¿Quo vadis, Cuba? Fiesta y derroche en el Capitolio de La Habana

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Una cena de lujo, reservada para los asistentes e «invitados especiales» al Capitolio de La Habana, ha desatado la polémica sobre la pertinencia o no de usar espacios públicos históricos para celebrar eventos comerciales que puedan ser contradictorios con la historia y el momento actual que vive Cuba. 

Empiezo por decir que estoy a favor de los negocios y los espacios para el networking. Son importantes y necesarios para el desarrollo económico del país. El Festival del Habano es, probablemente, el evento más exclusivo de los que se celebran a nivel comercial en Cuba, sobre todo por las características de sus participantes. A la cita vienen empresarios pudientes y artistas del más alto nivel del espectáculo a nivel mundial. Por allí han pasado personalidades de la talla de Robert Redford, De Niro, Naomi Campbell, por solo mencionar algunos nombres. Es un evento para personas que vienen a gastar grandes sumas de dinero teniendo en cuenta los estándares de un país como el nuestro. Creo que nadie puede negar la necesidad de acceder a divisas y financiamiento para reactivar la economía. En este mismo medio se ha publicado mucho sobre el tema. No obstante, me gustaría ofrecer algunas opiniones acerca de la fiesta de marras. 

La reproducción del poder conlleva ciertas liturgias que se deben cumplir para asegurar su efectivo funcionamiento. La Iglesia Católica, por ejemplo, entre otras muchas estrategias, lleva miles de años siendo influyente por tener muy claro esto. Los prelados sí han derrochado bastante a través de la historia de la Iglesia, pero en general se han cuidado de no hacerlo en público. Y los que lo han hecho, muchas veces lo han pagado caro. El mismo Papa Francisco ha reivindicado el papel de la Iglesia tratando de acercarla a los más desfavorecidos. En las antípodas, no es casual que Fidel Castro casi nunca abandonara su traje verde olivo y cuidara mucho su imagen de austeridad. Tenía sus gustos, a veces caros, era un jefe de Estado, pero se cuidó muchísimo de que no fuera a la vista de todos.   

La reproducción del poder conlleva ciertas liturgias que se deben cumplir para asegurar su efectivo funcionamiento.

Por eso me parece incongruente que haya un discurso en los medios de comunicación estatales, en los que los políticos piden sacrificio y resistencia y, al mismo tiempo, se ofrezca una fiesta de lujo de manera pública a empresarios en una edificación tan simbólica. Es importante decir que a escasos metros del Capitolio hay cubanos pobres que pasan muchísimo trabajo para comer todos los días. Habría que tener más tino y hacer estos eventos en lugares más privados en los que no sea tan obvio el contraste entre pobreza y ostentación, si es que se pretende ser coherente con el discurso oficial, ¿o no?

Es un problema de comunicación política. Otro más. No olvidemos que el Capitolio es la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el órgano legislativo más importante del país, donde deberían estar representados los valores más altos de la nación. Si siempre hubo un circuito para este tipo de eventos, ¿por qué ahora escoger un espacio fuera de él? Y este es un caso que precisa una explicación transparente. ¿Para qué se utiliza ese dinero, qué se ha hecho con él? Hace tiempo que una buena parte de la población cubana no confía en la manera en que se conducen las finanzas públicas como para que nos quedemos solo con las fotos de la entrega de un cheque millonario por Marino Murillo, uno de los responsables del descalabro económico y político en el que estamos metidos.

Si siempre hubo un circuito para este tipo de eventos, ¿por qué ahora escoger un espacio fuera de él?

Desde el inicio debió haberse comunicado que el dinero recaudado era para la salud. Ese es un dato que la población no conoce. Ojalá sea así y no vaya para las arcas de otro hotel como la Torre de K o para algún negocio de familiares cercanos al poder. Hay que decir para qué en la salud. ¿Para los hospitales pediátricos, oncológicos, atención primaria? La confianza no se recupera con tardías declaraciones, sino con mecanismos claros de auditoría, rendición de cuentas y acceso a la información. Sin estos elementos, la transparencia es solo una narrativa, no un ejercicio de gobernanza responsable. Pero esto no elimina la incomodidad de haber escogido la sede del legislativo para una fiesta de lujo, sobre todo en medio de las condiciones actuales.

Debido a la polémica que se generó en redes, creo lógico el recelo que tengo con Marino Murillo y lo que parece ser un show de última hora, para tratar de arreglar el desatino que va en contra de cualquier sentido común de la política comprometida con los más humildes. Recordemos que en Cuba hay gente presa por salir a la calle con carteles y por hacer arte contestatario con la bandera cubana. Recordemos que mientras se hace ese evento, el resto del país está a oscuras y cocina con carbón —y esos son los que pueden.

Recordemos que mientras se hace ese evento, el resto del país está a oscuras y cocina con carbón —y esos son los que pueden.

Que quede claro que, en lo particular, no soy fan del Capitolio como símbolo. Todo hay que decirlo. Aunque con los años se ha convertido en una postal turística de La Habana, el Capitolio es una réplica del original en la capital de los Estados Unidos. Lo mandó a construir e inauguró Gerardo Machado, también en un momento de grave crisis económica y política hace casi 100 años. Lo veo como un emblema del panamericanismo y de aquella relación de Cuba subordinada a los intereses de los gobiernos yanquis. No es casual que muy pocos años después estallara una revolución. Más recientemente, a raíz de su remodelación, no simpaticé con la idea de la cúpula de oro por las mismas razones que escribo este texto.

Es verdad que es un lugar bellísimo, sobre todo su Salón de los Pasos Perdidos. Me emocioné cuando visité la tumba del mambí desconocido. No olvido que es el lugar donde se votó la Constitución de 1940, pero también fue el espacio oficial de la politiquería republicana anterior al triunfo de la Revolución de 1959. Entonces, ¿estaremos regresando a esos tiempos? ¿Qué significan estas fotos de «rumba, ron y relajo» frente a la estatua de La República?

Creo que nos vamos imaginando la respuesta.

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11 COMENTARIOS

  1. Un desatino más, el lugar menos adecuado para una fiesta así. Acaso vendemos Cuba al mejor postor??? Cuba es el pueblo o el gobierno??? El fin no justifica los medios… Donde quedan la moral y la solidaridad??? Vergüenza ajena!

  2. Vamos que usted está más que claro de rumba, ron y relajo a costa de “la republica” de los más iluminados y poderosos gansters empresarios que se han ido abriendo paso en esa revolución sin los humildes ni para los humildes.

    Siempre que veo o escucho hablar de Murillo me saltan flash de sus reiteradas intervenciones y promesas sobre la implementación de esa catastrófica política económica, llamada “Tarea Ordemaniento”, de la que él y muchísimos otros cuadros del PCC vivieron por más de una década y han hundido al país en la crisis sin retorno actual.

    Y veamos una reseña del evento que aparece en la página oficial del Festival del Habano.

    “If the outside of the building was overwhelming, the inside could only be described as breathtaking. It is like a high-end Vegas hotel on cocaine…”

    “Si el exterior del edificio era sobrecogedor, el interior solo podría describirse como impresionante. Es como un hotel de lujo de Las Vegas bajo los efectos de la cocaína…”

    Esta descripcion de un participante del “evento privado” es para los Cubanos TODOS, el Capitolio Nacional de Cuba, la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular, por tanto la sede de la soberanía nacional, y sobre todo al pie de la estatua que representa la imagen de la Patria y la Tumba del Mambí desconocido.

    Buen fin de semana para todos.

  3. Ojalá fuera un problema de comunicación política o de cualquier otro orden. Esencialmente es un gravísimo problema histórico de la política de doble moral arraigada en todos los niveles de vida de la sociedad en Cuba. Usted indica con sentido crítico este hecho que no es único. Incluso refiere los gustos de Fidel. Y si leemos fríamente este y otros comentarios que han aparecido, salta a la vista con una lamentable sutileza la justificación de que estas cosas sucedan en favor de las convivencias sociales inevitables y en la búsqueda de alternativas para las crisis crónicas. Descargamos nuestras emociones, pero no pasa nada. Lo esencial permanece inmune a la realidad cruda que vivimos. Extraña y maquiavélica combinación de cinismo y complacencia, de ignorancia e impotencia, de dominación y desconcierto, de arbitrariedad y poder desmedido, de apariencia y desatino. Más allá de lo teatral que aparentan este y otros hechos equivalentes, el dispositivo escénico, como siempre, revela la turbulencia y la perversidad de estos «montajes » o puestas en escena en los que los roles están muy bien distribuidos. Solo que en estos casos el público también es parte del simulacro, aunque aparentemente esté ausente. Es un juego macabro y arriesgado de los ignorantes y prepotentes que tienen el poder.
    Las buenas y necesarias intenciones se enturbian por espectáculos inútiles y desmedidos.
    El Capitolio ha sido y será escenario de muchas representaciones. También ha tenido públicos distintos. Las imágenes de las protestas más recientes son testimonios reales, como en otros momentos de la historia, de que no todo lo que aparenta es necesariamente urgente y verdadero.
    El Capitolio, el Laguito, la Torre K, los cayos, el Prado, la Plaza de la Catedral. .. el problema no está en los escenarios, sino en las ideas, los actos, los relatos y los roles desde los cuales se concretan, accionan y proyectan las representaciones de la política y sus propios simulacros.

  4. Siempre se ha dicho, desde ediciones anteriores de este Festival (del cual fui Jurado en tres ocasiones), que el dinero recaudado en esas pomposas subastas, es para la salud en Cuba. Que después no se le siga el rastro para saber a qué parte específica de la salud fue a parar, ya es otra cosa.

  5. Sencillamente una afrenta al pueblo venga de donde venga. Simplemente humillan y se burlan del pueblo. Todo aquél que hizo, hace y hará ostentaciones mientras el pueblo tiene que resistir bloqueo y pasar hambre no debe llamarse ni cubano ni revolucionario. Basta ya de justificar a los verde olivos o al gobierno. Basta ya. Este artículo indirectamente también no busca la verdad. Busquen la vedad, a donde paran esos millones de los capitalistas que vienen a saborear un habano?

  6. Para mí, quien decidió organizar este fandango sobre la tumba del mambí lo concibió como un guiño coqueto a Trump:» Mira, somos de los tuyos… hedonistas y vulgares». Wink wink.

  7. Ojo, Cuba esta llena de Hoteles, lugares buenos y caros, algunos con lujo y todos no podemos ir cuando queremos. Igual que en cualquier parte del mundo algunos pueden disfrutar y otros no. Estoy cansado de participar en este evento, me gusta mucho el mundo del tabaco y creo que mucha gente se aburriría ahí, con tanta fanfarria. Esta vez no fui. Lo importante son los que producen y crean el tabaco y mira tu no están ahí, ni en el Capitolio ni en otro lado. Esa seria una buen tema a criticar. Lo importante es defender el Tabaco cubano aquí o en China, que por cierto son los que mas caro lo pagan. Y los contraste, si puede ser que duela a mucha gente que esta sin luz, pero también hay gente sin comida y las Mypimen solo piensan en su rentabilidad con leche o sin leche cara. No creo que una fiesta para sacar un poco de billetes sea un escaldarlo mas grande que muchos hermanos cubano que botan la basura en la calle desde el dólar, pasando por el cuc y llegando a esto que dicen que es dólar risa con razón. Paz

  8. Murillo es » el pollo farsante «, es la careta,de los verdaderos dueños de este país, que todos sabemos quien es el primero,y detrás, la parentela.
    La » asamblea nacional «,así, en minúsculas, porque es eso, algo insignificante, se reúne, o ,mejor dicho,los reúnen, dos veces al año. Una para decir «sí», y la otra para decir » ta’bien «. Entonces ¿ Para qué queda el Capitolio ? para esos caprichos.

  9. De acuerdo con La Joven Cuba en su crítica a la realización de una lujosa cena de negocios en el Capitolio Nacional, lugar que debe ser respetado como sede de nuestro parlamento, órgano supremo del Estado cubano, especialmente en las actuales circunstancias de multicrisis por la que atraviesa la nación.
    Fidel Vascós González

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Darío Alejandro Escobar
Darío Alejandro Escobar
Licenciado en Periodismo. Tallerista de la Fundación Gabo 2017. Premio R.M.V. de Periodismo Cultural (2017 y 2022). Fue director de la revista Somos Jóvenes. Ha publicado en revistas como Anfibia y The Clinic. Especialista en Comunicación Estratégica

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