunos que llegaban para irse enseguida, pero dejando impronta musical, como las aventuras El Cautivo del Rey, una versión de La Máscara de Hierro, en donde en las escenas de castillos grabadas en La Cabaña salían por detrás los postes y los cables eléctricos, pero que me presentó a Touch and Go de Emerson, Lake and Powell.
Las aventuras también me dejaron música cubana en vena. Aquellos temas de Noel Nicola de la banda sonora de Hermanos, el tema de Edesio Alejandro de Misterio de un Tesoro, o aquella de Polito Ibañez que anunciaba que pintaría sus labios de marrón, calaron bien hondo en mí. Actualmente atesoro la música de casi todas las series que vi de niño (y muchas de las series también). Espartaco y el Sol bajo el Mar, Los Mosqueperros, David el Gnomo…
Conocí a Zorba el Griego por un animado de Europa del Este, de unos piratas que secuestraban a unas muchachas, y bueno, los temas de aquellos Músicos de Brehmen son ya palabras mayores. Aprendí, a fuerza de repetición, a cantar parecido a como se pronuncia en japonés la canción de Voltus V, y de grande he descubierto hasta un par de errores que cometía cantando en aquella lejana época. La canción de Mofli, el Último Koala, no dice: «Ven, ven, ven arriba de mí», sino: «ven a River Mint», que era el pueblo de la serie, aunque cargar al koala tenía sentido. Y en La Niña de los Hoyitos, siempre creí que decía: «un avión se la llevó, según me decían sus ojitos, muy triste se despidió», y tiene sentido, pero no, es: «Se humedecían sus ojitos».
No he dejado de buscar en internet afanosamente unas canciones infantiles andinas, pero sin resultado hasta ahora. Recuerdo una sobre las máscaras, otra sobre llamas y vicuñas, otra sobre el café, y mi preferida, sobre las Islas Galápagos. Si alguien sabe de ellas y me da un norte, le quedo agradecido de por vida.
Ahora de papá he revisitado mis canciones de cuna, y he aprendido nuevas, las de esta época. No en balde tengo pegada ahora mismo La Gallina Turuleca, como ya dije. He seguido haciendo descubrimientos asombrosos, porque una vez me topé con la de las hormiguitas que marchando van, tan tan, y totalmente seducido por la melodía, que me resultaba conocidísima (la cabrona memoria), me puse a buscar. Resulta que es When Johnny Comes Marching Home, popular durante la Guerra de Secesión.
Descubrí a Nirvana, Guns and Roses y Metallica en La Lenin, a Queen no sé, de siempre. A Scorpions en una fiesta de mi grupo de Matemática en un aula de la UH, a The Cramberries durante las infinitas guardias que hice con mi amiga «la walkman» en una posta del Combinado del Este, la prisión más grande de Cuba, y a Tash Sultana en un bar de Holguín. Vivo orgullosito de mi banda sonora personal, la cuido y la mimo. Tuve casetes variados, en donde te encontrabas Vuela Vuela de Magneto a continuación de Carmina Burana, y después venía Adivinador Adivina, de María Elena Walsh. Armé bafles de madera y rebobiné casetes con un lápiz. Grabé del radio. Fui a casa de tipos que sabían mucho para que oyeran canciones que yo tenía como track 1 y necesitaba ponerle artista y nombre. Quiero seguir, pero qué va, es muy difícil así, con La Gallina Turuleca colonizando mi subconsciente.


La música del programa Tránsito¿Como se llama y quién ls interpreta ?No creo que la sepas, pareces ser menos viejo que yo, pero agradecería a alguien que me lo diga.Gracias por adelantado.
Ignacio, si la memoria no me falla, el tema de presentación del programa Tránsito era un fragmento de las danzas sinfónicas de la película West Side Story; el tema es de la autoría del compositor norteamericano Leonard Bernstein. Es un temazo.
Entorno, con su estelar tema de Vangelis, Alpha, creada para la estelar serie de Carl Sagan Cosmos, según tengo entendido
Es mi época, la misma banda sonora.
«I’m Walking on Sunshine» (Katrina & The Waves 1983). Tema de Prismas Bajo el Sol, en los Veranos de los 90s
Alguien sabe cual era el tema de Cinemateca de Cuba?