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Hace un tiempo que me he estado sintiendo incompleto, para que me entiendan: me he sentido como un gladiolo sin su diploma. En este tiempo están ocurriendo muchas cosas tremendas, por ejemplo, las elecciones en los Estados Unidos. Acaba de ganar Donald Trump y se dice que hay muchas personas allá que van a regresar. Muchos porque los van a mandar para acá, otros porque no les gusta como gobierna Donald Trump y van a venir por su cuenta.
A todo el que tenga que regresar a Cuba quiero transmitirle un mensaje muy importante: traiga azúcar. No les digo más cosas a traer porque sé que son dos maletas de 23 kilos. Hay gente que dice «yo sí regreso y vuelvo a vivir como antes con mis mandados». Mmm, no quiero ser pesimista, ni portador de malas noticias pero, amigo, de corazón, lo que usted conocía como sus mandados, de nombre científico «la canasta básica», no cuente con ellos, porque han fallecido. Tampoco se lo tome a pecho, porque no es nada personal con usted, ya que no son solo los mandados de usted, son los de todo el mundo.
Aún así, hay gente que no está preparado para el estilo de vida que se tiene en otros lugares. En mi propia cuadra tenemos a Gustavo. Gustavo era alcohólico perdido antes de irse. Para que usted tenga idea del nivel de alcoholismo de Gustavo, le cuento que un día yo salí por la mañana tempranito y había un molote de gente en la cuadra. Robaron en casa de Gustavo, me dijeron. Estaba la policía tomando huellas, y Gustavo sentado en la escalera con resaca.
¿Qué pasó mi hermano? Nada, compadre, me dice. Cogí tremenda borrachera anoche, me quedé dormido en el portal, dejé la puerta abierta y me robaron el refrigerador y la olla arrocera. Espérate, espérate Gustavo. Tranquilo. El refrigerador yo no sé, pero la olla arrocera me la vendiste a mí anoche. Tranquilo que yo te la devuelvo, no es primera vez que me la vendes. Gustavo me mira y me dice: ¡Ño! Ya sé donde está el refrigerador. Coño, que pena darle la noticia ahora a la policía.
Gustavo regresó a Cuba por vago. Gustavo no se acostumbró allá y me lo dijo directamente: «allá para vivir tienes que matarte trabajando, aquí no vivo, pero tampoco trabajo» Independientemente de todos los problemas, en Cuba hay cierto nivel de vagancia en alguna gente. ¿Ustedes no han visto que han empezado a proliferar a nivel de epidemia las botas de agua? Mi teoría es que es por vagancia: para no abrocharse los cordones. La cantidad de personas en botas de agua en todas partes me ha llegado a preocupar. Gente que se casa en botas de agua, el novio y la novia, los dos. Yo he visto gente en el Teatro Nacional viendo El Lago los Cisnes con unas botas de agua sentados en primera fila
Le pregunté a Gustavo de qué estaba viviendo y me dijo que le daba un poco de pena decírmelo, pero al final confesó: «me estoy yendo para el parque de B a las 3 de la mañana, me escondo detrás una mata y cuando pasa alguien le pido el celular y la billetera». ¿Gustavo tú estás asaltando personas? Me dijo: ¡No! Yo soy antiviolencia. Yo pido las cosas por favor y en buena forma. Hay mucha gente que no me las da y se molesta, otros que se van corriendo, pero más o menos de cada cinco personas dos o tres se conmueven y me dan las cosas.
¡Gustavo, te van a llamar a la policía! Me dijo: Olvídate de eso. La han llamado varias veces y no viene; al parque de B, no viene. Yo escandalizado le dije: Compadre, quítate de eso que te vas a buscar un problema. Ya me lo busqué, me dijo: me asaltaron a mí. El tipo me quitó los 3 celulares y las 3 billeteras, bueno, 4 con la mía. ¡Qué situación! No podías ni llamar a la policía porque no viene al parque de B. Me dice: pues esa vez sí vino, porque la llamé diferente. No grité Auxilio, ni Socorro, ni ladrones, grité otra cosa y para que tú veas, la policía vino enseguida.
Me picó la curiosidad y le dije: Gustavo, ¿Qué gritaste? Y me dice: Compadre, con el nerviosismo de aquel día, tú sabes que no me acuerdo. Pero bueno, llegó la policía, cogió al tipo, le quitaron el cuchillo, le metieron enseguida las manos a la espalda, y cuando le tenían la cabeza al tipo metida dentro de la patrulla el tipo dijo: Yo estaba robando, pero el del grito fue él. Soltaron al tipo y se llevaron a Gustavo.
Gustavo ya no es un muchacho, es una persona mayor que ha ido cogiendo años. Está en esa etapa, picando los 60. Digamos que no es un viejo, es una persona típica de la Cuba de ahora, porque la población cubana está envejecida. Hay muchas personas mayores, y muchas de esas personas mayores siguen diciendo que la juventud está perdida. Y que ellos no la vean, no quiere decir que esté perdida. Ahora tú me traes un mapa y yo te señalo fácil dónde está la juventud.
A las personas mayores hay que respetarlas porque son guerreros que han pasado más tiempo en esta dura batalla que es la vida, pero también hay que exigirles que tienen que poner de su parte. Por ejemplo, si un día van al cajero, no está de más practicar en la casa antes, para no demorar la cosa.
Hay un test muy sencillo que usted puede hacer para saber si usted es viejo o no. Es fácil. Ahora cuando usted vaya a bajar la primera escalera, se deja caer. Si la gente se ríe usted es joven, si vienen a ayudarlo, vaya pensando en chequearse.
Pero no importa su edad. Salga cada día a buscar la felicidad. La felicidad es un concepto que no es concreto, o eso dice la filosofía, pero yo le voy a decir aquí un método concreto e infalible. Coja una tabla de pladur de uno por uno y póngasela bajo el brazo, coja una mochila con huevos, un pedazo de cake en una mano y un nailito con un goldfish en la otra. Entonces se monta en un P, y las facilidades que la vida le ponga no las aproveche: se vacía un asiento, no lo coja. Lo vomita un niño, no se queje. Una señora dice que usted se le está pegando, no le haga caso. Un señor se le pega a usted, tampoco haga caso. Le van a arrimar boniatillo caliente y/o pollo congelado, no proteste. Siga hasta el final y haga contacto físico con la pared del fondo del transporte y bájese, o déjese bajar que no es lo mismo, pero es igual. Suelte todo el equipaje ahí mismo, vaya para su casa, escoja su sillón favorito, suba los pies y ponga el ventilador en tercera. Eso que usted va a sentir ahí, mi amigo, es la felicidad.

